Marron tenía espíritu de contradicción. Por eso, cuando Gohan llegó y le habló esa noche, sintió una rabia infinita y decidió hacer lo contrario. Al momento que bajo las escaleras se encontró con Gohan y Gine en la salita. Gohan estaba parado y Gine sentada. Con cabeza en alto, se sentó enfrente de Gohan y choco con su mirada con la de él, negros vs. celestes.
—Marron, me dijeron que te han visto conversando en el muelle con ese pintor llamado Uub Nijam.
Marron lo miró interrogante. ¿Quién se lo había dicho? No creía haber cometido ningún pecado por hablar con él. Gohan se aclaró la garganta.
—Se trata de un aventurero. Espero que no te detengas a hablar con él. Nadie sabe de dónde ha venido ni lo que piensa hacer. La mujer tiene que cuidarse por encima de todo y de todos. ¿Me entiendes?
Gohan la miro, otra vez, con intensidad. Marron no se alteró, pero desde ese momento decidió que al día siguiente iría a conversar con el pintor.
—No tengo simpatía por ese hombre, pero tampoco siento rechazo. Ha sido correcto conmigo, ¿qué hay de malo en eso?
—Es un aventurero.
—Bueno —dijo Marron molesta y se levantó con las manos en la cintura—, no vamos a pretender que todos sean tan pulcros, tan metódicos y tan monótonos como tú. Él es un hombre que vive y piensa de un modo diferente. ¿Es censurable por eso?
—¡Marron! —dijo Gine, asustada.
Marron la volteo a ver.
—Lo siento, abuela Gine. El hecho de que Gohan sea mi tutor no significa que va a dirigir mis pasos y mi vida.
—Te prohíbo —la voz de Gohan temblaba de la indignación y Marron lo volvió a mirar—, Marron…
—Gohan, por favor… —dijo Gine levantándose.
—Tú, cállate, abuela Gine —dijo Gohan enfrentando a la mirada de Marron.
—Vaya —dijo Marron, con ironía—, por lo visto sí tienes nervios en el cuerpo.
Ocurrió de modo inesperado. Sin duda, Son Gohan no era tan apagado como parecía. Se acercó a Marron, alzó la mano y le dio una bofetada en la mejilla. Gine lanzó un grito. Marron poco a poco abrió los ojos como analizando si lo que había hecho Gohan era real, volteo con él y le dijo fríamente:
—Así es como pagas tú la fortuna que te regaló mi padre.
La miraron los dos. Gine con una expresión de asombro, de dolor, de decepción. Gohan, cansado, giró en redondo y se marchó al patio trasero. El primer impulso de Marron fue correr tras él y pedirle que la perdonara, pero no lo hizo.
Salió corriendo y se fue a su cuarto. Se acostó y las lágrimas empezaron a bañar sus mejillas. Jamás podría olvidar la expresión de amargura en el rostro de Gohan. Tampoco la decepción que reflejaba el de la abuela Gine.
Pasaron unas horas. Eran las 11 de la noche y la casa estaba silenciosa. Marron no pudo más. Ella no era una mujer tirana ni rencorosa. Gohan era un buen hombre, que había cuidado su fortuna y ella, a la primera ocasión, le había lanzado una frase hiriente. No podía continuar así. Tenía que enmendar su error. Se levantó de la cama. Así como estaba, con ropa de dormir (short corto y una blusa de tirantes) se puso un camisón encima y salió a buscar a Gohan. Vio que había luz en su despacho y entró tímidamente. Lo vio de espaldas, pensativo.
—Gohan…
Se volteó asustado y oculto su asombro al verla.
—¿Qué haces aquí, Marron? Deberías estar durmiendo —le dijo.
Ni un reproche, ni una frase amarga. La dulzura de su voz la avergonzó aún más.
—Gohan, yo… —agacho la mirada— quería pedirte perdón —levanto su mirada viendo como esos ojos la miraban curioso.
Gohan saco lentamente la mano de su bolsillo, se quitó los anteojos, y con su otra mano la puso en el rostro femenino. Le acarició la mejilla con ternura y Marron empezó a llorar. Era un momento de una gran intimidad, pero ninguno de los dos se percató de eso.
—Me porté groseramente contigo y no te lo mereces, Gohan. Si pudieras perdonarme, por favor…
Gohan con su mano empezó a limpiar las lágrimas.
—Perdóname tú a mí. Nunca debí darte una bofetada. No sé lo que me pasó.
—La merecía por ser altanera —dijo Marron agachando la cabeza avergonzada.
—Eres una mujer maravillosa, Marron —esta levanto la mirada—. Te pareces a tu padre. Él se enfadaba con frecuencia y cuando daba la vuelta, se le pasaba todo. Lo importante es que no guardes rencor en tu corazón.
—Lo sé, Gohan. ¿Sabes? Ya vamos conociéndonos —rio Marron, más tranquila.
Gohan sonrió de lado.
—¿Vas a volver a hablar con ese hombre… el pintor? —pregunto Gohan poniendo sus anteojos en el escritorio y agarrando unas hojas.
—Sí, Gohan.
—¡Marron! —la volteo a ver.
—Gohan, ya soy una mujer y tengo que descubrir a la gente por mí misma. Si no le hablo, voy a estar intrigada. Prefiero comprobar que no vale la pena.
—Es peligroso jugar con fuego —dijo Gohan volviendo a poner atención en las hojas.
Marron se echó a reír. Le gustaba estar con Gohan en penumbras, por lo visto, es la primera vez que lo mira sin un chaleco o un suéter. Vestía solo una camisa blanca de botones y un pantalón negro, y vaya, era más atractivo. De pronto se sentía protegida por él.
—Tal vez te enamores de él —dijo Gohan dejando las hojas en el escritorio.
Apago la lamparita y la luz de la luna se reflejaba en ellos por la gran ventana.
—No lo creo, Gohan.
—El matrimonio no es para un día ni para un año —dijo Gohan mirándola, y los dos se dirigían a la puerta—. A veces puede ser demasiado largo y uno debe buscar bien para alcanzar la felicidad o, por lo menos, la tranquilidad.
Los dos salieron y Gohan cerró la puerta. Marron, de pronto, le preguntó algo que lo dejó desconcertado:
—¿Has buscado a la mujer ideal para que te dé esa tranquilidad? —pregunto Marron, y sin que ella se diera cuenta, Gohan apretó los labios, mientras subían las escaleras—. Conocí a Videl el otro día. No hablé con ella, pero Pares me la enseño. No es la mujer para ti —dijo mirándolo.
—Marron —se echó a reír Gohan, quedando los dos parados al subir las escaleras, y Marron lo miro curioso—, ¿cómo sabes que Videl no es la mujer para mí? Anda, regresa a tu cuarto que es tarde.
Gohan paso por su lado y volteo diciéndole:
—¡Ah!... Nunca cambies, Marron.
Salió temprano y fue a caminar, pero no encontró al pintor. Mejor, pensó. Entonces Marron se dirigió a la empresa. Vio el auto de Gohan estacionado frente a la entrada. Los hombres la miraron con admiración.
—¿Qué desea, señorita? —le preguntó la recepcionista.
—Soy Marron Jinzo. Quiero ver a Son Gohan.
Marron tenía un vestido corto negro con escote de encaje.
—Pase, su oficina está al fondo.
—Gracias —dijo sonriendo.
En la puerta estaba un letrero que decía "Dirección".
