- ¿Android o IPhone?

La seriedad con la que formulo la pregunta le hizo cuestionarse cuan importarte sería para aquella chica el tipo de móvil que ella utilizara. Si su nivel de compatibilidad lo decidiera a base de su elección.

- IPhone.

- No me gusta Apple – Dijo en tono cortante – Diseñan sus equipos para que duren un ciclo concreto, algunos de sus productos son muy caros y aun así pretenden vendernos que es una ganga, como el iPad, por cierto, sacar un iPad con un fallo de la última versión del software del iPhone, ya les vale… Han conseguido el sueño de toda empresa capitalista, que la gente quiera algo aunque no sepan para que sirve…

Había una cosa que era superior a ella, bueno, eran muchas pero sin duda había una que detestaba a muerte. Los teléfonos, no le gustaban los teléfonos y en particular los móviles. No entendía ese afán por obtener el último diseño de mayor pantalla que aparecía en el mercado, con cámara de última generación y una cantidad de pixeles inimaginables. A ella le bastaba con que cumpliera las funciones básicas, llamar, recibir llamadas, enviar mensajes, recibirlos.

La duración media de sus conversaciones telefónicas no superaban los diez o quince minutos, a partir de ahí, tenía que admitir que su dialogo se reducía a no más de siete palabras diferentes, entre las que destacaban "si, no, puede y como no, claro". Y es que no lo podía evitar, prefería una interacción cara a cara, mirando a los ojos, teniendo algún contacto o simplemente limitándose a leer los gestos y expresiones, esas señales no verbales que transmiten sensaciones, sentimientos.

Aun era mucho peor cuando se trataba de un mensaje de texto. Ver a todos esos adolescentes y no tanto, cada uno de ellos con su móvil más o menos sofisticados en la mano, sin hablar entre ellos, cada uno pendiente de su pantalla, sin dirigir una sola palabra al amigo que tienen al lado o esas parejas sentadas en una cafetería o paseando, cada una con su teléfono móvil hablando o escribiendo mensajes a un tercero, pero sin hablar entre ellos durante horas, le resultaba triste, lamentable, penoso, verlos priorizar un móvil por encima de las relaciones humanas.

Sin embargo, no podía negar que eran una excelente herramienta de comunicación y resultaba muy útil, pero a pesar de su efectividad y rapidez no dejaban de ser impersonales, sin contacto, sin emociones, actitudes o sentimientos. ¿Cómo expresar sarcasmo, ironía, enfado, tristeza, felicidad o hacer una broma y no obtener una mala interpretación? Porque no es lo mismo bromear cara a cara que a través de 160 caracteres, donde no se puede garantizar que el tono con que lo escribes sea el mismo tono con que es leído, porque puedes escribir algo que te parezca divertido y la persona que lo reciba malinterpretarlo. Y para ella no había cosa peor que aclarar un malentendido a través de mensaje de texto.

Flashback

De: Rachel - Recibido a las 12:54

"Seguro que dejamos de ser amigas y sigo pensando lo mismo de ti."

No era de ese tipo de "me enfado por todo" pero había días en que le bastaba con oír una chorrada, pero de esas que por tontas te llegan al alma y sin pensarlo, sin esperarlo, esa frase, ese comentario desafortunado conseguía que algo se torciera, consiguiendo que su sonrisa desapareciera y su gesto se endureciera. Porque hay cosas que duelen, cosas que no entiendes y empiezas a hacerte preguntas estúpidas, preguntas sin respuestas y te vas enfadando más y quieres discutir, pero en el fondo no te parece buena idea por no oír mas estupideces. Pero el enfado ya se ha apoderado de ti, te va comiendo las entrañas, vas haciendo mala sangre y te vas calentando más y más. Intentas relajarte, respirar y pasar del tema, aceptar las explicaciones y las justificaciones de ese comentario, intentas cambiar el gesto y pasar aunque ese tema te ronde por la cabeza por unas horas, unos días… y el silencio lo envuelve todo.

Para: Rachel - Enviado a las 12:56

"Me odiarías"

De: Rachel - Recibido a las 01:01

"Mira, es la una, una buena hora, rompemos. Pero no por mucho tiempo, solo unos minutos, que tengo miedo de que empiece a dolerme."

Para: Rachel - Enviado a las 01:02

"Jajajajaja… Estás loca"

[1segundo, 2segundos, 3segundos, 4segundos, 5segundos, 6segundos, 7segundos,... 8 minutos...]

Para: Rachel - Enviado a las 01:02

"Déjate de payasadas, es tarde."

Para: Rachel - Enviado a las 01:13

"Oye, ya… Mañana me toca madrugar, tengo clases y las ojeras no combinan con mi belleza natural."

Para: Rachel - Enviado a las 01:18

"Lo siento, siento lo que te dije… reaccione de forma equivocada, fui una imbécil, me pudo el orgullo."

Recordaba perfectamente como habían llegado a aquel punto de la conversación, el daño que les causaron sus palabras y lo dolida que se sintió, más por ser ella quien las dijera que las propias palabras en sí, pero tenía claro que ambas se habían equivocado, su reacción no fue la acertada y su respuesta poco correcta, que buscar escapatorias cuando no se quiere buscar dentro de uno mismo era la cosa más fácil de este mundo, que hacía falta mucha valentía para aceptar que la culpa o mejor dicho, responsabilidad, pertenece tan solo a uno mismo y no siempre existe una culpa exterior.

Para: Rachel - Enviado a las 01:19

"Creo que últimamente me estoy luciendo con cada cosa que te digo… ¿Me perdonas?"

Para: Rachel - Enviado a las 01:19

"Perdóname... y vuelve"

[…19 minutos... 19 minutos y 24segundos, 25segundos, 26segundos, 27segundos, 28segundos,...]

De: Rachel - Recibido a las 01:21

"Ves, sigo pensando lo mismo."

De: Rachel - Recibido a las 01:21

"¿Volvemos? Es que no aguanto más. Te echo de menos y duele."

Y tras ese mensaje Quinn sonrió. Una amplia sonrisa apareció en su rostro al ser consciente de que a veces uno tiene que equivocarse y cometer errores porque es la única manera de seguir avanzando. Y así se lo hacía saber Rachel al actuar como si no hubiera ocurrido nada, que entre ellas estaba todo bien.

Para: Rachel - Enviado a las 01:23

"Estás loca y eres adorable, pero es tarde"

Para: Rachel - Enviado a las 01:24

"Buenas noches Rach... Dulces sueños. Besos, besos, besos… Te quiero"

De: Rachel - Recibido a las 01:24

"Hasta mañana Q, descansa. Te quiero mucho"

Para: Rachel - Enviado a las 02:17

"Te echo de menos"

Fin Flashback

- …Yo esperaba una revolución, y ha sido el timo de la estampita. El Smartphone más fino y ligero del mundo ¡Mentira! hay otros mucho más finos, y qué decir del conector… conector más pequeño ¿Para cuando uno universal? Esperaba una batería revolucionaria, una carcasa nueva, no sé, algo diferente, pero tan solo han potenciado los elementos de los que disponía el anterior, en fin…

Obsesión. Así podría definirse lo de aquella chica por el móvil, aunque lo de ella con el móvil también podría categorizarse como una historia rara. No podía salir sin él, se sentía extraña, como si le faltara algo, pero lo lleva siempre en silencio, de modo que si alguien la llamaba, mandaba un mensaje o un mail, daba igual. Por lo general no se enteraba hasta que había pasado un buen rato, cuando caía en la cuenta de la falta de actividad tecnológica.

Flashback

Tres tonos

- Vamos… cógelo… tu último mensaje es de hace tan solo diez minutos…

No dejaba de moverse por la habitación con las emociones arremolinándose en su interior, presa de los nervios como cada vez que estaba a punto de escuchar su voz, para luego llenarse de una calma y tranquilidad que solo le transmitían sus suaves palabras, las cuales eran las únicas que lograban conseguir esa serenidad, como si de una caricia se tratase.

- Con las ganas que tengo de escuchar tu voz…. Venga, ¿Rachel dónde estás?... Cógelo.

"Maldita manía de llevar siempre el móvil en silencio", se reprochó. Hacía alrededor de 24 horas que lo había perdido, no recordaba donde lo había soltado y de nada servía llamarse a sí misma ¿Para qué? Sin sonido y con la escasa batería que le quedaba ya debía estar más muerto que vivo y así ni con el modo vibración sería de ayuda. Durante ese tiempo pasó por estados muy parecidos al del duelo, primero la ansiedad, allí estaba su vida, las fotos, los contactos… Después la desesperación, a la que le siguió la histeria y finalmente la calma y la aceptación. Sin embargo, esa calma inicial se esfumo de repente al recordar que no tenía su agenda telefónica, no tenía un icono que la guiase, encontrándose sola, desnuda, sin poder hablar con nadie, ella, Rachel, su Rachel. Y fue ahí cuando perdió toda cordura y puso su apartamento patas arriba. Busco en cada rincón, hueco, esquina, recodo. No hubo un solo resquicio de aquel apartamento que no fuera mirado, rebuscado.

Doblegada y rendida, no tuvo más opción que aceptar la perdida. Y fue entonces cuando el destino cruel en forma de Jane, su compañera de apartamento, respondía a sus mensajes de súplica apareciendo en el apartamento, portando su teléfono.

Cinco tonos

- Por favor…. Me apetece tanto oírte… Vamos, cógelo, cógelo… – Suplicaba.

"Este es el buzón de voz de….." – Una voz mecánica tiraba por tierra toda esperanza de comunicarse con Rachel.

- Hola guapa, acabo de recuperar mi móvil, larga historia… Llámame cuando oigas esto. Besos… Muchos.

Con los nervios más sosegados, volvió a revisar su teléfono, encontrándose con 14 llamadas perdidas, 7 mensajes y algunos mensajes en su buzón de voz. Todos y cada uno de ella.

Tras escuchar cada mensaje de voz en el que le rogaba que la llamara, que estaba preocupada, comenzó a chequear sus mensajes de texto.

De: Rachel - Recibido a las 22:00

"Ojalá pudiéramos soñar juntas, soñar juntas en plan... soñar juntas... que tú entres en mi sueño y yo en el tuyo que te cueles en mis sueños bonitos y puedas vivirlos conmigo"

De: Rachel - Recibido a las 23:35

"Eres mi sueño favorito"

De: Rachel - Recibido a las 08:09

"Se hace de día otra vez. Un día entero sin ti… Buenos días!"

De: Rachel - Recibido a las 11:21

Voy a empezar a preocuparme… Por favor, llámame.

De: Rachel - Recibido a las 15:42

"He decido que mi frase favorita es te echo de menos… Porque vale para todo, sonrisas, miradas, abrazos, olores, sentimientos, palabras… Vale para unos pelos de punta cuando me tocas o para un corazón a mil cuando me miras… te echo de menos"

De: Rachel - Recibido a las 21:09

"Solo para que lo sepas, te extrañe hoy al igual que ayer… Por favor, devuelve mis llamadas."

De: Rachel - Recibido a las 21:13

"Te echo de menos. Te echo de menos y estoy preocupada ¿Estás bien? Llámame o mándame un mensaje o algo ¿De acuerdo?"

Echarla de menos era inevitable. Como no hacerlo si para ella Rachel era su todo, la persona que le quitaba el sueño, a la que pedía sus abrazos, a quien reía las gracias malas, de la que necesitaba sus llamadas, oír su voz y sentirla cerca a pesar de su ausencia para saber que eso que sentía era real, que no era producto de su imaginación, una quimera para poder seguir viviendo.

Volvió a marcar y a esperar un tono, dos tonos, tres… Uff, ahí estaba de nuevo esa maldita voz que no la dejaría conciliar el sueño, que la situaba lejos de ella. Y sintiendo que por el momento no le era posible hacer nada más, tecleo un mensaje y le dio a enviar.

Para: Rachel - Enviado a las 22:48

"Parece que estuviéramos jugando al ratón y al gato… Llámame cuando puedas. Te echo de menos… Besos"

Fin Flashback

- Esta semana he vivido dos días sin móvil, los dos peores días de mi vida. Al principio lo llevé muy bien, creo que hasta lo agradecí, me sentí feliz, ligera, liviana, descargada del tic nervioso de comprobar el móvil cada medio minuto…

Desde que Jess, así ponía en su tarjeta identificativa, había tomado asiento frente a ella no había parado de hablar de móviles, tecnología, sistemas operativos… por lo que se le hacía difícil creer que aquella chica gafapasta, de mirada risueña pudiera estar desconectada, e incluso que le gustara la experiencia.

- ¿Te has percatado de las pocas cabinas que quedan ya en el mundo? ¿Y en lo mal que huelen? ¿Y en que es mejor no pensar quien ha cogido ese auricular antes que tú?

- No, no la verdad.

No se había percatado de la escases de cabinas, ni recordaba la última vez que piso una, lo que si recordaba perfectamente fue la última vez que recibió una llamada desde una de ellas. Ahí fue donde todo su mundo dejo de tener sentido.

Flashback

La insistente melodía del teléfono no paraba de retumbar en la habitación. Era pronto, quizás demasiado pronto o demasiado tarde para estar en la cama. Deslizo su dedo por encima de la pantalla y colgó. Volvió a sonar el teléfono. Hizo ademán de no contestar pero al final sin poder evitarlo descolgó.

- ¿Qué quieres? ¿Acaso no has visto la hora que es?

- ¿Qué soy para ti?

- Rach... ¿Eres Tú?

Abrió los ojos y se incorporo rápidamente.

- Dime lo que piensas... lo primero que sientas, se sincera. ¿Qué soy? Por favor, dime... ¿Qué soy para ti?

- ¿Dónde estás? ¿Estas… estas bien? – Ruido, risas y murmullos entremezclados le hacían difícil entender sus palabras.

- No, no lo estoy… Porque tengo la sensación de ser una obligación, y no quiero, no quiero convertirme en una obligación, en una cita obligada cada fin de semana, me gustaría realmente que nos viésemos porque quieres verme, que me beses solo cuando te mueras de ganas de hacerlo y que quieras permanecer entre mis brazos por lo que ellos te aporten, si no, nada tiene sentido ¿Entiendes? Prefiero ser una amiga con la que tomas un café una tarde cualquiera, dos besos en la mejilla y un a ver cuando quedamos como despedida…

- Rachel… Rachel ¿Dónde estás?... ¿Kurt está contigo?

- … porque debo lidiar con mis ilusiones, porque gestiono expectativas y fantasías a montones, porque mi fe no abunda y no debo desperdiciarla…

- No creo que este sea el mejor momento, ni la forma para hablar de ello…

- … supongo que todo esto es culpa de tus labios o de tus ojos, o de ti, toda tú… no lo tengo muy claro… o mía por dudar de tu presencia, de que me tengas en cuenta…

Quinn era consciente de lo fácil que era que el amor saliera mal, que los sentimientos son tan efímeros, cambiantes y coloridos como la vida misma, un parpadeo ante los rayos del sol, un soplo de brisa en la mejilla o una hostia en las costillas, así era la vida de juguetona y traviesa, y el estar a kilómetros de distancia era un hándicap que estaba haciendo mella entre ellas, al igual que ocultarles sus amigos su relación.

- Lo siento, pero quizás necesite un poco de tiempo… También debo elegir qué serás tú para mí.

Quinn se quedo con el teléfono en su oído escuchando ese bip que indicaba que todo había acabado, haciendo un gran esfuerzo por no venirse abajo, con la sensación de que todo debería ser más fácil. Intentando con fuerza no perderse en el recuerdo de sus labios y esos ojos que al mirarla le hacían sentir especial. Fracasó.

La llamó mil veces pero su móvil estaba desconectado, y en aquel número desconocido hasta entonces para ella del que la había llamado, había respondido una voz chillona entre ruido, risas y murmullos, sin reconocer por quien preguntaba.

Fin Flashback

- He de confesar que soy un poquito adicta al móvil – Confesó Jess mostrando una tímida sonrisa – Lo miro compulsivamente miles de veces al día, y si algún día decidiera dejarlo de lado creo que me sentiría incluso peor que el común de los mortales ante el intento de dejar de fumar.

- No eres la única.

Seamos sinceras, Quinn amaba su móvil. Su odio inicial por ellos había desaparecido y todo por una única razón, Rachel, su Rachel. La distancia no les dejaba más opción que una pantalla por compañía, así se hablaban, sin poder mirarse a los ojos, sin saber si estaban ocupadas, sin ni siquiera compartir un helado.

Hoy por hoy no sería nadie sin él. Salía de casa y se palpaba los bolsillos, o rebuscaba en el bolso compulsivamente pensando ¡El móvil! ¿Me he dejado el móvil? Era prácticamente imposible, pero aún así hiperventilaba hasta que lo notaba en el bolsillo o en el fondo del bolso. Porque no importaba lo difíciles que se habían vuelto las cosas, no, no importaba porque no se daba por vencida. Después de cinco meses aun esperaba que la llamara, enviara un mensaje. Y es que, la ilusión y la esperanza van unidas de la mano, caminando el mismo sendero sea de terciopelo o de espinas, porque, al final, lo que salva la esperanza, es la fuerza del amor y la tozudez de la fe entendida como ilusión, en nosotros mismos, o en otros.

Laura hacía sonar la campanita dando por finalizada aquella cita.