El mundo de Harry Potter pertenece a JK Rowling y la historia original a Luckei1.
Capítulo 4: A través del cristal.
Al siguiente día, Hermione fue a Azkabán a primera hora de la mañana para así poder terminar rápido y de alguna manera salvar el resto del día. Harry no le dijo nada sobre qué preguntar, diciéndole solo que Malfoy sabría qué decir.
Cuando Hermione llegó y pidió verlo, la llevaron a una pequeña habitación. Esta estaba dividida por una gruesa pared de cristal, una mitad para el prisionero, la otra mitad para el visitante. El lado del visitante tenía un par de sillas semi–cómodas, pero la del prisionero sólo tenía una dura silla de metal.
Draco ya estaba sentado en su mitad de la habitación, con los brazos cruzados en el pecho, frunciendo el ceño ligeramente. Levantó la mirada cuando Hermione entró y rodó los ojos cuando notó que ésta llevaba su túnica puesta.
Hermione atrapó su mirada y le sonrió sarcásticamente. Hizo un gran espectáculo al quitarse la túnica y la puso distraídamente sobre una de las sillas, asegurándose de que una parte de la túnica tocara el suelo.
–¿Ves? –dijo Hermione. –Vidrio. Tú. –señaló. –Yo. Tu puerta lleva hacia tu celda, mi puerta lleva hacia la libertad. –Movió un poco la cabeza. –¿Cómo dormiste? Yo estaba acorrucada en mi cálida y cómoda cama con suaves almohadas y sábanas. –Draco sólo la miró con leve interés. – ¿Cómo está la comida? Veamos, anoche cené pollo rostizado con salsa de crema y espárragos a un lado. Y para el desayuno tuve avena con pan tostado y jugo de naranja. –Aun así él no dijo nada, pero ella podía ver que su fachada estaba comenzando a debilitarse, aunque fuera sólo un poco.
–Y tomé una gran y cálida ducha esta mañana. Debí de haberme quedado ahí por diez minutos sin hacer nada, más que dejar que el agua caliente suavizara mis músculos. –Draco apretó los labios, pero además de eso, no había nada más que indicara que la estaba escuchando. Por supuesto, no es cómo si tuviera otra opción. –¿Qué más hice? Bueno, si debes saberlo, anoche de postre comí helado (mi favorito). Y me acorruqué frente a mi TV (es una caja muggle que muestra imágenes que se mueven y tienen sonido) y vi mi película favorita.
Draco la miró y parpadeó. Algo en su expresión parecía haberse suavizado, pero cuando habló, sus palabras fueron frías como el hielo.
–¿Cállate, quieres? En caso de que no lo hayas notado, en realidad no me importa lo que haces con tu tiempo y ciertamente tampoco me importa que tu noche haya sido mejor que la mía. En serio, no esperaba pasármela bien aquí, así que deja de presumir como un pavo real hinchado y supéralo. Estás aquí para realizar un trabajo, así que hazlo. Deja de intentar entrar ganarme en una batalla de ingenio, porque seamos honestos, algo así te volaría el cerebro.
Hermione lo miró.
–¿Batalla de ingenio? ¿Contigo? –se burló. –Para poder entrar a semejante compromiso, ambas partes necesitarían comenzar con al menos un nivel de inteligencia comparable para poder hacer que el concurso valga la pena, eso en primer lugar. Y dado que tú no tienes inteligencia, ¿No tendría ningún sentido hacerlo, o sí?
Draco podía tolerar muchas cosas de ella, dado que esta era una idea de él, su plan, y ella era una parte crucial para el éxito del mismo. Sabía que tenía que ser paciente y no dejar que Harry y ella le hicieran perder los estribos. Cualquier broma que pudieran hacer sobre la sangre podía ser fácilmente manejada, dado que sabía dónde estaba él en el problema. Ellos no sabían, lo que lo haría bastante interesante en caso de que la situación lo necesitara. Los nombres con los que podrían llamarlo se le resbalarían como el agua sobre las plumas de un pato; sus bromas, empujones y demás serian absorbidos con facilidad para terminar pronto. Porque nada lo alejaría de ese final, nada era más importante.
Pero decir que él no era inteligente, era algo completamente diferente. No sólo era insulto cualquiera, por él era inteligente y lo sabía. Se puso de pie tranquilamente, siempre en control de sí mismo, excepto tal vez cuando su padre era mencionado, y se acercó al vidrio.
–¿Te crees tan lista, no es así? ¿Sólo porque eras la número uno de la clase y la mascota de los maestros? Bueno, dime Granger, ¿A alguien verdaderamente le importa eso? Honestamente, ¿Cuánta gente se quita de tu camino en los pasillos y te mira con los ojos abiertos de sorpresa porque eras Premio Anual? –dijo las últimas dos palabras cómo si le hubieran dejado un sabor más amargo en la boca. –¿Eso no significa nada en el mundo, o sí? ¿En qué te beneficia? Eres un auror, un maldito auror. –Draco la miró con molestia. –Por mucho que no me importe en que te convertiste, aún me sigues decepcionando. –la miró por un segundo, y entonces regresó a su silla y volvió a su antigua posición.
A Hermione le dolieron sus palabras, mucho más de lo que hubiera imaginado. Volverse un auror no era la ambición de su vida, ni siquiera era algo que había considerado hasta que se volvió peligrosamente obvio que Voldemort no se iba a ir. Ella siguió a Ron y a Harry en el acelerado entrenamiento ofrecido por el Ministerio porque no se iba a alejar de ellos, habiéndose jurado a sí misma y a Harry que los tres estarían juntos a pesar de todo.
Hermione peleó contra las lágrimas de frustración que amenazaron con salir en las esquinas de sus ojos. Por supuesto, no le importaba haberlo decepcionado, pero lo que había dicho le había golpeado una herida en ella que estaba tan lastimada, que tomarse semejante abuso sin sentir dolor era imposible. No podía mirarlo por miedo a que las lágrimas ganaran la batalla.
–Escribe. –dijo Draco firmemente. –Aberdeen, Scott; Adderly, Mark…
–Espera, ¿qué estás haciendo?
–Te estoy dando la información que viniste a buscar. Agg, Wilton…
–Espera. –dijo Hermione, hurgando en su bolsa por un pergamino, una pluma y una botella de tinta. Cuando los encontró, conjuró una mesa y comenzó a copiar los nombres que él ya le había dado.
Draco la miró con ligero asombro, y entonces continuó en dónde se había quedado, cuando ella parecía lista para continuar.
–Andrews, Derrick…
Por dos horas completas, Hermione no hizo otra cosa más que escribir, y Draco no hizo nada más que darle una lista de apellidos seguida por los nombres. Sin importar lo cansada que la mano de Hermione estuviera, se negó a dejar de escribir o a pedir un descanso.
–Zabini, Blaise; Zabini, Stephano; Malfoy, Draco. –Hermione esperó a que continuara, pero cuando ya no le proporcionó ningún nombre, ella lo miró. Él simplemente la estaba mirando. –Yo estoy fuera de orden, por supuesto.
Hermione miró la lista de nombres. Tenía que haber cientos ahí, y ella había estado más que impresionada cuando se dio cuenta de que Draco le había estado dando los nombres en orden alfabético. Fue cerca de "Crabbe, Gregory" que lo notó. ¿Cómo podía hacer eso? Ahora ella lo miró, buscando una pista para explicar cómo le había dado la información. Nada saltó a la vista; él estaba usando el traje gris de la prisión, sentado casualmente en la silla. No había nada en sus manos, nada que ella pudiera ver. No era posible que se hubiera memorizado todos esos nombres, en orden alfabético, ¿o sí?
–Le daré la lista Harry. –dijo Hermione, guardando sus cosas de nuevo en la bolsa. Entonces se estiró en la silla y se puso de pie.
–Granger. –dijo Draco, haciendo evidente a través de su tono que aborrecía tener que hablar con ella.
Hermione solamente lo miró en respuesta.
–¿Hoy está… soleado? ¿O está lloviendo?
Su pregunta fue inesperada. ¿Por qué preguntaría sobre el clima? ¿Por qué habría de importarle? Entonces miró la habitación, y pensó en todo lo que había visto hasta el momento en la ella. Y recordó no haber visto ventanas.
–Está lloviendo. –mintió. Entonces recogió la túnica y se la puso en un dramático movimiento y salió de la habitación. Le informó al guardia que estaba afuera que habían terminado, y regresó lentamente al Ministerio.
Fue directamente a la oficina de Harry, pero Seamus Finnigan, quien trabajaba en el Departamento de Transporte Mágico, se detuvo y le elogió su túnica. Forzó una sonrisa y un educado gracias, y maldijo internamente. Por supuesto que la túnica de Malfoy sería la mejor cosa que alguien estaba usando en la oficina, dado que costaba lo suficiente como para igualar su salario de un mes completo.
Cuando regresó a la oficina de Harry, sonrió cansada pero cálidamente.
–Buenas tardes, Harry. –dijo Hermione.
–Hey, ¿cómo te fue? ¿Hubo problemas?
–No; Toma. –dijo, entregándole la lista de Malfoy.
Los ojos de Harry se agrandaron mientras escaneaba las páginas, obviamente impresionado por tantos nombres.
–¿Qué dijo? –preguntó.
–Nada importante. Me dictó los nombres, e intercambiamos algo de espinas. Oh, y me preguntó si estaba soleado o lloviendo afuera.
Harry le dio una mirada interrogante, ante lo que Hermione sólo se encogió de hombros.
–Gracias, Hermione. Odio pedirte esto tan temprano, pero necesito que regreses mañana. Necesito más información que sólo estos nombres.
Hermione se tensó. Le había tomado toda su fuerza para poder soportar dos horas con Malfoy ese día, y el pensamiento de volver tan pronto era espeluznante.
–¿Por qué yo? ¿Por qué el? –gruñó suavemente, descansando la cabeza en sus manos. De nuevo peleó contra las frustradas lágrimas.
La noche anterior había sido difícil para ella. El asesino de sus padres había estado contoneándose en el lugar donde ella trabajaba, demandando que se le diera libertad. Claro, él había prometido entregarles a su más grande enemigo, pero lo había hecho en una forma… muy Malfoy. De nuevo había tenido ese horrible sueño que por meses había tenido desde que sus padres fueron asesinados, sólo que esta vez, en su sueño, él estaba esperando por ella también. Eso era completamente nuevo. Y despertó de un sueño profundo, ahora completamente despierta, a tempranas horas de la mañana. No pudo volver a dormir. En realidad, le mintió dos veces a Malfoy, sobre el clima y sobre su buena noche.
–Sólo un minuto. –dijo Harry, y puso un hechizo silenciador en su oficina, después otro, y finalmente otro hechizo que haría que cualquiera que se acercara a la oficina, repentinamente recordara que había un importante memorándum en su escritorio que necesitaba respuesta. Entonces susurró, paranoico a pesar de sus precauciones.
–Es porque nadie sabe que estuvo aquí.
Hermione susurró en respuesta, sintiéndose un poco tonta al tener que decirlo en voz alta.
–Harry, mucha gente lo vio.
–Se les ha borrado la memoria. Esto es grande, Hermione. Sólo tú y yo sabemos, bueno y Ojoloco. Pude convencerlo de que necesitaba que me ayudaras en este caso. –Hermione estaba aturdida. ¿El Ministerio le borró la memoria a sus propios aurores? OK, claro, Malfoy era algo grande, casi tan grande como Voldemort, ¿Pero en realidad era tan grande como para que nadie supiera sobre él?
–¿Es en serio? –preguntó débilmente. –Harry… ¿qué está pasando? Es decir, él sólo entra aquí, ¿y ahora les borran la memoria a los aurores? ¿Por qué?
–Esto podría ser enorme, Hermione. La información que ha prometido darnos podría ser crucial en esta guerra. Nos ayudaría a derribar toda la red de los mortífagos. Sólo que no queremos que nadie sepa sobre esto, o sobre él. Si los otros mortífagos se enteran, podríamos ser atacados o algo peor en un intento de recuperarlo.
–Aún sigo sin entender porque todo este secreto.
Harry suspiró.
–Honestamente, no puedo decirte ahora. ¿Sólo tienes que confiar en mí, si? Pronto lo sabrás.
Hermione sonrió débilmente.
–Sabes que confío en ti, Harry. Fue increíblemente difícil verlo hoy, sentarme ahí, sabiendo todo lo que ha hecho, y que él me dictara a mí. Todo el tiempo fue tan seguro de sí mismo. Sentí como si yo fuera la que estaba en prisión y él el que estaba libre.
–Él tiene una forma de hacer eso. Y sé que será difícil para ti, Hermione, créeme, lo sé. Sin embargo, no lo pediría si supiera que no podrías con la tarea. Sólo recuerda, en realidad es él quien está en prisión. Su lado del cristal da a su celda, tu lado al sol.
Hermione asintió y suspiró pesadamente.
–Puedo hacer esto, Harry. –se puso de pie y lo abrazó.
–Estoy aquí para ti, siempre, y lo sabes. –dijo Harry, sosteniéndola.
–Lo sé. Gracias. Te veo después. –dijo Hermione, saliendo del abrazo. Entonces caminó hacia su escritorio donde trató pasar en lo que aparentemente era un día normal en el trabajo.
La siguiente mañana, Hermione regresó gruñonamente a Azkabán para visitar a Malfoy. De nuevo uso su túnica para molestarlo, y cuando él entró al cuarto de interrogatorios, la colgó descuidadamente en la parte de atrás de su silla, dejándola arrastrarse por el piso. Hermione notó que él hizo una mueca cuando ella dejó que una de las patas de la silla pisara parte del material.
Se sentó y lo miró. Él se veía exactamente igual que el día anterior. Parecía que su día en la cárcel no fue tan malo como ella esperaba. Por supuesto, aun podría montar un espectáculo gigantesco para ella.
–Bueno, tienes algunas traiciones que hacer hoy. –dijo Hermione, tratando de sonar tan molestamente alegre como fuera posible.
Supuso que él no era una persona madrugadora, y mientras ella tampoco lo era, él no sabía eso. La gente madrugadora eran algunas de las más fastidiosas criaturas sobre el planeta.
Como resultado, no estaba interesado en bromear ese día. Comenzó de inmediato con una nueva lista de información.
–Aberdeen, Scott. Edad: 34. Ocupación: Empresa privada. Residencia: Ducking Scare #33, Surrey. Tiene negocios en Gringotts, Flemings y Brewtons. Fortuna: 50,000 galeones. Familia: esposa, dos hijos, d años, ambos magos, tienen planeado estudiar en Durmstrang. Adderly, Mark… –Draco continuó de la misma manera por tres horas, deteniéndose sólo cuando Hermione gruñía para indicar que iba demasiado rápido.
Él no decía nada para indicar su impaciencia, pero Hermione lo podía sentir, incluso a través del cristal, irradiando de sus ojos. Él la miraría escribir furiosamente, y después, cuando decidía que ya había tenido tiempo suficiente, continuaba. Nombre tras nombre, todos los mortífagos, toda la información crucial que podría ser importante para el Ministerio. En algunos tenía más información que en otros.
Finalmente, Hermione se dio cuenta de que tenía hambre.
–Dawson, Frank…
–Espera, detente. –dijo Hermione. –¿Vamos a ir a través de todos los nombres que me diste ayer?
Draco parpadeó.
–Sí.
–Bueno, eso tomará… –miró a su reloj y vio con consternación que ya había pasado la hora de comida. –… más tiempo del que puedo estar aquí, ¡Tengo trabajo que hacer!
Draco sonrió de lado.
–¿En verdad crees que tú trabajo ahí es más importa que lo que te estoy diciendo ahora?
Ella gimió, sabiendo que tenía razón.
–Necesito una pluma mejor.
–Pudiste haber encantado la que tienes para que escribiera por ti. –respondió, sonando aburrido con su gimoteo. –Y le dicen la bruja más brillante de nuestra generación... –murmuró, sacudiendo la cabeza.
Hermione lo miró.
–Quédate ahí. –respondió molesta, y se levantó a escribirle a Harry para decirle que se quedaría ahí todo el día.
Draco gruñó; como si tuviera opción sobre si quedarse o no.
Harry respondió de inmediato, diciéndole que se quedara tanto como necesitara. Fantástico, pensó Hermione, justo lo que quería escuchar.
Para el final del día, Hermione estaba agotada, y tan sólo habían llegado a "Jackson, George". Draco no dijo nada más que la información relacionada, hasta que ella comenzó a empacar sus cosas para irse.
–Mentiste. –dijo Draco. Ella se giró para verlo. –Ayer no estaba lloviendo; le pregunté al guardia esta mañana.
–¿Y?
–¿Por qué lo hiciste?
–¿De todas formas, por qué te importa el clima?
–Sólo lo hago. ¿Por qué mentiste?
–No sé. –respondió Hermione honestamente.
Les tomó casi tres días para obtener toda la información de él. A las cinco en punto del viernes, terminó con "Zabini, Stephano". Hermione dejó salir un suspiro de alivio, bostezando. Durante todos los tres días, Malfoy raramente le hablaba excepto para decirle los nombres de sus compañeros. Ella se había acostumbrado a ello, y sin saberlo, asumió que así continuaría.
–¿Granger duerme alguna vez? –preguntó mientras ella guardaba sus cosas.
–Por supuesto. –respondió molesta. –¿Qué clase de pregunta es esa?
–Sólo intento hacer una conversación. Te ves cansada, eso es todo. ¿Así que cómo está el clima hoy? –preguntó, recargándose en su silla como si estuviera en una cómoda sala de estar con una chimenea frente a él.
–Está venteando.
Él le dio su desagradable mirada casi–una–sonrisa.
–He llegado a asociar tus reportes del clima con tu humor. ¿Tuviste un día difícil? ¿Una pelea con el novio? ¿Potter, tal vez, o la comadreja?
Ella no dijo nada. ¿Cómo podía sentarse ahí y ser tan malditamente arrogante? ¡Estaba en la cárcel! Y aun así actuaba como si fuera exactamente lo que él quería que pasara. En verdad, Hermione había tenido una mala noche. Sus sueños se estaban volviendo cada vez más intensos y le robaban su pacífico sueño. Ahora sus visiones se enfocaban en él, en la otra habitación, sosteniendo algo, mirándola.
–Adelante, pregunta. –dijo él. Había podido sentir que ella quería decir algo, pero estaba demasiado… ¿qué, asustada? ¿Nerviosa? … para preguntar.
Hermione lo miró cautelosamente, y después dijo;
–¿Por qué ellos?
Ah sí, por supuesto. Draco se encogió de hombros.
–Y sólo así… ¿lo mataste?
–Seguí una orden. Nada más.
–¿Qué bien te hizo matar a mis padres?
–Mi amo deseaba anunciar al mundo que él estaba tomando esta guerra en una nueva dirección.
–Así que tú sólo… los mataste.
–Sí.
Hermione sintió a su estómago encogerse ante cuan descuidadamente y sin esfuerzo le dijo que había tomado la vida de las personas que más amaba en este mundo. Se negó a dejarlo verla llorar, pero no podía esconder su dolor y confusión.
–¿Tú los… torturaste? –ni siquiera estaba segura de si quería saber la respuesta.
Draco vio sus enredadas emociones, y una breve punzada de duda pasó por su mente.
–No. –respondió honestamente. Él la vio relajarse sólo un poco, pero entonces frunció más el ceño.
–¿Estabas ahí cuando regresé a casa?
Un destello de pánico recorrió su cuerpo, pero rápidamente lo dominó.
–No, ¿por qué dirías eso?
–Es sólo que… sigo teniendo este sueño…
Él quería que continuara, pero era obvio que ella no tenía intención de hacerlo.
–¿Estaban asustados? – preguntó Hermione tranquilamente.
–No, de hecho no lo estaban.
–Entonces tú sabías que ellos eran mis padres.
–Sí.
No pudo evitarlo, una única lágrima resbaló por su mejilla. Draco la vio y sintió otra punzada de duda, aunque esta duró más que la anterior.
–Te odio, Malfoy –susurró Hermione, viéndolo con odio en sus ojos y en su corazón. Ella deseaba que se quedara en esta cárcel para siempre, hasta que los gusanos se lo comieran, pieza por pieza.
–No deberías odiar, Hermione. –dijo tranquilamente, uniendo su mirada a la ella y sosteniéndola. –El odio hace cosas horribles a una persona. Los hace hacer cosas que normalmente no harían. Los convierte contra aquello en lo que creen. Te come desde adentro, matándote lentamente y robando todo aquello agradable en ti, dejándote hueco, vacío, aun cuando has logrado dominar el objeto de tu odio. No te satisface, sólo quieres a esa persona de vuelta, para así poder matarla de nuevo.
Hermione lo miró, horrorizada de lo que él había dicho. Él se había abierto, sólo lo suficiente, para dejarla ver una parte de su oscura alma, y ella estaba aterrorizada de lo que vio. No podía mirarlo de nuevo, así que se fue sin otra palabra.
Esa noche Hermione lloró de nuevo, y en su sueño, de sus padres, lo vio de nuevo. Sin embargo, esta vez en su sueño, se vio a sí misma encontrando los cuerpos de sus padres pero ella estaba fuera de la acción. En todos los sueños había sido ella misma, quien encontró a sus padres después de regresar a casa y encontrar la marca tenebrosa brillando en el cielo arriba de su casa. Y esta vez, dado que se podía mover más y tenía más control del sueño, notó que él estaba en la siguiente habitación donde encontró a sus padres, sosteniendo una daga y mirándola (a la Hermione que encontró a sus padres, no a la que estaba observando). Despertó de su sueño empapada en sudor y enredada entre las sábanas. Miró al reloj, sólo eran las 2 am. Fue al baño y tomó una poción para dormir sin sueños de la repisa. La tomó y calló en un sueño vacío.
Hermione regresó a visitar a Malfoy al menos un vez a la semana durante las siguientes tres semanas. Había odiado cada visita; él se estaba volviendo cada vez más malhumorado, probablemente por su estancia en Azkabán. A veces intentaba provocarla para pelear, pero ella se negaba a hablarle más de lo que era requerido para obtener la información que Harry quería.
Después de que Draco hubo estado en prisión por 28 días, Harry le dio a Hermione una carta para él.
Cuando él la vio, le dio típica sonrisa torcida porque ella tenía el ceño fruncido.
–Ah, hoy debe ser… ¿qué, una tormenta eléctrica? –dijo en su tono arrogante y condescendiente.
–Oh, eso me recuerda. Toma. –Hermione le dio la carta de Harry debajo del cristal que los separaban. Draco la tomó y la leyó, después frunció el ceño.
–Necesito una pluma.
–No tienes permitido tener una –respondió ella.
–Bueno, ¿entonces cómo voy a responder?
–Yo puedo escribirla por ti.
Draco la pasó la carta, y Hermione sacó su pluma.
–Harry,–comenzó Malfoy. Ella obedientemente escribió el nombre de Harry, causando que Draco le diera una pequeña sonrisa. –Acepto. –Y no dijo nada más.
Ella lo miró, con la pluma lista para escribir más.
–¿Eso es todo? –Él asintió. Hermione rodó los ojos. –Creo que puedo recordar eso. –Tomó la carta y la puso en su bolsa. El pergamino estaba en blanco, encantado solamente para que el destinatario pudiera leerla. Le tomó un segundo más de lo necesario.
–Curiosidad. –dijo Draco. –¿Te estás muriendo por saber lo que dice la carta, no es así?
–No, no me estoy muriendo por saber.
–Sin embargo, quieres saber. No, no, no me ruegues, en serio. Te lo diré. Dice que estoy por salir de aquí.
¿Perdón?
–¿Qué? ¿Tú? Honestamente, ¿cómo es que te van a dejar salir? ¡Admitiste asesinato!
–Esa es la única razón por la que estoy aquí, Granger –dijo agradablemente. Su humor había mejorado drásticamente después de leer la carta. –Porque admití haber asesinado. Este último mes fue el tiempo acordado que pasaría como pago por mis crímenes.
Hermione frunció el ceño, molesta de que Harry aceptara a una sentencia tan corta.
–¿Entonces te iras a tu isla? –preguntó amargamente.
–Algo así. Dime, ¿por qué te volviste auror?
Su pregunta la tomó por sorpresa.
–Es lo que… tiene sentido. Fue la mejor forma en que pude pensar para ayudar a Harry.
–¿Es lo que tú querías hacer?
–Bueno, no, pero no siempre tienes lo que quieres en la vida. –y pensó en sus padres, y en sus sueños que jamás se cumplieron.
–Pues deberías obtenerlo. ¿Y que hay sobre la comadreja? No he escuchado de él desde que me reencontré con ustedes dos.
–Fue herido en una batalla hace unos meses. No está trabajando ahora.
–Oh –dijo Draco, quien honestamente no sabía que había pasado con el chico pelirrojo.
Hermione sacudió la cabeza, queriendo alejar los temas personales y enfocarse en la tarea antes que ella.
–Estoy aquí para obtener más información sobre los escondites de los mortífagos. –sacó su libreta y una pluma, lista para escribir.
–Quiero hablar sobre ti. –dijo él, levantándose y girando la silla para descansar los brazos sobre el respaldo de la esta. –Hay posibilidades de que no te vuelva a ver, y creo que deberíamos de conocernos mejor.
–Si no te vuelvo a ver nunca, será muy pronto. –respondió Hermione.
Él puso una mano sobre el lugar en donde se suponía que estaba su corazón.
–Oh, Granger, ¡Eso dolió! –dijo, fingiendo estar herido. –¡No seas tan cruel! Juro solemnemente que extrañaré estas pequeñas reuniones de nosotros. Te diré que, cuando me esté relajando en mi playa, escuchando a las olas, pensaré en ti.
–Preferiría que no lo hicieras.
–Podrías visitarme junto con Harry, sabes. Les daré hamacas separadas, si quieres.
–Preferiría ahogarme antes que verte de nuevo por cuenta propia.
Hermione vio algo parecido al dolor brillar en sus ojos. Rápidamente lo escondió.
–Y aquí estaba yo a punto de darte tu propia isla, con tu propia cabaña, y llena de libros que nunca has leído.
–No quiero nada de ti.
–Sí, sí, me odias, siempre lo harás, y lo entiendo perfectamente. –Se puso de pie y se acercó bastante al cristal entre los dos. –Pero Hermione, temo que te he mentido. –dijo en un escalofriante y vacío tono. –Estaba ahí cuando regresaste a casa esa noche; estaba esperando por ti.
Hermione palideció y se sintió débil, sólo podía estar hablando sobre lo que ella le preguntó semanas antes. Lo que ella había visto en sus sueños, ¿podía ser verdad?
–Qué…
–Me debes tu vida. ¿Cómo se siente eso? – Draco tocó su puerta para hacerle saber al guardia que había terminado. –Oh, y Granger, diviértete tratando de descifrar eso. –rió y dejó la habitación.
Hermione aún estaba temblando cuando regresó al Ministerio. Fue a la oficina de Harry y esperó a que regresara de una reunión. En los veinte minutos que esperó, se sintió mejor.
–¿Hermione? –dijo Harry cuando la vio ahí. –¿Ya terminaste?
Ella lo miró. Le tomó un momento registrar lo que él le había pedido, y después otro momento para darse cuenta de que había estado tan nerviosa con lo que Malfoy había dicho, que se había ido antes de que le diera la información.
–Oh no, oh no –lloró, poniendo la cabeza entre sus manos. –Oh, Harry, no obtuve nada.
Harry frunció el ceño.
–¿Por qué? ¿No quiso cooperar?
–No; bueno, un poco. Él cambió de tema, y fue un tema que en verdad me molestaba, y me alteré tanto que me fui.
Harry lo sentía por su amiga. Él sabía que lo que había pedido era muy difícil para ella considerando el pasado que ella compartía con Malfoy. Y odiaba tener que decir lo que estaba a punto de decir.
–Lo siento, Hermione. Pero tengo que pedirte que regreses, es la última vez que te lo pido, es por eso que lo estoy haciendo. ¿Puedes hacerlo? –Ella asintió, pero comenzó a llorar. El pensamiento de regresar a verlo era aterrorizante.
Después de la hora de comida, lentamente hizo su camino hacia Azkabán. Cuando pidió ver a Malfoy, el guardia le dijo que él había dejado unos pergaminos para ella, y que Malfoy dijo que si no eran satisfactorios, que podía verlo. Hermione miró las páginas… páginas y páginas de escondites, información sobre los mortífagos y sus trabajos internos. Era más que satisfactorio, pero algo completamente diferente la estaba carcomiendo por dentro.
–Deseo verlo. –dijo, tratando de convencerse a sí misma que era la verdad. La manera en que dejaron las cosas la última vez… seguramente él odiaría ser llamado de nuevo. Esperó en la pequeña habitación con las sillas y el cristal en medio. Él entró, luciendo andrajoso, nada parecido a cómo ella lo había dejado una hora atrás.
Draco se sentó cautelosamente, cómo si le tomara todo su esfuerzo hacerlo. No la miró, sólo se le quedó mirando a sus manos descansando en sus rodillas.
–¿Por qué? –preguntó Hermione, sabiendo que no había forma en que él supiera a que se refería.
–¿Por qué, que, Granger? –preguntó, levantando la mirada.
La diferencia en él era notable; no había muecas, no había brillo de confianza en sus ojos. Sólo un alma rota que regresó la penetrante mirada de Hermione.
–¿Por qué no me mataste? Lo ibas a hacer, te vi.
Draco retrocedió.
–¿Tú–qué?
–En mi sueño. Te vi, en la siguiente habitación donde encontré a mis padres. –su silencio y la mirada en su rostro le dijeron que estaba en lo correcto. –Sostenías una daga. ¿Por qué no lo hiciste?
Él no hizo nada más que mirarla. Finalmente, puso su cabeza en sus manos y murmuró;
–No lo sé.
Hermione se sentó frente a él y cruzó los brazos.
–No es suficiente. –Comenzó a golpear el pie rítmicamente para recordarle que no se iba a ir a ningún lado. Lentamente él se puso de pie y la encaró.
–Se supone que tenía que hacerlo, pero cuando te vi… algo me detuvo. No sé qué fue, honestamente. Simplemente no pude hacerlo. –suspiró. –Iba a matar a tus padres a nuestro modo, y después te mataría a ti al modo muggle. No pude.
Hermione lo miró curiosamente.
–¿Te metiste en problemas por no hacerlo?
Él rió sin alegría.
–Oh, por supuesto. Él estaba bastante molesto conmigo y me tomó un tiempo convencerlo de que aún le era leal.
–¿Por qué no lo sabes? –ella estaba bastante frustrada al no obtener la respuesta que quería, o al menos algún tipo de respuesta.
–Ya te lo he dicho. –dijo Malfoy, sentándose de nuevo y pasando una mano por su cabello. –No lo sé. Tenía la intención, en verdad la tenía, pero hubo algo sobre verte encontrándolos. Simplemente lo sacó de mí. Me fui después de que la orden te sacó de la casa.
No podía que creer que eso fuera todo. Pero él parecía insistente en que así era. Así que decidió dejarlo ir, dado que estaba segura que no le diría nada más. Lo miró a través del cristal. Se parecía mucho al fantasma que había visto hace un mes. No completamente, pero había sombras de esa persona.
–¿Qué le pasó al hombre que vi en la oficina de Harry? –preguntó Hermione silenciosamente.
Malfoy sacudió la cabeza.
–Vas por un camino sin mí de nuevo. Por favor explícate.
–Cuando Harry me llamó para presenciar el juramento. Ahí había alguien bastante diferente sentado frente al escritorio.
Draco la miró a los ojos, y simplemente dijo;
–Detrás del velo.
–Lo siento, ¿se supone que eso debe significar algo para mí?
Malfoy apartó la mirada, y sus ojos estaban enfocados en algo que no estaba en la habitación cuando habló.
–No me importa nada, todo se va. Tú has hecho de mí tu agrado; yo traigo a la vida, yo traigo a la muerte: el espíritu no hace sino la respiración; ya no sé más. ¡O la vida tan inútil, entonces, tan frágil! O por tu voz para calmar y bendecir, ¡que esperanza de respuesta, o redención! Detrás del velo, detrás del velo…
Hermione estaba conmovida por sus palabras, y no sabía que decir. La prosa era obsesionante y misteriosa, y se dio cuenta de que nuevo él se había abierto con ella un poco, dándole un vistazo de su turbulenta alma. Y se veía tan pequeño, tan vulnerable, sentando en esa silla de metal, mirando al mundo como un niño pequeño. Nada como el Draco Malfoy que ella conocía.
–Tennyson –dijo él.
–¿Qué quiere decir eso? –preguntó, ansiosa por saber el significado.
–Bueno, para mí, eso significa… yo. Tú me viste. –Draco la miró a los ojos, y los vio realmente, por primera vez en su vida. Y él la dejó explorar, mostrándole las emociones en él que ella esperaba ver: desesperación, enojo, odio, rabia y dolor. Pero aún siguió ocultándole las otras: soledad, arrepentimiento, remordimiento, y odio a sí mismo.
De nuevo, Hermione se quedó sin palabras. Intentó pensar en algo que decir, y dijo lo primero que se le vino a la cabeza. Desafortunadamente, en lugar de decir algo profundo, o confortante, o sensible, la primera cosa que vino a su cabeza fue:
–¿Tú conoces a poetas muggles? –y mentalmente se golpeó a sí misma.
Él le dio una media sonrisa.
–¿No tienes que regresar?
–Oh, uhm, sí. Gracias por la información, será de mucha ayuda.
–Así que cuando me mandaste hablar, no fue porque quisieras hablar sobre la información que te di, no es así. –Draco lo afirmó más que preguntar.
–No –admitió ella.
–OK. Buena suerte, Granger. Espero que encuentres lo que estás buscando.
Hermione frunció el ceño.
–Pero, no estoy buscando nada.
Él se encogió de hombros.
–Lo estarás. –tocó la puerta. –Que tengas una buena vida. –dijo cuándo el guardia abrió la puerta para que saliera.
Hermione trató de librarse del sentimiento que vino a ella desde la segunda vez que él entró la habitación ese día. Malfoy era casi la misma persona de la oficina de Harry, la persona que casi podía sentir algo más que odio. Mientras Hermione se acercaba a la estación de los guardias, recordó que ya no regresaría a recolectar más información de Malfoy. De detuvo en su camino, pensando en la túnica en su bolsa. Podría regresarla, después de todo era de él, o se la podía quedar.
Sabía que no se la quedaría. Pronto él estaría dejando la prisión, si lo que le había dicho era verdad, y necesitaría su túnica. Y tal vez estaba viendo un destello del otro hombre, quien lucía bastante parecido al pálido, rubio, mortífago, que le dijo que tal vez tendría frío. Además, era de Malfoy, y ella no quería darle ningún motivo para que la estuviera buscando en el futuro. La dejó con los guardias para que la pusieran junto con sus otras pertenencias. Después suspiró y de nuevo caminó el sendero de Azkabán hacia el punto de aparición que la llevaría de vuelta al Ministerio.
