Confianza
Una hora antes de que la pelinaranja sorprendiese a las cómplices jóvenes, Natsuki meditaba la situación ocurrida, encerrada en su cuarto.
-¿Que le sucede a shizuru, por qué me ha estado evitando?¿por qué no vino a explicarme lo acontecido? bueno...supongo que mi reacción no fue la mejor ayer pero... ¿tanto como para evitarme? algo me oculta, lo sé- pensaba, llenándose de impotencia, y golpeando la pared de su habitación con fuerza.
-¡maldición! ¿por qué no puede confiar en mí? al igual que yo lo hice con ella...es una hipócrita...
Los brillantes ojos rojizos que observo en la castaña, invadieron su mente, estremeciéndola -¿que fue...todo eso...shizuru?
La puerta se abrió de forma brusca, asustándola por completo.
-¡Mai, vas a matarme si sigues entrando así!- se llevo la mano al pecho, tratando de tranquilizar su respiración.
-no es mi culpa que hayas estado aquí todo el día y te hayas olvidado de la existencia de las demás personas...
Bufó, tirándose en su cama -no es asunto tuyo.
-Lo es, porque tu energía negativa está invadiendo todo el cuarto, es molesto- bromeo, sacándola de quicio -¿por qué no hablas de una vez con Shizuru y terminas esta dramática historia?
Se reincorporo de inmediato al escucharla -¿y quien dijo que tuve un problema con ella?
-tu cara lo dice todo...- sonrió, con picardía -vamos natsuki, sabes que tienes mi apoyo...ve y habla con ella.
-¡cállate!- se exasperó, revoleándole un almohadón -¿por qué no vas tú a hablar con ella si tanto te urge?
Al oírla, cambio de inmediato su semblante por uno amenazador. Empezó a pensar que fue mala idea decirle aquello...
-¡tienes razón, ahora mismo iré!- atino a contestar, saliendo con prisa de alli, dando saltitos -¡espeeraamee queeridaa Shizuuru!- escucho sus gritos a lo lejos, espantándose.
-¡Es-espera! ¡Idiota!- No pudo hacer más que perseguirla, con la vena latiendo con fuerza en su cuello.
Se escondió al instante cuando su amiga toco la puerta, y se llevo a Arika casi arrastrándola contra su voluntad.
Observó con detenimiento la puerta que evitaba su reencuentro. Tragó saliva con fuerza, era momento de ser valiente.
Shizuru jugaba con sus propios dedos, con ansias. Se encontraba entre la espada y la pared.
–mierda...si Natsuki la busca es por algo, ellas no se llevan muy bien que digamos... ¿así que por qué otra razón querría hablar con ella? más que para...averiguar la verdad...- se decía, ahora dando vueltas por la habitación.
Estaba notablemente nerviosa, se detuvo en la ventana, observando que estaba anocheciendo. Soltó un largo suspiro, cerrando los puños con fuerza, la resignación ya era parte de su esencia.
-no sirve de nada que piense en esas cosas...de cualquier forma, a la larga se habría enterado...
Inmersa en su temor, decidió salir de su cuarto, antes de que la peliazul la buscase.
Al abrir la puerta, unos ojos verdes se posesionaron de los suyos.
Dio un paso atrás, sorprendida -¡natsuki! ¿q-qué haces aquí? ¿No estabas buscando a Arika?- cuestionó todo rápidamente, inquietada.
Esta última no contesto, solo la miraba fijamente, como si quisiese traspasar la verdad con sus ojos. Shizuru por su parte la observaba confundida, se temía lo peor.
-ven conmigo- le ordeno, tomándola del brazo y arrastrándola a las afueras del colegio. Sin oponer resistencia, solo se dejo llevar.
Se estremeció al notar como la joven pasaba el agarre a su mano, aferrándola con fuerza. Solo eso bastaba para que su determinación se destruyese.
¿Era realmente tan malo que natsuki se enterara de la verdad?
Ya en los hermosos jardines del colegio, la luz de la luna llena, adornaba el lugar, tornándolo mágico.
Natsuki observaba las brillantes flores que se encontraban allí, acariciándolas. La ojirubi seguía con la vista todos sus movimientos, sin perderse ningún detalle. Era simplemente preciosa.
-aquí fue donde nos conocimos… ¿lo recuerdas, shizuru?- hablo de repente, sacudiéndola por dentro.
Esta asintió débilmente.
-en ese entonces yo no era muy sociable, y solo buscaba vengar a mi madre...pero tu me enseñaste a dejar esos sentimientos absurdos de lado, y vivir la vida de forma plena…solo gracias a ti estoy aquí, ¿sabes eso, no?
Se volteo con lentitud a verla. Entrecerró los ojos al observar su radiante sonrisa. ¿Cuándo había cambiado tanto? ¿En qué momento? ¿Por qué, por ella?
Su mente formulaba cuestiones, invadiéndola de recuerdos.
Ya cursaba su segundo año en la preparatoria. Sin dudarlo se convirtió en una estrella de la academia al poco tiempo de llegar. Tanto por su porte elegante, como por su belleza, encandilaba a cualquier persona.
Excepto a una...que siempre se encontraba solitaria. Pareciera que no tenía intenciones de siquiera mirarla cuando pasaba a su lado.
¿Quién era esa chica? ¿Cómo se atrevía a ignorarla?
Sus maliciosos pensamientos aun interrumpían su mente, que trataba de limpiarse de su verdadera naturaleza, poco a poco.
Pero tenía que admitir, que nunca dejaría de ser lo que era, y por eso...aquella chica le resultaba atrayente.
Las presas difíciles son las más divertidas.
Sin pensarlo dos veces, un día decidió acercarse, perdida en su curiosidad.
La peliazul se encontraba en el campo del colegio, rodeada de un campo de flores. Su mano agarró una, tratando de desgarrarla.
-no deberías hacer eso...
Por fin tuvo su atención, ya que posó su amenazante mirada sobre la suya.
-las flores bonitas existen para agradar...se esfuerzan mucho por florecer durante su corta vida...
No era eso lo que quería decir, no realmente. Pero...las palabras brotaron solas de sus labios, al observar su penetrante pero lastimosa mirada.
Nos parecemos...
Ese pensamiento fluyo dentro de su mente, trazando su nuevo destino en aquel lugar.
-¿Quién eres?
Deslizo su mirada hacia ella, cautelosa, pero sin quitar su seguro semblante.
-Fujino, Shizuru, ¿y tú? ¿Eres de primer año?
Podía sentir su aura de inseguridad, rodeándola. Aquella joven...definitivamente no confiaba en la gente.
-Kuga...Natsuki- se limitó a decir, pasando al lado de ella, y esquivando su mirada.
-Recuerda lo que te dije de las flores... ¿nee?
Detuvo su andar, sorprendida porque la joven aun se encontraba allí. Le pareció extraño que no la evitase, después de todo, a las personas no les gustaba su carácter, por eso la evitaban.
Al instante de posar sus ojos en los suyos esmeraldas de nuevo, algo comenzó a crecer en su interior, una necesidad...de protegerla. Nunca había sentido eso por ningún humano, la emoción inclusive traspasaba sus sentimientos por Arika.
-te esperaré aquí mañana...
-¿eh?- inquirió, la menor, desentendida.
-y pasado...y pasado mañana...
Frunció el ceño, desentendida -¿de qué hablas?
-almorzaremos juntas a partir de ahora- se limito a decir, sonriendo felizmente.
Pudo notar cómo se ruborizaba ante sus delirantes palabras -¿eso es un sí?- musitó, acercándose y tomando sus mejillas entre sus manos, pellizcando un poco una.
Bajo la mirada al instante, al sentirse invadida por los rubíes ojos de aquella extraña y misteriosa joven. Le intimidaba.
-yo siempre almuerzo aquí...este es mi lugar...
-nuestro...ahora...
Se digno a mirarla, ante su descaro -¡h-haz lo que quieras! yo siempre...estoy aquí...
Rió un poco por su avergonzado comportamiento -ara, pero que forma más engorrosa de aceptar...me gusta...- bromeó.
-¿q-qué? ¡déjame!- se soltó de su agarre, para luego emprender su rápido caminar hacia los adentros de la escuela.
Observó su ida, sonriendo para sí, con impaciencia, deseando que el mañana llegase. El entusiasmo la carcomía por dentro, como nunca antes en su larga vida.
-Natsuki...
Los días pasaron, al igual que sus almuerzos juntas. La peliazul al principio se quejaba por todo y la evitaba, pero lentamente comenzó a aflojarse, entablando conversaciones, e inclusive empatisando con ella.
A veces le dedicaba una grata sonrisa, que escondía agradecimiento.
Un día, la sorprendió por completo, contándole su oscuro secreto. Quería vengar a su madre de una organización llamada "el primer distrito", ya que ellos se habían encargado de asesinarla.
-Natsuki...
-mi estadía en este colegio será corta...vine aquí solo para buscar información, pero aun no he podido encontrar nada...
La castaña la observo, preocupada -la venganza no es el único camino...si sigues así te convertirás exactamente en las mismas personas que los asesinos de tu madre.
Abrió los ojos de par en par al escucharla, el rencor corrió por sus venas en un instante. Lo sabía, era consciente de ello, pero había decidido sacrificar todo, inclusive su propia persona.
-si debo transformarme en una asesina...que así sea.
Shizuru no podía creer lo que escuchaba. Ella tenía un futuro...y estaba eligiendo el camino equivocado, a pesar de tener todo a su favor. No era un monstruo como ella, podía manejar su vida y a pesar de eso, iba a destruirla.
En un impulso la tomo de los hombros, forzándola a mirarla -te estás equivocando tanto Natsuki...no debes seguir ese camino, tu puedes cambiar ¡debes valorar más tu vida!
Pestañeo varias veces al oírla tan determinada -Shizuru...esto es algo que decidí hace tiempo, no puedo volver atrás.
-¡siempre se puede volver atrás, puedes rehacer tu vida! tu puedes...hacer algo que yo no... ¡Y a pesar de eso estas desperdiciando la oportunidad! - enfatizo aquello ultimo, para luego callarse por completo, al percatarse de que definitivamente había hablado de mas.
La menor se quedo paralizada, admirándola. Su profunda mirada no tranquilizaba a la vampiresa, que temía que su secreto fuese descubierto.
-¿por qué dices que tú no tienes vuelta atrás?
Desvió la mirada hacia el suelo, evitando su pregunta.
-no puedo creer en tus palabras...es decir...eres...amable y hermosa, tienes todo por delante...
Al escuchar aquellos adjetivos emanar de sus labios, poso instantáneamente sus ojos en ella, provocando que la joven se sonroje a más no poder.
-¡n-no es lo que piensas! me refiero a que, puedes conseguir lo que quieras...yo por otro lado...
-eres absolutamente preciosa, como una inocente flor- la cortó, acariciando su rostro, provocando que esta se apoyase inconscientemente en su mano, reforzando el agarre.
-por favor...Natsuki, no quiero perder...a tu adorable persona- las lagrimas querían emanar de ella. ¿Hacia cuanto que no lloraba? años quizás...
Se abrazo a su cuerpo, rodeando su cintura, escondiendo el rostro en su cabello. Este emanaba un exquisito aroma.
-Shizuru...- atino a decir, correspondiendo su acto.
Al escucharla, se percato de su peligrosa posición. Sus ojos pasaron a su cuello en un instante, comenzando a tornarse rojizos.
Olía tan bien...demasiado...la fragancia superaba inclusive a la de la madre de Arika, que tanto le había enloquecido en su momento.
Sus manos comenzaron a temblar, provocando que la menor se apartase un poco, quedando frente a ella.
De forma inmediata, se tapo los ojos con las manos, si Natsuki veía su destello, era el fin.
-¿shizuru?
-prométeme...- susurró, agitada -que abandonaras tu venganza...por favor...
La peliazul cerró los puños con fuerza, impotente. Finalmente había encontrado a alguien que la entendía...que la quería...pero debía abandonarla. No iba a ceder a su camino, ni tampoco quería involucrarla en su peligrosa vida.
-lo siento, shizuru...pero no puedo...
Cerró los ojos con fuerza, chocando sus dientes. Escucho sus pasos alejarse, provocando que se destapara su lastimoso rostro, observando su ida.
¿Siquiera iba a despedirse?
Se puso de pie con lentitud, agarrando su propia garganta, tratando de calmar su hambre. Pero este no se iba, y cuando eso sucedía, sus pensamientos se nublaban y su mente se oscurecía, sacando su lado más siniestro.
Si la venganza es tu camino...lo único que puedo hacer para que la abandones...es terminarla por ti...
Su mirada se oscureció, dibujando una tenebrosa sonrisa -¿primer distrito...ha? veremos que tan fuertes son...
La noche llegó, avisándole que era la hora.
Se levanto con calma de su cama, dirigiéndose a la puerta, pero un brazo la detuvo.
-shizuru, no debes ¡esta no es la forma!
-Arika...
-¡me prometiste que dejarías de masacrar gente! solo lo harías cuando fuese completamente necesario...
-es necesario- la cortó, soltándose de su agarre.
-¿qué es lo que te sucede últimamente? ¡¿Qué ha hecho esa chica contigo?!
Su mirada se transformo en una lúgubre, al escucharla. La pelirroja detuvo su habla, atemorizada.
-no es de tu incumbencia- Sin mas que decir, se retiro de allí, dejando pasmada a la joven.
Llegó al escondite secreto de aquella organización. Por suerte era buena respecto a buscar información, no le tomo mucho encontrarlos.
Se escondió detrás de un mural, observando cómo los guardias le impedían la entrada.
Con un movimiento de su mano, se desprendieron dos luces doradas, atravesándolos por completo.
Sin siquiera pestañar paso al lado de los cadáveres, lista para cumplir su deber. La alarma había sonado, dándole a entender, que la batalla comenzaría.
Cientos de soldados se dirigieron hacia ella portando unos trajes extraños, completamente armados. Dibujó una sonrisa, iluminada por la emoción. Hacía mucho tiempo que no ejercitaba su cuerpo, este se lo pedía a gritos.
La masacre emprendió su camino, dejando cuerpos sobre el piso, despellejando otros, salpicándose completamente de sangre ajena.
Las pocas heridas que lograron hacerle, se curaban al instante.
-¿que eres? ¡monstruo!- exclamo uno, desde el suelo, tratando de zafarse de su agarre.
-ustedes son los monstruos...por lastimar a mi querida Natsuki...- sentenció, clavando sus garras en su garganta, eliminándolo al instante.
Se levanto de allí, observando a su alrededor -creo que eso es todo...ahora...- se relamió los labios, deseosa por probar a sus presas -es hora de comer
Sin más que decir, succiono la sangre de todos, dejándolos completamente sin aliento.
Al otro día, despertó en su cama, con la ropa aun ensangrentada. Arika no se encontraba allí, para su suerte.
Se reincorporo un poco, cerrando los ojos con fuerza, percatándose de su pecado. Habia perdido el control, no quería destruirlos de tal forma...pero...su naturaleza la guió por el mal camino, nuevamente.
Fue a la ducha con desgano, tirando sus ropas. Abrió el agua fría, tratando de calmarse. Pero no era posible, el arrepentimiento invadía todo su maligno ser.
La puerta del baño abriéndose de forma estrepitosa, la despertó de sus pensamientos.
Abrió la cortina de la ducha, atemorizada, para encontrarse con el rostro lleno de lagrimas de la peliazul.
-¿n-natsuki?- la nombro, dejando al descubierto todo su cuerpo.
-¡shizuru! ¡e-el primer distrito fue destruido! ¡no sé quien lo hizo, no sé qué paso! de un día para el otro...
Salió de la bañera al sentir su inquietante energía, para luego abrazarla con fuerza -cálmate, natsuki...siempre hay una explicación para todo- trato de tranquilizarla, acariciando su sedoso cabello.
No podía contarle la verdad, no debía enterarse.
-ahora no sé lo que debo hacer...mi meta...lo único en lo que había trabajado toda mi vida está destruido, no sé qué...- Detuvo su habla, al notar que la castaña se encontraba completamente desnuda, aferrada a ella.
Se quedo inmóvil, con su sonrojo en aumento. Estaba tan ensimismada en esa noticia que no es percato de ello.
-Natsuki...- se aparto un poco, quedando frente a ella, sonriéndole con amabilidad -no debes alarmarte, después de todo no era una organización con buenos fines, me imagino que tendrían muchos enemigos...lo único importante...es que ahora eres libre de vivir la vida que deseas...
Escuchó sus palabras casi en un eco, no podía quitar la vista de su voluptuoso cuerpo. Tragó saliva con fuerza, reaccionando -¡pero era yo la que quería cumplir la venganza! ahora me siento mas vacía que antes...
Shizuru se estremeció al oírla ¿entonces, todo había sido en vano? no...no iba a permitirlo...
-¿qué tal si...- comenzó a decir, acariciando sus hombros -te ayudo a llenar ese vacío? ahora puedes ser una persona común y corriente, disfrutar de la vida... ¿no crees que el paso del tiempo te llenara de recuerdos hermosos?
Abrió los ojos con sorpresa, al escuchar sus tentadoras palabras.
-te prometo que te ayudare a olvidar...te haré feliz...
Deslizo sus ojos a sus labios, de forma instintiva, para luego posarlos en el suelo, avergonzada -¿por que...haces todo esto? ¿Por te preocupas tanto por mi?- inquirió, tomando la mano que aun se encontraba en su hombro, apretándola hacia sí.
-¿ara...acaso no es obvio?
La menor se quedo muda, esperando ansiosa su respuesta. La castaña le sonrió con ternura, para luego cerrar los ojos de forma apacible.
-porque te quiero...Natsuki...
Y así continuaron los días, apoyándose entre ellas. Shizuru se había convertido en la presidenta del consejo estudiantil, todo porque de aquella forma podía acceder de forma mas fácil a la información confidencial de ciertas organizaciones. Tenía que estar atenta, no quería recibir un ataque sorpresa por sus acciones pasadas.
Aquello por suerte nunca ocurrió, y los años pasaron. Acercándolas aun más, aflojando casi por completo el alma de su amiga.
Ahora solo tenía un motivo que le preocupaba, y era la deseosa forma en la que anhelaba a la peliazul. Poco a poco perdía el control, y no solo por querer su sangre, sus sentimientos habían aflorado...convirtiendo su amistad, en algo más, dentro de su corazón.
La voz de su amada llamándola, la despertó de sus recuerdos. Es cierto, la joven la había arrastrado con ella, a aquel hermoso lugar.
-Natsuki...- la nombró, acercándose con lentitud.
-gracias a ti estoy aquí...es por eso que...eres la persona más importante para mí- detuvo su habla un segundo, entristeciendo su mirada -pero aun así…a pesar de que yo confió en ti, siento que tu no…dime por qué shizuru... ¡¿Por qué me ocultas tantas cosas?! me desespera el no saber si te preocupa algo o si estas en problemas…- continuó, ya irritada.
Shizuru la observaba perpleja, era muy inusual que demostrara sus sentimientos de esa forma tan descabellada. Con tal actitud, se sintió mas que presionada.
Desvió la mirada, tratando de no desistir ante su discurso -es solo que...hay cosas que uno debe guardárselas en su interior…para así no dañar a los demás...- musitó.
La peliazul bufó, enfadada -¡mentira! Si es así, entonces... ¿por qué le cuentas todo a Arika?!- explotó, ya en un grito.
Paralizada por su actitud y sus palabras, poso su vista en la suya – ¿qué?… ¡¿ella te dijo algo?!- la tomo de los hombros, apretándolos un poco. Su miraba detonaba desesperación.
Se extraño ante su comportamiento, nunca tenía ese tipo de reacciones.
-n-no me dijo nada ¡pero no soy tan tonta como para no darme cuenta de que algo te ocurre!- contesto finalmente.
Le soltó los hombros, percatándose de su rudeza, pero no se movió de su lado. Sus ojos no podian desprenderse de los esmeraldas de ella.
-por eso, es que quiero que confíes en mi, cuéntame lo que sucede…por favor shizuru ¡estoy segura que puedo ayudar!- le rogó, tomando sus manos entre las suyas.
La castaña observo el agarre, sonriendo con sarcasmo -¿ayudarme? ¿Sabes lo que eso conllevaría, natsuki?
-no me importa lo que me suceda...
-no sabes lo que dices- la cortó, soltándose del agarre y dándole la espalda. Su insistencia comenzaba a desesperarla.
-¡shizuru! ¡ya basta! ¡te ordeno que me digas lo que te sucede!- sentencio, tomando su brazo, obligándola a mirarla.
-¿me ordenas? ¿Ahora eres mi dueña o qué?- la presiono, tomando su mentón por sorpresa, acercando su rostro de forma peligrosa.
Mientras más invadida se sentía, mas saltaba a la vista su defensiva naturaleza. Debía huir de ahí, antes de perder por completo el control.
Natsuki, dio dos pasos atrás, al percibir su cambio, aun así, no perdió su determinación -no es justo...- comenzó a decir, reprimiendo las lagrimas -tu me ayudaste tanto...quiero hacer lo mismo contigo...
-yo quiero hacer "otras" cosas contigo...- escapo de sus labios, acortando la distancia que puso la menor.
Abrió los ojos de par en par, tratando de entender sus palabras. Sus ojos se estaban transformando en aquellos malignos, que presencio el día anterior en su despacho.
-ahí está de nuevo...esa mirada...- soltó, con un poco de temor.
-¿Cuál, natsuki?
Su tono decaía cada vez mas, desapareciendo por completo la dulzura que la destacaba.
-la que tienes, es como si estuvieses...a punto de devorarme...
Sonrió complacida, de forma lúgubre -amo que seas tan perceptiva...eso ahorrará las explicaciones
Su garganta se seco al escucharla. Algo en su mente le decía que corriese, que se alejase de ella. Pero su corazón no le hizo caso, siguió plantada frente a su peligrosa persona, con un brillo en sus ojos.
Shizuru sonrió placenteramente al observarla -ah...natsuki...esa mirada que tienes...me encandila por completo...- ronroneó, abrazando su cintura, y apegando su cuerpo al suyo, sintiendo su cálida temperatura.
Pero que fría esta...- pensó la peliazul, extrañada.
-Shizuru...
-¿de verdad quieres saber la verdad...aunque tu vida peligre?
-si- asintió, determinada, en su pecho. Percibía como la respiración de su amiga se aceleraba cada vez más.
Sin esperarlo, comenzó a percibir como la mayor lamia con lentitud su cuello, para luego depositar hambrientos besos en el.
Se estremeció al instante, escuchándola jadear casi en un susurro.
-¿s-shizuru?- la llamo, asustada. Se estaba comportando muy extraño, demasiado para su gusto...el temor comenzó a invadirla.
Quizás muy dentro suyo, ya sabía la verdad que ocultaba.
Capitulo 4 entregado!
Este es un nuevo capitulo que en el fic anterior no estaba, así que les recomiendo a los que todavía no leyeron la historia, parar acá, hasta que publique el próximo, porque sino va a haber una descontinuación, ya que estoy reemplazandolos, y este es uno que agregué.
Sin mas que decir, me despido! si llego a tiempo, publico el quinto en un rato!
Besos a todos/as!
