El quinto vagón – Uhuru-Chan

Lo siento por no responder bien a los reviews, de veras no tengo tiempo para nada a veces. Gracias por su interés en esta historia de todos modos, luv ya' all~

Advertencia: Sexo ridículo.

Disclaimer: Hetalia es de Himaruya.


Entraron a la habitación del menor y Alfred cerró la puerta tras de sí con una sonrisa excitada.

Arthur miró un poco el lugar. Posters de deportistas, posters de la guerra de las galaxias y un poster de una chica en bikini –irónico- pensó Arthur. Había sobre el closet un afiche de una galaxia o algo así, Arthur nunca fue bueno con las ciencias. Ropa tirada sobre una silla en un rincón. Un pc de última generación, cama de plaza y media, una televisión de pantalla plana y un paragüero lleno de bates de beisbol.

Alfred se sacó la corbata negra y echó a Arthur sobre la cama, sacándolo de su inspección mental. Alfred sonrió mirándole desde arriba, desabrochando su arrugada camisa blanca. Arthur le miraba con deseo y Alfred sonrió satisfecho con ello.

-¿Cómo deberíamos hacerlo?, ¿Misionero?, ¿En cuatro?,-Alfred se acercó hasta estar sentado sobre el regazo del mayor, sintiendo su caliente erección chocar con la contraria- ¿Quizás debería cabalgarte?

-Ya lo decido, chico.

Arthur sacó la camisa del menor de un tirón, dejándola en el suelo. Alfred sonrió divertido y comenzó a sacar la camisa de Arthur, sin remover su corbata. Arthur aprisionó sus labios y desabrochó el cinturón del menor, deslizándolo con desesperación, siguiendo luego con el pantalón del muchacho, aflojándolo y haciendo que Alfred se pusiese de pie para deslizar los pantalones y bóxers fuera de sus piernas. Alfred gimoteó al sentir su erección en el aire, ganándose una mirada caliente de Arthur. Se besaron desesperadamente, gimiendo anticipadamente.

Alfred emitió una risa ahogada y guió sus manos al pantalón del inglés, mirándole con lujuria.

-Vamos a evaluar mi premio.

-¿Premio? –Preguntó Arthur, levantando una de sus frondosas cejas.

-Por ser paciente.

-¿Es un chiste?

Alfred dejó salir una carcajada y masajeó el pene de Arthur por sobre la tela de su ropa interior, aún sin deslizar fuera los pantalones.

-Al parecer no está nada mal.

-¿No quieres sacarte la duda? –Pregunto Arthur, elevando sus caderas para acrecentar el roce.

-Umm, sí.

Alfred bajó los pantalones y bóxers de Arthur, se puso de rodillas, agarró el caliente pene de Arthur, que ya tenía líquido pre-seminal saliendo de la punta, y se lo llevó a la boca sin mayor retraso, lamiendo el salado líquido hasta dejar limpio el glande del mayor.

Arthur jadeó, excitado, llevando una de sus manos al cabello de Alfred.

-Nada mal para ser un viejo. –Comentó Alfred, relamiéndose los labios. Había probado un par de veces antes el semen de otras personas, pero era de consistencia más espesa y sabía muy mal. Tampoco era como si el de Arthur tuviese sabor a hamburguesas, pero casi no tenía sabor y eso era suficiente.

-Ts… es porque no como chatarra, chico. –Explicó Arthur, agarrando su pene y llevándolo nuevamente hacia el rostro de Alfred. –Sigue.

Alfred sonrió y siguió con su labor. Agarró el erecto miembro y lo metió en su boca hasta donde pudo, posando su mano en la base y su otra mano en los testículos de Arthur. Alfred comenzó a chupar y Arthur jadeó, sintiendo como su miembro era engullido y sus testículos jalados y masajeados con cuidado.

-Agh… ¿Te gusta chupar pollas, no es así? –Preguntó Arthur, agarrando a Alfred del cabello y haciéndolo ir más rápido.

Alfred hizo un ruido afirmativo y dejó los testículos de Arthur en favor de masturbarse a sí mismo con algo de desesperación.

-Que chico más sucio.

-Mmm.-Alfred asintió, con el pene de Arthur en su boca y su mirada sobre la mirada del mayor.

-Parece que tendré que cogerte hasta que aprendas modales.-Dijo Arthur, obligando al menor a seguir un ritmo más rápido.

Alfred se alejó de Arthur, aún de rodillas, y el inglés le miró preocupado, pensando que lo había ahogado, pero el menor sólo estaba riendo a carcajadas, divertido.

-¿Qué?

-No pensé que te gustase hacerte el rudo-Dijo Alfred en medio de risitas burlonas.

Arthur frunció el ceño al darse cuenta de que el menor se estaba burlando de él. Después sonrió y señaló el espacio junto a él en la cama.

-Ven aquí, precioso.

Alfred levantó una ceja confundido, pero le hizo caso de todos modos, sentándose en el lugar indicado. Arthur le miró y emitió una risa encantadora, agarrándolo de los hombros.

-En cuatro.

-Ah… Oh, ok. –Dijo Alfred, asintiendo.

Alfred se estaba acomodando sobre la cama cuando sintió un sonoro palmetazo chocar en sus nalgas, dejándole una sensación de leve dolor y haciéndolo dar un respingo de la impresión.

-¡Ah!, ¿Qué mierda, vie… -palmada- ¡Arthur!

-Ts, más respeto con tus mayores, mocoso.-Dijo Arthur, apretando las nalgas de Alfred y abriéndolas descaradamente, haciendo sonrojar a Alfred. –Veamos que tenemos aquí, ¿um?, lindo panorama.

Arthur escupió en el ano de Alfred, sacándole un jadeo, y sin previo aviso comenzó masajear su entrada con un pulgar.

-Ung, ah, viejo. –Alfred comenzó a masturbarse y se inclinó más, echándose sobre la cama, dejando sólo su trasero alzado y dispuesto para ser montado. – ¡Sí!, así.

Arthur le dio otra fuerte palmada, dejando roja su otra nalga y sacándole un gemido al menor, quien comenzó a masturbarse con apuro.

-Me llamo Arthur, niño.

-Ah, sí, ¡Arthur!, ¡Vamos! –Gimoteó Alfred, meneando su trasero cerca de la cara del mayor. –No me haga esto, señor Kirkland.

-Jum, ¿Qué quieres? –Preguntó Arthur, abriendo y cerrando las nalgas del menor, apretando en un intenso masaje, haciéndolo gimotear un par de veces más- No te entiendo, chico.

-¡Follame!, oh Dios, ¡Hazlo de una puta vez! –Gritó Alfred, volteando su rostro para mostrar su expresión de molestia.

Arthur comenzó a reírse a carcajadas, divertido con el puchero que apareció en la cara de Alfred. Suspiró y se alejó de la cama en busca de su ropa, donde tenía guardada una pequeña botella de lubricante y un condón.

-Dame, yo lo hago. –Dijo Alfred, alcanzando la botella de lubricante una vez que Arthur estuvo tras de él.

-¿Seguro?

-Sí, viejo, deja de preocuparte.

Arthur enrolló el condón en su pene y se lubricó una vez que Alfred dejó la botella de lado. El americano comenzó con un dedo, yendo a su propio ritmo, no muy acostumbrado a la intrusión. Arthur le miraba jadeando, mientras comenzaba a masturbarse lentamente, no queriendo sobre excitarse antes de su gran actuación.

Tomó un par de minutos antes de que Alfred estuviese seguro de meter un segundo dedo. Gimoteó incómodo, intentando apresurarse.

-¿Te ayudo, bebé? –Preguntó Arthur, acariciando la nalga izquierda de Alfred.

-Oh Dios, dime que no acabas de llamarme así.

-Eres un bebé, -Comentó Arthur, sonriendo-sólo sácalos y yo termino.

-Uf, no jodas.

Alfred sacó sus dedos con cuidado y dio un suspiro de alivio, volviendo a recostarse sobre la cama.

Arthur lubrico sus dedos y los insertó de a poco, notando que la entrada de Alfred ya estaba dilatada, más no lo suficiente. Arthur estaba comenzando a meter un tercer dedo cuando ambos escucharon un grito proveniente desde afuera de la habitación.

-¿Alfred?, ¿Estás ahí?

-Ah, ¡Matt!, ¡Dijiste que no vendrías! –Gritó Alfred, frunciendo el ceño y volteando su torso como pudo, mirando hacia la puerta.

-Cambio de planes, hermano, vendrán unos amigos, no hagas mucho ruido con quien sea que estés, ¿ok?

Arthur quedó algo sorprendido y divertido con la situación, mientras Alfred gritaba un par de insultos hacia su hermano, aún con los dedos del inglés dentro de su ano. Arthur los movió un poco para hacerse notar, haciendo callar a Alfred de inmediato.

-Ya, antes de que vengan los malditos amigos de Matt. –Apuró Alfred, alejándose de la mano de Arthur.

-Aún no estás muy…

-Sólo hazlo, Arthur.

-Bien, chico, no te impacientes.

Arthur llevó la punta de su sexo hasta el ano del menor y comenzó a meterse lentamente, pero Alfred se empaló él solo hasta chocar con la pelvis del inglés, haciéndolos gemir a ambos.

-¡Joder!, eres lento viejo.

-Muchacho… -Susurró Arthur, en tono amenazante, apretando las caderas del menor para detener sus movimientos.

-Uff, jaja.

Alfred comenzó a reírse de la poca paciencia de Arthur, volteó a penas y lo besó suavemente, sacándole un gemido al mayor. Arthur comenzó a moverse dentro de Alfred, entrando y saliendo sin separarse de la boca de su amante. Alfred recibía cada embestida con un sonido diferente, hasta que se cansó y se separó de Arthur para ponerse en su posición anterior, echado sobre la cama con el trasero alzado, así era más fácil.

Arthur siguió metiendo y sacando su pene del trasero del menor con relativa facilidad gracias al lubricante. Se sentía de maravillas, cálido y apretado. Cerró sus ojos dando un gemido y sintió su rostro arder. Acercó su rostro al cuello de Alfred y tomó el pene del menor con una de sus manos, comenzando a darle caricias con un ritmo suave.

-Rápido, Arthur- Pidió Alfred- ¡Rápido!

Arthur se detuvo un momento, mirando la espalda del menor. Él también fue así en su juventud, pero con los años le agarró el gusto a ir más lento y disfrutar más. Suspiró hastiado y se salió del interior del menor. Alfred se quejó y volteó a verlo con el ceño fruncido.

-¿Ahora qué?

-Se me antojo que me cabalgues, -Dijo Arthur, mirándole con aburrimiento. Alfred bufó y se cruzó de brazos- así puedes ir al ritmo que quieras, mocoso. No me mires así.

-Esto es ridículo.- Espetó Alfred, acercándose de todos modos hasta quedar sobre la ingle de Arthur. Emitió un quejido y se metió su pene lentamente. –Ahh.

Arthur le agarró de las caderas y ambos comenzaron a moverse a un ritmo rápido. Alfred gimiendo sin reparos y Arthur jadeando y observando al menor en movimiento.

El americano apoyó sus manos en los hombros de Arthur y comenzó un ritmo más desesperado, sintiendo el glande del inglés a punto de deslizarse hacia afuera, pero entrándolo justo a tiempo y volviéndolo a meter hasta el fondo.

La cama rechinaba con cada salto frenético del menor, chocando a intervalos con la pared. En un momento Matt comenzó a golpear desde su habitación –junto a la de Alfred- pidiéndoles silencio, pero ambos le ignoraron y siguieron con lo suyo.

-Oh estoy cerca –Jadeó Alfred casi sin aliento, sintiendo su propia erección saltar entre sus abdómenes. –Tan cerca…ah.

-Un, sigue bebé, sigue.

-¡Arthur!, oh, ¡Arthur!

Alfred gimió su nombre una última vez y dejó salir su semen en pequeños chorros. Arthur sintió el caliente líquido en su piel y acostó a Alfred sin salirse de su interior, embistiéndolo sin parar hasta que logró alcanzar su propio orgasmo en un grito eufórico.

Arthur se dejó caer sobre el pecho de Alfred, cansado y relajado. El americano emitió una carcajada al escuchar el "¡Al fin!" emitido por su hermano menor en la otra habitación y comenzó a acariciar lentamente la espalda del mayor.

El inglés, una vez que recuperó su aliento, miró su mano izquierda, pensativo. ¿Estaba bien como había dicho Francis?, porque no se sentía tan bien ahora que la euforia del momento había acabado, se sentía culpable. Se levantó y se sentó junto al menor, sin dejar de mirar la banda dorada en su mano.

Alfred le miró sonriendo, pero en realidad estaba algo molesto con la actitud del mayor.

-¿Te arrepientes tan rápido, viejo?

-Prometí que sólo estaría con ella. –Respondió Arthur, acariciando con nostalgia su anillo.

-Bueno, ya lo hicimos, ella no tiene que enterarse –Dijo Alfred, sentándose junto a Arthur, sin hacer contacto entre sí. Súbitamente se sintió consciente de su desnudez e intentó taparse con una de sus arrugadas sabanas. -¿Es la primera vez que le haces esto?

-No lo entiendes…- Susurró Arthur. Parecía estar a punto de llorar.

-Hey, no te pongas así, -Le consoló Alfred. Después de unos segundos en silencio el americano se decidió a pasar su brazo por sobre su hombro, atrayéndolo en un abrazo. Arthur comenzó a llorar ante el contacto y Alfred sintió un malestar en su estómago. –no llores, viejo.

-Se lo prometí, Alfred, oh Dios.-Arthur comenzó a hipar descontroladamente, sin soltarse del menor. –Estoy tan solo, tan solo.

-No entiendo nada. –Comentó Alfred, acariciando el cabello y espalda del mayor.

-Lo siento, -Murmuró Arthur, sonriendo con tristeza y zafándose del agarre del menor – estoy dándote problemas y ni siquiera nos conocemos.

-¿Me vas a decir que rayos te pasa?-Preguntó Alfred, agarrándolo del brazo para evitar que se marchase.- Puedes hablar conmigo, viejo, no te preocupes, en serio.

Arthur miró su anillo una vez más y se secó las lágrimas de los ojos. Dirigió su mirada hasta el rostro de Alfred y se mordió el labio inferior. Esto era patético.

-Soy… soy viudo, ¿Sabes? –Arthur se tomó su tiempo para seguir, sin dejar de tocar su anillo. –Ella murió hace tres años, fue un accidente automovilístico. –Alfred asintió sorprendido, pensó que era "sexy" meterse con un hombre casado, pero claramente ese no era el caso de Arthur.

Alfred comenzó a acariciar la mano del mayor para darle apoyo y algo inseguro le dio un beso en los labios. Arthur suspiró y respondió suavemente el gesto.

-¿No has estado con nadie más desde que ella murió?

-Ella… yo la amo tanto.

Alfred asintió y soltó la mano de Arthur, sintiendo que no le correspondía tener un gesto intimo con el inglés ahora que sabía la verdad. Se quedaron un rato en silencio hasta que Arthur se levantó y comenzó a ponerse su ropa.

-Hablamos al rato- Dijo Alfred antes de que Arthur se marchara. Arthur no volteó a verlo, pero asintió levemente con la cabeza antes de marcharse del cuarto.


No estudié nada por escribirles esta porquería, me voy enojada de mi trabajo xD

. Soy un asco escribiendo lemon.

-Se marcha herida del corazón-