¡Y aquí estamos, C4! Oficialmente mi fic más largo... Muchas gracias por el apoyo hasta ahora, intentaré seguir manteniendo un ritmo y dejaros algún extra, como los dibujos del C3, de vez en cuando! El anterior capítulo era largo, este se queda corto. ¿Se compensa así? x'DDDD! En el siguiente cap, ¡combates! A ver si saco fuerzas y consigo escribirlos esta vez. Me cuestan mucho, me quedan aburridos...

De paso, ¡gracias a los dos reviewers anónimos 8D! me gusta contestar los comentarios, pero si no hay cuenta vinculada no me deja, así que os daré las gracias por aquí. Espero no tener problemas, ese Miltank es el terror si no vas preparado.


-¿Has venido a ver a mi abuelo?

Una niña de unos seis años me miraba fijamente, con la puerta entreabierta. Nada más llegar a Pueblo Azalea y parar en el centro Pokémon, oí a un par de entrenadores comentar lo de los supuestos Rocket cerca del pozo, aunque al parecer, no se habían acercado por miedo a que los rumores fueran reales. Se decía que estaban cortándoles las colas a los slowpoke del pueblo, para luego venderlas como delicatessen. Uno de ellos comentó que había un tal César en el pueblo que no dudaría en ir a por ellos si lo supiera... y les pregunté dónde podía encontrarle. Al parecer, esa chiquilla era su nieta.

-Venía a avisarle, nada más. Hay un par de... tíos muy raros en el pozo. No es que tenga muchas ganas de tener que ver con ellos, pero según me han dicho, tu abuelo podría... -fui bajando poco a poco el tono de voz: el "abuelo" era un armario empotrado, con el pelo blanco, sí, pero con una voluntad en los ojos capaz de echar atrás a un Tauros.

-Define "tío raro", chaval -dijo, calmado, sin quitarme la mirada de encima.

-R-reclutas Rocket. Vi a uno. No sé si van en serio o era un farol o qué pero llevaba el uni-

César cogió un par de pokéball, se las engastó en el cinturón y salió a paso rápido, casi atropellándome, hacia el Pozo. Le seguí medio dudoso, preguntándome si realmente valía la pena, pero cuando le vi bajar las escaleras que llevaban a la parte de abajo, oscuro como boca de lobo (y con esos chilliditos de Zubat de fondo, lo cual lo ponía todo aún peor), me lo pensé mejor y decidí firmemente quedarme arriba hasta que volviese a subir, o los Rocket huyeran de allí.

Pero pasaban el tiempo, y no volvía. Tampoco veía a nadie moverse al asomarme, ni oía voces o ruidos de combate. Al final, unos diez minutos después, devolví a Cyan a su pokéball, cerré los ojos, apreté los dientes y bajé, poniendo todo el cuidado del mundo en no matarme por el camino. Al llegar abajo y tocar por fin suelo firme con el pie, solté un suspiro y miré alrededor.

El señor César seguía allí.

Me acerqué deprisa, pero insistió en que no le ocurría nada, y se levantó por su propio pie. Vi que cojeaba bastante del pie derecho, pero a parte de eso, no parecía tener nada demasiado grave.

-He resbalado, y el tobillo... apenas puedo apoyarlo. No podría pelear en este estado, pero creo que podría ingeniármelas para subir. Ese cyndaquil tuyo parece fuerte, y al parecer tienes un par de pokémon más. Intenta echarles, son como ovejas. Asusta a uno y los demás se acobardarán.

Protesté, pero ya había comprobado anteriormente que no servía de mucho: César pasó olímpicamente de mí, y subió las escaleras aún usando un solo pie, y dejándome a mí abajo, completamente solo, y con parte de una banda de terroristas en una cueva. Un planazo.

Cyan me empujó con el morro. Sabía que eso me animaba cuando no sabía bien qué hacer, y lo consiguió. Me agaché para acariciarle la cabeza, y él se subió a mi hombro. Si teníamos que enemistarnos con delincuentes, lo haríamos juntos. Me adelanté, y lo primero que vi fue... a uno de los Slowpoke. Me agaché y le hablé, pero no parecía responder. Sólo unos segundos después, alzó la cabeza, me miró, y luego la dejó caer, para no levantarla.

Gaia salió de la pokéball y lo cogió en brazos. Al parecer quería despertarle, parecía preocupada. Creo que sabía, más o menos, lo que le estaba ocurriendo, pero no entendía por qué. Le puse una mano en la cabeza, e hice que lo dejase de nuevo donde había estado antes. Y entonces, me di cuenta de que yo tampoco sabía por qué.

Me levanté de golpe y apreté los puños. Cyan encendió las llamas de la espalda, aún estando sobre mi hombro. Noté el calor, pero en vez de asustarme, lo agradecí. Porque él sentía lo mismo que yo.

Fui hacia el fondo de la cueva, andando más rápido de lo que pensé que podría. Mi cyndaquil gruñía, mientras Gaia se acercaba a todo Slowpoke que veía, y si aún estaba bien, lo llevaba de nuevo al agua. Cuando ya empezaba a pensar que esos animales se habían largado, oí un grito, aún más adentro, y corrí hacia allí. Uno de ellos, con el pelo azul y pintas de jefe, acababa de cortarle la cola a un Slowpoke que se había quejado unos cinco segundos después, y la guardaba en una especie de cámara que entregó a uno de los reclutas.

-Con esto vamos bien por hoy. Mañana ya volveremos, no hay que agotar los recursos en un solo día, ¿eh? ¿Eh?

Los soldados le rieron la supuesta broma. Yo no lo hice.

-¿Quién te has creído que eres?

Mi pokémon saltó al suelo, con las llamas de la espalda ardiendo con violencia. Clavé la mirada en el tipo del pelo azul, aunque tenía algo que me hacía estremecerme, y me pregunté, de nuevo, qué estaba haciendo.

-Otro niñato que juega a ser el héroe -abrió los brazos y se giró hacia mí, con una sonrisa que daba asco-. Vete a casa, ¿quieres? Seguro que tu madre está muy, muy preocupada por ti. Y llévate a tu rata. La próxima vez que te veamos, nos la llevaremos nosotros. ¿Hm? -hizo un gesto con la mano, y los secuaces empezaron a cargar cajas hacia el exterior. No contaron con la geodude, que rodó contra sus pies, haciéndoles caer. Y al ver el valor que tenían ellos... yo no pude ser menos.

-No te irás de aquí.

Me subí las gafas, casi clavándome las uñas en el interior de la mano que aún tenía cerrada. El líder sonrió y cogió una de las pokéball que llevaba.

-Soy el comandante Protón, del Team Rocket. Y vas a recordar esta batalla.

Dejó salir a su Zubat y su Koffing, mirándome con suficiencia. Gaia se adelantó, haciendo chocar los puños contra el suelo, y Cyan se envolvió en fuego, dejando escapar un gruñido que, unos segundos después, cambió. Cuando se disolvieron las llamas, ya no era un Cyndaquil. Y la sonrisa cambió de dueño.

-Definitivamente, va a ser memorable.

~v~

Como había dicho César, una vez que el jefe cayó, los demás huyeron, dejando las cajas detrás. Avisaría en el pueblo... y que ellos decidieran qué hacer con ellas. Lo primero que hice al volver, fue ir a la casa del señor e informarle de que todo estaba bien. Cyan iba detrás de mí, casi dando saltos de alegría. Se me hacía extraño verle tan grande, y además, con los ojos abiertos, pero estaba claro que seguía siendo él. Se me escapó una risa, liberando tensión, más que nada. Aún no conseguía creerme qué acababa de ocurrir, pero si algo estaba claro, es que había pasado. Y si había conseguido eso, quizás, en un futuro... podríamos hacer mucho más.


¡Bienvenidos al equipo!

CATBUG, Hoppip, macho

Nv. 6, Ruta 33

Habilidad: Clorofila

Naturaleza activa, algo orgulloso

PILAR, Paras, hembra

Nv. 6, Encinar

Habilidad: Efecto Espora

Naturaleza pícara, extremadamente curiosa.

¡Cyan evolucionó a Quilava! (qué adorable es, me enamora la animación de cuando te sigue)

Equipo actual: Cyan, Hutton, Bran, Morgana, Bell, Gaia. Nivel medio: 16.

(Tendría que haber capturado al primer bicho en el Pozo Slowpoke y en la Cueva Unión, pero mis pequeñas bestias pardas los debilitaron x'D...)