Gaara podía llegar a hacerle perder la cabeza.
Rectifico.
Gaara le hacía perder la cabeza.
En el sexo, Naruto era siempre el activo. Es que eso de que le dieran por detrás no le hacía demasiada gracia, eso era… era demasiado humillante para un hombre, pensaba él, lo de adoptar el papel que tendría una mujer. ¡Lo que no quería decir que comparase a Gaara con una mujer, claro que no! Solo era que… bueno, a él parecía no importarle demasiado eso, no se lo tomaba mal. Pero que Gaara fuese lo que popularmente se conoce como "el que muerde la almohada", no quería decir que se comportase de manera completamente pasiva. Y es que Gaara era… muy sexy, a su manera. O quizás solo a Naruto se lo pareciese, pues cabe mencionar que daba igual qué hiciera o dijera Gaara, porque a Naruto todo le parecía ideal. El caso es que encontraba una tremenda sensualidad en aquellos movimientos vacilantes, que no tímidos, y no podía hacer más que dejarse llevar con una expresión que oscilaba entre lo "bobalicón-Sakura-en-sus-años-mozos-admirando-a-Sasuke" y lo "pervertido-Ero-sennin-espiando-en-un-baño-femenino".
Además, a Gaara se le daba bien una cosa que a Naruto no —tampoco es que Naruto hubiese probado tampoco a hacerlo, eso también le daba bastante grima, ya tenía bastante con haber aceptado que se le levantaba al ver al pelirrojo desnudo como para también hacer "eso"—. Todas sus fantasías eróticas, sin excepción, colocaban a Gaara murmurando su nombre con aquella voz grave, descendiendo con la mano por su pecho, acariciándolo con aquellos dígitos suaves y siempre fríos, hasta llegar al borde de su pantalón. Entonces se agachaba, mirándolo de reojo con esos ojos que al mismo tiempo destilaban madurez e inocencia — ¿¡cómo demonios podía ser tan sexy! Naruto se mordía el labio inferior—, y solo los cerraba una vez desabrochado el botón, cuando atrapaba suavemente la cremallera entre sus dientes y la bajaba despacio, sin usar las manos, que mantenía apoyadas en las piernas del rubio y… y… y…
— Gaara… —era gracioso cómo a veces la voz de Naruto sonaba varios tonos más aguda cuando estaba excitado.
Y de nuevo aquella mirada. Que esa mirada tan límpida que le dirigía mientras hacía "eso" lo encendiera más que cualquier otra cosa lo había llevado a considerar la idea de que era incluso más pervertido que Jiraiya y Kakashi juntos.
Sí, eso era lo que a Gaara se le daba bien y a Naruto no. Naruto era demasiado nervioso e hiperactivo como para detenerse a ser suave y sensual. Pero tampoco es que Gaara lo hiciera adrede con la intención de provocar a Naruto —tampoco tenía ni idea de la clase de pensamientos tórridos pasaban por la mente de su novio—. Simplemente era su manera de proceder. Naruto solía ir más bien al grano, porque cuando ya le llegaba "su turno", estaba demasiado alterado como para detenerse con florituras, lo suficiente como para preparar el cuerpo de su amante. Para Naruto, Gaara era como ese ardor agradable en lengua al comer delicioso ramen picante.
