InuYasha y cia. no me pertenecen son propiedad Rumiko Takahashi.


La afilada mirada de Kagura no pasó desapercibida entre el público cuando se reanudo la audiencia, sus ojos eran dos carbones echando chispas, nada ni nadie se escapaba de ella.

Naraku pudo observar la indiscreta curiosidad del público por la nueva conducta de su hermana y se sintió satisfecho. Cuando salían de la oficina no habían cruzado palabra, salvo para contestarle a un guardia que Yura no estaba allí, era raro verla tan satisfecha de sí misma y emanando tanto poder. «Será mejor que alimente ese ego un poco más —Pensó Naraku entusiasmado, igualándola en su acelerado paso—. No será tan malo llevármela conmigo después de salir».

—Preside la jueza Higurashi Naomi —Anunció por lo alto un guardia, acallando el jolgorio producido por los reporteros y los pocos amigos de la víctima.

La jueza llego a sentarse en su lugar, con una expresión tan solemne como cansada, deseaba que el juicio acabara más de lo que Kagura pudiera hacerlo. Naraku desvió la mirada y busco a Kikyō entre el público, con la vaga esperanza de que siguiese allí para ver su estrellato. Ella era quien le recordaba cada día que las cosas que sucedían a su alrededor no podían ser controladas tanto como él quisiera, ese juicio iba a ser la prueba de que se equivocaba.

—La defensa, su testigo por favor —Tōtōsai se levantó de su lugar y llamó a Kagura al estrado.

—Sé muy bien que no participe en el interrogatorio de su hermano, por petición de este, pero es lo más prudente que yo inicie con el suyo —La palabras del abogado fueron fluidas y algo graciosas por la forma en que dirigía a Kagura—. ¿Los sedantes han pasado ya?

—Sí, los efectos se han ido —Un guardia se acercó e hizo la misma pregunta de rutina que le habían hecho a su hermano.

Kagura evadió toda pregunta que le hacían respecto a su relación con Naraku, mostrando una compostura y seriedad tan parecida a la de su hermano que nadie en la sala podía afirmar que no llevaban la misma sangre. Derramo tanto autodominio y superioridad que los pocos que antes habrían creído que era inocente ahora creían a su familia una horda de monstruos.

Era ella, la de verdad, la que podía decirle al mundo que se cagaba en su opinión, aunque no fuese libre, su juicio si lo era.

— ¿Entonces usted niega tener cualquier tipo de relación, diferente a la fraternal, con el señor Naraku? —Pregunto su abogado, algo turbado por la forma en que comportaba la muchacha.

—No lo niego ni lo corroboro —Respondió decidida, exhibiendo una media sonrisa divertida—, es algo que no es de incumbencia para ustedes.

—Le ordeno que nos responda negativa o afirmativamente —dijo, con más brusquedad de la que deseaba, Naomi Higurashi.

—Eso no va a ayudar en nada al juicio —Argumento algo enojada—. Si dijese que es verdad dirían que me deje guiar por el deseo sexual hacía mi hermano para ayudarlo en algún juego fetichista y macabro, o, si digo que no, se tratara de una treta planeada por dos desquiciados hermanos con quien sabe que idiotas fines. En todo caso saldré mal.

La respuesta contundente y directa dejo claro a todos la nueva posición de la acusada, sin sedantes que nublaran su juicio era toda una fiera a la que amansar. Pronto la sala volvió a llenarse de murmullos, las opiniones estaban totalmente divididas, el acuerdo puesto entre los periodistas al inicio de la audiencia se había disuelto, cada cadena de periodistas tenía su propia versión que transmitían al público sin ninguna restricción. Naraku sonrió ante el caos, las cosas salían como esperaba y no como debían ser, las personas se dejaban llevar tan rápido por la corriente igual que cualquier pez, pero trataban ahora con un salmón y la corriente no podía con él.

Naomi Higurashi volvió a pedir silencio. La sala quedo en completa calma una vez más, precediendo una tempestad incontrolable. El abogado le pidió a Kagura dar su versión de los hechos.

—Lo haré, solo espero no causar daño a nadie con lo que diré.


Se suponía que yo asistiría a clase de ballet esa tarde, pero las cintas de mis zapatillas se habían estropeado en la función del sábado, no me quedaba más remedio que pedirle dinero a Naraku y utilizar la compra de mis zapatos como excusa para ver a Bankotsu. Tenía intención de alejarme lo más posible de mi hermano y no permitiría que una tonta suma de dinero me separara de mi más anhelado sueño. Quedamos de vernos en el museo a las seis en punto, hora en la cual la "victima" iba a donar algunos cuadros.

Estuve allí desde las cinco en punto, debatiendo internamente mis opciones. Al final, termine decidiéndome por aquello que llevaba largamente planeado, no podía precisar que desataría una locura. Estuve divagando largamente sobre cosas sin sentido mientras él llegaba, no me podía mantener quieta en un solo punto sabiendo de antemano las cosas que me hacían falta y las que podría conseguir. Nada podía calmar mi ansiedad.

Al encontrármelo a la entrada del museo pude respirar aliviada. Lo acompañe hasta una pequeña sala de inspección en el primer piso, cuidado de caminar a cierta distancia para no levantar sospechas, no esperaba que Naraku fuese esa tarde precisamente a ver a Kikyō.

Al principio quise hacerle ver que podía confiar en mí por encima de los problemas que había tenido con mi hermano, necesitaba decirle que no tenía completo el dinero que él exigía. Igual desconocía también mis verdaderas intenciones para con esos documentos, tenía entendido que me vería con alguien a quien Naraku detestaba, no que huiría de casa.

Las cosas fueron de claro a oscuro con mi confesión respecto a mis intenciones y las esperanzas que tenía en aquel viaje, que de seguro me mantendría lejos de todas las cosas que odiaba. En ese momento me aseguraba que nada saldría mal por ningún concepto, estaba convencida de que ya había estudiado cada punto minuciosamente, no habría sorpresas ni contratiempos —Kagura carraspeo un poco, interrumpiendo el discurso, para enfatizarle a su hermano las tonterías que él pasaba por alto—.

—Después de que me dices todo eso —Dijo Bankotsu—, las cosas cambian. Quizá si haya algo que puedas hacer para que te de lo que necesitas.

No se asombrarán si les digo que, el gesto que acompaño a esa declaración fue más que expresivo para comunicarme el tono de intenciones de mi interlocutor.

— ¿A qué te refieres? —Pregunte desconfiada, tanteando el pequeño lugar con la mirada, solo había una salida; la puerta por la que entramos.

— ¿Qué crees querida? —Una de sus manos se deslizo por la línea de mi rostro y bajando por mi garganta casi toca uno de mis pechos, salvo que yo le arrebate la mano y lo golpee.

Su mirada, fue mucho más que dura cuando me enfoco de nuevo, pero yo no era una niña tonta a la que podía manipular con tanta facilidad, ya había tenido suficiente con Naraku y sus tonterías. Ya me prepara para responderle ante semejante atrevimiento y grosería, cuando mi hermano empujo la puerta violentamente, entrando como Pedro por su casa. Lejos de sentirme aliviada, una desilusión y rabia inimaginable me invadieron, si pensaba que las cosas estaban mal ya se veía que empeorarían. No quería ni imaginar el tremendo teatro que armaría Naraku después de eso, para reprocharme el intento de evasión.

Quise darme la vuelta, tomar el maletín que Bankotsu había dejado sobre la mesa y salir corriendo rumbo a cualquier lugar. La mano de Naraku y su voz rezongando contra la de su ex amigo me detuvieron. Entablaron una batalla de palabrerías tremenda de la que pude deducir pocas cosas. Como por ejemplo; Naraku había dejado a Bankotsu por una partida de póker que el bastardo gano con un par de trucos no muy limpios, Bankotsu robo a Naraku después de aquello en un negocio que ambos compartían y ahora los dos pensaban que estaban en una trampa planeada por el otro, en la que yo era una ficha clave. No sabía si sentirme alegre de que no me tomarán como la culpable de todo, o desilusionada porque no me diesen el reconocimiento necesario.

No sé con qué rapidez sucedieron las cosas, pero para mí no fue si no cuestión de segundos. Primero Bankotsu desenfundando el arma y luego Naraku empujándolo contra uno de los estantes mientras le arrebataba la pistola. El cuello crujió cuando cayó contra el borde irregular de la mesa a la que fue a dar y un violento disparo le perforo el pecho una vez, luego otra, y otra y otra. Mi hermano parecía loco disparándole sin precisión y a todas partes, termino como un queso suizo.


— ¿Cómo un qué? —Cuestiono el fiscal.

—Un queso Suizo, acaso jamás ha visto que están llenos de hoyos en todas las direcciones.

— ¿No cree que es una manera muy inhumana de tratar a un difunto?

—Ese difunto —Contesto Kagura con rabia—, se estaba sobre pasando conmigo y encima penaba estafarme. Porque en el maletín no llevaba nada, salvo el arma… tal vez hasta intentara asesinarme.

Los periodistas parecía más que impresionados y cuchicheaban a todo lo ancho de la sala, ese murmullo era un sonido de gloria para Naraku. Todos estaban creyendo la falsa historia que su hermana contaba bajo juramento. Era impresionante la credibilidad que le daban a una adolecente algo desequilibrada. Kagura solo movía los labios y descargaba sus palabras con fuerza y sin motivo a replica, nadie podía negársele.

— ¿Y qué sucedió después? —Inu no Taishō la miraba fijamente, porque quizá a ella si podía leerle los ojos.

—Naraku me pidió que le ayudase a desaparecer el cuerpo —La respuesta salió ahogada y sus ojos no dejaron deducir nada—. Me encontraba entre paralizada y sorprendida, necesitaba de Bankotsu para huir de Naraku, al final las cosas salieron al revés y tuve que sujetarme al destino. No puedo negar que eso me dio cierta alegría, tanto el disparo como la forma en que lo arrastramos entre una lona.

— ¿Puede recordar cómo se pusieron de acuerdo para sacarlo y subirlo al automóvil de su hermano?

—Algo así. Recuerdo que me quede mirando a Naraku cuando hubo terminado de dispararle y luego me devolví hasta la puerta para saber si alguien había escuchado algo, pero afuera todos se comportaban de la misma manera que siempre, entrando y saliendo monótonamente. Volví con él, sin poder controlarme, las piernas me temblaban y el corazón latía a mil por hora, no sé en realidad que sentía.

— ¿Naraku, su hermano, la instigo u obligo a ayudarle con el cuerpo de la víctima?

—No, simplemente me sentí urgida a sacarlo de allí no quería verlo, me sentía algo perversa al hacerlo. ¿Se ha leído los cuentos de Edgar Allan Poe? Hay uno, El Demonio de la Perversidad, que describe perfectamente lo que sentía. Yo quería probar que se sentía ocultarle un terrible crimen al mundo.

«Tendimos la lona en el piso, volcamos a Bankotsu sobre ella y lo envolvimos. Mi hermano no hablaba, seguía teniendo la misma mirada maniática y descontrolada que se había apoderado de él cuando tomo el arma.

Todos se estremecieron ante horrorosa descripción que Kagura daba de su experiencia, sentían que una desalmada mujer se vanagloriaba de sus éxitos y metas. La repulsión por ella creció, al mismo tiempo que una rara compasión, pues, a los ojos del mundo, seguía siendo una jovencita de dieciséis años que cometía un tonto error. Y alimentando eso con el traumatico pasado del que ya estaban enterados, la trampa de Naraku daba más que frutos.

La acusada solo daba signo de autosuficiencia, tenía la sensación de ser magnánima, de estar un rango por encima de toda esa prole que no entendía que era la cosa extraña que les plantaban frente a los ojos. Ahora podía decirse que era libre, tan libre como su hermano para decir lo que le diese la gana sin pararse a cuestionar que tan verdadero fuese ello, era ridículamente sorprendente.

Tōtōsai se revolvió inquieto en su lugar. Ya tenía claro que preparaban sus clientes, y aunque no supiera la razón, sospechaba que nada era como lo pintaban. Le dejaban demasiado fácil el trabajo a la jueza, lo cual no resultaba acorde a la naturaleza rebelde de los hermanos Itami, tenía entendido que ninguno de los dos quería ir a la cárcel, pero ahora los deseos de ambos jóvenes eran verdaderamente inciertos. A parte de eso, se sorprendía de la facilidad con que Kagura dominaba al público, saber si era verdad o mentira pasaba a segundo plano cuando alguien hablaba con tanta convicción y sin tapujos. Sabiendo de ante mano las consecuencias de lo que dijera allí.

— ¿Y qué sucedió después? —Las preguntas del fiscal se hacían cada vez con más brusquedad, podía notarse lo influenciado que estaba con el ambiente.

— ¿Después? —Kagura soplo la respuesta como si se desvaneciese en el acto, parecía no saber precisarlo— Después mi hermano busco una salida, después fuimos hacia su camioneta y lo tiramos atrás, cubriéndolo con la capa impermeable de una carpa que había allí. Naraku encendió la camioneta. Pasaron un par de minutos entre nuestra subida al vehículo y el arranque de este, nos quedamos congelados mirando hacía ningún lado, debimos estar demasiado consternado para ejecutar cualquier acción.

— ¿Está segura de lo que dice? —El fiscal se encontraba ligeramente agitado, las preguntas eran presurosas y algo curiosas, se comportaba como un chiquillo al que le cuentan una historia interesante— No puedo creer que después de toda esa vertiginosa adrenalina simplemente se quedaran consternados mirando la nada desde un auto.

—Aunque no lo crea eso sucedió. Cuando llegamos a la casa buscamos una pala y esperamos a que fuera realmente de noche, para nuestra suerte era una noche sin luna y con solo una linterna volvimos a la camioneta y nos acercamos al parque más cercano. Yo cabe un primer turno, no fue fácil teniendo en cuenta que llevaba la misma ropa de la tarde, luego paso Naraku al frente y termino de cavar; el hoyo quedo tan profundo que mi hermano estaba de pie sobre él sin que su cabeza sobresaliera por el borde. Había tanta tierra a mi alrededor que por primera vez me cuestione lo que hacíamos.

«Bajar el cuerpo fue un poco difícil, estaba frio y rígido, aunque aún no empezaba a hincharse ni nada, solo era una cadáver con unas cuantas horas. La manta estaba cubierta de la sangre reseca que había manado de él cuando lo envolvimos en la lona, lo empujamos al hueco sin ella. La tarea de cubrirlo fue un poco rutinaria, pero al final lo cubrimos con las lozas de césped, que yo tuve el sentido común de extraer antes de empezar a cavar en serio.

Al terminar de hablar, el silencio más sepulcral invadía la sala llena de periodistas y cámaras de televisión. Kagura llego a pensar que las personas en sus casas debieron de estar igual. La expectación se disipo en un zumbido y el ruido volvió a inundarlo todo, fue algo raro, pero reconfortante. Suponía ya que todos creían la larga mentira que había aprendido de memoria, de un papel rasgado escrito por una psicóloga. No le costó trabajo aprenderlo, después de bailar ballet durante tantos años las letras eran como sonidos de violín que se representaban en pasos, lo realmente difícil había sido creérselo, las cosas sucedieron de una manera tan diferente que le costó imaginarse en esa tonta postura de ayudante pasiva que solo se limitaba a seguir la corriente.

Naraku reconoció lo mismo, conservándose imperturbable desde su posición. Lo estaba previendo todo con una exquisita precisión. A veces creía lo que muchas personas le habían preguntado en el orfanato, que Kagura y él eran mellizos. Podía créelo porque su apariencia no difería en nada y su actitud menos, salvo por la estatura podían considerarse iguales.

La detallo un momento desde su posición. No estaba buscando lo que aparentaba para la audiencia ni lo que decía, buscaba a la pequeña niña que él deseaba tanto (Porque eso era lo que Naraku consideraba, que Kagura era una niña manipulable y rebelde en partes iguales). Y la encontró sin mucha dificultas, allí estaba su otra mitad, el espejo que podía reflejarle todo lo que él era envuelto en una irresistible capa de liberalismo y subversión. Estaba allí arriba igual que él en su momento, dándole al mundo una máscara inescrutable y orgullosa mientras se apelmazaba de dudas en el interior.

Inu no Taishō se paseó un momento por la sala, buscando la perfecta pregunta para cerrar con broche de oro.

—Señorita —Hablo al fin, captando la atención de todos—, le haré esta pregunta y terminaremos con esto: ¿Qué cree que le sucedió al señor Naraku en aquella sala, donde usted describe su actitud como: parecía loco disparándole sin precisión y a todas partes, termino como un queso suizo?

«Mordió el anzuelo» Pensaron los dos hermanos al tiempo, dejando entrever una sonrisa.

—Es muy fácil —Expuso ella dejando aflorar por completo su sonrisa—, tuvo un pequeño quiebre psicótico. La señorita Yura Sakazagami hizo un breve informe sobre eso. Mire —Un sobre que nadie había visto jamás se deslizo de entre el uniforme de Kagura y esta lo extendió al fiscal—. Tiene su firma y sello. Si quiere llámela y lo confirma.

La expresión del hombre fue una mezcla de sorpresa, desaprobación y desengaño, había confiado demasiado en la cortesía de la candente psicóloga.

—Nueva evidencia. Perfecto —Hablo gravemente la jueza, interrumpiendo la abrumante tensión que sucedió a la entrega de la carpeta—. La revisaremos en un momento y con eso, tal vez, podremos dictaminar sentencia, ya que se han declarado culpables. Esto aliviara al sistema, un juicio menos con todos ustedes y sus misterios.

La mayoría se lo tomo como una broma inocente de la mujer, lo que ella quería gritarles era que estaba harta de escucharlos parlotear sobre un asesinato como si fuese cosa de todos los días. Nunca había querido tachar a nadie de psicópata, pero en ese momento era el adjetivo más cortés que podía encontrar para ellos.


Hasta aquí lo de hoy, les agradezco a quienes dejaron review (perdon por no responder a uno).

El próximo capi sería así como "El final", pero para no atormentarlos con la idea de que jamás supieron la verdad, haré un "Extra" para contarla.

Sin más, me despido. Las obligaciones me vuelven a llamar D: