Creciendo el amor en mi corazón.
Capítulo 3: El príncipe de la princesita
Este capítulo ha sido beteado por la maravillosa Stefi Gonzales.
Pov. Edward
15 abril.
En el mundo cientos de personas están dando saltitos en sus hogares porque es "15" lo que quiere decir quincena y quincena es igual a dinero.
¡Pff!
Odio las quincenas. Como ya viene siendo costumbre cada 15 y cada último día del mes tengo que presentarme en la Casa Hogar: Puro Corazón con un generoso cheque; todo como mandato de mí muy "amado padre y jefe", aún sigo sin entender su obsesión por ayudar niños huérfanos. Emmett y Rosalie asisten una vez al mes a un asilo, llevan comida y chucherías. Alice, ella visita hospitales…. Pero la verdad es que yo nunca he sido de la gente "caritativa", yo prefiero llegar temprano a mi casa, darme un buen baño y salir a tomar una que otra cosa por ahí. Para luego llamarle a una buena chica; cosa que a mi padre le resulto como un punto a su favor: "No tienes nada que hacer. Haz algo productivo con tu vida"
¿Y yo qué puedo decir en mi defensa?
Tomo el muy característico sobre amarillo y bajo del automóvil después de haberle puesto seguro a las puertas y activar la alarma. No sé qué haría si algún pobretón se acerca a mi Lamborgini y lo roba. Sería peor que el secuestro de un hijo; ese auto le da sentido a mi vida.
Aprieto el botón rojo y espero a que me abran después de avisar que soy Edward Cullen y vengo a dejar el dinero. Tomo asiento en uno de los muy duros sofás lilas y espero "pacientemente" a que alguien me venga a atender; mientras navego en internet con mi celular.
Y como normalmente sucede aparece Isabella Swan, la encargada de recoger los sobres. Con su muy perfecto cabello café cayendo sobre los hombros y la sonrisa hecha con esos deliciosos labios carnosos.
En ese momento, la frase aparece en mi cerebro como un recordatorio en cada ocasión que vengo: "Princesas, no plebeyas".
Solo que en esta ocasión la Isabella esa no viene sola. Tomada de su mano viene una niñita con el cabello corto y rizos color naranja, que me recuerda a la princesa de la película de Disney que vi con Alice, ¿Cómo se llamaba? ¡Ah sí! Brave.*
—Buenas tardes, señor Cullen. Usted siempre puntual —Sonríe amablemente y casi me pongo a babear. Mierda. No puede ser posible que esté tan buena y que yo no pueda mover mi siguiente ficha.
—Hola —Me levanto del sofá y con carácter decidido me acerco al escritorio con el sobre en las manos. En el momento en que lo toma nuestros dedos se rozan y un suave escalofrío me recorre.
—¡Dios! Olvidé el papel para que lo firme. Está en la oficina, no tardo —Besa la frente de la niña y la sube al escritorio mientras se dirige a la oficina que está a unos cuantos pasos.
—¿Tú? ¿Cómo te llamas? —Pregunta la niñita con un aspecto curioso.
—Edward Cullen —le respondo de modo cortante. ¿A ella qué le interesa mi vida?
—Oh. Pareces un príncipe —su sonrisa deja ver que le hace falta un diente —¿Y tenes novia?
Y la gente pregunta porque los niños resultan irritables; para empezar se la pasan babeando y llorando porque quieren ir al baño. Y luego son unos metiches… ¿Qué le importa a esta niña chimuela si tengo o no novia? Su vida no depende de ello. Su vida depende de los cheques que YOme ofrezco en traer.
Soy un pan de Dios.
—No —bajo mi rostro a mi celular y abro facebook, con toda la intención de ignorar lo que dice. Hasta que un nombre me hace levantar el rostro.
—…Bella y tú quedan. Ella es buena, y nos quiere. ¿Por qué no se hacen novios? —¿Bella? ¿Se refiere a la que recoge el dinero?
—¿Quién es Bella? —en cuanto escucha mi pregunta, comienza a soltar carcajadas desde su incómodo lugar encima del escritorio.
—Es Isabella. Pero prefiere que le digamos Bella —responde como si yo fuera el niño y ella la adulta experimentada.
Asiento lentamente con la cabeza tratando de procesar la información. ¿Qué yo quedo con una chica como ella que se la pasa sonriendo y diciendo gracias, gracias?
No; a mí al menos puedes asociarme con chicas hijas de magnates, o modelos.
Mínimo.
—Te ayudo a bajar Maggie —Isabella aparece y toma a la niña de la mano y está da un salto al piso —Aquí tienes los papeles solo firma…
—Ya sé —la interrumpo justo en el segundo en que tomo la pluma y me dispongo a llenar el cuadro con la fecha de hoy —Toma —dejo el papel encima del escritorio y la pluma en el lapicera en forma de botella que hay a un costado.
—¡Adiós príncipe! —se despide la niña agitando su mano justo cuando estoy a punto de dar media vuelta e irme. Asiento con la cabeza en forma de despedida.
—¿No quieres ver a los niños hoy? —si no he querido antes. No veo porque quiera ahora.
No le contesto solo camino con mi rostro elevado hacia la puerta; pensando en la gran noche que me espera.
/ / / / / / /
—Es un asco. Para empezar es Brooklyn ¿estás de acuerdo que es una mierda? Y luego están los mocosos huérfanos. ¿Cómo esperas que me guste ir? —Le cuento a Sam, mi mejor amigo mientras pido otro trago al joven de la barra.
—Tienes razón, Brooklyn es… Mejor no contesto. ¿Y enserio vas? ¿Tú? ¿Edward Cullen? El famoso muchacho….
—Qué quede claro que no es por gusto. Ver mocosos en pañales no es mi hobbie. Tal vez sea el tuyo…
—¡Huh! Irrespetuoso ¿eh? Déjame le cuento a mami Esme y a papi Carlisle para que te manden a un orfanato. ¡Oh! Ya lo hicieron —dice en tono burlón. Hijo de puta, si no fuera mi amigo estoy seguro que ya tuviera un ojo morado.
—Cierra la boca.
—Perdone, mi señor. —comienzo a reír y pido una cerveza. Hoy no me voy a medir, solo quiero beber y beber hasta caerme de borracho. No quiero pensar, ni recordar. ¡Dios! Solo quiero descansar un buen rato.
—Estoy muerto. Esta semana fue una mierda.
—Me voy a casar —suelta rápidamente. ¿Qué dijo? Con el ceño fruncido volteo a verlo. No puede ser. ¿Él también cae ante los suculentos encantos del amor?
—¿Qué mierda?
—Ya sabes. Emily es… Pff. Es jodidamente genial. Tiene una sonrisa que te lleva al cielo. Es malditamente buena con el mundo. La amo, y le voy a pedir que se case conmigo.
—¿Enserio? ¿Así nada más?
—Bueno, ya sabes. Somos novios desde hace un año. No puedo esperar más; la quiero como esposa. –habla en serio. ¡Diablos! También estoy perdiendo a mi mejor amigo.
—¿Y formar una familia? ¿Con hijitos? —sabe que bromeo pero a la vez no. Sam no está listo para andar cambiando pañales. Hasta hace un año, ambos pensábamos igual: no compromiso. Pero su muy estúpida secretaria supo metérsele en los pantalones.
Bueno, ni tan estúpida.
—No vamos a tener hijos; al menos por dos o tres años. Ya sabes Emily es dos años menor que yo. Todavía hay mucho por hacer. Pero quiero casarme ya—–Sam tiene 25. Igual que yo. Jodida mierda. Yo a mi edad ni loco pensaría en una noviecita formal; mucho menos en matrimonio.
—¿Y si se embaraza? Digo; si su matrimonio no funciona con lo que tú ganas ella ya no tendría que trabajar nunca más en su vida. —golpea mi hombro fuertemente. Lo hice enojar. Es mi encanto natural.
—Si queda embarazada pues… Ya. Lo tenemos y se acabó. Pero ella no es así ¿sabes? A ella no le importa mi dinero.
—Eso crees tú.
—No permitió que le comprará un coche —otra vez con lo mismo.
¿No entiende, acaso? Le he dicho un sinfín de veces pero sigue sin escucharme. ¡Vale! Cuando se quede pobre yo no pienso ni ayudarlo ni verlo.
—Fácil. No acepto para que tú dijeras: "Hay a mi noviecita no le importa mi dinero. Me casaré con ella" y luego todo resultara al revés. Si te casas y luego le sueltas todas las tarjetas —hago una larga pausa. El guarda silencio —Tu secretaria no es estúpida ¿sabías?
—Ella no es así ¿no entiendes? Ella es distinta.
—Bien. Pero yo no te ayudo a escoger el traje.
—Púdrete —y ambos comenzamos a reírnos. Pedimos más tragos y seguimos hablando de cosas que nadie más sería capaz de entender.
Las amistades entre hombres son otra cosa; a diferencia de las mujeres nos mantenemos leales incluso aunque me guste la misma vieja. Hace un buen par de años rondaba una chica perfecta llamada Vanessa. Nos gustó a los dos; pero no nos peleamos por ella (como lo hubiera hecho cualquier mujer con su amiguita cuando un chico guapo aparece en sus vidas). Jugamos piedra, papel y tijera. Gané y me la tiré.
—Debo irme —suelta un puñado de billetes a la barra y se pone de pie.
—¿A dónde vas?
—Emily —susurramos los dos al mismo tiempo. Pero a diferencia mía, él tiene un brillo en los ojos cuando lo dice.
*Brave: es una película de Disney donde aparece una princesa llamada Merida, ya sabes la pelirroja. Algo tipo Katniss pero en princesa.
***¡HOLA PRINCESAS! ¿QUE LES PARECIO EL AMIGO DE EDWARD? PARA LAS QUE RECIBIERON UN ADELANTO, AHORA YA SABEN QUIEN ERA ESA PEQUEÑINA. A TODOS LOS PERSONAJES INFANTILES FEMENINOS (POR ALGUNA EXTRAÑA RAZON) SIEMPRE LES LLAMO MAGGIE, HEHE. NOS LEEMOS EL DOMINGO. ***
"Amistad que acaba no había comenzado." -Publio Siro
K.
