Porque Ron también puede tener la razón
Finale Parte 2: Porque Ron también puede tener la razón
En el momento cuando la puerta de su oficina se abrió de par en par y un Harry Potter entró, Ron supo que había pasado algo mal. Con sus ojos lo estudió cautelosamente, sintiendo como sus alarmas mentales se encendían al verlo a punto de quebrarse.
Sigilosamente se levantó, rodeó su escritorio y caminó hacia él. Normalmente cuando Harry se ponía sentimental Hermione era la que lidiaba con él simplemente porque Ron no tenía el tacto gentil que su castaña amiga tenía.
Pero ésta vez era diferente, porque la causa de que el pelinegro se encontrara a punto de un colapso emocional era ella, la única que sabía qué teclas tocar para calmarlo. Tragó saliva, asustado e incómodo de encontrarse en una posición como esa.
-Harry…- El ojiverde levantó una mano y respiró profundo justo cuando el brillo que sólo las lágrimas podrían darle a los ojos aparecían en los de él. Maldición, pensó Ron, va a llorar.
-Tenías razón, Ron. En todo…- Le temblaba la voz. Harry carraspeó, contando con que ello le mejoraría la proyección de su voz –Pero ella me rechazó
Ron cerró sus ojos y negó con la cabeza. ¿Cómo no se lo había imaginado? Volvió a abrirlos y observó a su mejor amigo que lo miraba fijamente. El muchacho se encogió de hombros con la mandíbula temblando, intentando no llorar. El que Ron no fuera una persona muy emocional no quería decir que no entendiera lo que su mejor amigo estaba pasando y lo que necesitaba, así que se apresuró y lo abrazó.
Al principio Harry intentó zafarse, pero luego de unos segundos fue como si ese abrazo le diera rienda suelta a todo su dolor contenido, puesto que Ron lo escuchó sollozar por unos momentos.
-La perdí, Ron. La he perdido- murmuraba sin parar. El corazón del pelirrojo se encogía con cada segundo que pasaba con él. Era absurdo, ¿Hermione siendo la más inteligente del grupo no se había dado cuenta? Sólo era cuestión de tiempo, quiso pensar. Ella no era tonta, se daría cuenta de las señales, justo como Harry había hecho… sólo necesitaba un pequeño empujón.
Se separó de su amigo y lo llevó hasta un pequeño sofá, haciéndolo sentarse mientras éste seguía lamentándose.
-No debí decir nada, por Merlín…- susurró el muchacho. Ron negó con la cabeza.
-No, Harry, está bien que lo hiciste- contestó –Tal vez sólo la tomó de sorpresa, cuando piense en ello con la cabeza despejada… ella regresará a ti, Harry.
-No la viste. Estaba aterrada…
-Harry…- Ron respiró hondo antes de continuar –Para conocer a Hermione mejor que nadie pareces muy inseguro.
-¿Cómo quieres que esté, Ron?- El pelinegro se estaba irritando. Conocía a Hermione, maldita sea, pero también presenció su reacción a la declaración de amor que le había hecho. No había que ser un genio para ver como no estaba preparada para ello. Ron lo miró fijamente y sonrió, ofendiendo al pelinegro -¿Qué es tan gracioso?
-Nada, sólo dale tiempo- contestó su mejor amigo.
-Pero…
-Harry, dale tiempo.
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Por supuesto, al decirle eso a su mejor amigo no quería decir que él mismo seguiría su propio consejo. Así que cuando Harry y él llegaron al departamento lo primero que hizo fue preguntar por la castaña.
-Tomo algunas cosas y dijo que se iría por unos días a casa de sus padres, Ron- le informó su novia con preocupación –Se veía consternada, ¿sabes que pasó?- Ron le contó todo lo que había escuchado de su amigo y la forma en que llegó a su oficina horas atrás. También le contó lo que había pensado que podía hacer él, como amigo de ambos. Aún sorprendida, Luna le dio la razón.
-Tal vez ella necesite lo mismo que Harry necesitó para entenderlo.- dijo la rubia sirviéndole la cena. Ron asintió –Ya sabes… un empujoncito para que lo acepte. Estoy segura que sólo está asustada de aceptarlo
-¿Pero por qué?- preguntó el pelirrojo dando su primer bocado. Luna respiró profundo.
-No es fácil aceptar que todo lo que tu misma construiste pensando que estaba en algún punto se encuentre uno muy lejano- Ron miró a Luna sin entender ni una sola palabra de lo que la muchacha acababa de decir. A veces Luna estaba tan sumida en sus propios pensamientos y términos que olvidaba que no siempre se explicaba bien. La rubia lo miro y suspiró, comprendiendo que no había entendido –No es fácil para ella aceptar que lo que ella pensó que siempre sería una amistad, seguramente plenamente platónica se volviera algo mucho más. Seguramente está asustada del hecho de que entrar en una relación puede arruinar su amistad y…-
-Sí, amor, ya entendí- la interrumpió –Son muchas razones- Luna rodó los ojos pero no pudo evitar sonreír. Ese hombre nunca cambiaría.
-¿Hablarás con ella entonces?- le preguntó. Ron asintió con la boca llena, absteniéndose a hablar pues a Luna y a cualquier persona le disgustaba que lo hiciera cuando comía –Perfecto entonces
-Iré en la mañana- Contestó cuando por fin había tragado. Luna sonrió.
-¿Y a donde?- Harry entraba al comedor en ese momento y se les quedó viendo con ojos cansados y todavía hinchados a causa de las lágrimas que había dejado salir en la oficina del pelirrojo. Luna carraspeó mientras Ron abría y cerraba la boca sin saber que responder; por suerte, la rubia era una experta improvisando en ese tipo de situaciones.
-Mi padre necesita ayuda en El Quisquilloso acerca de un reportaje del Departamento de Aurores y me dijo que le dijera a Ron…- lo miró significativamente, pidiéndole que le siguiera la corriente -… que si podía reunirse con él a aclararle unas dudas.
-Yo puedo ir también- musitó el muchacho. Ron negó con la cabeza vehemente.
-No es necesario, hermano, yo puedo ir solo. Además necesito que te ocupes de un papeleo mañana ya que yo iré a esa… reunión- contestó Ron. Harry se quedó mirándolo por unos segundos como si supiera que estaba mintiendo pero al final se encogió de hombros y asintió caminando hasta la cocina.
Luna miró a su novio y le sonrió aliviada y este dejó escapar un largo suspiro correspondiéndole la sonrisa.
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A la mañana siguiente, Ron se levantó muy temprano y se dirigió a la casa de los padres de Hermione, donde Luna le había dicho que se estaba quedando la muchacha. Al llegar pequeños recuerdos le inundaron la mente de la primera vez que visitó ese lugar…
Harry, Ron y Hermione andaban por el largo camino de piedras que daba hasta la entrada a la casa de Hermione; la castaña nerviosa tomó la mano de ambos mientras contenía la respiración.
Hermione había logrado explicarles el por qué les había borrado la memoria de ella siendo su hija. Ahora, aunque no era lo mismo que había sido antes, todo en su familia estaba yendo relativamente normal y a ella le parecía correcto presentarles a sus dos mejores amigos… uno de ellos su novio.
Se pararon en la puerta, Ron claramente nervioso por conocer a sus suegros. Harry por otro lado estaba tranquilo, como si estuviera a punto de pasar un buen rato con unos amigos desde hacía tiempo.
-¿Están listos, chicos?- Preguntó Hermione, mirándolos a ambos. Los dos asintieron, uno con más soltura que el otro. La castaña sacó de su bolsillo las llaves y abrió la puerta. Les dio una última mirada antes de entrar en la casa -¿Mamá? ¿Papá?-
Una mujer de pelo castaño claro asomó su cabeza desde el pasillo. Sonrió al ver a Hermione y se apresuró a caminar hacia ella; era delgada, muy delgada, y un poco más alta que Hermione. Jean Granger abrazó a su hija saludándola.
-Thomas,… ¡Thomas, Hermione está aquí!- Hasta ese momento la mujer no se había percatado de los dos jóvenes que se encontraban en la puerta. Se fijó en ellos, escudriñándolos cautelosamente.-Éstos chicos deben ser tus amigos…
Harry dio un paso adelante sonriéndole con amabilidad a la mujer; Hermione le lanzó una mirada a Ron y éste hizo lo mismo, menos decidido que el pelinegro. Estaba nervioso, demasiado a decir verdad. Se sentía intimidado por esa mujer que se veía indefensiva, amable y muy buena persona. La señora Granger les sonrió.
- Mamá, el… - se acercó a Harry tomándolo suavemente del brazo -… Es Harry Potter.
-Un placer, señora Granger- soltó el muchacho ampliando su sonrisa. Estrecharon sus manos y luego Hermione se acercó a Ron, tomándolo de la mano y entrelazando sus dedos con los del muchacho.
-Y él es Ron Weasley- La señora Granger se acercó, percatándose del ligero cambio de comportamiento de su hija.
-Un… un pla-placer conocerla, señora- musitó con nerviosismo mientras con la mano libre estrechaba la de su suegra. La señora Granger estaba a punto de hablar cuando un ruido desde la entrada se escuchó y segundos después la puerta se volvió a abrir, entrando por ella un hombre de mediana edad, alto y de cabello castaño oscuro; el señor Granger quedó paralizado observando a los visitantes. Al final, mostró una sonrisa amable.
-¿Y bien?- preguntó mirando a su hija, que se acercó y lo abrazó con fuerza en forma de saludo.
-Papá, quiero presentarte a mis amigos- comenzó Hermione, acercándolo a Harry que sonreía amablemente al señor, luciendo completamente relajado –Este es Harry
-Tu debes ser el novio de mi Herms- La sala quedó en completo silencio por un segundo. Harry que antes había quedado desarmado con la deducción del señor Granger se recuperó más rápido que los demás presentes, especialmente Ron, que en ese momento estaba avergonzado y su cara se estaba tornando más colorada que su cabello. Se sentía traicionado, ultrajado por los pobres pensamientos de su suegro. Hasta él lo veía, y eso que sólo habían pasado unos segundos desde que vio al pelinegro por primera vez.
-Soy su amigo. Él, Ron Weasley, es el novio de Hermione, señor- contestó Harry fingiendo tranquilidad casi perfectamente. El padre de Hermione se veía extrañado y confundido, pero miró a Ron sonriéndole abiertamente.
-Lo siento. Un placer conocerlo a ambos, chicos- dijo y Ron forzó una sonrisa, evitando mirar a cualquiera de los presentes, especialmente a Hermione.
Esa escena causó una pequeña pelea entre ellos para ese tiempo, y ahora Ron recordaba ese momento con una sonrisa mientras se quedaba parado en frente de la puerta de entrada; tantas cosas habían pasado desde ese incidente, y ahora se sentía más tranquilo consigo mismo. No tenía miedo de ver a los padres de su amiga, no se sentía atrapado, sólo quería ayudar a Harry y a Hermione en este enredo.
Tocó el timbre y segundos después Hermione abrió la puerta, su expresión cambiando a una sorprendida al verlo allí.
-Ron…
-Sólo quiero que hablemos- eso fue lo único que dijo sin quitarle la mirada de encima a su amiga. Se quedaron allí por unos segundos hasta que la castaña dejó escapar un suspiro y se hizo a un lado para que el pelirrojo entrara en su hogar.
Ron la siguió hasta una pequeña sala decorada con colores cálidos como el marrón y el beige que le daban un toque hogareño al lugar; Hermione se sentó en unos de los sofás y lo siguió con la mirada mientras el muchacho se sentaba a su lado.
-¿Y bien?- Ron tomó una bocanada de aire.
-Harry me ha contado lo que sucedió- La cara de Hermione se contorsionó con la mera mención del pelinegro; Ron hizo una pausa esperando que ella se recompusiera de ello y luego siguió –Hermione, yo de verdad pienso que…
-Ron, sé que no te gusta estar en medio de cosas como esta. En serio, puedo resolverlo
-¿Lo hiciste? ¿Ya lo resolviste?- Ron buscó la mirada de Hermione, pero ella lo evitó a toda costa.
-Terminé con Dylan- contestó en un susurro. Ron quedó paralizado, conteniéndose de dejar escapar una sonrisa –No estoy segura de lo que siento por Harry en estos momentos, pero no podía seguir con Dylan. No después de esto.
-Sólo venía a decirte que tienes mi apoyo, y si necesitas mi ayuda estoy aquí- Hermione tomó su mano y la apretó, mostrando una ligera y fugaz sonrisa –Sé que no es fácil. Para Harry no lo fue.
-Imagínate lo que es que de un segundo a otro todo lo que creíste que era algo cambia para algo… que no estás seguro si es bueno o malo- musitó las ojimiel –No quiero perder a Harry, Ron. Me rehúso a pensar en perderlo. Él es lo que más quiero y aprecio.
Ron sonrío, apretando su agarre a la mano de su mejor amiga.
-Allí tienes la respuesta a todo
-¿Pero que pasa si no funciona?
-Pudiste seguir siendo mi amiga después de que termináramos. Estoy seguro que podrías con él- Contestó el pelirrojo con simpleza.
-Es fácil decirlo, Ronald, pero…
-Estás pensando mucho las cosas, Mione- susurró –Vive el momento, dejar salir tus sentimientos
Hermione lo miró fijamente y frunció el ceño.
-¿Desde cuando te volviste tan sensible?- Ron rió por lo bajo, divertido y recordando las veces que ella lo llegó a llamar insensible.
-De un tiempo para acá- contestó encogiéndose de hombros –Sólo… Hermione sé que no te arrepentirás de darle una oportunidad. Sólo estás asustada de que no funcione, pero una vez le hayas decidido dar una oportunidad… todo fluirá solo.
Se quedaron en silencio por un momento, Hermione completamente sumida en sus cavilaciones y Ron esperando pacientemente porque ella se decidiera; luego de lo que parecieron horas para el muchacho, Hermione se removió en el sofá y suspiró.
-Necesito tiempo- fue lo único que dijo la muchacha. Ron asintió entendiendo que ella necesitaba pensar las cosas mejor. Lo mismo había sucedido con Harry, sólo necesitaba pensar claramente todo y se daría cuenta por sí sola.
Lentamente se levantó no sin antes plantarle un beso en la frente a la castaña.
-Él te estará esperando- susurró y se dirigió hasta la puerta, sin mirarla una vez más, y sin ver como Hermione se removía llena de confusión y miedo en donde él había estado sentado antes.
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Y así fácilmente pasaron dos semanas en las que ninguno de los chicos supo nada de Hermione; Harry había hecho hasta lo imposible para no pensar en ello, desde trabajar hasta horas inhumanas hasta viajar a diferentes lugares de Gran Bretaña, secretamente buscando la liberación que su mejor amiga le había impedido al alejarse de él. Necesitaba saber de ella, y le dolía ver como unas simples palabras la habían asustado tanto como para que huyera de él.
Ron por su parte había sido de gran ayuda. Nunca había pensado que iba a necesitar tanto de su amigo como lo hacía en ese momento; no solo lo escuchaba cada vez que necesitaba desahogarse, sino que sus consejos eran fáciles de entender… y muy útiles. En esas semanas su amistad había crecido mucho más de lo que había echo en muchos años. No era que antes no habían sido cercanos, o que no confiaban en el otro antes sino que la ayuda y la disposición que el pelirrojo mostraba ante su amigo había logrado que esa amistad que ya tenían se reforzara.
-No lo entiendo, Ron…- murmuró Harry mientras caminaban por las calles de Londres luego de salir de un bar. El muchacho lo miró atentamente –Siempre habíamos…
-Amigo- lo interrumpió Ron –Hermione necesita aclarar su mente. Regresará en cualquier momento
Harry guardó silencio mientras escondía sus manos dentro del abrigo que usaba, sin saber qué decir después de ello. Caminaron por un buen rato, solo dando vueltas por la ciudad. Hablaron muy pocas veces en el trayecto, y cuando lo hicieron fue para comentar cosas triviales; ninguno de los dos necesitaba decir nada de todas formas. El frío los estaba congelando, por lo que ambos decidieron regresar luego de unas dos horas de caminar un rumbo fijo.
Fue esa decisión la que cambió todo.
En el momento en que estaban entrando en el edificio que llamaban hogar, Ron captó de reojo el destello de una cabellera extremadamente familiar. Casi mecánicamente el muchacho tomo del brazo a Harry y lo arrastró hacia afuera.
-¿Qué?- preguntó el pelinegro mientras su amigo buscaba con la mirada lo que creía haber visto –Ron, ¿Qué…?
Pero ni siquiera pudo terminar la frase cuando Harry quedó sin habla al ver a Hermione al otro lado de la calle, mirándolos fijamente. No podía dar crédito a sus ojos, y de pronto se sintió mucho más nervioso de lo que se había sentido nunca. Ron entendió que era la hora para ambos de hablar y discutir el futuro de su amistad, así que con un "te veré adentro" dejó al pelinegro en la calle mientras entraba en el edificio.
Harry siquiera notó la ausencia de su amigo pues toda su atención estaba en Hermione, que en ese momento cruzaba la calle acercándose a él. Con cada paso que daba sentía que vomitaría de lo mareado y nervioso que se encontraba. "Esto es todo. Es la hora" pensó.
Hermione se paró a un metro de distancia, su mandíbula temblando a causa de algo que podía ser miedo, frío o ganas de llorar… Harry esperaba que la segunda.
-Yo…- comenzó la muchacha al ver que el ojiverde no hablaría. Miró al suelo con nerviosismo –Fui una tonta, Harry.
El muchacho sintió que todo su mundo daba un vuelco con esas cuatro palabras y aún ahora no parecía poder encontrar su voz.
-Lo fui. Estuve tan ciega, fui tan estúpida como para no darme cuenta de esto, yo…- Hermione se acercó a él y lo miró a los ojos, conectando el verde esmeralda con el castaño que se encontraba cristalino –Todas estas semanas me he quedado pensando en esto, en nosotros… y me he dado cuenta de que Ron tenía razón. Siempre te quise a ti, solo estaba muy asustada para admitirlo, incluso a mí misma. Espero y me perdones por hacerte pasar por todo esto, porque no te lo merecías.
La tenía. Hermione acaba de decirle que lo quería, más que como un amigo. Se había disculpado y ahora estaba esperando por él, por una respuesta. Harry estaba paralizado, y se obligó a sí mismo a recuperar su voz que tembló al hablar.
-¿Deb…Debería besarte ahora?- Mientras él se reprendía mentalmente por ser tan idiota y preguntar esas cosas, Hermione soltó una carcajada. Eso definitivamente alejó la tensión entre ambos.
-No sé, ¿quieres hacerlo?- preguntó la castaña, mirándolo de nuevo. Una pequeña sonrisa pasó en sus labios, contagiando a Harry que sonrió mientras se acercaba.
-Por supuesto que sí- Y con eso el muchacho cortó toda distancia entre ellos, besándola con ternura.
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-¡OH POR DIOS, SE ESTÁN BESANDO!- gritó Luna desde el apartamento mirando por la ventana. Ron, sentado en el sofá sonrió levantando la vista del televisor.
-Luna, dale privacidad- murmuró y su novia se volvió hacia él.
-Si quisieran privacidad no se besaran en la calle, ¿no crees?
-Igual. Deja de espiar y ven aquí, que en cualquier momento subirán y estoy seguro de que a Hermione no le gustará que estés allí observándola mientras se besa con su mejor amigo- contestó y la rubia suspiró, caminando hasta sentarse a su lado.
Minutos después la puerta se abrió y Harry entró con una sonrisa de oreja a oreja. Ron y Luna lo miraron quedarse en el marco de la puerta por un momento antes de entrar y observarlos.
-Ron, ¿podemos hablar un segundo?- preguntó el ojiverde y su amigo asintió levantándose del sofá. Luna lo miró extrañada a lo que Ron respondió con un guiño.
Ambos muchachos caminaron en silencio. Bajaron hasta la planta baja, donde una Hermione sonrojada los esperaba con una sonrisa igual de amplia que la de Harry.
-Hey, Mione- saludó el pelirrojo. La muchacha se acercó a abrazarlo musitando un "hola" con voz cantarina. Luego de ellos volvieron a quedarse en silencio. Ron alternó la vista entre sus dos amigos, pero estos parecían esperando algo -¿Y bien? ¿Qué sucede?- Harry y Hermione compartieron una mirada fugaz antes de que Harry hablara.
-Queríamos agradecerte por todo lo que hiciste por nosotros. Por ambos- Harry pasó un brazo por los hombros de Ron sonriendo para luego despeinarlo a lo que Ron respondió bufando fingiendo irritación. A los pocos segundos Hermione se le unió, pasando un brazo por su cintura.
-Demostraste q ue eres el mejor amigo que ambos podíamos llegar a imaginar. Nos ayudaste a ver todo esto, y…- La castaña besó sonoramente la mejilla del ojimiel, que soltó un quejido sin poder evitar sonreír –No tengo palabras para agradecértelo.
-Ni yo- concluyó Harry. Ron los miró a ambos y se encogió de hombros, dándole poca importancia al asunto.
-¿Qué tal si solo dicen "Ron, cariñito, tenías razón"?- bromeó el muchacho.
-Si piensas que diré "cariñito" estás muy equivocado- respondió Harry y Hermione rió.
-Pero si tiene razón. En cada cosa que dijo tuvo razón- dijo la castaña.
-Aunque suene increíble- agregó Harry ganándose un golpe en el brazo de su amigo.
-Ron también puede tener la razón, Harry. Ya la tuvo- Hermione soltó y Ron le sonrió, lleno de orgullo –Que no se te suba al cabeza, guapo.- Terminó la muchacha y Ron rodó los ojos alejándose de ambos muchachos mientras estos reían.
-Nada cambiará entre nosotros porque estén juntos, ¿cierto?- preguntó el muchacho.
-Seguirás siendo nuestro mejor amigo por siempre, Ronald- contestó Hermione –No te preocupes por ello.
-¿Lo prometen?- Harry y Hermione se miraron por un segundo y luego asintieron. Y con eso Ron no tuvo más que hacer sino sonreírles y abrazarlos a ambos, justo como en los viejos tiempos.
Nota de Autora:
Y... este es el final de este short fic. Primero que todo muchas gracias por su paciencia y por tomar un poco de su tiempo para leer y comentar, en serio se los agradezco.
Esta historia no está centrada en la relación de Harry y Hermione como sé que algunos esperaban, sino que está centrada en Ron y su visión de ellos al darse cuenta de que ambos se sienten atraídos por el otro y la dinámica de la amitad entre los tres personajes. Lo hice de esta forma porque siempre he escuchado de que "A las HHr shipper no les gusta Ron" cosa que totalmente falsa.
Sí, él no es mi personaje favorito pero tampoco lo odio, y quise hacer esta historia para demostrar ello. Espero entiendan la esencia del fic.
De nuevo muchas gracias por leer. Que comenten sería muy bien apreciado.
¡Nos veremos en una próxima ocasión, esta vez con otra historia!
xx
Sofía.
