SUERTE IV

-Hechicera encantadora-

BeyBlade

-X-

Todavía no podía creer que estaba sentado en un avión con rumbo a Japón todo por que una extraña mujer con finta de demente le dijo que ella estaba en peligro. Vamos que el es Kai Hiwatari y no cree en esas cosas, bueno el no creía en esas tonterías, pero el mismo tenia la sensación de que en realidad algo andaba mal con ella.

Tal vez era lo que la gente llamaba un presentimiento, no estaba seguro realmente era mas bien como una sensación de vacio en el estomago y una pesadez en el pecho… una extraña e incomoda sensación.

Pero estaba confundido, sabia que ella era su amiga, era importante en su vida, era especial para el, su mejor amiga… pero no podía evitar pensar en que Tala era su mejor amigo también y el no reaccionaria igual en esa situación, una parte de el le decía que era solo por que ella era una chica y que por eso sentía la necesidad de protegerla pero la otra le decía que era mejor que aceptara de una vez que estaba enamorado.

Sabia que aun que sonara descabellado era verdad, desde que había llegado a Rusia no había hecho nada más que extrañarla, sus ojos, su sonrisa, su voz, incluso echaba de menos los momentos en los que se sentaban uno junto al otro en silencio. Cada día marcaba su numero telefónico y se arrepentía en el ultimo minuto por que sabia en el fondo que si escuchaba su voz volvería inmediatamente de vuelta a su lado. Era un idiota enamorado.

No podía negarlo si incluso Tala lo sabía, vamos que no es que fuera muy discreto, ignoraba a todas las mujeres que se le acercaban con frialdad e incluso en ocasiones con crueldad pero no podía estar lejos de ella, no intentaba apartarla de el si lo tocaba e incluso mas de una vez la dejo abrazarlo y en una ocasión la dejo llorar en su hombro.

No podía negar que esa chica lo tenia hechizado, pero no era la clase de hechizos tontos que hacen las brujas charlatanas en televisión o en los carnavales, esa chica lo hechizo solo con su sonrisa y su mirada… se maldijo a si mismo mil veces por ser tan jodidamente cursi en sus pensamientos y culpo de su estupidez a esa loca mujer que lo abordo en la Plaza Roja llenando su cabeza de tonterías.

Miro el amuleto una vez mas, sonrió irónico al pensar en que una hechicera como Hiromi necesitara un amuleto protector.