Capítulo 4. Pasado.

Entró en la cabaña tras el desayuno para dejar su cepillo de dientes antes de ir a la pista deportiva para jugar al fútbol y allí estaba Delphine terminando de poner su ropa en orden en el armario.

- Delphine, - empezó Cosima recibiendo una mirada de la francesa. - ¿A qué actividad vas a ir ahora?

- ¿A qué actividad vas tú? - inquirió con media sonrisa.

- Fútbol. - La morena observaba la sonrisa de la rubia, contemplando cómo se humedecía los labios para hablar de nuevo.

- Iré contigo a fútbol entonces.

Lo que le hacía sentir Delphine no lo había sentido jamás. O así lo percibía la joven morena. A penas llevaban unas horas hablando desde que llegó poco antes de que comenzara a amanecer, añadiendo que la rubia era bastante coqueta, eso o le gustaba simplemente ponerla nerviosa, porque ese era el resultado, Cosima con cara de idiota mirándola y sintiendo como le gustaba más con cada gesto o palabra que producía.

- Te espero entonces. Así igual caemos en el mismo equipo. – Cosima le sonrió, y notó la mirada de Delphine que iba bajando hacia su boca. Los dientes de Delphine atraparon su propio labio inferior entre ellos mientras seguía observándola. Joder, joder, joder… Cosima se lamió los labios y miró hacia otro lado intentando disimular sus nervios.

No tardó mucho en terminar de ordenar sus cosas, y las dos salieron hacia la pista deportiva donde algunos compañeros ya estaban allí. En total fueron ocho personas las que completaron la actividad de fútbol y Rick era el monitor encargado en esa ocasión.

- Parece que hay más futbolistas que artistas aquí. – Rick sonreía abiertamente a todos sus alumnos. – Bueno, para empezar vamos a ponernos por pareja. – Cosima notó como el brazo de Delphine rodeaba el suyo sintiendo un cosquilleo. Se miraron y sonrieron. – Y ahora quiero que cojáis una de estas cuerdas que tengo aquí de colores, y que atéis vuestra pierna derecha a la izquierda de la pareja.

"De la pareja", que palabra tan bonita para referirse a Delphine y a ella… Un momento, ¿iban a tener que correr con las piernas atadas? Eso significaba que iban a estar todo el tiempo en contacto, las dos llevaban pantalones cortos, iba a tocar la pierna de Delphine.

- Estás colorada, Cosima, – la mencionada miró a la portadora de aquel acento francés y automáticamente encontró su cara atrapada entre las manos de la rubia. – colorada y caliente, y aun no hemos empezado a correr… – Cosima solo podía prestar atención a las suaves manos de Delphine y en lo cerca que estaban. – ¿Cuál prefieres?

- ¿Qué? – la voz de la morena a penas fue un susurro. Se sintió de nuevo ridícula. Las manos de Delphine ya no estaban en su cara, pero la distancia de sus cuerpos era la misma. Sus ojos se quedaron estancados en los labios de la rubia, ¿por qué tenía ese efecto en ella? A veces desearía ser menos débil a los encantos de las mujeres, pero con Delphine no era debilidad, eso fue instantáneo, apenas le había dado tiempo a procesarlo. Apareció una sonrisa en los labios de la francesa antes de contestarle.

- ¿Roja, azul o verde? – Ah, las cuerdas. Cosima se apartó un poco del cuerpo de la rubia para poder respirar un poco sin compartir aire con ella.

Eligieron la cuerda roja y ahora estaban en el suelo sentadas junto a la otra mientras Delphine se dedicaba a atar sus piernas. Sus dedos rozaban la pierna de la morena, y Cosima intentaba controlar su respiración, sobre todo cuando terminó de atarlas y le dedicó una caricia desde donde se encontraba el nudo hasta su muslo, todo piel desnuda, y la rubia mirándola de esa forma, de la forma en la que podría matar de puro placer a las más inocentes personas del mundo, o al menos Cosima pensaba que su fin era inminente si continuaba mirándola de aquella manera. La mano de Delphine ardía en su muslo, sus dedos apretaron su pierna antes de soltarla.

– Ahora a levantarse, a ver como se nos da movernos atadas. – la voz de Delphine sonó ligeramente más ronca, ¿le había gustado a ella también? – Se levantaron, pero Cosima perdió el equilibrio y cayó sobre la rubia que la sujetó sin llegar a caer al suelo. – Ten cuidado, ma chérie, no hemos empezado aún.

– Lo primero que vamos a hacer es intentar correr sin caernos. – dijo Rick mientras le dedicaba una mirada divertida a la morena. Eso le pasaba por ser tan evidente y no saber disimular. – Hay que coordinarse entre la pareja, tened cuidado para que no tengamos grandes accidentes.

Empezaron andando, cuando Delphine adelantaba su pierna izquierda, Cosima movía su derecha, y luego ambas movían la que tenían unidas.

– Vamos más rápido, ¡más rápido! – Rick iba tras cada pareja haciendo que fueran más ligeros.

Cosima y Delphine intentaron ir más rápido, e iban medio bien hasta que la rubia se tropezó pero sin caer ya que Cosima la agarró de la mano para que no lo hiciera. Y así fue como jugaron el mini partido después, si se le podía llamar así, corriendo y de la mano.


– Un poco más de práctica y seremos las mejores. – Delphine comentaba mientras iban ambas hacia su cabaña.

– Somos ahora mismo las mejores… solo queda que podamos marcar goles. Un gran equipo, rubia. – Cosima levantó su mano para que la rubia se la chocara.

Ambas reían en el camino a su cabaña, cuando a Cosima le agarró alguien del brazo y se encontró con una Emma llena de pintura.

– Emma. – la morena la miró mientras la mano de la chica seguía en su brazo.

– Hola, Cosima. ¿Qué tal te ha ido el fútbol?

– Ha sido divertido, he jugado con mi compi de habitación. – la morena pegó un codazo a Delphine que estaba escaneando a la morena de pelo corto. – Esta es Delphine. Delphine, esta es Emma. – Ambas se saludaron moviendo la mano. – Íbamos ahora a la cabaña para darnos una ducha, y parece que tú necesitas otra. – Cosima se rió, y tocó pintura que tenía sobre la cara.

– Sí. Tú estás muy sudada. – Emma le dedicó una tímida sonrisa y miró hacia la rubia. – Parece que habéis estado en una maratón.

– Sí, bueno, vamos a coger nuestras cosas, Cos, necesito ducharme. – Delphine sonó cortante.

¿Cos? La francesa agarró su mano y tiró de ella hacia la cabaña dejando a Emma allí sola.

– Hey, hey. – la morena empezó a hablar una vez entraron a la cabaña. – Has sonado un poco borde allí.

– ¿Sí? – Delphine levantó una ceja, sus labios estaban apretados y apartó su vista para coger sus cosas para el baño. – ¿Te gusta esa chica? – No recordaba haberle dicho a Delphine que le gustaban las chicas, ella no estuvo cuando lo dijo en la presentación.

– Bueno, sí, me gusta, y creo que deberías pedirle perdón. – Cosima agarró su brazo para que la mirara a la cara. La mirada de Delphine recorrió todo los puntos de su rostro antes de suspirar.

– Lo siento, Cosima. A veces me pongo tonta con esas cosas.

– ¿Qué cosas? – preguntó extrañada.

– Le pediré perdón ahora en las duchas. Vamos.

Cosima se quedó mirándola mientras salía de la cabaña dejándola sin entender nada.


– ¡Vamos, Delphine, levántate! Hoy es día de Kayak. – ya era la mañana del miércoles y Cosima se asomó a la litera de arriba para ver a la rubia con ojos adormilados pero dedicándole una sonrisa.

– Buenos días a ti también.

– Buenos días. – Cosima sonrió divertida dejando ver su lengua entre sus dientes. Otra vez los ojos de la francesa bajaron hacia sus labios y alargó su brazo para acariciar la cara de la morena.

– Me encanta tu sonrisa.

Muchas veces Delphine la descolocaba, y esa era una de esas ocasiones. Vio como Delphine se bajaba de la litera y quedaba a su lado. Aun sonriéndole se inclinó y volvió a depositar un beso en su mejilla, esta vez algo más cercano a sus labios. Se rió al ver la cara de tonta de la morena y fueron a desayunar juntas.

– Hola, chicas. – Emma se sentó a su lado con una sonrisa en la cara, ambas le devolvieron el gesto.

– ¿Estás lista para los kayak? – preguntó Cosima emocionada.

– Sí, claro, lo estoy desde que llegamos. – Emma empezó a desayunar y miró a la rubia. – ¿También vas a los kayak? – Delphine asintió. – ¿Y estás lista?

– Los juegos húmedos siempre son mis favoritos. – la mirada de la rubia se posó en Cosima y le guiñó un ojo. Joder. La morena empezó a toser intentando mirar para otro lado y no a la francesa asesina.

Más tarde mientras salían fuera, la rubia le agarró del brazo y se acercó a ella. Su boca fue hacia la oreja de Cosima y le susurró un "creo que también le gustas a ella". La morena le miró y Delphine le sonreía coqueta.

Una vez al lado del lago estaban sentadas desabrochándose los zapatos, Cosima junto a Delphine entonces se fijó en los pies de la rubia.

– Tienes un tatuaje. Guay. ¿Qué es?

– Es una flor de lis, o lirio.

– ¿Y qué significado tiene? – preguntó la morena inocente.

– Igual te parece un poco friki, es un símbolo de Francia. – Cosima sonrió.

– Sí que es friki… – empezó a reírse mientras se levantaba y ayudaba a la rubia a que se levantara también, del impulso quedaron muy cerca.

– Pero también tiene otro significado. Es un símbolo del amor pasional. – muy cerca de sus labios. Distancia, necesitaba más distancia o se desmayaba allí mismo.

– Cosima, ¿eras mi compañera cierto? – gracias a los cielos. La morena miró a su derecha para encontrarse con Emma.

– Sí. – se acercó a la otra morena mientras la rubia se cruzaba de brazos. – se lo prometí el primer día, Delphine. – sentía esa necesidad de darle explicaciones.

– Está bien, no te preocupes. – se dio la vuelta y se fue a buscar otra pareja.

Cosima y Emma buscaron un kayak y entre las dos lo movieron para llevarlo a la orilla del lago, agarrándola cada una en un extremo. La morena levantó la mirada y vio a Delphine junto a un chico, hablando con él y riendo. He ahí la Delphine heterosexual, mucho había fantaseado ella, igual era la típica amiga extra-cariñosa. Una ola de celos le recorrió cuando la mano de la rubia recorrió el pelo del muchacho acariciándolo. Ese era el chico que no paró de mirarla el día del fútbol. La rabia la consumía por dentro y apretó la mandíbula continuando yendo a la orilla con el Kayak.

Era divertido, sí. Pero no lo estaba disfrutando ya que estaba todo el rato mirando a Delphine con ese chico, riéndose y pasándolo bien mientras remaban los dos.

– Cosima, ¿estás bien? – Emma se giró para mirarla preocupada.

– Sí, perdón, algo distraída. – la morena observó los ojos verdes de la chica.

– ¿De verdad?

– Sí, de verdad. Vamos, tenemos una carrera que ganar.

Y eso es lo que tenían que hacer, cruzar el lago con el kayak y quien llegara antes al otro lado ganaba un bombón helado para cada integrante del grupo. Empezaron a remar con fuerza, la verdad es que se complementaban bien, entonces Cosima pudo ver de nuevo a Delphine con el chico estúpido por el rabillo del ojo, y pasó. Dejó de remar por un momento para verlo mejor e intentar matarlo con la mirada, pero falló en el intento, lo que logró fue que el kayak se volcara. Emma y ella salieron a flote de nuevo y se empezaron a reír a carcajada mirándose.

– Hemos tenido que ser nosotras las primeras en volcarnos. – dijo divertida la chica de ojos verdes.

– Sí, vamos, que aun podemos. – le salpicó traviesa un poco de agua.

Pusieron otra vez bien el kayak y Cosima ayudó a Emma a subir agarrándola por las piernas y luego la otra chica la ayudó a ella a subir y se pusieron de nuevo manos a la obra. Emma le gustaba, sí, pero no sintió el cosquilleo que sentía cuando Delphine simplemente la rozaba. Debía analizarlo profundamente, quizás luego.

Bueno, las terceras, no estaba mal. Estaban de nuevo en la orilla y Delphine pasó por su lado sonriéndole.

– Al final no he sido yo la que se ha mojado. – soltó divertida con una ceja levantada mientras mordía su bombón helado. – ¿Quieres un poco? – le ofreció a la morena, que negó con la cabeza.

– No, disfrútalo, es tuyo. – Cosima le dedicó una sonrisa, pero le duró poco.

– Entonces nos vemos en un rato, ese chico de ahí es Paul y me ha dicho que quiere enseñarme algo. – le guiñó un ojo y se fue con el estúpido Paul. Mierda.

– Hey, Cosima. – se giró hacia la portadora de esa voz. – ¿Podemos hablar?

– Sí, claro. – declárate, y besémonos a escondidas. Hazme olvidarme de la francesa esa. Sí, eso es lo que quería. Maldita Delphine. Empezaron a andar y una vez solas Emma empezó a hablar.

– Creo que necesitas desahogarte.

– ¿Qué? ¿Por qué?

– Estás colada por Delphine, vamos, no hace falta que disimules. – Emma le sonreía tímida.

– ¿Qué? ¡Qué va! ¿Qué dices? ¿Delphine? Si la conocí ayer, y además no… – la chica de ojos verdes le puso un dedo en los labios para callarla.

– Nunca he conocido a una chica, ya sabes, homosexual, – Emma se sonrojó. – pero creo que el proceso es el mismo que para una heterosexual, se te nota, no lo niegues. Parece una chica difícil, pero creo que le gustas, no para de lanzarte indirectas.

– Emma, no es Delphine la que me gusta. – hubo un silencio, Cosima la miraba intensamente agarrándola de la mano.

– ¿Entonces quién te gusta?

Y entonces le entró el bloqueo a la joven morena, la miraba nerviosa. Obviamente Emma le gustaba, pero Delphine… Lo de Delphine era muy intenso, con ella era distinto, quitando lo estúpidamente sexy que era, por supuesto. Emma era más tierna, más mona. Y Cosima era una tonta enamoradiza.

Vamos, Cosima, tú eres valiente. Dio un paso hacia delante, acercándose a Emma. Su mano se apoyó en la estrecha cintura de la chica, aún húmeda por la caída. Un poco más y la besaría, pero escucharon un ruido y se apartaron.

– Siento interrumpir, pero los monitores están llamando para la comida. – Delphine.

Empezaron a andar las tres juntas, y la rubia pellizcó la cintura de la morena sonriéndole coqueta agarrando con su dedo índice el meñique de la morena. Y ahí es donde Cosima volvía a caer en las redes de la francesa.

Oh, Mierda.