Disclaimer: La historia pertenece a Kathow16 que a la vez la adapto de la escritora Nora Roberts. Yo solo tengo el placer de adaptarla a los personajes de J.K. Rowling.

Capitulo Cuatro

Durante las siguientes semanas, las sesiones fotográficas avanzaron sin complicaciones. Harry se mostraba muy entusiasta sobre los progresos que estaban haciendo y le mostró a Hermione un archivo de las fotografías para que ella viera los frutos de su trabajo.

La joven estudió las fotografías con objetividad profesional y admitió que eran excelentes, probablemente uno de los mejores trabajos que Harry y ella habían hecho juntos o por separado. Las fotografías ya estaban empezando a formar un buen estudio sobre las diferentes facetas de la mujer y habían realizado ya la mitad de las que necesitarían para terminar el proyecto. Si todo seguía igual de bien, terminarían mucho antes de lo previsto. Draco estaba pensando en preparar una edición especial, que saldría publicada a principios de la primavera.

Las sesiones proseguirían después del largo fin de semana de Acción de Gracias. Hermione se alegraba de tener algo de tiempo libre, no sólo para descansar, sino para poder separarse del hombre que ocupaba constantemente sus pensamientos e invadía sus sueños.

Después de la velada que pasaron juntos, ella había esperado notar cierta tensión entre ellos, pero Draco la había saludado con tanta normalidad que, de hecho, la joven pensó por un momento que se había imaginado todo lo ocurrido. No hubo mención alguna de la cena que tomaron juntos ni de la escena que se produjo a continuación. Draco volvió con aparente facilidad a su actitud de siempre.

A Hermione no le resultó tan fácil comportarse con indiferencia después de los sentimientos que él había despertado en ella. Sin embargo, logró mostrar una actitud que distaba mucho de reflejar el torbellino interior que sentía.

A pesar de todo, las sesiones fueron avanzando con normalidad. Si Harry se vio obligado a decirle de vez en cuando que no frunciera el ceño, estaba tan preocupado por su trabajo que no vio nada de extraño en ello.

Hermione estaba de pie frente a la ventana de su apartamento. Su estado de ánimo era tan sombrío como la vista que desde allí se veía. El cielo de noviembre mostraba una apariencia plomiza y parecía provocar un deprimente ambiente en la ciudad. Hacía mucho tiempo que las hojas habían abandonado los árboles y éstos mostraban una apariencia triste y desnuda. La hierba había perdido el alegre tono verde de la primavera y parecía una triste y amarilla alfombra. Aquel desolado día encajaba perfectamente con el estado de ánimo de la joven.

De repente, la melancolía se adueñó de ella. Sintió un fuerte deseo de volver a ver los dorados campos de trigo de su tierra natal. Se acercó al equipo de música y puso el disco de Denver. Sin que pudiera evitarlo, se quedó inmóvil al recordar que Draco había estado en aquel mismo espacio que ella estaba ocupando. El recuerdo de la firmeza de su cuerpo y de la intimidad que tan brevemente habían compartido se adueñó de ella y reemplazó rápidamente a la melancolía. En un instante, comprendió que la atracción que sentía por él era mucho más que física. Apretó el botón del equipo y dejó que la suave música llenara el ambiente.

Se recordó que enamorarse no había formado parte de sus planes y que hacerlo de Draco estaba fuera de lugar, ni en aquellos momentos ni nunca. Ese camino sólo la llevaría al desastre y a la humillación. Sin embargo, le resultaba imposible acallar la voz que le decía desde el interior de la cabeza que ya era demasiado tarde. Se sentó en una silla y permitió que la confusión y la depresión la cubrieran como una pesada niebla.

Había llegado muy tarde a casa después de reunirse con Pansy y Blaise para celebrar el día de Acción de Gracias. A pesar de que las viandas eran deliciosas, Hermione había ocultado su falta de apetito por su preocupación por mantener la línea. Se había esforzado mucho por esconder su depresión y mostrar una apariencia normal y contenta. Justo cuanto terminaba de cerrar la puerta, el teléfono comenzó a sonar.

-¿Sí? ¿Diga?

—Hola, Hermione. ¿Has estado fuera de la ciudad?

No había necesidad alguna de que su interlocutor se identificara. Hermione reconoció a Draco inmediatamente. Se alegró mucho de que los fuertes latidos de su corazón no pudieran escucharse al otro lado de la línea telefónica.

—Hola, Draco —respondió ella, tratando de reflejar cierta frialdad en el tono de su voz—. ¿Siempre llamas a tus empleados tan tarde?

-Ya veo que estás algo enfadada -comentó él, estoico—. ¿Has pasado un buen día?

—Estupendo —mintió—. Acabo de llegar a casa después de haber cenado con unos amigos. ¿Y tú?

—Maravilloso. Me encanta el pavo.

— ¿Has llamado para comparar menús o es que hay alguna razón? –le espetó. Acababa de imaginárselo con Astoria en un estupendo y elegante restaurante.

—Sí, tengo una razón. Para empezar, se me había ocurrido brindar por el día de Acción de Gracias contigo, si es que aún tienes esa botella de whisky.

—Oh... —susurró ella. La voz se le rompió y el pánico se apoderó de ella. Rápidamente se aclaró la garganta para poder seguir hablando—. No, quiero decir sí, claro que tengo la botella de whisky, pero es muy tarde y...

— ¿Tienes miedo?

—Por supuesto que no. Estoy algo cansada. De hecho, estaba a punto de meterme en la cama.

— ¿De verdad? —preguntó él, con un cierto tono bromista.

—Sí —replicó ella—. ¿Es que tienes que burlarte constantemente de mí?

—Lo siento —dijo Draco, aunque su disculpa carecía por completo de convicción—. Es que te tomas muy en serio las cosas. Muy bien, no beberé de tu suministro de alcohol... al menos por esta noche. Nos veremos el lunes, Herms. Que duermas bien.

—Buenas noches —murmuró ella.

Cuando colgó el teléfono, sintió que el arrepentimiento la embargaba.

Miró a su alrededor y sintió un deseo irrefrenable de tenerlo allí, llenando el espacio con su presencia. Suspiró y se levantó de la silla.

Sabía que no podía llamarlo para invitarle, aunque hubiera sabido dónde ponerse en contacto con él.

«Es mejor así», se dijo. «Es mejor evitarlo cuanto me sea posible. Si voy a tratar de superar la atracción que siento por él, la distancia será mi mejor medicina. Estoy segura de que él puede conseguir lo que quiere en otra parte. Astoria es más de su estilo. Yo nunca podría competir con su sofisticación. Ella probablemente sabe hablar francés y sabe mucho de vinos. Además, seguro que se puede tomar más de una copa de champán sin empezar a decir incoherencias.

El sábado, Hermione se reunió con Pansy para almorzar con la esperanza de que aquella salida pudiera animar su decaimiento. El elegante restaurante estaba abarrotado. Cuando vio a Pansy sentada frente a una de las mesas, la saludó con la mano y se dirigió hacia ella.

—Siento llegar tarde —se disculpó Hermione—. El tráfico era terrible y me costó mucho encontrar un taxi. Se nota que ya se acerca el invierno. - Hace mucho frío.

— ¿Sí? — Preguntó Pansy con una sonrisa—. A mí me parece primavera.

—Aparentemente el amor te ha desequilibrado, pero, aunque te haya afectado al cerebro, ha hecho maravillas con el resto de tu cuerpo. Creo que podrías relucir en la oscuridad.

—Me parece que mis pies no tocan el suelo desde hace semanas —afirmó Pansy—Supongo que te pone enferma verme flotar de este modo.

-No seas tonta. Me alegra muchísimo verte tan contenta.

Las dos mujeres pidieron su almuerzo y comenzaron a charlar con su habitual camaradería.

— Creo que debería encontrarme una amiga con verrugas y nariz ganchuda —comentó Pansy de repente.

— ¿Cómo dices?

—Acaba de entrar el hombre más fascinante que he visto en mucho tiempo. - Por la atención que me ha prestado a mí, se podría deducir que soy invisible. Está demasiado ocupado observándote a ti.

- Probablemente sólo está buscando a alguien que conoce.

—Ya tiene a alguien que conoce colgada de su brazo como si fuera un apéndice —afirmó Pansy, sin dejar de mirar a la pareja—. Sin embargo, la atención de él está prendada en ti. No, no te vuelvas —le ordenó, cuando Hermione hizo ademán de girar la cabeza—. Dios Santo...Viene hacia aquí... Rápido —susurró—. Muéstrate natural.

—Tú eres la que está medio histérica, Pansy—dijo Hermione, muy tranquila y divertida por la actitud de su amiga.

—Vaya, Hermione, parece que no podemos estar mucho tiempo separados el uno del otro, ¿verdad?

Al escuchar aquella voz, Hermione contempló el rostro atónito de Pansy antes de volverse para encontrarse con la seductora sonrisa de Draco.

—Hola —respondió—. Hola, señorita Greengrass. Me alegro de volver a verla.

Astoria simplemente asintió. Por la expresión gélida que se reflejaba en sus ojos, resultaba evidente que estaba en completo desacuerdo con la cortesía de Hermione. Se produjo una pequeña pausa. Draco levantó una ceja.

—Pansy Parkinson, Astoria Greengrass y Draco Malfoy-dijo Hermione, presentándolos a todos al captar la indirecta de Draco.

— ¡Oh! ¡Usted es el dueño de la revista Mortífago! —exclamó Pansy, muy emocionada.

-Más o menos.

—Yo soy una ávida lectora de su revista, señor Malfoy —prosiguió Pansy—. Casi no puedo esperar a que salga publicado el reportaje de Herms. Debe de ser muy emocionante.

— Hasta ahora, ha sido una verdadera experiencia —comentó él mientras se volvía a mirar a Hermione con una enojosa sonrisa en los labios—. ¿No estás de acuerdo conmigo, Hermione?

—Sí, una verdadera experiencia —replicó ella, sin mucho entusiasmo.

— Draqui—les interrumpió Astoria —. Creo que es mejor que vayamos a nuestra mesa y dejemos que estas chicas prosigan con su almuerzo.

Miró tanto a Hermione como a Pansy como si las dos no merecieran la pena.

—Me alegro de haberte conocido, Pansy. Ya nos veremos, Herms.

Draco esbozó su habitual sonrisa, lo que hizo que el corazón de Hermione comenzara a latir de un modo que ya resultaba familiar. Sin embargo, la joven consiguió murmurar unas palabras de despedida. Entonces, medio atenazada por los nervios, extendió la mano para tomar su taza de té esperando que Pansy no hablara de aquel encuentro.

Pansy permaneció mirando a Draco durante unos instantes.

— ¡Vaya! —Susurró mirando con intensidad a Hermione—. ¡No me habías dicho que era tan guapo! Cuando me sonrió, me licué literalmente.

— ¡Qué vergüenza, Pansy! —Exclamó ella fingiendo censurar la actitud de su amiga—. Se supone que tu corazón pertenece ya a otro hombre.

—Así es —afirmó Pansy—, pero sigo siendo una mujer. No me irás a decir que a ti te deja indiferente, ¿no? Nos conocemos las dos demasiado bien.

—Por supuesto que no soy inmune al devastador encanto del señor Malfoy, pero tendré que desarrollar un antídoto para los próximos meses.

— ¿No te parece que el interés podría ser mutuo? No se puede decir que a ti te falte el encanto.

— ¿Acaso no te has percatado de la morena que se aferraba a él como la hiedra a un muro de piedra?

—Por supuesto que sí —comentó Pansy, con desprecio—. Me dio la sensación de que esperaba que yo me levantara y le hiciera una reverencia. ¿Quién se cree que es? ¿La reina de corazones?

—Es la pareja perfecta para el emperador —murmuró Hermione.

— ¿Cómo dices?

—Nada. ¿Has terminado? Vayámonos de aquí.

Hermione se levantó sin esperar una respuesta, recogió su bolso y las dos mujeres se marcharon del restaurante.

El lunes siguiente Hermione fue caminando al trabajo. Al sentir los primeros copos de nieve de la temporada, levantó el rostro. Éstos parecían besar suavemente el rostro de la joven, por lo que ella sintió una fuerte emoción. La nieve le recordaba a su hogar, los paseos en trineo y las batallas de bolas de nieve. Tal fue la emoción que le produjo aquel fenómeno meteorológico que llegó al estudio de Harry tan contenta como una niña.

—Hola, viejo. ¿Cómo te ha ido el puente?

Hermione iba envuelta en un largo abrigo, con un sombrero de piel a juego bien calado sobre el rostro. Las mejillas y los ojos le brillaban por la combinación del frío y de la emoción, por lo que estaba bellísima.

Harry dejó de ajustar la luz durante un instante para saludarla con una sonrisa.

—Mira lo que acaba de hacer entrar las primeras nieves. Eres un anuncio para las vacaciones invernales.

—Eres incorregible —comentó ella mientras se quitaba el abrigo y el sombrero—. Te imaginas todo enmarcado por un objetivo.

—Deformación profesional. Ginny dice que el ojo que tengo para la fotografía es maravilloso.

- ¿Ginny? -preguntó Hermione, muy intrigada.

—Bueno, sí... He estado dándole unas clases de fotografía.

—Entiendo —repuso ella con una cierta ironía.

—Está... Está muy interesada en las cámaras.

—Sí, sí claro, ya me lo imagino...

—Venga ya, Hermione—musitó Harry. Entonces, comenzó de nuevo a tocar los ajustes de la cámara.

—Tonto, dame un beso —dijo Hermione mientras le abrazaba con fuerza—.Ya sabía yo que tú también podrías hacerlo.

—Venga ya, Herms... —repitió él. Se desembarazó de ella y miró el reloj—. ¿Qué haces aquí tan temprano? Aún te queda media hora.

—Resulta sorprendente que te hayas dado cuenta del tiempo —comentó ella—. Pensé que podría echarle un vistazo a las fotografías que ya están reveladas.

—Están ahí —le indicó él señalándole un desordenado escritorio—. Ahora, ve a verlas y déjame terminar.

—Sí, señor.

Hermione se acercó a la mesa y buscó el archivador que contenía todas las fotografías de las que disponían hasta esos instantes. Después de estudiarlas durante unos minutos, sacó una de las instantáneas que se habían tomado en la pista de tenis.

—Quiero una copia de ésta —dijo—. Parezco muy competitiva...

Al no recibir respuesta alguna, miró a Harry y lo vio una vez más totalmente inmerso en su trabajo y ajeno a su presencia.

-Por supuesto que sí, Herms -se respondió ella misma—. Lo que quieras. Mira que pose... -añadió sin dejar de imitar a su compañero—. Una forma perfecta y una concentración propia de una campeona. Prepárate, Wimbledon*. Los harás pedazos, Hermione... Gracias, Harry. Tanto talento y tanta belleza... Por favor, Harry, me estás avergonzando...

—Encierran a la gente en los manicomios por hablar consigo mismos —le susurró al oído una profunda voz. Hermione se sobresaltó y la fotografía se le cayó de las manos sobre el escritorio-. Y también estás muy nerviosa... Eso es mala señal.

Ella se dio la vuelta y se encontró cara a cara con Draco... De hecho, estaba tan cerca que, instintivamente, dio un paso atrás. Aquel gesto no pasó desapercibido para él porque frunció los labios con una de sus atractivas sonrisas.

—No te acerques a mí de ese modo.

—Lo siento, pero estabas tan absorta por tu diálogo...

De mala gana, Hermione sonrió también.

—Algunas veces Harry se pierde un poco en la conversación, por lo que me veo obligada a ayudarlo —comentó—. Míralo. Ni siquiera sabe que estás aquí.

—Mmm… tal vez debería aprovecharme de su distracción —susurró Draco.

Extendió la mano y agarró un mechón del cabello de Hermione y se lo metió detrás de la oreja. Ella notó enseguida la calidez de sus dedos, lo que provocó que el pulso comenzara a latirle a una alarmante velocidad.

—Oh, hola, Draco. ¿Cuándo has llegado?

Tras escuchar las palabras de Harry, Hermione lanzó un suspiro, sin saber si era por alivio o frustración.

Diciembre fue pasando poco a poco. El progreso que iban haciendo en el proyecto era mucho más avanzado de lo que habían esperado, por lo que parecía que todo estaría terminado definitivamente para antes de Navidad. El contrato que Hermione tenía con Draco llegaba hasta el mes de marzo, por lo que ella no dejaba de especular lo que haría cuando terminara el proyecto y él ya no la necesitara. Existía la posibilidad de que Draco la liberara de sus obligaciones, aunque estaba segura de que no era muy probable. Con toda seguridad no querría que trabajara para ningún otro competidor antes de que su propio proyecto estuviera publicado.

«Tal vez me encontrará alguna otra cosa que hacer durante esos meses», pensó. O tal vez podría estar sin trabajar durante un tiempo. Esto último le apetecía bastante, lo que la sorprendió. Le gustaba mucho su trabajo. Era duro, pero casi nunca resultaba aburrido. Por supuesto que disfrutaba con su trabajo. Era suficiente para ella y tenía la intención de mantenerlo en su vida durante los próximos años. Después de eso, podría retirarse o se tomaría unas largas vacaciones, viajaría... lo que fuera. Entonces, cuando todo estuviera en su lugar, tendría tiempo para encontrar el amor en serio. Hallaría a un hombre agradable, de fiar, con el que pudiera casarse y sentar la cabeza. Aquél era su plan, perfecto y sensato. Sólo que en aquellos momentos, cuando lo pensaba bien, le parecía demasiado frío y aburrido.

Durante la segunda semana de diciembre, el estudio de Harry estuvo mucho más concurrido de lo habitual. Aquella mañana en particular, las voces y los cuerpos se mezclaban en la sala en medio de un encantador caos. En aquella sesión, Hermione iba a compartir protagonismo con un niño de ocho meses, dado que tenía que representar la imagen de una joven madre.

Una pequeña parte de la sala estaba decorada como un salón. Cuando Hermione terminó con la peluquera, vio que Harry estaba muy ocupado comprobando su equipo. Draco estaba trabajando con él, compartiendo ideas sobre la sesión. Al ver que no pudo evitar contemplar su fuerte y esbelto cuerpo, se regañó en silencio.

Decidió dejar a los hombres con sus quehaceres y se dirigió a conocer a la joven madre y al niño que sería su hijo durante unos pocos minutos frente a las cámaras. El parecido que el pequeño tenía con ella la sorprendió y la divirtió al mismo tiempo. Andy, tal y como su madre lo presentó, tenía una mata de pelo tan brillante y tan chino como el cabello de Hermione. Los ojos del niño, aunque no de un dorado tan profundo como el de ella, se asemejaban mucho. Cualquier desconocido daría por sentado que aquel pequeño era su hijo.

- ¿Sabes lo difícil que ha sido encontrar a un niño que se parezca a ti? —le preguntó Draco, que acababa de acercarse a ellos. Hermione tenía a Andy sobre el regazo y lo hacía saltar sobre sus rodillas. Al presentir su llegada tanto ella como el pequeño levantaron sus profundos ojos dorados para mirarlo-. Cualquiera se quedaría atónito por tanta brillantez. Tal vez deberíais bajar un poco el voltaje.

— ¿No te parece precioso? —preguntó Hermione mientras acariciaba suavemente las mejillas del pequeño.

—Es espectacular. Podría ser tuyo.

—Sí, el parecido es sorprendente —admitió ella, con los ojos bajos por el repentino anhelo que le causaron las palabras de Draco—. ¿Estamos listos?

- Sí.

—Muy bien, socio —le dijo al niño mientras se ponía de pie y se lo colocaba sobre la cadera-. Vamos a trabajar.

—Sólo tienes que jugar con él —le instruyó Harry—. Haz lo que te apetezca. Lo que estamos buscando es espontaneidad. Creo que me comprende —añadió, al ver que el pequeño lo miraba muy fijamente.

- Por supuesto.- Afirmó Hermione-. Es un niño muy inteligente.

—Esperemos que responda bien. Sólo podemos trabajar con niños durante sesiones de pocos minutos.

Se pusieron manos a la obra. Las dos cabezas se inclinaron la una muy cerca de la otra sobre la zona alfombrada. Mientras Hermione jugaba con los bloques de colores, Andy, lleno de alegría, destruía sus esfuerzos. Muy pronto los dos estuvieron inmersos en el juego y prestaron muy poca atención a los movimientos de Harry o al suave clic de la cámara. Hermione estaba tumbada boca abajo, con los pies en el aire, construyendo torre tras torre para que el niño pudiera demolerla. De repente, el pequeño extendió la mano. Parecía haberlo distraído un mechón del sedoso cabello de Hermione. Lo agarró con sus regordetes dedos y trató de llevárselo a la boca.

Hermione se dio la vuelta y se colocó de espaldas. A continuación, levantó al niño por encima de su cabeza. El pequeño comenzó a reír de alegría ante el nuevo juego. Ella se lo colocó sobre el vientre y, muy pronto, Andy sintió una profunda atracción por los botones de perlas que ella llevaba en la blusa verde claro. La joven observó atentamente la concentración del bebé y comenzó a trazar sus rasgos con la yema de un dedo. Una vez más, sintió una fuerte sensación de anhelo. Levantó al niño una vez más sobre su cuerpo y comenzó a hacer el sonido de un avión mientras lo movía por encima de ella. Andy gritó de felicidad. Hermione se colocó al pequeño de pie sobre el vientre y dejó que el niño saltara al ritmo de su propia música.

Después, se puso de pie con él y lo abrazó con fuerza. De repente, se dio cuenta de que aquello era lo que más deseaba. «Un hijo propio, unos bracitos tan pequeños como estos alrededor del cuello. Un hijo con el hombre que amo», pensó. Cerró los ojos y se frotó la mejilla contra la de Andy. Cuando volvió a abrirlos, se encontró frente a la intensa mirada de Draco.

Lo observó fijamente durante un instante y, de repente, comprendió que aquél era el hombre que quería, el hombre cuyo hijo deseaba tener entre sus brazos. Llevaba algún tiempo sabiendo la verdad, pero se había negado a reconocerla. En aquellos momentos, no encontró modo alguno de negarla.

El fuerte tirón de pelo que Andy le dio rompió el hechizo. Hermione se dio la vuelta, aturdida por lo que acababa de admitir. Aquello no era lo que había planeado. ¿Cómo podría haber ocurrido? Necesitaba tiempo para pensar, tiempo para solucionar sus cosas. En aquellos momentos, se sentía demasiado confusa.

Cuando Harry marcó por fin la conclusión de la sesión, se sintió profundamente aliviada. Con un gran esfuerzo, Hermione mantuvo su sonrisa a pesar de que, en su interior, temblaba por lo que acababa de descubrir.

—Maravilloso —declaró Harry—. Los dos trabajaron como si fueran viejos amigos.

En silencio, Hermione corrigió las palabras de su compañero. No era trabajo sino una fantasía. Había estado representando una fantasía, tal vez llevaba la vida entera haciéndolo. Una risa histérica se apoderó de ella, aunque la reprimió con fuerza. No podía permitirse hacer el ridículo en aquellos instantes ni pensar en los sentimientos que la recorrían por dentro.

—Vamos a tardar un rato en estar listos para el siguiente decorado, Herms—le dijo Harry tras consultar el reloj—.Ve a comer algo antes de cambiarte. Date una hora.

Hermione asintió aliviada ante la perspectiva de poder pasar algo de tiempo sola.

—Yo te acompañaré.

—Oh, no —protestó ella. Rápidamente recogió su abrigo y se dispuso a marcharse con toda rapidez. Draco levantó una ceja—. Quería decir que no te molestes. Seguro que tienes trabajo que hacer. Estoy convencida de que hay algo que te reclama en tu despacho o algo así.

—Sí, mi trabajo nunca cesa —admitió él-, pero, de vez en cuando, tengo que comer.

Draco le quitó el abrigo para ayudarla a ponérselo. Cuando le colocó las manos sobre los hombros, la calidez que emanó de ellas atravesó la gruesa tela y le quemó la piel. Como respuesta, Hermione se tensó. Se sentía muy a la defensiva. Draco pareció notar su reacción, porque puso los dedos muy rígidos y la obligó a darse la vuelta.

—Mi intención no era tomarte a ti para almorzar, Hermione. ¿Es que nunca vas a dejar de sospechar de mí?

Cuando salieron al exterior, las calles estaban limpias de nieve, pero una ligera capa blanca cubría las aceras y los coches que había aparcados. Hermione se sintió atrapada en el coche de Draco, a su lado, mientras él conducía el Mercedes por las calles de Nueva York. Cuando llegaron a Central Park, ella trató de aliviar la tensión y el incesante tamborileo de su corazón.

—Mira, es precioso, ¿verdad? —Comentó mientras indicaba las ramas desnudas de los árboles cubiertas de nieve, que relucían como si fueran diamantes—. Me encanta la nieve. Todo parece tan limpio y tan fresco. Hace que todo se parezca...

— ¿A tu hogar?

—Sí —admitió ella.

De repente, pensó que, al lado de Draco, su hogar podría estar en cualquier parte. Sin embargo, comprendió que no debía revelar su debilidad. Él nunca debía conocer el amor que la embargaba por dentro y le batía el corazón como los vientos de los tornados que atraviesan Londres a finales de la primavera.

Siguió hablando sin parar de todos los temas que le vinieron a la cabeza. Así, esperaba que él pudiera vislumbrar el secreto que guardaba con tanto celo.

— ¿Te encuentras bien, Hermione? -le preguntó Draco de repente, cuando ella se tomó un respiro-. Últimamente has estado muy nerviosa...

La miró atentamente y, durante un aterrador instante, Hermione temió que aquellos ojos le penetraran en el pensamiento y leyeran el secreto que albergaba.

- Claro que sí -dijo ella, con voz tranquila-. Sólo estoy muy emocionada por el proyecto. Vamos a terminar muy pronto y la edición de la revista estará en los puestos de periódicos. Estoy deseando ver cómo lo reciben los lectores.

- Si es eso lo único que te preocupa, creo que puedo decirte que la reacción será tremenda. Serás una sensación, Herms. —le aseguró él mientras la miraba durante un instante—. Recibirás ofertas de todas partes. Revistas, televisión, empresas de publicidad...Te aseguro que podrás elegir tus trabajos.

- Oh...

— ¿Acaso no te emociona esa posibilidad? —Preguntó él, al ver lo cálida que había sido su reacción—. ¿No es eso lo que siempre habías querido?

- Por supuesto que sí -afirmó ella, con más entusiasmo del que sentía—. Tendría que estar loca para no alegrarme y te agradezco mucho la oportunidad que me has dado.

—Ahórrate tu gratitud —replicó Draco, con una cierta brusquedad—. Este proyecto será el resultado del trabajo en equipo. Lo que saques del proyecto te lo habrás ganado tú sola. Ahora, si no te importa, dime dónde te dejo antes de que yo regrese a mi despacho.

Hermione asintió. Le resultaba imposible comprender lo que ella había dicho para despertar su ira de aquella manera.

La fase final del proyecto estaba en camino. Hermione se cambió en una pequeña habitación del estudio de Harry. Al verse en el espejo, contuvo el aliento. El camisón le había parecido precioso, pero poco inspirado, cuando lo sacó de la caja. En aquellos momentos, se sintió abrumada por su belleza. Era blanco y transparente y parecía flotar alrededor de las esbeltas curvas del cuerpo de Hermione antes de caerle en suaves pliegues hasta los tobillos. Tenía un buen escote, aunque no excesivo, por lo que el abultamiento de sus senos simplemente se adivinaba bajo la tela. Sí. Mientras daba vueltas sobre sí misma, Hermione decidió que era maravilloso.

Poco antes aquel mismo día, había posado con un precioso abrigo de marta. Recordó el suave tacto de la piel contra la barbilla y suspiró.

Harry había capturado su primera expresión de delicia y deseo cuando hundió el rostro contra el cuello del abrigo. Sin embargo, Hermione sabía que preferiría tener aquel camisón más que diez abrigos de marta. Tenía algo especial, como si se hubiera creado especialmente para ella.

Salió del improvisado probador y observó cómo Harry había completado el decorado. Aquella vez se había superado. La luz era cálida y suave, como si se tratara de un dormitorio iluminado por velas. Además, había colocado una luz trasera que se parecía a los rayos de la luz de la luna. El efecto final era romántico y sutil.

—Ah, estupendo. Veo que ya estás lista -dijo Harry. Entonces, se tomó un minuto para observarla—. ¡Vaya! Estás preciosa. Todos los hombres que vean tu foto caerán rendidos de amor por ti. Las mujeres, por su parte, soñarán con estar en tu lugar. Algunas veces, sigues sorprendiéndome.

Hermione se echó a reír y se acercó a él justo en el momento en el que se abría la puerta del estudio. Se dio la vuelta y vio que era Draco, con Astoria del brazo. Sus miradas se cruzaron durante un instante antes de que la mirada de él la recorriera lentamente con la intensidad de una caricia física.

Draco se tomó su tiempo en volver a mirarla a la cara.

—Estás extraordinaria, Hermione.

—Gracias —susurró ella. Entonces, se encontró con la gélida mirada de Astoria. El contraste fue como el de una ducha helada, por lo que Hermione deseó de todo corazón que Draco no la hubiera llevado.

—Estamos a punto de empezar —comentó Harry.

—En ese caso, no dejes que los entretengamos —afirmó Draco—. Astoria quería ver el proyecto que me ha mantenido tan ocupado.

Aquellas palabras parecían tener la implicación de que Astoria formaba parte de la vida de Draco, por lo que Hermione sintió que se le caía el alma a los pies. A pesar de todo, decidió sacudirse la depresión que sentía y se recordó que los sentimientos que tenía hacia Draco no eran correspondidos.

-Ponte ahí, Hermione-le indicó Harry. Rápidamente, ella se dirigió al lugar indicado.

La suave luz le dio un delicado brillo a su piel, tan suave como la caricia de un amante. Los focos traseros brillaban a través de la fina tela, resaltando así la silueta de su cuerpo.

—Muy bien —afirmó Harry—. Perfecto —añadió mientras encendía la máquina de viento.

La suave brisa de la máquina le alzó el cabello y provocó que el camisón se le pegara al cuerpo. Harry agarró su cámara y comenzó a hacer fotografías.

—Muy bien —comentó—. Ahora, levántate el cabello. Bien, bien... Los vas a volver locos... Ahora mira directamente a la cámara... Imagínate que es el hombre que amas. Se dirige hacia ti para tomarte entre sus brazos.

Sin que pudiera evitarlo, Hermione miró hacia el lugar del estudio en el que Draco estaba del brazo de Astoria. Su mirada se cruzó con la de él y un profundo temblor le sacudió el cuerpo.

-Vamos, Herms. Quiero pasión, no pánico -le recriminó Harry-. Vamos, cielo, mira a la cámara.

Hermione tragó saliva y obedeció. Lentamente, permitió que los sueños se adueñaran de ella, permitió que la cámara se convirtiera en Draco. En un Draco que no sólo la mirara con deseo, sino también con amor y necesidad. La estaba abrazando tal y como recordaba. La estaba acariciando suavemente, mientras reclamaba los labios de ella con los suyos y le susurraba las palabras que ella deseaba escuchar.

—Eso es Herms.

Perdida en su propio mundo, ella parpadeó y miró a Harry sin comprender.

—Eso ha sido genial. Yo mismo me he enamorado de ti.

Hermione suspiró profundamente y cerró los ojos durante un momento para lograr superar su propia imaginación.

—Supongo que podríamos casarnos y tener camaritas -murmuró ella mientras se dirigía al probador. Sin embargo, las palabras de Astoria impidieron que Hermione siguiera avanzando.

—Draqui, ese camisón es simplemente maravilloso, cariño. Me lo puedes conseguir, ¿verdad? -susurraba, con voz seductora.

— ¿Mmm? Claro —afirmó él sin dejar de mirar a Hermione—. Si es eso lo que quieres, Astoria...

Hermione se quedó boquiabierta. El regalo que él estaba dispuesto a hacerle a la mujer que había a su lado le hizo más daño del que pudo imaginar.

Lo miró fijamente durante unos momentos antes de desaparecer en el probador.

En la intimidad de aquellas cuatro paredes, se apoyó contra la pared para poder enfrentarse al dolor. ¿Cómo podía Draco hacer eso? Aquel camisón era especial, le pertenecía a ella, estaba hecho para cubrir su cuerpo. Cerró los ojos y ahogó un sollozo. Hasta se había imaginado cómo Draco la abrazaba con él puesto, cómo la amaba y... se lo iba a dar a Astoria. La miraría con los ojos llenos de deseo y le acariciaría el cuerpo a través de aquella vaporosa suavidad. En aquel momento, una terrible ira comenzó a reemplazar al dolor. Si aquello era lo que Draco quería, era muy bienvenido de hacerlo. Se despojó de la suave blancura del camisón y se vistió.

Cuando salió del probador, Draco estaba solo en el estudio, sentado tras el escritorio de Harry. Hermione hizo acopio de todo su orgullo y se dirigió hacia él. Entonces, depositó la caja con el camisón sobre el escritorio.

- Para tu amiga. Supongo que primero querrás llevarlo a la tintorería.

A continuación, se dio la vuelta para marcharse con tanta dignidad como le fuera posible. Sin embargo, Draco le agarró por la muñeca y se lo impidió.

- ¿Qué es lo que te pasa, Hermione? -le preguntó tras ponerse de pie.

— ¿Que qué me pasa? —repitió ella—. ¿A qué te refieres?

—Venga ya, Herms. Estás disgustada y quiero saber por qué.

- ¿Disgustada? -replicó ella. Entonces, tiró de la mano y trató de soltarse, pero le fue imposible—. Si estoy disgustada es asunto mío. En mi contrato no consta que tenga que explicarte a ti mis sentimientos.

—Dime qué te pasa —insistió Draco. Le soltó la mano, pero simplemente para agarrarla con fuerza por los hombros.

— ¿Quieres que te diga lo que me pasa? Pues te lo diré —le espetó—. Te presentas aquí con tu amiga morena y le entregas este camisón porque ella se ha encaprichado de él. Esa mujer agita las pestañas y dice la palabra exacta y tú le das todo lo que quiere.

— ¿Y a eso viene todo esto? ¡Dios Santo, mujer! —exclamó él, exasperado—. Si quieres ese maldito camisón te conseguiré uno.

—No me trates como si fuera una niña —rugió ella—. No puedes comprar mi buen humor con tus baratijas. Guárdate tu generosidad para alguien que te la agradezca y suéltame.

—No te vas a marchar a ninguna parte hasta que te calmes y lleguemos a la raíz del problema.

De repente, los ojos de Hermione se llenaron de unas lágrimas incontrolables.

—No lo comprendes —susurró ella mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas—. No comprendes nada...

— ¡Basta ya! —exclamó Draco. Entonces, comenzó a secarle las lágrimas con la mano—. No puedo soportar las lágrimas... Basta ya, Herms. No llores así.

—Sólo sé llorar de este modo...

—No sé a qué se debe todo esto. ¡No creo que un camisón merezca esta escenita! Toma, llévatelo... Evidentemente, es muy importante para ti—dijo. Tomó la caja y se la extendió para que ella la agarrara—. Astoria tiene muchos camisones...

Aquellas palabras, en vez de alegrar a Hermione, tuvieron precisamente el efecto opuesto.

—No lo quiero. Ni siquiera quiero volver a verlo —gritó, con la voz ronca por las lágrimas—. Espero que tu amante y tú lo disfrutes mucho.

Con eso, se dio la vuelta, agarró el abrigo y salió corriendo del estudio con sorprendente velocidad.

En el exterior, se quedó inmóvil en la acera, pataleando sobre ella. « ¡Estúpida!», se dijo. Efectivamente, sentía que era una estupidez mostrar tanto apego por un trozo de tela, pero mucho menos que hacerlo con un hombre arrogante y sin sentimientos cuyos intereses estaban en otra parte. Cuando vio un taxi dio un paso al frente para detenerlo, pero, de repente, notó que alguien la obligaba a darse la vuelta.

—Ya me he hartado de tus berrinches, Hermione. No pienso consentir que me dejes con la palabra en la boca —le espetó, en voz baja y muy peligrosa. Sin embargo, Hermione levantó la cabeza y lo miró directamente a los ojos.

—No tenemos nada más que decirnos.

—Tenemos muchas más cosas que decirnos.

—No espero que lo comprendas —replicó ella con exagerada paciencia, como si estuviera hablando a un niño—. Sólo eres un hombre.

Draco contuvo el aliento y dio un paso más para acercarse a ella.

- En una cosa tienes razón. Soy un hombre...

Entonces, la tomó entre sus brazos y le atacó la boca con un fiero beso que la obligó a abrir los labios para satisfacer lo que Draco demandaba. El mundo dejó de existir más allá de las caricias que él le proporcionaba. Los dos permanecieron juntos, sin prestar atención alguna a la gente que pasaba por la acera.

Cuando Draco la soltó por fin, Hermione dio un paso atrás. Tenía la respiración entrecortada.

—Ahora que ya me has demostrado tu masculinidad, tengo que marcharme.

- Vuelve al estudio. Terminaremos nuestra conversación.

—Nuestra conversación ha terminado ya.

- No del todo...

Draco comenzó a llevarla de nuevo hacia el estudio. Hermione comprendió que no podía estar a solas con él en aquellos instantes. Se sentía demasiado vulnerable. Él podría ver demasiado muy fácilmente.

—Mira, Draco—dijo, orgullosa de la tranquilidad de su voz.- No quiero montar una escena, pero si sigues jugando al hombre de las cavernas me veré obligada a gritar. Y te aseguro que soy capaz de gritar muy alto.

—No, no vas a gritar.

- Sí.- Replicó ella-. Claro que voy a gritar.

—Hermione, tenemos cosas que aclarar.

—Draco, todo esto se nos ha ido de las manos —observó ella, tratando de no prestar atención alguna a la debilidad que sentía en las piernas. — Los dos hemos tenido nuestra salida de tono... Dejémoslo así. Además, todo ha sido una tontería...

—A ti no te lo pareció en el estudio.

—Por favor, Draco, déjalo ser —insistió ella, sabiendo que estaba utilizando su última oportunidad—.Todos mostramos nuestro temperamento en ocasiones.

—Muy bien —accedió él, tras una pequeña pausa—. Lo dejaremos ser por el momento.

Hermione suspiró. Sentía que, si se quedaba al lado de Draco más tiempo, corría el riesgo de aceptar todo lo que él le dijera. De soslayo, vio que se acercaba un taxi y rápidamente se llevó los dedos a la boca para detenerlo con un silbido.

Draco sonrió.

—Nunca dejas de sorprenderme.

La respuesta de Hermione quedó oculta por el ruido que ella hizo al cerrar de golpe la puerta del taxi.

¡Hola a todos!

Como les dije, cada cinco días actualizaría y ¡Aquí está!. Espero que les esté gustando la historia a mí en lo personal esté es de mis capítulos preferidos.

Muchas gracias a aquellas personas que ponen en Alertas, en Favoritos y aquellas que dejan su opinión. Les juró que seguiré actualizando por ustedes. Y también muchas gracias a Kathow16 por está maravillosa historia.

Para aquellos que se lo preguntarán:

*Wimbledon. Es un torneo de tenis organizado por All England Lawn Tennis and Croquet Club. Y se realiza en Wimbledon, Londres.

Gracias por leer ¡Nos leemos!

Bye, besos.