A la mañana siguiente desperté al sentir como alguien me llamaba insistentemente con su pata.
—¿Hmm?...¿Gricelle?, ¿Qué sucede? —dije somnolienta, mientras me restregaba un ojo con mi mano.
—Shh. Sígueme.
Observé como salía de la cueva con mucho sigilo, yo en cambio seguía entre los cálidos brazos de Leo. Me removí un poco tratando de no despertarlo, pero lo único que logré fue que me aferrara más a sí mismo, y que de paso, se despertara.
—¿Qué pasa, Whenn? —preguntó adormilado.
—Nada. Sólo iré con, Gricelle —aproveché ese instante para escabullirme de entre sus brazos.
Justo cuando iba a dar un paso hacia la salida, sentí como Leo me tomó de la mano, deteniéndome. Me giré confundida para verlo a los ojos.
—Ten cuidado.
—Oye, soy yo, me sé defender —respondí con una sonrisa.
Leo sólo me sonrió de vuelta y yo salí de la cueva.
Gricelle me esperaba afuera mientras contemplaba el sol, cuando hacía eso sabía que me diría algo importante, después de todo, siempre solía tener sueños premonitorios.
—Whenn, tengo que preguntarte algo —hablo en un tono neutro.
—¿Qué soñaste esta vez?.
—Primero quiero que me respondas algo. ¿Si tuvieras a alguien que te librara de ser la compañera de Will, y que además, te concediera eso que más has anhelado, irías sin dudar con él?
—Si me quita de encima a, Will, iría con él, ¿Pero a qué te refieres con lo que más he anhelado?.
—Eso sólo lo sabes tu, pero a lo que me refiero es, si tu llegaras a encontrarlo, ¿Irías con él y permanecerías a su lado?, incluso si eso involucrara reabrir heridas del pasado y descubrir misterios que jamás habías siquiera pensado. ¿Aún así seguirías a su lado a pesar de todo?.
—No lo sé, sabes muy bien que lo que menos me gusta es revivir mi pasado, todos los días me torturo con eso, ya no quiero seguir haciéndolo. Y aunque he intentado simplemente olvidarlo, no puedo, hay algo que me lo impide y es la estúpida esperanza.
—La esperanza no es estúpida, y si tu aún la sigues teniendo es por algo.
—Pero es prácticamente imposible, ya han pasado muchos años, no creo que algo vaya a cambiar ahora.
—Ahí es donde entra la esperanza —me dijo con una sonrisa mientras se encaminaba hacia la cueva—, soñé que por fin encontrabas la paz y quietud en tu vida.
¿Encontrar la paz?, ¿Sería eso posible?
No había encontrado la paz desde que perdí a mi madre y todo se fue empeorando cada vez más, pues mi padre dejó de ser el Weavile cariñoso que era para ser un tirano y querer mantenernos a mí y a la manada encerrados en jaulas de cristal, y a eso se le suma que a Will se le haya ocurrido la brillante idea de ser mi compañero.
Mi vida había dado un giro total con todos esos cambios, y mis únicos amigos de verdad fueron Abraham y Gricelle, sólo en ellos pude confiar de verdad, ni siquiera a Will le contaba mis secretos ya que era igual que los demás, a la primera cosa que le decía en "confianza", él corría a contársela a mi padre con lujo de detalles.
Miré al cielo con algunas nubes blancas y con el Sol saliendo frente a la cueva de Abraham, sólo esperaba que por fin mi dañada alma pudiera descansar y confiar en alguien sin temor.
Me adentré en la cueva y vi como ya Leo se despedía de Gricelle y de Abraham, al parecer ya era hora de partir.
—Suerte en su viaje —deseó Gricelle con una sonrisa.
—Gracias —respondió Leo igual de sonriente.
Me despedí de ellos dándoles un fuerte abrazo, los había extrañado mucho a ambos, pero ahora que los había vuelto a ver, me había dado cuenta de que en cuanto menos lo esperara, ya me tendrían la sorpresa de que eran compañeros.
—Cuídala bien Leo, suele alagar demaciado sobre su fuerza —comentó Abraham.
—¡Oye!, si lo hago es porque me puedo defender sola.
—No te preocupes, la cuidaré con mi vida.
Me despedí de ellos con la mano, y sin más, partimos de nuevo hacia el viaje, yo sólo seguía Leo, pues ayer había dicho que quería mostrarme algo.
—Son muy agradables tus amigos.
—Lo sé, ellos me ayudaron mucho cuando solíamos vernos, además de que me divertía mucho con ellos.
—Por cierto, ¿Cómo fue que, Abraham, terminó con, Gricelle?.
—Cuando lo conocí dijo que vivía sólo en una cueva cerca de mi manada, que quería independizarse y ser libre pero, cuando lo conocí más a fondo, me dijo que en realidad, sólo estaba evitando a su padre quien también vivía en la misma montaña, precisamente en la cueva donde los vimos recién. Abraham estaba peleado con su padre porque los había abandonado a él y a su madre por vivir una vida errante, él nunca se lo perdonó, y cuando su madre falleció, le hizo prometer que buscaría a su padre para anunciarle su muerte y para decirle que a pesar de su decisión, ella siempre lo amó.
—Vaya.
—Abraham viajó hasta llegó aquí y encontró a su padre; fue ahí cuando conoció a Gricelle, que en aquel entonces era una Eevee, ella estaba bajo el cuidado del padre de Abraham, ya que la había encontrado en medio de la nieve y decidió cuidarla como si fuera su cachorra. Abraham se molestó mucho por eso, pues lo había abandonado a él por cuidar a otra criatura que ni siquiera era de su sangre. A los pocos días su padre murió y lo dejó a él como tutor de Gricelle, los primeros días no la trataba bien, solía insultarla por todo e incluso, según me contó Gricelle, la llegó a estampar contra la pared de un golpe. Cuando me enteré de eso regañé a Abraham y lo obligué a tratarla mejor, fue así como comenzaron a convivir más o menos bien, Gricelle solía dormir junto mi cuando los visitaba porque tenía miedo de Abraham pero, ahora que los vi, parecían compañeros, eso me alegra mucho.
—¿Pero el también la ama no?, según lo que escuché anoche, se notaba mucho que lo hace, ¿Por qué aun no se lo dice?.
—Porqué es igual que yo, tiene miedo. Al vivir en la ausencia de uno de sus padres le faltó poder ser más seguro de sí mismo, además de que una vez me dijo que no se creía digno de ella porque la había maltratado mucho, y que ella no se merecía a alguien que sólo la dañara pero, lo que no se ha dado cuenta es que de que ambos se complementan, de una u otra forma, siento que ellos terminarán juntos.
—Hablas como si lo anhelaras desde hace mucho tiempo.
Sonreí de medio lado, lo había anhelado desde que lo conocí, anhelaba que su pobre y destrozada alama pudiera encontrara la paz en Gricelle y que ella fuera capaz de curar todas y cada una de sus heridas.
Al igual que yo quería que eso me sucediera a mí.
—Lo he anhelado todo este tiempo, él y yo no somos muy distintos, ambos sufrimos por la ausencia de nuestros padres y tenemos marcas en nuestras almas muy profundas, de las cuales,estoy segura que si por nosotros mismos no logramos sanar, lo aremos cuando alguien indicado para hacerlo llegue a nuestras vidas —confesé con una sonrisa, expectante a que ese alguien llegara.
No sabía ni porque le había dicho eso pero, sentía como si un enorme peso hubiera desaparecido de mi espalda, necesitaba que alguien escuchara a esa personalidad que yo consideraba débil de mi interior, esa personalidad que tenía sentimientos tan intensos que la desbordaban por dentro y que querían salir a conocer el mundo pero, que yo había mantenido oculta debajo de una enorme celda, encadenada a la pared y condenada a morir en mi interior.
En los siguientes minutos del viaje nadie dijo nada, sólo caminábamos uno al lado del otro, disfrutando de la escasa calidez del Sol y del (a mi parecer) agradable silencio entre nosotros, hasta que llegamos a un sendero de pinos nevados que de inmediato reconocí.
—Este fue uno de los primeros lugares a los que llegué —habló Leo con una sonrisa en el rostro.
—Ya ni recordaba que este lugar existía —hablé con nostalgia en la voz.
Caminé hasta lo que parecía una roca llena de nieve.
—¿Conoces este lugar? —me preguntó extrañado.
—Antes de que mi padre nos impusiera a que sólo nos quedáramos en el centro del bosque, él solía traerme aquí a jugar.
Con mis garras comencé a deshacer esa pequeña montaña de nieve hasta que finalmente encontré lo que buscaba: un pequeño tronco de un pino con un hoyo en el centro, adentré mi mano en él y tomé lo que ahí se ocultaba.
—¿Qué buscas? —preguntó Leo acercándose a mí.
—Esto —le mostré lo que tenía entre mis manos, tres muñecos de madera, Leo los tomó, viéndolos por completo— somos mi papá, mi mamá y yo, papá los hizo, solía jugar con ellos cuando era una Sneasel.
Miraba los muñecos en las manos de Leo con nostalgia.
¿Porqué tuvo que ocurrir aquello?, si eso no hubiera sucedido tal vez papá no habría cambiado tanto, tal vez si eso no hubiera sucedido papá seguiría siendo el mismo Weavile cariñoso y tierno que escasamente recuerdo.
—Tranquila, no llores —sentí como la mano de Leo limpiaba mi mejilla derecha.
¿Llorar?
Acerqué mi mano a mi mejilla, descubriendo que estaba un poco húmeda.
Y sin darme cuenta, estaba hecha un mar de llanto, e inevitablemente, me sentí débil por llorar.
Leo intentaba refugiarme en su pecho pero yo me alejaba de él, le di la espalda para que no viera lo débil y vulnerable que estaba pero, sin darme cuenta, me abrazó por la espalda, por suerte con mi altura su pincho no lograba herirme.
—¡Qué haces suéltame! —le grité mientras me removía entre sus brazos.
—Tranquila, desahógate —respondió él mientras me abrazaba más.
—¡No!, ¡Suéltame!, ¡Lárgate! —me giré entre sus brazos mientras intentaba apartarlo de mi pero, al final, terminé rindiéndome ante el sentimiento reconfortante que me otorgaba y ante la calidez que, en secreto, había estado anhelando durante un largo tiempo.
Lloré por el recuerdo de mi fallecida madre y por como eso afectó en la relación mía y de mi padre, haciéndonos cambiar radicalmente. Pasó un largo rato en el que me desahogue entre los brazos de Leo, hasta que finalmente, mis lágrimas dejaron de brotar, dejando a su paso una especie de sensación de alivio, pues hacia mucho que retenía todo mi sentir en mi interior.
—¿Estás bien?.
—Si...
Me separé un poco de su pecho y fue entonces que fui consciente de que estábamos en una cueva.
—¿Cuándo llegamos aquí? —le pregunté sorprendida mientras me separaba de él, notando que de paso, no traía su capa y que los muñecos de madera no estaban, supuse que los había guardado en su bolsa.
—Eso no importa. Dime, ¿Ya estás mejor? —me preguntó visiblemente preocupado.
—Si.
Me limpié el rastro de las lágrimas con mis manos, mientras observaba la cueva en la que nos habíamos metido, se veía bastante profunda, aunque era iluminada por los débiles rayos de sol que se infiltraban en ella.
—Dime, ¿Quieres hablar al respecto? —me ofreció, tomando mi mentón y obligándome a velo a los ojos.
¿Hablar al respecto?, ¿Quería hablar sobre eso?
No, la verdad, en lo que menos quería pensar en estos instantes era en eso pero, al estar en este lugar, lo único que venía a mi mente eran los bellos momentos que pasé junto a mis padres cuando fui una Sneasel, cuando se podría decir, que todo era perfecto.
Bajé un poco la mirada y negué con la cabeza, aun no estaba lista para decirle de la muerte de mi madre.
—Comprendo, no te preocupes, no te forzaré, esperaré a que estés lista para hablarlo conmigo —me respondió con una sonrisa, pasando su mano por mi frente y deslizándola por mi mejilla.
—Lo siento.
—No hay problema, ¿Qué te parece si mejor investigamos esta cueva y platicamos de otra cosa?.
Asentí con la cabeza, agradecería mucho eso.
Antes de partir a investigar, Leo sacó un pedazo de carne de su bolsa, supuse que Gricelle se lo había dado para el camino, me dio un trozo y él tomó otro, terminando con el pedazo.
Íbamos comiendo en el camino, observaba la cueva con detenimiento, tenía otro nivel hacia arriba, y por lo que podía ver, tenía un montón de entradas y salidas.
—Por cierto, a todo esto, dime, ¿Cómo eran tus padres contigo cuando eras cachorro? —pregunté, aprovechando el tema.
—¿No te incomoda hablar del tema? —cuestionó inseguro.
—Mientras no sea yo, está bien.
—Bien pues, la verdad es que mis padres fueron muy cariñosos conmigo y mis dos hermanos.
—¿Tienes hermanos?, ¿Cómo se llaman? —pregunté interesada.
—Mi hermana menor se llama Belkyss, una Buneary, y mi hermano de en medio se llama Lucian, un Riolu.
—¿Buneary y Riolu?.
—Si, mi hermana es una conejita café con amarillo, y mi hermano es muy parecido a mi pero más pequeño, de hecho... —observé como comenzaba a buscar algo en su bolsa—, ellos son mi familia, mi padre Roger, y mi madre Lindsey.
Observé ese pedazo de hoja con la imagen de su familia en ella, se veían muy felices todos juntos.
—¿Cómo sacaste esto?, ¿Cómo se llama?.
—Es una fotografía, un amigo de papá nos tomó la foto, es un Zoroark llamado Logan, él puede controlar las ilusiones, nos hizo aparentar que eramos humanos para entrar a un pueblo, y nos sacamos la foto en una cabina de fotos.
—¿Una cabina de fotos?, ¿Eso significa que podían sacar muchas de estas? —estoy segura de que mis ojos brillaban ante la emoción.
—Sí, si quieres podemos ir algún día de estos, estoy seguro de que a él no le molestaría tomarnos una foto también.
—¡Me encantaría! —Leo sonrió ante mi entusiasmo.
—Así me gustas más, te vez bonita cuando no lloras y sonríes —me acarició la mejilla sin que su sonrisa se desvaneciera.
Yo por mi parte lo miré con mis ojos ligeramente abiertos, Leo se arrodilló ante mi para estar a mi altura, fue entonces que volví a asentir ese palpitar en mi pecho, me ensordecía escuchar como mi corazón golpeaba fuerte e insistentemente contra él. Leo se acercaba cada vez más y cada vez que lo veía más cerca, más rápido escuchaba el latir de mi corazón, fue tanto el ruido de mi interior, que terminé empujando lejos a Leo para intentar calmarme.
Respiraba un poco agitada mientras me tocaba el pecho, como si quisiera tratar de calmar el dolor que sentía en él por lo rápido que latió, miré a Leo confundido, parecía como si mi repentino rechazo lo hubiera tomado por sorpresa, y extrañamente, sentía la necesidad de disculparme con él.
—Yo...mi corazón latía muy fuerte, me estaba ensordeciendo y...no sé que pasó...
Leo se levantó y caminó hacia mi, no sabía como de un momento a otro mi cara había empezado a arder, sentí como me tomó de la cintura, sentándome sobre uno de sus brazos, observándome fijamente.
—Tranquila, ¿Es la primera vez que sientes eso?, ¿Es la primera vez que sientes que tu corazón late así de rápido? —preguntó interesado.
—Si, jamás había latido así, me ensordeció su ruido y...me asusté —admití avergonzada.
—Quieres decir, ¿Que ni siquiera con, Will, te sentiste así?
—Créeme que habría sentido primero esto por, Abraham, que por, Will. El nunca me ha interesado de esa forma.
Leo se quedó callado unos cuantos segundos, mirándome expectante, casi insistente, como si quisiera que le revelara el secreto de mi vida.
—¿Y llegaste a sentir algo así por, Abraham?—preguntó con cierto temor.
—Creo que intenté sentir algo por él, quería que él fuera el que me liberara de, Will, pero al verlo con, Gricelle, supe al instante que ellos terminarían juntos, por eso decidí dejar esos pensamientos de lado, además de que yo los estaba obligando y no eran porque quisiera.
No se si fue mi imaginación o no, pero creo que Leo dejo salir un sutil suspiro de entre sus labios.
—¿Y si fuera yo quien te dejara libre de Will?—preguntó a la ligera.
—¿Tú?, pero, no si se pueda hacer, para que me hiciera tu compañera tendrías que luchar con Will y ganarle, lo cual no lo veo como un problema pero, ¿Tu quieres hacerlo?, si tu le ganas a Will, tendrás que lidiar conmigo por siempre según las leyes de mi manda.
—Créeme que eso es lo que más anhelo, quiero estar a tu lado por siempre según las leyes de tu manada pero, antes de eso yo exijo una cosa a cambio—lo miré atenta—, no quiero presionarte, y si es así como te sientes, entonces puedo esperar todo el tiempo que tu quieras pero teniendo de por medio la promesa de que yo te libere de Will, quiero que tu seas sincera conmigo, siento que hay muchas cosas que ocultas y eso me esta matando por dentro por que veo que sufres por dentro, ¿Estarías dispuesta a aceptar esa condición?—me pidió casi suplicante.
Sus palabras me sorprendieron, ¿Quería que fuera más abierta con él?, sabía de antemano que eso era algo demasiado sencillo de hacer...para alguien que no fuera yo, prácticamente veía imposible el hecho de ser sincera con él porque, durante mucho tiempo, estuve obligada a callarme mis sentimientos, y que ahora él estuviera aquí, pidiéndome eso, se me hacia prácticamente imposible, aunque la única forma que yo veía viable para que él conociera mi pasado era que él mismo tratara de adentrarse en mí.
—Creo que no puedo aceptar eso, entiéndeme, viví por mucho tiempo ocultando mis sentimientos, y aunque puede que me reproches el hecho de que con Abraham y Gricelle me abro con mucha facilidad, es por el hecho de que los conozco de hace mucho tiempo, a ti apenas te acabo de conocer, y siento que todo esto a sido demasiado rápido, no puedo prometerte que seré igual de abierta contigo pero, por lo menos, puedo contestarte todas las preguntas que tu quieras sobre mi.
Leo bajó un poco la mirada, me sentía mal por no poder decirle sobre mi, pero no me sentía lista aún, no me sentía preparada para abrirme por completo a él, a pesar de que en poco tiempo logré que él fuera alguien cercano a mi, aún no creía conveniente (o por lo menos), correcto, contarle toda mi historia de principio a fin.
—Si es así, entonces ambos tendremos que esperar —sentenció.
Me bajó de entre sus brazos y se sentó en un extremo del camino de la cueva, dejándo su bolsa a su lado, de modo que lo cubría de mi vista, al parecer, iba a dormir.
No sabía porque pero, sentía que algo se acababa de romper entre nosotros y todo por culpa mía, di un paso hacia él, con intenciones de mínimo tratar de hacerlo comprender mi situación pero me detuve.
No era mi problema que él pensara que podía hacerme cambiar de un día para otro.
Con ese pensamiento, me senté del otro lado del camino de la cueva, me crucé de brazos y sin más, me dormí tratando de no pensar en lo que acababa de suceder.
Genial, nuestra primera pelea y él ni siquiera es mi compañero...
