Pacto peligroso.
Capítulo 4
Me levanté de golpe de la cama, alterado. No podía creer lo que había escuchado. Miré a mi alrededor. Solo tenía un poco de luz que conseguía filtrarse a través de las cortinas de mi ventana.
Por un momento, me sentí relajado de no encontrar a la chica monstruo cerca de mí, o por lo menos de no verla.
Respiré profundamente intentando calmarme para solucionar mi problema, cuando de pronto la puerta de mi habitación se abrió lentamente. Era mi mamá.
–Hijo, estás despierto –dijo con voz preocupada–. te encuentras bien? Tus nuevos amigos ya me dijeron lo que pasó.
–No les creas eso, mamá. Ellos están confundidos, yo solo estaba... bromeando, no es nada, no fue nada –mentí. Tenía la esperanza de que me creyera y que me diera otra oportunidad antes de mandarme al siquiátrico o con un sicólogo.
–Está bien, bebé. Te observaré yo misma un poco para descartar todo. De todas formas necesitar la ayuda de un siquiatra o un sicólogo no es malo, recuerda eso.
–Está bien, pero no quiero que te tomes molestias innecesarias solo por mis bromas —dije agachando la cabeza para enfatizar mis palabras–. Es más, iré a pedir disculpas a mis nuevos amigos por el susto que les hice pasar. ¿Sabes dónde vive Kendall?
Aquí anoté el número de su casa —me dijo mi mamá dándome un pedazo de hoja.
Llamé a Kendall desde el número fijo de mi casa, por suerte fue él quien me respondió. Le dije que si podía ir a visitarlos para hablar con ellos y como respuesta él me dio su dirección que anoté al reverso del pedazo de hoja. Tenía suerte, no estaba tan lejos de mi casa. Cortamos en seguida.
Iré ahorita mismo a casa de Kendall –le dije a mi mamá mientras ponía el teléfono en su lugar.
De acuerdo, pero no te tardes porque ya casi va a ser hora de cenar —respondió ella mientras yo ya había comenzado a alistarme para salir.
Me puse un suéter, me lavé la cara, me acomodé el peinado y a los cinco minutos ya estaba caminando en la calle mientras el atardecer de Minnesota se comenzaba a vislumbrar.
Al llegar toqué el timbre y en seguida una niña pequeña me abrió la puerta.
–Hola, soy Carlos —la saludé–. ¿Aquí vive Kendall?
–¡Te buscan, hermano mayor! —dijo la niña alzando la voz–. Y hola, yo soy Catie.
–Es un gusto.
–¡Lo mismo digo!
Kendall llegó hasta nosotros y sonrió amablemente.
–¡Hola, Carlos! pasa, aquí en la sala están Logan y James.
Pasé mirando a mi alrededor, era una casa muy bonita Con las paredes adornadas de fotos familiares en todas partes.
En la sala solo había un comedor para 8 personas, el centro de entretenimiento y un sofá donde se encontraban Logan y James sentados, estaban conversando.
—¡Chicos, miren quién vino! —Exclamó Kendall con alegría ni bien nos acercamos.
—Ah, hola Carlos —me saludaron Logan y James.
—Qué bueno que viniste —dijo Logan.
—Hola chicos. Y si, aquí estoy —sonreí—. ¿Qué hacen?
—Conversábamos sobre el partido de hokey de la tarde, mira que los otros chicos se enojaron mucho por haber perdido! —respondió Kendall con orgullo.
Estaba a punto de sonreír contagiado por su alegría, pero de pronto, la sentí. Su presencia, era evidente para mí que se hallaba entre nosotros. Solo que ahora no la podía ver, y eso me asustaba. Quién sabe que intenciones tendría conmigo. En ese momento, decidí ir directo al grano. No quería correr el riesgo de que otra vez me hiciera comportarme extraño, a pesar de que, inevitablemente, se me había puesto la piel de gallina.
—Chicos, en verdad lo siento mucho por lo de hace un rato —dije sin sentirlo en realidad—. No sé qué me pasó, creo que me sugestioné un poco. Es que ayer vi una película de terror y pues... ya saben.
—¡Ah! ¿Así que fue eso? —Dijo Kendall un poco serio. Luego sonrió de nuevo—. No te preocupes, a todos nos pasa alguna vez. Aquí el más miedoso es James.
—Claro que no —negó el recién nombrado.
—Y el más escéptico es Logan —Continuó Kendall.
—Bueno pues yo pienso que ahora Carlos le va a quitar el lugar de miedoso a James —dijo Logan con una sonrisa leve en el rostro.
Sonreí de igual manera, sin molestarme en discutir la idea. Prefería que me creyeran miedoso a loco.
—Bueno chicos, me tengo que ir —dije poniéndome de pie—. Mi mamá quiere que esté en casa para la hora de la cena.
—¿No quieres quedarte a cenar con nosotros? ¡Será divertido! —sugirió Kendall.
—Hmm...
—Hazlo, Carlitos. Así puedo conocerlos mejor y planear su muerte.
Me sobresalté al escuchar otra vez esa horrible voz y miré a todas partes con el miedo reflejado en mis pupilas.
—¿Carlos estás bien? —preguntó Logan.
—¿Entonces, qué dices? —preguntó Kendall al mismo tiempo.
—Si si.
—Sí estás bien o sí te vas a quedar? —dijo James.
—Si a ambas cosas —respondí respirando profundamente para calmarme. Deseaba irme, pero no quería ganarme otro enfado de la chica monstruo y hacer un numerito en casa de Kendall.
—¡Genial, le avisaré a mi mamá! —Exclamó Kendall y fue hacia la cocina.
En la sala, nos quedamos en silencio. Yo ya me encontraba más relajado pero aun así sentía que algo estaba mal.
Las ventanas de la sala estaban abiertas, el viento de afuera mecía las cortinas con lentitud. De repente, todo estaba en calma y en silencio. Desde la cocina se escuchaban algunos sonidos de voces y el rose de los cubiertos. Yo me volví a sentar en el sillón junto a Logan, quien se encontraba absorto en sus pensamientos. James se miraba al espejo con vanidad.
De pronto, James soltó un grito de dolor rompiendo el silencio. Logan y yo volteamos a verlo, el espejo estaba roto entre sus manos y los vidrios estaban enterrados en sus dedos y en sus palmas.
—¿Por qué hiciste eso?
—¡Yo no hice nada, el espejo se rompió o explotó de pronto! ¡Era mi espejo de la suerte! —Respondió James con algunas lágrimas en sus ojos mientras Logan iba a la cocina.
En ese momento comencé a temblar. Era ella. Yo lo sabía. Y no se los podía decir.
Kendall salió de la cocina y echó a correr escaleras arriba, y en seguida bajaba con el botiquín de primeros auxilios en sus manos. Iba de prisa, y en el último escalón tropezó y se dio de bruces contra el piso.
Catie acudió en su ayuda.
—¿Estás bien? ¡Tonto! ¡Fíjate por donde pisas! —le dijo mientras le ofrecía la mano. Kendall la tomó.
—Si... estoy bien —dijo Kendall mientras se levantaba y su mamá entraba en la sala con las tazas de té en las manos.
—¿Qué pasó? —preguntó alarmada.
—Sentí que alguien me puso el pie en el penúltimo escalón —explicó Kendall, alterado—. Pero aquí no había nadie.
La mamá de Kendall se puso a inspeccionar a su hijo en silencio a pesar de que Kendall le repitiera que estaba bien varias veces. Todos estaban impresionados por lo que había pasado en tan solo dos minutos. Yo me acerqué a Kendall y a su familia.
—Con su permiso —dije tomando el botiquín y acercándome a James con las piernas algo temblorosas. Abrí el botiquín y Logan tomó lo necesario para curar a James, después trabajó en silencio.
Retiró los vidrios con cuidado, limpió las heridas y puso una venda en sus manos con total soltura. Yo lo observé atentamente.
—daña al chico genio —me ordenó la voz.
Negué con la cabeza.
—¡que lo hagas! —levantó la voz y se hizo visible.
mirándome a los ojos. Retrocedí horrorizado. Cada vez que eso pasaba, sentía como si ella pudiera hipnotizarme y apoderarse de todas mis acciones, y el simple hecho de sospechar que de verdad pudiera hacerlo me atemorizaba.
Miré hacia otra parte, con ganas de desaparecer.
—¿Carlos?
Voltee a verla de nuevo.
—Hazlo o tu mamá tendrá un accidente en la cocina que le dejará quemaduras de tercer grado en la cara. Y por tu culpa —amenazó con fiereza.
En ese momento me sentí perdido. Tenía que hacerlo por el bien de mi mamá. Pero no quería. consideré por unos minutos las posibilidades. 'Y si en realidad solo lo decía para manipularme, y en realidad no tenía tal poder?
—Carlos, tienes tres para obedecerme.
Comencé a temblar.
—¡Uno!
Dios... no era justo, por qué a mí?
—¡Dos!
Oh no... mi mamá. ¿Cómo lo daño? ¡Vamos, piensa!
¡Tres!
Tomé un pedazo grande de vidrio y se lo enterré en la mano. Me sentí culpable.
Logan lanzó un gran grito y retiró la mano con brusquedad.
—Lo siento... —dije con sinceridad—. Yo solo quería ayudarte a quitar estos vidrios —mentí.
—¡qué torpe eres, Carlos! —Dijo Logan dolorido y comenzó a curarse a sí mismo.
Minutos después, la cena comenzó. Antes de comer pedí permiso para usar el teléfono, tenía que llamar a mi mamá para ver que estuviera bien.
—¿Cómo estás? ¿NO te pasó nada? —le pregunté a mi mamá através del
auricular.
—Todo está bien, Carlitos. ¿Por qué la pregunta? ¿Dónde estás?
—Ah, solo... curiosidad. Estoy en casa de Kendall, me invitaron a cenar.
—No te tardes tanto, no me gusta saber que estás fuera en la noche.
—De acuerdo.
Después de terminar la llamada, todos comimos en total calma y silencio. No había ni siquiera una leve sonrisa y nadie hablaba a menos de que fuera necesario.
Logan, frente a mí, no paraba de mirarme al igual que la mamá de Kendall, quien ni siquiera se había presentado.
Ya me estaba terminando mi cena, la cual eran panqueques con fruta, cuando la escuché de nuevo.
—Definitivamente te falta mucho para poder matar a alguien. Pero no te preocupes, lo lograré.
Comencé a ahogarme de la impresión. ¡Era enserio, era cierto! ¡Me convertiría en un asesino!
James, qgue estaba sentado a mi izquierda, me dio golpecitos en la espalda, y después de tomar un poco de agua, estuve mejor.
Me despedí de todos en seguida que terminé mi cena y recogí mis platos. Agradecí a Kendall la invitación, felicité a su mamá por su deliciosa comida y caminé hacia la puerta. Logan me siguió a unos pasos.
Abrí la puerta y salí.
Yo no me trago eso de que querías ayudarme a recoger los vidrios —me dijo antes de que me fuera—. Estoy seguro de que te traes algo entre manos.
Cerré la puerta y me quedé congelado en ese sitio. Logan sospechaba. Logan me iba a descubrir.
