Capítulo 4; {Misterios de White}
Lo único que recordaba con claridad de ese primer día, es que despertó en una sala blanca, con las luces molestando su vista. Muchas personas con batas blancas la miraban, como si fuese un objeto. Después, una joven de cabello castaño le sonrió, tiró de ella fuera de la cama en que estaba recostada, le dio un uniforme que vestir y se presentó.
—Mucho gusto en conocerte Mouri Ran —dijo, ella, al igual que el resto de los ahí presentes usaba bata blanca, pulcra, tanto que sus ojos dolían como si mirase un foco de luz encendido —Soy Miyano Shiho, la líder de los White. —no entendía que decía, porque ella no la conocía ni mucho menos al lugar del que se presentaba líder—Desde hoy, trabajarás para mí.
Eso llevo haciendo más de cinco años.
Abrió sus ojos, encontrándose con el oscuro techo. Su cuerpo vestía lo más ligero de un traje de baño, el agua cálida la mantenía relajada. Sus recuerdos la habían interrumpido y ahora salía de la piscina. Miró atrás, encontrándose con su líder, Kuroba Kaito, flotando sobre la deliciosa agua, casi dormido. Así como ella segundos antes. Quería disfrutar de su tiempo libre, hace mucho que no lo tenía, pero su mente se enfocaba en recordarle los días en que despertó. Ran no recordaba absolutamente nada de su infancia, ni de su adolescencia, sólo puede recordar a partir del día en que todos la miraban. Ni siquiera sabía quiénes son sus padres, pero después están esos; los que no la dejan dormir, aquellos recuerdos con rostros que no reconoce, palabras que no entiende y la sensación de abandono.
Esto lleva pasándole aún con más frecuencia desde que Kudou Shinichi apareció en su vida. Además, una pregunta suele asomarse siempre en sus pensamientos.
¿Acabó la guerra en realidad?
Hay algo en ella que le dice que no se confíe. No dedujo de dónde es que viene, pero se sentía desconfiada incluso estando en las instalaciones de los White. Un mal sabor en su boca está advirtiéndole que se cuide. Además, la forma en que acabaron con los Close es sospechosa, no puede ser que simplemente se retirasen, ¿A dónde habrán ido? Nada tiene sentido, por lo que continúa siendo cautelosa.
Al parecer Kuroba Kaito también lo había notado.
Se retira a su habitación, dejando atrás a su molesto líder.
Frente a su escritorio está una cama, donde reposa Shinichi Kudou. Ella lo mira con atención, tratando de inspeccionarlo. ¿Cómo hará que se cumpla su capricho? ¿Cómo hará que Kudou no se entere de nada mientras se le utiliza para acabar definitivamente con la guerra? ¿Lo reprograma o le cuenta todo? Shiho suspiró, llegando a su límite. Está realmente confundida y no hace más que recordarse la crueldad de los Close, convenciéndose de que la decisión que tomará es la mejor para las futuras generaciones. Ni ella misma se lo cree, pero quizá sea lo que ayude al futuro para que cuando sea intentando esto nuevamente, no sucedan los mismos errores que con el System Center.
Recordó las cosas que había hecho a lo largo de su vida. A experimentado tantas veces con la gente que incluso ella es despiadada. Todo es por una buena causa. Trató de convencerse, para no caer en la locura, pero comienza a resultar imposible. Ya había caído en ella.
Una risa, casi haciéndose maniática, es la que la vuelve loca, mientras farfulla y bufa. Aun tratando por todos los medios, no encuentra otra solución, pero sus dientes se aprietan fuerte sobre su lengua, haciéndola sangrar, porque sabe que ella será tan despiadada y cruel como han sido los Close hasta ahora.
Bueno, perdió. De todas formas, tener el título de líder significa hacer algunas cosas que no se quiere por bien del resto. Solo es una excusa. Se enteró de ello, pero nada más puede hacer al respecto.
Shinichi despertó interrumpiendo su debate mental, su pálido rostro hizo contraste con sus brillantes ojos azules, más su uniforme negro del ejército rebelde. Ese aspecto débil era opacado por la sensación de rebeldía que daba la polera rasgada, los pantalones ajustados y ese montón de vendas que rodeaban sus brazos y muñecas. Shiho se lamió los labios, luciendo su rostro más inocente.
—¿Ya ha despertado, System Center? —le preguntó, levantándose de la silla para dirigirse hasta la cama, donde el confundido muchacho sujetaba su cabeza, en un intento de retener el intenso dolor.
—Miyano Shiho —los tres puntos de pómulo derecho brillan, titilando mientras Shinichi parece analizar los movimientos de la científica.
—La misma, Kudou Shinichi —asintió, con una sonrisa maliciosa. Lo que está a punto de hacer podría resultar mal, es alguien que ha vivido analizando datos, relacionando, todo depende de cuanta humanidad quede en Kudou. —¿Sabes por qué has sido traído aquí?
—Imagino que sí. —suspiró, pesado mientras su cabeza se ladeaba, una sonrisa de burla apareció en sus labios. —Soy el culpable de una guerra que el Sistema jamás registró, que quizá se deba al soborno a líderes de región, finalmente, he sido manipulado por quizá cuantos años —se encoje de hombros —¿Por cuántos crímenes más me culparás? ¿Piensas terminar conmigo frente a los sobrevivientes, para levantar otro régimen? Cada régimen que se ha instaurado después de las Grandes Guerras ha terminado en esto.
—No puedo terminar contigo —el rostro de Shiho cobra seriedad —Tú ni siquiera recuerdas tu verdadera vida como Kudou Shinichi ¿no es así? —preguntó, mientras que el muchacho la miró con duda. ¿Qué tenía que ver? —¿Lo ves? Nadie de los despertados de la época pueden hacerlo, hemos arrancando cada recuerdo de ese momento, para que nadie sea capaz de crear más computadoras como lo fuiste tú. —proclamó, sintiéndose orgullosa de recordar cómo fueron manipulados las memorias de todos los que actualmente despertados ahora trabajan para White.
—En eso tienes razón, pero yo, a diferencia del resto de tus peones despertados, no puedo ser simplemente quitado del camino y no has sido tú quién me quitó la memoria; la perdí voluntariamente —declaró, su voz era burlesca, aquel tinte peligroso que pintaba mal en alguien tan poderoso como Kudou —Luzco débil. He pasado muchos años encerrado en una cápsula y la mitad de mi identidad es una computadora, por eso, nadie puede acabarme. ¿Qué piensas hacer? ¿Me usarás para castigar a los culpables? ¿O manipularás mi parte tecnológica para servirte, así como me manipularon los supuestos Close?
Shiho mordió su labio inferior. El saber de Kudou como si fuese un libro abierto no le servía absolutamente nada, Shinichi ya había considerado todas las posibilidades.
—No lo sé —confiesa Miyano, decepcionada. Quizá ha olvidado suficiente de su humanidad, pero la tecnología implantada en él es de primera clase, los chips de información y la modificación de funcionamiento en su sistemas orgánicos lo han transformado. Aún sin estar conectado a numerosas computadoras, no pierde los implantes.
—Entonces, ¿Para qué soy necesario? —cuestionó con más tranquilidad, mirándola con atención. Es una joven bella, pero no siente suficiente confianza con la cercanía.
—Te lo diré —Shiho vuelve tras su escritorio, sentándose en este. Hace un ademán a Shinichi para que tome asiento frente a ella —Los Close no han sido exterminados ni retenidos, si no que han huido —informa, mientras extiende una carpeta a Kudou, de título; Principios de la Guerra. —En esa carpeta están todos los crímenes y lo suficiente para inculpar a todos los Close, pero están reagrupándose. Envíe a mis agentes Hattori, Toyama y Haneda a investigar la posición actual y me han traído resultados concluyentes. Han podido descubrir cinco bases, una de las cuáles tiene a importantes cercanos al líder que ocupaban cargos en el Sistema de Gobernación. Tú eres la computadora origen de gobierno y tendrás que servirnos para terminar esto de una vez por todas.
—¿Qué te hace creer que ayudaré a la destrucción masiva? —intuyó Shinichi, con una media sonrisa.
—Eres el responsable. —extiende con simpleza, encogiéndose de hombros —Además, ¿recuerdas a tu mejor amiga, a tu pareja, a tus padres? —comenzó a provocarlo, recordándose a ella misma las personas que poseían esos títulos en la vida de Kudou —¿Sabes que quizá están todos en este edificio, y que a todos arrebatamos esos recuerdos?
Shinichi se muerde la lengua. Sabe que de amigos tuvo, sus padres también, aunque no recuerda a ninguno, pero ¿También tenía pareja? ¿A cuántas cosas renunció a cambio de nada?
—¿Tuve pareja? —su voz sonó en aullido. Su mente le proporcionó algo doloroso, no un recuerdo, sino más bien el sentir como manos recorrían su cuerpo, acariciándolo.
—Sí —responde Miyano —Una bastante sorprendente, a decir verdad. Te sorprenderías de tus propios gustos —comunica risueña —Shinichi, dejémoslo. Yo no puedo devolverles los recuerdos a todos, por mucho que quiera. No antes de acabar con esto, de darles la seguridad que perdieron. Ya viste tú que el Sistema para él que te programaron no fue el mejor, porque causó que los más aprovechados se aburrieron de ello y engañaron a todos. ¿Qué harás? ¿Cuál crees tú que es la mejor solución? —le preguntó con desespero, cayendo en cuenta de que no servirá engañarlo.
—Analizar. Reconstruir un sistema parecido, pero dándole beneficios suficientes para que no caigan únicamente en el trabajo, si no que tengan ocio y la humanidad naturalmente egoísta no caiga otra vez en engañar al resto para aprovecharse de ellos —pronunció, tratando de responder con una respuesta lógica. —Para ello, los Close deben ser puestos en su lugar y ser enseñados.
—Así es. Por mucho que los dejemos, al estar ellos libres nada nos asegura seguridad, entonces, nuestra sociedad tiene base débil.
—Con base débil —continua Shinichi —La sociedad durará menos que cualquiera y la paz no podrá decirse duradera ni por diez años, que podrán invertirse para los Close en recuperarse y tomar de nuevo el dominio —acabó suspirando —Básicamente, esto no ha terminado.
—Exacto. —Shiho también suspira, cansada. Han pasado muchos años y continua con esto, que necesita acabar de una vez—Lo diré de mejor forma; Te necesito. Has sido la cara de la sociedad y no se puede reemplazarte, pero necesito que el respeto por ti vuelva, que la gente sepa que solo fuiste manipulado y que puede cambiar —comunicó, un poco abatida —Aunque no pretendo a que vuelvas a tus funciones normales, es hora de que vivas como un humano normal.
Shinichi extiende una sonrisa, que muestra su agradecimiento ante esa idea —Te ayudaré mientras no me traiciones, Miyano Shiho. —declaró, extendiendo su mano.
—Trataré de no hacerlo, ya es hora de que la sociedad se restaure, y le debo recuerdos a mucha gente aún —dijo, con tono cansado mientras sonríe estrechándole la mano.
—Hablando de eso —el dedo índice de Shinichi acaricia su mejilla —Quiero que devuelvas todos mis recuerdos y de la gente que tuvo que ver con el proyecto de Inicio.
—¿Sabes qué es peligroso, no? —Miyano le recuerda, sabiendo que hay alguna que podrá causar problemas si sabe lo suficiente como para imitar un Sistema Central.
—No lo es —aclaró Shinichi —Los científicos que construyeron el proyecto original y las secuelas destruyeron toda fórmula posible, algunos no dejaron que se les durmiera y vivieron una vida normal hasta llegarles la hora, los que están metidos en cápsulas no han sido despertados, creo en realidad que has sido lo suficientemente cuidadosa como para elegir meticulosamente a quién despertarías. —dijo risueño.
—No me halagues —murmura, mientras se voltea a verlo debutante —pero sí, al menos los que quedaron a mi cargo los he elegido con cuidado, pero yo no tengo ni siquiera la mitad de los que fueron puestos a dormir. Los que han llegado hasta mis manos, he tratado de retener sus recuerdos, pero eso no evita que el cerebro los fuerce, y que poco a poco recuperen sus conocimientos antiguos. Un ejemplo de eso eres tú. Te arrebataron todos los recuerdos, pero tú mente crea las imágenes que te van haciendo armar el rompecabezas perdido, ¿no es así?
—Sí, tienes razón. —aceptó el muchacho, los puntos sobre su pómulo vuelven a brillar —pero se los entregarás. Además, ¿quién aparte de mí en este Edificio es de esa época?
—Yo —levanta la mano, anunciándose a sí misma la científica —pero no estoy dispuesta a decirte el resto de relacionados que tienen que ver contigo, cómo lo son la mayoría de los despertados en este Edificio.
—¿Qué? ¿En este edificio hay más relacionados conmigo? —su voz se oye rasposa.
—Sí, incluso tu antigua pareja —sonríe maliciosa —pero serán mis recompensas para ti mientras me ayudes. Al final de esto, todos recordarán, ¿A qué es buena motivación?
—Eres la peor, ¿Te lo habían dicho? —Shinichi murmuró con cierto rencor.
—Claro que sí, aprenderás a quererme —sonrió burlona, mientras abría la puerta del laboratorio, saliendo de él —Estás a cargo de Kuroba Kaito, espero disfrutes tu estadía con los White.
Y desaparece.
Shinichi bufó molesto mientras observó cómo segundos después, apareció la admirable figura de Kaito, quién estaba mojado, con la camiseta negra pegándosele al cuerpo. La vista, tan sensual viniendo del líder molesto aquel lo hizo sonrojar, recriminándose su ingenuidad al mostrar esa actitud infantil.
—Espero no te moleste dormir conmigo. Las habitaciones están abarrotadas, así que dormirás en la habitación privada conmigo —le informó, acercándose hasta Shinichi para rodearle los hombros, sonriendo —Mientras, podemos disfrutar de las ventajas de experimentos extraños en este edificio, ¿qué te parece?
Shinichi asintió, mientras Kaito le tomó la mano, arrastrándolo hasta el ascensor. Recorrieron el interior de las instalaciones hasta hallarse en el sótano, lugar donde Shiho guardaba muchos de los experimentos que se llevaban desarrollando hace años, incluyendo armas de alto alcance que tan solo fueran aturdidoras. Habían trabajado años llevando a cabo proyectos que Kaito había olvidado incluso para que servían. Se adentraron al pasillo, repleto de puertas blancas que en letra negra anunciaban el nombre del experimento al que pertenecían.
Mientras recorrían el pasillo, a Shinichi le llamó la atención cierta habitación al final de uno de los tantos pasillos, con el título clave Experimento 0001 "Dreamers". Miró de reojo a Kuroba, quién negó con la cabeza, arrastrándolo al otro lado del pasillo, metiéndolo al Experimento 0251 "Jump". Kaito se metió a la habitación vacía, donde reposaban un montón de ordenadores y zapatillas negras de numerosos tipos de metales y géneros. El líder tomó un par de ellas, metiéndose a una de las cámaras del interior.
—Shiho intentó por mucho implementar estas, pero no le funcionaban ni eran de confianza fuera de las instalaciones, así que dejó en reposo este proyecto —explicó, mientras comenzaba a dar saltos por toda la estancia, como si la gravedad no existiese ahí dentro.
Shinichi reía viéndolo divertirse.
Kaito pensó en esa tierna sonrisa. ¡¿Por qué debía parecerle tierna?! Se sonrojó, estrellándose contra el suelo gracias a su distracción.
