Universo: He-Man and the Masters of the Universe
Capítulo 4
Cuando despertó, era de noche, y estaba muy lejos de la Torre Oscura, en algún bosque, posiblemente el Bosque Evergreen. Sibyline había encendido una fogata, y estaba sentada sobre un tronco.
—S-Sibyline, ¿Por qué te arriesgaste tanto? —preguntó He-Man incorporándose.
—Cuando nos enteramos de tu desaparición, Danton y yo decidimos venir a ayudarte.
—¿Donde está él?
—En un puerto, esperándonos con un barco.
He-Man calló. Sabía lo controvertido que sería si se enterara de que él amaba a Evil-Lyn y que confiaba en ella. Seguramente lo inmovilizaría con magia.
—No he recuperado mi Espada.
—Estamos en eso. Me topé con unos qadian que también te estaban rastreando, ellos se dirigieron a Montaña Serpiente para intentar recuperar tu Espada.
He-Man suspiró, más calmado. Pero estaba preocupado por Evil-Lyn.
—Debiste haber esperado. Evil-Lyn iba a traicionar a Skeletor...
—Era una trampa —dijo seria—. Nada de lo que ella te cuente puede ser verdad.
—De todas formas, pudiste haber esperado.
Se incorporó. Vio que Sibyline estaba algo ofendida.
—Lo lamento —dijo él.
—No importa —dijo ella dándole la espalda.
Ellos siguieron avanzando hasta llegar a un río de gran corriente. Sibyline no había hablado mucho con él desde aquella discusión, y He-Man sabía que estaba ofendida.
—Espera, crearé un puente mágico —dijo ella preparando su vara.
—No gastes tu energía, yo puedo crear un puente —dijo él.
Caminó hacia una de las grandes rocas que salpicaban el paisaje, y utilizando su gran fuerza, la levantó.
Sibyline lo miró admirada, como aquella vez en la Isla de las Lágrimas cuando destruyó una puerta blindada con sus propios puños. Aquella vez se sintió muy atraída hacia él. Y ahora volvía a sentirse atraída hacia He-Man.
Amaba a Danton, pero no poseía la fuerza ni los músculos del Campeón de Eternia. A veces, cuando hacía el amor con su esposo, imaginaba que estaba con He-Man.
Se sonrojó al pensar en todo eso. Él se acercó con la roca y la lanzó al río, formando un irregular puente por donde se podía cruzar.
—Vamos, Sibyline —dijo él, sonriendo un poco. Ella se sonrojó más.
Estaban cruzando, cuando un rayo impactó en la espalda de He-Man, cubriéndolo con un rayo naranja.
—E-Este rayo me debilita —dijo él, dándose cuenta que estaban usando la misma arma que Melbrag, el Estafador había usado contra él, robando el mineral de los Widgets.
—¡He-Man! —gritó preocupada y asustada Sibyline cuando lo vio caer.
Encima de una roca, Whiplash acababa de dispararle con el rifle láser.
—¡Clawful! ¡Beast Man! ¡A ellos!
Los dos secuaces de Skeletor emergieron de una roca y corrieron hacia ellos.
Sibyline los inmovilizó con un hechizo, y bloqueó con otro el disparo que le lanzó Whiplash.
Pero ahí venían las tropas de Skeletor, y no tardarían en superarla.
Sostuvo a He-Man, y usó un hechizo para teletransportarse lejos de allí. Aparecieron cerca de un bosque.
Sibyline miró a He-Man antes de desmayarse.
Tardó poco en recuperarse y preparar una fogata. He-Man recuperó la conciencia al sentir el calor de las llamas.
—Otra vez me has salvado —dijo mirando a Sibyline.
—Debía hacerlo, los esbirros de Skeletor nos iban a capturar a ambos.
He-Man no dejó de mirarla. Era una hechicera muy valiente y se arriesgaba mucho por él.
—Voy a ayudarte en algo, Sibyline. Nunca dejaré de estar en deuda contigo.
—Ya hiciste mucho por mí. Liberaste la Isla de las Lágrimas.
—Jamás lo habría hecho sin tu ayuda.
Sibyline se sonrojó.
—Me halagas demasiado.
—Esa victoria te pertenece.
Ella lo miró y se sentó a su lado, para arreglar el fuego. He-Man sintió el calor de los muslos de Sibyline, y de inmediato recordó el calor de Evil-Lyn.
Quería mucho a la bruja, pero ¿y si era cierto, y todo era un engaño? ¿Si en realidad no lo amaba? Ella se había enfrentado muchas veces a él en el pasado.
Ella también sintió el calor de He-Man, y quiso acariciarlo, sentir la pasión que no sentía con Danton.
Intentó levantarse, pero una de las manos de He-Man tocó su muslo. Ella suspiró y acarició sus pectorales.
Las caricias iban y venían, y además subían de tono. Si darse cuenta, ya intentaban desvestirse el uno al otro.
—No deberíamos —susurró él mientras quitaba el leotardo y acariciaba su gloriosa espalda.
—Nadie se enterará —susurró ella mientras acariciaba sus músculos con desesperación.
Él correspondió y acarició su espalda bajando hasta sus nalgas y sus muslos. Ella gemía con pasión, sin dejar de acariciar los brazos y el abdomen de He-Man. Ella lo recostó y se sentó encima de él, echando su cabellera castaña hacia atrás, dejando al descubierto sus pechos firmes y generosos.
Él acarició su abdomen suave y subió para acariciar sus senos. Ella se agachó, colocándolos directamente en su cara. Él los besó y acarició.
Sostuvo su cadera y entró en ella. Ella gritó. Comenzó a moverse con un ansia desesperada, casi feral, quizás por sentir que era algo prohibido.
Ella se movía junto a él y no dejaba de acariciarlo. Era el paraíso, un sueño que muchas veces soñó y ahora se hacía realidad en el Bosque.
Tan estimulados estaban, que no tardaron en alcanzar el éxtasis.
—¡He-Man! —gritó ella al sentir el clímax como un relámpago en su cuerpo.
—¡Sibyline! —gritó él abrazándola mientras sentía un placer que había tardado en descubrir.
Ella se dejó caer, y ambos se abrazaron, cubriéndose con las sombras combatidas por la pálida luz de la fogata.
Sus respiraciones se calmaron. Entonces se dieron cuenta de lo que habían hecho.
—Nadie debe saberlo —susurró Sibyline, recostando su cabeza en su pecho.
—Nadie lo sabrá —dijo él estrechándola entre sus brazos.
