Advertencias: El contenido de este capítulo contiene lenguaje para adultos y texto explícito.
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Corazones destinados
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Su vista se nubló por un momento sintiendo el aire hacerse escaso en sus pulmones. ¿Cómo ocurrió esto en un abrir y cerrar de ojos? Solamente fue al auto por unos papeles y cuando volvió el recinto estaba en envuelto en llamas. Su corazón se aceleró, y él solo pudo pensar en lo peor.
Corrió con todas sus fuerzas, dispuesto a cruzar por la puerta que ya no figuraba ser una, escuchando detrás de él los gritos de los policías donde decían que los civiles no tenían el permiso de entrar y que tendría problemas si no daba vuelta atrás.
Y eso le importaba un carajo, al entrar el humo lo recibió, tosió un par de veces pero ahora solo le importaba solo una cosa y no pararía hasta encontrarlas.
Cruzó la sala de espera y abrió la puerta de pediatría. Kakashi palideció y sintió como su garganta se volvió seca. Todo el lugar estaba hecho un desastre, las llamas habían desecho todo a su paso, algunos cuneros de recién nacidos estaban tirados y esparcidos por todo el suelo, miró hacia todas partes y no logró divisar la razón por la que entró.
Sus ojos empezaban a aguarse, la impotencia lo carcomía. El humo comenzaba a hacerle batalla, sus pulmones no aguantarían mucho más y Kakashi lo sabía. Vio una puerta entreabierta y recordó que se trataba del sanitario, esa era su última oportunidad de encontrarlas, corrió y empujó la puerta, sus ojos se llenaron de lágrimas al ver a Tenten, Sakura e Ino abrazadas en un rincón con sus ojitos cerrados.
Afortunadamente el fuego todavía no había alcanzado esa parte y ellas estaban a salvo, su corazón se desbocó haciéndolo caer de rodillas a lado de las pequeñas niñas.
– ¡Kakashi! – gritaron las tres para después toser al mismo tiempo. Sin embargo, algo ocultaban con sus pequeños cuerpos.
El hombre las rodeó con sus brazos aliviado mientras gruesas lagrimas bajaban por sus mejillas, por un momento creyó que las perdería y que viviría un vida de miseria por siempre, pero no, ahí estaban las tres luces de su vida y por las que lucharía hasta el final.
– Salgamos de aquí – susurró Kakashi levantándose pero las niñas de nuevo no se movieron. – ¿Qué sucede?
El fuego cada vez se hacía más espeso y él supo que sería mucho más difícil salir.
– No podemos dejarla aquí – habló Tenten separándose de las otras dos para poder mostrar lo que estaban resguardando con tanto fervor.
A Kakashi poco le faltó para perder el aliento y desplomarse ahí mismo, lo que vio hizo que un nudo se formara en su estómago.
– Es… un… bebé – balbuceó cuando vio al pequeño ser humano dormir en las piernas de Ino y Sakura, esas niñas habían rescatado a un bebé mientras estaban envueltas en llamas, se sintió orgulloso al percatarse de esa acción.
Sin embargo, el humo comenzaba a introducirse al baño y Kakashi supo que debía actuar rápido si quería salvarlas a todas. En el baño había toallas para secarse las manos así que lo que hizo fue desgarrarlas y hacer cuatro pedazos, para empaparlos con agua y dárselos a cada una.
– Saldremos de aquí, pónganse esto en su nariz y boca – habló fuerte dándoles las toallas, pero a la vez regalando confianza a las niñas que lo miraban como si fuera un héroe. Él tomó a la bebé con su brazo derecho y con la otra tomó a Tenten haciendo cadena con Ino y después Sakura. – No se suelten por ningún motivo, ¿entendido? – las niñas asintieron pero en sus rostros se podía ver el miedo y la angustia – No tengan miedo, aquí estoy yo para protegerlas – les regaló una sonrisa.
No sabía si lo iba a lograr, pero daría hasta su último aliento sin pensarlo para que ellas salieran de ahí con vida. Al salir a los pasillos sus ojos se abrieron impresionados al encontrarse con una mujer, pero esta no se mostraba preocupada ni afectada por lo que pasaba a su alrededor, más bien le ofreció una sonrisa.
– Te ayudaré a salir – le dijo y por alguna razón, Kakashi sintió como si ella fuera el guía para poder escapar de ese lugar – Sígueme – y él así lo hizo, corrió viendo a la mujer hacer lo mismo delante de él, segundos después se vio fuera del recinto sano y salvo con las tres pequeñas y la bebé recién nacida en brazos, giró su rostro para poder agradecerle. Pero observó cómo volvía a adentrarse al edificio.
– ¡Espera! – gritó Kakashi – ¡No entres de nuevo! ¡Es peligroso!
– Lo sé, pero tengo que hacer algo antes de irme – el peligris la miró confundido ¿cómo que antes de irse? – Cuídalas mucho – señaló a las tres niñas que yacían en el suelo tosiendo y posando sus ojos en recién nacida.
– ¿Cuál es tu nombre? – preguntó sin aliento mirando cómo se adentraba en las llamas.
– Hana Hyūga – Kakashi escuchó un susurro en sus oídos. Y literalmente, eso fue lo único que escuchó de ella posterior a esa situación.
Siempre le agradecería por haberlos ayudado y prácticamente salvarles la vida a sus pequeñas.
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– ¿Cómo se llama, Kakashi? – preguntó una vocecita detrás de él sacándolo por completo de sus pensamientos.
El peligris embozó una pequeña sonrisa en sus labios mientras giraba su rostro y se encontraba con una niña castaña que conocía tan bien.
– Bueno, en su plaquita decía que se llama Hinata Hyūga… – respondió mientras volvía su vista al bebé. Dormía tan plácidamente.
– Que bonito nombre – opinaron en la puerta, Kakashi observó a las dos niñitas que rápidamente se escondieron detrás de una cortina.
– Sakura, Ino, vengan aquí – llamó, ese par siempre andaba junto a todas partes.
– Ino, te dije que no hablaras muy fuerte – regañó la pequeña pelirrosa con su nariz ligeramente fruncida.
– Lo siento – se disculpó la rubia mientras caminaban a donde el hombre mayor y la castaña.
– ¿Estamos en problemas? – preguntó Sakura al llegar con Kakashi, mirándolo con un puchero.
El peligris soltó una risita.
– Claro que no – revolvió el cabello de ambas – Es más, vengan a verla. – alentó y ellas se acercaron al cunero con una expresión feliz y Tenten igual.
– Es muy bonita, igual que su nombre – opinó Sakura.
– No tiene padres como nosotras, ¿verdad? – esa pregunta hizo que la habitación se sumergiera en un silencio, Kakashi tardó unos minutos en responder la pregunta de Ino.
– No, pero ahora nosotros somos su familia – sonrió a todas con una sonrisa sincera. Abrió sus brazos y las alentó a hacer un abrazo entre todos – Todos nosotros somos una familia junto con los demás niños que viven aquí – se separó de ellas para darles un beso en la frente – Ahora a dormir, que ya pasó su hora de irse a la cama – las empujó levemente hacia la puerta cerrándola sutilmente antes de salir y pensar en aquella mujer que los ayudó a salir del hospital donde ocurrió uno de los incendios más grandes de los últimos años trayendo consigo cientos de muertes de civiles, doctores, enfermeras y niños.
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– Los he citado aquí para decirles que nuevos guardias entrarán en el reclusorio – habló Orochimaru a sus cuatro oficiales quienes estaba rígidos en sus lugares – Hemos estado recibiendo más reclusas así que no estaría mal también contratar refuerzos, llegarán mañana a primera hora – avisó – Pueden retirarse.
Los cuatro oficiales se dispusieron a salir pero la voz del jefe hizo que se detuvieran.
– Shikamaru, Sai y Naruto irán por las nuevas reclusas en la zona norte, la camioneta ya está por llegar, en cambio Sasuke, necesito que te quedes.
El nombrado chasqueó la lengua de solo mirar la cara de burla de Naruto al alejarse con Shikamaru y Sai. Ya se las pagaría luego, de eso no le cabía duda. El Uchiha se adentró de nuevo a la oficina.
– ¿Si, señor? – preguntó.
– Como ya dije, nuevos oficiales están por llegar y necesito que los guíes y les enseñes el lugar – ordenó colocándose detrás del pelinegro – Eres el más calificado y parte de eso, eres el mejor para estas tareas – Sasuke sintió que se acercó demasiado a su espalda, estuvo a varios milímetros de darle un puñetazo, pero Orochimaru se alejó de él hasta quedar de nuevo en su silla de director. Tan siquiera ese día no perdería su trabajo.
– Sí, señor – respondió mirándolo.
– Bien, me gusta que sepas acatar órdenes, después de todo, eres mi favorito – sonrió y a Sasuke le pareció lo más repugnante del mundo. Más no dijo nada, se tuvo que aguantar de nuevo las ganas de molerlo a golpes. – Seria todo, yo te avisaré cuando los nuevos estén aquí.
El pelinegro hizo una reverencia y salió de la oficina, respiró hondo tratando de tranquilizarse, Orochimaru siempre le ha dado mala espina y le daba cierta sospecha, pero ahora no tenía tiempo para pensar en quien hace bien las cosas y quién no.
No después de lo que hizo la otra noche, verla ahí, postrada en su cama y notar la mano de la pelirrosa meterse en sus propios pantalones hicieron que sus instintos más salvajes despertaran de un momento a otro, él solo quería follarla como un animal y reclamarla como suya, sin embargo, tuvo que calmarse y conformarse con masturbarla fingiendo ser una ilusión.
Tocarla y regalarle un orgasmo abrazador hizo que su polla se pusiera demasiado dura que sintió que podía martillar con ella. Dios, por un momento pensó que no aguantaría y le arrancaría toda la ropa para hacerla suya arriba de su cama, pero por esa vez su sentido común hacía ganado la batalla. No podía hacer eso, no en ese lugar donde podían verlos.
Fue la imagen más erótica que pudo haber presenciado en toda su puta vida, y eso que él había estado con varias mujeres, ninguna le había hecho sentir lo que Sakura aun cuando ella no lo había tocado. Sintió como su miembro se endurecía de nuevo dentro de su ropa y maldijo por lo bajo, ya hacían varias noches que se tocaba el mismo pensando en la pelirrosa, pero esto ya era otro nivel, de solo pensar en ella se sentía explotar.
– Mierda, ¿Qué me hiciste Haruno? – susurró pensando en el cuerpo de la chica.
– ¿Hablando solo, Sasuke? – la voz chillona de Naruto detrás de él hizo que su polla instantáneamente se calmara, haciéndolo suspirar aliviado.
– Hasta que sirves de algo, Naruto – se burló de él girándose a verlo.
– ¿Eh? – el rubio no tuvo ni la más mínima idea, así que prefirió cambiar de tema – ¿Entonces? – en su rostro se formó una sonrisa divertida – ¿Al fin el jefe confesó sus sentimientos hacia ti? – molestó con los ojos entrecerrados.
– ¿No tienes otro lugar donde decir estupideces? – el pelinegro lo fulminó con la mirada, escuchar decir eso hizo que su estómago se revolviera.
– ¿Eso es un sí o un no?
– Eso es un vete a la mierda – respondió harto del Uzumaki comenzando a caminar.
– Anda, Shikamaru, Sai y yo hicimos una apuesta, si dices que se te declaró, ganaré 400 dólares, Shikamaru cree que te besuqueaste con él y Sai cree que te la chupó, cada quien tiene una teoría diferente de lo que pasó en esa oficina después de salimos, pero yo no quise ser tan extremista – Sasuke paró en seco.
¡Los idiotas de sus amigos habían hecho una apuesta con él como protagonista! Inhaló hondo, tratando de tranquilizar las ganas de ahorcarlo, contó hasta diez muy lentamente.
– Más vale que te vayas de aquí si no quieres que te meta esos 400 dólares por el culo – amenazó con un aura negra rodeándolo.
– Eso depende, ¿con billetes de 100 o de 10? – Sasuke lo miró y Naruto por un momento creyó que sus ojos negros se volvieron color rojo, fue ahí cuando supo que era mejor dejarlo solo.
– Bueno, mi turno es en los baños, así que empezaré ahora – y huyó de ahí como un cobarde, porque más vale aquí corrió que aquí quedó.
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Ino y demás reclusas estaban haciendo su trabajo, constaba de un pequeño huerto y jardín que estaban en el patio trasero de uno de los tantos edificios que tenía ese reclusorio, en el sitio estaban aproximadamente como seis reclusas incluida ella, el día estaba soleado y esa luz le haría de maravilla a todas las flores que estaban por crecer.
El trabajo de jardinería también tenía un pequeño almacén, donde se resguardaban todo tipo de accesorios, tales como palas, tijeras, guantes, semillas, macetas, entre otras cosas más. Ese día solo estaban sembrando nuevas plantas, así que el trabajo era ligero, a pesar de estar en una cárcel, Ino se sentía de muy buen humor.
– Muy bien señoritas, por hoy el trabajo terminó, vayan a la cocina para desayunar – ordenó Sai apenas llegó a donde ellas.
– Pero todavía no terminamos – respondió una chica de cabello negro.
– ¿Qué les hace falta? – preguntó.
– Sembrar girasoles y tulipanes – respondió la misma.
Ino solo miraba la situación, observaba como el pelinegro se ponía la mano en la barbilla como pensando en cómo hacer para terminar esto sin que lo regañaran por no llevarse a esas seis mujeres al comedor.
Era demasiado guapo con su piel blanca y lo hacían todavía más los mechones negros que caían en su frente. Sus músculos que se veían totalmente apetitosos debajo de toda esa ropa policial. Ese uniforme se combinaba perfecto con su aspecto físico.
– Yamanaka – llamó Sai y la rubia respingo en su lugar. ¿La habría visto comérselo con los ojos?
– ¿Si?
– Tú te quedarás aquí para terminar el trabajo, las demás vayan al comedor, yo me quedaré a custodiar a su compañera.
Ninguna replicó, pues sabían que la rubia hacia magia con sus manos al sembrar cualquier cosa el resultado era bellísimo, flores, plantas, arboles, en el poco tiempo que llevaban ahí, reconocían a Ino como la mejor florista.
Miró cómo las demás se alejaban del lugar, así que dispuso a entrar al almacén para sacar las semillas que pronto sembraría. Rebuscó un poco, tardándose en ello para después escuchar como la puerta se abría y se cerraba de nuevo detrás de ella.
Sintió como unas manos aprisionaban su vientre dejándose hacer mientras mordía su labio.
– Nos pueden encontrar – susurró entrecortadamente al recibir besos húmedos por toda su nuca, la rubia cerró los ojos sintiendo el cosquilleo de la boca del pelinegro.
– No te preocupes, estamos muy alejados de los lugares concurridos – su lengua jugueteaba con el lóbulo de la chica mientras su nariz se impregnaba del olor a vainilla que Ino desprendía – Me parece estresante verte por los pasillos y no poder tocarte como lo hago ahora. Tengo que formular excusas para poder estar a solas contigo, justo como ahora.
Las manos masculinas se abrieron paso debajo de la blusa de rayas negras y blancas de Ino acariciando su plano vientre mientras que con la otra apretaba un seno recibiendo con ello un gemido ahogado.
– Sai… – jadeó al sentirse demasiado excitada por ser tocada por el hombre que le robó su atención desde el momento que lo vio.
Habían empezado a encontrarse en lugares escondidos desde hace dos semanas, después de que Ino le robara un beso por parte de un juego.
– ¿Eso a que se debe, Yamanaka? – preguntó apenas ella se separó de él lamiéndose los labios.
– No quería estar todo el tiempo aquí pensando a que sabría probar tu boca – guiñó su ojo a un escéptico Sai – Recibiré mi castigo por cometer una infracción contra un oficial.
Sabía que estaba completamente mal, eso lo tenía más que claro, pero al probar el dulce sabor de su lengua, quiso jamás dejar de saborearlo, se metería en problemas, sí, pero ese beso lo había dejado tan excitado como para dejar de pensar debidamente.
– Claro que recibirás tu castigo – tomó su brazo y la metió en un almacén de accesorios de limpieza no sin antes checar que alguien los viera.
Ahí dentro ocurrió el primero de sus encuentros sexuales. Y fue más pasional de lo que hubiese querido. Esa mujer era hermosa, por dentro y por fuera, ni afuera de ese reclusorio hubiese encontrado una igual a ella. Tenía muy consiente que si los descubrían él podía ir a la cárcel, pero esa chica era un delito que cometería fuesen las consecuencias que fuesen.
– Ahh – gimió cuando Sai metió su mano a sus pantalones acariciando su intimidad por encima de la tela, se sentía tan mojada que él tuvo que contenerse para no penetrarla en ese mismo instante.
En un movimiento rápido él la giro para ponerla frente suyo y así apoderarse de la rosácea boca de la chica, su beso de un inicio se convirtió en algo demasiado exigente, Ino enredó sus dedos en el cabello negro del chico apretándolo contra sí.
Sai la levantó tomándola del trasero para sentarla arriba de una mesita vieja que estaba en aquel almacén. Le quitó la blusa y ella lo ayudó deshaciéndose del sostén, la lengua del policía se apoderó de uno de los respingones pezones de Ino, ella emitió un gritito de placer mientras arqueaba su espalda dándole más acceso a sus tetas.
– Mierda, me pones demasiado duro – el pelinegro se acercó a ella y restregó su polla dura en la intimidad femenina todavía cubierta por el pantalón a rayas. Ino alzó la cadera y Sai entendió el mensaje quitándole la estorbosa ropa.
Él estaba por hacer lo mismo cuando la rubia lo detuvo.
– Quédate así y cógeme con el uniforme – susurró tomándolo de la camisa acercándolo a ella para meterle la lengua hasta la garganta en medio de un beso demasiado apasionado. Sai sonrió complacido, esa mujer era lujuria pura.
Los ojos negros dieron recorrido por todo el cuerpo semi desnudo de ella, puesto que todavía traía puestas sus bragas, pero no eran cualquier bragas.
– Que bueno que hoy me puse esto – su dedo agarro el encaje de la tanga negra que ella vestía en esos momentos, el pelinegro casi babeó al ver como los labios vaginales se remarcaban en la delgada tela de la ropa interior.
Sai se agachó hasta estar a la altura de la intimidad de la rubia y ésta suspiro al sentir el aliento cálido tan cerca de su feminidad.
La lengua masculina acarició por encima de la tela mientras Ino tuvo que morder su labio para no gritar loca de placer, sus manos se posicionaron en la cabeza del pelinegro para acercarlo a ella.
– Estás muy mojada – comentó el chico para pasar de nuevo su lengua pero ahora con más presión causándole algunos espasmos a la Yamanaka que gemía y jadeaba tal y como su respiración entrecortada se lo permitía.
Aspiró el olor de la intimidad de la chica y su boca salivó, con dos de sus dedos hizo a un lado la tanga sin quitársela y así tener un mayor acceso, pasó la punta de la lengua por los labios hinchados de la chica.
– ¡Ah! ¡Si, si! – se retorcía arriba de la mesa.
Sai se dedicó a chupar, succionar y lamer toda la intimidad de Ino, su lengua hacia pequeños círculos en el clítoris necesitado de atención. Los movimientos cada vez eran más certeros. La chica enredaba sus dedos en el cabello negro para sumergirlo entre sus piernas. Ino tuvo que recostar su espalda para no caerse y arquearse para que el oficial tuviera una buena vista de cuerpo.
– Ya casi, ya casi, sigue por favor… – suplicaba al sentir la húmeda lengua hacer moverse más rápido, sentía el orgasmo cerca, demasiado cerca. Segundos después la rubia soltó un gemido abrasador indicando que el ansiado placer se apoderó de ella.
Recostó su cabeza en la mesa intentando recuperar la respiración, sintiendo todavía espasmos debido al orgasmo cuando la punta del miembro del chico hizo presión en su entrada.
– ¿Lista, preciosa? – preguntó mirándola lleno de deseo teniendo su polla dura apuntando directamente hacia la rubia.
– Más que lista. – usó sus manos para quitarse las bragas y mordió su labio al sentirse llena de un solo movimiento.
– Joder, qué rica estás – embistió casi como un animal mientras con sus manos estrujaba los senos de la Yamanaka quien gemía complacida.
Verlo ahí con el uniforme policiaco puesto hizo que chorreara sus jugos en la polla del pelinegro haciendo el acceso aún más fácil.
Sai mordió su labio al sentir que estaba llegando al límite y por la expresión de ella, estaban en las mismas.
– Ino… me voy a venir…
– Igual yo… – respondió jadeante al sentirse cerca de un segundo orgasmo. – ¡Dios mío! – soltó un grito de satisfacción al ser envuelta de nuevo por el placer más puro que un ser humano puede sentir. Arqueó la espalda y el pelinegro no desaprovechó para lamer sus pezones.
Sai la penetró un par de veces más y cuando sintió que iba a explotar sacó su miembro dejando escapar su semen en el abdomen de la rubia, masturbándose en el proceso hasta que dejó de salir el característico líquido blanco.
Ambos quedaron quietos y respirando irregular después del acto sexual pasando varios segundos en el proceso.
– Mierda, eso estuvo… – habló Ino pensando y limpiándose el vientre con una toalla que encontró por ahí.
– Delicioso. – terminó él con una sonrisa en su rostro abrochándose sus pantalones, tendiéndole la mano a la rubia para que se enderezara.
Ella la aceptó gustosa al mismo tiempo que él de igual manera le tendió su ropa, nunca pensó que en un lugar así fuese a encontrar a alguien que la satisficiera tal y como Sai lo hacía, tenían el mejor sexo de todos. Era un policía, sí, pero estaba tan bueno que la hacía delirar una vez que se introducía en ella.
Se podían meter en graves problemas, y ambos lo sabían. Y aun así, ninguno de los dos quería dejar de encontrarse de ese modo. No tenían el conocimiento de cuanto iba a durar esto, pero querían que durara lo más que fuese posible.
Habían hecho un tipo de trato, nada de relaciones ni esas cosas típicas del amor, ellos solo eran puro deseo y lujuria acumulada.
– Debo ir con las demás, pueden darse cuenta que no estoy – dijo mientras caminaba a la entrada – Saldré yo primero – avisó cruzando la puerta, no sin antes guiñarle el ojo al chico y aventarle un beso al aire.
Él sintió un leve hormigueo en el estómago, pensando en que esa chica era la más hermosa que jamás conoció. Sin embargo, no era una muy buena idea tener algún tipo de sentimientos por ella, por alguien que estaría más de 10 años en la cárcel, así que no, enamorarse de ella no era una opción.
Lástima que su corazón no se regía a las mismas reglas que su cerebro.
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¿Entrar o no entrar?
Ese era el dilema de la castaña que yacía frente a la puerta que tenía un letrero de "Enfermería" en ella.
Se había sentido excelente después de haber tomado las pastillas que el doctor Hyuga le había recetado. Todavía no le contaba a Hinata sobre su inmenso parecido con él, pues habían estado ocupadas en el trabajo de la prisión, y el único tiempo juntas era solo en el comedor. Ya se lo mencionaría en otro momento.
Ahora su mente estaba ocupada resolviendo la pregunta de si entraba para agradecerle o se daba media vuelta y se largaba de ahí. Sin embargo, las ganas de ver el perfecto rostro de ese hombre ganaron la contienda 100 a 0.
Se dispuso a levantar la mano para tocar en la puerta cuando al mismo tiempo se abrió dejando ver a Neji dispuesto a salir del consultorio. Ambos se miraron a los ojos y ninguno dijo nada. Tenten era más bajita que él por 10 centímetros pudiendo ver su perfecto mentón junto a su blanquecino cuello.
Neji igualmente quedó prendado de la belleza de la castaña, sus grandes ojos color chocolate lo hacían querer quedarse frente a ellos por un largo tiempo, sus pómulos rosáceos y nariz respingona llamaron su completa atención, afuera de ese lugar igualmente había muchas mujeres bellas, pero nadie se le comparaba a aquella chica que estaba frente a él, sin embargo reaccionó, no podía quedarse viendo como un idiota a una reclusa, él más que nadie sabía que esas caritas de ángel eran quienes engañaban a más de uno cometiendo crímenes a diestra y siniestra. Por ningún motivo debía olvidar que estaba en un lugar que estaba lleno de mujeres con pasado criminal.
– Perdona… – recobró la compostura poniendo una mirada neutral – ¿Qué se te ofrece? ¿Sigues sintiéndote mal?
– Ah... yo… – tartamudeó la chica bajando a mirada, normalmente ella no es de sentirse cohibida por un hombre, pero ese doctor la ponía realmente nerviosa – Me siento perfectamente solo…
Neji observó cómo jugaba con sus dedos, se le hizo demasiado tierno. En el poco tiempo que tenía ahí, ella fue prácticamente su primer paciente.
– Quería agradecerte por ayudarme con lo de mis síntomas – susurró sonrojándose y girando la mirada hacia un lado.
– No te preocupes – el hombre sonrió ocasionando que Tenten retuviera el aire al ver una sonrisa tan perfecta – Es mi trabajo ver el bien de todas ustedes.
Que aunque eso era cierto, él se sintió realmente aliviado de que la chica se sintiera mejor gracias a su ayuda. Solamente la había visto una vez, sin embargo su rostro daba vueltas por su cabeza varias ocasiones al día.
– Bueno, tengo que irme – se giró dispuesta a marcharse pero una mano en su brazo la detuvo.
– Espera… – soltó Neji sin pensarlo tomándola por el brazo en un movimiento rápido. Tenten lo observó levemente asombrada – Para asegurarme que ya no volverás a tener tus síntomas, déjame hacer un último diagnóstico.
¿Qué rayos fue eso? ¿Por qué la detuve antes de que se fuera? Algo le pasaba a su cabeza y estaba seguro que la razón de su acción apresurada tenía que ver la chica frente a él. Jamás le había pedido a alguien hacerle un "ultimo diagnostico" es más, la castaña ni siquiera lo necesitaba. Pero ahí estaba él, poniendo excusas y queriendo pasar más tiempo con ella.
– Está bien – sintió un leve cosquilleo y ambos se adentraron al pequeño consultorio.
Se sentó en la camilla mientras el doctor buscaba algo en los cajones.
– De acuerdo, abre la boca – Neji se acercó a ella con lo que parecía un palito de paleta, Tenten obedeció y él checó su garganta junto con una pequeña linterna.
Mientras el Hyuga hacia su trabajo, ella lo observó con mucho detenimiento, su rostro varonil que podía derretir a cualquiera, incluida ella, bajó por su cuello y notó algo que no había visto antes, la punta de una cicatriz se asomaba y podía asegurar que seguía por debajo de aquella bata blanca.
Neji dejó de examinar su garganta alejándose un poco de ella. Tenten era muy curiosa, así que se iba a arriesgar a preguntar.
– Discúlpame el atrevimiento… – comenzó y el castaño la observó confundido – Pero… ¿cómo te hiciste esa cicatriz?
No tuvo que ser más específica pues el hombre le entendió perfectamente de que estaba hablando. Con sus dedos tocó la superficie poco rugosa.
– Es de quemadura, ¿cierto? – Tenten lo sabía porque ella tenía unas cuantas pequeñas en su vientre desde que era muy pequeña.
– Si – respondió pero sintió que fue muy seco con ella – La tengo desde niño, y de hecho me llega hasta acá – alzó un poco su camisa dejando ver un poco su perfecto torso, Tenten casi deja de respirar en ese instante.
Sin embargo quedó sorprendida por la magnitud de su cicatriz, podía medir casi 30 centímetros y atravesaba todo su pecho. Se vio demasiado tentada a tocarla pero su sentido común pudo más.
Neji desde que vio por primera vez a Tenten, tuvo una extraña sensación, de esas que sientes cuando conoces a alguien que puede cambiar completamente tu vida y tu mundo, y estar ahí, enseñándole una cicatriz que prácticamente muy pocos han visto, lo hacía sorprenderse por el poco tiempo de conocerla y pese a eso, tenerle demasiada confianza a alguien que estaría encerrada ahí por varios años.
– Yo también tengo, pero son muy pequeñas a comparación de la tuya – comentó la castaña después de que él se quedara en silencio por varios segundos – ¿Lo ves? – señaló su costado derecho mostrando parte de su cuerpo.
Él fijó su vista en la pequeña cicatriz de la chica y sin pensarlo dos veces llevó su mano y acarició lentamente esa parte con relieves para asombro de Tenten.
Sus ojos se abrieron cuando sintió electricidad recorrer sus venas, sus orbes café miraban con atención los dedos del chico que tocaban parte de su piel descubierta, lentamente levantó la vista para encontrarse con un par de ojos color plateado, quienes la miraban con cierto brillo y algo entrecerrados.
Tenten suspiró cuando el doctor posó toda su mano en su cadera y se acercó lentamente a su rostro para estar separados solo por milímetros, ella entreabrió la boca al igual que Neji quien todavía seguía hipnotizado por el olor y la cercanía de la chica.
Sus labios se rozaron por un segundo y ambos sintieron como sus corazones palpitaban al mismo tiempo, ella se relamió los labios y en el proceso su lengua rozó la del Hyuga.
Estaban tan ensimismados en estar cerca el uno del otro que no se dieron cuenta que desde hace varios segundos estaban tocando la puerta.
– Doctor Hyuga, ¿está ahí? – hablaron del otro lado.
Los dos se separaron instantáneamente, Neji se giró hacia los cajones mientras carraspeaba.
– Si – contestó alto yendo a la puerta para abrirla – Estaba en consulta.
– Oh – dijo otra reclusa afuera.
– ¿Qué sucede? ¿Te sientes mal? – preguntó.
– Si, desde hace unas horas mi cabeza quiere reventar – respondió llevando su mano a la frente.
– De acuerdo, ya terminé con mi paciente por ahora – habló y Tenten respingó en su lugar, al parecer todavía no salía del trance – Señorita, usted está perfectamente bien, ya puede retirarse – comentó a la castaña pero sin voltearla a ver – Entra – le dijo a la otra – Checaré que es lo que pasa.
La castaña lo observó por un momento.
– Gracias, doctor Hyuga – dijo al pasar a lado de ellos y salir del lugar con el corazón latiendo a mil por hora.
Neji no contestó, sin embargo su mirada se quedó pegada en la espalda de ella hasta que la vio desaparecer por uno de los pasillos.
¿Qué había sido todo eso? Su corazón palpitaba acelerado haciendo muchas preguntas, pero su cerebro no tenía ninguna respuesta.
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Su turno seria vigilar los pasillos, todo estaba en orden, algunas reclusas conversaban entre sí y otras salían al patio a respirar aire fresco, y eso era lo que él más necesitaba, aclarar toda la revolución que estaba en su mente, porque soñar con cierta rubia lo dejaba exhausto por las noches, no podía conciliar el sueño como era debido, tenía que sacarse eso de la mente, tenía que hacerlo porque si no sentía que iba a volverse loco.
Se le había ocurrido una idea, pero pensándolo bien ya no le parecía tan buena, sin embargo, solo esa lo llevaría a salir de toda esta obsesión de una vez por todas, su intelecto estaba arriba de la mayoría de la gente pero ni así podía encontrar como sobrellevar todo lo que le estaba pasando.
Primero, se interesa en alguien, pero no cualquier persona normal que puede encontrar fuera de ese reclusorio, no, se tiene interesar en alguien que está encerrada por cometer un crimen y que aparte de todo, también le gustaba a Sasuke.
¿En serio, Sasuke "yo nunca rompo las reglas" Uchiha estaba interesado en una reclusa? Eso sí que era nuevo, podía soportarlo, el pelinegro no era un mal hombre y lo consideraba como uno de sus mejores amigos, pero pensar en que también le gustara Temari le hacía querer romperle los dientes.
Suspiró caminando por un pasillo para después doblar, paró en seco al ver a Sasuke al final hablando con la rubia de cuatro coletas, su estómago se frunció, segundos después el Uchiha volteó a todos lados como checando que nadie los viera mientras sacaba algo de su bolsillo y Temari lo agarraba para después esconderlo entre su uniforme, Shikamaru intentó agudizar su vista para poder ver que era pero le fue inútil. Apretó los puños.
¡Mierda, mierda! ¿Qué carajos estaban haciendo esos dos?
Observó como la chica se alejó de ahí y Sasuke igual en dirección contraria, cerró los ojos tratando de calmarse, ya no lo podía negar, estaba que se lo comían los celos, y ver a Temari secretearse con Sasuke fue la gota que derramó el puto vaso. Ya no estaba pensando correctamente, todo lo que quería era descargar su ira con alguien.
Dispuesto a irse al carajo, pasó frente a unas escaleras cuando de pronto sintió como era derribado por una montaña de libros y un cuerpo cálido caía arriba de él aplastándolo.
– Maldita sea – susurró la otra persona tratando de levantarse pero su pie había quedado debajo del cuerpo del oficial.
– ¿Este día no puede empeorar? – Shikamaru preguntó al aire ya con su ira controlada – ¿estás bien? – preguntó a la chica que yacía arriba de él.
– Si – respondió sin poder moverse por culpa de los pesados libros. Y al ver sus ojos verdes, el Nara supo de quien se trataba.
– ¿Sakura, cierto?
– La misma – sonrió sentándose frente a él tallándose un poco el tobillo.
– ¿No tenías tu trabajo en la limpieza? – preguntó extrañado al verla cargar con tantos libros.
– Si, pero lo cambié por la biblioteca, es más aseada y no tengo que limpiar la mierda de otros – Shikamaru soltó una carcajada por el comentario de la pelirrosa.
– Tienes razón – se levantó y ayudó a la chica a hacer lo mismo mientras ambos levantaban los libros.
Pasaron varios segundos entre comentarios divertidos respecto a los libros que traía cargando la chica. A Shikamaru le encantaba leer en su tiempo libre, y más cuando en la biblioteca también trabajaba cierta rubia de ojos verdes.
El ambiente de un momento a otro se sintió tenso, Shikamaru se extrañó, pero cuando giró su rostro supo la razón.
– ¿No tienes trabajo, reclusa? – escucharon detrás de ellos pero el pelilargo ya sabía de quien se trataba.
– Tranquilo, Sasuke – respondió – Se le cayeron los libros por mi culpa y le estaba ayudando.
– Si, eso lo sé, porque vi como Haruno cayó arriba de ti para después reírse juntos como amigos inseparables.
Shikamaru vio de reojo a Sasuke y pudo jurar que estaba que echaba chispas por los ojos, ¿Qué mierda le pasaba? ¿Por qué se molestaba por algo como esto?
– La biblioteca te espera – el Nara guiñó su ojo hacia Sakura en señal de que él se encargaría del humor de perro del Uchiha.
Sakura sonrió al chico en agradecimiento y Sasuke tuvo que cerrar fuerte los ojos para no saltar arriba de Shikamaru y sacarle un ojo con sus propias manos.
Cuando ya no tuvieron a la vista a la pelirrosa, Shikamaru giró para posarse frente a su compañero.
– ¿Qué carajo fue eso? – preguntó con el ceño fruncido. – ¿Por qué el humor de mil demonios?
– ¿Quieres sacar ventaja con ella, cierto? – atacó el Uchiha, no pensando bien lo que decía e ignorando las preguntas del Nara.
– ¿De qué mierda hablas? ¿Sacar ventaja de qué? – el de la coleta cada vez estaba más confundido por el comportamiento de Sasuke.
– Ya sé que te gusta – Shikamaru desencajó el rostro – Pero temo decirte que ella no está interesada en ti…
– Espera, espera, espera… – el pelilargo lo paró – ¿Qué yo estoy interesado en Haruno? – sonrió negando con la cabeza – Estas equivocado, amigo.
– ¿Ahora lo vas a negar? ¿Y cuándo te pregunté aquel día que si te gustaba alguien y respondiste que sí? ¿Lo recuerdas o te dio amnesia?
Shikamaru lo sopesó acordándose cuando el Uchiha fue a donde él y lo enfrentó en el patio con Naruto de testigo, pero ahora que lo pensaba bien, Sasuke no hablaba de Temari, no claro que no, estaba hablando de otra persona y ahora sabía quién era, Sakura Haruno.
– Sasuke – habló bajo, ya entendía la situación así que ahora se la explicaría a su compañero – A mí no me gusta Sakura, me gusta… – se tentó a decirle pero al final no se atrevió – otra chica.
El Uchiha lo miró sospechando, y no supo porque, pero un peso se le quitó de encima. Suspiró aliviado.
– ¿Suspiraste de alivio, cierto? No tienes por qué, ya que estamos más que jodidos de ahora en adelante.
Sasuke no tuvo más remedio que aceptar lo que Shikamaru dijo. No solo se sintió muerto de celos cuando la vio con él, sino que también quería repetir lo de la otra noche con aquella reclusa pelirrosa.
¡Dios, estaba más que jodido! ¿Por qué con una de la prisión? Tantas mujeres que matarían por estar con él, y va a interesarse en una reclusa de su trabajo. ¿Dónde estaba toda su inteligencia? Parecía que se había ido por el mismo escusado que la de Shikamaru.
– A todo esto, ¿Qué le pasaste a Temari hace unos minutos? – quiso saber, le carcomía la curiosidad.
Sasuke lo miró alzando una ceja. Sin impresionarse de que haya visto eso.
– Es privado. – se limitó a decir – ¿Sabes? Hace un momento me dijiste que te gustaba alguien y ahora me preguntas por la rubia. – puso su mano en su barbilla simulando pensar – Ahora me pregunto quién te gustará. – dijo con sarcasmo para luego irse dejando al Nara junto a sus pensamientos.
Shikamaru ya no dijo nada pero en su mente su cabeza ya la había golpeado contra la pared, parecía que su secreto no duró ni diez minutos.
– Mierda.
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Sonreía de oreja a oreja y sabía que así iba a estar todo el día, ni siquiera una pelea de prisión o malos comentarios le arruinarían el día, volvía a su dormitorio, se sentía algo cansada por el ajetreo del trabajo y la sesión de sexo que había tenido apenas unas horas atrás. Después de comer debía volver al jardín por la tarde, así que dormiría un poco antes de reanudar su trabajo.
Y como si su día no pudiese mejorar, por los pasillos se encontró a su policía favorito. Ella le regaló una sonrisa seductora, sin embargo, Sai traía una cara que no pudo descifrar muy bien.
– Hola, bonito – saludó cuando lo tuvo en frente, tomando cierta distancia de él para guardar las apariencias.
– Hola – respondió serio – Escucha, vengo de tu cubículo y…
– ¡Y me dejaste un regalo! – interrumpió con los ojitos brillantes.
– Eh, yo no lo llamaría de esa forma. – Sai se rascó la nuca e hizo un gesto de disconformidad. Ino lo miró confundida ladeando su rostro – ¿Recuerdas que estabas sola en tu dormitorio? – la rubia asintió lentamente – Pues ya no más… Tienes una nueva compañera.
– ¿Qué?
– Que tienes una nueva comp-
– Si, eso lo escuché. – lo paró en seco no queriendo oír de nuevo la oración.
Sabía de antemano que no se acababa el mundo por tener una compañera de celda, pero le daba cierta desconfianza estar durmiendo a lado de alguien que era una completa desconocida y, que aparte, fuese una criminal. Bien, ella misma también lo era, pero tuvo sus razones, y esas razones la llevarían a ella y sus amigas a no arrepentirse jamás de lo que hicieron para estar en ese lugar.
– ¿Ino? – llamó Sai al ver que se quedó ida por unos minutos sin decir ninguna palabra – ¿Estás bien?
– Ah… Si – contestó volviendo en sí – No te preocupes por mí, y gracias por avisarme – dijo mientras se alejaba del oficial quien la miraba un poco extrañado.
La rubia caminó hasta que por fin llegó a su destino, y efectivamente, una chica estaba en la otra cama acomodando sus cosas sin percatarse de que ella había llegado.
– Hola – saludó e inmediatamente la chica se giró a verla.
– Hey – respondió acomodándose sus lentes examinando a la rubia – ¿Y tú eres…?
– Ino, yo también duermo aquí – señaló su cama.
– Oh, sí. Tú eres la chica de la que me habló ese oficial buenísimo – sonrió e Ino sintió como le zumbó la sangre en los oídos al escucharla hablar de Sai – Pero tranquila, no es mi tipo, a mí me gustan más… salvajes – soltó una risita picara como si hubiese podido leer el pensamiento de la rubia.
Ino no respondió después de eso, sino que inspeccionó visualmente el lugar y vio como esa chica tenía sus pertenencias regadas por todo el cubículo. Suspiró sabiendo que ya no tendría la tranquilidad de estar sola al final del día.
– Oye, no quiero sonar grosera, pero me gusta tener este lugar limpio y ordenado, espero que ese no sea un problema para ti – mencionó algo hosca, pero ella había llegado hace poco más de un mes y nadie iba a llegar a desestabilizar el espacio tranquilo que ella construyó.
– No te preocupes, en un momento termino – respondió, pero sus ojos se posaron en algo más interesante a unos cuantos metros del ahí – Oh por dios… – susurró pero a la vez abrió la boca impresionada – ¿Quién es ese de ahí? – señaló con sus dedos e Ino tuvo que girar para ver de quien se trataba.
– Es el oficial Uchiha… – respondió sin tanto alboroto. Admitía que el pelinegro estaba guapo, pero lo empezó a ver normal después de interesarse en Sai.
– ¿Ese hermoso dios griego trabaja aquí? – la rubia asintió.
– ¡Ino! – llamó una recién llegada al postrarse a su lado, haciendo que respigará por el grito e interrumpiendo la conversación.
– Sakura… ¿Qué sucede? Espantas cuando llegas así – recriminó.
– Oí que tienes nueva compañera… Y quise venir a ver quién era – sonrió a su amiga.
– Pues aquí me tienes – respondió la chica acercándose a ambas – Karin Uzumaki – estiró la mano para decir su nombre al fin. Sakura estrechó su mano con la de ella, y de igual manera saludó a Ino.
– ¿Eres algo del oficial Uzumaki? – preguntó sospechando Sakura.
– ¿Hay un oficial aquí llamado Uzumaki? – inquirió con sorpresa e Ino asintió en respuesta – Vaya… que coincidencia, pero no, no es nada mío… que yo sepa – esto último lo dijo casi susurrando.
Sasuke las miraba de lejos, había estado ahí revisando que todo estuviera bajo control, y de hecho ya estaba pasando más tiempo ahí del que era requerido, solo que justamente cuando se iba, se dio cuenta que cierta pelirrosa había entrado al lugar, y es que él se deleitaba solo de mirarla, sus pies no recibían ordenes, no querían alejarse de ella.
– Y a todo esto, ustedes no se han presentado conmigo – reprochó la pelirroja.
– Tienes razón… Mi nombre es Sakura Haruno y ella es Ino Yamanaka.
– ¡Esperen un momento! – Karin abrió su boca en una perfecta "o" – ¡Ustedes son de la banda Kunoichis! – gritó emocionada acaparando un par de miradas. En cambio Sakura e Ino la miraban confundidas – Dios, soy su fan… Ustedes sí que le patearon el trasero a esos empresarios pervertidos y corruptos – soltó una carcajada y la pelirrosa sonrió.
¿Eran reconocidas? Esa sí que no se la esperaba. No sabía que más personas tenían conocimiento que a los políticos y empresarios que estafaban eran gente maliciosa que buscaba sacar provecho a costa de otras personas. Las sorpresas que se llevaba en una prisión.
– Si, pero no nos salió tan bien como esperamos – Ino señaló el lugar dando a entender que las habían atrapado.
– ¡Eso no importa! En unos cuantos años saldrán de aquí ¿no? ¿Cuantos les dieron? ¿3 o 5 años? – preguntó y la pelirrosa frunció la boca.
– 15 – respondió la rubia y a Karin casi se le caen los lentes – Y eso que intervino nuestro abogado, sino fueran 25.
– Mierda… – soltó la Uzumaki mirándolas a ambas – Pero con buen comportamiento supongo que pueden reducir su condena ¿no? – Las chicas respondieron en afirmativa y la pelirroja se sintió aliviada.
¡Nunca pensó ser ingresada en la misma prisión que a su banda favorita! Eso sí que era suerte, ella era una fiel seguidora, en su hogar tenia las noticias en donde hablaban de las chicas, tenía documentales, videos de internet donde estaban plasmados los atracos que las Kunoichis habían armado y de los cuales salieron victoriosas.
Desde que las vio en las noticias quería preguntarles muchas cosas, y ahora que las tenía enfrente, no desaprovecharía la oportunidad. Aunque ese no era el escenario que se imaginó para conocerlas.
– Cuando atacaron a la empresa en Brasil, ¿cómo salieron de ahí? – quería sacarse de dudas eso que tenía en la cabeza.
Sakura se impresionó que la pelirroja supiera de ese atraco, de hecho muy pocas personas se enteraron de eso, pues fue fuera de Japón.
– Ni nosotras mismas sabemos – respondió Ino – De hecho, recibimos ayuda anónima – Karin sonrió de oreja a oreja escuchando lo que esperaba – Nos tenían rodeadas, la policía brasileña estaba entrando al edificio cuando recibimos un mensaje, donde nos decía que fuéramos a un compartimiento secreto que tenía el edificio…
– Es cierto – soltó Sakura – Ahora que lo recuerdo, ese mensaje nos salvó el trasero, aunque ¿Por qué había una salida secreta en ese edificio?
– Porque por ahí sacan de contrabando el lavado de dinero que hacen de sus empresas fantasma, estafando a mucha gente – respondió Karin acomodándose los lentes acaparando la atención de Sakura e Ino quienes la veían asombradas.
– Espera… tu… – balbuceó la rubia.
– Lo siento, pero si no les mandaba ese mensaje, hubiesen terminado aquí desde hace tiempo, y yo quería que siguieran haciendo justicia – soltó la Uzumaki.
– ¡¿Tu eres Hebi?! – preguntaron al mismo tiempo. No cabían en su impresión.
– Así es – sacó la lengua divertida.
– ¡Carajo! Tu nos salvaste el pellejo en más de una ocasión – la pelirrosa se acercó a ella y la abrazó, Karin abrió los ojos pero se dejó hacer también respondiendo el abrazo.
– ¿Entonces tú eras quien se comunicaba con Hinata por medio de internet? – cuestionó Ino todavía procesando la información.
– Sí, soy yo. – sonrió.
– En Inglaterra, Francia y…
– Estados Unidos. – las tres hablaron al mismo tiempo para después reírse como si fueran amigas de toda la vida.
Y, parecía que en un lugar como ese no se la iban a pasar tan mal. Nunca pensaron que Hebi, un usuario que en ocasiones les avisaba cuando los policías estaban por arribar a los lugares donde ellas se encontraban y que les regaló varios meses más de libertad fuera esa chica pelirroja que estaba frente a ella.
El mundo es realmente muy pequeño.
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Naruto veía pasar a las mujeres frente a él, estaba entrando la noche y las reclusas regresaban a sus cubículos después de darse su respectivo baño. Ese era el puesto que menos le gustaba. Se aburría como el demonio, no podía hablar con nadie y esas mujeres casi se lo querían comer con la mirada o había otras que de plano se le insinuaban.
Claramente él las ignoraba olímpicamente, pero no dejaba de ser incómodo. Ya casi salían todas de las regaderas, se adentró un poco para ver cuantas quedaban y vio a tres de cabello negro. Bien, podría terminar con su turno antes de lo pensado. Pasaron varios minutos hasta que vio a dos de ellas salir, eso significaba que solo faltaba una.
Estaba comenzando a aburrirse de esperar que se asustó dando un respingo cuando un grito se dejó escuchar desde el interior de los baños.
– ¿Qué mierda? – entró a pasos agigantados a las regaderas.
Abrió cada cortina, hasta que escuchó unos quejidos en la última. Se acercó algo sigiloso, pero otro grito se escuchó y el optó por abrir estrepitosamente para ver que estaba sucediendo.
Juro por dios que casi se desmaya de la impresión en ese momento. Tuvo que dejar de respirar por un momento cuando vio a la pelinegra recostada mirando hacia la esquina de la pared, con su redondo trasero descubierto y dando directamente hacia él, su blanca piel todavía mojada por el agua, gotas que se perdían en las curvas de su cuerpo.
El rubio rápidamente reconoció a la chica.
– Hinata – susurró, quiso dejar de verla, de verdad que quería, pero sus ojos en ese momento no captaban órdenes, sus orbes azules recorrieron la voluptuosa figura de la pelinegra. Y sin notarlo, Naruto se relamió los labios.
Ella por su parte, estaba temblando, no de otra cosa sino de terror, ella giró su rostro y miró al Uzumaki con sus ojos llenos de lágrimas. Al darse cuenta de esto, Naruto se acercó donde ella.
– ¿Qué pasa? ¿Te hicieron algo? – preguntó intranquilo, ¿Qué le habría pasado para estar en ese estado? Posó su mano en el hombro desnudo para mostrarle apoyo.
Estaba genuinamente usando todas sus fuerzas para no mirar hacia abajo y verle de nuevo ese jugoso trasero que podía jurar que una nalgada iba a sonar de lo más deliciosa.
Oh no. Su polla se irguió dentro de sus pantalones desde que la vio y apuntaba a ella como un maldito imán, le dolía, el uniforme le parecía demasiado estorboso. Por que vamos, no era de piedra y esa pelinegra estaba más buena que cualquiera que había visto ahí, queriendo hundirse en ella como si no hubiera un mañana.
Cálmate, Naruto. No eres de este tipo de personas que fantasean con reclusas como los indecentes de Sasuke y Shikamaru, trata de tranquilizarte y preguntarle qué ocurre y así dejas de pensar en sus redondas nalgas.
– Hinata, dime que es lo que pasa – pidió con voz preocupada, y lo que más le pasaba por la mente era que alguna otra reclusa le hubiese hecho algo, él como oficial de un reclusorio sabia lo crueles que pueden llegar a ser entre ellas.
– Hay… una… una… – Naruto la miró confundido, estaba tartamudeando demasiado haciendo que no le entendiera nada.
– ¿Una qué? Me estas asustando – tomó por los hombros ya prestándole más atención a las manos temblorosas de ella que su cuerpo prácticamente desnudo frente a él.
– Una araña… – lo dijo casi inaudible que el Uzumaki pensó que lo que escuchó fue parte de su imaginación.
Giró su rostro hacia la esquina contraria, encontrando a una araña negra, la culpable de que Hinata estuviera hecha un manojo de miedo. Naruto suspiró aliviado, por lo menos nadie le hizo ningún daño a la Hyuga.
– ¿Esto es a lo que le temes?
Hinata asintió lentamente aferrándose del uniforme de él, ni siquiera se daba cuenta que estaba completamente desnuda frente a un oficial y que aparte de eso, estaban solos en los baños.
El rubio se encargó del arácnido sacándola sin matarla por una ventana. Él era un amante de los animales y por ningún motivo iba a lastimar a ninguno.
– Listo, ya no hay nada de qué preocuparse, ¿de acuerdo?
– Gracias, oficial Uzumaki.
Sin dejar tiempo a algo más, sintió como el cuerpo cálido de la chica se apegaba a él en un abrazo, sus ojos se encontraron con los perla que radiaban agradecimiento, ella no podía ni hablar de lo angustiada que se encontraba. Y usando todo su autocontrol, correspondió el abrazo.
Dios mío. Eso debe ser un maldito crimen, sus manos tocaron su espalda y sus dedos se enredaron en unos mechones largos de Hinata, tragó duro cuando los pechos de ella se estrujaron en el suyo. Podía estar así todo el puto día, tocándola, pero creyó que era tiempo de que reaccionara.
– Si no te abrigas, pronto puede darte un resfria-
Naruto tuvo que parar de hablar pues Hinata soltó otro grito ensordecedor, corrió hasta dentro de una regadera y se tapó con una cortina, el rubio vio cómo su rostro se tornó rojo de un segundo a otro.
– P… ¡Perdone! – se disculpó ella pero sin mirarlo – No quise incomodarlo, gracias por la ayuda, no volverá a pasar. – soltó tan rápido que él solo le entendió la mitad.
Oh por dios, ahora creerá que soy una tonta y una pervertida de lo peor. ¡Me vio completamente desnuda! Todo por mi tonto miedo. No puedo ni mirarlo a la cara.
– No te preocupes – el rubio rascó su nuca – A cualquiera le dan miedo las arañas. – trató de restarle importancia para que la chica se tranquilizara, pero no funcionó del todo, Hinata todavía seguía escondida.
El silencio fue formando parte de la atmosfera, Naruto no sabía qué hacer, si irse y dejarla sola o quedarse a acompañarla, que más bien esta última era una regla del reclusorio, pues cuando pasan las nueve todas las reclusas deben estar en su cubículo, miró su reloj y habían pasado 15 minutos de la hora establecida.
– Disculpe… – susurró ella y el rubio prestó atención – ¿Puedes alcanzarme una toalla? – pidió roja de la vergüenza que sentía.
El rubio se sintió un completo idiota, pues claro que Hinata no salía de ahí porque estaba desnuda. Fue rápido por lo que pidió y se acercó a dárselo.
– Eres completamente preciosa, no tienes por qué avergonzarte – soltó sin darse cuenta. Hinata lo escuchó y se quedó petrificada – Mierda, ¿lo dije o lo pensé?
Por el semblante casi desmayado de la chica, él supo que lo había dicho en voz alta. ¿Por qué tenía que ser tan boquifloja? Quiso reprenderse, pero ahora la prioridad era llevar a la pelinegra a su cubículo.
Ella envolvió su cuerpo en la toalla rápidamente, aturdida por todo lo acontecido, primero se puso paranoica por ver su más grande fobia, después el oficial Uzumaki va a socorrerla, ella está completamente desnuda y luego está escondida detrás de una cortina sintiéndose muy idiota.
El rubio le gustaba muchísimo, más que eso, le encantaba, desde la primera vez que lo vio sintió calidez en su pecho, cuando llegaron al reclusorio pensó que la iba a pasar demasiado mal, estaba con sus amigas, sí, pero eso no quitaba el hecho de que parte de su vida se iba a ir estando encerrada. No se arrepentía de haber hecho lo que hizo, pero si le daba cierta pena su caso.
Sin embargo, el saber que el oficial Uzumaki estaría ahí todos los días, que ella lo podría ver por los pasillos sonriendo con sus compañeros policías, que lo podría tener cerca y que la contagiase de felicidad, hacía que ella se levantará todos los días con una sonrisa en el rostro.
Se sentía mal de no poder agradecerle por todo lo que el rubio había hecho por ella con su sola presencia, y claro, agradecerle también el haberla ayudado hace unos minutos, pero se sentía tan abochornada.
Lo miró un segundo y los ojos azules chocaron con los suyos, Naruto le regaló una de sus sonrisas mostrando sus dientes, y Hinata sintió su corazón latir fuerte, casi tan fuerte como para salirse por su pecho. Él le daba esa confianza que necesitaba. Sin conocerlo mucho, o tal vez nada, él le daba el valor suficiente para hacer lo que sea.
Salió detrás de donde estaba escondida y dio unos pasitos para estar frente a él, quien la miraba fijamente.
– Lo siento – habló primero Naruto ya cuando vio que la chica dejó de tenerle miedo. – No quise incomodarte con mi comentario, de veras, estuvo fuera de lugar.
Se sentía muy estúpido, es decir, Hinata estaba hermosa, pareciera que fuera una muñeca, nunca antes había conocido a una chica así. Le había robado completamente la atención desde que llegó ahí. No quería aceptarlo, de verdad que no quería, pero ahora era como los pervertidos de Sasuke y Shikamaru, le gustaba Hinata Hyuga, una reclusa que había llegado hace más de un mes y ahora no sabía qué hacer.
La chica abrió los ojos sorprendida, él creyó que se incomodó por su comentario respecto a ella, ¡Dios no! Ella solamente se sentía abochornada por verla desnuda, y aunque le diera pena, a Hinata le gustó que él pensara que era preciosa, su corazón latió desbocado cuando lo escuchó decir eso. Tenía que aclararle las cosas.
– No… yo… a mí no me incomodó tu comentario – confesó para sorpresa del rubio, la miró jugando con sus dedos cabizbaja y tuvo que luchar con su ética para no abrazarla ahí mismo – Gr… gracias por el cumplido – susurró despacito totalmente roja pero Naruto la escuchó fuerte y claro – Y gracias por ayudarme hace un momento – se acercó a él quedando a escasos centímetros pero sin tocarlo, alzando su rostro para contemplarlo mejor. ¿De donde estaba sacando tanta fuerza para no desmayarse? No sabía del todo, pero estaba completamente segura de que era gracias al oficial Uzumaki.
¡Bésala! ¡Bésala, la tienes ahí en frente! ¿Te gusta, no? Entonces por qué no la agarras del rostro y le estampas un beso que la deje sin habla.
¿De qué hablas? ¡Es una reclusa! No puedo besarla, seria en contra de las reglas.
¡Al diablo con las reglas! El lugar está vacío, nadie sabrá de esto. ¿Acaso no sería emocionante? ¡Tu vida es muy aburrida!
¡No haré esto por ser aburrido, lo haré porque ella me gusta!
Después de pelearse con su yo interno, su mano prácticamente se movió sola y acarició la mejilla dulcemente, Hinata se sorprendió más no se alejó, en cambio, cerró sus ojos disfrutando el tacto. Ella no es de las que se deja envolver por un hombre que apenas conoció, pero algo tenía ese ojiazul que le transmitía tranquilidad y confianza absoluta.
Naruto agachó lentamente su rostro al de ella, sus respiraciones se mezclaron mientras la punta de la nariz del chico rozaba la respingada con la de ella. Hinata suspiró quedito cuando sintió la mano masculina en su cintura, apegándola al fornido y fuerte cuerpo del oficial.
Sus ojos no se despegaban del otro, estaban hipnotizados por su cercanía, el rubio quiso probar si los labios carnosos de la pelinegra eran tan suaves como aparentaban, y cuando por fin iban a fundirse en un beso que ambos ansiaban con todo su ser, un grito desde afuera los separó por completo.
– ¡Naruto! – se escuchó a unos metros – ¿Dónde jodidos estás, dobe?
– Maldito Sasuke inoportuno – susurró molesto para ir a fuera y encontrar en el pasillo al Uchiha – ¿Qué quieres? – preguntó hosco.
– ¿Dónde mierda te metiste? ¿Tienes idea de lo que pasa? Sai, Shikamaru y yo hemos hecho dos conteos generales y en ambos nos falta una reclusa. ¡Si el jefe se entera estamos muertos! – refunfuñó molesto, nunca se les había perdido nadie, y esta no iba a ser la primera.
– Tranquilízate, ya sé quién falta. Es Hinata Hyuga, y está en el baño – explicó.
El rubio no midió sus palabras y ahora Sasuke tenía una ceja alzada.
– Un momento… ¿Dices que tú estabas con la Hyuga, a solas, pasando las 9 de la noche, en el baño?
Bien, ahora que Sasuke lo decía de esa forma, se podría malinterpretar. No estaban haciendo nada malo… aun. Observó al pelinegro mirarlo fijamente. Mierda, estaba en problemas.
– No es lo que crees. Hinata estaba… y yo vine porque… – balbuceó tratando de decir que fue lo que pasó, pensando en el beso que casi le daba a la chica – ¡Pero no hicimos nada! – alzó la voz exaltado.
– No estoy diciendo lo contrario – soltó divertido el pelinegro – No voy a juzgar ni nada – dijo a sabiendas lo que pasaba con la pelirrosa – Pero estoy seguro que estabas haciendo tu trabajo ¿cierto?
– Eh… si, si, ¿entonces qué otra cosa? Todo está bajo control. – el rubio rascó su nuca.
Sasuke lo conocía demasiado bien, tanto como para saber que el Uzumaki estaba nervioso por algo que pasó allá dentro. Ya se podría imaginar que es, pero no quiso sacar conjeturas tan apresuradas. Sabía que Naruto desde que llegó, hacia su trabajo con una ética increíble, tal como él. O bueno, al menos, antes de que Haruno Sakura entrara al reclusorio.
– ¿Por qué no vuelves adentro? – preguntó.
– ¿Eh? N-no tengo nada que hacer ahí… n-no sé de qué hablas.
– No seas idiota, tienes que escoltar a esa chica a su cubículo. Son las reglas, ¿las recuerdas o viste algo allá dentro que te dejó más estúpido de lo que ya eres? – molestó y por la cara de Naruto, supo que dio en el blanco.
El rubio quiso responder, pero la imagen del cuerpo desnudo de Hinata lo zarandeó por completo. Comenzó por su rostro, el angelical gesto con el que siempre miraba a los demás, sus hermosos ojos platinados, su cabello largo y negro, sedoso al tacto, su sonrisa tierna y sus mejillas sonrojadas.
Bajando se topó con su delgado cuello y hombros descubiertos, no quería bajar más, pero sus impulsos le ganaron, los senos de Hinata opacaron todos sus pensamientos, grandes, blandos y dispuestos a ser estrujados, su abdomen y vientre plano…
– ¿Dobe? – Sasuke golpeó su hombro, parecía que Naruto estaba babeando mental y literalmente. Lo hizo reaccionar antes de que salpicara su uniforme.
– ¡Ah! ¿Qué? ¡No estaba imaginando nada erótico! – reaccionó paranoico.
– Como digas… – el Uchiha lo miró raro – Lo único que quiero es que vayas y devuelvas a esa chica a su cubículo. Yo iré con Sai y Shikamaru para decirles que ya la encontré.
Naruto asintió para después verlo irse de ahí. Giró en sus talones y se dispuso a entrar a las regaderas encontrándose a la pelinegra sentada en una de las banquitas que había dentro.
La miró cabizbaja, seguramente estaba sonrojada, sonrió por lo preciosa que era. Sigilosamente se sentó a lado de ella pero alejado en una distancia prudente.
– Siento haberte metido en problemas – se disculpó la pelinegra jugando nuevamente con sus dedos.
– No, nada de eso – explicó Naruto – Solo era el tem… el oficial Uchiha – se corrigió rápidamente – Hicieron el conteo diario y me informó que les faltaba una…
– Oh por dios, ¿Estoy en problemas? No quiero que me den un reporte, ni ir a aislamiento yo lo siento, todo es mi culpa por mi tonto miedo a las arañas y-
– Hinata, tranquila… – la detuvo cuando sintió que la chica colapsaba – No te meterás en problemas… yo te llevaré a tu cubículo y me aseguraré de que nadie te escriba reportes, ¿está bien?
– Gr-gracias, oficial Uzumaki – sonrió achicando los ojos y Naruto sintió que quería ser la razón de esa sonrisa por toda la eternidad.
– Bien, entonces vamos – se levantó e invitó a la pelinegra que también lo hiciera dándole la mano.
Caminaron en silencio por los solitarios y oscuros pasillos, en menos de cinco minutos estaban en el cubículo de la chica. Vio a Sakura dormir al igual que todas las demás.
– Bien, ya llegamos – comentó lo obvio Naruto, no sabiendo muy bien que decir, estaba nervioso de nuevo y se estaba comportando como un adolescente.
– Si… – Hinata se mordió el labio. Ella no era ninguna santa y lo sabía, pero tampoco era alguien que tenía mucha experiencia. Conoció un par de chicos, pero con ninguno de ellos sintió las mariposas en su estómago como cuando estaba cerca del rubio – De nuevo, gr-gracias por ayudarme en el baño…
– No tienes que agradecerme, es mi trabajo – sonrió – Bien, me tengo que ir… nos vemos después.
Dio media vuelta empezando a alejarse de ahí y se sintió el hombre más estúpido del planeta, ¿cómo es que esa chica lo ponía en ese estado? Su corazón no dejaba de latir estando cerca de ella.
Recordó lo cerca que estuvieron de darse un beso, dios, como quería probar sus labios, sentirla cerca de su cuerpo, tocarla… paró en seco su caminar justo en el pasillo al salir de los dormitorios.
Estaba loco, pero en lo único que pensaba en ese momento era en tenerla entre sus brazos. Giró para dar vuelta, entró al dormitorio de nuevo solo unos pasos, pues con lo que se topó no lo esperó ver, Hinata iba de salida topándose con él en la entrada.
Se miraron por unos segundos, impresionados por pensar en lo mismo. Naruto no pudo resistir más, la tomó por la nuca y la acercó a él para fundirse junto a ella en un beso que llevaban deseando desde que los interrumpieron minutos antes.
Hinata correspondió para sorpresa del rubio, sus labios eran tan suaves como pensó que serían, se sintió en el mismísimo cielo cuando ambas lenguas rozaron entre sí, él la tomó por la cintura apegándola contra su cuerpo y la pelinegra posó sus brazos alrededor de su cuello.
¡Oh, dios! Estaba besando frenéticamente a una reclusa, jamás en su vida pensó que eso pasaría estando trabajando ahí. Sabía que estaba incorrecto, prácticamente ilegal, pero ahora no podía dejar de hacerlo, se había vuelto adicto a su sabor, a su piel suave, quiso recorrerla completa pero no quiso asustarla.
Se separaron unos centímetros para recuperar el aliento, sus ojos azules no dejaban de mirar los perla de ella, ambos sonrieron cómplices, se separaron lentamente como si no se quisieran despegar.
Todo el lugar estaba sumergido en la oscuridad, y lo agradeció, pues no quería que la chica viera el tremendo bulto que tenía en esos momentos en su entrepierna. La acercó a su rostro para darle otro beso, este era un poco más lento que el anterior. ¡Esa chica era una delicia andante!
Sin embargo, se tenía que marchar de ahí si no quería meter a Hinata en problemas.
– Tengo que irme, pueden vernos aquí – explicó Naruto al ver que estaban en la entrada de todos los cubículos – Tenemos suerte de que esté oscuro – vio que la pelinegra agachó la cabeza y él acarició su mejilla, alzando su mentón lentamente para mirarla a los ojos – Eres una belleza – en respuesta la chica se sonrojó.
– ¿Hinata? – de un susurro Sakura llamó a la nombrada que respingó volteando a ver a su amiga somnolienta – ¿Qué haces? – parecía que no vio nada raro pues tenía cara de dormida, abrió más los ojos y pudo distinguir al rubio – ¿Es el oficial Uzumaki?
– Shhh, Sakura – acalló la Hyuga, no quería que las demás reclusas se despertaran – Si es él.
– ¿Y dónde estabas? – inquirió – Desde hace te estábamos buscando… pero veo que estabas en buenísimas manos.
El ojiazul sonrió y Hinata se sonrojó aún más.
– Tuvimos un pequeño percance en las regaderas – respondió a medias el policía – Bueno, las dejo, ya pasó mi hora de salida. – guiñó su ojo a la ojiperla, no quería dejarla pero debía hacerlo – Vuelvas a sus cubículos, no quiero que se metan en problemas.
No supo cómo despedirse de Hinata, bueno, si sabía pero no quería hacerlo frente a la reclusa Haruno. Así que solo giró sobre sus talones y se alejó de ahí.
Su corazón no tenía idea de lo que acababa de pasar, pero sintió un leve cosquilleó en su estómago, sonrió pensando en la pelinegra.
– Estoy perdido – dijo al aire cuando salió al estacionamiento.
Lo que no sabía él, es que dentro de prisión, un lugar que nunca pensó, iba a encontrar el amor en su estado más puro.
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El sol del día siguiente todavía no se asomaba pero eso no impedía que Temari estuviera fuera de su cama.
– No debí tomar tanta agua – caminaba rápido directo a los baños, pero sus pasos se detuvieron cuando un brazo la interceptó y la jaló a un cuarto de intendencia – ¿¡Qué mierda!?
La puerta se cerró, estaba oscuro y pudo oír claramente como le ponían seguro.
– ¡No sé quién seas, pero no es divertido! – gritó, no estaba asustada. Ya había estado mucho tiempo ahí como para espantarse con cualquier cosa.
– Shhh… – la persona junto a ella prendió la luz y Temari solo pudo abrir los ojos con demasiada sorpresa.
– ¡¿Tú?!
¡Holaaaaaa! Aquí yo con un nuevo capítulo.
Uffff. Esta vez sí me extendí algo, perdón si se les hace muy largo, pero eso es porque abarque a todas, bueno, casi todas las parejas, no hubo mucho SasuSaku pero tienen que admitir que estuvo divertido leer a Sasuke reventando de celos por Sakurita jujuju
Bueno, al principio del capítulo tjenía pensado meter más personajes nuevos, pero como pudieron darse cuenta el capítulo de por sí es muy largo, así que me decidí por solo poner uno y los demás meterlos en el siguiente xDD
¿Qué les parece? ¿Voy bien? Me gustaría que me pusieran su opinión, para darme cuenta si les está gustando la historia :D y si quieren que los capis sean largos o cortos.
¡Gracias de verdad por los reviews que recibí! Me complace mucho el que me digan que les está pareciendo todo. A los que tienen cuenta les respondo por MP y los que no, lo hago por aquí:
- Mariacre02: Hola. ¡Me alegra muchísimo que te haya gustado! Me esfuerzo mucho escribiendo para que así sea. Escribir situaciones hot entre mis parejas favoritas me encanta jaja así que si sigues la historia encontraras muchos encuentros de ese tipo 7w7 Lo de Neji doctor tiene un porqué pero no diré nada para no spoilear, poco se irán dando cuenta. Sii jajaja ese Orochimaru contrata puro dios griego jaja ¿no lo crees? xDDD porque yo sí. Sasuke y Sakura ya tendrán más momentos, no te preocupes. Espero te guste este cuarto capítulo y de igual manera, ver tu review diciéndome que te pareció. ¡Te mando muchos saludos!
- non: Holaa. ¡Me alegra muchísimo que te haga encantado! Me esmero para que la historia tenga consistencia y coherencia. Ojalá siga así hasta terminarla jaja xDD Les dieron mucho por estafar tando y lavar dinero por un tiempo considerable, además los políticos y empresarios tiene mucho poder, fácilmente las pudieron haber hundido más todavía :c más adelanta se sabrá un poquito más de eso, no doy spoilers x) ellas están más que felices jajaja ¿no lo crees? Tener ese tipo de guardia, uff, hasta para chuparse los dedos 7w7 ¡Gracias por seguir la historia y sobre todo por escribirme tu review! Espero ver otro diciendo que te pareció este capi. ¡Te mando muchos saludos!
- chico tranquilo:Holaaaa. ¡Me alegra demasiado que te haya gustado! Gracias por todas esas palabras :3 realmente lo aprecio, seguiré mejorando para que sigas en la travesía de mis locas historias. Personas positivas como tú me hacen falta. Sobre el pasado de la banda criminal más sexy de Tokio xd ya vimos un poco, y así iremos de poquito hasta explicar más. Fui mala con el pobre de Shikamaru jajajaja no lo pude evitar, pero eso dará ancla a todo lo que se viene entre ellos ;) Neji es un completo amorrrrr, en varios fics lo he leído frió (como es en el anime xD) Pero en esta quise darle un poco más de ternura ¿se nota? Me lo quiero comer jajaja es tan lindo con Tenten :3 Reviso cada detalle de mis historias para que tengan coherencia y sobre todo, algo interesante que leer, espero que si me esté saliendo como quiero :D Jajaja no sé ni de enfermería ni de reclusorios, pero la serie Orange is the new black confieso que me ha ayudado bastante xDDD Qué te puedo decir de Sasuke y Shikamaru, son hombres! La mayoría de las cosas las hacen por impulso. ¡Muchas gracias por tus reviews, son realmente alentadores y me dejan una sonrisa en el rostro! Y también agradecerte por leer Kakashi's shipper :D ¡Te mando muchos saludos! Me alegraría seguirte leyendo, así que espero con ansias tu próximo comentario, estaré esperando ansiosa! Besos. PD: Quiero recomendarte mi otro fic "Guerra de bandas" igual y le das una lectura al primer capi y si te gusta le sigues, sin olvidarte de dejarme tu opinión :3 Ahora sí, nos leemos en la próxima.
Y bueno, hasta ahora es todo de mi parte, espero sus opiniones del capítulo. ¡Gracias a todos los que la siguen! Son mi motor para seguir escribiendo.
Nos leemos en el siguiente, se les quiere muchísimo.
Lussyvr14
