Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son de su creador Masami Kurumada.
Un suspiro de satisfacción salió de los labios de Tōma cuando se sentó en el escritorio de Marín.
Una pequeña pelea sobre quien trabajaba más en el orfanato se había suscitado el día anterior cuando Tōma entró en la oficina de su hermana molesto por la gran lista de tareas que tenía que hacer. Después de un par horas llegaron a la conclusión de que cambiarían de lista de tareas para que Tōma comprobara que él tenía lo más sencillo.
- Tōma sólo vengo a... -dijo Marín entrando en la oficina - baja tus pies de mi escritorio.
- En primer lugar, no es tuyo ahora es mio así como toda la oficina , en segundo, ¿qué haces aquí?
- Venía a recordarte lo que harás hoy - Tōma rodó los ojos pero Marín continuo - llama al plomero para que arreglen el grifo de la cocina que gotea, también hay que llamar al director de la escuela para que nos diga como se arreglará todo para el nuevo ciclo escolar, tienes que ir a la alcaldía para...
- Sí, sí, sí, ya sé todo eso - Tōma se levantó de la silla y comenzó a empujar a Marín a la puerta - en ese caso recuerda que antes del desayuno los niños deben de tender sus camas, molestan a Shun así que vigilalo, cuando Seiya se emociona le da por patear a los demás.
- Tōma, todo eso ya lo sé. Pero tú no sabes nada de lo que yo hago y es importante que...
- Ya Marín - Tōma la sacó de la oficina - tu trabajo es sencillo, lo terminaré antes de la comida.
Cuando llegaron a la puerta Tōma la cerró, evitando así que Marín continuara hablando, y regresó al escritorio.
Aún consideraba que Marín exageraba, sabía que a su hermana le gustaba tener las cosas en orden y a fin de cuentas todo era por el bien de los niños. Después de todo, él sabía lo difícil que podía ser vivir en un orfanato.
Tōma suspiró de nuevo, se sentó derecho y tomó el teléfono. Al segundo timbrazo su llamada fue contestada.
- ¡Hola, hermosa!
A diferencia de Marín, Tōma se daba la libertad para salir y conocer gente nueva, después de alrededor de dos meses había logrado convencer a la nueva hermana de Saori de que saliera con él, no había sido sencillo pero después de otros tres meses Tōma se podía dar el lujo de presumir que tenía novia.
Pasó el resto de la mañana hablando con su novia. Incluso los niños, acercándose a él y preguntándole que era lo que hacía no lo pudieron despegar del teléfono.
Para la tarde Tōma había olvidado completamente lo que tenía que hacer.
Fue hacia el centro de la ciudad esperando encontrar una respuesta, pero no pudo recordar nada.
Derrotado, caminó de vuelta al orfanato. Durante el trayecto reconoció la capacidad de su hermana por mantener las cosas del orfanato en orden, además de poder recordar todas las tareas que se tenían que hacer en tiempo y forma. Era algo que no tenía que sorprenderlo si consideraba que Marín siempre fue así.
Tōma recordó su niñez en el orfanato. Él sólo tenía tres años cuando llegó ahí, por lo que no podía recordar mucho, Marín sólo era un año mayor que él pero podía recordar perfectamente el orfanato de Japón. Durante esos años Marín se encargó de cuidar a su hermano, se encargaba de su alimento, que estuviera sano, incluso llegó a involucrarse en sus peleas; Marín estaba todo el tiempo desarreglada y casi no comía, pero Tōma era un niño limpio y bien alimentado, no fue difícil suponer a quien terminarían adoptando.
Cuando tenía siete años Tōma fue adoptado por una familia que planeaba llevárselo a Grecia. La separación fue difícil, para Tōma el tiempo que estuvieron separados fue terrible, durante su estadía en Grecia Tōma se dedicó a hacer toda clase de destrozos para que pudiera regresar con su hermana; Marín también se dedicó a buscar la forma de reunirse con Tōma. Finalmente después de cinco años ambos hermanos se reunieron.
Al llegar a la entrada del orfanato Tōma sonrió al pensar en la promesa que había hecho con Marín de no volverse a separar nunca. A penas cumplió dieciocho años Tōma se mudó al orfanato donde Marín vivía y era la encargada (ya que nunca la habían llegado a adoptar). Eso había sido hace un año atrás y desde entonces ambos hermanos habían estado juntos.
- ¿Dónde estabas? - le preguntó Marín en cuanto Tōma llegó a al oficina.
- Fui al centro - Tōma se quitó su chamarra y la aventó al escritorio - me dijiste que fuera, ¿no?
- Sí, pero fuera de eso no has hecho nada, no has llamado a Shion o al plomero a pesar de que pasaste toda la mañana hablando por teléfono - Marín cruzó los brazos.
- ¿Y cómo lo sabes?
- Los niños me dijeron.
- Bueno, ¿y tú ya hiciste todas tus tareas?
- Sí, incluso la cena ya está siendo preparada.
Tōma suspiró, era extraño para él el que Marín ya tuviera todo arreglado mientras que él no podía recordar ni una sola cosa. A pesar de su frustración, si algo le había enseñado su hermana era a aceptar sus errores.
- Admito que me confié, no es tan sencillo encargarse de toda la administración de este lugar.
- Agradezco que digas eso - Marín se acercó a su hermano y le acarició el hombro - tus tareas tampoco son tan sencillas.
- No tienes que ser amable, generalmente a esta hora apenas estamos haciendo la tarea, la cena se prepara, como hora mas temprana, a las siete. Apenas son las seis y ya hasta vas a mandarlos a dormir.
- Tōma fue difícil logra esto. Los niños son escandalosos y me cansé de decirle a Seiya que dejara que patear a los demás durante el tiempo que estuvieron viendo televisión. Si no hubiera sido por Seika que me apoyó ni siquiera hubiera podido lograr que tendieran sus camas - Marín suspiró - tu trabajo también es difícil.
- No lo sé, lo haces parecer tan sencillo - Tōma miró al suelo derrotado.
- Incluso mi trabajo no lo es. Anoto todas mis tareas en esta agenda - Marín levantó una pequeña agenda - me levantó a las seis de la mañana y me voy a acostar a las doce más tardar. Creo que ambos sólo somos buenos en una cosa, no hay por qué cambiar de tareas.
Tōma sonrió y abrazó a su hermana.
- ¡Nunca más aceptes una de mis ideas! - dijo entre sollozos.
- No te preocupes, no lo volveré a hacer - Marín sonrió mientras abrazaba a Tōma.
Tōma sonrió, y agradeció en tener una hermana tan comprensiva y que siempre estaría ahí para él.
