Consecuencias
Santana fijó la mirada en Amanda; esa Amanda que aún se encontraba con el arma en las manos y mirando a las chicas con aire preocupado, pero con alivio a la vez.
-¿Amanda qué has hecho?-.
Charlie: ¿San? –dijo mirando a la latina que se situaba en la puerta-.
Santana: ¿Quién si no? ¿Creías que te iba a dejar sola? –se acercó con una gran sonrisa y extendiendo los brazos-.
Charlie, ante tal gesto, corrió a los brazos de su mejor amiga; la persona con la que creció y se crio. Su gran compañera de hazañas. Rachel y Brittany no pudieron contener el llanto de la emoción al ver que estaban todas reunidas de nuevo. Fue un momento mágico para las amigas. Un momento cargado de sentimientos y emociones a flor de piel. Un momento que iba a ser interrumpido rápidamente por la inspectora Gracie, que entraba medio enloquecida al lugar.
Gracie: ¡Agente Scott! ¡Has desobedecido la orden de un superior! –gritó entrando para llevarse a la morena-.
Gracie, al entrar y observar toda la escena, fijó su mirada en el cuerpo de Lara sin vida sobre el suelo. De repente, una mueca de terror se le dibujó en la cara. Instintivamente, como si supiese cómo había sucedido todo, clavó su mirada hacía Rachel, pues tenía todas las papeletas de ser ella la autora del asesinato.
Amanda: Rachel no ha sido inspectora –dijo al observar lo que pasaba por la cabeza de Gracie- . He… He sido yo –atinó a decir con miedo-.
Gracie: Te espero en el furgón en 5 minutos –expresó con tono serio y triste, mientras se daba la vuelta para volver por dónde había aparecido-.
Amanda: Salgo ahora mismo.
Gracie no hizo caso a las últimas palabras de Amanda, sólo se concentró en salir del contenedor calmada y controlando los nervios. Charlie, que observó toda la escena desde la lejanía, se acercó a la chica que le había salvado la vida. Sentía la necesidad de agradecer que ella, una persona ajena a su vida, le hubiese salvado la vida.
Charlie: Disculpa. ¿Cómo te llamas? –preguntó a la morena-.
Amanda: Scott… Amanda Scott –dijo algo avergonzada retirando la mirada hacia un lado-.
Charlie: Gracias agente Scott por salvarme la vida –le tendió su mano con una gran sonrisa-.
Amanda: Puedes llamarme Amanda –volvió a mirar a la chica a los ojos y le estrechó la mano-.
Brittany, Santana y Rachel miraron preocupadas a la morena; no creían que ella hubiese sido la que apretó el gatillo de aquella forma… Ni siquiera conocía a Charlie. Las chicas sabían lo que le tocaba pasar momentos más tarde con la inspectora Gracie y se miraron para salir corriendo y abrazarla; era su forma particular de darle fuerza y ánimo. Charlie, sin decir nada, observaba cómo sus amigas estaban rodeando a la otra chica y le mostraban todo su apoyo.
Charlie: Parece que os lleváis muy bien aquí –exclamó con una sonrisa-.
Brittany: Es nuestra amiga y la que te ha salvado la vida –miró a la chica-.
Amanda: No ha sido nada Britt, sólo hice mi trabajo. Me voy con Gracie chicas… creo que me está esperando fuera –espetó marchándose del lugar y algo titubeante-.
Rachel, en ese momento, se acordó de Quinn. Recordó que había dejado a su novia llorando en el exterior y salió a toda prisa del lugar. Necesitaba hablar con ella y tenía que explicarle todo lo que sentía.
-¿Dónde te has metido Quinn? ¿Y ahora qué le digo? Ni siquiera sé lo que siento…Bfff Qué complicado es todo-.
No tuvo que pensar mucho más. Rachel dedujo que su chica se encontraría escondida en el furgón, así pues se dirigió directa hacia el vehículo. Fue allí donde pudo ver a la rubia destrozada; llorando desconsoladamente. La morena sólo pudo sentirse mal; se le partía el corazón de ver así a la persona que más quería en este mundo. Pero… ¿era realmente la persona a la que más quería? ¿O esa persona era Charlie?
Rachel entró al furgón y se situó junto a la rubia. La morena aún no tenía nada claro en su cabeza y quiso sonar franca; respondió a la situación con los sentimientos más cercanos y actuales que tenía.
Rachel: Cielo –intentó llamar a la rubia para que la escuchara-.
Quinn: Déjame Rachel –dijo entre sollozos-. No quiero hablar.
Rachel: No quiero Quinn. No me voy a ir hasta que hable contigo y lo sabes…
Quinn sabía que la chica estaba en lo cierto. Rachel no iba a dejarla tan fácilmente; no iba a poder salir de allí sin mediar palabra con ella. Pensar eso era casi imposible, así que decidió quedarse en silencio para que su chica comenzase a hablar. Escucharla a ella iba a ser un tanto más fácil que expresarse en ese momento.
Rachel: Verás cariño… -realizó una pequeña pausa-. Lo que viste antes no es lo que tú crees –dijo excusándose-.
Quinn: ¿Ah no? Pues dime entonces qué era –se enfadó por las palabras de la morena-.
Rachel: Cuando la vi atada a la silla…Pues corrí sin pensarlo para desatarla y cuando lo hice… Me besó. Te juro que fue un acto reflejo de ella. De verdad, tienes que creerme –se desesperó-.
Quinn: ¿Te gustó? Porque no vi que te apartaras.
Rachel: Yo… Mira, yo lo siento Quinn –se explicaba nerviosa-. Me pilló por sorpresa –agachó la cabeza con la mirada hacia el suelo-. Y no te voy a mentir… me quedé en estado de shock…Ya sabes, es Charlie y…
Quinn: No hace falta que me digas nada más –interrumpió-. Me ha quedado todo muy claro.
Rachel: ¿Qué vas a hacer?
Quinn: De momento me iré a descansar a mi casa. Mañana hablamos con más calma.
Rachel: Ok, te entiendo.
La morena no quiso molestar más a su chica y decidió dejarla sola para que pensara; sabía que Quinn necesitaba estar a solas para poder aceptar la situación que se estaba viviendo en esos momentos. Se dio media vuelta y regresó hacia dónde se encontraban sus amigas. Mientras tanto una Quinn, aún más desolada, se quedó mirando cómo se marchaba el amor de su vida. No podía evitar sentir que la había perdido para siempre. Ella no podía competir con Charlie. No, no podía.
En ese mismo instante.
Amanda, por su parte, ya había llegado al encuentro con Gracie. La inspectora la estaba esperando con nerviosismo y un tanto preocupada. Se le pasaban miles de razones por las que Amanda había realizado aquella acción. Pero… ¿desobedecer a un superior? No, Amanda no había sido capaz de eso nunca. Y eso era lo que precisamente le extrañaba a Gracie.
Gracie: Amanda, ¿sabes lo que has hecho?
Amanda: He matado a una persona –dijo de forma seca-.
Gracie: ¿Sabes cuales son las consecuencias? –miró triste a la morena-.
Amanda: Lo sé, iré a la cárcel.
Gracie: ¡Joder! ¿Por qué lo hiciste? ¡Tan sólo tenías que arrestarla! Y encima tendré que hacer el puto informe de lo sucedido… -se alteró-.
Amanda: Haz lo que tengas que hacer inspectora; merezco el castigo.
Gracie: Intentaré echarte una mano aunque me cueste mi puesto de trabajo. No pienso dejarte en la estacada después de todo lo que has hecho por mí. No sería justo Amanda.
Mientras Gracie intentaba hablar con Amanda de lo sucedido… Charlie se quedó algo extrañada por la reacción de Rachel y, junto con sus amigas, salió hacia el exterior. La primera impresión que tuvo, al salir, fue una sensación de libertad al abandonar aquel lugar que la había mantenido presa algo más de un año. Aire fresco es lo que sentía en su cara; un aire que anhelaba. Tras ese sentimiento, comenzó a percibir una sensación de mareo. Un pequeño desfallecimiento que la hizo caer completamente al suelo.
Santana: ¡Charlie! –gritó al ver cómo su amiga caía-.
Brittany: ¡San! ¡Llama a una ambulancia!
Rachel, que ya caminaba hacia las chicas, al oír los gritos de sus amigas corrió con más intensidad hacia el cuerpo de Charlie. La chica ya se encontraba tendida en el suelo sin conocimiento. Will, que observaba desde la lejanía, también se acercó a las chicas un tanto preocupado.
Will: ¡Chicas apartaos! –se arrodilló para tomarle el pulso a Charlie-.
Santana: ¿Está bien? –preguntó preocupada-.
Will: Sí, tranquilas. Sólo ha sufrido un desmayo. Debe de estar cansada por toda la presión sufrida y por no haberse alimentado bien éstos meses. Santana, llama una ambulancia, por favor. Hay que llevársela rápido a un hospital a que le hagan un reconocimiento.
La latina se había apresurado en llamar a la ambulancia; los servicios de emergencia tardaron muy pocos minutos en llegar y otros tantos en llevarse a la chica de manera urgente hacia el hospital más cercano al muelle. Las chicas, que no querían dejar sola a su amiga, seguían al vehículo desde el furgón que habían habilitado para el operativo. Quinn, a pesar de cómo se sentía en ese momento, acompañó a Rachel y al resto hasta el hospital.
El resto de agentes tuvo que dividirse en ese momento; fue Sue la que comenzó a dar las órdenes para que nadie se quedase sin saber qué hacer. Gracie, mientras tanto, tuvo que llevarse detenida por asesinato a Amanda hasta las dependencias del FBI.
Hospital Nueva York, muy cercano al lugar de los hechos. 23:00 horas.
Quinn: Chicas, será mejor que me vaya a casa a descansar. Mañana nos veremos –dijo llegando a la entrada del hospital-.
Santana: Está bien pequeña rubia. Mañana hablamos –le dejó un beso en la frente-.
Brittany: ¿Estás segura de que te quieres ir?
Quinn: Sí, Britt. Es tarde y estoy muy cansada; ha sido un día muy duro…-hizo un silencio-. Para todas –exclamó mirando a Rachel-.
Rachel: Descansa Quinn. Mañana hablamos con más calma, ¿ok? –abrazó a la rubia-. Ahora sólo descansa.
Santana, que no se perdía ningún detalle de la escena, observó preocupada la reacción de la pareja y, cuando Quinn salió por la puerta, no pudo evitar acercarse a Rachel para interrogarla.
Santana: Rach. ¿Todo bien? –preguntó poniendo una mano en el hombro de su amiga-.
Rachel: Me gustaría decirte que sí –la miró con preocupación-. Pero te mentiría San…
Santana: ¿Quieres un consejo?
Rachel: Por favor.
Santana: No tardes en decidirte. Ninguna de las dos se lo merece. Sé que ahora mismo estarás hecha un lío y, por eso, deberías tomarte un tiempo para no precipitar las cosas.
Rachel: Gracias San –abrazó a su amiga-.
Santana: Nunca me des las gracias por estas cosas. Soy tu amiga, ¿recuerdas? –sonrió a la morena y le acarició la mejilla-.
Una hora más tarde…
Las tres chicas se habían quedado en una sala del hospital a la espera de que el médico les diera una noticia sobre el estado de su amiga. Los minutos pasaban lentos. Minutos que las chicas apreciaban como horas, pues todas estaban impacientes por saber qué había pasado con su amiga. Rachel, en su mundo, seguía ausente del resto. El médico salió a la sala buscando a los familiares de Charlie.
Médico: ¿Sois familiares de la señorita Agron?
Rachel: Sí, bueno…No. Quiero decir… Que no somos de su familia, pero somos sus amigas. Además, nosotras veníamos acompañándola…Somos agentes de policía –las palabras de Rachel se interceptaban atropelladas debido al nerviosismo de la morena-. Dígame. ¿Cómo se encuentra?
Médico: Hemos hecho varias analíticas a su amiga y presenta cuadro de desnutrición, anemia y signos de violencia. A la señorita Agron le han estado sometiendo a continuas palizas, aunque no ha habido signos de violación. Y, por el resto, todo normal. No tienen que preocuparse; sólo necesita reposo.
Santana: ¿Podemos pasar a verla?
Médico: Nada de visitas hasta mañana. Ahora se encuentra en observación y está conectada a sueros. Le hemos dado un fuerte tranquilizante porque se encontraba bastante nerviosa cuando llegó. Espero que lo entiendan.
Rachel: Gracias Doctor. Mañana nos acercaremos a verla.
Médico: Deberían ir a descansar ustedes también. Aquí no hay nada que hacer –se despidió de las chicas marchándose de la sala-.
Brittany: ¿Nos vamos a casa a descansar? Ya habéis escuchado al médico, aquí tampoco podemos hacer nada…
Santana: Claro amor, ya nos marchamos. ¿Vienes Rachel? –se dirigió a su amiga-.
Rachel: No, yo me quedo aquí. No quiero dejarla más tiempo sola. Y mucho menos después de todo lo que ha pasado….
Santana: Ok, lo entendemos. Llámanos con cualquier cosa.
Rachel: Lo haré. Hasta mañana chicas.
Brittany y Santana se despidieron de su amiga y se marcharon a descansar a casa después de ese largo día. Al menos, ellas podrían descansar tranquilas, sabiendo que al final habían recuperado a su mejor amiga.
Instalaciones del FBI. En ese mismo instante.
Gracie había llevado a Amanda hasta los calabozos de las instalaciones del FBI; lugar dónde ésta debería esperar hasta ser llamada para interrogar. A la inspectora le daba mucha lástima la situación, pero debía ceñirse al protocolo de actuación. No podía actuar con favoritismos hacía la chica por ser su agente.
Gracie: Lo siento Amanda, pero tengo que encerrarte hasta que te llamen a interrogar. Lo sabes de sobra.
Amanda: Me conozco el procedimiento inspectora –dijo con voz triste-.
Gracie: Intentaré sacarte de aquí. ¿Me oyes? No te dejaré sola –le quitó las esposas a Amanda y la llevó dentro de la celda-.
Amanda: Gracias Gracie –agarró la mano de la inspectora a través de los barrotes-.
Gracie: Volveré en unos minutos, voy a hablar con tu padre.
Amanda: ¿Con mi padre? ¡No Gracie! –dijo asustada-. ¡Por favor, no lo hagas!
Gracie: Si le pedimos su ayuda estarás fuera en unas horas, de lo contrario tardaré mucho más tiempo en hacerlo y no te puedo asegurar que lo consiga por mi misma… –dijo desesperada-.
Amanda: No quiero que sepa nada. Y mucho menos que me ayude a salir de aquí; hace tiempo que dejé de hablarme con él.
Gracie: ¡No seas cabezota! ¡Está en juego tu futuro! Ya sabes que los agentes en las cárceles acaban mal.
Amanda: ¡Joder Gracie! ¿Te crees que no lo sé? ¡Soy un puto agente del FBI! Pero prefiero eso a aceptar la ayuda de mi padre.
Gracie: Está bien, lo intentaré con mis propios medios. Aunque piénsatelo bien porque al final él se acabará enterando y no creo que se quede de brazos cruzados ante una situación como ésta. No querrá que se manche su apellido; sabes lo importante que es para él.
Amanda: Seguro que si se entera de que estoy aquí encerrada me manda lejos de Nueva York. Y no sé yo que es peor… Para él ya soy la deshonra de la familia –dijo con lágrimas en los ojos-.
Gracie: Tranquila Amanda. Vuelvo enseguida. ¿Ok?
Amanda: No me moveré de aquí –dijo de manera irónica-.
Gracie: Más te vale señorita. No me hagas buscarte por fuga… Que capaz eres de hacerlo… -se rio-.
Amanda: No me veo en el papel de presa intentando fugarse… -rio también-.
Casa de Quinn. Martes 30 de Agosto, 08:00 horas.
El despertador de Quinn sonaba puntual como cada mañana. A diferencia de otros días, la chica no necesitó el sonido del aparato para despertar pues había pasado la noche prácticamente en vela. No se podía quitar de la cabeza la imagen de Rachel y Charlie besándose en aquél contenedor; era una imagen que recordaba a cada segundo. Tampoco podía olvidar las palabras que Rachel le dijo minutos más tarde en el furgón. Quinn tenía claro que iba a ser difícil luchar contra Charlie: el gran amor de Rachel.
Mientras seguía sumergida en sus pensamientos, un ruido procedente de la puerta de su casa la alarmó. Al parecer, alguien estaba esperando tras el otro lado de la puerta a que ella le abriese.
-¡Debe de ser Rachel! Ha venido a buscarme. ¡Genial!-.
Quinn salió disparada hacia la puerta con mucho entusiasmo. Una vez allí, se miró al espejo del recibidor para arreglarse un poco el pelo y así recibir con mejor aspecto a su novia.
Quinn: Amor, sabía que… ¡¿Santana?! –se sorprendió al terminar de abrir la puerta y ver a la latina frente a ella-.
Santana: ¿Amor? –dijo frunciendo el ceño-. Que me gusten las rubias no significa que me gustes tú, ¿eh? Además, con esa cara… Me das un poquito de miedo –reía simpática-.
Quinn, instintivamente, cerró la puerta dejando a una latina perpleja ante tal acción. Sabía que se encontraría mal, pero lo que menos se esperaba Santana es que la fuese a recibir con un portazo en toda la cara. La rubia, sin embargo, no estaba de humor para aguantar ningún tipo de bromas…
Santana: ¡Hey tú! ¡Rubia hueca! Ábreme la puerta –gritaba mientras aporreaba la puerta-.
Quinn: Santana, hoy no estoy de humor para aguantar tus bromas…
Santana: Vale… Lo siento. Me he pasado… Eres la rubia más espectacular, después de mi Britt Britt, claro está, que conozco.
Quinn se relajó un poco al ver el cambio de actitud de la chica y volvió a abrir la puerta a su amiga. En el fondo, necesitaba hablar con alguien y, en ese caso, quién mejor que Santana.
Quinn: Está bien, pasa. Creo que me hará bien un café de esos –dijo quitándole un vaso de plástico que la latina traía consigo-.
Santana: Este café era para…
Quinn lanzó una mirada a la latina que la hizo cambiar por completo de opinión.
Santana: Decía que era…para ti, claro. Para mi gran amiga Quinn –dijo con una sonrisa forzada-.
Quinn: Ya me parecía a mí… -sonrió-.
Santana: ¡Qué despertar más malo tienes rubia! Me compadezco de Berry. Por cierto, ¿me vas a dejar pasar o qué?
Quinn: Claro, adelante. Estás en tu casa.
La latina se adentraba en la casa y tomaba asiento en el sofá. Quinn, siguió tras ella y se situó a su lado.
Quinn: ¿A qué se debe ésta visita San?
Santana: He venido para ir juntas a trabajar –dijo esto como si fuese una costumbre entre ellas-. ¿Acaso no puedo venir a buscarte? Me pillaba de paso.
Quinn: ¿De paso? Vivimos en direcciones opuestas Santana. Además, entramos dentro de un par de horas… ¿Qué haces aquí realmente?
Santana: ¿Qué pasa? ¿Ahora tampoco puedo venir a charlar con mi amiga? Te he traído un café –le señalaba el vaso-.
Quinn: Puesto que estoy bebiéndome en este momento TÚ CAFÉ…porque, además, sé de buena tinta que éste es tu preferido… ¿Te apetece tomar algo? –le sonrió pícaramente-.
Santana: Está bien, acepto la invitación por no hacerte el feo, ¿eh? Mira que no voy a perderme los estupendos y maravillosos desayunos de Quinn Fabray por nada del mundo…
Quinn: Acompáñame a la cocina entonces.
Las chicas se dirigieron hacia la cocina. Quinn comenzó a preparar un buen desayuno para su amiga, mientras que la latina se sentó en una de las sillas de la cocina para comenzar la conversación que realmente tenía en mente desde que decidió pasar por casa de la rubia.
Santana: ¿Qué tal has pasado la noche?
Quinn: No muy bien.
Santana: ¿Y eso? ¿No has descansado?
Quinn: No he pegado ojo en toda la noche. No he podido parar de pensar…
Santana: ¿Rachel?
Quinn: Si y no.
Santana: ¿Entonces?
Quinn: Es Rachel. Charlie. La situación…No sé, es todo en general. Si yo me voy a volver loca, no quiero imaginarme cómo estará Rach…
Santana: Es un momento muy delicado Quinn. Rachel acaba de recuperar a una persona muy importante para ella que creía muerta.
Quinn: ¿Sabes lo que significa eso verdad?
Santana: ¿A qué te refieres exactamente?
Quinn: Pues que ahora que ha vuelto Charlie… pues lo tengo jodido.
Santana: Eso no lo sabes. Rachel te quiere.
Quinn: Y a Charlie también. Además, Rachel está en deuda con Charlie. Volverán a estar juntas seguro.
Santana: Rachel no es así. Sólo dale tiempo para que aclare sus sentimientos. No creo que esté pasando por un buen momento y lo que menos necesita es que le estén presionando. Hazme caso rubia.
Quinn: Yo no la quiero presionar. Sólo quiero que sea feliz, con o sin mí. No quiero ser un impedimento en su relación con Charlie.
Santana: Tampoco tires la toalla tan fácilmente. Me cuesta mucho decirte esto Quinn… porque Charlie también es mi amiga, pero tampoco se lo pongas en bandeja.
Quinn: ¿Crees que tengo alguna posibilidad? –dejaba a un lado lo que estaba haciendo para mirar fijamente a su amiga-.
Santana: Eres su novia, ¿no? Más posibilidad que esa…
Quinn: Gracias San –se acercó a abrazar a la latina-.
Comisaría de Nueva York. 10:00 horas.
Brittany llegó a comisaría sola, pues había mandado a Santana a hablar con Quinn. Ella era una persona que siempre estaba preocupada por los demás y sabía que la rubia iba a necesitar un poco de apoyo tras aquellos incidentes. Al pasar por recepción, se paró a saludar a su amigo Blaine.
Brittany: Buenos días Blaine. ¿Han llegado ya San y Quinn? –dijo con una sonrisa en la cara-.
Blaine: ¡Buenos días Britt! –le devolvió la sonrisa-. Aún no han llegado las chicas.
Brittany: ¿Qué tal estás?
Blaine: Estoy cansado ya de estar en la recepción. Espero que hoy sea mi último día aquí…
Brittany: ¡Qué bien Blaine! ¡Qué ganas de volver a trabajar contigo!
Blaine: Yo también Britt. Me divierto mucho con vosotras. Bueno, y con Andy, claro.
Brittany: Acuérdate de que mañana tenemos clase de educación vial.
Blaine: Vale. Gracias por recordármelo porque con el lío de buscar el sustituto de la recepción se me había olvidado por completo. ¡Ah! Por cierto, ha llegado ésta carta para ti…
Brittany: ¿Otra más? –preguntó extrañada con el ceño fruncido-.
Blaine: Últimamente estás muy solicitada –dijo riéndose-.
Brittany: ¡No tiene gracia Blaine! Esto empieza a ser un poco raro…
Blaine: ¡Bah! No te preocupes. Estás cosas son típicas entre agentes de policía.
Brittany: Supongo… Bueno, me marcho dentro. Tengo cosas que hacer.
Blaine: Nos vemos luego Britt.
Hospital de Nueva York. Horas más tarde.
Rachel se encontraba cansada en la sala de espera del hospital. No había podido pegar ojo en toda la noche; el café que llevaba en su mano era el octavo desde que había llegado hasta allí. Se encontraba en una silla esperando a que el médico le dejara pasar para hablar con Charlie y poder explicarle toda la situación vivida y el por qué no había podido encontrarla antes.
La morena seguía dándole vueltas a la cabeza y pensó en coger el teléfono para llamar a su novia y saber cómo había pasado ella la noche. Se había portado muy mal con Quinn y no quería perderla. Cuando fue a buscar el teléfono al bolso, éste comenzó a sonar.
-¿Será Quinn? ¿Número desconocido? ¿Quién será…?-.
Rachel: ¿Dígame? –preguntó extrañada-.
Voz: ¿Rachel Berry?
Esperamos que os guste este nuevo capítulo. Escribir esta parte de la historia resulta un tanto complicado.
Para seguir el ritmo, fielmente actualizaremos el domingo.
Esperamos vuestras opiniones, comentarios, dudas y preguntas... Gracias nuevamente por seguir leyendo y apoyar esta historia.
Un abrazo.
DiLea
