4. Kengen

Si le preguntaban, Harry no sabía qué había sucedido, ni por qué, ni qué lo llevó a tomar la decisión, pero él simplemente miró toda la situación desenvolverse como un torbellino devastador y pudo percibir que no había ninguna manera de detenerlo. ¿Cómo algo tan sencillo como una festividad escolar podía terminar en un caos? Harry había decidido no poner un local de comida porque era la primera vez que podía disfrutar de uno y lo tenía de excelente humor. Había apoyado a Souma en su búsqueda por un platillo perfecto para derrotar a Kuga; posteriormente había ido al puesto de Isami quien le ofreció gratis un plato de su mejor lasaña, una increíble lasaña de berenjenas y crema que lo llevó en un corto viaje a Italia.

El banquete lunar era el espacio perfecto para degustar cuanta comida no conocía, conocer a nuevas personas y ayudar a sus amigos de ser necesario, en diversas ocasiones se encontró con Kobayashi quien era parte del consejo, incluso habían tenido una entretenida discusión de por qué era mejor marinar algunas verduras pese a que no era muy común en algunas cocinas. Hasta allí todo iba bien, hasta que decidió ir directamente a los restaurantes de los diez élite, eran los últimos locales de su recorrido culinario y fue en uno de esos restaurantes, en el de Erina Nakiri, que se encontró con un ambiente tenso y lleno de perfidia.

—¿Qué sucede? —preguntó sorprendido por los gritos descontentos de algunos comensales. A su izquierda pudo ver a Souma quien miraba de manera perspicaz cómo Nikiri parecía descompuesta ante la sola presencia de un hombre quien destacaba por su traje negro y sonrisa devastadora.

—Potter-sama —a los oídos del de ojos verdes llegó el murmullo de Hisanao, quien lo miró completamente pálido —, no debería estar aquí, Potter-sama —le habló mientras caminaba hacia él tratando de sacarlo del centro de la pelea. La gente nuevamente comenzó a gritar al hombre que Harry aún no podía nombrar.

—Pero parece que hay problemas. No trate de salvar la situación, Hisanao-san, no se avergüence por cosas que no puede controlar —respondía Harry sin problemas.

—Potter-sama, tiene que salir en este instante de acá. Los guardias y… Azami es una persona declarada non-grata por Nakiri-dono, solo traerá problemas y la prensa vendrá porque... —mas era demasiado tarde. El hombre, Azami, había dicho algo que descolocó aún más a los comensales y dejó a Erina en estado casi catatónico, Harry podía oler el terror emanar de la rubia. Azami escogió ese mismo momento para salir por la puerta en un movimiento teatral de su parte y pronto se vio rodeado por la guardia privada de Tootsuki, un helicóptero sobrevolaba el sector y pronto Senzaemon Nakiri estaba a la vista y sorpresa de todos los presentes.

—Oh, qué incómodo —fue todo lo que dijo Harry mientras miraba todo desenvolverse sin siquiera poder ayudar y llegó casi como una premonición, las suaves súplicas de Hisanao, el olor a terror de Nakiri, los gritos de los comensales y Senzaemon.

—Por favor, Potter-sama, retírese, sino...

—Oh, Hisanao-san, si bien pedí discreción no dejaré que un hombre que claramente hizo algo mal incomode a estudiantes si puedo ayudar un poco. Estoy más que seguro que Senzaemon-san aceptará mi ayuda si la necesita y... Oh, parece que sí la necesita. ¿Es cierto que los del consejo pueden sacar al director sin problemas? —en Hogwarts las cosas no eran tan sencillas, los gobernadores tenían que juntarse y discutir el tema considerando todas las ventajas y desventajas, eso sin tomar en cuenta que el director de la escuela tenía que tener una trasgresión de las normas establecidas por el colegio, es por ello que a Harry no le gustaba cuando le daban poder político a adolescentes (y sí, él se incluía), estos dejaban de entrever la verdadera personalidad de los adolescentes y también podían ser persuadidos fácilmente por un adulto lo suficientemente astuto.

—No lo puedo creer —murmuró Hisanao al ver cómo Azami hacía un avasallador discurso de regresar a Tootsuki a su antigua gloria.

—... Eso es interesante —y pronto todo se silenció. Harry, pese a todas sus buenas virtudes y otras no tantas, tenía una que particularmente molestaba y servía como una luz en un camino lleno de oscuridad: no sabía cómo controlarse ante la injusticia, esa era su característica principal; pero había una que descolocaba hasta la persona más compuesta: Harry Potter era entrometido. Solo bastaba que viera o sintiera que algo no estaba bien y lo perseguía como un buscador a una snitch. Harry era insaciable, agotador, persistente, perspicaz y alguien con muchos recursos cuando quería, todo lo que sus enemigos más odiaban en incluso más.

—¿Perdón? —cuestionó Azami casi como si el heredero Potter fuera mugre debajo de sus zapatos. Ni siquiera había visto al joven acercarse, ni mucho menos lo había escuchado.

—¿Quién es él?

—No recuerdo haberlo visto en las competencias.

—¿Es un estudiante de Tootsuki?

—Espera, su rostro me parece familiar… ¿Dónde lo he visto?

—¿Ah? ¡¿Qué hace un niño entre Senzaemon-sama y Azami-sama?! —cada comentario era más fuerte que el anterior. Souma, sorprendido por los rápidos movimientos de su amigo, miró desde lo alto de la escalera cómo todo se desenvolvía.

—¡Potter-sama! —fue el chillido desesperado de Hisanao quien bajó corriendo los escalones con el fin de sacar al menor de allí —, le dije que no debía estar aquí —susurró cerca del menor, mas los ojos de Azami ya estaban sobre él y Senzaemon parecía incómodo ante su presencia.

—Oh, Hisanao, ya es demasiado tarde. Estoy interesado en lo que … Erh… ¿Azami-san, cierto? —preguntó el menor más por ser políticamente correcto que otro motivo —, ¿puedo leer eso? Parece ser una carta petitoria y si Azami-san tiene todo en orden no tiene que temer. ¿No es así, Senzaemon-dono?

—El niño —escuchó Souma espetar a un comensal del restaurante de Nakiri —, qué descortés, dirigirse a Nakiri-dono como si...

—Espera —interrumpió otra persona —, dijeron que era Potter, como Harry Potter.

—¿Harry Potter? —preguntaba descolocado otra persona que cada vez se amontonaban más en la entrada del local.

—De ninguna manera —hablaba el hasta ese entonces director de Tootsuki —, Potter-denka.

—¡¿DENKA?!

Lo que siguió fue un torbellino de palabras medio gritadas y susurros que llegaban a los oídos del pelirrojo.

—Estoy seguro —agregaba Harry sin perder la compostura — que podemos tener una charla más fructífera en el restaurante de su hija, Azami-san. Después de todo, me han dicho que ella es una increíble chef. Claro que sería una reunión sin público, pero estoy más que seguro que Senzaemon-dono podrá procurar que los comensales se retiren sin inconvenientes. Tootsuki tiene muchos restaurantes ahora que pueden atenderlos gratuitamente como compensación por este súbito desarrollo.

Souma no entendía en lo absoluto las palabras que llegaban a sus oídos. De un momento a otro él estaba con Megumi en el restaurante de Nakiri y de la nada se encontraba en una esquina viendo lo que él creía una batalla de poderes desenvolverse. Pronto, los guardias de seguridad evacuaron el restaurante y el padre de Nakiri siguió de mala gana al director y a Harry sin decir ni una palabra.

—Es parte de la realeza británica, ¿no es impresionante? Escuché decir que la reina lo condecoró cuando tenía tan solo quince años.

—Sorprendente, ¿crees que cocina bien?

—Quién sabe...

Souma siempre trató de no escuchar rumores, pero esto era demasiado para omitir. Pronto, pocas personas quedaban en el salón y Souma se incluía dado que decidió quedarse a un costado de Arato quien ayudaba a una temblorosa Nakiri a tratar de recomponerse y cumplir su rol de anfitriona.

—Erina, estoy seguro que podrás hacer un té para nuestro destacado invitado —habló sin miramientos Azami, a lo que la rubia sencillamente asintió y desapareció en las cocinas con Arato en su ayuda.

—Lamento tomar su tiempo, Senzaemon-dono, Azami-san, pero como verá, estoy bastante intrigado con su propuesta. Con su permiso, comenzaré a leer este documento.

—Es solo la carta de firmas por parte del consejo que me apunta como nuevo director.

—Oh, pero Azami-san —agregaba Harry sin titubear mientras leía el documento escrito por la propia mano del mayor y lo firmaban distintas personas —, usted no sabe lo que grafología nos puede enseñar de una persona —terminó como si nada, este era uno de los pequeños trucos que Dumbledore y Sirius le habían enseñado, cómo buscar la personalidad tras las palabras. Souma no pudo evitar admirar el temple de su amigo. Sus cabellos caían desordenados en su frente, aún más que antes, sus ojos brillaban con una concentración sin igual y su postura gritaba poder, cosa que antes no hacía.

Para la completa sorpresa de Souma, Harry Potter era un puzzle sin resolver.

—Si me disculpan —murmuró la rubia quien empujaba un carro con todo lo necesario. En poco tiempo Harry tenía entre sus manos una taza de té y no pudo evitar arrugar su nariz en disgusto ante el sabor del brebaje en su interior. Senzaemon decidió que no tomaría nada, mientras que Azami sencillamente esperó el comentario de británico.

—Esto fue anticlimático. Está mal hecho, Nakiri-san, se puede sentir el sabor del miedo en él —agregó como si nada el mago —. ¿No lo cree, Azami-san? —Azami sencillamente probó un poco del té y frunció el ceño ante lo amargo que sabía.

—¿Cómo? Erina-sama hizo todo bien —susurró más atrás Arato y Harry sencillamente suspiró.

—Bueno, no puedo pedir mucho. Nakiri-san no se encuentra estable en este momento. Estoy seguro que sus amigos lograran estabilizarla cuando la lleven a un lugar más tranquilo. Tal vez deberíamos llamar a uno de sus asociados, Azami-san. Estoy seguro que él podrá explicarme por qué decidieron apresurarse tanto en la toma de esta decisión. Mucho mejor, ¿por qué no llamamos al resto del consejo que firmó a su favor?

—Tiene razón, Potter-denka. Erina no se encuentra bien. Yukihira-kun, Arato-kun, por favor acompáñenla mientras se tranquiliza. Tú —espetó el de cabellos blancos sin miramiento a su yerno—, estoy más que seguro podrás llamar a tus alumnos —habló el mayor de los presentes, claramente espetando la última palabra.

Harry, mientras tanto, le hizo una señal de negación a Souma quien se mostraba reticente a salir, pero también a dejar a Nakiri ante la presencia de alguien que evidentemente no le hacía bien. Harry señaló sutilmente la mirada a Nakiri y Arato, de esa manera indicó claramente que quería que ayudara a Arato con Nakiri mientras que él trataba de pensar sobre la marcha cómo solucionar todo este desmán, era evidente que aquí había más que un caso de abuso, sino una obsesión por parte del renegado Nakiri. Harry siempre supo que el poder y el dinero hacían que para un grupo selecto de personas las cosas que los tenían interesados sucedieran más rápido, fue por eso que no se sorprendió que en los próximos 10 minutos no solo desaparecieron sus compañeros de clases, sino que por fin el restaurante quedó con solo ellos tres en la mesa y el equipo de servicio esperando a que las personas solicitadas llegaran al restaurante.

—Estoy seguro que su alteza disfrutará de los platos de los prodigiosos chefs que forman parte del consejo —Azami era un conversador suave y persuasivo, pero Harry tenía a su corta edad la suficiente sapiencia para saber cuándo alguien tenía buenas intenciones o, en su defecto, había torcido su camino para lograr sus metas.

—Eso espero. Solo logré comer en tres de los restaurantes puestos por los miembros del consejo. He de decir que si bien en algunos me llevé una grata sorpresa, en el restaurante de Akanegakubo-kun me decepcioné un montón con la calidad de sus postres. Senzeamon-dono ya lo sabe, pero tengo un diente dulce y soy bastante quisquilloso con los postres, sus técnicas y presentación eso sí son increíbles, lástima que su cocina sepa raro.

—¿Raro? —inquirió Azami tratando de formar una opinión sobre el británico.

—Sin gusto —respondió sin más.

Por una parte, Harry sabía por qué Azami y Senzeamon le estaban permitiendo hacer todo este espectáculo, tener a un miembro de la realeza, aunque no fuera descendiente directo de la reina, era un gran honor y nadie quería que su opinión sobre «cuán bélica» la escuela podía llegar a ser se esparciera. Una cosa era los herederos de empresas multinacionales que podían fácilmente opacar su fortuna, pero otra cosa era entrar en discordia con la realeza, sobre todo porque era obvio que él estaba allí con el pleno conocimiento de la realeza japonesa, era imposible tener como invitado a un Lord o Lady de otros países sin que la familia imperial tuviera conocimiento de él.

Pronto los siete miembros del consejo que votaron para la destitución de Senzeamon ingresaron al restaurante de Nakiri, Harry solo sonrió para aliviar un poco el ambiente y Azami se levantó para saludar a los recién llegados.

—Potter-denka desea tomar té con un postre para que nuestra conversación sea más amena. Por mientras, nos moveremos a una mesa más grande —sus amplios movimientos de manos, su postura, lo tersa de su voz y la elegancia con la cual se movía en el salón no sorprendió a Harry quien había crecido viendo las memorias de Tom Riddle Jr.; pero sí le sorprendió que un muggle tuviera tanto carisma pese a que sus intenciones eran evidentes.

—Traje unos pastelillos como lo indicó —susurró Akanegakubo, la chef de cabellos púrpura.

—Ah... —fue todo el indició que entregó a la menor cuando extendió la caja —, al parecer tus pasteles no son del gusto de Potter-denka, Momo-kun. Sin embargo, —dijo casi como si no fuera de gran importancia el desprecio por su trabajo —, estoy seguro que Tsukasa-kun trajo algo para picar, ¿no es así, Tsukasa-kun? —Harry caminó tranquilamente a la amplia mesa seguido por los miembros restantes del consejo. El director ya se encontraba sentado en la cabecera, Azami tomó la otra punta de la mesa y Harry se sentó en el centro como el signo del mediador. El resto de los puestos se ocuparon por miembros del consejo y en menos de cinco minutos tazas de té y galletas finamente decoradas estaban a la disposición de cada integrante. En mesas aledañas estaban los otros directores de la academia. En sí, Harry pensó que era inapropiado que niños tuvieran voz y voto en el sistema educativo y no estaba siendo hipócrita, Harry tenía cierta reticencia y desconfianza ante las figuras de autoridad porque muchas veces se empoderaban y sesgaban sus ideales, mas ahora era exactamente lo mismo y lo contrario a la vez: habían dado poder a sus alumnos para que ellos pudieran decidir qué enseñar, pero se habían olvidado que eran adolescentes quienes no habían terminado de crecer y formar opinión sobre el mundo, muchos de ellos siquiera sabían de guerra, hambre o el terror de vivir.

Harry a sus dieciséis años se sentía como alguien de cien en algunos momentos de su vida, era esa razón por la cual Hermione, Sirius y Dumbledore habían sido tan insistentes en que debía irse a «vivir» un poco, pero a veces se sentía como si él estuviera jugando a ser adolescentes, no se sentía como uno.

—No comprendo por qué nos llamaron, se supone que es una decisión ya tomada —admitía Nene Kinokuni, una chica con gafas y cabellos en tonos verdosos.

—Es más para explicar el por qué el cambio a Potter-denka —clarificó Azami mientras señalaba a Harry quien bebía tranquilamente de su té.

—¿Denka? —preguntó sorprendido Soumei Saitou, un alumno de segundo año con un corte de cabello estilo mohawk y una amplia cicatriz que cruzaba su rostro a la altura de su nariz. Harry se sorprendió ante la diversidad que existía en la academia; y el cómo cada estudiante aportaba algo distinto al mundo culinario. El británico no se creía el mejor chef del mundo, sabía muy bien que tenía sus fortalezas y debilidades, pero sí sabía que su magia hacía su comida personificar una intención.

Muggles, aunque sin magia, tenían intenciones tras sus platos, sean estos amables, cariñosos, odiosos o depresivos según el momento en que estuvieran cocinando. Había veces en que Harry disfrutaba enormemente de una cocina amateur, donde algunos chefs ponían un poco más de sal al plato o no sabían combinar bien las especias, pero su intención de cariño tras el plato era algo que hacía el núcleo mágico de Harry vibrar de felicidad. Ese era el secreto de su cocina y Dumbledore siempre le dijo que él era un mago con una sensibilidad mágica sin igual.

—Azami-san mencionó que ustedes votaron para destituir al director aquí presente. La verdad, me encuentro un poco escéptico con toda esta metodología, aparte de que solo firmaron un simple papel que decía que solo aceptaban a Azami Nakiri-san como el próximo director, quien amablemente me explicó el por qué y cómo planea llevar a cabo esta «nueva» era.

—Entonces, ¿cuál es el problema? —cortó Eizan hastiado de toda la verborrea.

—¿Por qué? —fue la pregunta del de ojos esmeraldas mientras miraba a cada uno de los integrantes del consejo —, ¿por qué firmaron? Estoy muy seguro que todos los involucrados y directores del área administrativa de esta academia estarían más que felices de escuchar sus razones.

—No tenemos por qué hacerlo —espetó molesto Eizan nuevamente —, no es asunto su...

—Creo que —interrumpió cortante Harry, su aura de tranquilidad se disolvió y sus ojos adquirieron un brillo intenso que paralizó sin problemas a el resto de la mesa, tal nivel de concentración, seguridad y amenaza en solo una mirada dejó sin habla a más de uno. Harry era, ante todo, un mago, un guerrero y un sobreviviente y no había llegado a estas instancias dejándose pasar a llevar —, alguien no comprende su posición en esta mesa.

—Eizan-kun, agradeceré que controles tu impetuosa personalidad, después de todo no creo que haya que repetir que Potter-denka no está aquí jugando.

Pese a que Tootsuki era una escuela de renombre internacional y muy poco podía dañarla, Harry era la personificación de todo lo que una academia temía, después de todo, Tootsuki igual tenía que responder ante el Ministerio de Educación japonés, tenía que responder ante organismos jurídicos, tenía que honrar la larga tradición japonesa y no había nada más terrible que una escuela que deshonraba a la familia imperial.

Honor ante todo.

—Bueno, yo voté por que se fuera ya que estaba aburrida —dijo como si nada Kobayashi, una alumna de tercer año, ojos color miel y una actitud depredadora.

—Uhmm… ¿y usted, Akanegakubo-san? —preguntó Harry siguiendo con la siguiente persona a la derecha.

—Mhm... —Harry la vio mover los labios, pero no escuchó nada. Suspiró nuevamente y volvió a preguntar:

—¿Por qué? Si es incapaz de emitir sus motivos su firma es tan inservible como el tono de su voz —Harry Potter era, ante todo, un defensor de la voz. Si encontraba que alguien era incapaz de emitir un descontento, por muy tímido que fuera, era porque no era lo suficientemente responsable para hacerse caso de sus propias palabras y deseos. Él lo sabía muy bien cuando Neville, pese a ser tímido y dudoso de su propia existencia, fue capaz de pararse enfrente de mortífagos y honrar su voz, su deseo, su derecho de vivir y hablar.

La timidez no es el equivalente a la cobardía.

—Mhm... porque... no me gustan las clases de repostería, son anticuadas y el profesor se demora mucho en llegar a lo que quiero saber.

Esa era una mejor razón, pero no tan sólida como él esperaba. Uno por uno fueron explicando sus razones, mas todas eran completamente diferentes las unas de las otras, lo que Harry sí pudo conceder era el creciente descontento entre los estudiantes con la actual administración que no veía que había alumnos más prolíficos que otros, que ellos sentían que se estaban quedando atrás o que no había los suficientes recursos para explorar todo lo que querían hacer. Era extraño si consideraba que cada uno tenía un presupuesto de millones y cocinas personales para trabajar hasta que sus corazones no dieran más.

—Esto fue completamente anticlimático —admitió Harry al finalizar la exposición de cada uno de los integrantes del consejo.

—¿A qué se refiere? —interrumpió por primera vez Senzeamon.

—El sistema académico que ustedes poseen es bastante deficiente. Creo que se olvidan de lo básico pese a que son una escuela. Ustedes están aquí para educar a futuros profesionales, para orientarlos y dirigirlos en un camino que los lleve al éxito y, en alguna parte de su proyecto educativo, pensaron que lo mejor era darles total independencia de los mismos profesores, profesores que pueden ser menos habilidosos que ellos, pero que saben más porque vivieron más, saben lo que hay detrás de este amplio terreno donde construyeron esta academia.

» Me parece insólito que los miembros del consejo tengan la autoridad para sacar al director. ¡Es absurdo! En ninguna escuela eso debería ser posible, les da un poder que no les corresponde y les enseña algo que es absolutamente horroroso: que ellos tienen más poder, lo cual es erróneo. Cada una de las personas en esta mesa tiene a una persona por sobre su cabeza de la cual dependen, una persona a la cual tienen que responder y dicha persona los guía en el camino adecuado.

» ¿Qué cambian al director porque están aburridos? ¿Por qué el profesor no los escucha? ¿Por qué quieren más dinero? Todas razones superficiales y completamente egoístas, dignas de adolescentes que no saben qué es lo que los espera en el mundo real. De todos ustedes solo uno me dijo realmente algo que tiene que ver con lo que Azami-san quiere lograr. Si hay algo que tengo que concordar con él es que efectivamente la Academia Culinaria de Tootsuki debe cambiar ahora, está en un estado completamente crítico —dijo enfáticamente el menor —, mas este no es ni la forma y la manera de hacerlo.

» Ustedes, como consejo, deben pensar más allá de sus propios deseos y considerar las consecuencias de sus actos. De ser esto una guerra todos estaríamos muertos. Si quieren cambiar, pregunten entre sus mismos pares, aquellos que ustedes miran en menos, qué es lo que hace falta... Si me preguntan mi opinión —y Harry sabía perfectamente que nadie la quería saber, pero la seguirían de todas maneras —, encuentro bastante absurdo que alumnos puedan llegar a estas instancias y anularía las firmas y esta situación. No obstante, estoy de acuerdo con un cambio. Un director que ha estado en el puesto por los últimos cuarenta años ya debe jubilarse y dar paso a nuevas ideas y dirección, sino todo se vuelve confuso. Estoy bastante seguro que los miembros del directorio administrativo están de acuerdo con esa solución. ¿Por qué no hacen un concurso para nombrar al siguiente director de esa noble academia? Uno que haya probado lo que el mundo ofrece y esté dispuesto a iniciar una nueva etapa en Tootsuki, estoy más que seguro que antiguos alumnos de esta prestigiosa academia estarán más que felices de tener una oportunidad o incluso otras personas que tomen otra perspectiva en el asunto. De esa manera si Azami-san logra ganar, estoy seguro que lo hará de la manera adecuada y sin la presión de toda una sociedad ante estos métodos tan... dudosos.

Harry no dijo mucho más, había hablado por minutos sin que nadie lo interrumpiera y tras segundos de silencio se excusó y salió del restaurante con un tembloroso Hisanao quien susurraba disculpas y le pedía que le permitiera dejarlo en su dormitorio en uno de los vehículos de los Nakiri, lo cual aceptó sin miramientos mientras trataba de tranquilizarse ante la idiotez que acababa de pasar y lo que había hecho, la noche era extenuante y para nada fácil, Harry detestaba tener que jugar a ser una persona políticamente correcta, detestaba hablar entre líneas, ser la mejor persona, aunque la realidad era que nunca pudo ser lo contrario y sabía que nunca podría, la manera en que fue criado, la manera en que los factores externos lo educaron a lo largo de su vida le habían enseñado de una manera muy cruel que tras cada mala intención hay una buena idea, por mucho que le doliera a Senzaemon dejar la dirección de la academia era algo que los alumnos y profesores necesitaban, no existía avance si se quedaban estancado con la misma idea inicial. Harry lo había visto en las clases, en la manera de desarrollarse entre los alumnos y la forma en que los miembros del consejo despreciaban a todos aquellos inferiores a ellos, esa no era la forma de educar.

El menor no quiso pensar qué hubiera sucedido si él no hubiese estado presente, de haberse negado a la idea de Sirius y haberse quedado en Gran Bretaña para solucionar problemas que no eran suyos, tal y como lo estaba haciendo ahora.

—Oh por Dios —murmuró Hisanao a la derecha del menor y Harry dirigió su mirada a sus dormitorios, donde la limosina imperial estaba estacionada.

—Bueno, eso fue rápido —murmuró para sí mismo antes de suspirar. Harry detestaba ser un personaje público, pero a la vez sabía que no podría hacer la mitad de las cosas que quería de no serlo.

—¿Potter-denka?

—No se moleste, Hisanao-san —respondió con toda la amabilidad que podía manifestar —, iré a ver qué necesitan.

Hisanao, sin poder decir mucho, vio a Harry bajar del auto con una actitud casi real, cerró la puerta del vehículo con cuidado y caminó como si el interior del dormitorio estrella polar no tuviera a una de las personas más importantes de Japón.

—Oh, ¡Hari-kun! No me dijiste que teníamos que esperar la visita de la realeza hoy, nos tomó por sorpresa —era la ligera reprimenda de Satoshi quien, como nunca, estaba completamente vestido.

—Lo siento, Satoshi, fue un evento inesperado. Espero que puedan perdonar los inconvenientes que esto pueda haber ocasionado —Harry lo odiaba, la formalidad, la pretensión de ser alguien quien no era.

—No te preocupes. Ahora que llegaste, estoy seguro que querrán tener privacidad. Me encargaré que los estudiantes de la residencia no intervengan. Con su permiso, Heika, Denka.

Y ahí estaba la segunda recriminación de Satoshi quien evidentemente estaba molesto por su silencio.

—Harry-kun —y ante Harry Potter no solo estaba el príncipe de Japón, sino que también estaba el primer ministro mágico de Japón.

—Haruhito-sama*, Tamaki-san, buenas noches. Si no es mucha molestia, me gustaría saber por qué están aquí a estas horas de la noche —Harry no tenía tiempo para perderlo, estaba cansado y también estaba más que seguro que a las afueras del comedor, sus amigos y compañeros ya estarían tratando de descifrar toda esta situación.

—Tan directo como siempre, Potter-denka —suspiró suavemente el primer ministro.

—Refrescante —rio suavemente el príncipe —. Bueno, mi padre estaba bastante preocupado cuando se enteró por su guardia que hoy hubo una especie de pelea y estabas tú entre los involucrados, el primer ministro acordó que lo mejor era venir a ver qué sucedía.

—¿Y no podía venir solamente él? —preguntó el menor mientras se sentaba frente a sus «invitados».

—Sabes muy bien que así no es como funciona nuestra sociedad, Harry-kun. Si no mostramos nuestro apoyo directo, esto puede terminar muy mal.

—Por mi parte es más prevención que otra cosa, Potter-denka. Solo quería asegurarme que no hay nada mágico relacionado y conociendo su currículum en este tipo de situaciones, lo mejor es asegurarse de que todo marche bien —el tono de voz del primer ministro era neutro y sin recriminaciones, así que Harry suspiró un poco más relajado y respondió sin tapujos:

—No es nada tan importante, Tamaki-san. Ustedes saben que para mí la injusticia y el abuso son algo que no tolero así que tuve que disuadir para que esto no evolucionara en algo completamente caótico. Es solo una escuela, así que no hay mayores problemas en ese aspecto —dijo al primer ministro haciendo sutil referencia a la magia —. Por otra parte, estoy un poco descontento con esta situación, espero que se pueda solucionar sin mayores inconvenientes.

—De ser así, avisaré a que no es algo grave, solo un problema escolar normal —dijo sin mayores problemas el primer ministro.

—Por nuestra parte —agregaba Haruhito suspirando — no es tan sencillo. El motivo por el cual estoy aquí es para ver que todo esto «se solucione» con los mejores intereses entre las relaciones de Japón e Inglaterra. No tendré ni voz ni voto, pero mi presencia servirá como disuasorio para tácticas poco honestas. Mi asistente se está poniendo en contacto ahora con las autoridades de esta academia, la casa imperial de Japón lamenta profundamente esta situación, Harry-kun.

Para Harry no había cosa más terrible que su fama, sobre todo ver cómo el príncipe y el primer ministro de Japón le daban una profunda reverencia, su garganta se cerró, sus ojos ardieron y la desazón creció porque él sabía perfectamente el por qué lo habían hecho, Harry los había salvado a todos del terror. Voldemort, sin que Dumbledore lo supiera, había estado aterrorizando distintos países y su legado se expandió en distintas zonas con distintos propósitos y él, como nunca, había sido quien lo había asesinado. Sus manos estaban manchadas incluso si se veían limpias y, de igual manera, el agradecimiento que brillaba en los ojos de las personas nunca se iría, sería eterno.

—... Gracias por su comprensión —fue todo lo que pudo decir, lo que hizo sonreír al príncipe muggle. Haruhito tenía con suerte 32 años, ya un adulto en estándares muggles, pero joven si considerabas que un mago podía cuadruplicar esa edad. Ambos, Harry y Haruhito, tenían una relación cordial y sencilla, el británico era de esas personas que sencillamente no podían soportar la injusticia y no quería tratos preferenciales; Haruhito sencillamente estaba sorprendido por su forma de ser y sus logros.

—Nos veremos mañana, Harry-kun.

—Buenas noches, Potter-denka.

Harry suspiró, ahora solo quedaba enfrentar a sus amigos.

No era esto lo que Harry esperaba cuando por fin tuvo las agallas de salir del comedor, de hecho, era un poco incómodo y lo sorprendió bastante.

—Hari-kun es Hari-kun... Aunque no sé si ahora tengo que llamarte Hari-kun o Hari-denka o denka o... —Megumi siguió farfullando palabras, palabras que fueron acalladas por Ryoko y Yuki mientras que Shoji y Daigo se reían sorprendidos al saber que tenían a alguien tan importante entre sus conocidos.

Era normal, un poco incómodo, pero cuando Harry vio a Satoshi, este solamente sonrió.

—Como dice Tadokoro-chan, Hari-kun es Hari-kun, ¿no es así? —si sus ojos ardieron un poco más y sus mejillas se pusieron un poco más rosas, nadie dijo nada. Ya era tarde y solo quedaba dormir, mas la noche para el inglés aún no terminaba, sobre todo porque Souma se encontraba de pie en la puerta de su dormitorio.

—¿Caminamos? —la actitud del pelirrojo dejaba entrever que no estaba tan contento con este desarrollo y Harry sabía muy bien por qué.

Ambos se dirigieron al amplio balcón que tenía su residencia, la noche los ocultaba de ojos ajenos; sin embargo, eso no evitaba que la situación fuera un poco incómoda y algo extraña. Pocas veces Harry había tenido que explicarse ante otra persona, generalmente sus amigos aceptaban sus decisiones o ya sabían el por qué las hacía, pero ahora, Souma no sabía nada de él, nada de su vida en general, él solo conocía este Harry, uno despreocupado, travieso y algo raro.

A Harry le gustaba más esta versión de Harry que el otro, ese que había aparecido hace unas horas atrás en un salón repleto de gente que quería algo de él por el simple hecho de existir.

—¿Por qué no me dijiste? No hubiera cambiado nada, ¿sabes? —Harry nunca había visto a Souma así, su voz perdió todo tipo de actitud infantil, su postura recta, ojos agudos y voz sin titubear, ahora Harry podía apreciar la escasa diferencia en altura que ambos tenían. Souma a la luz de la luna y así parecía un hombre que sabía lo que quería y no temía encontrarlo, era esos vistazos que Harry veía de vez en cuando al cocinar o al jugar, una actitud que bordaba lo temerario.

—Fue por eso —respondió sin miramientos —... porque aunque sea un poco las cosas van a cambiar, Souma. Puede que los que me rodean no quieran hacerlo, pero sus actitudes cambiaran un poco y tendré que acostumbrarme. ¿Es difícil de entender? ¿El no querer esto? Antes de serlo, antes de todo esto yo era solo Harry, pero ahora... Ahora todo es distinto, más complicado, más agotador.

—¿A qué te refieres con eso? Lo que me molesta —dijo alzando un poco la voz — es que no me hayas dicho la verdad.

—La verdad —murmuró Harry — también es subjetiva. Souma, yo no crecí sabiendo que era un Lord o denka, como le dicen aquí. Yo crecí siendo Harry, solo Harry y luego, luego vino todo esto: las responsabilidades, el desdén, las apariencias, la política, los favores... Merlín, los favores —suspiró agotado de todo eso, de las palabras, de las plegarias, de todo...

Tú puedes hacerlo, ¿no es así? Eres Harry Potter, después de todo.

¡Lo tienes todo fácil, Potter!

¡Harry Potter, una foto!

¿Qué opinas de la nueva ley de varitas?

¿Debemos cambiar el currículum de Defensa?

¿Nos ayudarías con este problema? Hay un mago oscuro en...

Gracias por salvarnos, señor Potter.

Gracias, gracias...

Y la carga crecía por segundos, incontrolable y pesada y Harry Potter solo tenía quince años. Luego vino Hermione y Sirius con una alocada idea, todo para poder verlo reír nuevamente y luego... luego Harry volvió a ser simplemente Harry.

El largo suspiro de Souma lo sacó de sus pensamientos, ¿por qué? ¿Por qué se sentía así ahora? Era raro, era nuevo, era aterrador y exhilarante vivir todo esto, algo que no había vivido ni sentido antes. ¿Qué era?

—Entonces eso es todo —y luego Souma le sonrió y Harry estuvo seguro que algo pasó allí en ese momento porque lo único que pudo escuchar fue el latido de su corazón. Su mirada no se desvió del rostro del menor, tenía una sonrisa honesta y brillante en un rostro juvenil, ojos dorados que entregaban entendimiento y cabellos rojizos que bailaban con la suave brisa de la noche.

Oh —Harry pensó para sus adentros mientras todo en él se descoordinó por unos segundos. Le costó exhalar, su boca tenía más saliva que antes y su pecho estaba apretado, era todo ajeno a él —... Oh —volvía a resonar en su cabeza cuando Souma sencillamente era él, brillante y decidido.

Él tenía un año menos que Harry, él había vivido ante todo una buena vida, él era alguien despreocupado, él era muggle, pero incluso así, casi como si fuera una burla del destino, el corazón de Harry cedió.

Muchos decían que era imposible saber cuándo los sentimientos comenzaban a evolucionar, que un día en algún momento sencillamente todo hacía click y allí estaba: inamovible, incompresible, imperecedero. Las mejillas del joven mago brillaron carmesí y se rio ante la situación.

—¿De qué te ríes? —preguntó en un ambiente más ligero el menor quien le seguía sonriendo.

—De las vueltas de la vida. ¿De qué más?

—Algún día —murmuró más serio el menor —, algún día lo sabré todo y no tendrás que ocultar nada, Hari —y luego vino el silencio, un silencio que hablaba todo lo que Harry no podía, porque su estómago daba volteretas en su cuerpo, porque sus pulmones no estaban respirando bien, porque sus ojos ardían, sus manos apretaban la baranda del balcón y el constante calor que emitía el cuerpo del menor lo hacía todo mejor y peor a la vez.

—Sí... —fue todo lo que dijo el mayor.

—Eres un cobarde —le recriminaba Hermione por la chimenea cuando le contó lo que sucedió hace un par de noches atrás.

—¡Hermione! —chilló Ron —, tú no sabes nada —le recriminó sin miramientos —. Tú no sabes lo que se siente. Harry, tómate tu tiempo —fue el simple consejo que le dio Ron.

—Si Harry se toma su tiempo será todo como con Cho. ¡Estuvo prendido de ella un año Ron! Ni siquiera entabló una buena conversación, era incómodo.

—¡Ella estaba con Diggory!

—Ella se cansó de esperarlo, Harry nunca hizo su movida.

—¡Pero de qué movida hablas!

—¡Arsh!

Ambos estuvieron peleando en la chimenea y Harry simplemente los miró mientras lo hacían sonriendo y disfrutando este momento, extrañaba esta normalidad.

—... ¡Harry! —llamaba Hermione con ojos preocupados —, ¿estás bien? —preguntó preocupada la bruja.

—Sí… Yo —se sonrojó un poco incómodo por esta situación. Sabía que Hermione tenía la razón, pero la situación no era la más adecuada, sobre todo con Nakiri quien se encontraba escondida en el dormitorio mientras su padre se quedaba en la mansión ajustando los detalles para la competencia —… ¿Es raro que no quiera hacer nada? Digo… sé que tienes razón, Hermione, pero... no sé, quiero disfrutar estar así, nunca antes… ya sabes —no era la conversación más articulada de todas, pero a través del fuego, Harry pudo apreciar el brillo en los ojos marrones de su amiga.

—¿Saber qué? —dijo perdido Ron.

—... Si así es como te sientes, Harry, entonces no tenemos nada más que decir. Sabes muy bien que te apoyaremos en todo lo que decidas y hagas.

—No sé cómo llegamos a esto, pero Hermione tiene razón, Harry. Estamos contigo —dijo sonriente Ron.

—Chicos, ustedes... son realmente los mejores —dijo en un susurro, Harry miró a Hermione a través del fuego con una suave sonrisa.

—Oh, Harry —chistó sin querer la mayor de los tres —, no sabes cuán feliz estamos. No sé si lo recuerdas, pero cuando estabas aquí con suerte reías, Harry, siempre tan tenso e introvertido, pero ahora…

—¡¿Por qué me hacen llorar?! —de la nada, Ron sollozó sin control —, no sé por qué —Harry y Hermione sonrieron cómplices y se burlaron del de cabellos rojos. Ron muchas veces no sabía qué estaba pasando ni cuándo, pero era sensible a las emociones de los demás y muchas veces terminaba enojado o triste por culpa de otros. Era algo que tenía que ver con ser el menor de cinco hombres.

La conversación siguió sin mayores inconvenientes y cuando Harry salió de su dormitorio un sábado, no tenía dudas de qué hacer, no tenía la presión de tomar acción sobre sus recién descubiertos sentimientos, Harry ahora podía sencillamente sentarse y observar cómo las cosas sucedían y recordó la curiosa pregunta que Hermione le hizo con grandes y confusos ojos:

¿No te molesta? ¿No formar parte de esto? —fue una sencilla pregunta, una que también sorprendió a Harry porque la batalla culinaria agendada para la próxima semana definiría al futuro director de Tootsuki, los jueves eran de organismos internacionales, los participantes —la mayoría— eran sus amigos y él había decidido solo ser una entidad observante junto a Haruhito.

—… Es difícil de decir. Tengo la necesidad de dejar que las cosas pasen por sí mismas, no es mi pelea a luchar —respondió de forma honesta —, pero eso no quiere decir que no pueda ayudar o intervenir de vez en cuando... Es solo que, son ellos los que tienen que aprender a crecer, no yo. ¿Eso tiene sentido?

Tiene todo el sentido del mundo, Harry.

Y ahora se encontraba organizando la batalla, los directores de la academia tenían que seleccionar los currículums más prominentes para la batalla culinaria y era obvio que Azami Nakiri se encontraba en la lista, sería una batalla con ocho chefs profesionales, por lo cual Harry esperaba una gran competencia por el codiciado puesto de director de Tootsuki.

—¿Eh? —este nuevo desarrollo lo tenía completamente sorprendido. Harry sabía que se había demorado un montón hablando por flú, pero nunca pensó que en tan pocas horas podía suceder algo tan impredecible como lo que estaba viendo —, ¿por qué está Nakiri-san aquí? —dijo dudoso mientras la miraba marchar por las escaleras al baño. Fumio le había preparado un baño y sus compañeros de cuarto pronto comenzaron a quejarse de su presencia por las posibles consecuencias de su estadía. Souma estaba simplemente mirando a todos hablar los unos sobre los otros y pronto Arato no tuvo otra opción más que explicar la verdad.

Azami estaba quedándose en la residencia de los Nakiri en Tootsuki dado que Senzaemon fue «jubilado» y su presencia podía considerarse como un invitado más sin poder exigir que Azami ocupara otra residencia.

—¿Qué opinas tú? —fue la pregunta que sorprendió a Harry cuando Souma se acercó silenciosamente por su derecha. El mayor parpadeó confuso por unos segundos y luego tarareó mientras trataba de buscar las palabras adecuadas.

—Es complicado —aceptaba Harry sin miramientos —, pero Nakiri-san ya está en la edad en la cual ella puede decidir, no es como si no pudiera escoger irse con su abuelo —admitía Harry y era eso lo que pensaba para sus adentros. Sin embargo, Nakiri tenía un increíble trauma infantil difícil de sobrepasar —. Creo que hay que ayudarla, porque no todos tienen fortaleza interior, pero la última palabra la tiene ella. ¿Y tú? —preguntó Harry para saber qué haría Souma en su lugar.

—Mhm… No es mi problema —admitió en un suspiro mientras cerraba sus ojos y desordenaba su cabello —, yo solo dejo que la cocina hable y su cocina...

Harry no tenía que preguntarle nada más, Souma era un hombre de pensamientos directos y honestos y si bien ambos tenían opiniones un poco distintas, el objetivo final era el mismo. Quizás Souma estaría más propenso a ayudar por una petición directa, Harry lo sabía.

—Mhm... Por ahora no hay mucho qué hacer —susurró mientras miraba cómo sus compañeros de dormitorio sollozaban ante la presencia de Nakiri y trataban de animarla. Era sorprendente cómo la naturaleza del ser humano era ayudar, aunque no lo pidieran, pero también tenían una forma bastante inocente de acercarse a la situación, sobre todo cuando comenzaron a darle platillos para que opinara de ellos incluso cuando sabían que ella había sufrido a través de la degustación.

Por otra parte, cuando la vio sorprenderse ante la actitud despreocupada de los habitantes de la residencia, Harry pensó que tal vez era justo eso lo que necesitaba, lo mismo que él quería: normalidad y sencillez, nada más ni nada menos.

—Yukihira, es tu turno de hacer algo especial.

—¡Mah! Creo que es mi turno.

—No comeré nada que tu hagas.

—¡Ja ja! No cambias, Nakiri.

Harry sonrió de más atrás sin importarle la algarabía, mas pestañeó sorprendido y descolocado cuando la rubia se sonrojó al ver a Souma prepararse para cocinar con su típico floreo de su delantal y la pañoleta en su frente. El inglés no pudo evitar fruncir el ceño.

—¡Hari! ¿Qué estás esperando? Ven a ayudarme —gritó el menor desde la cocina y el británico suspiró un poco agitado. Por ahora, Harry no haría nada más que vivir el día a día. Ya después pensaría en lo que acababa de ver.

Los días que siguieron fueron un caos total. Azami buscaba por cada agujero posible hacerse del puesto de director de Tootsuki sin tener que pelear por él, mas las solicitudes de distintos chefs reconocidos no dejaban de llegar y lo único que hacía Azami era retrasar lo inevitable. Por otra parte, la situación con la actual élite de Tootsuki no estaba mucho mejor, sobre todo cuando se enteraron que, por resolución de la nueva directiva de la academia, todos los actuales miembros del consejo tendrían que ratificar su posición si querían seguir siendo miembros.

Hasta hace pocos días, Eizan había lanzado una pataleta que terminó con parte del inmobiliario roto, mas la decisión estaba tomada y todos los interesados en ser parte del consejo tenían que mandar una carta formal con su currículum académico entre otros factores, posteriormente se haría la selección.

—¡No puedo creer que todo sea por ese extranjero! —espetó enojado Etsuya Eizan.

—No es mucho problema si realmente quieres mantener el puesto —respondió Nene sin alzar la voz —. Solo tienes que cocinar.

—Uno tiene que seguir el camino que tomó y enfrentar la situación como corresponde —Somei Saitou agregaba su opinión sin siquiera abrir los ojos. Rindo solo se rio ante todo el desmán, mas Tsukasa, en una esquina, fruncía el ceño un poco descontento con toda la situación.

—No puedo creer que alguien quien no destaca por nada haya forzado a esta academia a un rincón —fue lo que dijo Rindo mirando a Tsukasa quien solo frunció levemente el ceño nuevamente —. ¿Qué vas a hacer? —los actuales miembros del consejo miraron al actual primer asiento quien suspiró por un momento para luego perder cualquier señal de incomodidad.

—... Ya veré —fue todo lo que dijo, lo que ocasionó otra tanda de carcajadas por parte de Rindo.

No fue sino hasta la tarde que los miembros del consejo se dieron cuenta de qué era lo que había sucedido esa misma mañana porque ahora mismo, ellos y muchos estudiantes se encontraban mirando una escena que nunca en su vida esperaron ver.

—No puedo considerar la opinión de alguien cuando se niega a competir y demostrar sus habilidades culinarias —fue lo que dijo Tsukasa cuando Harry se negó al shokugeki propuesto por el rubio platinado. El inglés miró al mayor fijamente nunca quitando la mirada, sus ojos eran de un color tan claro que parecían blancos, Tsukasa obviamente tenía un gen albino, pensó el joven mago.

—Nunca pensé que vería a Eishi-kun pedir un shokugeki —Harry hizo caso omiso de la suave conversación que ocurría a sus espaldas y siguió mirando al mayor quien tampoco lo perdía de vista, sus ojos ni siquiera repararon en la multitud que estaban formando y Harry podía ver que nervioso no estaba ante tantas miradas. El británico podía comprender por qué el contrario estaba tan empecinado en batallar, mas Harry no podía sencillamente aceptar, estaba en su naturaleza luchar por algo que él creía era verdad, no por ego ni la necesidad de probarse a sí mismo u a otros.

—Y la respuesta sigue siendo no, Tsukasa-kun. No cocino por aceptación, fama, ego o algo en específico. Cocino porque me hace feliz y hace felices a las personas que prueban mi comida. Si no quieres considerar mi opinión, no lo hagas; ahora que otras personas sí lo hagan y eso te moleste —continuó con una sonrisa claramente arrogante ante la última parte, dado que eso era lo que molestaba al mayor —, bueno... en eso no te puedo ayudar. ¿O sí? —Harry debía ser honesto consigo mismo al saber que no era necesario decir lo último, pero la actitud soberbia que tenía el mayor le molestaba justo donde más le incomodaba, esa «sapiencia» que creía tener solo por cocinar mejor y desmereciendo las opiniones de los que no estuvieran a su altura.

—Mhmm —de la nada, Souma apareció en el pasillo de la academia —, he de decir que estoy curioso en saber el resultado de este shokugeki —el pelirrojo no tenía ningún miramiento en meterse donde no le llamaban, una actitud que a Harry le gustaba y detestaba porque era gracioso cuando él era el espectador, mas no ahora era el protagonista.

—Oh, yo también, yo también —la voz de Satoshi rompió a través de las masas —, nunca he visto tu verdadero estilo, Hari-kun. Dale una oportunidad, anda, anda.

—Ustedes... —chistó entre dientes Harry.

—¡Nosotros te apoyaremos, Hari-kun! Haremos una pancarta y todo —gritó desde el otro extremo Yuki ganando los gritos excitados de Daigo y Shogi.

—¡Nosotros también queremos ver! —dijo otra voz entre la multitud y pronto los estudiantes del pasillo le pedían a Harry que aceptara el shokugeki de Tsukasa quien frunció el ceño, mas no estaba descontento con cómo estaba consiguiendo sus objetivos.

—Sabes que las normas requieren que perdamos o ganemos algo, ¿cierto? —preguntó más para clarificar y tratar de disuadir al mayor que otra cosa, después de todo Harry podía perfectamente pedir por el puesto número uno del consejo, pero él no tenía nada equivalente para dar.

—El perdedor es el asistente del ganador por un mes.

—Está bien —Harry podía sacarle provecho a algo en lo bueno y en lo malo si él llegase a perder.

—¡Sí!

—¡Go, go, Hari-kun!

—¡Que sea en dos días!

—¿Por qué no hacemos esto más interesante? —preguntó Harry con una sonrisa —, solo necesitamos tres jueces, ¿cierto?

—Mhm... Entiendo —dijo Tsukasa bajito y luego asintió claramente quitándole la importancia a este nuevo desafío.

—¡Yo! ¡Yo quiero! Hombre, no pruebo algo de Tsukasa-senpai desde el banquete y Hari no ha cocinado en meses —interrumpió Souma cuando comprendió lo que Harry quería hacer.

—Si Yukihira-kun puede ser juez, me ofrezco voluntariamente.

—¡Isshiki-senpai, eso es trampa!

—No es trampa, como miembro del consejo tengo la facultad para serlo.

—Mou, eso es trampa.

—Bueno, Tsukasa-kun puede ofrecer el tercer juez —cortó Harry antes de que una tercera persona se ofreciera.

—Kobayashi estará feliz de serlo —dijo restándole importancia al asunto y Harry solo sonrió.

Y fue así como dos días después y con un «contrato» firmado, Harry y Tsukasa se encontraban en la arena para una batalla culinaria, podían presentar su especialidad sin problemas y tenían dos horas para completar el plato. Solo tres jueces y los estudiantes de la academia estaban en completo caos porque por primera vez los jueces todos eran estudiantes de la academia.

—Hombre, esto sí que es divertido —opinaba Kobayashi mientras pataleaba con sus piernas en el asiento.

—Estoy de acuerdo, nunca había estado tan intrigado —Satoshi dijo desde el centro de la mesa.

—Oh, espero que Hari haga algo delicioso, estoy hambriento, no he comido todo el día esperando esta hora.

—¡Yo también! —dijo excitada Kobayashi entre la risa y la hilaridad.

Pronto, la arena cayó en un silencio total cuando Tsukasa comenzó a cocinar completamente concentrado y Harry hizo lo suyo. Ambos abstraídos totalmente en sus platos, ambos elegantes en todos sus movimientos, ambos completamente silenciosos mientras preparaban atentamente sus ingredientes.

—Casi siento como si no debería estar aquí —murmuró Kobayashi a Satoshi.

—Hombre, Hari sí que cocina como si volara —fue el murmullo de Souma en la otra punta. Satoshi se rio suavemente, sorprendiendo a Kobayashi quien dejó de mirar a Tsukasa y miró al británico. El único sonido que ella podía escuchar era el de la olla hervir si se concentraba mucho, pero la verdad era casi ver al menor volar, los elementos casi parecían saltar en su mano sin ruido alguno, sus ojos esmeraldas tras sus gafas brillaban de una manera sorprendente y pese a que ella podía intentar adivinar qué era lo que iba a cocinar, Harry exudaba misterio. ¿Haría un postre o no? ¿Sería cocina inglesa o algo más japonés? ¿Fritura o horneado? Dudaba de todo.

—Es como verlos pelear —murmuro Satoshi mirando la escena que se desenvolvía a sus ojos. Precisión, concentración, elegancia y fineza, todo lo necesario para crear un plato del otro mundo.

Soupe à l'oignon —murmuro Kobayashi una vez que pudo reconocer los ingredientes y pasos del británico —. Va a hacer una sopa, pero Tsukasa…

Coq au vin —respondió Satoshi sin siquiera dudar qué era lo que haría el mayor —, ninguno está cediendo un paso, ambos platos son parte importante y primordial de la cocina francesa.

Pronto, fragancias y el suave sonido de la cocina no se hizo esperar, el olor a cebollas, vino, queso y especias tenía a los jueces esperando ansiosos el punto culmine de todo este shokugeki. Muy por el contrario de otras batallas, ni Harry ni Tsukasa hablaron en el transcurso del evento, ambos completamente embelesados en lo que hacían, Harry con una serena sonrisa mientras cocinaba y Tsukasa con una concentración envidiable.

—Realmente su cocina es hermosa —dijo Kobayashi mirando a Harry —, casi no puedes alejar la vista.

—Es una verdadera batalla. Tsukasa-senpai, por otra parte, maravilla con sus movimientos y elegancia. Es difícil apartar la mirada de ambos.

—Ahora solo nos queda esperar.

Fueron los minutos más largos para saber el resultado final, no solo los alumnos de Tootsuki y diversas personalidades se acercaron a la arena para ver el final de la batalla, sino que los mismos jueces esperaban ya sin paciencia por los platos en la larga mesa. Sin siquiera organizarlo, ambos chefs terminaron al mismo tiempo su emplatado y caminaron con completa parsimonia a la mesa, sirviendo desde puntas opuestas hasta llegar a Satoshi quien les sonrió a ambos.

—Bueno, esto se ve prometedor —fue todo lo que dijo el de ojos color zafiro.

—¡Buen provecho! —a la derecha de Isshiki, Kobayashi admiraba ambos platos dudosa de cuál comer primero.

—¿Les parece que partamos por el de Tsukasa-senpai? Después de todo él es quien pidió esta pelea.

—Está bien —corearon Souma y Rindo.

Admiraron la presentación del plato, el color borgoña del caldo como resultado de la cocción del vino y el gallo y cada mínimo detalle que podían encontrar, de un momento a otro tomaron la cuchara para degustar.

Los gemidos de placer de los jueces no se hicieron esperar y pronto los tres se encontraban desmenuzando la receta, Tsukasa respondería una que otra pregunta, pero el plato estaba cocinado a la perfección. Ahora solo quedaba Harry, Harry y su sopa que olía maravillosa y cada vez que Satoshi, Rindo o Souma la miraban de reojo adquiría una nueva atracción para ellos.

—La belleza está en el ojo del observador —respondió Harry cuando Rindo preguntó por la habilidad demostrada en su cocina y ahora en el plato.

—David Hume —respondió Satoshi con una sonrisa —. Nunca dejas de sorprenderme.

Como siempre, los tres jueces tomaron la cuchara para nuevamente degustar el plato al mismo tiempo y luego, luego solo hubo silencio.

—¿Por qué no dicen nada? —murmuraban los espectadores.

—¿Les gustó o no les gustó?

—Mou, ni siquiera han comido otra vez.

—¿Sabrá tan asqueroso?

—No creo, ¿por qué entonces se ven así?

—¡No lo sé, solo estoy tratando de adivinar!

Harry solo sonrió. A su izquierda, Tsukasa miró todo confundido.

—Es fácil —murmuró Harry mirando el plato que había preparado y al mayor con una sonrisa culpable —, preparar un plato que habla bien de todo, preparar un plato que guste, es fácil, Tsukasa-kun —admitió Harry sin pensar por un segundo que sonaba arrogante, porque lamentablemente lo era, cocinar era fácil, hacer algo que tuviera buen gusto era fácil, hacer coordinar todos los sabores era fácil.

—¿Qué quieres decir con eso? —nada tenía sentido en estos momentos, nada.

—Yo no hago platos deliciosos —admitió algo culposo, Harry no podía evitar que su magia se vertiera en los platos, era la consecuencia de ser mago —, hago platos que te hacen feliz. Esa sensación exhilarante que viene desde tu estómago, hace que no puedas respirar, hacen tus ojos brillar y te quedas sin palabras porque estás tan ocupado sintiendo que no puedes pensar en nada más que eso, en que este momento, en este lugar, con estas personas, todo lo que haces en estos segundos es perfecto —susurró Harry avergonzado de sus propios sentimientos y manera de expresarse. Para distraerse, Harry se acercó a Souma quien aún estaba jadeando poco a poco tratando de respirar.

—Lento y profundo, Souma —dijo con una sonrisa el inglés. Rindo, quien por fin pudo respirar profundo y tenía sus mejillas sonrosadas sonrió salvajemente.

—Cásate conmigo —gritó mientras daba otro bocado sin emitir comentarios.

—¿Qué está pasando? —preguntaban las personas en las tribunas, más Harry simplemente sonrió.

—Eres raro, Hari-kun —admitía Tsukasa en un suspiro.

—No puedo decir mucho más, después de todo, cuando las cosas salen como quieres y te llega esa sensación, solo hay una palabra que dices, no un millón.

—Perfecto —cortó Satoshi la conversación de los chefs —. Creo que es hora de votar.

En el escenario, nadie dudó que Harry ganó 3-0 sin siquiera un titubeo por parte de los jueces.

—No entiendo —dijeron algunos alumnos quienes salían de la arena dudosos por toda la situación.

—La cocina de Hari-kun —dijeron los residentes de la estrella polar — es algo que solo puedes entender cuando la comes. Me siendo mal por ustedes, tristes mortales, quienes no han probado las maravillas de su cocina.

Luego era risas, quejas, y gruñidos, pero Harry, a una lejanía segura, negó con la cabeza sonriendo y caminó con Souma y Satoshi a los dormitorios cuando el desafío se había dado por finalizado. En la cabina de invitados preferenciales, Azami fruncía el ceño ante la situación recién vivida, aún no podía discernir qué era lo que encontraba de raro en el joven heredero, pero su sola presencia lo incomodaba.

—Impresionante, ¿no es así? —preguntaba Gin, sus ojos fijos en la espalda del extranjero.

—Mhm... extraño, ¿no lo crees? Igual no es como si este shokugeki fuera tan especial. Carece de jueces reales y de opiniones sin preferencias, pero sin duda interesante.

—Nhh. Has cambiado, Azami.

—Gracias. Por otra parte, Dojima-senpai no ha cambiado en lo absoluto —agregó el de cabellos negros con una suave sonrisa. El mayor no creyó ni por un momento que las palabras que Azami le dedicó fueran un cumplido, mas sonrió solo para aparentar, al igual que el menor.

—Mañana habrá otra reunión para tratar de solucionar quién será el nuevo director, la información ya ha sido enviada a tu asistente —informaba Dojima con su vista fija en la ahora semivacía arena. La voz profunda y postura impecable del mayor hacía que Azami, sin querer, lo mirara de reojo más por el respeto que le tenía a su antiguo senpai que por otra cosa, después de todo, Azami sí sabía de las habilidades culinarias de Dojima y las respetaba, más había solo una persona que lo dejaba siempre queriendo más.

—Gracias por el adelanto. Si es así, nos veremos mañana. Buenas noches —hablaba Azami mientras se alzaba de su asiento y caminaba en dirección a la salida, su larga chaqueta se movía ante sus largos y decisivos pasos. Ya saliendo, Azami escuchó la respuesta de buenas noches de Gin, ninguno de los dos tenía mucho más que decir.

Cuando regresaron del shokugeki, todos disfrutaron de la primera batalla que Harry ganó sin siquiera parpadear. Una cena de celebración, beber licor sin licor y comer postre porque eso era lo que hacía feliz a Harry y fue lo que todos los habitantes del dormitorio hicieron hasta las una de la mañana; y pese a que al otro día todos se despertaron más cansados de lo que esperaron, nadie se arrepintió de la fiesta improvisada un miércoles por la noche.

Fue por es que quizás el buen humor de Souma sufrió un gran cambio cuando ese jueves decidió hacer lo que hacía siempre a esa hora: buscar a Harry. Si era honesto, Souma, al ver la escena, no supo ni cómo ni cuándo, pero podía sin dudar mencionar dónde y con quién se dio cuenta de los sentimientos que albergaba. Si Souma era honesto consigo mismo, ahora se sentía como si alguien le estuviera apretando el pecho y su corazón no paraba de latir en sus oídos.

—Gracias… —escuchó decir desde su lugar, él no era quien estaba hablando, era una chica que no conocía con Harry quienes estaban de lo más cómodos hablando en el pasillo quién sabe qué cosa. Era casi como ser el personaje extra en un manga shoujo, él era el que estaba al otro lado de la pareja viendo cómo todo se desarrollaba, él veía las mejillas sonrosadas de la chica, la suave sonrisa del protagonista mientras esperaba a que la chica hablara y dijera algo, que respondiera a cualquier cosa que estuvieran hablando y luego, casi dolorosamente, Souma escuchó nuevamente sin siquiera hacer un esfuerzo.

Él solo había ido a buscar a Harry porque ambos habían quedado en cocinar, era su rutina, una en la que nadie, hasta ahora, se había inmiscuido.

—... ¿Te parece? Después de todo no es como si tuviéramos mucho que hacer por ahora.

Souma ni siquiera se quedó a esperar a escuchar la respuesta de Harry, él sencillamente se dio vuelta y salió caminando. El pelirrojo sacó su teléfono inteligente desde su bolsillo mientras caminaba ensimismado en su mundo y sin siquiera pensar en las consecuencias, sus dedos volaron por el teclado del dispositivo:

Y. Souma [16:22]: Se me olvidó que quedé con los chicos en hacer algo. Nos vemos más tarde O(≧∇≦)O.

B.P. Harry [16:22]::Ok :-) ... Nos vemos más tarde!

Souma sonrió ante lo simplista que era Harry en responder con emojis, el pelirrojo siempre se maravillaba de lo mucho que le costaba al inglés manejar dispositivos tecnológicos y cuánto luchaba en escribir o responder mensajes; sin embargo, ahora, la respuesta llegó con segundos de diferencia, pero el hecho era que ya no tenía nada que hacer y Souma no pudo evitar recordar nuevamente la escena. Las mejillas de esa chica, la suave sonrisa de Harry, los cabellos desordenados, esa personalidad que hacía tan fácil hablar con él, sus largos dedos, piel nívea comparada con la suya y cuerpo esbelto.

Y mientras más Souma pensaba, menos de la chica recordaba, solo sus mejillas sonrosadas y la típica actitud que tenían todas las mujeres cuando estaban frente al chico que les gustaban. El japonés solo podía rememorar cómo los cabellos de Harry se enredaban entre sí, cómo sus labios se extendían con una sonrisa comprensiva, cómo su cuerpo se movía un poco para evidenciar que estaba hablando con alguien, un poco más cerca, un poco más abierto al público.

Lo detestaba, esa fácil disposición del británico que atraía la atención de todos por una cosa u otra. Souma caminaba sin rumbo por el campus de Tootsuki, tratando de pensar en las implicaciones de estos nuevos sentimientos que para él no tenían ni pies ni cabeza y estaba tan concentrado en eso que el sonido de su propio teléfono vibrar y sonar lo asustaron un poco, en un fluido movimiento sacó el dispositivo nuevamente de su bolsillo y leyó la pantalla para ver quién lo estaba llamando, su sorpresa no se hizo de esperar cuando reconoció el nombre de su padre y contestó casi por inercia.

—Aló, papá —habló Souma sin pensar.

—¿Souma? ¿Todo bien? Te oyes raro —preguntó el padre del menor sin siquiera respirar. Souma quedó sorprendido al saber que su padre podía reconocer su bienestar emocional simplemente por el tono de su voz, pero supuso que eso era lo que ser padre significaba, ¿o no?

—Nah, no pasa nada —Souma podía tratar de tirar sus pensamientos por la tangente, pero lo cierto es que su mente lo único que podía revivir una y otra vez era esa escena inocente y tan habitual que le sorprendió no haberla visto venir antes. Harry era y es una persona atractiva, de buena familia, no tenía problemas económicos, era interesante, nunca era aburrido estar con él, era esbelto, sus ojos eran hermosos, su cocina sin duda hacía al menor salivar y...

— …ma, -oma, ¡Souma! ¡SOUMA! —el grito del padre del pelirrojo por fin rompió el hilo de sus pensamientos e hizo al joven reconocer su entorno. Souma parpadeó y miró a su alrededor, ni siquiera estaba en el sendero, sin querer se había adentrado en el bosque, mas eso no era lo que más incomodaba al pelirrojo ahora, sino la voz preocupada de su padre quien como pocas veces manifestaba su sentir.

—Ah, ¡Ja ja! Eh... lo siento —dijo el menor sin saber qué decir.

—¿Qué pasa, Souma? —hablaba el mayor lo más compresivo posible. Hubo un prolongado silencio que el menor no supo llenar, ¿cómo decirle a un padre estos sentimientos que lo avergonzaban, que lo tragaban en un espiral de confusión, que lo dejaban furioso, triste y agotado a la vez? ¿Cómo? —… ¿te peleaste con Potter-kun? —preguntó de la nada el chef y Souma inhaló profundamente sin saber lo que hacía —... Hmm... —fue el suave murmullo que llegó por la línea.

Las orejas de Souma adquirieron un color rojizo, el menor sentía su corazón latir en ellos y sentía su rostro arder. Todas eran reacciones que no comprendía por qué, por qué... ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿En qué momento? ¿Qué hacer? ¿Qué? ¿Eh? ¿Dónde?

—Souma —la voz del padre del pelirrojo atrajo la atención del menor quien con respiración algo laboriosa trataba de entender lo que sucedía —, respira conmigo, Souma, vamos, profundo y largo… Eso es —guiaba el mayor al escuchar la respiración inestable de su hijo —... Una vez más, eso es, hijo. Ahora, ¿por qué no me dices cómo fue tu día? Hoy te tocaba cocina hindú, ¿no es así?

Eso era lo que Souma necesitaba: normalidad. El menor habló, habló de cosas mundanas, de que a un compañero se le habían caído las especias en su olla, que a Megumi se le había quedado atorado el pelo en un perchero y nadie sabía cómo lo había hecho, que la creación del día que Souma había hecho resultó ser un completo desastre que como mínimo merecía un tercer puesto en los peores platos realizados entre ambos, que Satoshi había comenzado a hacer un quincho en la parte trasera de los dormitorios. Mas a medida que llegaba al fin de su día, la voz de Souma comenzó a temblar poco a poco, sobre todo cuando llegó a la escena que tenía al menor completamente fuera de su centro.

—... ¿Te molesta? —preguntó Jouichiro cuando el silencio se extendió por un largo tiempo en el teléfono.

—¿Molestarme qué? —respondió el menor aún sin comprender.

—¿Te molesta eso que sientes? —Souma casi lo podía imaginar, el cabello de su padre suelto, mas enredado debido a que su padre tenía la misma mala costumbre de él de revolver su cabello cuando hablaba temas delicados. El tono de voz del mayor no dejaba en evidencia si estaba molesto o asqueado, él sencillamente estaba preguntando porque quería saber. Souma se sentía casi como si su padre le estuviera preguntando si le gustaba o no un juguete o algo por el estilo.

—... No lo sé —murmuró —, yo... Sí... No...

—No es muy común verte dudar, Souma —molestó levemente el mayor sin pensarlo —, es casi como si no supieras lo que quieres. Si dudas por alguna razón moral o algo por el estilo, entonces olvídalo. ¿Qué es lo que quieres, Souma?

«¿Qué es lo que quieres, Souma?».

«Si dudas por alguna razón moral… entonces olvídalo».

«No es común verte dudar…».

«¿Te molesta eso que sientes?».

—... ¿Souma?

—... Creo que me tengo que ir, ya sabes, tengo cosas que hacer —respondió un poco más estable el menor.

—Oh, está bien. Solo llamaba para saber de ti.

—Espero que podamos hablar un poco más la próxima vez, papá. ¡Y trata de llamar con regularidad! ¡Tampoco te olvides de depositarme dinero! No puedes ser tan tacaño —se quejó el menor cuando recordó lo poco que había hablado con su padre sobre su estadía en Singapur.

—¡Ah!, pero qué hijo más ingrato tengo —Souma escuchó la risa de su padre al otro lado de la línea y sonrió más tranquilo.

—¿Hablamos otro día?

—Sí, ya me están llamando del restaurante —afirmó el chef sin problemas. Su despida fue corta como siempre, pero antes de cortar, Jouichiro dijo sus últimas palabras que dejaron avergonzado al menor — y Souma —dijo como si nada el mayor —, felicitaciones.

El pelirrojo menor farfulló un poco y tragó saliva.

—… Gracias —murmuró antes de cortar.

Al finalizar la llamada, Souma se quedó pensando en la conversación con su padre, palabras resonando una y otra vez mientras las imágenes que había visto esa misma tarde adquirían otro valor en su mente.

—¡Yoosh! —gritó con un nuevo aire y energía —, ¡hora de actuar!

Souma Yukihira era un hombre de acción.


GLOSARIO

Heika[陛下]: se utiliza para la realeza soberana, similar a la «majestad» en español. Por ejemplo, Tennō Heika [天皇陛下] significa «Su Majestad el Emperador». Heika por sí mismo también puede ser usado como un término directo de la dirección, lo que equivale a «Su Majestad». Fuente: Wikipedia. Honoríficos japoneses. Obtenido el 20/10/17.

Haruhito: personaje inventado, solo tomé la idea de la casa imperial japonesa y algo de su cultura (trato de mantenerme fiel a la realidad), pero no me gusta utilizar los nombres reales de dichas autoridades por respeto y preferencia personal.

Kengen [んげん; 権限]: poder, autoridad, jurisdicción.

¡Cuarto capítulo extremadamente largo! Mi premio al esfuerzo (((o(*゚▽゚*)o)))

Harry BAMF mode is amazing! (و ˃̵ᴗ˂̵)و Me gustaría aclarar lo siguiente: mi canon!Harry tiene distintas características y, en este fanfic, Harry se dio cuenta del lado «feo» de tener poder que son las reuniones, el tener que ser «snob», mantener contactos, ocupar su nombre, etc. Para mí, Harry siente que esa «responsabilidad» de ser un Lord es pesada, incómoda y bastante terrorífica porque él tiene un lado Slytherin, así que sabe cómo manejar a las personas de vez en cuando (lo detesta porque le hace recordar a Voldemort y él no quiere ser como el mago oscuro), mas Harry también comprende que es necesario si quiere hacer un cambio bueno en la sociedad, ya que todos lo ven como «el salvador», es por eso que casi siente como si tuviera que entrar en un disfraz cuando comienza a hablar como Lord Potter-Black.

Por otra parte, Souma se sorprende, sí, pero también él es una persona increíblemente perceptiva y sabe lo que Harry está hablando incluso si no lo ha vivido. Souma es uno de los personajes más comprensivos que he visto y es agradable escribir sobre él. No juzga y te escucha incluso cuando nadie lo hace, es maravilloso.

Espero que le haya gustado este capítulo, tiene un montón de sentimiento, conversaciones y pre-slash moments.

Psss, dato freak, por un momento pensé en hacer esta historia un Tsukasa/Harry... algunos días también pienso en que debería hacerlo xD.

Gracias por todos sus comentarios, ustedes son increíbles, sobre todos los fieles anónimos a quienes no les puedo responder y los fieles suscritos a quienes trato de responderles siempre. No puedo creer que tenga ya 37 comentarios en este fandom, 47 favs y 46 seguidores. You guys made me blush (๑ᴗ๑)!

For those foreing readers, thanks a lot for taking your time to read this story, it's incredible how you will put an effort reading this through Google Translate or whatever platform you could use. I love reading your reviews. Hopefully, we'll read each other again in this chapter and the next.

Regards!