"En el Silencio"

cuatro

Angelina tenía excelentes ideas. Nunca creyó que algo tan complejo y doloroso como la muerte de su madre podría tener algún tipo de ventaja. Lo probó con Hitori pues con ella conocía muchas más artimañas para manipularla así que fallar no era viable. Sacó descaradamente, de la cartera un par de euros que después gastó en maquinitas, como supuso Hitori lo adivinó y en cuanto la vio volver la reprendió, antes que continuara y haciendo uso de su talento artístico comenzó a gimotear

- Es que extraño a mi mamá – contestó a la pregunta

- Oh lo sé – le decía con tristeza – Pero no es bueno – suspiró – Hagamos un trato, repondré ese dinero, será nuestro secreto y tú te portarás bien

- Claro – ni en sus mejores sueños ocurriría

Encontró el mejor de los secretos. Ahora solamente deseaba algo decía que su madre había muerto. A veces en las dulcerías comentaba al aire la muerte de su querida madre y el tendero le regalaba algo… Entonces empezaron los escapes fortuitos que pronto se volvieron diarios. Tenía tanto Tokio que conocer y tantas cosas de qué gozar

- Me atoré – chillaba esa mañana entre las rejas del colegio

Y cuando logró salir se estrelló contra Michiru. Entre disculpas se levantó del piso, su torpeza y esa sensación extraña que causaba en ella la dulce niña y sin más le dijo

- ¡Ah! Eres la niña piojosa

- Como sea – contestó ella sin darle la mayor importancia

Pero cómo se le ocurrió. Así le decían todos en le colegio, y aunque sabía su nombre cada vez que veía esos ojitos maravillosos lo olvidaba, hasta el propio. Dio de saltitos par ir a la calle, tenía una mañana muy larga para perderla con esa niña. Se le hizo tarde en la nevería y cuando regresó la subdirectora ya sospechaba que había escapado así que en cuanto la vio la detuvo. La discusión se acaloró hasta que la subdirectora pensó que estaba bien su idea, le preguntaría al primer alumno que viera si asistió. Haruka sabía que cualquiera la solaparía, sobretodo sin con señas los amenazaba.

- Michiru

- Mande – y Haruka con señas le decía dijera sí

- Asistió Haruka a clases

- ¿Me pregunta o me afirma?

¡Qué arrogante! Niña presumida y aparte de todo soplona. Como no quiso ayudarla hoy sufría las consecuencias de sus escapes. Aún no le habla a su padre, así no podía decirle que hacía todo eso porque extrañaba a su madre. La subdirectora ya no le había dado oportunidad de hablar y sus lagrimitas de cocodrilo no la conmovieron. Su padre furioso la llevó arrastrando al auto. Gritó y golpeó el volante sin saber qué hacer. Decidió castigarla por tiempo indefinido

- Nada de Televisión… ni cosas divertidas – gritaba

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Se levantó temprano, sabía que la niña piojitos madrugaba. Se escondió detrás de la puerta y mientras esperaba acumuló la rabia, ahora su única diversión se había esfumado. Olió su perfume, ya estaba por entrar al salón, se recargó en la pared y detuvo el aire. En cuanto entró le metió el pie y la pobre Michiru cayó al suelo de bruces. En el suelo se masajeaba las rodillas. Sintió un golpe en el tobillo y de inmediato su vista buscó a su agresor.

- ¡Qué te pasa! – gritó Haruka

- Bueno eso debería preguntarte yo – sonreía con cierta burla

- ¿Por qué no dijiste que estuve en clases ayer?

- Porque no es cierto – se levantó del piso – Y no esperes – frunció el entrecejo – No esperes que yo te encubra en tus tonterías

- Discúlpate, por tu culpa estoy castigada… Nada te costaba decir que sí

- No lo haré y es tú culpa ¿O yo te obligué a escapar de clases?

Toda la mañana se torturó con la idea de su traición. Buscaba entenderla y hasta la forma de vengarse. Una hora antes de recreo la profesora la sentó con ella. Le hizo una mueca de enfado y torció la boca en una expresión de severidad contra la pequeña traidora, pero para su asombro Michiru ni se inmutó.

- Haz tú la parte de armemica

- Dirás aritmética – reía la chiquilla

- Eso – enfurecía – Y yo los dibujitos

- Bueno

Media hora después Michiru la observaba dibujando. No podía creer que fuera tan rápida en las operaciones, nadie había terminado. Siguió coloreando hasta que las risitas de Michiru se volvieron demasiado molestas. Miró sus ojos ya con el ánimo enardecido. Ella sonrió tiernamente y su mirada simpática se desvió al cielo

- De qué te ríes

- Ah no nada – sonrió con burla – Quería saber qué cosa es eso – señaló la manchita gris del dibujo

- Es un delfín

- Eso supuse – reía a carcajadas

- ¡Ya basta! Te tumbaré todos los dientes

- No – se destornillaba de la risa – Mira – tomó un color para dibujar.

Haruka estaba asombrada, ahora entendía por qué se reía tanto, aquel delfín parecía una mancha voraz mientras el suyo hasta parecía real. Usó varios grises, un negro y azules para su aleta, con el lápiz marcó las olas y con un azul intenso sus ojitos mágicos. Solamente pudo emitir un"Wou"

- Muy bien entréguenme lo que tengan terminado

- Qué bonito dibujas – miraba atentamente el delfín – Es tan lindo…

- Anda Haruka a jugar béisbol

- Sí – aventó el dibujo en la mesa de la profesora, ahora tenía asuntos que ocupaban su atención inmediata

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Se posó en el montículo para el primer lanzamiento. Como siempre su porra la animaba. Hizo dos lanzamientos más y el chico quedó fuera. Se sacudió el polvo de los zapatos antes de ponchar al siguiente. La campana sonó, de mala gana regresó al salón de clases arrastrando los pies. Observando el suelo se encontró con un par de piernitas que le parecían conocidas, si estaban tan delgaditas debían ser de la niña que olía a jazmines, canela y dulces. Siguió su vista recorriendo aquellas piernitas, vio sus rodillas rojitas que supuso eran el resultado de la caída que le ocasionó.

- Siento haberte hecho caer en la mañana

- No importa – y Haruka se quedó boquiabierta observando que la niña tenía un ojo morado

- Qué te pasó…

- ¿El ojo? No es nada, me pegó una pelota de béisbol – sonreía con un toque de carisma que enamoraba a cualquiera

- ¿Te pegó una bola? – soltó una gran carcajada

- Se supone debería atraparla pero esa bola tonta – frunció el ceño – No cayó en el guante sino en mi ojo

- ¡Michiru! – gritó la profesora aterrada de ver su ojito morado y sus rodillas rojas – Esta vez la hiciste buena cómo te atreves a pegarle a Michiru

- ¡Yo no fui!

- No profesora, me pegó una bola que yo intenté atrapar

- ¡Ah bueno! – suspiró la profesora – Entra a clases Haruka y Michiru ven

Soltó de nuevo la risa, debió ser muy simpático y por la complexión de la chiquilla debía ser muy torpe para los deportes. Para cuando Michiru volvió al salón a la pobre niña de cabellos rubios ya le dolía el estómago de tanto reír.

- Bien niños ahora haremos un cartel en equipo para la campaña de Reforestación

- Yo con piojitos – gritó Haruka tomándola de la mano

Michiru frunció el ceño molesta, por qué tenía que llamarla así. Pero ya no pudo decir ni hacer nada, Haruka la había jalado a un rincón ya con los plumones, papel y crayones. En un movimiento brusco la sentó en la mesa. Michiru ya no tuvo más remedio que empezar a dibujar. Empezó con trazos leves y poco nítidos. Haruka recargó su cabecita entre sus manos observando a la talentosa niña dibujando

- Y me llamo Michiru

- Sí, lo sé – suspiró – Solamente que lo olvido

Cuando el dibujo estuvo terminado se negó rotundamente a entregarlo, si dejó que Michiru hiciera equipo con ella era porque pretendía quedarse con el bello dibujo. La profesora cansada de sus necedades amenazó y Michiru intentó intervenir suplicándole que lo entregara. Ya después le haría uno para ella

- ¡Es que no tengo mamá! – gritó llorando

- ¡Ay no! – gritó también Michiru – Solamente eso me faltaba

Sin piedad le retiró el dibujo de las manos, lo arrugó y en segundos lo hizo pedacitos. Haruka se quedó boquiabierta y la profesora reaccionó de la sorpresa diez minutos después. Pidió una explicación a tal acto salvaje

- Es mío, puedo hacer lo que yo quiera con él

La niña seguía pasmada, por primera vez ella no era la que tenía serios problemas, lejos de alegrarle le pareció que esta vez Michiru se había excedido.

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Mitori tenía toda la semana presumiendo su pequeño Game Boy y Haruka ya estaba harta de escucharlo así que en la menor oportunidad lo robó, ahora ya no tendría nada que presumir. Estaba contenta escondida en el baño jugando el aparato, ahora podría darle la razón a Mitori, era un gran juego. La alegría no le duró mucho, Hitori la encontró con el juguete y en vista de su negativa a decirle la verdad investigó en el colegio cómo lo consiguió

- Lo robó – dijo la subdirectora – Haruka es un verdadero dolor de cabeza

- Es que se acostumbra… No es fácil tener nueve años y peder a su madre

- Hemos tenido paciencia… Demasiada diría yo, si la niña no empieza a mejorar su comportamiento me temo que la expulsaré del colegio

- Sí – bajó la mirada

Haruka volvió a llorar y a usar su gastada estrategia mientras el corazón de Hitori se partía de dolor. Su padre la escuchó desde la puerta, sabía que era difícil para ambos y de verdad quería hacer algo por su niña. Así dio media vuelta para ir a un bar a ahogar sus penas, su mejor respuesta a sus pesares.

- Lucas – le gritó Hitori

- Vuelvo tarde – decía tomando las llaves del auto

- ¡Lucas!

Haruka se resignó a vivir consignada de por vida en su habitación, por lo menos hasta que Hitori sintiera remordimiento de conciencia. Se tiró en el piso, hacía mucho calor para estar en la cama. Miró debajo de su cama observando los pedazos de motor que había olvidado. Jaló la caja y los planos que tenía de una revista para su construcción, algún día lograría hacerlo funcionar y entonces tendría su propia moto así nadie le impediría dedicarse al MotoCross. Desde que su madre murió y tras tanto castigo su carrera de motociclista se terminó, tenía suerte si su padre la dejaba salir a andar en bicicleta.

- Haruka por favor, debes portarte bien…

- ¡No eres mi madre! – gritó la niña cerrándole la puerta en las narices

Estuvo encerrada hasta la hora de su clase de piano. De mala gana asistió, se sentó en un rincón a esperar que terminara, vio a Michiru, y recordó que la niña a parte de todo estaba un poco loca. Soltó una gran carcajada atrayendo la atención de todos.

- Tengo la impresión que se está volviendo loca – decía Hitori para sí

- O se siente muy sola – murmuró Michiru

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Viernes. Todos los chiquillos que deseaban ingresar al equipo de béisbol estaban ya listos y alineados para la práctica. Michiru se formó al final y Haruka en la primera parte. El anciano entrenador, se acomodó en una banca puso a los niños a correr y uno ejercicios mientras él tomaba una ligera siesta. Haruka reía encantada, sería muy divertido el equipo con ese entrenador.

- Vamos a jugar ya – le gritó al anciano y es que a parte de todo era sordo

- Caliente un poco – dijo con su voz débil y torpe

Haruka tomó la pelota para practicar un poco antes de la selección. Con la mirada buscó a Michiru y para su sorpresa observó que la niña se había animado a presentarse. Volvió a reír animadamente recordando el ojo morado de la chiquilla. Y entonces sintió tristeza, estaba tan delgadita y frágil, ahora estaba sentada en la sombra esperando recuperarse de la carrera. Hizo una mueca de enfado y se encaminó hacia ella.

- Y para qué quieres ingresar al equipo

- La verdad para permanecer en la banca… No soy buena en deportes y estar en un equipo me asegura sacar diez… Debo sacar diez se siente muy sola – musitó MichiruOO

- Vaya es eso – reía animadamente – Te ayudo… Eres linda y pues no sé

- ¿No sabes qué?

- Mira te pones en el jardín derecho y solamente levantas la manita así – alzó el brazo alto y con el guante medio cerrado mostrándole cómo debía tenerlo – Y la bola caerá allí… De eso me encargo yo – le guiñó el ojo

- Gracias – sonrió – pero ni así te cubriré con tus tonterías

- ¿Qué tonterías? – frunció el ceño

Pero ya no había tiempo, el entrenador llamaba a formación para empezar la elección de los integrantes del equipo de este año. Todos los niños formados susurraban entre ellos, algunos se daban pequeños golpecitos juguetones. El entrenador con su voz lánguida y poco clara acomodaba a los niños en su primera posición. Michiru oraba en silencio, esperaba atrapar la bola por primera vez en su vida. Haruka la veía con cierta gracia, sonaba tan ridículo fuera torpe para aquel deporte que para ella era tan simple. Oyó su nombre y corrió a la caja de bateo. El chico que lanzaba la bola era de quinto año y el picher titular del año pasado.

- Veamos hijo qué sabes hacer – decía el entrenador

- Anda – se movía graciosamente en la caja de bateo

Y al primer batazo conectó un golpe corto. Contenta fue a ocupar su asiento observando a los demás niños que proseguían. Por fin Michiru batearía y por como se paraba o tomaba el bat, estaba segurísima ni si quiera abanicaría la bola.

- Vamos preciosa con fuerza – le animó el entrenador

- Y la bola pasó tres veces muy cerca de su bat pero ni de milagro le pegaría.

- Buen intento

- Necesito más que buenos intentos – se decía a sí misma

Haruka ocupó el lugar de picher. El entrenador quedó tan encantado que descansó a su jugador estrella ¿Para qué perder a su mejor jugador con los nuevos si podía poner a prueba a su nuevo lanzador?

- Bien Haruka lanzarás para cada jardín y veremos qué tal están estos niños ¿Puedes hacerlo?

- Sí – saltaba la niña contenta

Michiru, como ordenó Haruka, se acomodó en el jardín izquierdo levantó la mano y con el guante un poco cerrado y esperó por la bola. La niña de ojos azules sonrió, se veía un poco tonta allí parada con la mano al cielo. Oyó a más de uno burlarse y suplicó entre dientes porque le diera un voto de confianza y se mantuviera así. El primer batazo lo mandó cerca, en el segundo se preparó y con todas sus fuerzas lo lanzó hasta el jardín izquierdo donde Michiru solamente cerró sus ojos temerosa de que la bola volviera a darle en la cabeza. Contuvieron la respiración, la niña no se movía y era una bola muy elevada como para atraparla.

- ¡La atrapó! – gritaban los niños fascinados por el estupendo trabajo de la niña

- Perfecto – sonrió el entrenador

Michiru abrió los ojos, en su guante estaba la bola. Aquello era un verdadero milagro, gritó feliz y dio un salto tan alto que casi parecía volaría.

- Muy bien eso es todo, a la salida podrán ver a quiénes aceptaré en el equipo, me encantaría aceptar a todos pero el colegio me pide solamente veinte… de todos los grados, los que no, no se apuren ya el otro año podrán intentarlo

Haruka estaba muy ansiosa, aunque sabía jugaba excelente temía quedar fuera por tener solamente nueve años. Miró a Michiru, estaba tan tranquila y deseaba tanto mantener esa calma y paz… Oyó un ligero gracias y en su mesita ahora estaba un lápiz nuevo rosita

- Brilla en la oscuridad – sonrió la niña de cabellos aguamarinos

- No es necesario… Yo quería ayudarte y ya

- Tómalo como un obsequio

Los chiquillos salieron a toda prisa. Pegados a la pizarra de anuncios buscaban como locos sus nombres. Haruka buscó el suyo, allí estaba y un grito se escapó de sus labios, se pegó de nuevo a la hoja buscando el nombre de Michiru y también estaba allí. Volvió a gritar, salió corriendo para buscar a la niña

- Estás – jadeaba

- Señorita – tomó la mochila el huraño guardaespaldas

- Espera Franco…

- Estas en el equipo

- Lo sé – sonrió ampliamente – Gracias a ti – y se marchó

- ¡Qué niña más rara! – dio media vuelta para volver a gritar feliz – Espera… Y no me dijiste eso de tonterías. Espera – corría detrás del automóvil

- Mañana ven temprano y te lo explico

- ¡No voy a madrugar! Es un pecado hacer algo así – se decía a sí misma

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Hitori habría pensado que un poco de responsabilidad podía ayudar a Haruka a calmar sus ímpetus. Esa mañana le sugirió a Lucas la dejara tener un perrito. Pero el hombre casi se infarta, los odiaba y el mayor motivo era el dolor que podían causar en un niño impresionable. Sobretodo cuando se morían sin razón aparente o escapaban de su dueños por las torpezas mismas del animal. Se negó rotundamente y al final alegó a su defensa ser alérgico al pelo de animal cosa que Hitori lo creyó una ridícula excusa usada en último momento

- Entonces da ideas

- La meteré a un reformatorio si vuelve a hacer otra idiotez y punto

- Eres un padre horrible

De verdad lo era pero estaba demasiado perdido en sí mismo como para ocuparse de una criatura. Meditó con clama la idea de un perro y volvía a la misma resolución ¿Cómo le explicaría Haruka cuando el animalito escapara¿Podría su hija soportar otra muerte? Él por lo menos no. Vio llegar a la niña de la escuela, con su gorrita roja llena de tierra al igual que los pantalones. La llamó con la mano pero la niña hizo un gesto de desprecio

- No puedes pasar toda la vida sin hablarme

- Te hablaré cuando corras a la golfa esa

- ¡Haruka! – gritó el hombre encendido de cólera – Olvídate de eso debo tratar un tema menos relevante… Y si no me hablas tomaré yo solo la decisión

- Pues suerte – y dio media vuelta para irse pero su padre la sujetó con fuerza y cierta brutalidad del brazo

- Tu madre se murió y qué, no fue ni tu culpa ni la mía, las personas a diario mueren, es parte de la vida y ojalá pudiera haberlo impedido pero se fue, se murió, no volverá… Es hora que te lo metas en la cabeza… No regresará y tus tonterías no la van a revivir

- Qué quieres – luchaba contra su opresor

- Quiero saber si te gustaría tener un perrito… Si eso te haría feliz

- ¡No! – se soltó por fin – Púdrete – gritaba con las lágrimas a punto de salir

Se tendió en la cama dejando que las palabras de su padre escaparan a su memoria. No volvería y era lo menos que quería escuchar, deseaba por un instante tener la mínima esperanza. Dejar de sentir culpa y hasta poder sentir un poco de piedad para sí misma. Con el tiempo temía olvidarla, dejar de lado a la persona más importante en su vida, encerrado en su alma aquello se guardaría eternamente e intentar hablar con ello de su padre terminaba en pleitos como ese. No podía pedirle que creciera ni que se ayudara sola… La única verdad era lo mucho que lo necesitaba…

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Se levantó temprano de nuevo, tuvo que ir a despertar a Hitori. Necesitaba, exigía llegar temprano a la escuela y la pobre joven empezaba a creer que algo muy malo tramaba esa niña. Accedió a llevarla temprano, se vistió en cinco minutos y se aseguró en dejarla adentro y en plena vigilancia. Antes de irse volvió a preguntarle por su razón pero Haruka solamente se encogió de hombros.

- Esta bien – se rindió por fin

- Buenos días – saludó Michiru y los ojitos azules de la niña se iluminaron de felicidad – Tenoh buenos días… ¿Te has caído de la cama?

- Algo así – frunció el ceño – Ahora dime qué cosas bobas hago

- Veamos – se sentó – No creo que la muerte de tu madre sea algo con lo que puedas lucrar

- ¿Qué es eso? – se sentía ofendida

- ¿Lucrar? Bueno sacar algún provecho o ventaja… Me refiero a que te dan cosas y te permiten ciertas tonterías cuando tú dices lo de tu madre y eso no está bien

- Y pro qué no… Se murió mi mamá

- Bueno si tú crees que eso es razón para que te traten especial adelante, pero no esperes yo lo haga, así que evítame la pena de tenerte que "traicionar o delatar" no miento y menos por boberías…

- Bien – se sentó en su sillita enfadada

- ¡Hola! – aparecía Belinda y los ojitos de la rubia niña volvieron a brillar de alegría. Michiru negó con la cabeza. Allá ellas.

CONTINUARÁ…