.

Trágico pasado:

Todo esto empezó hace unos siete años… - empecé.

Si no quieres seguir, no lo hagas. – Dijo Edward con una sonrisa triste.

No, no, quiero hacerlo. Pero antes de nada, quiero que sepas que esto solo lo saben mi hermana, Rose y Jasper y también mis padres.

No te preocupes. Tu secreto estará a salvo conmigo.

Bueno, allá voy.

Tengo miedo porque el único novio que tuve, llamado Jacob Black, el camarero, me rompió el corazón cuando solo tenía 17 años. Yo vivía en Forks y él en La Push. Éramos muy bueno amigos, hasta que el me pidió que fuera su novia. Yo acepte gustosa puesto que me gustaba. Todos los días quedábamos para hacer las tareas en mi casa o en la suya. Él era muy bueno conmigo. En realidad yo lo amaba. Llevábamos un año de novios. Yo sabía que Jacob quería algo más conmigo. Cada vez que me lo decía yo le decía que no estaba segura de querer hacer eso. Y como siempre, él decía que yo no le quería, cosa que era totalmente incierta. El día de mi cumpleaños, el trece de Septiembre, decidió darme un "regalo que me iba a encantar" esa fueron sus palabras. – Las lágrimas no paraban de bajar por mis mejillas. - Yo me deje llevar hacia donde el me llevaba hasta que me llevó hasta su casa. Entramos en su cuarto y cerro la puerta. El corazón me decía que algo malo iba a pasar. Jacob me empezó a besuquear y me tiro en su cama. El empezó a desvestirse. Yo no quería hacerlo todavía.- Empecé a hipar fuertemente - Le dije que parara entre sollozos pero no paraba y por más que forcejeaba. En ese momento me quito mi ropa. Yo no paraba de forcejear pero no paraba. Empezó a sobarme y yo no paraba de forcejear. Entonces… bueno… él… abusó de mí.- Edward tenía las manos tan fuertemente apretadas que sus nudillos se veían blancos de la presión que estaba haciendo. Me abrazó - Lamentablemente no había nadie para salvarme. Ni Jasper, ni Rose, ni Alice. El lo había planeado todo diciendo que el regalo tenia que ser en privado. A ellos no les gusto la idea, pero yo les convencí, como no. A ellos les caía mal Jacob. No confiaban en el. Cada día me repetían que el no me quería y que solo se quería aprovechar de mi. Y, efectivamente, ocurrió eso. Yo estaba tan cegada por el amor que tenia hacia el, que no me di cuenta. Después de esto, me obligó a seguir con él y no decir nada. Yo, por miedo, acepté. Todos los días, me insultaba cosas como "eres una zorra y por eso eres solo mía". Entre maltratos y más abusos de su parte, me obligó a ir a vivir con él. Cosa que acepte por el miedo que sentía hacia mí. Nos mudamos a una casa en las fronteras de La Push. Cada día me decía cosas peores, me tenia que vestir como el quisiera, no podía hablar con nadie, ni siquiera con Alice o Rose mucho menos con Jasper, si hablaba con alguien me amenazaba o a mi o a mi familia. Pero cuando el se iba a trabajar llamaban o venían a visitarme. Pero un día, Jacob antes de irse volvió a abusar de mí y me pego una paliza que jamás olvidare. Ese día, Jacob, no contaba con que iban a venir todos. Cuando digo todos, son mis padres y hermana, Rose, Jasper. Me encontraron en el suelo hecho un ovillo llorando con todo el cuerpo moreteado. Mi familia no se lo podía creer. Desde aquel momento lo denuncié y lo metieron, "supuestamente", en prisión, pero ya veo que todavía sigue dando vueltas por ahí, y no ha pagado todo el daño que me hizo… pero, ¿Por qué anda por las calles haciendo daño? No lo entiendo de verdad.

Te juro que si lo vuelvo a ver, de la paliza que le meto, no lo cuenta. Te lo juro, Isabella. – Dijo Edward enfurecido.

Bueno, pero eso no nos va a chafar la cita ¿no? – Dije para distraerlo.

Claro. Nada ni nadie nos va a estropear nuestra primera cita. ¿Qué te parece ir a cenar a un puesto de perritos calientes en vez de un lujoso restaurante lleno de chuchos bacterias sin remedio. – Dijo Edward.

¿Te parece el plan bien?

Claro. Vayamos a un puesto de perritos calientes. Pero después no te libraras de los helados. – Dije, con un tono "enojado" y gracioso. Edward soltó una risita.

Caminamos cogidos de la mano hasta el puesto de perritos calientes más cercano. Pedimos dos y nos sentamos en un banco cualquiera. La cena se pasó rápida.

¿Preparado para la derrota? – Pregunté.

Claro que no. Esa pregunta la debo hacer yo.

Llegamos a la heladería. Yo pedí mi helado favorito, el de kínder. Me encanta. Aunque mucha gente dice que es muy pesado. No saben apreciar lo que tienen. Edward se pidió su famoso helado de stracciatella. Nos sentamos y empezamos a comer nuestros respectivos helados.

¿Qué te parece si hacemos una apuesta? – Dije yo. Tener a Jasper todo el día era una mala influencia.

Claro. Si gano yo… tendrás que vivir conmigo, por lo menos un mes. - ¡¿Qué castigo se cree que es ese? ¡Cualquier mujer que este en sus cabales desearía perder para irse a vivir durante todo un mes con el!

Bueno, si gano yo, cosa que es lo MÁS probable que pase, tendrás que acompañar a Alice a sus compras diarias durante todo un mes. – Dije con una sonrisa. El me miraba como si me fuera vuelto loca. Extendí mi mano hacia el. - ¿Aceptas?

Por supuesto - Dijo estrechando mi mano. La corriente eléctrica no se hizo de esperar. En fin, era agradable.

Toma, prueba mi helado ganador. – Dijo acercándome una cucharada de su helado. Estaba buenísimo, pero el mío seguía siendo el mejor. - ¿Qué tal?

Esta pasable. – Me miró con el ceño fruncido. Me había descubierto. – Bueno, vale, esta buenísimo. ¿Contento? – Asintió. – Toma prueba el mío. – Y le tendí una cucharada de mi helado. Lo degustó y se lo pensó un momento.

Vale, debo admitir que esta realmente bueno. Por lo tanto, esto es ¿un empate? – Preguntó dudoso.

Pues si. – ¡aaaaaaaaah! ¡Voy a pasar todo un mes con Edward!

Y… ¿Cuándo te "mudarás" a mi casa? – Preguntó con una sonrisa.

Mañana, después del trabajo. Digo si te parece bien. Y recuerda que tú debes ir con Alice a sus compras diarias.

Qué remedio. - Bufó. - ¿Nos vamos y se lo comunicamos a los demás?

Vale, estoy cansada por esto que paso. – Dije.

Nos levantamos y nos dirigimos al Volvo de Edward. Me abrió la puerta y me senté en el asiento del copiloto. Cuando Edward se sentó en el asiento del conductor, encendió el coche y salimos rumbo hacia nuestras casas. Cuando llegamos, las luces del porche de mi casa estaban encendidas, con lo cual, Alice ya había llegado. Abrí la puerta y me adentré en el salón con Edward pisándome los talones.

En la sala estaban Alice con Jasper cogidos de la mano y Emmett y Rose también. Nota mental: preguntarle mas tarde a Rose, cuando no este Emmett.

Hola, chicos. – Dije con una sonrisa.

Ey, Bella, Edward. – Dijeron todos al unísono.

Alice, Edward y yo te tenemos que dar una noticia. Edward te alegrará la noche a más no poder. – Emmett nos miraba con una sonrisa picara y alzaba las dos cejas. - Para de pensar cosas impuras, Emmett.

Oh, lo siento. Mi mente peca, sin que yo le dé permiso.

Si, si, claro, claro. Y yo soy novia de Robert Pattinson. – Dije rodando los ojos. Edward ante esto, gruñó. No le di importancia.

Bueno, ¿Qué es eso que me "alegrara la noche", Edward? ¡Dilo, dilo, dilo! – Dios con esta Duende.

Pues, resulta, que Bella y yo… - No pudo terminar ya que la duende lo había interrumpido.

¡Están saliendo! ¡Qué chachi! – Dijo la duende, anticipándose, como siempre.

Alice, ¿Qué dices? – Dije yo, la idea no me desagradaba en lo más mínimo.

Alice, veras, Bella y yo hicimos… - Dijo, pero alguien lo interrumpió otra vez. Y ese alguien tenía más cuerpo que cerebro.

¡El amor! Qué genio soy, lo sé todo con anticipación. Es que yo lo valgo. – Dijo colocándose bien las solapas de su chaqueta.

¡Cómo crees, Emmett! – Dijimos Edward y yo a la vez. - ¿Me vais a dejar terminar? – Esta vez fue solo Edward. Todos asintieron. – Gracias. Bueno que Bella y yo hicimos una apuesta y la empatamos. Yo dije que si ganaba yo, se tendría que venir a vivir conmigo durante todo un mes. Y ella dijo que si yo perdía tendría que ir a las torturas chinas con Alice.

¡Ey! ¿Cómo osas llamar "torturas chinas" a mis queridisisisimas compras diarias? – Dijo mi hermana.

Venga, Alice, solo es una broma. Míralo por el lado bueno. Te acompañará y te llevará todas tus bolsas. – Dijo Jasper. Maldito Jasper. - Trata bien a mi duende, Edward.

Y, Bella, ¿Cuándo te "mudas"? – Dijo esta vez Rose.

Mañana cuando venga del trabajo, vendré a por unas cosas y me iré a la casa de Edward.

¡Rose, Rose, Rose, Rose! – chilló Emmett como un niño pequeño llamando a su mama. – Se me acaba de ocurrir una grandiosa idea. – Viniendo de Emmett, nada bueno podía ser. – Bueno mira, como Bella se va a "mudar" a mi casa, ¿Qué te parece si yo también me mudo, pero aquí? – Dijo Emmett como si le pidiera a su madre que le comprara algo. Eso era tan, pero tan, Emmett.

¡Eso es estupendo! – Dijo Alice. – Jasper, tú también te puedes quedar. – Dijo picarona. Esta Alice… ¿no se acuerda de todo lo que nos enseñaron nuestros padres?

Me encantaría, Alice. – Dijo mi ahora cuñado.

Bueno, ya es tarde, será mejor que nos vayamos yendo. – Dijo Emmett.

Claro. – Dije yo, cogiendo la mano de Edward para salir a despedirme de el. – Gracias, Edward. De verdad. Gracias por escucharme y por estar ahí. – Dije mirándolo a sus esmeraldas. – Espero que esto se repita. – Dije con una sonrisa.

De nada, Bella. Estoy aquí para lo que quieras. Si quieres un hombro en el cual quieres llorar, aquí estoy yo entero para ti. Solo tienes que decirlo. – Dijo con una sonrisa. – Y respecto a lo de repetirse la cita, cuando tu quieras. Adiós. – Avanzo hacia mí y deposito un beso en mi, ahora colorada, mejilla.

Adiós, Edward. – Después de que me despidiera de Emmett y Jasper, me fui hacia el dormitorio de Alice, donde sabía que me iban a interrogar sobre todo lo que había pasado.

¡Bella! – gritaron las chicas cuando abrí la puerta. – Tienes algo que contarnos ¿no?

Supongo, pero antes, Rosalie Hale. ¿Qué ha pasado con Emmett?

Pues… que me pidió que fuera su novia. – Abrí los ojos a causa de la sorpresa. – Se que es pronto, pero como dijo Emmett, fue amor a primera vista. Y bueno hoy nos conocimos en profundidad y nos dimos nuestro primer beso. – Dijo Rose sonrojada. - y a ti, Bella, ¿cómo te ha ido?

Al principio mal, por que no había otro lugar, no, tenia que ser ese. Resulta que el camarero era el mismísimo Jacob Black, y bueno yo me fui desesperada y Edward corrió tras de mi. Entonces me dijo que el me protegería y me lo juro. – Mi cara ya estaba roja. – Y bueno, le conté la historia, y sus palabras textuales fueron: "Te juro que si lo vuelvo a ver, de la paliza que le meto, no lo cuenta. Te lo juro, Isabella." Y bueno, lo demás es todo normal. Nos conocimos más y yasta.

Edward es especial. Si fuese sido otro hombre, fuera salido por patas.

Tras esto, decidí irme a mi cama, me estaba cambiando, hasta que algo me fascinó…