- Titulo:Cette Vie

- Autor: WritersCompulsive (Miku_Cullen)

- Disclaimer:Twilight y todas sus referencias no nos pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Notas:

* Hola a nuestras lectoras. Como podrán ver esta historia no es parecida a ninguna que hayamos subido antes y es que no hemos hecho nada en conjunto. Esta idea es mía (Miku_Cullen) y surgió día completamente de la nada. Espero que les llegue a gustar y que me hagan saber qué es lo que les parece para seguir subiéndola o simplemente dejarla en mi computadora para mi entretención.

- Algo que deben saber:

1.- Los reviews se responderán a través de PM

2.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Esme POV

— ¿Mi niño, estas seguro que estarás bien? — le pregunté a Jasper nuevamente

Jasper era mi hijo menor. El, junto a su hermana, eran lo mejor que me podía haber pasado en la vida y eso contando el hecho de lo mucho que nos costó poder tenerlos. Desde pequeña me había dicho que a lo mejor no podría ser madre por tener quistes ováricos, pero el destino quiso otra cosa y nos dio a estos dos ángeles.

— Si mamá, voy a estar bien— contestó el

— Tú sabes que…— iba a repetirle las instrucciones, pero él se me adelantó

— Que tengo que quedarme en cama, tomarme el medicamento que me mandó papá, beber líquidos y llamarte en caso que me llegue a sentir muy mal o que la fiebre suba demasiado… Lo sé, mamá. Ve a trabajar tranquila— me respondió

— Es que me da no sé qué dejarte así, mi pequeño— le dije besándole la frente

— Mamá, ya estoy grande y se cuidarme solo estando enfermo. Además Rose sale más temprano hoy de clases y podrá venir a cuidarme— dijo él

— Está bien, me iré— le di otro beso y me fui de la casa

Nuestra vida había sido relativamente tranquila durante todos estos años. Estaba casada con el mejor hombre del mundo, tenía dos hermosos hijos y un trabajo que me gustaba. Podía decir que era una mujer completa.

Con respecto a mi marido, tengo que partir desde el principio. Éramos amigos desde la primaria junto a Eleazar, Carmen, Charlie y Reneé, pero por cosas del destino nos separamos para ir a la universidad. Carlisle en ese tiempo cambió demasiado y pasó de ser el chico humilde a uno completamente alocado, amante de las fiestas y las mujeres. Con el tiempo se dio cuenta que esto no era lo que él quería y volvió a ser el de antes. Siguió en la universidad junto a Eleazar, quien ya estaba de novio con Carmen, y volvimos a ver a Charlie y a Reneé.

Ahora vivíamos en Forks y el, junto a Reneé y Eleazar, trabajaban en el hospital de este pueblo, el en urgencias con mi amiga y Eleazar en traumatología.

Yo, por mi parte, trabajaba en un centro comunitario que era de mi familia hace mucho tiempo. Todas, o al menos la gran mayoría, de las mujeres de mi familia nos habíamos decantado por el servicio social y a eso nos dedicábamos. El centro había pasado de generación en generación y lo manteníamos a flote para poder ayudar a los más necesitados.

Entré en la calle principal del frío Forks, donde estaba ubicado el centro, y me acerqué a la entrada para ingresar a este y comenzar con un nuevo día laboral, pero no pensé nunca que me encontraría esa desoladora imagen. Había un bulto fuera del recinto, cubierto solo por una manta toda derruida y tiritando de una manera que nunca antes había visto, ni siquiera cuando mis hijos enfermaban de pequeños y les daban las típicas tercianas a causa de la fiebre.

Me bajé del auto para caminar hacia el bulto tendido en el suelo y cuando vi que se trataba de un chico no pude evitar estremecerme. No tenía mucha más edad que mis hijos y estaba muy delgado. Su cabello era largo, casi le llegaba hasta los hombros, y era de un hermoso color cobrizo. Cuando toqué su rostro sentí el calor que este irradiaba ¡Estaba quemándose vivo!

—Joven… — le llame pero no despertó lo que comenzó a preocuparme más. Mi compañera Marina apareció junto a Christian y se acercaron a mí corriendo al verme allí.

— ¿Qué pasó? — pregunto mi compañera.

— No sé, llegué y me lo encontré aquí, tendido— dije asustada — No se despierta

—Llevémoslo dentro, aquí hace mucho frio — dijo Christian.

— Está hirviendo, llamare rápidamente a Carlisle — les dije y comenzamos a entrar al refugio.

Christian llevaba al chico en sus brazos ya que él era más fornido que nosotras y de seguro el chico no pesaba demasiado. Mientras caminábamos intenté contactar a Carlisle para que nos ayudara, pero él no me contestaba. Luego intenté con Reneé, pero tampoco me cogió la llamada.

Al pasar por los pasillos las personas nos quedaban mirando, preocupados y confundidos por llevar al chico así, pero no había de otra forma. Entramos en uno de los cuartos desocupados del centro y lo recostamos en una cama. Le quitamos los zapatos y desabrochamos un poco la delgada camisa que tenía puesta. Él se quejó un poco, pero no hizo nada más.

— Carlisle no me contesta— les dije a los chicos mientras Marina salía a buscar algo para colocarle al chico y Christian lo acomodaba más en la cama

— Este chico está muy mal— en ese momento el joven comenzó a toser, dejándonos más que claro que estaba muy enfermo. Sus pulmones estaban muy obstruidos— Está más que mal

Marina llegó con un recipiente con agua y un paño para comenzar a colocarlo en su frente y cuello. Le pregunté si teníamos un termómetro y ella negó, alegando que estaban en la enfermería y las llaves se las había llevado esta. En estos momentos odiaba que la enfermera entrara más tarde que todos los demás del personal.

Comenzamos a tratar de bajarle la temperatura, pero ya llevábamos media hora en eso y no conseguíamos nada, así que al final opté por llevarlo a urgencias y que Carlisle lo atendiera allá.

Christian volvió a tomar al chico y lo subió en la parte trasera de mi auto para irse el manejando y yo irme con él en la parte de atrás cuidando que no le fuera a pasar algo. Coloqué su cabeza sobre mis piernas y partimos hacia el hospital.

— Christian, ve un poco más rápido— le dije

— Esme, no puedo, me van a parar si voy más rápido— se disculpó y asentí.

El chico volvió a toser y después a quejarse, para moverse un poco en el asiento. Abrió sus ojos y me miró fijamente con esos profundos ojos verdes, demasiado lindos pero sin brillo más que por la fiebre que tenía. Me miró un rato y después volvió a caer en la inconsciencia.

Comencé a tratar de despertarlo, pero él no lo hizo, siguió con sus ojos cerrados durante todo el camino.

En diez minutos estuvimos frente a las puertas del hospital y Christian volvió a tomar al chico en sus brazos para que entráramos a que lo atendieran. Una enfermera, en cuanto nos vio, se acercó para saber qué era lo que pasaba y le explicamos todo. Ella llamó a un celador que trajo una camilla y lo colocamos ahí.

Cuando se lo llevaron a adentro le pregunté a otra enfermera por mi marido y ella me contó que estaba atendiendo un accidente automovilístico. Le pedí que le informaran de la llegada del chico y ella asintió, pero no fue necesario que lo hiciera.

— ¿Esme? ¿Qué haces acá? — escuché la voz de mi amiga a mis espaldas

— Reneé, que bueno que te veo— le dije

— ¿Qué pasa? — me preguntó, preocupada

— Encontré al chico que atendieron el otro día— le informé

— ¿Edward? — inquirió y asentí— ¿Dónde? ¿Cómo?

— Estaba afuera del centro cuando llegué. Estaba realmente mal— le dije- Estaba con demasiada temperatura e inconsciente. No dejaba de temblar- le informé y ella salió a ver qué era lo que ocurría.

Reneé entro rápidamente y yo me quede en la sala de espera con mis compañeros esperando que nos dieran alguna información. De repente, pasado un buen tiempo, se comenzó a escuchar mucho alboroto y por curiosidad pensando que podría ser el joven que había encontrado, me deje guiar por los gritos hasta uno de los box donde evidentemente estaba Edward. Por la ventanita pude ver a dos celadores intentando calmarlo y Reneé y otra enfermera junto a ellos, Edward se encontraba con una vía en cada brazo y con una mascarilla en el rostro. Entre rápidamente por la puerta intentando hacer lo mismo que la gente que se encontraba allí.

—Tranquilo, no pasa nada, solo queremos ayudarte — susurre haciendo que me mirara, el joven parecía no mirarme, ni siquiera parecía que me escuchara. En ese momento entro mi marido por las puertas metálicas y se acercó.

— Edward, ¿Te acuerdas de mí? — pregunto mi marido y el chico lo miro por unos segundos, mientras se calmada — Eso es, soy Carlisle, ¿Te acuerdas? — le preguntó y el joven asintió algo confuso - Te encontraron inconsciente en la calle, pero te estamos atendiendo, no te preocupes – dijo mirando al joven. Edward miro a los dos hombres que le sostenían para que no se moviera – Soltadlo – dijo Carlisle entendiendo lo que el joven quería.

— Pero doctor… — susurro uno de ellos.

— No se irá ni hará nada— dijo serio y los hombres lo soltaban. Edward se llevó una mano a la mascarilla— No, déjala te ayuda a respirar mejor — dijo mi marido y Edward asintió— Reneé quédate con él, ahora vengo— dijo y nuestra amiga asintió mientras que ambos salíamos, ya que los celadores ya se habían marchado.

— ¿Cómo lo encontraste? — me pregunto.

— Estaba en la puerta del refugio, lo reconocí por la descripción que me diste— le explique.

— Por las pruebas que vi tiene una fuerte neumonía, menos mal que lo encontraste— me dijo.

— Parecía estar realmente mal— le dije apenada— ¿Tienes más información sobre él? — pregunte.

— No, pero todo parece indicar que perdió la memoria. Lo que me parece muy extraño es que nadie haya preguntado por él, ni reclamado… Charlie estuvo buscando información y nada… — dijo.

— Tenemos que ayudarle… este chico tiene que tener la edad de nuestros hijos… — le dije.

Carlisle solo se limitó a asentir y a ver hacia el interior del cuarto donde estaba Edward aun recostado en la camilla y con Reneé y la otra enfermera atendiéndolo. El las miraba atentamente, como si intentara recordar o saber si es que las había conocido antes.

Me apenaba mucho ver a este chico así, él no se merecía estar solo en el mundo y mucho menos vagar por las calles como un perro abandonado. Ni siquiera un perro se lo merecía.

Carlisle me dijo que iría a atenderlo y que esperara afuera, así que salí a donde estaba mi compañero y le expliqué lo que había ocurrido. Luego le dije que se fuera al centro y que yo me encargaría del informe social del chico ya que de seguro el hospital lo necesitaría y yo mismo me encargaría de su caso.

Estuve esperando un buen rato hasta que vi nuevamente a Carlisle aparecer por el pasillo. Él iba conversando con otro colega y en cuanto me vio se vino a donde estaba.

— Mi amor, pensé que te había ido— dijo abrazándome

— No, me quedé para saber cómo estaba el chico- le dije correspondiéndole el abrazo

— Bueno, ahora está mejor. Logramos bajarle un poco la temperatura, aunque aún tiene fiebre, pero por lo menos ya no tanta como cuando llegó— dijo Carlisle

— ¿Cuánto tenía? — pregunté

— Estaba cerca de los 41°— respondió y me estremecí— Pero como te dije, ahora está mejor. Lo vamos a dejar internado ya que sus pulmones están muy afectados por la infección, pero cuando este mejor le daremos el alta. Eso será en unos días más, tres como máximo— comentó

— ¿Y no se puede quedar acá un tiempo más? — le pregunté y el me miró intrigado

— ¿Qué estás pensando, Esme? — me preguntó

— Eso solo que quiero averiguar de dónde viene— le respondí

— ¿Y si no lo logras? El chico no puede estar por toda la vida internado y no sabemos cuándo recobrara la memoria— reclamó

— Sé que no puede estar de por vida en el hospital, pero tampoco podemos dejar que vague por las calles ¿Y si para la próxima vez no es solo una simple neumonía sino que alguien lo asalta para robarle lo poco que tiene? ¿O si se mete en una pelea y lo matan? O te lo pongo peor aún ¿Si le roban lo único que creo le queda… Su integridad física? ¿Si alguien intenta abusarlo? — Carlisle se quedó en completo silencio ante mis palabras y noté que se estremecía al pensarlo. Sabía que se imaginaba a nuestro hijo Jasper pasando por todas las cosas que le había dicho y a las cuales estaba arriesgándose este joven al vivir en las calles— No puedo permitir que algo así le pase. No podría vivir con la consciencia tranquila sabiendo que cualquiera de esas cosas le pasó pudiéndolas haber evitado… No me lo perdonaría, Carlisle.

— ¿Y qué es lo que piensas hacer para saber de dónde es? ¿Quién es? Con suerte sabemos que se llama Edward y ni siquiera de eso podemos estar seguros— dijo Carlisle, pero sabía que él también pensaba en algo para poder ayudarle al muchacho.

— Partiré buscando los registros que haya de chicos perdidos que pueda haber. A lo mejor Charlie se saltó alguno, aunque no lo creo. Después… No sé lo que haré después, tal vez entreviste a la gente del pueblo para saber si saben algo o para saber cosas que hayan visto o escuchado por ahí con respecto a este chico, pero por ahora lo voy a ayudar como sea— le dije

Carlisle se quedó en silencio por un buen rato, analizando mi mirada y escrutando algún plan con respecto a lo que haríamos con el muchacho. El, a pesar que no muchas veces estaba de acuerdo con mi forma de actuar, siempre me terminaba apoyando y sabía que esta no sería la excepción. Él también tenía un gran corazón y sabía que estaba preocupado por el estado de este chico.

— Está bien, haré lo que pueda para mantenerlo en el hospital cuanto pueda, pero si se me imposibilita poder seguir teniéndolo acá vamos a tener que buscar otro lugar donde pueda estar— dijo Carlisle y sonreí por su respuesta, lanzándome de inmediato a sus brazos como una niña pequeña.

El me abrazó fuertemente entre sus brazos y me levantó un poco del suelo. Luego me preguntó por nuestro hijo, al que no había llamado para saber cómo estaba, son todo lo de Edward lo había olvidado. Le dije que en la mañana había amanecido mejor, pero que de todas maneras le había dejado todo en caso de que algo pasara y que le pedí que me llamara. Él me sonrió y me preguntó si quería comenzar con el informe ahora, a lo que asentí y comencé a seguirlo hacia el cuarto donde estaba el chico.

Al llegar al cuarto común del área de pediatría, donde había otro chico y un espacio vacío, reconocí de inmediato su cabellera cobriza y entré para hablar con él, pero estaba profundamente dormido. Carlisle me explicó que estaba en este lugar ya que aún era menor de edad y que estaba dormido por los fármacos y por la fatiga que tenía su cuerpo, pero que ya despertaría.

— Se quedó dormido en cuanto lo trajeron los celadores— comentó un chico de tez morena y pelo castaño oscuro. No debía tener más de catorce años.

— Gracias— le dijo mi esposo, justo cuando venía llegando una compañera de él. Era la doctora de la planta de pediatría.

— Hola Carlisle— lo saludó

— Hola Zafrina— le devolvió el gesto— Te presento a mi esposa, pero de seguro ya han trabajado juntas— agregó mi esposo

— Si, hemos trabajado en un par de casos juntas— dijo ella, saludándome con un beso en la mejilla— ¿Vienes a ver al nuevo chico? — me preguntó

— Si, de hecho yo lo traje— le comenté y ella asintió

— Menos mal lo encontraron. Si pasaban un par de días más lo más seguro es que este chico no hubiese sobrevivido— señaló, mirando a Edward con compasión— Este chico de verdad estaba mal.

— Sí. Me asustó mucho cuando me lo encontré afuera del centro temblando de la manera en que lo hacía. De verdad pensé que no lo lograría— admití

— Bueno, ahora solo hay que mantenerlo en observación y cuidarlo hasta que esté mejor— dijo ella— Bien, me retiro que tengo más pacientes que atender. Con su permiso- se despidió de nosotros y salió

— Yo también tengo que volver a urgencias, pero cualquier cosa que pase me avisas ¿Está bien? — preguntó y asentí. Me besó en la frente y salió del lugar.

Tomé una silla que había a la entrada del lugar y la llevé hasta la última cama de la derecha, que era lo que ocupaba Edward en la habitación. Los demás chicos me miraron atentamente y, cuando me senté, desviaron su mirada. Todos hicieron eso menos el chico que antes nos había hablado. Él se quedó mirándonos atentamente, incluso después de que me sentara.

Miré a Edward con detención y me fijé de lo finos que eran sus rasgos. Nariz respingada, labios finos pero hermosos, sus pestañas eran largas y bien definidas, lo que enmarcaba a la perfección sus ojos verdes que me habían mirado fijamente en el auto pero que carecían de brillo natural; su cabello, a pesar de estar enmarañado y ser tan largo como para llegar hasta sus hombros, era de ese hermoso color castaño cobrizo que hipnotizaba, su mentón era bien definido y cuadraba a la perfección su rostro. Este chico definitivamente tenía muy buenos genes y no me cuadraba en la imagen de un vagabundo como los que conocía.

— ¿Va a estar bien, cierto? — preguntó el chico de antes sacándome de mi ensoñación

— Supongo— le respondí con una sonrisa— ¿Cómo te llamas, cariño? — le pregunté

— Seth. Seth Clearwater, señora— respondió de la misma manera.

— Yo soy Esmeralda Stevenson, pero puedes decirme Esme— le sonreí— Y… ¿Por qué estas acá?

— Me operaron de apendicitis— dijo encogiéndose de hombros— Pero al menos ya me siento mejor

— Eso es bueno— le dije, feliz.

En ese momento sentí a Edward moverse en la camilla y toda mi atención se centró en él. El chico comenzó a abrir sus ojos lentamente, pero los cerró al instante ante la molestia que le tiene que haber generado la luminosidad de la sala. Lo alenté para que comenzara a despertar y él así lo hizo hasta que su penetrante mirada volvió a centrarse en mí.

— Hola Edward— lo saludé y el me miró, asustado. Movió sus manos hasta su rostro para quitarse el oxígeno, pero alcancé a detenerlo— No, cariño, no hagas eso. Así puedes respirar mejor— le informé dejando sus manos nuevamente sobre la camilla— ¿Cómo te sientes?

— ¿Qui… quién es usted? — me preguntó

— Mi nombre es Esmeralda Stevenson, pero me puede llamar Esme— le respondí y el cerró sus manos tratando de recordar si es que me conocía, pero los abrió después de un rato un poco decepcionado— No me respondiste… ¿Cómo te sientes?

— Cansado- respondió— Cansado y adolorido

— Es normal. Tienes una gran infección en tu organismo y este trata de luchar contra ella. Lo normal es que te sientas cansado— le comenté— Pero ya verás que con los cuidados que te están dando acá podrás recuperarte y sentirte mejor— lo apoyé

— Yo no quiero estar aquí… — dijo Edward.

— Lo será hasta que te recuperes un poco— le dije intentando calmarlo— ¿Me dijiste que te llamas Edward? — le pregunte y asintió algo confuso— ¿Cuántos años tienes? — le pregunte tranquilamente.

—No lo sé… — susurro.

— ¿Sabes cuál es tu apellido? — pregunte.

—No— dijo serio.

— ¿Dónde naciste? — le pregunte.

— No lo recuerdo…— dijo respirando algo agitado.

—Tranquilo, no pasa nada— le dije para calmarlo— ¿Sabes dónde están tus padres? — pregunte.

— No… — dijo dejando que su respiración de entrecortara más.

— ¿Hermanos, tíos, abuelos? — pregunte.

— No… — me grito— No sé…— grito de nuevo.

Su respiración cada vez se hizo más difícil y pude darme cuenta de cómo Seth, el chico de antes, pulsaba el botón y una enfermera entro rápidamente y comenzó a inyectarle algo en el suero a Edward. Al poco rato se quedó plácidamente dormido.

—Es mejor que descanse…— dijo y asentí.

—Yo me marchare para trabajar en la oficina— le dije y comencé a salir después de decir adiós al joven chico.

Cuando llegué a la oficina entre después de saludar a todos los chicos que teníamos allí e informar a mis compañeros del estado de Edward me metí en mi despacho intentando buscar información, algo que me diera una pista de Edward. Después de un par de horas buscando sin éxito alguno decidí darme un descanso y llamar a mi hijo para ver cómo se encontraba, el teléfono hizo dos todos y después escuche la voz ronca de mi pequeño.

—Cariño… — le llame.

—Hola mamá — dijo con un suspiro — Ahora te iba a llamar — eso me preocupo.

—¿Por qué? — pregunté — ¿Qué pasó?

— Me subió la fiebre y me duele mucho la cabeza y el estómago— dijo dejando escapar un poco de tos.

—Ahora mismo iré para casa, tranquilo— le dije mientras cogía mi chaqueta y salía del despacho— Marina – la llame y me miro— Tengo que ir para casa, Jasper empeoró— le dije y ella asintió para que fuera tranquila.

Me metí rápidamente en el coche y comencé a conducir en dirección a mi casa, esperaba que Rosalie leyera mi whatsapp y llegara antes ya que se encontraba más cerca que yo.

Cuando llegue a casa vi el coche de mi hija y me alegre en parte porque ella estuviera con él. Entre corriendo y subí las escaleras donde podía escuchar a mi hijo devolver.

—Mamá— me llamo Rosalie a la vez que me acercaba a mi hijo y esperaba a que se calmara.

— ¿Cuánto lleva así? — le pregunte.

—Cuando yo llegué ya está devolviendo— me dijo.

—¿Viste su temperatura? — pregunte, pues la frente estaba demasiado caliente.

—Sí — dijo seria pasándome el termómetro, estaba a 39.2. En ese momento mi teléfono comenzó a sonar y lo cogí rápidamente al ver que se trataba de Carlisle.

— Cariño, fui al cuarto de Edward pero me dijeron que ya te habías ido ¿Conseguiste averiguar algo? — me pregunto.

— Carlisle, estoy en casa. Jasper está con mucha fiebre y lleva un buen rato devolviendo— contesté seria

— Vale tranquila, abrígalo y tráelo a que lo revisen— me dijo.

— Vale, ahora vamos— corte la llamada — Rosalie, ve por una chaqueta y una palangana — le dije y asintió

Ayudé a mi hijo a levantarse desde el suelo y lo senté en la orilla de su cama para ayudarle a colocarse una camiseta limpia ya que la que tenía puesta se había manchado cuando estaba devolviendo. Justo cuando terminaba de colocársela llegó su hermana con la chaqueta y la palangana que le había pedido. Le colocamos el abrigo a mi hijo y salimos de la casa para irnos al auto. Rosalie se fue manejando mientras que yo iba atrás con mi hijo, quien se apoyó en mi hombro y cerró los ojos.

Durante todo el trayecto le fui acariciando el cabello y la frente, la que comenzaba a calentarse cada vez más. El me llamaba y comenzaba a delirar poco a poco, preocupándome demasiado por el estado en el que estaba.

Al llegar al hospital nos bajamos rápidamente y entramos al lugar para pedir que nos ayudaran. Lo colocaron en una camilla y se lo llevaron a un box de atención.

Justo cuando se lo llevaron vi a mi esposo aparecer por el pasillo. El ya venía con su ropa normal para irse a la casa y en cuanto me vio se acercó para preguntarme por nuestro hijo y abrazar a Rosalie, que estaba muy preocupada por su hermano.

— Se lo acaban de llevar a adentro— le respondí

— Tranquila, va a estar bien. De seguro lo inyectaran para la fiebre y lo dejaran irse a casa— me trató de alentar.

Los tres nos sentamos en la sala de espera hasta que un médico salió desde las puertas metálicas y nos llamó. Nos dijo que Jasper estaba con una faringo- amigdalitis, además de una gripe, por lo que lo dejarían internado un par de días para mantener a raya la fiebre y evitar que esta volviera a subir. Le preguntamos si podíamos pasar a verlo y él nos indicó que no había problema.

Comenzamos a caminar hacia el área de pediatría donde estaba internado mi hijo y me impresionó ver que estaba en la misma sala donde estaba Edward. Este estaba durmiendo, al igual que mi hijo.

— Hola de nuevo, Esme— me saludó Seth

— Hola Seth— lo saludé

— ¿Viene a ver a Edward? Porque él no se ha despertado desde que usted se fue— me dijo

— No, lamentablemente ahora vengo a ver a mi hijo— le dije indicándole a Jasper, que estaba durmiendo en su cama

— Ya veo… Que mal, lo siento— dijo él y le sonreí

— No te preocupes, él va a estar bien— le dije- Te presento a mi esposo y a mi hija mayor, Carlisle y Rosalie— los presenté, indicándolos a los dos

— Un gusto— dijo el chico y los dos lo saludaron

Me acerqué a mi hijo y vi que estaba durmiendo plácidamente y ya no estaba tan incómodo como lo había estado en la casa. Aún seguía pálido y sus mejillas tenían un ligero color carmesí, pero ya no era tan intenso como hace un rato. Su cabello estaba húmedo y caía sobre su frente.

— Mi niño— le dije besándole la frente

— Mamá…— me llamó y abrió sus ojos

— ¿Cómo te sientes, campeón? — le preguntó Carlisle colocando su mano sobre las piernas de mi hijo

— Cansado, pero al menos ya no me duele tanto el estómago… Ahora me duele la garganta— le respondió a su padre

— Permiso— dijo una joven entrando para dejar las bandejas con comida para todos los chicos- Seth, este es el tuyo – dijo entregándoselo mientras le acercaba la mesa para que comiera — Jasper, el tuyo, es algo ligero que debes comerlo… — le dijo la enfermera y le ayudamos a incorporarse un poco. Con la última bandeja vi cómo se acercaba a Edward, la dejó sobre la mesa y se acercó para despertarlo— Joven… — susurro mientras lo movía un poco, Edward abrió sus ojos viéndola confundido — Te traje la comida— dijo seria.

— Gracias— le dijo el con voz pastosa e incorporándose un poco en la cama. En cuanto fue consciente de lo que ocurría a su alrededor nos quedó mirando

— Hola, Edward— le dijo Carlisle con una sonrisa

— Hola— respondió el mirando la bandeja y quitando la tapa. En el interior había un caldo, un trozo de pollo con verduras, un pocillo con jalea y una botella pequeña de agua. De hecho todos contenían lo mismo

— Esto no se ve apetitoso— dijo Seth

— Pienso igual— dijo mi hijo jugando con lo que había en su plato

Al mirar a Edward vi como él ya estaba comiendo con completa desesperación. De seguro el chico llevaba mucho tiempo sin comer y poro le importaba si la comida sabía bien o no o si se veía apetitosa. Eso, de seguro, era lo que menos le importó.

Al mirar a mi hija vi que ella también estaba pendiente del chico y lo miraba con enojo.

— Come más despacio ¿Acaso no te enseñaron modales? — le preguntó a Edward

— Rosalie— la regañó Carlisle, pero Edward pareció no prestarle atención a mi hija

— Pero míralo, papá. Parece que no hubiese comido en mucho tiempo— reclamó

— ¿Y si fuera así? — le preguntó y ella se quedó pensativa y la vi voltearse— Vamos a afuera, Rosalie— le pidió Carlisle. Los dos caminaron hacia afuera para conversar- Debes tener más cuidado con lo que dices, hija

— Pero si no dije nada malo, solo le hice una pregunta ¿Acaso no puedo hacerlo? — le preguntó

— Si puedes, pero la forma en que lo hiciste no fue la mejor. Él es un chico de la calle y…— iba a contarle, pero nuestra hija lo detuvo

— ¡¿Vive en la calle?! — exclamó sorprendida— ¿Y cómo dejaste que tu hijo estuviera en el mismo cuarto? Quizás que cosa ha aprendido ahí y se las puede decir a mi hermano. Él no es como nosotros, papá- con cada palabra que decía mi hija Edward carreaba los ojos y respiraba más fuerte

— Rosalie, basta— la regañó— No puedes hablar así, hija ¿Cuándo aprendiste a juzgar de esa manera a la gente? — le preguntó- No quiero saberlo. Tú y yo hablaremos en la casa— después de eso los dos volvieron a entrar, justo cuando Edward terminaba de comer su comida y dejaba a un lado la bandeja y volviendo a recostarse sobre su costado.

Jasper y Seth, por su parte, solo comían lentamente y haciendo una que otra mueca con la comida. Luego, cuando acabaron, llegó la misma enfermera para retirar las bandejas ya vacías y otra entró para decirnos que teníamos que retirarnos porque los horarios de visita ya habían terminado.

Continuará…

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N/A: Los agradecimientos van a las autoras Sandryttaa y Jnnfrmrz por sus consejos y ayudarme en esta locura que les acabo de dejar y a candy1928

Un beso, para todo los que leen y doblemente para los que dejan reviews haciéndome saber su opinión… Hasta la próxima