Mentiras Que Cambian Vidas
Disclaimer: Los personajes pertenecen a la grandiosa Stephenie Meyer, y solo juego con ellos, pero la trama es completa y totalmente de mi autoría. Por favor, digan no al plagio.
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Capítulo 4* Cuando todo se complica
2011-Seattle
Isabella Denali se había convertido en toda una mujer de negocios, a sus veintidós años ya se había graduado de la universidad de Columbia en la materia de Finanzas, había obtenido su título hacia algunos meses y se encontraba trabajando para su abuelo Caius y para Charlie, se preguntaran, ¿Cómo es que logró terminar la escuela tan pronto? Bueno, pues aquella pequeñita de ojos azul verdosos, resulto ser toda una cerebrito, y logró crecer más rápido que una joven de su edad. Sus padres estaban orgullosos de ella, ni qué decir del resto de su familia, para su hermana menor, Kate, Bella era como su heroína y modelo a seguir. Pues a pesar de tener que estudiar mucho, ella siempre tenía tiempo para su familia. Y aunque al contrario de Bella, a Kate no le interesaban en absoluto los negocios familiares, Kate era una chica perspicaz, y con habilidad para el dibujo, la pintura y la fotografía.
Por otra parte, la vida sentimental de Bella era todo un lio, había salido anteriormente con varios chicos, pero siempre le pedían "la prueba de amor" a la semana de estar saliendo, y como ella no estaba dispuesta, sus relaciones terminaban a nada de haber comenzado. Y a pesar de eso, ella amaba a alguien, pero por desgracia, era un amor prohibido. Edward era el chico de sus sueños, siempre había soñado con que algún día ellos pudieran estar juntos, pero eran sueños muy lejanos de la realidad, pues en el mundo real, ellos eran primos, y nada cambiaria esa situación.
Alice y Jane eran las mejores amigas y confidentes de Bella, las tres eran como hermanas, habían crecido juntas a pesar de que Alice tenía un año menos que Jane y Bella. Pues Alice era la hija menor del matrimonio Cullen, ella era la melliza de Emmett, aunque todos les jugaban bromas diciéndoles que Emmett aplastaba a su hermana cuando aún no nacían y por eso eran muy diferentes el uno del otro.
Emmett era un chico fortachón, de esos que pareciera que se la viven en los gimnasios y que toman esteroides para parecer más musculosos, pero Emmett era diferente, el si acudía al gimnasio, pero no se excedía con los ejercicios, y nunca había consumido alguna sustancia del talle de los esteroides y anabólicos, y aun así parecía un gran oso o "ropero" como solía llamarle Alice. Él era un estudiante de Leyes, y en la universidad había conocido a la chica de sus sueños, Rosalie Hale era su nombre, y era estudiante de medicina, ella es una chica curvilínea y rubia natural, con unos ojos azul violeta preciosos que habían capturado a Emmett, ella tenía un hermano mayor, Jasper Hale, igualmente rubio y con un gran porte y elegancia, él era un Ingeniero Civil recién graduado, y a sus veinticinco años aun no tenía novia para la fortuna de Alice.
Y al final estaba Edward, él era un estudiante de medicina de veintidós años de edad, él había seguido los pasos de su padre, pero con la diferencia que él sería pediatra. Pues su padre se había especializado en cardiología. Edward, a pesar de ser un chico guapo, no tenía ojos más que para su prima, la hermosa Bella, según sus propios pensamientos, él estaba consciente de que esa relación era prohibida, y por lo mismo, únicamente se conformaba con verla ser feliz.
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La semana anterior al cumpleaños de Bella, ella había tenido que viajar a Italia, más específicamente a Venecia, por los negocios de su abuelo, tenía que cerrar un contrato de exportación de un nuevo fármaco naturista en el que Dimitri Picceno estaba interesado. Bella se quedaría en la casa de verano que tenían sus abuelos paternos en aquella ciudad, pero no iba sola, Edward y Alice la acompañarían, pues ambos estaban de vacaciones y pasarían la semana en aquel lugar "tan romántico" como había expresado Alice.
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Aquel lunes cuando llegaron a la casa veraniega de los Denali, Bella únicamente desempacó sus cosas de manera rápida, pues el vuelo se había demorado y apenas tenía tiempo para llegar a su cita de negocios con los italianos. Tenía suerte de haber viajado con ropa formal porque no había tiempo para cambiarse y a Dimitri Picceno y a sus socios no les gustaba para nada la impuntualidad. Bella estaba de suerte, pues el Ca' d'Oro-alla Vedova, uno de los mejores restaurantes de Venecia se encontraba muy cerca de la casa, y pudo llegar a pie y muy rápido, tan solo tuvo que caminar algunos metros y cruzar un puente, pudo llegar con dos minutos de antelación a su cita.
Dimitri Picceno era un hombre indudablemente guapo, tenía unos hermosos ojos azules, y el cabello broncíneo que hacia un perfecto contraste con su piel apiñonada clara, pero no era para Bella, pues aquel hombre había conocido a su prima Jane Vulturi el verano pasado, y a pesar de que Dimitri era siete años mayor que Jane, ambos se sintieron conectados, y habían iniciado una relación a pesar de la distancia, según sabia Bella, aun se mantenían en contacto por medio del internet o vía celular. El resto de los socios de Dimitri eran señores de entre cuarenta y muchos y sesenta y pocos años, todos casados y aunque con porte y elegancia, demasiado mayores para los gustos de Bella. Ellos llegaron puntuales a la cita, y tras discutir los convenios de la exportación que llevaría a cabo Swan´s travel y los contratos con las Industrias Denali entre medio de estofados, espagueti y rissoto cerraron uno de los contratos que inyectarían la mayor suma de dinero en la que había estado involucrada Bella.
Al llegar a la casa, Edward y Alice ya estaban esperando a Bella para salir a pasear por la ciudad. Así que la castaña guardó la documentación y se dio una rápida ducha para cambiarse de ropas. Una vez vestida con sus típicos converse, su infaltable jean ajustado combinado con una blusa celeste de tiras y escote en v, los tres primos se dispusieron a salir para subir a un vaporetto que los llevaría a la plaza de San Marcos. Los tres disfrutaron de su paseo por el gran canal, admirando todo a su paso, pues para Alice y Edward era la primera vez que visitaban Venecia, y para Bella era la primera vez que podía salir de la casa de sus abuelos para hacer otra cosa que no fueran asuntos de negocios. El resto del día pasó entre risas y fotografías en los diferentes lugares del lugar.
El resto de la semana cada uno salía por su cuenta o en parejas, en ocasiones Alice y Bella visitaban las tiendas de ropa que había en la ciudad, pues estas dos chicas eran amantes de las compras. Pues Alice poco a poco logro que Bella se uniera "al lado obscuro" como les decían Alec, Emmett y Edward.
Otras ocasiones, Edward llevaba a Bella a conocer los museos y demás centro turístico que quería que su prima conociera. Edward invitaba a Alice también, pero ella prefería viajar en los vaporettos al centro de la ciudad, alegando que quería conocer a algún chico veneciano para que le diera un tour particular, a lo que Edward únicamente rodaba los ojos y salía con Bella; pero muy en el fondo estaba feliz de que su pequeña hermana no saliera con ellos, porque de esa manera podía estar a solas con su amor imposible, su Bella.
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La noche anterior a su regreso a Seattle, Alice les había propuesto salir a algún bar a tomar algo, pero como era de esperarse, ambos rechazaron la oferta, pues aquel sábado habían tenido demasiadas cosas que hacer, y no tenían tanta energía como Alice. De modo que la pequeña Cullen salió de copas aquella noche, dejando solos a Edward y Bella.
Ellos habían improvisado una noche de películas, habían preparado palomitas de maíz y comprado caramelos y sodas. Pero antes de que comenzara la primera película, Edward sacó de su bolsa del pantalón una pequeña cajita de terciopelo negro.
— ¿Bella? — llamó Edward desde la sala de estar
— ¿Si?— contestó la castaña desde la cocina
— ¿Puedes venir un momento? Quiero darte algo
—Claro, dame un minuto
Bella tomó dos vasos de cristal y el bol con las palomitas, enseguida se dirigió a la sala donde Edward al ver todo lo que llevaba, se levantó del sillón en el que estaba y ayudó a la castaña con las cosas.
— ¿Y bien?—
—Amm… Bella, el miércoles que viene es tu cumpleaños ¿cierto?— comenzó un nervioso Edward
—Sip, como cada año desde el primero después de que nací— se burló ella
—Bueno, pues… ¿Cómo te digo esto?—
— ¿Qué tramas Edward?— pregunto una Bella intrigada
—Es que… bueno yo…
— ¡Ya suéltalo Cullen!—
—Tecquierodarunregaloporadelantado,ypreferídárteloenprivado, antes de la celebración— habló Edward, demasiado rápido para que Bella alcanzara a comprender todo
—A ver, Edward, ¿lo repites por favor? Pero esta vez más lento, no entendí más que algo de celebrar—
—Te compré un regalo por tu cumpleaños, pero quería dártelo en privado—
Bella se puso seria, ¿Por qué le decía eso? ¿Porque no espero hasta el día de su cumpleaños como cada año?
—Quise dártelo hoy porque lo traigo conmigo desde hace mucho, esperando un momento apropiado, y tengo otro en casa esperando ansioso a que llegue el miércoles—
— ¿Por qué compraste dos regalos Edward? Sabes muy bien que no me gustan los regalos, cedí ante las compras por insistencia de Alice y porque le fui tomando interés, pero los regalos siguen en la lista negra y nada lo cambiará—
—Es que este regalo no puede esperar más, es muy significativo para mí—
—Está bien Edward, por esta vez aceptaré lo que me des si tanto significa para ti— contestó la castaña, al tiempo que enfatizaba sus palabras con el dedo índice de su mano derecha
Edward abrió la pequeña cajita negra, dentro había una pulsera de plata con un dije de diamante en forma de corazón. Bella lo reconoció, y no podía creer que Edward se lo quisiera dar a ella. Elizabeth, la abuela materna de Edward había expresado en su última voluntad, y aun no comprendía porque se la estaba dando a ella.
— ¿Por qué a mí Edward?— preguntó ella soltando un par de lágrimas traicioneras
—Mi abuela Elizabeth dijo que era para aquella mujer a quien yo quisiera como a ninguna, y esa eres tu Bella, lo supe desde hace cuatro años que ella falleció y me dejó esto— Edward tomó la pequeña joya del estuche y la colocó en la muñeca derecha de Bella
—Pero yo… pensé que vería esta pulsera en la mano de quien llegase a ser tu prometida— contestó Bella llorosa
—No creo que haya nadie mejor que tú para portarla—
Edward en el fondo deseaba que las palabras de Bella fuesen verdad, y que ellos pudieran casarse, pero gracias al destino, ellos nunca podrían estar juntos.
Bella no resistió más y se lanzó a los brazos de Edward, este, al inicio sorprendido, pero que enseguida rodeo su cintura con sus brazos. Estuvieron así apenas una fracción de segundo, pero al intentar separarse, sus rostros quedaron a muy pocos centímetros de distancia, podían sentir el aliento el uno del otro, ambos lo deseaban, pero también sabían que estaba prohibido, pero ¿Qué de malo tendría que únicamente se dieran un beso? No era como si se fuera a desatar una tercera guerra mundial por aquel motivo. De modo que Edward tomó la iniciativa y se acercó aún más a Bella, y ella, sabiendo que él también lo deseaba, termino con la distancia que los separaba y unió sus labios en un beso.
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¡Chan chan chan chan! ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Cómo creen que reaccionen después de esto? ¿Lo esperaban? Como siempre, sus comentarios son lo mejor de mi día, ¡Son mi incentivo para continuar con esta historia!
Promocional: Les recuerdo que podrán encontrar adelantos, fotografías y mucho más referente a este y a mis otros Fics en el grupo de Fb Bella Readers (link en mi perfil)
Besos desde México, Bella.
