AMOR EN FLORENCIA

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Disclaimer: La Trama le pertenece en su totalidad a Helen Bianchin, pero los grandes personajes los eh tomado prestado a mi ídolo personal Sthephenie Meyer, para fantasear un poco.


Capitulo 3

Recoger las cosas de Ben y las suyas fue bastante más que simplemente meter unas cuantas cajas en un coche ya que Bella necesitaba sus libros de referencia y de investigación para el trabajo que estaba haciendo en aquellos momentos, su ordenador, impresora, fax, varios cuadernos y discos.

Por supuesto, también había objetos personales. Sin ir más lejos, la ropa de los dos. Menos mal que Edward le había indicado a su chofer que llevara su 4x4 porque tuvieron que hacer 3 viajes. Por fin Bella cerró su casa y siguió a Claude en su Lexus.

Mientras entraba a la mansión de Edward, se dijo que ya era demasiado tarde para arrepentirse y que tenía que aceptar que aquella casa iba a hacer su hogar de ahora en adelante.

La casa no la había impresionado pero su propietario sí. Le costaba admitírselo a sí misma, pero no podía evitarlo. Por enésima vez se pregunto si estaría loca y por enésima vez se dijo que compartir casa con Edward era lo mejor para Ben.

Y su hermana habría elegido lo que fuera mejor para Ben.

Bella le dio las gracias a Claude con una sincera sonrisa. Una vez en el piso de arriba, comprobó que Anna, gracias a Dios, había ido colocando las cajas en las habitaciones.

La mujer ayudo a Bella acomodar todas las cosas de Ben, que se entretuvo tirando los juguetes por el suelo y, a continuación, organizaron el despacho de Bella. Solo quedaba su suite, y Bella le aseguro que ya lo hacia ella.

Al final, estuvo la mayor parte del día sacando cosas de las cajas y colocándolas en su nuevo lugar, pero tuvo tiempo de ducharse y cambiarse para darle la cena de comer a Ben.

Por favor que estemos nosotros dos, solos, suplico en silencio mientras bajaban las escaleras y se dirigían al comedor.

La idea de tener que cenar con Edward y de tener que hablar con él, se le hacía insoportable, pero, desgraciadamente, cuando entraron en el comedor, se encontraron con que Edward ya estaba allí.

Se había quitado el traje y la corbata y se había remangado la camisa hasta mitad del brazo y les dio la bienvenida con una sonrisa felina

-Veo que ya os habéis instalado- comento.

-Hemos sacado todos mis juguetes de las cajas y la habitación de Bella está muy cerca de la mía. Hemos instalado a Sooty en mi baño- le explico Ben

Bella se quedo mirando a Edward mientras este tomaba a Ben en brazos.

-Por las noches, duerme conmigo- añadió el niño- Bella deja que el duerma en mi cama.

Por favor, déjale tu también, le rogo Bella en silencio

-Hace muchos años yo también tenía un gato y también dormía en mi cama- contesto Edward haciendo que a Ben se le pusieran los ojos como platos.

-¿De verdad? ¿Y de qué color era tu gato? Sooty es negra con una mancha blanca en el hocico.

-Baci era una persa blanca.

-Baci quiere decir Besos -comento Ben haciendo sonreír a Edward.

-Así es.

Había sido un comentario de lo más inocente y Bella no comprendía porque se había estremecido de pies a cabeza. Posiblemente, porque estaba cansada y en territorio desconocido, pero tampoco acababa de entenderlo porque no tenía nada que temer de aquel hombre.

Lo que se necesita era dormir bien aquella noche y un día o dos para aceptar su nueva realidad.

En aquel momento, llego Anna con una bandeja en la que se veía una sopera, una fuente de arroz y otra de verduras variadas.

Bella se sentó y sentó a Ben junto a ella mientras Edward se sentaba enfrente. Esperaba que Edward no se hubiera dado cuenta de que estaba nerviosa. Le resulto imposible relajarse durante toda la cena y comió de manera mecánica. En lugar de postre, tomo fruta y pidió Te en vez de café.

Fue un gran alivio cuando Ben le dio la excusa perfecta para escapar.

-¿Puedo ir arriba a ver qué tal esta Sooty? No quiero que se sienta sola- pregunto el pequeño.

-Claro – contesto Bella-. Voy contigo – añadió dándose cuenta que Edward sonreía con malicia.

-Yo también voy- dijo-. Así, me enseñas tus juguetes.

Ben no lo dudo un instante y durante la siguiente hora tío y sobrino estuvieron hablando de todo lo que tenia ruedas. Sobre todo, del Ferrari Rojo, el preferido del niño. Ben siempre decía que de mayor quería tener uno. Y una moto, también.

Típico de los niños pequeños.

Cuando Bella le dijo que había llegado el momento de meterse a la cama, no protesto.

-Bella me lee un cuento todas las noches- declaro-. ¿Me lees tu uno, por favor, tio?

-Claro –contesto Edward.

Bella rezo para que aquel hombre viajara mucho y no estuviera casi nunca en casa. Sin embargo. A la mañana siguiente seguía allí y desayuno con ellos.

Y ceno con ellos durante los siguientes días, así que leerle un cuento a Ven todas las noches se convirtió en un habito, y el viernes por la noche sorprendió a su sobrino diciéndole que aquel fin de semana iban a ir a un criadero para comprar un cachorro.

-Tienen un montón de cachorros- les dijo a ambos enseñándoles un folleto.

Bella vio que Ben se le iluminaba los ojos.

-¿De verdad voy a poder elegir el que yo quiera?

-Pues claro.

-¡Eres el mejor! ¡Gracias!.- exclamo el pequeño abrazando a Edward.

Edward lo abrazo también y le dio un beso en la frente.

-Bueno, a dormir, que mañana va a hacer un gran día –se despidió.

Bella lo arropo y ambos salieron de la habitación. Ha sido un bonito detalle por tu parte – comento Bella -. Jasper le había prometido un cachorro por su cumpleaños.

-¿Crees que estoy intentando comprar el cariño de Ben? – espeto Edward mientras bajaban las escaleras.

Bella lo miro sorprendida.

-Un cachorro es un regalo perfecto, pero mi hermana no quería que Ben creciera creyendo que podría tenerlo todo.

Edward le indico que fueran hacia la biblioteca y, una vez allí, le señalo una cómoda butaca de cuero.

-El lunes me tengo que ir a Nueva York y estaré fuera unos días – le dijo-. Si hay cualquier cosa, me llamas al móvil.

-No creo que sea necesario.

Edward tampoco lo creía porque aquella mujer era eficiente, capaz y estaba constantemente pendiente del niño.

-Bueno, podrías llamarme para ver que tal estoy –sonrió con malicia.

-No me gustaría molestarte.

¿Sabría Bella que se había dado cuenta de que siempre que estaba con él se le aceleraba el pulso?

Edward tenía muy claro que aquella mujer era toda una fachada y se preguntaba que habría realmente debajo. No le había dado ningún motivo para que se mostrara tan cautelosa con el, pero se notaba que no estaba cómoda en sus presencia y Edward estaba de lo mas intrigado por averiguar por qué.

Todo a su debido tiempo.

-Voy a instalar un ordenador con cámara para que Ben pueda tener contacto visual conmigo todos los días declaro.

De repente, sintió el deseo de acabar con tanta postura, de hacer que a Bella se le dilataran las pupilas y de acelerarle todavía más el pulso.

Aquella mujer lo tenía muy intrigado. Por fuera parecía pragmática y resuelta, pero no mostraba a nadie lo que guardaba en su interior.

-Bueno, me voy a ir a la cama-comento Bella poniéndose en pie -. Muchas gracias.

-¿Por qué me das las gracias?

- por hacer que a Ben le sea fácil acostumbrarse vivir aquí.

-¿Y a ti te está resultando fácil, Bella?

No

Era evidente que Edward lo sabía porque le leía el pensamiento y parecía saber en todo momento como estaba reaccionando.

-Supongo que me acostumbrare – contesto saliendo de la biblioteca.

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Elegir cachorro resulto una aventura fascínate. Ben se decanto por una hembra Ihasa apso a la que bautizo con el nombre de Rosie y a la que colmo de cariño desde el primer instante.

Gracias al viaje de Edward a New York, Bella pudo disfrutar de cierta tranquilidad… aunque todos los días a una hora precisa se conectaban para que Ben pudiera hablar y ver a su tío.

En aquellas ocasiones, Bella tenía mucho cuidado de no intervenir demasiado. Se limitaba a saludarlo con educación y a darle las buenas noches antes de desconectar la cámara. Por como sonreía burlón y por como la miraba, Bella comprendió que Edward sabía perfectamente que lo estaba haciendo adrede.

-Mi amiga Tamryn cumple cuatro años y me ha invitado a su fiesta de cumpleaños el domingo- le conto Ben a su tío-. La tía Bella me va a llevar, pero me gustaría que tu también estuvieras allí tío.

-Lo voy a intentar. Ya me dará tu tía los detalles mañana por la noche. –contesto Edward.

-Que bien –exclamo el pequeño.

El domingo llego con sol y buena temperatura. Ben estaba de muy buen humor y algo nervioso ante la fiesta.

-Van a ir todos mis amigos de la guardería- le dijo a Bella

-Te lo vas a pasar fenomenal.

-Tamryn me ha dicho que va a haber payasos y una casa de plástico para jugar y muchos juguetes –continuo Ben nervioso- . ¿Nos vamos ya?

-Venga, vamos –contesto Bella tomando el regalo-. ¿Nos despedimos de Anna y de Claude?

-Claro – sonrió Ben

En la invitación ponía que la fiesta comenzaba a las dos y a esa hora estaban Bella y ben entrando en la preciosa casa de Woollahra donde iba a tener lugar la celebración.

-Ahí está Tamryn – le dijo Ben a Bella apretándole la mano mientras iban hacia un grupo de niños y adultos -. Te vas a quedar, ¿Verdad?

-Pues claro que su, no me perdería esto por nada del mundo –contesto Bella.

Y la fiesta resulto realmente divertida. Unos treinta y tanto niños se lo pasaron a lo grande jugando hasta que llego la hora de la merienda y de la tarta. Fue un gran momento ver a todos los pequeños observar atentamente aquellas cuatro velas encendidas ceremoniosamente.

De repente, Bella sintió una alarma y, al volverse vio a un hombre alto y fuerte ataviado con pantalones negros, camisa blanca abierta en el cuello y cazadora de cuero negro que iba hacia ella.

Edward.

No era la ropa lo que le atraía de él, sino el mismo, lo que, instintivamente, la llevaba a activar todas las barreara que tenia.

Era cuestión de supervivencia.

No debía permitir que aquel hombre la desequilibrara, se había prometido que no permitiría que ningún hombre volviera a desequilibrarla jamás.

¿Por qué precisamente, ahora que llevaba una vida relativamente relajada apariencia aquel hombre en su vida?

Edward.

Aquel hombre le gustaba más de lo que quería admitir y había sido así desde que lo había conocido, pues se trataba de un hombre simpático y cariñoso.

Por lo que sabía, elegía a mujeres sofisticadas que sabían perfectamente de lo que iba el juego. Bella no era dada a flirtear ni partidaria del sexo por el sexo. Posiblemente, porque jamás había conoció a nadie con quien olvidarse de sus creencias morales.

Además, Edward vivía en el extranjero y viajaba sin parar. Tener una relación con el estaba abocada al sufrimiento y ella no quería sufrir.

Aun así, había aparecido en su vida y no podía dejar de pensar en el.

-Hola Bella.

Bella se giro y se encontró con su sonrisa.

-Hola- lo saludo.

Aquel hombre tenía algo muy potente y Bella decidió que era poder y un innato sentido del control.

Aquello mezclado con su sensualidad era explosivo.

Bella había visto muchas veces como se acercaban a él las mujeres, atraídas como las abejas a la miel.

-A Ben le va a hacer mucha ilusión verte aquí.

Edward había visto antes de acercarse que Bella se lo estaba pasando muy bien, pero ahora en lugar de reír como momentos antes se limitaba a tratarlo con educación, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no acariciarle la mejilla y los labios.

De repente, percibió que Bella se tensaba, como si le hubiera leído el pensamiento, y sonrió, pues era evidente que ambos sabían que había una atracción entre ellos.

-Le he prometido que vendría y aquí estoy- comento-. Es un gusto verle pasándoselo así de bien- añadió mientras sus sobrino le saludaba con la mano frenéticamente.

-Sí.
Ben corrió hacia ellos y, al llegar junto a su tío, abrió los brazos y Edward lo tomo entre los suyos.

-Nos van a dar un regalo a todos –les conto Ben encantado-. La fiesta todavía no se ha terminado. Nos vamos a quedar un rato mas, ¿Verdad?

-Claro que si.- contesto Edward. Durante una hora más los padres charlaron y conversaron animadamente mientras los niños jugaban. Les ofrecieron refrescos, te y canapés, y el sol se fue poniendo.

Edward apenas se aparto de Bella, en todo aquel tiempo. Estaban dando casi las siete de la tarde cuándo se despidieron de Tamryn, les dieron las gracias a los padres de la niña por haberlos invitado y se fueron a casa. Había sido un día tan movido que, nada más salir del baño, Ben anuncio que solo quería un vaso de leche y se quedo dormido en cuanto lo acostaron.

-Anna ha preparado la cena- le dijo a Edward a Bella tras salir de la habitación del pequeño.

-No tengo hambre- contesto Bella

-Pero si apenas has comido nada en la fiesta.

-Estoy bien- le aseguro Bella.- Me voy a tomar un plátano con un café o algo. Tengo que hacer cosas en el ordenador.

-Le voy a decir a Anna que te lleve una bandeja.

-Puedo hacerlo yo perfectamente.

Edward se quedo mirándola a los ojos.

-Como quieras.

-Gracias.

A continuación, ignorando la curiosa tensión que se había formado entre ellos, Bella bajo a la cocina para explicarle a Anna que no iba a cenar, se sirvió una taza de café agarro un plátano y se despidió de Edward y de ama de llaves,

-No te quedes trabajando demasiado tarde- le dijo Edward.

Bella decidió ignorar el sarcasmo de sus palabras. Era evidente que Edward sabía perfectamente que lo estaba evitando.

En cualquier caso, se iba a quedar trabajando hasta que le diera la mano. Vivía en su casa, pero no iba a permitir que le digiera que tenía que hacer.

Una vez ante el ordenador, releyó lo que había escrito el día anterior y se dejo llevar por el guion y por los personajes, zambulléndose de lleno en el fascinante proceso creativo.

Cuando mas escribía era por la noche, era cuando mejor se concentraba, Cuando vivía sola, a veces, se quedaba toda la noche escribiendo, pero ahora tenía que ocuparse de Ben.

Por no hablar de Edward, que le había hecho creer que iba a viajar mucho, pero que resultaba que estaba presente en su vida la mayor parte del tiempo.

¿Y porque le molestaba tanto su presencia? Bella intento dilucidar una respuesta, pero se quedo dormida antes de conseguirlo.


Editado: 02-10- 12

Para mas informacion pueden contactarme via Twitter: (Arroba) Li_Everon4

:D

-Lili-