DISCLAIMER: Saint Seiya pertenece a Masami Kurumada, Toei y a quien más corresponda.
Los OC's de esta historia son de mi propiedad.
Esta historia es importante para que entiendan ciertos aspectos de mis fanfics. En "Despertares" ya hable de esto.
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Las Consecuencias de Nuestro Objetivo
Por Aquarius-chan
Capítulo 4: "Enfrenta las conscuencias"
La vieja camioneta transportaba a caballero y aprendiz. Afrodita miraba desinteresado la nieve. Odiaba el frío, pero ya no podía hacer nada para evitar entrenar allí y, si lo pensaba bien, jamás le habían dado a elegir un lugar de entrenamiento. Suspiró molesto.
-Lamento que todo termine así, Afrodita - el aludido miró a Edward, el actual caballero de Piscis - Pero sabías que tus actos algún día serían cobrados - el niño bufó y siguió mirando el paisaje nevado.
Llegaron a una cabaña que había en medio de un bosque de pinos. El lugar, a pesar del frío, era agradable. Pero el pequeño sueco lo veía como una simple molestia que debía soportar hasta el día que su maestro se digne a nombrarlo caballero.
-Hoy y mañana nos acomodaremos, por lo que empezaremos con el entrenamiento en dos días, ¿te parece? - el peli celeste solo asintió - ¿Me estás haciendo la ley del hielo? - no recibió respuesta - ¿Sabes lo que significa tener a Novak como único vecino? Que estoy acostumbrado a la frialdad de las personas - comenzó a caminar - Ven - notó como el niño lo seguía con el ceño fruncido - El Patriarca dijo que este lugar te serviría mucho para entrenar. Yo también lo hice en un lugar de clima frío, en Noruega.
-No pregunté - habló por primera vez.
-Afrodita... - suspiró buscando calmarse, no le gustaba enojarse con su aprendiz - Estoy tratando de hacer que esto sea más llevadero. Se que el castigo del Patriarca sumado a que nos Benedicto y yo nos vimos obligados a separarlos - se detuvo frente a una puerta que estaba cerrada y volteó a verlo - Pero eso no es culpa mía ni de Benedicto ni del Patriarca. Ángelo y tú tienen que enfrentar las consecuencias.
-Ya lo se - miró hacia un costado - Solo que esto no me gusta.
-Te encontrarás con muchas cosas en esta vida que no te gusten Afrodita - sonrió - Por lo tanto, lo único que puedes hacer es afrontarlas con valentía y seguir tu camino hasta lograr tu objetivo - Afrodita lo miró por primera vez en el día a los ojos - Esta es tu habitación. Si necesitas ayuda para correr algo o acomodar un poco, llámame.
Sin mas que decir, Edward se marchó del lugar hacia algún otro punto de la cabaña. Su aprendiz estaba advertido debido a sus actos y él, como su maestro, tenía el deber de corregirlo y encaminarlo. Pero Afrodita no era alguien fácil de manejar. A decir verdad, no sabía como era él antes de encontrarlo en ese vivero. Suspiró mientras tomaba su maleta y se encaminaba a su cuarto.
Si había algo que sabía era que no iba a ser sencillo reformar al pequeño sueco.
El entrenamiento había sido duro para él. No porque su maestro lo hiciera esforzarse más de la cuenta, sino por el clima. Pero pasado el tiempo ya se había adaptado y ya le era más sencillo manejarse entre la nieve y los fríos vientos de Groenlandia.
Así mismo, ya había pasado un año de su entrenamiento. Cada vez faltaba menos para volver. ¿Y qué haría? ¿Cambiaría? ¿Seguiría siendo el mismo que se fue de Grecia? La primera opción era la más razonable, pero la segunda era la más divertida. Estaba en una encrucijada muy grande.
-Afrodita vamos a entrenar - anunció su maestro.
Suspiró y lo acompañó al terreno repleto de nieve.
-Dentro de poco te nombraré caballero - le contó mientras comenzaban a correr para calentar.
-¿Lo dice en serio?
-Claro - sonrió - Ya tienes lo necesario para llevar la armadura de Piscis y creo que ella está ansiosa por aceptarte.
-No estoy seguro maestro.
-¿Por qué lo dices? ¿Por los crímenes que cometiste? - no recibió respuesta - Lo importante es que te arrepientas de ello.
-¿Y si no me arrepiento? - vio como el castaño frenaba y lo miraba.
-¿Qué dices? ¿Nunca tuviste algún tipo de sentimiento por las personas a las que asesinaste? - sintió ira que no manifestó cuando lo vio negar.
-Lo hacía por diversión - sonrió - Era entretenido verlos morir lentamente - desvió la mirada - No conozco otra forma de sacarme el aburrimiento de encima que esa manera. Es mas, extraño hacerlo - mostró sus dientes al sonreír de manera siniestra - Extraño ver a esos criminales sufrir por el veneno de mis rosas - lo miró - Extraño mi antigua vida.
-¿A qué vida te refieres Afrodita? - estaba serio - Porque lo que describes no me parece el significado de la palabra vida.
-Usted no entiende.
-Entonces ayúdame. ¿Por qué ?
-El fuerte sobrepasa al débil. Siempre fue así - miró a su maestro fijo a los ojos - De no haber sido así, Christine y Nichola seguirían con vida*...
-Y tú no estarías aquí. No habrías conocido a tus amigos - nuevamente lo dejó sin palabras. Esa era la costumbre de Edward, ganarle en todas las discusiones posible - Sigamos Afrodita.
El peli celeste correspondió a la orden en silencio. Había perdido la noción sobre cuanto tiempo habían estado calentando, era normal ya que era difícil hacerlo con el clima helado del norte del continente americano.
-Afrodita dime una cosa - ambos chocaron miradas - ¿Conoces el ritual que tienes que seguir para convertirte en caballero de Athena? - el negó y el castaño pensó como explicarlo rápido y de manera entendible - Hace mucho tiempo, consistía en un intercambio de sangre. Como sabes, nuestra sangre contiene altas cantidades de veneno, por lo que, en esas circunstancias, uno de los dos termina muerto - el sueco lo miró fijo - Vive quien tiene el veneno mas poderoso, y el "ganador" puede variar*2.
-¿Tendremos que hacer eso? - vio como su maestro negaba.
-Hace tiempo, eso cambió - sonrió - Si tú logras hacer que tu Rosa Sangrienta me mate, entonces podrás tomar la armadura y serás oficialmente el caballero de Piscis.
-Ma-maestro - tartamudeó - Eso es...imposible. Usted es muy poderoso, yo jamás podría asesinarlo.
-¿Desconfías de tu poder Afrodita? - negó - Entonces, tienes que atacarme.
-No puedo - susurró - No puedo hacerlo - bajó la mirada.
-¿No puedes o no quieres? - se agachó poniéndose a la altura de él.
-No puedo...ni quiero - confesó - A pesar de todos mis comportamientos, usted es lo más cercano que tuve a un padre y no puedo ser el causando de su deceso - suspiró - No sabría como afrontarlo.
-Afrodita - sonrió - Me hace muy feliz escuchar eso - se paró - Cuando te encontré, supe que tenías un enorme futuro por delante - curvó sus labios - Estoy orgulloso de ti, eres un excelente alumno.
-Maestro - trató de disimular su voz quebrada.
-Hazlo Afrodita, no me decepciones.
Las lágrimas del niño comenzaron a correr en sus mejillas. No se sentía capaz de hacerlo, pero la mirada miel de su maestro suplicaba por la aparición de esa rosa.
Titubeando un poco, elevó su cosmos e hizo aparecer en su mano derecha una rosa tan blanca como la nieve que los rodeaba. La sujetó con tanta fuerza que sintió como una de las espinas lastimaba la palma de su mano.
-L-lo siento, maestro - arrojó en un rápido movimiento la rosa directo al pecho de su maestro.
Ambos cayeron de rodillas. Afrodita apoyó sus manos en el frío terreno mientras las lágrimas caían, Edward lo miraba y sonreía. Lo había formado bien, a pesar de todo, estaba orgulloso de saber que ese niño que estaba allí, ese niño que tenía la vida de tantas personas a pesar de su corta edad, ese niño que ahora estaba llorando, era su aprendiz.
-Afrodita - sentía que su respiración se hacía cada vez mas pesada - Prométeme una cosa - bajó levemente la mirada y vio como poco a poco la rosa se teñía del color de su sangre.
-D-dígame - se secó rápido las mejillas.
-Prométeme...que encontrarás la forma de cambiar esto - suspiró y comenzó a ver borroso - Evitarás que tu sucesor...pase por esto.
-S-si maestro, se lo prometo - se levantó y se acercó a él.
-Eres fuerte Afrodita - dijo con esfuerzo - Pero la fuerza no lo... - cayó lentamente de costado ante las orbes doradas del niño - ...todo.
El peli celeste lo vio caer y sintió que su corazón se comprimía. La primer persona que se había preocupado por él sinceramente, había caído frente suyo. Por un momento, se sintió solo y comenzó a llorar de nuevo. Estaba solo.
Luego de enterrar el cadáver de su difunto maestro, Afrodita se dirigió hacia la cabaña. Una vez dentro, divisó la Caja de Pandora que contenía esa vestimenta dorada que él tanto anhelaba.
"Si tú logras hacer que tu Rosa Sangrienta me mate, entonces podrás tomar la armadura y serás oficialmente el caballero de Piscis", recordó las palabras de su maestro. Tragó saliva y elevó su cosmos llamándola para verificar si el ya fallecido estaba en lo correcto.
Grande fue su sorpresa y entusiasmo cuando vio como la caja dorada se habría mostrando la armadura en reposo y como, luego, ésta comenzaba a cubrirlo. Sonrió. Ya había cumplido su objetivo de pertenecer a la elite de Athena.
Ese mismo día, comenzó a prepararse para regresar a Grecia. Vería al fin a sus compañeros, a su amigo. Miró un almanaque y notó que había pasado poco más de un año, casi trece meses. ¿Tanto tiempo había estado entrenando? Sintió que fue menos tiempo.
Planeaba llevarse solo algunas cosas de su maestro, las que le parecían útil para él. No era mucho, pero cuando revisó vio algo que le hizo generar curiosidad. Era una pequeña caja en donde se encontraban guardadas varias cartas. Muchas de ellas iban dirigidas a sus distintos compañeros de orden, en especial a Benedicto quien era su mejor amigo. En ellas vio que su amigo había avanzado mucho en su entrenamiento y al parecer había mostrado un cambio favorable. Rió ante eso. Máscara de Muerte, futuro sucesor de la armadura de Cáncer jamás cambiaría. Solo que era muy bueno disimulando.
Igual que él.
Sonrió. Él tampoco había cambiado. Solo quería regresar al Santuario y tener su vida de antes. Su vida en la que divertirse requería de dos persona: Máscara de Muerte y algún criminal al que los dos torturarían hasta matarlo.
Pero primero tenía que pensar como demonios haría para cruzar el océano Atlántico. Suspiró al darse cuenta que no sería tarea fácil.
Luego de subir a escondidas a una embarcación que hacía transporte desde Groenlandia hacia Estados Unidos, utilizó su "encanto" para atraer la lástima de una adinerada familia que se encaminaba a Europa luego de inventarse una historia que hasta él mismo podría creerse. Esa misma familia le cedió el dinero suficiente como para llegar a Grecia luego de una increíble excusa armada en el momento del desembarco. Sin dudas era muy bueno armando estrategias y mejor aun simulando situaciones que no sucedían*3.
Una vez en el Santuario, se colocó la armadura y comenzó a ascender por las Doce Casas. Ese ya era su terreno y sonrió orgulloso ante eso. El lugar estaba demasiado calmo y cuando llegó a Géminis comprobó que lo que decía una de las cartas era cierto, aunque se negaba a creer que Aioros era un traidor. De él no lo creía. Pero lo confirmó cuando llegó a Sagitario. Todo era increíble. E Capricornio supo que Shura estaba allí. Luego lo saludaría, estaba mas apurado en confirmar el asunto del Patriarca.
Grande fue su sorpresa cuando, luego de dejar sus cosas en Piscis, salió del doceavo templo y divisó a su mejor amigo descendiendo con la armadura de Cáncer.
-¿Afro? - preguntó el italiano.
-¿Máscara? - sonrió y se apresuró a llegar a él - ¿Cómo has estado imbécil?
Al menos no estaría solo allí. Máscara de Muerte, actual caballero de Cáncer y su hermano del alma, estaba allí. Ahora le tocaba enfrentar al Patriarca y mostrarse como nuevo caballero de Piscis. Volteó y suspiró al ver que el peli azul ya había atravesado su templo.
Su destino ya estaba marcado.
-Cuando termine esta mierda, tenemos que salir a tomar unas cervezas - impuso el peli azul.
-Oye Afrodita ni bien derrotemos a los caballeros de bronce, ¿puedes salir a tomar unas cervezas? Claro Máscara, no tengo algo que hacer - contestó con sarcasmo recibiendo un bufido del otro.
-¿Estamos de mal humor en Piscis? - esbozó una sonrisa cínica.
-No - lo miró - Solo que tengo un mal presentimiento.
-¿Qué podría pasar Afro? - se levantó del escalón donde los dos estaban sentados mirando el resto de las Doce Casas - Bien, es hora de cumplir con mi trabajo.
-Ya encontraron la salida de Géminis - afirmó serio.
-Si, por eso debo irme - le sacudió los cabellos celestes a su amigo sabiendo que eso lo molestaba y comenzó a descender antes de recibir un golpe - Recuerda lo de las cervezas - avisó.
-Claro - contestó con el ceño fruncido. Había hecho el gesto de golpearlo, pero no se molestó en levantarse. Solo se quedó allí sentado mirando el Santuario.
Y esperando a que el imbécil de su amigo regrese para cumplir lo de las cervezas.
*Ellos aparecen en mi fanfic "Inicios", en el capítulo 8 dedicado a Afrodita
*2 Es la primera vez que relaciono una de mis historias con TLC
*3 Siempre pensé a Afrodita como un buen estratega. En SoG me lo confirmaron y yo decidí plasmarlo.
Comentarios de la Autora: Este capítulo fue pura improvisación. Lo empecé sin saber como sería la siguiente oración. Quedé satisfecha, pero pudo haber sido mejor. Perdón si me demoré, pero estuve centrada en una fanfic de Inuyasha ya que era parte de un reto de Halloween (si quieren, léanlo).
No tengo mucho que decir, mas que me gusta poner esos finales en estas historias. Es algo parecido al masoquismo xD
¿Me dejan su review? Esa es mi única ganancia y me gusta leer lo que opinan sobre mis escritos.
Sin mas que decir, saludos y nos leemos luego.
