- ¿De verdad no les importará que me quede? – Preguntó Marlene a Lily, dedicándole una mirada preocupada.
Después de terminar sus compras y separarse de Remus, habían tenido la idea de pasar los últimos días de vacaciones juntas, en casa de la pelirroja, y casi sin pararse a pensarlo, habían cogido la red flu, ido a casa de la rubia y recogido algunas cosas rápidamente. Les prometió a sus padres y hermanos pequeños que volvería el día 31 para terminar de recoger las cosas del colegio e ir con ellos hasta el andén.
- Que sí, ya verás. – Contestó ella. – Seguro que estarán encantados. Me dijeron que si querías venir no tenías más que hacerlo.
- ¿Y Petunia no dirá nada?
- Tú solo ignórala. – Puso los ojos en blanco. – Dirá simplemente que estoy llenando la casa de raritos.
Ambas suspiraron. La hermana de Lily no llevaba nada bien que su hermana fuera una bruja y siempre estaba haciendo comentarios maliciosos sobre ella. Por suerte sus padres lo llevaban mucho mejor y se alegraban por su hija.
- Ahí están, vamos. – Tiró del brazo de Marlene y la condujo hasta el final de la calle, donde la familia de Lily la esperaba. – ¡Hola, mamá; hola, papá! ¿Puede quedarse Lene un par de días en casa?
- Oh, claro que sí. – Respondió la señora Evans rápidamente, dedicándole una pequeña sonrisa a ambas chicas. – Ya te dije que podía venir cuando quisiera.
- Genial. – Lily sonrió. – ¿Lo ves, Lene?
- Sí. – La rubia asintió. – Muchas gracias, señora Evans.
- De nada, hija. Anda, vámonos que todavía nos espera un largo camino a casa.
- Papá, dile algo. – Murmuró Petunia, tirando del brazo de su padre. – Hoy viene Vernon a cenar, no puedo tener la casa llena de raritos.
- Tunie, no digas eso de tu hermana y sus amigos. – La reprendió el hombre también en voz baja. No quería que la amiga de su hija escuchara aquello.
- Pero es la verdad, Vernon no puede enterarse de nada, no puede sospechar de lo que le pasa a Lily. – Insistió. – Es un chico encantador y me gustaría salir en serio con él.
- Tranquila, no pasará nada. Saben que no pueden revelar el secreto delante de los no-magos.
- Eso espero… - Suspiró y se cruzó de brazos. – Pero si hace algo, no pienso volver a dirigirle la palabra jamás.
- Se comportará, siempre lo hace. – Se acercó a las otras dos y sonrió. – Tenemos el coche aparcado aquí al lado.
- Pues vamos.
Los cinco se dirigieron hacia el vehículo, se montaron y partieron rumbo a casa de los Evans.
- ¡Vernon llegará en media hora, mamá! – Se quejó Petunia, que ya llevaba al menos una hora perfectamente arreglada. – ¿Cuánto le queda a la comida?
- Muy poco, Tunie. – Respondió ella, resoplando un poco. Su hija mayor estaba insoportable aquel día y el hecho de que Marlene estuviera allí con Lily lo único que hacía era empeorarlo todo. – Relájate, todo saldrá bien.
- No, mamá, nada saldrá bien y todo será culpa de Lily y la bicho raro de su amiga.
- Baja la voz. – La reprendió.
- ¡Pero si solo digo la verdad!
- No, estás exagerando y, además, vas a ofender a nuestra invitada. – La madre de la chica negó con la cabeza. – Sube y dile a tu hermana que queda poco y que terminen de arreglarse cuanto antes.
- Está bien.
Petunia resopló, pero subió rápidamente. Abrió la puerta del dormitorio sin llamar y asomó la cabeza. Lily y Marlene se estaban cambiando de ropa y la rubia no pudo evitar fulminarla con la mirada.
- Dice mamá que terminéis de arreglaros, Vernon llegará pronto y todo tiene que estar listo. – Dijo de forma seca. – Y no quiero ninguna tontería esta noche, nada de hablar del colegio ese rarito, ni de vuestros amigos frikis, ni de nada relacionado con la magia, ¿os ha quedado claro a ambas?
- Oh, y yo que pensaba sacar la varita y hacer que las cosas empezaran a moverse solas por el salón mientras le contaba a ese muggle todo sobre la forma de entrar al andén 9 y ¾ , la selección en Hogwarts y las criaturas que habitan en el bosque y el lago. – Contestó Marlene con ironía, negando con la cabeza.
- Lily, ya sabes a lo que me refiero, controla a tu amiguita.
- Tranquila, Tunie, solo está de broma. – Respondió rápidamente dedicándole una sonrisa amable. – Lene es así.
- Pues que no haga esos comentarios delante de Vernon, es muy serio y respetable. Un hombre con una brillante carrera.
- Que sí, no te preocupes. – Puso los ojos en blanco. – Dile a mamá que en seguida bajamos, que ya estamos casi listas.
- De acuerdo.
Salió de la habitación y cerró la puerta dando un pequeño portazo. Marlene miró a Lily con una ceja enarcada y ella suspiró.
- Ya sabes cómo es Petunia.
- A veces se me olvida. – Se sentó en la cama de su amiga. – ¿Quién es ese tal Vernon que viene a cenar, por cierto?
- Su novio o futuro novio o algo así, no sé. – Cogió el cepillo y comenzó a peinarse frente al espejo. – Lo ha conocido en la oficina donde está haciendo las prácticas del curso, es un poco más mayor que ella, trabaja allí.
- Y obviamente quiere impresionarlo.
- Así es, no para de hablar de él. – La pelirroja se giró para mirar de frente a la otra y puso los ojos en blanco. – Todos los días que tiene que ir a la oficina viene contándonos una anécdota nueva. Está coladita por él.
- Por Merlín, que patético.
- Lene que tú no quieras enamorarte no quiere decir que todos los que lo hagan sean patéticos.
- Es verdad, tú también eres de esas. – Sonrió de medio lado y le dedicó una mirada pícara. – Pues a ver cuándo aparece el "chico afortunado". Solo espero que no sea Potter.
- Antes acabarías tú con Black, tranquila. – Respondió con un poco de chulería.
- Golpe bajo, Lils. Estábamos borrachos, era nuestra primera fiesta con alcohol, recuerdo perfectamente que incluso James y tú mantuvisteis una conversación civilizada.
- Volviste con una sonrisa tonta al dormitorio, Lene.
- Todo producto del alcohol. – Insistió, arrancándole una sonrisa a su amiga.
- Lo que tú digas. – Dijo finalmente la pelirroja, prefiriendo cambiar de tema. – La cuestión es que esta noche debemos fingir ser las alumnas de internado de niñas pijas perfectas.
- ¿Fingimos que sabemos hablar francés? – Cogió un pañuelo del perchero que colgaba de la puerta y se lo puso con un gesto dramático. – Je parle fransois.
- Français. – La corrigió la pelirroja, conteniendo una carcajada. – Podríamos coger la taza levantando el dedo meñique y recordarles a todos cómo se utilizan los cubiertos correctamente.
- "Oh, pero mi querido Vernon, ¿qué haces cortando así? Es evidente que la posición de los dedos no es la correcta, ¿cómo puedes comer así?"
- "Oh, Tunie, mi estimada hermana, ¿por qué coges así el tenedor? El dedo no puede apoyarse así, eso es tan de clase baja."
Las dos estallaron en carcajadas, incapaces de seguir fingiendo más y Lily se dejó caer en la cama junto a la rubia.
- Desde luego, le daría un infarto a la pobre si lo hiciéramos.
- Deberíamos hacerlo.
- Ya veremos. – Sonrió. – Anda, ¿estás lista? Deberíamos bajar ya.
- Sí, me pinto los labios y nos vamos.
Se puso de pie, se puso un poco de pintalabios rosa y se miró en el espejo una última vez antes de guiñarle un ojo a la pelirroja y decirle que ya podían marcharse. Las dos bajaron las escaleras y se dirigieron directamente a la cocina, por si necesitaban su ayuda.
- Todo está ya listo, no os preocupéis. Sentaos en el salón, Vernon debe estar ya al llegar. – Les dijo la señora Evans.
- Y, por cierto, no es que quiera pediros esto, confío en vosotras, pero Petunia insiste y – El hombre suspiró. – no mencionéis nada sobre la magia, por favor.
- No te preocupes, seguiremos con la coartada de que voy a un internado para señoritas. – Lily sonrió. – No voy a estropearle esto a Tunie, no tiene nada que temer.
- Bien, pues ahora solo nos queda esperar.
Los dos tomaron asiento junto a ellas mientras la mayor de las hermanas Evans daba vueltas de un lado a otro de la entrada. Vernon era muy puntual, así que debía estar al llegar y ella no podía estar más nerviosa. Quería causarle una buena impresión, le gustaba mucho ese chico, le encantaba salir por ahí con él y no quería que su familia lo espantara. Tomó aire un par de veces, tratando de convencerse de que todo iría bien. Y justo entonces el timbre sonó. Petunia estiró su blusa y se acercó rápidamente a la puerta para abrirla. Vernon le dedicó una pequeña sonrisa desde el umbral y ello lo invitó a pasar tras saludarlo con un breve beso en la mejilla.
- Los demás están en el salón, pasa.
- Gracias, Petunia.
Ambos fueron hacia la habitación y los otros cuatro se levantaron rápidamente.
- Vernon, estos son mis padres. – Los señaló y ellos le tendieron la mano.
- Un placer conocerte al fin.
- El placer es mío, señores Evans.
- Petunia no deja de hablar de ti. – Añadió la madre de la chica, sonriendo con amabilidad.
- Esta es mi hermana Lily. – La pelirroja lo saludó con un asentimiento de cabeza. – Y ella es su amiga Marlene.
- ¿Del mismo centro para personas conflictivas?
- ¿Qué? – Lily miró a su hermana de forma incrédula.
- Petunia, ¿por qué le has dicho eso? – Su madre la miró con los ojos muy abiertos y ella se encogió de hombros.
- Oh, perdón, ¿se supone que no podía saberlo?
- No nos gusta contarlo… - Murmuró el padre de la chica. – No creo que sea un tema apropiado para una cena.
- Entiendo que, si está en ese centro, es porque hizo algo grave, pero yo no les juzgo, señores Evans. Sé que no es su culpa tener una hija así.
- Oh, sí, yo quemé la casa de mis padres. – Intervino Marlene, cruzándose de brazos y dedicándole una mirada de chulería. – Con ellos dentro. Estoy mejorando mucho, pero todavía siento la necesidad de quemar cosas de vez en cuando. Espero que no haya velas en la cena, me han recomendado alejarme de ellas. – Vernon palideció al escuchar aquello y la rubia amplió su sonrisa. – Y Lily…
- Yo necesito un minuto a solas con mi hermana. – La cortó.
Lily cogió a Petunia del brazo antes de que pudiera protestar y la sacó rápidamente del salón. Subió las escaleras y no se detuvo hasta entrar en el dormitorio de la morena.
- ¡¿Cómo has podido decirle eso?!
- No me grites. – Replicó ella. – No lo pensé, ¿vale? Fue lo primero que se me ocurrió.
- ¿Y qué hay de lo del internado para señoritas?
- Por favor, Lily, ¿cómo iba a creerse eso? – Bufó un poco y se cruzó de brazos. – No hay más que verte para saber que es mentira.
- ¿Pero por qué tuviste que decirle que era una delincuente? – Insistió, cada vez más enfadada.
- No sé, fue lo primero que se me ocurrió. No creí que Vernon fuera a comentarlo delante de todo el mundo. – Contestó ella. – Además, ¿a qué venía ese comentario de tu querida amiguita?
- ¿Ahora esto es culpa de Marlene? – Lily negó con la cabeza. – Creo que esto es lo que me faltaba por oír, Petunia.
- Mira, Lily, Vernon me gusta mucho y quiero que nuestra relación avance, así que intenta que controle la lengua y tratad de actuar como dos personas normales.
- No, escúchame tú, Petunia. – La señaló de forma acusadora. – Que sea la última vez que te metes con mis amigos y la magia y no me hables hasta que me haya marchado a Hogwarts, quizás allí se me pase el enfado y deje de pensar que tengo la peor hermana del universo.
Le dedicó una última mirada enfadada y salió de la habitación, dispuesta a disimular y fingir delante de sus padres y aquel imbécil. Su hermana tomó aire un par de veces, tratando de tranquilizarse, y se miró en el espejo unos instantes. Nunca había odiado a Lily, pero no podía evitar desear haber tenido una hermana normal.
