Canciones y abrazos

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El grupo de jóvenes seguía escondido detrás de los arbustos, todos tenían la intriga de lo que planeaba hacer Poppy.

-¿Qué estamos esperando? – susurro Seda.

-Todos los jueves Ramón saca a pasear a nube a esta hora, normalmente lo hace más temprano, pero como hoy va de compras…salen por alrededor de dos horas, es tiempo suficiente para entrar, tomar algunas cosas y salir. –

-Poppy…¿Estas sugiriendo que robemos? – pregunto Dj Suki.

-No vamos a robar, solo a pedir prestado. –

-¿Y si se da cuenta que las usamos nosotros para los eventos? –

-Ramón nunca asiste ni le interesa informarse del tema, estando adentro, si dejamos todo como esta lo más probable es que no se dé cuenta. -

- ¿Cómo sabes que él no regresara pronto? ¿lo espías? – cuestiono Satín.

-No…nada de eso, solo que desde hace años lo espero para darle las invitaciones, con el tiempo logre entender sus horarios, silencio, ahí viene -

Todos se quedaron callados, vieron como cruzaba su jardín en compañía de nube, el perro iba sin correa, los chicos creyeron que el can los encontraría en cualquier momento, pero de la nada salió disparado tras algo.

-¡NUBE! Nube, no persigas ardillas. – le ordeno Ramón para salir corriendo detrás de el.

A pesar de lo cerca que paso de ellos, el chico no noto su presencia, pasaron un par de minutos y cuando dejaron de escuchar su voz llamando a su perro decidieron que era el momento adecuado. Se escurrieron por el jardín, la reja de metal no tenía ningún tipo de candado, al llegar a la puerta se percataron que esta no estaba cerrada con llave, así que fue muy fácil entrar, demasiado sencillo para ser cierto. Grandulón cerró detrás de si para expresar preocupado.

-Chicos, hay que darnos prisa…¿Dónde creen que guarde todo? –

La casa era aún más bella por dentro que por fuera, a primera vista estaba una enorme sala con tres cómodos sillones ubicados enfrente de una tradicional chimenea de piedra lisa, en medio de todo eso una pequeña mesa de madera oscura, al fondo en el pasillo se veían varias puertas, Poppy dio unos cuantos pasos y se percató de las escaleras que iban asía arriba.

-Muchachos, creo que encontré lo que buscábamos. – se escuchó decir a Diamantino.

Casi inmediatamente después de la puerta de entrada, mirando hacia la izquierda se encontraba el comedor, seguido de la cocina, esta tenía dos puertas, la del fondo daba al invernadero y la primera asía un taller. Al entrar en el no podían creerlo, aquel hombre tenía razón, el cuarto era enorme, contaba con una serie de mesas, todas pegadas a la pared, dejando el centro de la habitación vacío, cada mesa estaba diseñada para algo diferente, desde carpintería, escultura, estaciones de dibujo, telas, todo cuanto podrían necesitar estaba ahí.

-Es increíble, pero ¿cómo haremos para llevarnos todo esto? – cuestiono Dj Suki.

-No lo sé, ya veremos cómo, ¿por dónde comenzamos? -

Los ladridos de un perro y el sonido de la manija girando hizo entrar en pánico a todos, no habían pasado ni quince minutos cuando Ramón regreso a casa.

-Conoces las reglas, pequeña bestia. – se escuchó decir al chico. – si persigues ardillas no hay paseo. -

Todos corrieron para esconderse debajo de una mesa con un mantel rojo un tanto transparente, los chicos temían ser vistos por Ramón, pero cuando este entro al cuarto seguido de nube se dieron cuenta que no los podía ver, pero ellos a él si, aunque aquello no los tranquilizaba del todo, pues el perro no les quitaba la vista de encima, no sabían si los miraba o si era alguno de sus otros sentidos que los percibía. Guardaron silencio, Ramón por su parte parecía mantener una larga charla con su perro, que al escucharlo puso toda su atención en él.

-Puedes creerlo, otro año en que todos confinan en el traidor de Arroyin, ni aunque mostrara todas las pruebas de su culpabilidad me crearían, en especial la ingenua de Poppy…se la tiene merecida, ¿no lo crees nube? .- dijo sacando una muñeca andrajosa de color rosa con vestido azul, lo impactante no era el parecido que tenia con Poppy, sino que en la corona de dicha muñeca estaban las dos flores de tela que le faltaban a su diadema, la chica se quedó sin aire al saber dónde habían parado sus tan preciadas reliquias, de verdad había sufrido mucho cuando la primera desapareció, y cuando perdió la segunda paso días enteros buscándola por todas partes, incluso había pegado volantes en toda la ciudad. Solo Ramón podría usarlas para tal cosa, ser parte de un juguete para perros.

El chico se mantenía ocupado en una de las mesas de trabajo, iba y venia con diferentes cosas, sea lo que fuera, le estaba costando trabajo arreglarlo.

-Nube…deberías de haberlos visto, son todos unos fracasados, las gemelas perdieron la primera carrera por discutir como siempre, en el coro fueron aplastado porque Cooper tuvo un ataque de risa, la carrera de relevos fue un desastre, ninguno de ellos estaba coordinado, en gastronomía la chef berteno aplasto a Grandulón con un pay de manzana tradicional y el baile de parejas…vaya que metida de pata. –

Los chicos se sintieron aun peor por aquellas palabras, pero pronto la curiosidad pudo más que aquel sentimiento, ¿Cómo era que Ramón sabía todo eso si no había ido a ningún evento?, Por otra parte, Poppy no podía evitar notar ese sutil cambio en el tono de su voz, si, estaba siendo cruel en sus palabras, pero lo decía de una manera más relajada y abierta, era como si fingirá una voz diferente cuando andaba en el pueblo en presencia de otros, una distinta cuando se dirigía a la gente mayor, pero estando en su casa, la manera en la que enunciaba y la emoción con las que lo decía parecía genuina, muy natural.

-Poppy tenía demasiada fe, que torpe…aún no se me salen de la meten cuando me dijo "no conoces la canción de "Can´t stop the feeling", es la canción que cantaremos en el cierre del evento, la hemos ensayado por meses, todos en el pueblo la cantan". - aquello ultimo lo dijo fingiendo la voz de la chica, cosa que no le hizo ninguna gracia a la joven, se moría de ganas de salir a confrontarlo para ponerlo en su lugar de una buena ves, pero todos la tenía sostenida para no ser descubiertos. – Con ella cerca no puedo estar a gusto, simplemente…ella es, insoportable…- nube le puso más atención a su dueño, giraba la cara para escucharlo mejor cosa que le pareció muy tierna a Ramón. – no te preocupes, ya sabes que me pone los pelos de punta, cuando la escucho gritar mi nombre en el supermercado es…aah, hace que me duela la cabeza, todo me da vueltas, me dan escalofríos con tan solo pensar que llevaba rato asechándome, mi corazón se sobresalta, un día terminara matándome de un infarto. – confeso con paranoia.

El perro miro preocupado a su amo, y este noto rápidamente ese estado en el, así que decidió hacer algo para calmarlo.

-Sabes nube, ella dice que esa es su canción, pero con esa tonta ideología que tiene sobre "todos necesitamos 14 abrazos al día para ser felices".- nuevamente lo dijo fingiendo ser Poppy, la chica de verdad que deseaba salir a darle un gran puñetazo en la cara, todo su equipo tenía que hacer un gran esfuerzo por sostenerla y cubrirle la boca o todo eso terminaría mal. – Pero tú y yo sabemos cuál debería de ser su canción. - Cuando parecía que Poppy iba a lograr zafarse escucharon una melodiosa voz cantar, era tan encantadora que los hipnotizo al instante, toda la tensión que sentían se desvaneció, ni siquiera podían respirar, asombrados guardaron silencio, no comprendían que era lo que estaba sucediendo. – Baby, love never felt so good and I doubt if it ever could, not like you hold me, hold me. – no podían creerlo, Ramón estaba cantando "love never felt so good" y lo verdaderamente increíble era que no lo hacía mal, de hecho, lo hacía increíble, la emoción que le ponía a cada palabra, su entonación, transmitían paz y felicidad, los conmovió, era extraño de describir, su voz los hacia vibrar, como las cuerdas de una guitarra los animaba a cantar, a sonreír, era como beber felicidad pura, podrían quedarse escondidos por siempre debajo de esa mesa solo por escucharlo cantar. Cuando parecía que no podía hacerlo mejor comenzó a bailar, sus pasos eran asombrosos, los chicos no podían dejar de mirarlo, Ramón muchas veces menciono que él no cantaba ni bailaba, y ellos concluyeron a que debía de tener dos pies izquierdos y una voz horrible, más equivocados no pudieron estar, ahí estaba, dando giros, brincando, extendiendo su brazos, llegando hasta el piso, aquello parecía animar a su perro, quien alegre saltaba y lo seguía como si fuera su pareja al baile, el joven iba desde pasos clásicos hasta unos que sin duda harían arder en pasión a quien fuera. Seguro había tomado clases en algún lado, tenía que a verlo hecho, aquello no podría hacerlo de la noche a la mañana.

-Poppy…- Susurro Grandulón. – Si Ramón hubiera participado ya habríamos ganado. –

-Shhh…ya me di cuenta, pero la selección de los equipos ya se cerró y no se permite la entrada de nuevos integrantes. –

Viendo que el ánimo de su mascota estaba mejor, Ramón dejo de cantar y se dispuso a regresar a su mesa de trabajo.

-Listo. – grito bastante feliz. – Al fin termine de arreglarla. – el joven sostenía la invitación que había roto enfrente de Poppy. – ¿No es la invitación más hermosa que hayas visto? – le pregunto a nube quien se acercó para olfatearla. – hey…nada de eso, sabes que detesto que las ensucies. –

Ramón la vio por última vez antes de meterla en un nuevo sobre. Deslizo una cortina enfrente de aquella mesa donde claramente se veía una serie de sobres cuidadosamente ordenados, dejo ahí la invitación para continuar con aquella charla secreta con su perro.

-Son la cosa más tierna que hay en esta casa, hasta me atrevo a decir que son incluso más bellas que cualquier flor del jardín…no puedo negar que me dan muchas ganas de ir a las fiestas cuando las veo…pero, Poppy…al verla gritar y hablar con esa enfadosa voz que me saca de quicio. – Ramón comenzó a masajearse las sienes, realmente lo ponía mal pensar mucho en ella. – De cualquier forma, creo que esta será la última invitación que recibiremos. – comento desanimado mientras cerraba las cortinas. – No debía ser tan…descortés, ¿crees que deba disculparme? – su perro lo miro extraño. – Si, yo también creo que será raro hacerlo, no va conmigo. – Ramón volvió a tomar la muñeca y la lanzo cerca de la mesa donde todos estaban escondidos. -Quizás sea mejor regresar a Cloud City y abandonar esta casa, después de todo ella tiene razón, nadie nos espera aquí, nada nos ata a este lugar, tal vez es mejor estar lejos de esto, de Villa troll, de Poppy, ¿Qué quiere de mi? ¿Qué esperan los demás que haga? Solo olvidar, fingir que nada paso, a todos les ha funcionado…- suspiro un tanto desilusionado para luego decir. - Preparare la cena, vamos nube, hazme compañía. – dijo mientras salía de la habitación.

El perro fue por su juguete y se percató de inmediato de la presencia de todos, los chicos ya no sabían que hacer, solo se quedaron ahí petrificados al ver el hocico del animal escurrirse por debajo del mantel, los ojos fantasmales se posaron en el rostro de Poppy quien hacia todo lo posible por no gritar, cuando sus fauces se abrieron todos pensaron lo peor, pero el perro solo comenzó a lamerla, su rostro, las orejas, el cuello.

-Basta por favor. -pedía Poppy tratando de contener la risa. – me estás haciendo cosquillas. -

Grandulón poso una mano sobre la cabeza del animal, este la lamio con ternura mientras posaba su testa en el cuello de Poppy pidiendo mimos.

-Amigos, este perro es manso .-

-¿Manso? – pregunto Diamantino.

-Quiere decir que no ataca, que es amigable. – dijo Dj Suki acariciando al can.

-Nube…¿Por qué no vienes?. -se escuchó decir a Ramón mientras que este levantaba el mantel de la mesa.

Todos en el cuarto quedaron en shock, Ramón estaba pasmado sin decir nada, el único que se movía era nube, que no dejaba de agitar su cola, contento por las visitas. Poppy fue la primera en reaccionar y gritar.

-¡CORRAN! –

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Extra:

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Ramón estaba tomando un vaso de agua mientras veía con tranquilidad el bosque desde la ventana de la cocina, no se sentía tan relajado desde que se mudó solo a Villa Troll, sin su padre que quisiera verlo sonreír todo el tiempo ni su hermano que se la pasaba molestándolo con "ser joven es de lo mejor, hay que alocarnos", miro los metros de alfombra que había enrollado, la odiaba, desde que vio aquel color verde fango ocultar los finos pisos de madera, jamás le gustó la idea de ponerla, pero no había tenido opción, el ultimo regalo de su padre fue un perro, las uñas de aquel animal raspaban el piso dejando en cada paso unos rayones horribles, claro que podía tratarlos para evitarlo, pero era más sencillo poner esa cursi alfombra.

Ese día por la mañana saco a su indeseada mascota a pasear, lo jalaba con desdén cada que no lo obedecía, la mayor parte del tiempo era así, el can parecía ignorarlo, pero aquello era mutuo, Ramón no lo miraba, no jugaba con el, apenas si recordaba alimentarlo, parecía más un mueble como cualquier otro de la casa, ni siquiera le regalaba cinco minutos de sus pensamientos. La mayor interacción que tenía era cuando le jalaba con rudeza la cadena, de vez en cuando chillaba, pero eso no le importaba al chico. Fue entonces que paso, una ardilla corrió cerca de ellos y el perro salió presuroso a perseguirla, Ramón trato de sujetarlo, pero no logro retenerlo, el can corrió veloz y desapareció de la vista de su dueño. El joven ni se inmuto, se quedó un momento mirando a la nada para luego regresar a casa a quitar por fin esa horrenda alfombra.

Mientras terminaba su vaso de agua el teléfono sonó, creyendo que era su hermano contesto con palabras rudas.

-¿Y ahora qué quieres? –

-Saber cómo está mi hijo favorito. – Escucho decir a una agradable voz.

-¡PAPÁ!.. lo siento, creí que eras…-

-Tú hermano…lo sé, relájate Ramón, sabes que eres mi hijo favorito, nada podría cambiar eso. –

El padre adoptivo de Ramón era un hombre muy generoso, lo adoraba, desde que lo tuvo a su cuidado estuvo al pendiente de todas sus necesidades. Médico de profesión, pero hippi por hobby, eso era sin duda una combinación muy extraña.

-¿Sucede algo? –

-¿Qué pasa? ¿no puedo llamar a mi hijo para preguntarle como esta? –

-No es eso…es que normalmente lo hace Nube. –

-Bueno, pues el día de hoy lo hice yo…¿Qué tal tú día? –

-Bien, maravilloso…al fin quite esa horrible alfombra verde. – dijo bastante contento.

-Me alegra que superaras tu TOC con el piso, el perro no tiene la culpa de tener uñas…¿No se las arrancaste, verdad? –

-Claro que no, ¿me crees capas? –

El padre de Ramón rio un poco para luego decir.

-No, no te creo capas de lastimar al perro, es solo que no te vi muy convencido de llevártelo, aunque me alegra que lo hayas hecho, me preocupaba que estuvieras solo. –

-Papá…- se escuchó decir tímidamente a Ramón.

-¿Qué pasa? –

-¿Qué pasaría…si el perro, no lo sé, se perdiera? –

-Ramón, ¿perdiste al perro? –

-No…no, ¿Cómo crees? Es solo que vivo literalmente alado del bosque, es algo que podría ocurrir en un descuido. –

-Pues estaría muy decepcionado de ti, eres más responsable que Nube, me sorprendería que no pudieras cuidar adecuadamente de un simple perro. – comento bastante molesto, y es que el hombre les tenía un gran aprecio a los animales, no soportaba ver negligencias de sus dueños.

Tras escuchar eso un sentimiento de culpa se apodero del joven. Este sin perder tiempo le contesto.

-Recordé que tenía algo que hacer en el pueblo, lo siento papá, debo de colgar. -

Ramón salió tan rápido que lo único que tomo fue una linterna, estaba apenas atardeciendo, pero estaba seguro que no lo encontraría tan rápido. Pasaron las horas, el perro no aparecía, fue entonces que pensó que debería de silbar o aplaudir, no sabía que clases de ruido llamaban más su atención, "si tan solo le hubiera puesto un nombre, al menos podría llamarlo". Tras otro tanto de andar el chico comenzó a cuestionarse la posibilidad de regresar sin él, "siempre dice que no hay cosa que lo haga amarme menos, estaría bien comprobar si es verdad", pensaba, pero venia luego esa necesidad de no decepcionarlo.

La noche termino envolviendo al bosque en la absoluta obscuridad, comenzó a hacer frio, estaba a punto de darse por vencido cuando vio pasar algo brillante cerca de su ojo, era una pequeña luciérnaga, como las detestaba, "malditos insectos" pensó mientras trataba de agarrarla, cuando la tuvo en su mano cerro el puño disfrutando el sonido que hizo el pequeño bicho al ser aplastado, estaba tan metido en eso que no noto que todo un enjambre de esos insectos lo rodeaba, su enojó aumento ante aquello y con paso presuroso trato de deshacerse de todos. En un arranque de ira, y viendo que no lograba nada, termino por arrojarles su linterna, el artefacto cayo detrás de unos arbustos no muy lejos de ahí, volviendo su mente a la normalidad Ramón fue a recogerla, todo eso era tonto, volvería a casa y le confesaría a su padre que perdió al perro, pero apenas puso un pie del otro lado del arbusto la tierra se deslizo, haciéndolo caer hasta el fondo de una pequeña pendiente. Siempre tan metódico, lo primero en su mente fue salir de aquel socavón, encontrar una forma de ubicarse y regresar a casa. Todo iba bien en un principio, logro salir del hoyo y andar un par de pasos, pero tras enfriarse, cuando la adrenalina del susto abandono su cuerpo, fue ahí que sintió mucho dolor, su pie derecho debía de haberse torcido con la caída, pues le era imposible caminar. Detuvo su andar mientras se recargaba en un árbol, desde ahí podía ver Villa troll, no quería aceptarlo, se decía a si mismo que todo estaba bien, era un buen punto de ubicación, pero a pesar de tener a la ciudad a la vista, no sabía dónde estaba, se sentía muy desubicado, tal vez el golpe si lo había afectado en más de una manera, porque a pesar de mirar aquellas luces su sentido de navegación le decía que no, que era para el otro lado, asía las entrañas del oscuro bosque, como en sus recurrentes pesadillas, algo o alguien lo incitaba a entrar en el y perderse para siempre.

-¡AYUDA!. – grito asustado. – Ayu..denme. – dijo con dificultad mientras lagrimas abundantes comenzaron a salir de sus ojos. Nadie en Villa Troll lo había ayudado cuando lo necesito, la única persona que notaria su ausencia seria la escandalosa de Poppy, pero era verano y estaba en un campamento en otra ciudad, se sentó muy afligido a los pies de aquel árbol, abrazo sus rodillas en un intento de mantenerse caliente, un par de luciérnagas volvieron a pasar cerca, una de ellas se posó sobre su nariz, Ramón la retiro con una de sus manos y la hizo volar, fue ahí que entendió algo, con mucho dolor dio un grito desgarrador. - ¡FUE MI CULPA! ¡LO SIENTO! .- Por primera vez en años se permitió hacer algo que no había hecho, llorar sin contenerse, lloro hasta que ya no tuvo lagrimas que derramar, hasta que se quedó dormido.

Las mañanas eran bastantes frescas en el bosque, pero él se sentía cálido, no tenía frio, eso le pareció al inicio extraño, pero luego se percató que estaba recargado en el pecho de alguien, este subía y bajaba ante cada respiración, el perro, seguramente lo había escuchado gritar en la noche. Ramón lo tomo de la correa con fuerzas, el animal chillo cuando lo lastimo, se levantó asustando haciendo que el joven tropezara, aun adolorido por su pie se levantó con dificultad, tomo al perro de nuevo y de manera brusca le quito el collar y lo arrojo lejos.

-Bien…si quieres perderte hazlo, por mí no hay ningún problema. – con la luz del día Ramón al fin se ubicó, no estaba tan lejos de su casa, pero con un pie lastimado tardaría un poco en llegar. Tras un par de pasos torpe el chico se dio cuenta de que el perro lo seguía. No le dio importancia y siguió adelante, distraído por ver asía atrás para ver si el can seguí ahí casi tropieza con una rama, el perro presuroso se posó a su lado evitando que cayera, tenía suerte que fuera un gran danés, era lo suficientemente alto y fuerte para sostenerlo.

-No creas que por esto me caes bien. – le comento Ramón. – demonios…-exclamo para luego reírse. – estoy hablando con un perro, que estupidez, como si me entendieras. – voltio a verlo y noto como este le ponía atención a sus palabras, inclinaba su cabeza para oírlo mejor. - ¿me escuchas? – el animal ladro de forma afirmativa. – No. – dijo incrédulo. – Eres un simple perro, es imposible…- ante aquellas palabras el can rezongo indignado y detuvo la marcha. – bien, bien…ya entendí, lo siento, soy un pésimo dueño. – el perro se mantuvo quieto con aquella postura irritada. – y…te daré doble ración de comida si volvemos antes de las 12 a casa. – el perro lo miro de reojo y Ramón no tuvo de otra que subir la oferta. – Bien…el triple. – al fin ladro contento y movió la cola de felicidad.

De camino a casa Ramón no dejo de hablar, le había encontrado un gusto increíble en hacerlo, no era como mantener una charla con su padre donde todo tenía que terminar en "encontrar la felicidad", o como con su hermano que siempre quería sacarle la verdad con alguna artimaña para ayudarlo a ser "feliz". Aquel perro le daba lo que necesitaba, solo ser escuchado sin recibir alguna opinión o critica, era tan bueno tener a alguien con quien charlar así. Cuando ya estaban por llegar a casa Ramón decidió contarle su más grande secreto.

-Sabes, en Villa troll hay una chica llamada Poppy, es la persona más irritante, gritona y molesta que te podrás encontrar por aquí. Realmente la odio, viene cada cierto tiempo a dejar invitaciones para sus ridículas fiestas, mi hermano dice que estoy enamorado de ella…¿te digo la verdad?, tiene razón, pero decir que la amo no le haría honor a la que realmente siento, es que ella es…simplemente, no lo puedo poner en palabras. – dijo mientras dejaba escapar un suspiro.

El perro rodo los ojos para luego bostezar. Ramón sonrió ante eso y le dijo.

-Vamos, es un buen secreto…no te comportes como Nube, no estoy bromeando. – al escuchar ese nombre y perro volteo a verlo, Ramón se percató de la reacción y volvió a pronunciar aquel nombre. – Nube. – el perro en respuesta ladro. – Te llamaras Nube. – comento contento.

Al fin vieron su casa al final de la colina, Nube comenzó a ladrar haciendo mucho escándalo.

-Nube ¿que pasa? – pregunto mientras se acercaban cada vez más.

La puerta de la casa se abrió y de ella salieron su padre y hermanos, quienes se veían muy nerviosos.

-¡RAMÓN! – Se escuchó gritar a Nube.

-¡Santos cielos! Ramón…¿Dónde estabas? – Pregunto su padre.

-¿Papá…Nube, que hacen aquí? –

-Luego de que me llamaste supuse que habías perdido al perro, queríamos ayudarte a encontrarlo temprano en la mañana. – comento el hombre.

-Si, por eso llegamos en la noche, pero no estabas…- comento su hermano.

-Fuimos a Villa troll, pero nadie de ahí te había visto en todo el día, solo nos dijeron que teníamos que esperar 24 horas para reportarte como desaparecido, ¿puedes creerlo? – dijo indignado su padre.

-Sí, te creo…- comento con frialdad. Padre y hermano bajaron las miradas, sabían que nada de eso era un buen tema de conversación. Ramón suspiro y luego dijo más alegre. – pero no necesite ayuda de nadie, Nube me encontró a mi y me trajo de vuelta a casa. –

-¿Yo? – pregunto su hermano.

-No tú, el perro, su nombre es nube. –

-Le pusiste un nombre, que bien…¿no crees que, será un poco confuso que sea el mismo que tu hermano? – le comento su padre. Nube y nube jugaban mientras decía "somos tocayos".

-Pues a Nube parece no molestarle. – comento tranquilo.

-Ramón, ¿que le paso a tu pie? – pregunto el hombre al ver que este no lo apoyaba en el suelo.

-Ah…pues, me caí y…no sé, creo que me lo torcí. – acto seguido Ramón estaba en brazos de su hermano siendo llevado hacia adentro mientras este gritaba

-Hermanito, algo le paso a mi hermanito, no te preocupes, yo te cuidare. –

-Bájame grandísimo torpe, yo puedo caminar perfectamente. –

Ramón tenía un esguince en el tobillo derecho, estaría bien en un par de semanas. Su padre le compro un sinfín de víveres, utensilios, y modifico un par de cosas en la casa, como agregar un enorme taller con diferentes actividades para que no se aburriera, pues en un buen tiempo su hijo no podría bajar al pueblo.

-¿Estarás bien sin nosotros? – pregunto preocupado su padre.

-Se los aseguro, me has dejado con suficientes provisiones para sobrevivir los próximos 10 años, 11 si decido comerme a nube. –

-Bien…solo, si pasa algo no dudes en llamar. –

-Lo sé. –

Aquella noche, ya estando solo, Ramón vio sus pisos de madera, estaban llenos de marcas, tendría que pasar horas puliéndolos, pero que más daba, valía la pena tenerlos así.

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Fin

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Gracias Kyoko666 el fandom de Trolls en español en super pequeño, en wattpad hay más pero ese sitio te complica mucho el publicar ahí, si…me encanta "A Little change" pero discrepo en algunas cosas, como que Ramón sea un tanto codependiente (que ha cambiado en los últimos capítulos) y que lo hayan puesto, no sé como decirlo, inseguro de su apariencia, aunque es genial y divertido ver como cada persona interpreta a este personaje. Quería adelantar varios capítulos aquí porque necesito hacer los dibujos para la pagina de Wattpad, y necesito ver el texto y ya sabes, una prendiendo la computadora ya se fue por la tangente "mira, Facebook…oh, no he revisado mi Tumblr" etc. Por eso subo este y otro capitulo y te maldigo a esperar el doble para la próxima publicación hahahahaha (risa malvada) o solo hasta que necesite ver el otro texto XD…