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Capítulo 4
Príncipes y bandidos
Un día más se acababa en el planeta Vegeta, la oscuridad inundaba el cielo rojizo, mientras unos saiyajins se preparaban para alguna misión, o llegaba de esta, otros, solo se disponían a llegar a sus hogares para darse un descanso bien merecido. Pero las noches eran tomadas por los bandidos… Era claro que los saiyajins se dedicaban a erradicar todo tipo de raza, dispuestos a vender aquellos planetas, dejando en alto la fuerza de su raza, desprendiendo gran poder alrededor del universo, ¿Quién podría hacerles frente? Quien siquiera lo intentara acababa por conocer el amargo sabor de la muerte. Pero entre la raza más poderosa y temida del universo, existían diferentes saiyajins… entre eso, los bandidos del propio planeta… normalmente rezagados de las clases más bajas, quienes fueron aislados por no tener nada que otorgar al feroz linaje de aquella raza…
Conocida como la "basura", más odiada que la misma clase baja, con la diferencia que no estaban dispuestos a seguir las leyes, unos porque lo decidieron, y otros porque fueron obligados a pertenecer a esa oscura clase.
Las calles ahora eran inundadas por aquella pequeña comunidad, dispuesta a hacerse de lo que pudiesen robar, al otro día quizá podrían venderlo, era su forma de subsistir en aquella jerarquía.
Entre tanta "escoria" la vida no era nada fácil, hoy eran tus compañeros, mañana pueden ser tus peores enemigos. En esta vida, tener amigos no era una opción, era más bien un suicidio, tarde o temprano acabarías por ser apuñalado por la espalda…
-¡Cuántas veces te e dicho que no desperdicies el día en juegos estúpidos!- La fría voz chocó en las paredes de la pequeña casa, mientras entre las sombras se hacía presente la figura de un hombre, con altura promedio, de tez más bien morena y un constante ceño fruncido, acompañado de un cabello corto negro levemente levantado. Paragus era su nombre, un total desconocido para el reino, ocultándose desde que casi fue asesinado, por el simple hecho de ser el padre de un pequeño niño que, desde su nacimiento, mostró haber nacido para la grandeza, con altos niveles de poder guardados que, con facilidad, podría hacer temblar cualquier noble, siendo su peor pesadilla...
Sus ojos negros se posaron severamente sobre su único hijo, la clave por la que seguía existiendo, después de todo, no era fácil vivir oculto, pero con las fuerzas del chiquillo de su lado, no había habido problema alguno a la hora de conseguir sus víveres.
La mano del mayor se posó sobre el puente de su nariz, apretando levemente para tratar de calmar su frustración.
-Broly, ponme atención, hoy iremos por nuevas provisiones… ¿Me estás escuchando?- Pero no, el chico tenía sus ojos concentrados en la lejanía del bosque que rodeaba su pequeña casa, mientras sus cabellos azabaches eran agitados por las ráfagas de viento nocturno que entraban por la ventana. Podría ser muy fuerte, pero recibir órdenes no era de sus tareas favoritas, aunque el insistente llamado, en voz cada vez más alta de su padre, lograron sacarlo de su trance.
-Sí, ya te oí...- Respondió por fin, pero el rostro enojado de su padre seguía intacto mirándole fijamente.
-No me estás escuchando, ¿Qué sucede contigo últimamente?-
La verdad es que ni el mismo Broly lo sabía, simplemente no tenía mucha gana de hacer alguna cosa, al final. Broly nunca había conocido otra vida más que la de un pequeño delincuente, cuando era pequeño no era de mucha importancia, no contaba con conciencia como para ver más allá de eso, pero ahora, empezaba a crecer su propio mundo, cada vez se hacía más grande, claro que recién y tenía ocho años, pero su cuerpo no veía en reparó en crecer, haciendo parecer que su edad era hasta tres años mayor a la verdadera, lo cual le ayudaba a conseguir más respeto entre aquella gente tan desagradable…
Aunque, más allá de respetarlo, le tenían cierto pavor, conocían a la perfección que ese chico era peligroso, no les convenía meterse con él, dándole a su ya soledad, más profundidad, el propio niño no tenía conciencia de lo que era capaz de hacer, algo de lo que sacaba provecho Paragus, tenía respeto entre los bandidos por ayuda de Broly, y la capacidad de usar sus poderes a su beneficio, el único problema, es que Broly era algo complicado de manejar, un chico misterioso a la hora de la verdad, incluso para su propio padre.
Eso no quitaba el hecho de que al final, seguía las órdenes de su padre, Broly no era tonto, sabía que necesitaban robar para sobrevivir, así que en cuanto Paragus vió a su hijo levantarse por fin y caminar hasta él, supo que estaba listo para su siguiente robo…
Un solo planeta y tantos mundos diferentes, el castillo era un paraíso a comparación de las oscuras calles que eran invadidas por los rufianes del planeta, estos solo eran pestes que tarde o temprano el reino debía de extinguir.
Entre los corredores limpios del castillo se escuchaban los únicos pasos de los príncipes que allí habitaban.
El príncipe Vegeta, primogénito del Rey, heredero del planeta Vegeta. A pesar de tener solo trece años, su carácter empezaba a formarse, preparándose desde muy temprana edad para, algún día, ocupar el puesto de su padre. El orgullo podía impartirlo con su mirada, siempre fruncida, mostrando seriedad y clara superioridad, bastante egocentrista, más cuando se trataba de clases inferiores.
Al lado de este, el joven príncipe Tarble, alguien contrario a su hermano mayor, solo era un año menor a este, pero su mirada solo inspiraba ternura, y la sonrisa que iluminaba su rostro constantemente demostraba la gran diferencia que tenía con su hermano, era un ser más tranquilo, se veía a metros, claro que a pesar de todo, sabía comportarse como el príncipe que era, y n los momentos que necesitaba, podía mostrarse tan frío como su hermano, era cosa de familia, herencia de su propio padre que, con severidad veía a todos a su alrededor, impartiendo respeto como corresponde a su alto mando.
La vida de ambos chicos era mucho más sencilla, pero estricta, no podían darse el lujo de seguir las costumbres de los chicos de clases más bajas, ni siquiera a los que pertenecen a la clase media, su comportamiento debía ser ejemplar, el hecho de jugar en el lodo no se vería bien, algo que, por supuesto, a cualquier niño podría pesarle, pero la costumbre alejaba tales pensamientos de sus mentes.
Pero una infancia llena de lujos lograba llenar a medias ese vacío, y a pesar de todas las reglas que les imponían, Tarble lograba hacerse de las suyas, para lograr portarse como el niño que era, y al final lograba arrastrar a su hermano a sus pequeños juegos.
Ps no había tenido restricciones cuando visitaba a sus familiares en el planeta Vegeta, el alejarse un poco de tantas reglas le sentaba de maravilla, y tenía a su hermano y primos que le seguían en alguna que otra travesura, cosa que Vegeta y Tarble no tenían, y más aún que, Vegeta no era que soportara del todo a la pequeña Ps, al final fingía que no le agradaba, pero lo cierto era que siempre se impresionaba al ver a alguien de espíritu libre como el de aquella niña, eso le atraía bastante, le interesaba… Pero su propio orgullo no podía dejar ver que tenía empatía por alguien, desde muy niño aprendió a no dejar mostrar de más sus emociones, con la intención de no mostrarse débil frente a algún enemigo, muchos quieren acabar con su familia, los bandidos más que nada eran su mayor problema, siendo rezagados dispuestos a impartir nuevos mandatos, y eso no se podía permitir.
Una vida de lujos y una vida en la miseria, eran dos mundos completamente opuesto, definitivamente la rivalidad más grande en el planeta, con muchos bandidos atrapados bajo la guardia real, y muchos soldados nobles sacrificados en alguna que otra batalla campal que se producía, cuando los bandidos estaban dispuestos a tomar el castillo por su cuenta.
Pero ahora había diferencias… Ahora los bandidos tenían un muy buen punto a favor… Ese chico misterioso de doce años… Un chico capaz de inclinar la balanza, a favor de los excluidos...
