Capitulo 4.
Fuera de aquella habitación, los guardias pudieron oír claramente unos ruidos fuertes, como si alguna silla u objeto pesado se hubiese caído.
- Vaya, están montando un buen escándalo ahí dentro.
- Ese tío… no es normal –opinó uno de los guardias.
- Claro que no, por eso es solo cuestión de tiempo que el alcaide lo haga.
- ¿Hacer qué?
- "Domesticarle". ¿No os habéis fijado? Es todo un reto... y espero que cuando lo hagan, pueda ser uno de los candidatos.
- ¿Me tomas el pelo? –dijo asqueado su compañero.
- ¿Por qué crees que le dan tantas "libertades"? Déjale diez minutos más, es mejor que acabe lo que ha empezado, sino saldrá nervioso, y eso ya sabéis que no es bueno. –dijo el guardia marchándose y dejando a su compañero al lado de la puerta.
Al otro lado de la misma, Noriko se encontraba tumbada sobre la mesa, Matsumura estaba prácticamente encima de ella, besando su cuello de forma apasionada, pero ella no se inmutaba y mantenía los labios muy apretados, como conteniendo una gran rabia.
- Maldita sea, ¿por qué todos vosotros tenéis el mismo olor? Hueles igual que él…
- ¿Te atreves a mencionar a Seiya en una situación así?
- Esa estrategia no te va a funcionar, Noriko. Lo supe desde aquella noche, cuando me lo explicaste todo, luego la idiotez de aquel beso… no, tú querías algo más, algo que nunca tuviste, algo que te arrebataron.
Matsumura hablaba mientras seguía besándola, luego se apartó, se retiró el pelo rojizo de la cara y se mojó los labios.
- No debiste haber hecho ese pacto.
- Ahora ya es tarde para decir esas palabras, ¿no crees? Lo increíble es que aún pretendas vivir la vida de tu antiguo "contenedor". Vives de ilusiones Noriko, ilusiones que ocultas bajo esa máscara, carente de cualquier emoción, y sabes que yo soy el único que puede arrancarla. Por eso has venido, para intentar comprenderlo.
Ahora Dayu hizo algo extraño, pasó la mano por el abdomen de Noriko, llegando a la altura de la pelvis, pero sin tocarla. Noriko gimió, intentando contenerse. Matsumura sonrió.
- El mismo poder para matar, el mismo poder para amar.
- Estás loco.
- Sí, eso me lo dicen a menudo.
A continuación Dayu deslizó su mano por entre las piernas de Noriko, la cual apretaba los labios, no obstante cerró los ojos, era algo inaguantable. Su gesto iba cambiando, no podría evitarlo por más tiempo. Los cinco minutos ya se tenían que haber cumplido pero aún así…
- Lo que me temía, ¿lo ves como eres un ser humano? El cuerpo responde Noriko, ahora solo tienes que dejarlo salir. –dijo al comprobar la humedad evidente.
- ¿Y con eso serás feliz?
Dayu volvió a besarla en los labios, deslizando a continuación sus largos dedos por debajo de su ropa interior. Entonces retiró con la otra mano el flequillo de Noriko, pudo observar como esta tenía los ojos muy abiertos, desorbitados, mirándole fijamente, como si estuviese avergonzada por sentir algo así. Dayu hizo un leve movimiento con los dedos y la chica se tapó la boca con la mano, dos gruesas lágrimas asomaban por sus ojos.
- ¿Tienes miedo de que te castiguen por algo así? Tú has venido hasta mí, ¿recuerdas? Has venido porque tienes ese recuerdo aún grabado en tu cabeza. Has venido, Noriko, porque en el fondo siempre… me has deseado.
Aún tapándose la boca, Noriko negaba con la cabeza, nerviosa. De nuevo otro movimiento. Ella arqueó la espalda, se mordió tan fuertemente el labio que se hizo sangre. Dayu sonrió con malicia y la besó para lamer la herida.
- Si te contienes será peor –susurró.
Continuó acariciándola, despacio. Ella sentía como su cuerpo ardía en un placer inimaginable para un ser humano. Pero ni ella ni Dayu Matsumura eran como el resto de los seres humanos que habitaban el planeta.
- Será mejor que te acostumbres a sentir… Eres preciosa, no desperdicies tu vida como humana.
- ¡Basta! –gritó Noriko apartándole, tenía una gran fuerza.- Cómo te atreves… no me digas como tengo que vivir mi vida. ¿Acaso no lo recuerdas? Todas esas emociones, el amor, todo, conducen a un mismo sitio: el sufrimiento, Matsumura. Tú lo sabes mejor que nadie. Quisiste jugar a un peligroso juego y mira ahora… ¡Seiya está muerto! ¿Acaso no te importa? –escupió con furia.
- Por eso prefieres evitarlo… tú misma, pero yo prefiero eso a no haber tenido nada, al menos cuando desaparezca lo haré feliz porque por fin pude querer a alguien, ¿has comprendido eso Noriko? ¿sabes lo que es el amor?
Un fuerte golpe hizo eco en la estancia. Noriko salió corriendo de la habitación, tapándose la boca con la mano. Dentro permanecía aún Dayu, el cual tenía la mano en la mejilla dolorida, salió furioso. No muy lejos de allí, Kyrian observó toda la escena a través de unos barrotes: una mujer que se iba enfadada y a Dayu que la gritaba por la espalda mientras la señalaba.
- ¡No tienes ni idea de cómo vivir la vida que te han regalado, Noriko! ¿Hasta cuándo vas a seguir siendo prisionera de tus propias emociones, eh?
Dayu resopló, maldiciendo en voz baja mientras se acercaba a Kyrian y le abrían la compuerta, este no entendía nada.
- ¿Quién era?
- El enemigo –respondió con fastidio.- Esa mujer es un maldito bloque de hielo, por eso prefiero a los hombres, son más dóciles y fáciles.
- ¿Qué? –se sorprendió Kyrian.
- Lo siento, no lo decía por ti –rectificó- Siempre se me ha dado mal con las mujeres.
Kyrian nunca había visto esa expresión en el rostro de Matsumura, por primera vez le dio miedo de verdad.
- ¿Estás bien?
- No Kyrian, no estoy bien. –dicho esto se detuvo, le apresó por el cuello de la camiseta y le levantó para quedar cara a cara.- Estoy nervioso y excitado.- Kyrian tragó saliva.
Luego le soltó y comenzó a caminar deprisa.
- Ven, vamos a las duchas.
- Pero…
Una mirada asesina le atravesó, sería mejor no contradecirle.
Al llegar a las duchas, algunos presos se encontraban en las mismas. Se asustaron enormemente cuando el ángel apareció dando una fuerte patada a la puerta.
- Salid.
No tuvo que decirlo dos veces, los pocos presos que se encontraban allí salieron despavoridos. Matsumura se dirigió a la cámara, la arrancó de la pared, la tiró fuera y cerró la puerta. Kyrian estaba asustado, se mantenía contra la pared, sus piernas temblaban.
- Odio a las mujeres. –dijo ahora resoplando, como intentando tranquilizarse, se apartó el pelo de la cara. A continuación se desnudó y se metió debajo de la ducha. El agua le relajaba enormemente, sentirla recorrer su piel era la mejor sensación. Ahora Kyrian parecía más tranquilo y se dejó caer en el suelo, resbalando por la pared.
Observó atónito la espalda, el cuerpo perfecto de Dayu Matsumura, que a pesar de estar donde se encontraba, siempre estaba inmaculado, impecable. Por el denso vapor que se estaba formando, Kyrian dedujo que el agua debía estar terriblemente caliente, pero a Dayu no parecía afectarle. Pasados unos segundos, comprobó con estupor como Dayu apoyaba una mano contra la pared y mantenía la cabeza agachada, mientras que con la otra mano se acariciaba, no podía verlo, pero lo estaba haciendo, sin ninguna duda. Escuchó como jadeaba, aunque no podía ver su rostro. Kyrian no podía creer lo que estaba viendo, su dueño se estaba masturbando allí mismo, en silencio. Tragó saliva, el corazón le latía tan fuerte que le hacía daño dentro de su menudo cuerpo.
No, no dejaría que él hiciese eso. Se quitó la ropa y se introdujo debajo del chorro de la ducha, abrazándole por la espalda. Sin pensarlo dos veces dirigió su mano a la entrepierna pero Dayu le detuvo.
- ¿Qué crees que haces?
- Aliviar tu sufrimiento…
- Eres muy considerado. Pero antes he estado con ella, no soy un buen amante, ya te lo dije.
- Eso no importa.- ahora Kyrian se puso delante de él –Mientras estés aquí Matsumura, yo te pertenezco, así que no me apartes de tu lado.
Dayu puso un gesto como de rendición, pero no tuvo tiempo para responder. Kyrian se agachó y comenzó a lamer su masculinidad, despacio. Era verdad que Dayu estaba demasiado excitado, su erección era fuerte.
- No lo merezco… -susurró mientras jadeaba.- No lo merezco… Seiya…
Kyrian se detuvo un momento, pero no dijo nada, prosiguió, ahora más deprisa. Dayu le retiró la cabeza con la mano y le miró fijamente, sus lágrimas se confundían con el agua de la ducha que caía con fuerza. Le levantó y le abrazó.
- Lo siento…
- No lo sientas, es verdad que le amabas.
Para su sorpresa, Kyrian sonreía, se mostraba con las mejillas encendidas, adorable. Se puso de puntillas y le besó en los labios rodeándole el cuello con sus brazos. Matsumura se incorporó y le levantó del suelo, respondiendo aquel beso que a Kyrian le supo a una pasión que el propio Matsumura había estado conteniendo. Fue un poco más duro y salvaje que la primera vez, Kyrian sintió aquel poder que corría por la sangre de aquel ángel, ahora excitado.
- No eres una mascota… -le susurró al oído mientras le penetraba- No eres mi antiguo amante, ni tampoco eres ella…
- ¿Quién soy… entonces? –preguntó el muchacho con lágrimas en sus ojos, a la vez que jadeaba.
Dayu aumentó el ritmo, explotaría de placer de un momento a otro.
- Kyrian… mi… amante…
El muchacho le besó de nuevo, luego sonrió y arqueó la espalda al llegar al éxtasis, a la vez que Matsumura.
Justo en ese instante, numerosos guardias entraron en las duchas, armados. Kyrian se sobresaltó mucho pero Matsumura permanecía tranquilo, levantó las manos.
- Tranquilo, vienen por mi.
- El alcaide quiere hablar contigo, no intentes nada raro o de lo contrario abriremos fuego.
- Es curioso, la última vez que oí esa frase murieron enfrente de mí un par de policías ¿o fueron tres? Francamente ya no lo recuerdo… No obstante, os acompañaré encantado.- respondió con sorna.
El despacho del alcaide era muy amplio y lujoso, lo que contrastaba enormemente con lo que había a su alrededor. Este se encontraba sentado pero se levantó en cuanto se abrió la puerta.
- Dejadme a solas con él –anunció a los guardias.
- Pero señor, ya sabe que no es seguro y…
El alcaide levantó una mano, no tuvo que decir nada más. Les dejaron a solas. Matsumura se fijó entonces por primera vez en la persona que tenía delante. Era más o menos de su altura, su rostro mostraba unas duras pero bellas facciones, tenía los ojos grises y el pelo negro azabache largo y recogido en una coleta. Rondaría los treinta y tantos, al igual que Dayu. A este le sorprendió ver que no había el menor ápice de terror reflejado en su rostro. Se acercó a él tranquilamente con las manos enlazadas en la espalda.
- Por fin nos conocemos, Matsumura.
- ¿Qué quiere de mi?
- Impulsivo… está bien, iré al grano, quiero que… me muestres tus alas.
Al oír aquello, fue como si la habitación y todo lo que había fuera de ella se hubiese silenciado de repente. Matsumura abrió mucho los ojos, parecía que le hubiesen echado encima una jarra de agua fría.
- Disculpe, creo que no le he entendido bien…
- Me has entendido perfectamente, Matsumura. Se que no eres cien por cien humano, sé muchas cosas de ti, se que juzgas a la gente, decides quién vive o quién muere, se que tienes además un gran poder y… me gustaría comprobarlo con mis propios ojos.
- ¿Quién es usted realmente?
El alcaide sonrió, como si le hubiesen pillado.
- Vaya, ni siquiera eres capaz de reconocer a los de tu propia especie, sí es verdad que has estado mucho tiempo viviendo como humano.
- Sabía que no era el único enviado. Está bien, me mostraré.- dicho esto Dayu se despojó de la mugrienta camiseta gris que llevaba, dejando al descubierto su pálida piel y su enorme tatuaje en forma de lenguas de fuego negro. Respiró hondo y sus alas, de un suave plumaje negro se extendieron.
- Majestuoso, yo aún no me he completado, pero quería verlo por mi mismo. Aunque… espera un momento, ¿esto que es? –preguntó mientras se acercaba a una de las alas, alargó la mano para arrancar una de las plumas. Se la puso a Dayu delante de su rostro, este se quedó perplejo.
- ¿Blanca? –preguntó con la boca seca.
- Entonces es cierto… intentas ganarte de nuevo el cielo.- pues eso no va a poder ser y tendremos que hacer algo para remediarlo. Vas a tener que ser domesticado Matsumura, en otras palabras, vas a tener que… sufrir de nuevo.
Dayu se echó hacia atrás y se puso ambas manos en la cabeza, negando. Cayó de rodillas en el suelo. Enseguida el alcaide le hizo tragar una pastilla por la fuerza, luego le colocó una especie de collar en el cuello, bien apretado al mismo, casi ahogándole. Por primera vez estando allí, Dayu dio la orden a su cerebro: "muere". Pero no sucedió.
- ¿Intentas matarme? No te servirá de nada puesto que… -dijo ahora agachándose para susurrarle en el oído- … conozco tu poder y como anularlo. Matsumura gritó de dolor, la cabeza parecía que le iba a explotar de un momento a otro.
