Capítulo 3
¿Trabajo?
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Sawada Tsunayoshi suspiro resignado, dejando el teléfono de su casa sobre el sillón más cercano, sosteniendo su rostro entre sus manos. Necesitaba un respiro de todo el problema que estaba llevándose a cabo en Italia, por Hayato sabía que no podría comunicarse a la mansión de Timoteo, por lo que había llamado a Skull directamente para que se comunicara con él amable viejo, y ahora el Arcobaleno de la nube le decía que Gamma de la famiglia Gilgio Nero estaba en peligro de muerte por una herida.
Necesitaba comunicarse también rápidamente con Byakuran y el capo estaba en sabrá Dios donde, haciendo sabrá Dios que. Muy típico de Byakuran, se dijo Tsunayoshi al enterarse por Skull de que el albino de orbes lavanda había desaparecido hacia unos días.
-Décimo. –la voz de Gokudera lo hizo girarse a verlo con interés.
-¿Qué pasa, Hayato? –interrogo, mostrándole una pequeña sonrisita, de esas tranquilizadoras que tan bien servían con sus guardianes, aunque esto él no lo supiera.
El peli plateado le extendió un sobre naranja, que tenía un dibujo de un león en la parte posterior del sobre.
-Es una carta que el noveno le envía, el sobre lo hizo Fuuta, así que por eso está decorado así.-explico Gokudera rápidamente, al ver la extrañeza en el rostro de Tsuna.
-Debí imaginarlo, muy típico de Fuuta. –sonrío el castaño, dejando momentáneamente de lado el hecho de que la desaparición de Byakuran lo ponía más estresado aún y no pudo evitar que el sentimiento de hermano mayor saliese a flote.
Hayato le sonrío al notar que su jefe se relajaba notablemente.
-Y dime Hayato, ¿Cómo es que Onii-san y tu están aquí, si se supone que no llegaban hasta dentro de tres o cuatro días más?-pregunto curioso, mirando fijamente a su amigo.
-Fue Reborn-san. –repuso el guardián de la tormenta. –Repentinamente el lunes por la noche me llego una nota y un boleto de avión, los que saldrán hasta después son la piña parlante y su hermana. –explico serio.
El castaño suspiro exasperado.
-¿Es que acaso Reborn no puede nunca seguir ordenes al pie de la letra? –se pregunto frustrado. Gokudera sonrío nervioso.
-Seguro que tiene una razón, estamos hablando de Reborn-san después de todo. –le convenció su amigo, un poco dubitativo. Tsuna resoplo y miro el sobre.
Le daba curiosidad el hecho de que su abuelito le mandara una carta, estaba consciente de que las líneas estaban inestables y no podían comunicarse, pero era extraño que Timoteo lo hiciera y más aun disforzándola en un sobre decorado por un niño de diez años.
-Debe ser algo importante. –susurro el castaño lentamente, analizando el objeto dejado en sus manos.
Repentinamente se encontró pensando en lo que pudiera estar pasando por la mente de su abuelito al enviarle una carta que su híper intuición le gritaba era importante y que estaba relacionado con la desaparición de Byakuran y con él mismo. Honestamente estaba tentado en tratar de comunicarse con Luce o Uni, pero simplemente era imposible, al menos si no quería ser descubierto por la otra parte de Gesso. Aun así, le preocupaba profundamente lo que estuviese pasando en Italia en su ausencia.
Muy posiblemente Shoichi y Spanner ahora mismo tuvieran un ataque de nervios, por lo menos estaba seguro de que el pelirrojo lo estaba teniendo. Muy probablemente Spanner solo estuviera comiendo dulces sin parar.
Miro de nuevo la carta que reposaba en su regazo desde hacia varios minutos, estaba tentado a abrirla, pero algo le decía que debía esperar un poco antes de hacerlo. ¿Sería correcto obedecer a su intuición en ese momento?, Tsuna no pudo evitar esbozar una media sonrisa. De seguro Reborn lo golpearía si lo veía dudando de algo tan importante como lo era su híper intuición. Así que debía confiar en las palabras de su tutor y en esa extraña pero útil habilidad que poseía.
-¿Décimo? –Hayato observaba preocupado a su jefe, quien simplemente negó con la cabeza con lentitud.
-No pasa nada. –respondió con tranquilidad. –Es solo que mi intuición me dice que debo esperar a leer está carta, ¿Crees que deba hacerle caso? –interrogo, mirando al chico que hacia un rato se había sentado a su lado.
Gokudera asintió con esas típicas sonrisas llenas de positivismo que solo era capaz de brindarle a Tsuna.
-¡Desde luego! –espeto convencido. –Muchas veces esa habilidad que posee nos ha sacado de muchos apuros, Décimo.
El castaño le sonrío ampliamente. Él tenía razón, debía confiar en aquello que había sido heredado por su sangre Vongola desde la primera generación, no podía solo ignorar tan fuerte sentimiento. En verdad, había ocasiones en la cuales Tsuna se preguntaba que haría sin su famiglia, era completamente imposible siquiera imaginar algo como eso.
-Gracias, Hayato. –susurro el chico, mostrándole su deslumbrante sonrisa, aquella a la que todos le eran leales y por la cual peleaban para poder verla una vez en el futuro. Esas risas, esos juegos, las peleas absurdas y sin sentido que siempre tenían, esos momentos que Tsunayoshi estaba dispuesto a proteger con su vida y sobre todos a las personas que eran parte de esos momentos de felicidad.
El peli plateado se sintió acogido, como siempre se había sentido al lado de su amigo, hermano y jefe. Porque para Hayato, aquel chico no era solo su jefe o su amigo, el era su familia, su mundo, quien lo había aceptado sin preguntarle nada. Ese sentimiento fraternal que nacía entre todos ellos, muy a pesar de sus personalidades y sus peleas, todos se quería de esa forma y se protegían de esa manera.
-No agradezcas, Tsuna. –dijo el muchacho, llamándolo como muy pocas veces lo hacía. El otro parpadeo un par de veces, antes de recostarse en el regazo de Hayato.
Esa costumbre que había nacido en el Décimo jefe Vongola desde que era pequeño, recostarse en el regazo de su mejor amigo y sentir esa aura protectora que emanaba, porque a veces él también necesitaba sentirse protegido y ese sentimiento lo había encontrado en Gokudera, ese acogedor sentimiento.
Y Hayato había encontrado a alguien que lo necesitaba, desde que se encontró con Tsuna no pudo evitar sentir que debía protegerlo y varios años después, se había convertido en su guardián, cuyo deber era cuidarlo.
Deber que cumplía con la más gran y absoluta felicidad.
-Me preocupa que Byakuran este desaparecido, Skull me dijo que tiene aproximadamente tres días de haberse ido sin dejar rastro. –comento el castaño, sintiendo las manos de Hayato acariciar su esponjoso cabello. –Además de que Gamma-san esta herido y muy grave. –aquello le preocupaba mucho más que la desaparición del propio capo.
Y es que siendo tan excéntrico como lo era el albino, cualquier cosa podría estar pasando por su trillada mente al irse sin avisarle ni a Kikyo o por lo minimo a Zakuro. Siendo sincero, Tsuna casi podría estar seguro de que se había ido a investigar por su cuenta sobre lo que estaba sucediendo con su padre. Porque aquel hombre nunca había tenido problemas con su hijo y repentinamente los tenía.
Bueno, sí los tenían, pero no a la magnitud de iniciar una guerra en su contra, en la cual quería exterminar a todo jefe mafioso que estuviera en su camino.
-¿Gamma-san? –pregunto con sorpresa Gokudera. –Pero ese hombre es demasiado fuerte…
Tsuna asintió, desde luego él había tenido la misma reacción que su guardián tenía en ese momento. No podía simplemente creer que el guardián del rayo de Giglio Nero había sido derrotado y dejado en ese estado tan crítico. Sin contar con que el rubio los había ayudado ya en muchísimas ocasiones en el pasado y que le tenían un gran aprecio.
-Me he estado preguntando una cosa, Décimo. –comento el chico, dejando de acariciar el rebelde cabello. Tsuna alzo la mirada y la encontró con la de su guardián.
-¿Qué cosa? –le invito a que continuara a expresarle su duda. Gokudera dudo.
-¿Cómo es que usted sabía sobre Gesso desde antes? –pregunto luego de una larga pausa. –Cuando el cabeza de césped y yo se lo dijimos, no pareció muy sorprendido.
El Décimo Vongola sonrío y volvió a acurrucarse cómodamente.
-Ayer Lambo se perdió y lo ayudaron unos hombres que estaban haciendo negocios con las empresas Gesso, así fue como llegamos a esa conclusión. –le contó el castaño. –Lambo nos dijo que estaban aquí y lo demás no fue tan difícil…-explico con despreocupación.
El peli plateado volvió a su tarea de acariciar los cabellos castaños, quedando los dos en un silencio cómodo. Esa costumbre de años muy probablemente jamás se iría, era algo demasiado natural ya en ambos, que sería muy difícil simplemente tratar de quitarlo. Y Reborn puede dar constancia de ello, pues ya en ocasiones anteriores lo había intentado, sin ningún éxito. Al final el Hitman los había dejado ser.
-A veces la vaca estúpida puede servir de algo. –pronuncio la tormenta con una media sonrisa, que Tsuna sabía que tenía.
El castaño no dijo nada, solo se limito a sonreír divertido. Hayato jamás aceptaría en voz alta que apreciaba a Lambo y el niño vaca jamás aceptaría que quería mucho al usuario de las dinamitas. Oh, pero eso era lo lindo de la relación de esos dos.
Pero dejando de lado aquello, el Décimo jefe aun estaba algo preocupado por la carta, insistía en que era algo raro que Timoteo le enviara una estando es esa situación. Pero la astucia del hombre al disfrazarla en un sobre hecho por Fuuta lo llevaba a pensar que era algo de suma importancia y casi podía asegurar que el noveno sabía que su híper intuición le dictaría esperar a leerla hasta más adelante. Desde luego, porque el noveno jefe era demasiado astuto.
Por otro lado estaba Reborn, quien había cambiado de planes drásticamente al enviar a Ryohei y Hayato mucho antes de lo planeado y dejar para ultimo la llegada de las dos nieblas, además de que Timoteo había decidido mandarlos precisamente a Japón, exactamente a la ciudad en la que estaban G y Alaude. Eso hacía las cosas aun más extrañas.
Porque el actual jefe de Vongola estaba bien al tanto de la situación familiar de Kyouya y Gokudera, no podía simplemente excusarse diciendo que no sabía nada. Algo se traía entre manos aquel hombre, porque él era del tipo de persona que no hacia algo a menos que tuviera una razón.
Y algo le decía que Byakuran sabía perfectamente bien lo que Timoteo di Vongola estaba pensando.
Pero momentáneamente no diría nada, quizás seguir el plan del anciano hombre era lo mejor para poder llegar hasta el fondo del asunto sin levantar sospechas. Por ahora no comentaría nada ni con Kyouya ni mucho menos con Hayato. Después de todo Takeshi y él estaban haciendo todo eso por aquellos dos. Ocultando que sabían perfectamente que estaban en la misma ciudad que sus padres.
Solo esperaba no ser mordido hasta la muerte cuando la verdad llegara a manos de su pelinegro amigo.
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Sawada Nana era sin duda una mujer demasiado ingenua para su propio bien, siempre viviendo en una burbuja color de rosa en la cual no entraban ningún tipo de problemas ni preocupaciones, siempre viviendo a lo que Sawada Iemitsu le contaba sobre el mundo por el que viajaba y por su felicidad, ignorante de los problemas que Tsunayoshi tenía y muy probablemente jamás los notaria.
Y no, ella no era mala. Ella simplemente quería una felicidad como en los cuentos de hadas, un mundo en el que nadie era malo, en el cual nadie tenía problemas graves, un mundo que Iemitsu se había encargado de ir coloreando poco a poco con mentiras y engaños, un mundo en el que Tsunayoshi era el príncipe que siempre rescataba a su madre montado en un corcel blanco, en compañía de su padre.
Si, Sawada Nana era una mujer fantasiosa que amaba los momentos y situaciones románticas, por lo cual no le importaban que tan absurdas sonaran las excusas que su esposo diera a los largos meses de ausencia, mientras lo romántico no desapareciera.
Por eso, cuando su hijo le dijo que se marchaba de Italia a Japón, no le importo en lo más minimo porque tenía la fantasía de que allá conocería a su chica ideal y viviría incontables momentos románticos que más tarde se convertirían en anécdotas que le contaría. Pero jamás fue capaz de notar los problemas que aquejaban a su hijo, nunca vio las heridas con las cuales llegaba después de la escuela, por más que estas pareciesen hechas con una espada.
Nunca se pregunto lo que Tsuna hacia hasta tan tarde fuera de su casa, tampoco pregunto porque un hombre de patillas un día decidió llevárselo a otra parte de la ciudad. Nunca supo nada, solo sabía que su adorable niño la visitaba por largas horas los sábados y que se quedaba hasta el domingo acompañándola, porque Iemitsu jamás llegaba.
Pero Nana no quería pensar en eso, ella quería seguir pensando que todo estaba bien, sin notar que nada nunca estuvo bien. Porque si ella pensaba en ello, su burbuja se quebraría y comenzaría a notar lo sola que estaba y lo solo que había dejado a su hijo y la culpa llegaría como un rayo castigador.
-¿Todo bien, Nana? –su amiga italiana, hermana de una de las amigas de su hijo, que además hablaba japonés. Nana asintió lentamente con su cabeza.
Sí, para ella todo estaba bien, nada sucedía y su amado Iemitsu llegaría a salvarla de la soledad y el arrepentimiento que comenzaban a nacer en su estomago. Después Tsuna aparecería para reconfortarla con su sonrisa deslumbrante y todo sería normal.
-Todo bien, Luce. –contesto la mujer castaña, sonriendo dulcemente a la mujer de orbes azules que la miraban con seriedad.
Luce no estaba de acuerdo con el comportamiento de Nana, pues ella había estado muy al tanto de lo que a Tsuna le pasase, Luce lo había cuidado y curado, siempre previniendo que él se derrumbara, siendo lo que Nana nunca fue, una madre para el chico. Porque Luce no podía permitir que tan adorable niño sufriera la soledad nunca más.
Y su hermana menor Aria estaba de acuerdo con ella, pero la diferencia entre su hermana y ella, era que Aria detestaba a Nana por sobre todas las cosas. Porque Aria no podía entender cómo es que esa mujer fuese tan…idiota.
Pero Luce cuidaba de esa mujer porque para su Tsuna era muy importante, para él era la persona que le había dado techo y comida durante ocho años, por eso, ella no podía dejarla completamente sola. Aunque ella también se marcharía cuando Tsuna la llamara. Porque Luce siempre acudiría al llamado de su cielo, al llamado de Tsunayoshi.
-Creo que hay algo que te preocupa. –comento la Arcobaleno, sentándose en las sillas de la cocina con una tasa humeante de té verde.
Nana desvió la mirada.
-Creo que…no he sido una buena madre para Tsu-kun. –dijo, soltando así lo que tenía tanto tiempo ignorando, ese sentimiento que quería creer no existía.
Luce dejo la tasa sobre la superficie de la mesa y miro fijamente a su amiga.
-¿Por qué lo dices? –sabía que era estúpido preguntarlo, pero quería que esa mujer se enfrentara sola a la cruda realidad. Vivir así no era sano, ni para ella y mucho menos para quienes la rodeaban, que en este caso era su hijo.
La castaña bajo la cabeza y sintió las lágrimas picándole en los ojos.
-Porque no sé nada sobre él, no sé nada de lo que le disgusta o de lo que le gusta. Ni siquiera sé porque Reborn-kun se lo llevo. –sollozo, mirando todo menos a su amiga. –Mucho menos soy capaz de decirte porque permití que se fuera teniendo tan solo ocho años. ¡Soy un desastre!
Luce frunció el ceño, ¿de verdad se lo estaba reprochando luego de seis años?, había que ser retardada.
-Es bueno que lo notes. –musito la Arcobaleno fríamente. –Porque honestamente creo que necesitas ver más allá de las fantasías que Iemitsu te pinta, la realidad es otra, es dura, es cruel, es vivir…
Nana alzo el rostro.
-Tienes que comenzar a cuestionarte si lo que ese hombre te dice es verdad o no, tú no sabes nada de él, esa es la verdad. –le dijo, parándose de la silla bruscamente. –Piensa y veras que nada de lo que Iemitsu te dice, tiene sentido con lo que hace. –le aconsejo.
Sawada sintió las lagrimas resbalar por sus mejillas. Todo era cierto, todo lo que Luce le acababa de decir era verdad, y eso hace mucho que lo sabía, pero no quería aceptarlo. Pero que otra persona le hubiese dicho algo que quería ignorar, hacia evidente que era algo grave y de hecho algo imperdonable.
¿Cuántas veces no había ignorado a Tsuna por correr a los brazos de ese hombre, dejándolo solo y sabrá Dios haciendo qué?, tal vez eso fue lo que la llevo a aceptar que Reborn se lo llevara, muy a pesar de que su aura se sentía peligrosa. Pero los ojos iluminados de su hijo al verlo, la hicieron pensar que era mejor que él se fuera con ese chico de patillas rizadas.
Oh Dios, ¿Qué tan estúpida había sido?
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Tsunayoshi parpadeo confundido al encontrarse con Alaude nuevamente, aunque en esta ocasión el mayor parecía algo divertido por algo que Tsuna no tenía ni idea. El castaño simplemente quería irse directo a su casa, aunque ese día recorrería el camino solo, pues Takeshi se había quedado a la prueba del club de beisbol, aunque Tsuna estaba seguro de que lo aceptarían sin dudar.
Pero no esperaba encontrarse con Alaude cuando iba saliendo de su salón de clases, y mucho menos pensó verlo con esa expresión que aseguraba una situación extraña.
-… ¿S-sucede algo? –se atrevió a preguntar, observando al mayor con cautela. Alaude lo hacía actuar tal y como actuaba cuando se encontraba frente a un Kyouya furioso.
El rubio cenizo hizo una seña para que lo siguiera, mientras comenzaba a caminar fuera del establecimiento. Tsuna lo siguió sin preguntar nada, probablemente el hombre le explicaría lo que sucedía más adelante.
Pero todo se torno aun más extraño cuando el director de Nami-chuu se dirigió al estacionamiento de la escuela, más exactamente hasta su auto.
-Sube. –ordeno sin mostrar emoción alguna en su voz de terciopelo, mientras abría la puerta del conductor para subirse. Tsuna se quedo quieto, con una expresión bastante desconcertada. -¿Estas sordo o qué? –cuestiono al ver que el chico no reaccionaba.
-¡Hiii! –soltó de forma automática. -¿P-porque? –pregunto, subiéndose sin rechistar, pero soltando la pregunta de todos modos.
Alaude suspiro irritado.
-Porque a nuestro jefe se le metió que quiere que trabajes para él, por eso. –respondió molesto.
Bien, la culpa había sido suya. Si Alaude no le hubiera comentado que Tsunayoshi hablaba casi veinte idiomas y que sus calificaciones eran perfectas, Giotto jamás hubiera concebido la idea de contratar al menor y mucho menos el que fuera el ayudante de G y Asari.
-¿Disculpe? –musito el otro con desdén. -¡Pero si soy muy torpe! –se quejo.
El mayor se encogió de hombros mientras conducía a las empresas.
-A mi no me veas, que no he sido yo. –está bien, le estaba mintiendo. Claro que había sido culpa suya, ¡pero que no lo había dicho con la intención de que Giotto lo contratase, demonios!
Tsunayoshi se recargo completamente en el asiento del copiloto, con el ceño fruncido y los labios formando una fina línea.
-¿Por lo menos puedo decidir? –cuestiono sin mirar a su director.
-Seguramente no. Ese hombre terminara convenciéndote de que lo hagas. –le respondió. Tsuna lo miro y suspiro, sin decir nada.
Alaude no estaba seguro de porque ese chico le provocaba un sentimiento de tranquilidad que se expandía a través de su sistema y lo relajaba. A diferencia de otras personas, Tsuna no lo molestaba ni le causaba desagrado. Al contrario, el chico le agradaba.
Tras varios minutos, en los cuales nadie dijo nada, ambos llegaron al dichoso lugar. El trayecto había sido un poco largo, pero el ir con Alaude lo hacía más corto. El sentimiento de comodidad y seguridad que su director despertaba en él, era muy similar al que Kyouya le transmitía.
Sin duda alguna eran padre e hijo.
-No creo que sea para tanto. –dijo Tsuna, en cuanto se detuvieron en las puertas de la oficina de Giotto. Alaude alzo una ceja, sin entender el comentario. –No creo que me convenza de trabajar aquí…-complemento la frase, entrando a la oficina.
-Ya veremos. –sonrío el Hibari mayor, observando como la puerta se cerraba de nuevo.
Alaude había decidido quedarse ahí parado, no lograba escuchar nada de lo que adentro hablaban, pero muy de vez en cuando escuchaba un "Hiii", acompañado de la risa de Giotto. El mismo no pudo evitar sonreír disimuladamente.
Tras estar una hora adentro, las puertas finalmente se abrieron, mostrando a su jefe y a su estudiante. El mayor caminaba tras él con una mano apoyada en su hombro y el menor suspiraba derrotado.
-Te lo dije. –sonrío Hibari, haciendo que Tsuna hiciese un puchero.
-No digas nada. –sentencio, volviendo a caminar junto a Giotto, que observo la escena algo confundido, pero opto por no decir nada.
-Trabajaras con G y Asari, ¿bien? –el rubio capto de nuevo la atención del castaño, que se limito a asentir con la cabeza.
De seguro Bianchi lo mataba cuando se enterase.
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Mukuro Rokudo frunció el ceño al escuchar lo recién dicho por Lancia.
-¿Estás seguro? –pregunto mirándolo fijamente, sintiendo a su hermana pararse a su lado. -¿Mi padre está en Namimori?
Lancia asintió con la cabeza un par de veces.
-No hay duda. El Arcobaleno Mammon lo descubrió hace unos días. –el mayor le extendió una carpeta en la que se leía, "Daemon Spade", con letras grandes.
Mukuro no conocía a su padre, mucho menos sabía cuál era su apariencia, pero el resentimiento que sentía hacia él era mucho más fuerte que su deseo por conocerlo. Cuando era niño su deseo más grande era verlo y saber cómo era, pero tras el accidente con Estraneo todo quedo arruinado y todo su resentimiento se volcó en una persona a la que no conocía.
Muchas veces Tsunayoshi le había dicho que no podía simplemente odiarlo sin conocerlo, porque él no había tenido la culpa de lo que le había sucedido a él y a su hermana. Pero no podía evitar sentir que todo era su culpa.
-Nagi, prepara tu maleta, nos vamos a Namimori…
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Era cansado. Era muy cansado trabajar con esos dos hombres que lo traían de un lugar a otro llevando y trayendo papeles. Muchas veces se había tropezado y caído, afortunadamente, Asari o G siempre estaban ahí para rescatarlo, que si no, ya estaría rodando escaleras abajo.
-Lo siento. –esa vez había sido el propio Giotto el que lo había salvado de caerse por las escaleras, tomándolo del brazo justo a tiempo. El rubio le sonrío en respuesta.
-Ten más cuidado, Tsuna. –le pidió, revolviendo los castaños cabellos.
Y es que en los días que Tsunayoshi llevaba trabajando para él, le había tomado un inmenso cariño. Sí el pudiera conocer a su hijo, le gustaría muchísimo que fuera como Tsuna. Honesto, inocente y noble. No podía evitar sentir ese cariño por el chiquillo.
Aunque Giotto no era el único que había terminado encariñándose con él, pues Asari y G lo invitaban muy frecuentemente a comer y lo cuidaban muchísimo. El propio Alaude lo hacía, muy a su manera, pero también lo cuidaba.
-Jeje, lo lamento. –se disculpo, rascándose la nuca con nerviosismo.
La noche había caído ya, y la razón por la cual Tsuna caminaba con Giotto era porque ese día le tocaba a su jefe llevarlo a casa. Ese había sido el trato, a la salida alguien lo llevaría a su casa y todos los días Alaude lo llevaba en la tarde desde la escuela.
Ambos caminaron silenciosamente hasta el auto del rubio y se subieron cuidadosamente.
-Y dime Tsuna, ¿Cómo es tu familia? –pregunto Giotto con curiosidad, encendiendo el motor.
El castaño alzo el rostro.
-Mi madre es… ¿Cómo decirlo?... ¿ingenua? –se pregunto. –Sí, es muy ingenua. Generalmente nunca se da cuenta de lo que pasa a su alrededor. –sonrío con tristeza. –Pero desde los ocho me han criado otras personas a las que aprecio como si fueran mi familia, sin ellos yo no sería lo que soy ahora…
El rubio sintió cierta tristeza. Prácticamente el chico le estaba diciendo que su madre no le prestaba atención.
-¿Y tu padre? –interrogo, notando como el muchacho se tensaba.
-De él mejor no hablemos…-susurro, bajando la mirada, sintiendo las lagrimas picar en sus ojos.
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De nuevo se encontraba recostado en el regazo de Hayato, sintiendo su corazón palpitar dolorosamente al recordar a Sawada Iemitsu. Lo detestaba, realmente lo detestaba. Ese hombre no merecía ser llamado padre, ni siquiera pareja. Su madre merecía algo mejor que ese intento de ser humano.
-Calma. –le susurro su amigo, acariciando las hebras castañas. Sabía bien que estaba llorando, no necesitaba tocarse el rostro para saberlo. Cuando se había bajado del auto de Giotto, el hombre le había preguntado si estaba bien. ¡Maldita sea!, no lo estaba. Pero a él le dijo que no había problema y se había soltado a llorar en cuanto estuvo dentro de su casa.
Bianchi y Takeshi no habían sabido cómo reaccionar, casi nunca lo veían llorar de esa forma y les causo un shock cuando lo vieron entrar así. Lo primero que se les ocurrió fue abrazarlo y tratar de tranquilizarlo, pero detrás de él había llegado Hayato y al verlo, Tsuna se había lanzado a sus brazos, diciendo cosas que nadie entendió, pero cuando pronuncio el nombre de Iemitsu, todos los presentes entendieron.
Tras largo rato de tratar de que por lo menos dejara de temblar, el chico se había recostado en las piernas de su hermano, quien lentamente acariciaba sus cabellos.
-Entonces pues, recordaste a ese hombre porque tu jefe te pregunto sobre él. –resumió Bianchi, que veía la escena desde el otro sillón, sentada a un lado de Yamamoto.
El castaño asintió como pudo. Y es que no podía evitar querer llorar cuando recordaba ciertas cosas. Era bien sabido que no había tenido una buena experiencia con Iemitsu y bien sabían que el hombre siempre conmocionaba al Décimo.
-No te preocupes Tsuna, no permitiremos que te haga daño. –aseguro Takeshi, brindándole una sonrisa tranquilizadora. El muchacho asintió, acurrucándose aun más.
-Gracias, chicos. –suspiro, cerrando sus ojos con cansancio.
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-¿Por qué le preguntaste eso? –Alaude miraba con franca confusión a su jefe, mirada que los demás también tenían.
-El chico ya me había comentado que no tiene buena relación con su padre. –Recordó G. –Y parece ser que su madre no lo nota.
Giotto frunció el ceño.
-Oh, es cierto. –se les unió Asari. –Hoy por la tarde me dijo que su padre quería verlo, pero luego agrego que ni loco iría de visita a su casa. –suspiro el hombre.
Todos se miraron. Tsunayoshi tenía poco tiempo de estar con ellos, pero en ese corto periodo, el niño había logrado encariñarlos a todos, incluido al flojo Lampo y al excéntrico Daemon.
-Me gustaría saber más. –Comento Giotto, sentándose entre Alaude y G. –Algo me dice que ese niño será muy importante para nosotros.
Todos intercambiaron una mirada. Ellos no compartían esa híper intuición, pero ya lo estaban imaginando.
Sawada Tsunayoshi se estaba volviendo importante para ellos, más de lo que podían imaginar.
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Continuara~…..
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¡Holiiitaaas a todos, gracias por leer!
¡Agradecimiento súper especial a!:
kurolovers: Jaja, me alegra muchísimo que te haya gustado el capítulo anterior. Espero que este también te guste, ¡Y si!, me muero por saber que pasa en tu fic, está muy interesante. OwO, yo también te deseo lo mejor, ¡Muchísima inspiración! (:
Witch Mix: Me da mucha alegría que te guste la historia. Espero haber aclarado tu duda, ya sabes, cualquier cosa puedes hacérmela saber :3, espero te haya gustado el cap de hoy.
silkie 19: Jaja,que te haya gustado el capítulo de hoy. Pensé mucho en él. :D
Fan Tsunachan xD: Jaja no te apures, si entendí el comentario :), ¡Y si!, ellos tienen una muy buena razón para haberlos dejado. ¡Ya verás!, espero hayas disfrutado del capi de hoy.
Zel OI: ¡Lo sé!, yo también amo cuando los chicos son hijos de la primera generación. Jaja, si, Tsu-chan es hijo de Gio-kun, ¡pero ya se enterara!, ahora mismo ninguno lo imagina, aunque hay cierta personita que lo intuye (: ¡Espero hayas disfrutado del capi!, ¡Gracias por comentar!
¡Y a todos los demás lectores, muchísimas gracias por leer :3!
¡Y como regalo especial por comentar, les dejo aquí un adelanto del próximo capítulo!
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Capítulo 4: ¿Paseo?
No supo porque, tal vez ese día estaba lleno de esas acciones que no sabes porque las haces, pero sintió la necesidad de abrazar a Giotto, quien lucio sorprendido por la repentina acción del menor. Pero simplemente no le importo, simplemente sintió esa calidez extenderse por su cuerpo.
Esa calidez que no sentía desde que su hijo le fue arrebatado. Esa sensación paternal que el muchacho lograba despertar en él. Era extraño, y lo sabía bien. Pero no le importaba. Quería ayudar al castaño a dejar atrás los malos recuerdos con su padre y posiblemente convertirse él en la figura paterna que el necesitaba. Aunque claro, tendría un poco de pelea por parte de cierto Arcobaleno de patillas rizadas.
Porque para Reborn, Tsuna era como su hijo, a pesar de los tratos poco convencionales que solía tener para con él.
-En todo este tiempo yo he aprendido una cosa. –Tsuna se separo de Giotto para verlo a los ojos. –Y es que no importa cuán mal estén las cosas, nunca estamos solos. Supongo que eso lo aprendí de la peor manera. –el chico sonrío de nuevo, observando como el mayor se tensaba un poco.
Un silencio se acomodo entre ambos, mientras el muchacho se alejaba del rubio varios pasos. Ahora se sentía algo avergonzado, no debió haberle contado esas cosas y mucho menos ponerse a darle consejos. Aunque no esperaba que Giotto se volviera a él repentinamente con una amplia sonrisa.
-Tienes razón, G y los muchachos siempre estarán conmigo, como yo con ellos. –musito convencido, mirándolo con un inmenso cariño.
De acuerdo, Tsuna no estaba acostumbrado a que alguien lo viera de esa forma tan…tan ¿paternal?, lo más cercano que tenía a un padre era sin duda alguna Reborn, que a pesar de sus extraños y retorcidos métodos de enseñanza, el hombre siempre lo cuidaba como si fuera el mayor tesoro. No olvidaría jamás que fue él quien lo salvo de sí mismo.
-Vamos. –Giotto se acerco a su auto y abrió la puerta del copiloto para que el chico se subiera. Y río al ver la expresión confundida del adolescente. –Iremos de paseo…
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¡Espero estén todos muy bien!
Hasta la próxima.
Ciao, ciao (:
