Memorias de Idhun

Herejía

Capitulo 3: Visitas desde Idhun.

Erik P.O.V.

Erik corrió. Corrió como jamás había corrido en su vida. Corrió hasta quedarse sin aliento, y aun así siguió corriendo. Cuando sus piernas le dolieron, siguió corriendo. Solo cuando tropezó y sus pulmones y piernas le negaron el esfuerzo de levantarse, paró.

Se tumbó boca arriba y descubrió que estaba en un parque, casi en los limites de la ciudad. Había esto corriendo por casi dos horas seguidas. Recuperó el aliento poco a poco, mientras los sucesos de hace unas horas volvieron a su cabeza.

Eva. Su cuerpo sobre el suyo. Su deliciosa piel, suave y blanca. Sus ojos, cerrados por la agonía del placer que el le provocaba. Su palabras, claras y honestas.

"Te amo. Y tu tambien lo haces."

Aquello no eran palabras, eran música para sus oidos. Una música que por mas que se esforzara, no era capaz de apagar.

"Esto se tiene que acabar." pensó Erik.

Tenía que irse de allí. Ahora, esta misma noche. No le hacía falta nada mas que su ropa, le daba igual si vivía como un vagabundo. Le daba igual mientras Eva siguiera inalcanzable para el, mientras su familia siguiera siguiendo eso: una familia.

Le destrozaría el corazón a su madre, pero se lo destrozaría mas si se quedaba con Eva y hacía lo que su corazón pedía que hiciera. Se sentó en un banco, mientras se cogía la cabeza con las manos, intentando decidir que hacer.

-Buenas noches. - dijo una voz con educación.

Erik alzó la cabeza y vió a un hombre mayor, de unos cincuenta años. Su pelo, oscuro como la noche empezaba a ser canoso y blanco, pero sus ojos eran amarillos, con una brillantez inusual parecidos a un sol.

Su piel estaba aspera y curtida, como si hubiera estado mucho tiempo expuesto al calor. Sus facciones parecían duras y demostraban fuerza, pero tenía el semblante amable y sonreía en dirección a Erik.

Lo mas extraño era que Erik se sentía a gusto con su presencia. Era una extraña atracción, un calorcillo familiar que le recorría la espalda.

-Buenas noches. - contestó Erik. El viejo se le quedó mirando sonriente y Erik se incomodo ligeramente. - ¿Puedo ayudarle en algo?

El anciano pusó una cara de tristeza, mientras se sentaba en el banco al lado de Erik.

-Estoy buscando a mi hijo. - declaró solemne. - Esta muy perdido y no sabe que hacer. Se ha escapado de casa y mi mujer, que es muy gruñona, me ha mandado a buscarlo. Siempre le gusta darme ordenes.

-Ah. - dijo Erik solamente. - ¿Como se llama su hijo?

Los ojos del hombre refulgieron con fuerza.

-Dimelo tú.

Erik se le quedó mirando confuso, pero un nombre le vino a la memoria. Estaba convencido de que jamás lo había escuchado, pero le sonaba tremendamente familiar.

-¿Kareth? - preguntó dudoso. El hombre rió con estruendo.

-Si, ese es su nombre. ¿Quieres acompañarme, a ver si lo encontramos? Ademas, tengo una apuesta pendiente con un viejo amigo. Seguro que tú me ayudarás a ganarla.

Erik se levantó, sin saber muy bien porqué y empezó a caminar junto a aquel desconocido. Por ahora, lo único que tenía claro era que daría la vida por aquel hombre que no conocía absolutamente de nada.

-¿Cúal...cúal es nombre? - preguntó el rubio, en voz baja.

El hombre se rió de nuevo (parecía proclive a eso) y le pasó un brazo por los hombros, atrayendolo hacía el.

-He tenido muchos nombres, joven. Sin embargo, creo que el adecuedo en este momento es Aldun. Si, puedes llamarme Aldun, joven Kareth.

Eva P.O.V.

Eva utilizaba todos sus sentidos de shek para encontrar el rastro de Erik. No sabía muy bien que había ido a hacer a un parque, pero desde luego el ya no estaba allí.

Le llamó la atención el otro olor que captó. Era tremendamente desagradable, tanto que le dieron ganas de transformarse en shek y destrozar a cualquiera que tuviera tal olor, pero se controló. Por el. Por Erik.

Recordó con tremenda alegría lo que había ocurrido entre ellos horas antes. Recordó la amargura en el rostro de Erik por no poder tenerla, como despues había tenido que convencerlo con infinitos "te amo" para aceptar que ella decía la verdad.

El corazón amenazó con salirsele del pecho de la felicidad. Erik no se le escaparía, no ahora que era suyo. No ahora que sabía lo que sentía por ella.

Una sombra se cruzó en su camino y abrió la boca debido a la sorpresa. Un hombre serpiente, un szish estaba delante de ella.

Pero no era cualquier szish. Eva sabía reconocer muy bien al que otrora fuera el cuerpo de un joven szish llamado Assher. La actual residencia del Septimo. De su Dios, al que le debía sumisa obediencia.

Y el Septimo conocía este dato perfectamente.

-Sigueme, joven hibrida. - le ordenó con autoridad y frialdad, pero sin ninguna falta de respeto. Eva quería ignorar esta orden, pero sus pies la empujaron detrás de su Dios.

Miles de preguntas asedieron su mente mientras intentaba hacer contacto mental con su padre. El hombre serpiente la miró de mala forma cuando lo intentó.

-Por favor, no llames a Kirtash para que venga hasta aquí o me veré obligado a matarlo. - dijo Assher, con frialdad mas patente en su voz. A pesar de esto, Eva no pudo dejar de sentir un cosquilleo de emoción y respeto hacía aquel sujeto que se ocultaba bajo una capa con una capucha que no parecían de la Tierra. Sus ojos plateados decían todo lo que un sangrefría necesitaba saber de el.

-¿A donde vamos? - preguntó Eva, algo asustada. Assher se rió al oler el miedo en la joven y se volvió.

-No te haré daño, si eso es lo que te preocupa.

Eva soltó un suspiro mal disimulado y Assher pusó una sonrisa torcida. Siguieron su camino en silencio, pero eso no desagradaba a ninguno de ellos.

"¿A donde vamos?" repitió la pregunta Eva mentalmente.

"Nos encontraremos con un viejo amigo mio" respondió con naturalidad, del mismo modo. "Tal vez haya alguien a quien quieras ver con el, Lune."

La joven se sobresaltó al escuchar como la llamaba el Septimo. Luego se abofeteó mentalmente. Era su Dios, era lógico y hasta esperable que conociera su nombre shek, aunque solo lo supieran ella y sus padres.

"¿Alguien a quien quiero ver?"

"Si. He de ganarle una apuesta a mi amigo, o si no morirás." le dijo con calma su Dios. Entraron en un claro en las afueras de la ciudad. Eva se dió cuenta de que ya estaba ocupada al reconocer el olor de antes y el de...

-¿Erik? - preguntó Eva confusa, mientras veía a su hermano hablando con el hombre mayor que despedía aquel olor tan horroroso.

Erik se giró sorprendido al verlos allí.

-¿Eva?¿Que estas haciendo aquí? - Luego, arrugo la nariz, como si algo le quemara y miró al szish. Una mueca de rabia apareció en su rostro. - ¿Quien es ese?

-Podría preguntarte lo mismo. - dijo Eva, intentando controlarse. Ambos entes sonrieron con malicia.

-¿Crees que es hora de comenzar con la apuesta, chiquillo? - le preguntó Aldun, con superioridad fingida.

-Claro que sí, viejo loco. Tú – le dijo a Eva como si tal cosa. Ella lo miró para ver una mueca macabra en su rostro. - mata al joven dragón.

Eva se quedó sin respiración, cuando se convirtió en shek. No sabía como, ni sabía porqué pero un odio infinito surgió de ella hacía Erik, que la miraba sorprendido. Aldun le pusó una mano en el hombro.

-Así dejarás de sufrir, hijo mio. Matala y acaba con todo.

Erik le miró como si se hubiera vuelto loco, pero notó el mismo odio intenso que miles de dragones sintieron antes que el tras escuchar la llamada de su Dios. Se convirtió en dragón, dorado igual que su padre pero ambas criaturas tenían una particularidad. Un cuerno sobresalía de la frente de cada uno de ellos.

Se lanzaron al ataque, sin recordar que momentos antes se habían amado sin ningún reparo. Un duelo a muerte entre amantes.