Summary: Este fic participa en el "Reto de Halloween" del foro de InuYasha: Hazme el amor. Como desearía que los seres sobrenaturales fuesen como en los cuentos, buenos y siempre listos para ayudar, en lugar de ser esos seres despiadados ansiosos por quitarte un trozo de carne.


Disclaimer: Los personajes le pertenecen únicamente a Rumiko Takahashi, yo sólo los tomo prestados para narrar esta historia :3.


Número de palabras Capítulo IV: 2,062

Hooola :)!, ya estoy de vuelta con el capítulo 4!, espero que les guste :B! hohoho muchas gracias por su review a:

- Alex Taisho

Lalala... pues que decir, no contesto los reviews porque nunca sé que decir(?) xD, pero espero que algunas de tus preguntas se vayan resolviendo (?) xD... y pues de la pareja no está definida realmente :I jojojo.


Capítulo IV. Un camino

— Qué será lo que ocurre en este lugar… —decía impresionado y desdeñoso al mismo tiempo el demonio verde—, amo bonito —esperaba escuchar alguna cosa de su amo, pero nada salió de su boca. Simplemente estaba observando.

El demonio verde se dio cuenta entonces que su amo bonito estaba observando a su despreciable medio hermano, ese hanyou que sólo traía problemas a la vida de su adorado amo.

— Ese inepto de Inuyasha, ¿qué estará haciendo aquí? —decía con el ceño fruncido, no le agradaba que aquel híbrido estuviera cerca, pues la mayoría de las veces su amo se ponía más violento de lo normal y lo peor de todo es que muchas veces él terminaba pagando por el enojo de su amo.

Nuevamente no hubo respuesta por parte del youkai, él simplemente continuaba observando a su medio hermano quien parecía no haber notado aún su presencia, como siempre era descuidado. Hasta que al fin después de unos minutos el hanyou pareció percatarse que eran observados por alguien, al dirigir su mirada a la izquierda cayó en la cuenta de que se trataba de Sesshomaru, nunca le había alegrado tanto verlo, bueno no se alegraba de verlo a él exactamente, sino más bien que se encontraba en una playa.

— Miroku, Shippo —dijo alertando a sus amigos—, ¡miren!... al fin hemos llegado a una isla.

— Tienes razón Inuyasha… aunque no me pareció que nos estuviéramos moviendo —dijo pensativo el monje, daba igual se encontraban a unos cuantos metros de tierra firme.

— ¡Al fin! —dijo Shippo quien comenzaba a marearse con el vaivén de las olas.

Pasaron unos minutos más hasta que lograron llegar a la isla delante de ellos, aunque lo que querían era pisar tierra firme cuanto antes, la presencia de Sesshomaru los intimidaba un poco. Más aún porque se encontraba viéndolos fijamente con esa característica mirada suya, pero nada más podían hacer tenían que bajar ahí o seguirían yendo a la deriva y perderían la noción de dónde se podrían encontrar sus compañeras.

Una vez en la isla se percataron de la extraña altura que había entre el agua y la isla, parecía que flotaba sobre el mar. Como pudieron lograron llegar a la isla, sintiendo como el youkai los seguía observando.

— …por qué nos estará viendo de esa forma —dijo en apenas un susurro, aunque casi podría jurar que lo había escuchado pues sintió la fuerza de su mirada encima suyo, sentía escalofríos más al escuchar a Shippo soltar un horrible alarido—, ¿¡qué ocurre Shippo!?, me has dado un susto de muerte —dijo al tiempo que volteaba en dirección a Shippo quien veía algo a unos cuantos metros de ellos—, ¿qué es? —dijo intrigado al tiempo que se acercaba hasta Shippo, pero al estar más cerca no pudo evitar soltar un grito aterrado al ver la escena frente a él.

Era… sin duda era ella, se encontraba tirada a la orilla de la isla, como si las olas la hubiesen arrastrado hasta allí antes de que la marea bajara de esa forma. Intentó dar uno dos pasos pero fue en vano, las piernas no le respondían y no era para menos, frente a él se encontraba el cuerpo inerte de su amiga, de su… ¿por qué? Debía estar teniendo una pesadilla, nada de lo que tenía frente a él parecía real, ¿por qué ella? Se repetía mentalmente, al tiempo que se maldecía por no haber cuidado de ella como era debido.

Era Sango quien se encontraba tirada a orillas de la isla, parecía que tenía un rato fuera del agua pero no parecía intensión de levantarse, Inuyasha al darse cuenta corrió hasta ella como pudo e intentando no moverla demasiado intentó escuchar si aún latía su corazón, no estaba seguro si lo que escuchaba era el corazón de la exterminadora o el suyo mismo, que en ese momento latía desesperado al ver las condiciones de su amiga.

Se quedaron observando aterrorizados a la exterminadora, ni en sus peores peleas había quedado así de mal herida, su rostro... estaba cubierto de sangre, pero no tenían idea si era sólo un corte o, en ese momento llegaron a ellos el recuerdo del grito de Sango que era atacada por una de esas extrañas ancianas, Inuyasha recordaba haber escuchado un sonido parecido al que se escucha cuando arrancas un trozo de tela.

Estaban impactados, sería cierto… ¿sería verdad que le habían arrancado un trozo de su rostro a la exterminadora?, rezaban porque no fuese así… no obstante se aliviaron un poco al notar que el pecho de la muchacha bajaba y subía con algo de dificultad, pero eso sólo significaba una cosa, estaba viva.

— Me alegro tanto… —dijo Miroku quien ahora sostenía a Sango en sus brazos, intentando no soltarse a llorar, debía ser fuerte—, Sango si que me has asustado esta vez… —intentaba sonreír y no sonar tan preocupado, pero era en vano, la voz se le quebró y no era para menos.

— Vamos a lavarle el rostro Miroku —dijo decidido Inuyasha, cualquiera fuera lo que les esperaba detrás de esa cortina de sangre sería mejor que lo hicieran ahora que aún se encontraba inconsciente, de otra forma seguramente le dolería como los mil demonios.

— De acuerdo —dijo Miroku levantando en brazos a Sango, que en esos momentos parecía sólo un trapo viejo y desgastado.

Mientras encontraban una forma de acercarse al mar sin caerse en el, Sesshomaru los seguía observando como lo había hecho antes, aunque se percató de que en realidad Inuyasha no había sido el causante de ese extraño aroma a té, pues todo el claramente seguía apestando a híbrido.

Ninguno de ellos parecía prestarle atención, no es que le molestase no obtener la atención de unos insignificantes humanos, mucho menos de su hermano, pero aún continuaba con esa duda que se había instalado en su cabeza desde la noche anterior cuando sintió aquella extraña presencia. No había remedio tendría que hablarle a ese insoportable grupito.

—… —iba a empezar a hablar cuando fue interceptado por Inuyasha que de forma ruda como era su costumbre le habló diciendo algo sobre el mar, sirenas, y cómo bajar hasta el fondo, realmente no le había puesto atención.

— ¡Ey! —gritó exasperado Inuyasha, detestaba que no le pusieran atención—, ¿acaso estás sordo? —no le importaba si se le venía encima a atacarlo, necesitaba respuestas aunque tuviesen que ser de su insufrible medio hermano.

Hubo momentos de silencio, se escuchaba como Shippo había corrido con Kirara a traer un poco de agua, como la exterminadora se quejaba un poco al contacto con el agua salada.

—… No tengo idea de lo que estás hablando hermanito —dijo esto último en tono sarcástico—, aunque… si te refieres a la presencia que se sintió anoche eso mismo he venido a buscar.

— ¿Presencia… cuál presencia? —dijo confundido Inuyasha, que él recordara no había sentido ninguna presencia aunque claro tal vez se debía a que estaba medio aturdido por esa fuerza extraña, ¡claro! Seguramente Sesshomaru se refería a la presencia de aquel ser que había salido del mar—, te refieres al ser que apareció en el mar —dijo básicamente afirmando lo que había dicho su hermano.

Sesshomaru se quedó pensando un momento, un ser que aparecía en el mar, sin duda no era cualquier ser seguramente se trataba de una sirena, aunque no se explicaba que estarían haciendo en estos lugares.

— Sirenas… seguramente son sirenas —dijo Sesshomaru y sin más se disponía a marcharse, no tenía nada más que hacer en aquel sitio, no es que no le intrigase el por qué de las sirenas en esos mares, pero parecía que su hermano tenía algo que ver lo que le quitaba por completo las ganas de meterse en esos asuntos.

— ¡Espera! —gritó nuevamente Inuyasha, tenía que haber alguna forma de llegar hasta el fondo del mar y puesto que Sesshomaru había sabido de que ser se trataba probablemente sabría cómo llegar hasta ellas.

Sesshomaru se detuvo un momento esperando cualquier tontería que pudiese salir de la boca de su medio hermano, aunque no creyó que pudiese ser tan estúpido para preguntarle algo así.

— Sabes… Tú sabes cómo llegar hasta dónde están las sirenas —preguntó inquieto esperando que Sesshomaru se dignara a darle una respuesta. Se le detuvo el corazón al ver que comenzaba a avanzar nuevamente—¸ ¡Sesshomaru! Necesito llegar hasta ahí, es probable que Kagome…

— No me interesa cuales sean tus motivos para ir hacia allí —dijo interrumpiendo a Inuyasha quien se quedó callado un momento—¸ pero si tanto quieres saber cómo llegar hasta ahí y cavar tu propia tumba… —dijo haciendo una mueca de sonrisa que nadie más que Jacken vio—, está bien hermanito, Jacken —mandó a su sirviente.

Jacken ya se temía aquello, no tenía ganas de entrometerse en asuntos como esos, menos aún con Sirenas. Pero qué más podía hacer si su amo bonito se lo mandaba, sólo esperaba que no tomaran represalias contra él, después de todo sólo estaba siguiendo órdenes.

— Sí amo bonito —dijo y corriendo hasta donde se encontraba Inuyasha, golpeó el suelo con su báculo de dos cabezas, después de recitar algunas palabras las dos cabezas rieron de forma macabra—, ya está amo bonito —y sin más regresó al lado de su amo, quien ya comenzaba a caminar.

— Ese es tu pase directo a la muerte hermanito —continuó caminando, escuchaba un balbuceo de Inuyasha preguntando de qué estaba hablando, pero no le interesaba, suficiente había hecho con mostrarle el camino.

Claro que no dudaba que de una forma u otra saliera de esa, después de todo era hijo de Inu-no-Taisho, le agradase o no, lo menos que podía hacer por llevar la sangre de su padre era arreglárselas para sobrevivir.

Inuyasha se quedó viendo el lugar en el que ese demonio verde había clavado el báculo, no sabía por qué, pero algo le decía que de un momento a otro algo aparecería en aquel lugar. De cualquier forma tendría que esperar a que algo ocurriese, estaba seguro de que eso lo ayudaría a llegar a donde se encontraba Kagome, después de todo Sesshomaru podía ser cualquier cosa menos un mentiroso.

Volvió la mirada para ver cómo iban Miroku y Shippo, al voltearse se quedó helado al igual que sus amigos, viendo como el rostro antes bello de la exterminadora había sido prácticamente destrozado, la mitad izquierda de éste se encontraba más o menos bien pero la derecha eran simplemente colgajos de piel, era como si le hubieran desgarrado la cara con navajas.

— Demonios —dijo por lo bajo Inuyasha, se sentía pésimo al ver a su amiga en ese estado, no había perdón para ellos—, Miroku —dijo en un susurro el hanyou—, creo que será mejor que te…

— De ninguna forma Inuyasha, no pienso quedarme aquí sin hacer nada, iré allí y me aseguraré de que esos monstruos paguen por lo que han hecho —dejó a Sango debajo de unas palmeras—, Shippo, Kirara… cuiden de ella.

El pequeño Shippo no tenía palabras para esas circunstancias tan fuertes, no sabía qué hacer, así que acataba rápidamente cada orden que le diesen, era lo menos que podría hacer por su amiga Sango. Kirara se recostó detrás de Sango para que ésta estuviese más cómoda.

De un momento a otro comenzó a brillar algo en el lugar en el que se había clavado el báculo, así que eso era se dijo Inuyasha, un portal.

— Miroku —dijo y sin más se lanzó a aquel vacío que se formó de la nada seguido de Miroku.

Estaba en penumbras, se sentía helado, como si alguien les estuviese respirando en la nuca, Miroku sentía escalofríos al tiempo que sentía como le recorrían el cuerpo unas manos que no lograba ver en la espesura de aquella oscuridad. Inuyasha iba adelante, o al menos eso es lo que recordaba Miroku, se preguntó si él estaría sintiendo lo mismo que él.

Inuyasha sentía que algo lo jalaba a través de aquel portal, parecían manos, unas manos pequeñas… probablemente de mujer, al caso daba lo mismo ya se encontraban ahí. Y lo que más temía escuchar, se oyó a lo lejos un grito desesperado pidiendo auxilio, eran los gritos de Kagome, casi podía escuchar su respiración entrecortada y el llanto saliendo de sus ojos. Se le oprimía el pecho sólo de escuchar y peor al imaginar lo que podrían estarle haciendo.


•Nenny de Borrego•

19 · Octubre · 2014