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Por esta ocasión, no hay flashback.

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Capítulo 4: Aunque no quieras

"A veces, un rey tiene que hacer cosas terribles

con el fin de proteger a los que ha jurado para cuidar"

Cómo traicionar a un dragón. –Cressida Cowell

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Revisó el lugar como quince veces.

Quería que todo fuese perfecto para llevar a cabo ese momento tan esperado por él (y por vikingos, amigos y dragones que conocían a la no-pareja)

Había preparado el picnic, llevó pescado seco, un poco de hidromiel, no tan cargado, y en uno de los compartimentos de su pantalón guardó el collar que quería darle a Astrid, el mismo que adecuó en la isla de Escalofrío.

Revisó por dieciseisava vez que no faltara nada, tendió la manta y se sentó.

Su corazón latía mucho, tenía una sonrisa nerviosa, lo cual no entendió porque no era la primera vez que se quedarían solos.

Empezó a escuchar unos pasos, así que se levantó, se sacudió un poco el polvo y tomó una flor de tulipán que fue a recolectar a una isla cercana.

-Astrid, me da gusto que vinieras… -empezó a hablar, cuando su semblante decayó al notar que no era su rubia quien venía, sino su padre.

-¿Papá? ¿Qué haces aquí?

Stoick traía una sonrisa nostálgica, miró alrededor, como si reconociera ese lugar, y era claro que lo conocía, pues en esa cala él y Valka habían confesado lo mucho que se amaban cuando eran jóvenes.

-¿Tú qué haces aquí? Vengo una vez por semana ¿Conoces este lugar? –preguntó curioso.

-Sí, aquí es donde entrené a Toothless… pero, pero ese no es el punto, Astrid está por venir y la verdad es que…

-¿Astrid? –preguntó alzando una ceja, interesado.

-Sí, Astrid. –afirmó un poco incómodo, resoplando.

-¿Astrid? ¿Astrid? –preguntó con más entusiasmo.

-Sí, Astrid.

-¿Astrid Hofferson? –preguntó con emoción y en un hilo de voz, apretando sus puños, casi eufórico.

Hiccup se llevó las manos al rostro, desesperado.

-Sí, esa misma, la jinete de Stormfly. –rectificó como si fuera obvio, rodando los ojos, algo fastidiado.

Más claro no pudo ser.

-¿Y a qué viene?

Hiccup infló sus cachetes.

-Vamos a diseñar una estrategia de… -divagó.

-¿De besos? –preguntó impaciente, sentándose en la manta que Hiccup había puesto y comiendo un pan que había, haciendo enfurecer al castaño.

-No, papá esto es serio… por favor, tienes que irte ya. –Hiccup lo empujó un poco, pero el jefe aun no quería irse.

-¿Le vas a pedir que sea tu novia? –preguntó Stoick, emocionado, colocando sus gruesas manos en sus hombros. –Al menos fue lo que me dijiste la última vez que hablamos sobre ella.

Hiccup se rindió.

-Eso pretendo.

El jefe alzó los puños en algo, Toothless también celebró.

-Excelente, ahora sí. Ahora sí preparamos todo. –Stoick empezó a imaginar toda la playa de Freya adornada para celebrar el noviazgo y compromiso de su hijo.

-No, papá, ya te dije… deja que las cosas fluyan solas, por favor.

Stoick amaba a su hijo, por miles de razones, pero la primera es porque él le recordaba mucho a Valka, y esa cautela de mantenerse y dirigirse a una relación le hizo recordar muchas cosas de su esposa.

-Como tú digas, hijo.

El jefe le abrazó y caminó de espaldas, perdiéndose entre las sobras de los arbustos y el atardecer.

Hiccup resopló, incluso le había dado la noche libre a Toothless con tal de estar solo con Astrid. Se recostó en la manta, cruzó los brazos detrás de su cabeza para apoyarse en ellos y justo cuando empezó a ver las estrellas hermosas, algo más maravilloso se apareció enfrente de él.

-Astrid… -sonrió después de susurrar el nombre de la rubia.

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No tenía idea de cómo arreglarse.

Tenía un par de vestidos, pero creía que serían impropio, además que no se sentía cómoda con él.

Resopló y miró por la ventana. Se hacía tarde y había quedado de ir con Hiccup.

No pensó mucho, se puso sus medias, su falda de picos, y sus botas, se cambió la blusa celeste y se colocó la blusa roja que Hiccup le había dado, acomodó el fillet y su cabello en un trenza, salvo que ahora la dejó reposar en su hombro, en lugar que hacia atrás.

-Astrid, iré a lavar ropa, ¿quieres que te lave algo? –preguntó su tía, entrando a su habitación.

La rubia se sobresaltó un poco mientras se acomodaba sus mangas.

-¿Vas a salir? –preguntó la mujer, interesada por ver a su sobrina con algo de bochorno.

Hofferson asintió.

-Sí, iré con Hiccup.

La mujer abrió los ojos, emocionada, tanto que dejó de cargar las vestimentas que llevaba en una canasta.

-¿Van todos? –preguntó de nuevo.

Astrid sabía por dónde iba la conversación. Ella no le dejaba de recordar ni decir que formaban bonita pareja desde que los vio besarse cuando Hiccup despertó después del ataque de Muerte Roja.

-Es probable…

Gylda Hofferson gritó.

-¡No puedo creerlo! ¡Ya serán novios oficiales! –exclamó con emoción abrazando a su sobrina.

-Tía, tía, basta. –pidió, alejándose de ella, ruborizada. –No creo que pase nada de eso, sólo iremos a cenar y a pasear un rato.

Gylda gritó de nuevo tal como lo hizo cuando su amiga Valka le contó que ella y Stoick mantenían una relación secreta.

Astrid la miró rendida, su tía se creía casamentera.

La mujer la entretuvo un rato, porque en realidad no podía evitar que ella le anduviera preguntando cosas a cada rato, pero tras una breve plática la dejó en su choza, antes de hacerle jurar que no la iba a espiar.

Llegó al claro y con sigilo empezó a adentrarse, hasta que vio a Hiccup de espaldas, empezando a recostarse en una manta. Por un momento quiso ir y acurrucarse a su lado, pero sería impropio, la verdad es que ellos no eran nada. No tenían una relación, pero sabía que el término de "amigos" estaba muy subestimado a lo que en realidad eran, en especial del eso que se dieron después de que quedara ciega.

Se mordió el labio por un momento, pues en esos años no se había planteado firmemente ese cuetionamiento en su vida, ¿qué eran ellos dos?

Respiró profundo, fuese lo que fuesen, ella lo iba a descubrir esa misma noche.

Caminó lento, y se puso enfrente de él, agachó un poco la cabeza hasta que su rostro quedara por encima de su cabeza.

-Astrid. –él susurró sonriendo, para después incorporarse.

-¿Llegué tarde? –preguntó la rubia al ver que la manta estaba puesta.

-No, no, para nada… yo llegué muy temprano. –sinceró, haciéndose a un lado para que ella se sentara.

Ambos se miraron a los ojos y empezaron a hablar, hablar y a ser sinceros en casi todo.

Berk.

Técnicas de guerra.

Espadas.

Dragones.

Piruetas.

Opiniones.

Tanto y tan poco fueron los temas de conversación que los atrapaban y les hacían descubrir que lo único que querían era estar allí.

Conforme pasaron las pláticas, la ansiedad y la tranquilidad de disfrutar ese momento único y valioso, Hiccup empezó a acalorarse y a pensar en que debía preguntar de una vez por todas.

Se aclaró la garganta y dio un buen sorbo al sifón con hidromiel.

Tomó valor y apretó el dije que tenía en su mano.

-¿Para qué querías que nos viéramos hoy? –preguntó Astrid de manera espontánea.

El valor que Hiccup había reunido empezó a esfumarse, porque la verdad, ver a Astrid con esa trenza de lado, su flequillo tapando su rostro y siendo iluminada por la luna era asombroso para él.

Respiró muy hondo y le tomó las manos a Astrid, antes de ponerse de pie.

-La verdad es que he pensado mucho tiempo en esto y… y ya no quiero seguir posponiéndolo… yo…

El fuerte palpitar de Astrid empezó a incrementarse a cada palabra que Hiccup le decía.

Sentir sus manos era una sensación increíble, ahora que lo recordaba nunca las había sentido así, ¿quizá era la hora de abrir sus sentimientos?

¿Era la hora de esconder el miedo y darle alas al corazón?

Hiccup no era el repudiado de la aldea, y qué más daba, jamás lo fue de ella.

Y ella… ella ya no era la chica que sólo pensaba en pelear y defender a quienes quería. Ahora… ahora quería dejarse llevar por los sentimientos que había estado reprimiendo durante mucho tiempo, reprimidos por el por miedo, por inseguridad, por temor a los prejuicios… nada de eso le importaba, sólo Hiccup, sólo ella, sólo ese amor que sabía perfectamente era correspondido.

Ambos se apretaron las manos, Hiccup sujetó el dije y trató de decirle las palabras que había practicado tanto desde hacía tanto tiempo… "¿Quieres ser mi novia?"

Pero, de repente, su semblante esperanzador cambió. Recordó lo insignificante que se sentía, la gran chica que Astrid era y la maravillosa mujer en la que se iba a convertir. No se sintió digno de ella, así que sólo se rindió, de nuevo.

-Es porque, quería darte esto. –se separó un poco, abrió su mano y le extendió el collar que tan finamente había trabajado.

Hiccup sintió la mirada de decepción de la rubia, pero también vio su rostro que se iluminó ante el regalo.

-Sé que no es tu estilo, de hecho sé que no usas nada de joyería como esta baratija pero…

-Es perfecto… -susurró, acariciando el dije de las curvas entrelazadas.

-¿Te gusta? –preguntó un poco más animado.

-Sí, es muy hermoso. ¿Lo hiciste tú? –preguntó mientras lo extendía.

-Sí, el metal es inusual, es de oro burglar. Lo encontré en la isla deshabitada.

-¿Burglar? –preguntó interesada, como si alguna sensación se removiera con eso.

-Sí, es del oro más fino que existe en el archipiélago.

Astrid sonrió, halagada.

-Ya sabes, algo hermoso, para algo aún más hermoso. –dijo apenado. La rubia sonrió nerviosa, se giró y se puso de espaldas a Hiccup para que él le amarrara el broche del collar, finalmente para después admirar lo bello que relucía el dije sobre la piel de la rubia.

-Muchas gracias. –dijo sinceramente, tomándolo entre sus manos. -¿Y por qué me lo diste?

Hiccup se incomodó de nuevo.

-Es un regalo adelantado de cumpleaños. –mintió, sintiéndose mal por todo el valor que se le había esfumado de sus fuerzas.

-Aún faltan varios meses, pero gracias. –sinceró, atreviéndose a darle un beso en la mejilla.

Fue un beso rápido y casto pero que de igual forma despertó sentimientos en ellos y sobretodo los recuerdos, principalmente después del beso de hace unas semanas.

Después se miraron, estaban cerca y… escucharon un ruido.

-¿Qué fue eso? –preguntó Astrid, separándose de él.

Desde ese momento, ellos fueron irónicamente maldecidos para siempre ser interrumpidos cada que se ponía en modo romántico.

-Creo que suena como un ave a punto de parir… -opinó Astrid.

-O que la están matando. –siguió Hiccup, mirando a su alrededor, pero lo único a lo que llegó fue la conclusión de que ya estaba anocheciendo.

-Creo que… será mejor irnos, ya es tarde. –mencionó la rubia, colocando su flequillo detrás de la oreja.

El castaño asintió derrotado. –Sí, te acompañamos a tu casa.

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Cerca de esa cala, entre las sombras de los árboles, ocho ojos mirones estaban atentos.

-¿Me perdí de algo? –preguntó Snotlout, que recién llegaba después de terminar uno que otro pendiente con su padre.

-No, son aburridos. –se quejó Tuffnut, ya con el rostro entumecido por ver tanto a través del catalejo.

-Lo más cerca que estuvieron fue cuando Hiccup espantó una mosca. –informó Ruff, para después darle una mordida a su manzana.

-Creo que debemos dejarlos solos. –opinó Fishlegs. –Es algo suyo y no me gustaría que algo así me pasara a mí.

-Descuida, tú y Heather eran más aburridos. –garantizaron los gemelos, sorprendiendo al vikingo más sensato de los cuatro que había allí.

-Saben, esto me empieza a fastidiar porque… miren miren, miren. –pidió empezando a dar saltitos.

Los gemelos y Fishlesgs empezaron a observar por donde el vikingo le indicaba y vieron que Astrid le dio un beso en la mejilla para después ruborizarse.

-Ese es el momento, hay que crear una atmosfera. –ideó el gemelo.

-¿Qué? Déjenlos, están a punto de besarse. –retomó el regordete, señalándolos.

-No, hay que permitir que se adentren en la escena. –comentó Ruf, apoyando a su consanguíneo, empezando a sonreír por creer que leía la mente de ella.

-No sé de qué es, pero cuenten conmigo. –alentó Snotlout, aburrido de estar así.

A regañadientes, Fishlegs aceptó, pero lo seguía considerando innecesario. -¿Qué hacemos?

-Dah, hay que empezar. -suavemente Tuffnut empezó con aclarar su garganta y vocalizar o al menos pensó que eso hacía. —Shalalalalalala... -Y los demás vikingos se le quedaron viendo por la canción tan extraña que estaba inventando. —¿Qué pasó?, él no se atrevió, y no la besará.

Al menos el gemelo estaba cantando en un volumen bastante bajo, pues apenas se preparaba para su gran concierto, sin embargo su gemela no fue tan cuidadosa al iniciar a vocalizar.

— Ah ahahahaaaa... -ese sonido o mejor dicho ruido que aumentaba en antifonal, que los tres caballeros que estaban escondidos se taparon los oídos, como si alguna fibra dentro de ellos se hubiera roto por siempre.

-Cállate, si sigues así sólo arruinaras lo poco de valor que han adquirido en cuatro años. —opinó Snotlout poniendo su mano encima de los labios de la rubia, al menos sirvió para que la chica se detuviera, por lo que respiraron aliviados, inmediatamente fijaron su mirada en la pareja que estaba por oficializarse como novios, pero suspiraron rendidos de nuevo al darse cuenta que ellos estaban marchando.

El gemelo salió de entre los arbustos, se cruzó de brazos y se ajustó su yelmo. — Es hora de la fase dos, no les quede más remedio abrazarse y besarse como si no hubiese un mañana. —finalizó el gemelo, sin la intención de ceder a sus planes.

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Pocos días antes había acordado el matrimonio de su hermana Karena. También tenía a Heather, pero era obvio que no tomaría en cuenta a ella como parte de la línea sucesora, para el resto del archipiélago Heather estaba muerta o en su caso desaparecida después de haber quedado a la deriva. Él tendría un hijo, un heredero y le cedería toda la furia berserker, para eso ocupaba encontrar a una mujer que fuera lo suficientemente brava como para brindar a su legado una fortaleza fuerte, además de todo eso debía ser hermosa y de sangre, aunque una buena guerrera podría parecer bien.

Pero antes de eso debía ganarse a su pueblo, pues pese a todo su isla le tenía miedo, no lo respetaba.

Por eso le daba coraje Hiccup. Él ni se esforzaba y cualquiera en Berk estaba dispuesto a dar su vida con tal de que él estuviera bien.

¿Qué es lo que él tenía?

Tenía un padre, amigos, un dragón que le encantaba y… había algo más… sí, la rubia.

Dagur se mordía la lengua cada vez que veía a Hiccup y a Astrid juntos. Sí quería tener lo que Hiccup tenía no lo iba a buscar, lo iba a arrebatar, y lo primero en la lista era la bella rubia que vio bañarse en el lago días atrás. Cautelosamente esperó a que fuera de noche para entrar a la cabaña de la chica que le traía loco.

Vio a la tía, averiguó que se llama Gylda y preparó un plan, ese plan era infalible y si Astrid quería a su familia como a su dragona, la rubia sería la próxima mujer de él.

Dejó órdenes claras a todos los soldados que le iban a ayudar. Cuando estuvieron listos sonrió y se escabulló, hasta quedarse en las sombras de la choza esperando para iniciar.

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Por otra parte, Hiccup acompañó a Stormfly y a Astrid hasta su cabaña, una vez que estuvieron en su puerta, empezaron a despedir.

— Muchas gracias por la cena y también por el collar, no debiste molestarte tanto. –comentó la muchacha, un poco tímida mientras volvía a tomar el dije entre las manos.

— No fue nada. —mencionó el heredero, rascándose la cabeza por estar en un momento un poco incómodo.

-Ya es un poco tarde, creo que debo ir a la cama descansar, mañana es la clausura y creo que debemos estar listos. —se despidió la chica entrando choza después de haber dejado su dragona en el establo.

-Buenas noches, chico dragón. –bromeó un poco mientras cerraba la puerta y sólo se dejaba ver su rostro.

-Buenas noches, mi lady.

Cuando la puerta se cerró, Hiccup resopló por milésima vez ese día. No resultó como quería, aunque al menos le dio el collar.

-Ahora sí, Toothless, mañana le diré mis sentimientos.

El Furia Nocturna se despedía de Stormfly, pero rodó los ojos, eso mismo lo decía noche tras noche durante los últimos años, casi que le daba igual.

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Cuando Astrid llegó a su casa, su tía estaba en el comedor limpiado los utensilios que ocupó para cenar.

-¿Cómo te fue? –preguntó emocionada, olvidando la cena.

-Bien, supongo. –comentó, ocultando su sonrisa y su mirada embobada mientras dejaba su hacha colgando de uno de los estantes de la casa.

Ese tono ilusionado no pasó desapercibido por la mujer que mejor conocía a Astrid.

-¿Ya son novios? –preguntó Gylda, probablemente más emocionada que los gemelos y el resto de los jinetes.

Sin embargo, la rubia resopló.

-No, no creo que pasé. Sólo me dio un collar. –intentó calmar las emociones de su tía, pero fue todo lo contrario.

-¡A ver el collar! -exigió mientras se acercaba a ella.

Astrid le sonrió, se divertía ver a su tía tan alterada como si fuera joven otra vez.

-Es hermoso, Astrid… -musitó enternecida.

-Él lo hizo, dijo que con algo de oro que encontró en una isla deshabitada… oro burglar, creo. –dijo sin mucha importancia.

Cuando la muchacha dijo eso, Gylda dio un paso hacia atrás, mirando eso con nostalgia.

-Es el oro más puro que había en el archipiélago. –susurró llena de melancolía, pero por suerte Astrid no se percató de eso. –Es muy bonito y excelentemente trabajado, creo que te dirá que seas su novia muy pronto. No cualquiera regala joyería.

La mujer seguía hablando, pero poco a poco fue perdiendo fuerzas.

-¿Te sientes bien? –preguntó Astrid al notar que empezaba a marearse y necesitaba recargarse en algo.

-Sí, hija sí…. –pero no fue así, Hofferson a penas y se sentó en la silla del comedor y dejó su rostro sobre la mesa.

-¡Tía! –gritó asustada, acercándose a ella, zarandeándola.

La rubia rápidamente empezó a asustarse. La levantó de prisa y checó su pulso y respiración.

-Despierta, por favor. –rogó dando unas palmadas en sus mejillas, pero nada de eso pasaba. –No me dejes, tú no.

-¡Qué dramática eres Hofferson! –se escuchó la despreciativa voz de Dagur. –Sólo es un té para dormir.

Astrid soltó momentáneamente a su tía y se colocó frente a ella.

-Dagur, aléjate, no le hagas daño a ella.

El desquiciado sonrió victorioso.

-Bueno, rubia… eso depende de ti. Empezaré con tu tía, pero pueden seguir los jinetes, tu dragona, Berk… Hiccup. –enumeró lentamente para ver las reacciones de la chica, y efectivamente abrir los azules ojos cada vez que mencionaba a alguien.

-¿Qué es lo que quieres? –mascullo, apuntándole con los puños.

Dagur sonrió, disfrutaría eso, apretó la bolsita de polvo de esclavos en su mano y la preparó.

-A ti, te quiero a ti.

La respiración de Astrid empezó a incrementarse.

-No me vas a chantajear. No caigo tan fácilmente en esos juegos. Puedo hacer un escándalo justo ahora y todo Berk vendría a ayudar.

-Yo creo que sí, y te lo demostraré.

Astrid intentaba llegar a su hacha para empezar a atacar, sin embargo el berserker se acercó a la rubia, le tomó del cabello y pegó su mano a su rostro, embarrándole el polvo y provocando que lo inhalara para que fuera sometida.

La rubia intentó defenderse, pero entraron otros soldados de Dagur, quienes la sujetaron, dejando al jefe acabar con el trabajo.

-Suéltenme, no tienen idea con quién se están metiendo. –reclamó la rubia, luchando con todas sus fuerzas.

-Sí lo sé, y tú tampoco, ahora, deja de luchar. Si intentas algo más, tu tía será decapitada ahora mismo. –ordenó el hermano de su amiga Heather mientras un soldado colocaba su espada en el cuello de la mujer adormilada.

Dagur seguiría con el plan que había diseñado: arrebatarle todo a Hiccup.

Lamentablemente, el polvo empezó a causar efecto, la chica cedió a los forcejeos que le hacían y a pesar de que con todas sus fuerzas quería, sentía que ya no podía tomar decisiones firmes.

Se le nubló la vista y empezó a ceder a pesar de saber que no debía.

-¿Qué… qué me estás poniendo?

El desquiciado carcajeó, solo colocándole un trapo sobre la cara para que hiciera más presión en la nariz y boca, al grado de opacar cualquier racionalidad de la rubia.

Dagur el desquiciado jamás se sintió mejor que en ese momento. Ahora podía utilizar a Astrid para desestabilizar a todo Berk, pero especialmente a Hiccup.

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Notas de la autora:

Bueno, a partir del próximo capitulo el corazón de nuestros chicos se empieza a partir poco a poco, será difícil para ellos y espero que con la información que vaya proporcionando ustedes puedan hilar los hechos en Cómo Escuchar a tu Corazón y Justo a Tiempo

Muchas gracias a quienes se han tomado la molestia dejar un review, no saben lo que me anima a escribir

Gracias por leer

Dios los bendiga

**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 3 de febrero de 2018