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¿Somos un equipo? Parte 4: Jugadas mentales.
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Continuación del regalo de Alinekiryuu
(Kia-nee, se está haciendo largo tu regalo de cumpleaños…)
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Disclaimer: Ningún personaje me pertenece. Solo la trama de esta historia es mía.
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Miss Choco-chips
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Demasiado brillante. Demasiado pacífica. Demasiado… linda.
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Definitivo: La aldea de Konoha le causaba escalofríos.
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Todos los aldeanos parecían vivir tranquilos y felices, como si nada en el mundo les preocupara. Confiaban en los ninja, que corrían por los techos a unos metros sobre ellos, para cuidar sus vidas. Charlaban en medio de la calle, regalando mercadería, saludando a medio mundo. Las madres permitían, con total tranquilidad, que sus hijos se alejaran calle abajo para jugar. Era demasiado… irreal. Como un cuentito de hadas. Casi esperaba que se le apareciera una mujer con vestidito brillante a ofrecerle ropa para un baile, o algo así.
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¿Lo peor? Miró a su izquierda. Con su expresión idiota de "soy un súper detective", Timothy Drake Wayne lo acompañaba. Era jueves por la tarde, un día tranquilo. Haruno se había marchado luego del almuerzo al campo de entrenamiento, y cuando ambos la siguieron, sufrieron un encuentro cercano con la suela de Tsunade Senju.
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"-Oh, ¿no lo mencioné? Mi orden de 'acompáñala a todas partes' excluye el tiempo que pase conmigo. Ahora, shush, mocosos. Tengo que desquitar mi estrés… digo, enseñarle a mi alumna a esquivar ataques multi direccionados. ¡Fuera! Ah, y Tim: quedas a cargo del enano. No lo pierdas de vista"
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La mujer era tan encantadora como un cardumen de pirañas, pero Damian había aprendido mejor que llevarle la contraria.
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Y helo allí. Acompañado de su persona menos favorita, haciendo turismo por un lugar aterradoramente alegre. Dick se sentiría como pez en el agua aquí.
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Suspiró. No habían pasado ni tres horas, y ya echaba de menos la presencia de la joven doctora. No que fuera a admitirlo. Pero ella lo distraía de la presencia de Drake. Esa mañana, se vio obligado a admitir (para sus adentros, Kami no permita lo contrario) que disfrutaba acompañarla en el hospital. Aprendía cosas, conocía gente (que podría serle útil si su estancia en esa villa se alargaba) y se enteraba de piezas de información jugosas, cuando pasaba cerca del puesto de las enfermeras chismosas. Además, ¿para qué negarlo? Su compañía era ciertamente más agradable que la del bastardo adoptado.
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Pero, en cierto modo (Agh, le iba a doler aceptar esto…) estaba aliviado de haber encontrado un tiempo a solas con el idiota. Tenían que hablar de lo que hubieran averiguado… al menos, podían centrarse ello, en lugar de intentar asesinarse mutuamente (y ser castigados por la sadomasoquista líder del lugar).
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-¿Qué descubriste mientras yo estaba con ella en el hospital?
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Tim miró de reojo al niño. Ya se había tardado en preguntar.
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-Eran tres, sin contar a su maestro. Ella y dos chicos: Naruto Uzumaki y Sasuke Uchiha. Su sensei, Kakashi Hatake, parece ser uno de los ninjas más fuertes de la Aldea. Desde hace unos meses se encuentra de misión, se desconoce cuándo volverá.
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Damian asintió- Ayer por la noche, fui a un bar. Me encontré con un ninja borracho, parece ser que fue el maestro de Haruno y sus compañeros en la Academia. Estaba bebiendo para ahogar el dolor de no haber podido hacer nada por ellos. Fue fácil sacarle información sobre lo poco que sabía, pero no me enteré de nada relevante: buenas y malas notas, puntos fuertes y débiles, "un equipo muy unido, pero destinado a romperse. La maldición del número siete". También oí a otros aldeanos, diciendo que la aldea estaba más segura sin "el demonio" y "el vengador".
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Tim se pasó la mano por el cabello.
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-Tenemos demasiados espacios en blanco. Pero eso último que dijiste… yo también escuche algo de eso, y siento que tiene relación con los ex compañeros de Sakura-chan. Después de todo, ambos se marcharon hace poco, ¿no? Cinco meses, me parece. Deben ser apodos que les dio la gente. Pero, ¿Cuál es cuál? Necesitamos una fuente de información… si estuviéramos en Gotham, consultaría con alguna estudiante de secundaria. Suelen tener toda la información de la ciudad, no preguntes como. Pero aquí parece que la educación de los ninja termina a los 12, y los civiles no parecen muy interesados en la vida de los shinobi. ¿A quién podemos preguntar?
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Una idea cruzó la mente de Damian.
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-Sak/ Haruno me habló ayer sobre una amiga suya… que tiene una florería. Quizás ella pueda ayudarnos.
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Tim frunció el ceño, pensativo. Podía funcionar.
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-Ahora que lo mencionas… ayer pasé frente a una. "Flores Yamanaka". Queda a unas pocas calles de aquí.
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Contrario a la creencia popular, Ino Yamanaka no solía ser visitada por chicos guapos. Muchos de sus admiradores acababan por alejarse debido a su carácter más bien "explosivo" y el recuerdo de sus épocas de fan girl. Por eso, la invitación de parte de esos exquisitos especímenes masculinos era una oportunidad que no pensaba desaprovechar.
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Lo sentía por la frentona, pero sus nuevos amigos estaban demasiado buenos para dejarlos pasar. Ya luego se lo compensaría con una blusa o un par de zapatos. Además, algo de su antigua rivalidad persistía.
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-…y yo le dije: "Eres más tonto que Naruto". Y luego…
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Al fin. Luego de media hora de cháchara sin relevancia, Tim encontró la clave para iniciar la conversación que quería tener.
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-¿Naruto? Creo haber oído a Sakura mencionarlo, pero no entendí muy bien lo que dijo. Ya sabes, el japonés no es mi idioma principal… -se hizo el tonto, con una sonrisa algo avergonzada.
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Oh, claro que ella lo sabía. Ese acento extranjero lo hacía aún más encantador. Estaban los tres sentados en una pequeña cafetería, a dos cuadras de la florería. Ino había decidido tomarse un descanso, y de camino allí, se había encontrado con los huéspedes de su amiga, que se ofrecieron a acompañarla (ellos no tenían dinero, asique solo la verían comer. Damian probaba por primera vez la pobreza… y no estaba hecho para ella).
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-Bueno, seguro te habrá dicho lo mucho que lo extraña. Pero procura no hablarle mucho de él, ¿ne? Que si no podría acabar recordando a Sasuke-kun y deprimirse…
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Esta vez, Damian interrumpió.
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-¿Sasuke? –preguntó, ladeando la cabeza para fingir inocencia.
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-Sasuke Uchiha, el otro compañero de Sakura. La frentona y, bueno, todas las chicas de la academia, estábamos locas por él. Era tan guapo y fuerte… -su tono soñador pasó a uno triste- Se fue hace unos siete meses. Sakura sufrió mucho, creo que aún no lo supera.
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-Oí que Uzumaki estaba entrenando. ¿Uchiha también?
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-Bueno, sí, supongo. Pero no se fue con permiso de la Hokague, y se marchó con un traidor de la Aldea, asique…
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-Se volvió un desertor –adivinó Tim.
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Ino asintió con solemnidad- Es realmente triste. Verán, al salir de la Academia, se forman equipos de tres: dos chicos y una chica. Un jounnin se vuelve su responsable, y juntos salen en misión y entrenan. Es… como ser parte de una pequeña familia, que te respalda y protege. Para una kunoichi, sobre todo, su equipo es su vida. Sakura… Bueno, primero Sasuke se volvió un traidor. Luego, su mejor amigo, que siempre había estado ahí, Naruto, se marcha a entrenar sin mirar atrás, sin importarle sus sentimientos. Y al final, lo único que le quedaba, Kakashi, se va de misión, como si no soportase mirarla y recordar que fue un fracaso como profesor. Desde la partida de Naruto, no ha pasado a ver a su alumna ni una sola vez.
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Su tono de voz destilaba tanta ira, que a Tim no le sorprendería que comenzara a soltar blasfemias sobre los hombres en cuestión y a arrojar cosas contra las paredes.
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-Una verdadera pena –se compadeció, estirándose para tocar la mano de Ino con un guiño encantador- Eres una gran amiga. Suenas muy preocupada por Sakura.
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La chica se sonrojo brevemente, antes de sonreír, con todo el ánimo de flirtear.
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-La frentona es como mi hermana pequeña.
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-Seguro ella te cuenta todo.
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-Sin duda, absolutamente todo.
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-Y dime… ¿sabes porque se fue Sasuke?
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La muchacha parpadeó. Ahora que miraba con atención… ese brillo extraño en los ojos de Tim tan calculador… ¿Podría ser que… estaba siendo interrogada? Frunció el ceño y se puso de pie, dejando un par de billete sobre la mesa.
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-Lo siento, pero no. No sé nada más. Y la próxima vez, si quieren averiguar algo, pregúntenselo directamente a Sakura o roben los archivos, no me importa. Pero a mí no me manipulen.
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Y salió de café, con su larga coleta dorada sacudiéndose en el viento y la cabeza en alto. Ino Yamanaka podía ser un tanto come hombres, pero tenía el orgullo de una princesa.
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Resignados, salieron del local.
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-Realmente, no es mala idea –comentó Damian, con las manos en los bolsillos, caminando junto a Tim rumbo a los campos de entrenamiento. Ya era hora de ir por Sakura.
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-¿Lo de robar archivos?
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-Hm.
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-Podría ser, demo… ¿Qué archivos… y donde los consigo?
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-Mañana tendrás ocho horas para averiguarlo.
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Tim asintió. Era tan raro estar de acuerdo con el mini demonio… Le daba escalofríos.
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-Por cierto…
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-¿Hm?
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-Pasas mucho tiempo con ella… podrías intentar preguntarle directamente, ¿no crees?
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-¿No te parece que si fuera posible ya lo habría hecho, Drake? Siempre que sale el tema, se pone a la defensiva.
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Alzó los hombros- Solo inténtalo. ¿Qué puedes perder?
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Su confianza, pensó Damian. Pero no era del todo cierto. No sabía si ella confiaba en él, pero sí sentía los cimientos de una amistad formarse entre ambos. Y eso… no quería perderlo.
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-…Esto es incómodo. ¿Podrías bajarme?
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-Hm.
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-Veeeenga. ¿Por favor?
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-Hm.
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-Oe, no me hables con ese tono.
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Tim alzó una ceja ante la "charla" entre Sakura y el demonio. La chica parecía comprender a la perfección los monosílabos de Damian… como si tuviera práctica. Cuando los usaba, Tim notaba una pizca de nostalgia en sus ojos. ¿Sería que uno de sus compañeros hablaba así? Quiso bufar. Todo lo relacionado con la chica parecía llevar a esos dos (¿tres?) desconocidos. ¿Era posible formar lazos tan estrechos?
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-Mou… Bueno, vale. ¿Qué quieres cenar hoy?
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-Hm.
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-Ah, no. Ya hice curry vegetariano ayer. ¿Sabes lo que cuesta?
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-Hm.
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-¡"Hm" para ti también, Wayne!
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Tim aguantó una risa. Al principio le parecía algo terrorífico, pero… no podía evitar verle la gracia.
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Cuando la fueron a buscar al campo de entrenamiento, parecía que un terremoto hubiera pasado por allí. Árboles caídos, grietas profundas y alargadas en el suelo, armas por doquier… Y una Tsunade curándose unos raspones lo más campante, sentada sobre la espalda de una semi inconsciente Sakura. La Hokague clamó que su aprendiz podía curarse sola, y se marchó a hacer su "estúpido papeleo"… o más bien, hacer que su asistente lo hiciera.
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Sakura, boca abajo en la tierra, balbuceó que podría sanar sus cortes cuando tuviera chakra. Podía esperar horas… o tomarse una píldora de soldado, que guardaba en casa. La segunda opción le pareció más factible, y antes de comprender lo que ocurría, estaba en la espalda de Damian, siendo llevada por este contra su voluntad. La cabeza de la kunoichi reposaba en el hombro del Robin, con sus mechones rosados cayendo por el pecho de este como una cascada de algodón de azúcar.
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-Damian…
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-¿Hum?
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"Hueles bien", quiso decir. Se mordió la lengua- ¿Por qué no me bajas?
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-No puedes caminar, Sakura-chan –respondió por su hermano Tim.
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La niña, más dormida que despierta, giró su rostro en dirección a Drake, mirando con los ojos entrecerrados sus irises azules.
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-Déjame en paz, Naruto-baka…
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Como si haber dicho ese nombre le hubiera dado una descarga eléctrica, la cabeza de Sakura se alzó de golpe, con sus parpados abiertos al máximo.
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-Y-yo… lo siento, Tim-kun… no sabía lo que decía…
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Su carita de pena le causó un retorcijón al muchacho, y su curiosidad se disparó hasta las nubes. Costase lo que costase, averiguaría el secreto en torno a los misteriosos idiotas que habían roto a una niña tan dulce por dentro.
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-No te preocupes, Sakura-ch/ Saku –decidió al final. Tenía la ligera sensación que ella preferiría ser llamada así.
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Damian, por alguna razón incómodo, cambió de tema.
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-¿Hablaste con tu maestra? ¿Podré entrenar?
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-No, lo lamento. Olvidé por completo preguntarle. Quizás el que me haya pulverizado con puñetazos y patadas tenga algo que ver.
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Asintió- Acepto tus disculpas. La próxima vez, haz el favor de recordarlo.
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-Si no estuviera tan cansada, te rompería un brazo. O tal vez dos.
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-Lo intentarías.
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-Engreído.
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-Mandona.
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-Mal educado.
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Tim la señaló con un dedo- ¡Eh! Que nuestro mayordomo nos educó bien.
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-Oh, lo siento. Entonces, ¡Mal aprendido!
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-Infantil.
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-Te estas ganando una cena a base de cerdo y vaca, Wayne.
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Con esa efectiva amenaza, calló.
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Tim abrió la puerta de la casa y los dejó pasar, cerrando tras de sí. Damian condujo a Sakura a su habitación, donde guardaba sus píldoras de soldado. La dejó caer sin delicadeza en su cama, y registró el cuarto en busca del potecito naranja, ignorando las quejas de la chica. Fuera de la ventana, el sol se ponía, indicando el paso del día a la noche. No obstante, aún era pronto para cenar.
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Y así fue como salió la propuesta de jugar ajedrez. Siendo un juego tan poco común en Konoha, solo tenía un tablero, juntando polvo en lo más recóndito del armario de sus padres.
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Viendo cómo enfrentar a los hermanos tendría fines desastrosos para la estructura de su casa, decidió que sería ella vs Damian, mientras Tim, que se había ofrecido amablemente, cocinaba. No confiaba del todo en sus capacidades culinarias, pero siempre estaba el plan de emergencia (cenar fuera).
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Sakura sonrió. Los juegos mentales eran sus favoritos. Por lo general jugaba Shogi con Shikamaru, pero el chico había preferido algo más… clásico, de su ciudad, y ya que había ganado cinco o seis partidas contra Tsunade, sentía la confianza suficiente para barrer el suelo con él.
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-¿Blancas o negras? –preguntó, acomodando las piezas en sus casillas.
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-Damas primero –respondió él, girando el tablero para que las fichas claras quedasen del lado de Sakura.
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-Oh, vaya. Asique si puedes ser caballero, después de todo.
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-Sería injusto no darte ventaja.
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-Tu arrogancia te hará caer.
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No contestó. Ambos analizaron el tablero, trazando en sus mentes la estrategia que usaría cada quien. Se lanzaron una mirada retadora y empezaron.
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Peón H2 a H4. Peón A8 a A6. Peón A2 a A4. Peón E7 a E6.
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Tim, diez minutos después, entró a la sala para informarles que la cena estaría en media hora, cuando la salsa estuviera en su punto. Quedó congelado en el dintel de la puerta, observando con asombro las piezas volar sobre el tablero. Difícilmente tardaban más de dos minutos en mover.
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Apabullado, volvió a la cocina, para resurgir treinta minutos después, confiando que habrían terminado para entonces.
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-La cena está list/
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Parpadeó varias veces, analizando el juego (aun sin concluir) con atención. Ladeó la cabeza. Finalmente, estalló en sonoras carcajadas.
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-Jaque Mate… Dami.
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El joven hijo de Bruce Wayne no lo podía creer. Repasó en su mente las múltiples jugadas hechas, las veces que en su arrogancia se creyó a punto de ganar. ¿Todo había sido una trampa?
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-Jugaste sucio. Me tendiste una emboscada.
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-Si quisiera una victoria honorable, sería espadachín o samurái. Soy ninja. Y no hice trampa en ningún momento. Reconoce que soy más lista que tú.
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-Fue suerte de principiante. Exijo la revancha.
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-Mmm, de acuerdo. Siempre es agradable golpearte el ego.
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-Eh, chicos –interrumpió el tercer presente, dando otro paso y alzando la mano para pedir tiempo fuera- ¿Pueden continuar después de la cena? Se va a enfriar. Hice raviolis rellenos de verdura y…
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Ya era medianoche. Tim se había retirado a dormir una hora atrás, y ahora solo quedaban ellos y el tablero de ajedrez medio vacío. A pesar de que la noche era algo fresca, Sakura estaba emocionada por mostrarle las estrellas (casi le había dado algo cuando le dijo lo poco que podía verlas desde su hogar en Gotham), por lo que habían trasladado su juego al tejado.
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-Jaque –sonrió triunfante Damian. Esta era la novena partida. Cuatro había ganado él, y cuatro ella Era el desempate.
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Sakura frunció el ceño, pero luego sonrió.
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"Perdón, Shikamaru…. Voy a robarte esa técnica que me enseñaste."
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Alfil toma Reina. Torre toma Alfil.
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-Jaque Mate. Gané cinco de nueve Dami.
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Gruñó en frustración y Sakura dio otro sorbo a su chocolate caliente.
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-… -suspiró- Bien jugado… Haruno.
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Se sonrojó suavemente, recostándose en el suelo del tejado para ver bien la noche. Estuvo en silencio contemplando el manto nocturno, con admiración. El brillo de las estrellas se reflejaba en sus pupilas.
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-Parecen diamantes flotando en…
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-Petróleo –ofreció Damian, colocándose a su lado para compartir la vista y algo de calor corporal. Sus brazos se rozaban, pero si lo notaron, no lo dijeron.
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-Bueno, pensaba más bien en una tira de satén negro –sonrió– Como… un vestido. El más hermoso de todos, oscuro pero con pedrería brillante… Eh, no me mires así. Nunca tuve algo tan bonito, déjame fantasear.
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-Eres muy... niña. Pero también puedes comportarte como un adulto, por el bien de tus pacientes. No te entiendo. Eres un misterio.
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Sakura rotó su cuerpo, quedando de costado para poder mirarlo. Él la imitó. Por unos segundos, se analizaron en silencio. La intimidad del momento pareció quebrar otra de las líneas de defensa de la joven médico, quién sonrió con dulzura.
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-Es el cumplido más raro que me hayan hecho nunca.
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-No es un cumplido. Es una amenaza.
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Alzó una ceja- ¿A qué te refieres?
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-Los misterios hay que resolverlos, averiguar que esconden.
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Ninguno parecía poder apartar la mirada. Él desafiante, ella recelosa. Tampoco notaban que invadían el espacio vital del otro.
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-Quizá te decepcione lo que encuentres.
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-Quizá me sorprenda. Y tú también *.
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Nerviosa de repente, se paró. Sabía que si él descubriera lo tonta que había sido (lo infantil, egoísta, absurdamente enamorada de alguien demasiado roto para corresponderla), a sus ojos dejaría de ser igual. Ese brillo de respeto que notó cuándo la vio curar por primera vez a sus pacientes… desaparecería.
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-Hay misterios que es mejor dejarlos sin resolver.
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-Haruno…
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-Tengo sueño. Ya es tarde. ¿Te quedas aquí?
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Damian suspiró. Cambiando de tema, huyendo… no parecía propio de ella. Puede que no la conociera a fondo o por mucho tiempo, pero sabía que no era una cobarde. ¿Qué era lo que la asustaba?
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-En un rato. Tengo que llamar a mi hermano.
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-¿Grayson o… Tadd?
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-Grayson. Y no es Tadd; es Todd.
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Sakura asintió y sonrió tenuemente, pero parecía tener nuevas barreras custodiando sus orbes jade. En guardia, con las defensas desplegadas, ya no tan cómoda en su presencia como cinco minutos atrás.
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-Bueno, no te entretengas mucho. Mañana tenemos que madrugar; es viernes.
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Damian recordó la rutina. Viernes, hospital hasta las cuatro de la tarde. Otro día ocupado. Otro día solos.
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-Nunca mencionaste que haces el sábado.
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-Oh, también entreno, pero solo mi mente. Estudio venenos en el laboratorio, aprendo las capacidades de las plantas… esas cosas.
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-¿Todo el día?
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-Desde las siete de la mañana hasta el almuerzo.
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El Wayne asintió, y Sakura se agachó para recoger el tablero, colocando encima las piezas usadas y las tazas.
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-Hasta mañana, Dami.
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Volteó, saltando para entrar a su casa por la ventana. Él la observó marchar, ligeramente confundido por lo que había pasado.
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Luego de la llamada a Dick, ese sentimiento de desconcierto había aumentado. En vez de clarificarle la situación, su hermano la había enturbiado, además de dejarle con la sensación de que le había leído la mente.
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Suspiró y entró a la casa, apagando las luces a su paso y metiéndose en el cuarto que ocupaba. Estaba por meterse en la cama (la que pertenecía a los padres de Sakura, pero que en su ausencia había tomado prestada), cuándo un extraño presentimiento le obligó a cerrar las persianas.
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Llámenle paranoico, pero se sentía… observado.
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Interludio 4.
Llamada a Dick.
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-Es muy tarde, Dami. ¿Pasó algo? Siempre llamas más temprano.
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-No ocurre nada. Simplemente, me entretuve.
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-¿Ah, sí? ¿Con que?
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-Unas cuantas partidas de ajedrez.
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-Oh dios… Dime que Tim y tú no destrozaron la casa de esa chica por desacuerdos sobre quien ganó.
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-No. De hecho, ella no nos dejó jugar entre nosotros.
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-Chica lista. ¿Puedo suponer, entonces, que ella fue tu rival?
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-Hm.
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-¿Y? ¿Quién ganó?
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-Ella, cinco de nueve.
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-Repito: chica lista. ¿Te molesta?
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-No. Fue entretenido. Pero…
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-¿Qué ocurre?
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-Es algo… raro. Es rara. No hablo del juego. Cuando hablamos de cualquier cosa, es abierta y relajada. Basta que mencione a sus ex compañeros, o que le pregunte por su pasado, y se pone a la defensiva.
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-No debe sorprenderte. Quizás solo quiere dejarlo atrás, o aún no está lista para hablarlo. Cuando lo esté, me da la impresión que te buscará. Dale tiempo; no sabes lo que tuvo que pasar, y hasta que te lo cuente o lo averigües, no debes presionarla. Podrías tocar un nervio sensible y herirla.
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-Lo sé. Sé todo eso.
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-¿Entonces?
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-Eso no es lo que me molesta.
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-¿Qué es?
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-Que me interese. Nunca me importa lo que le ocurra a la gente. ¿Por qué no puedo dejar de lado mi curiosidad esta vez?
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-Quizás es porque te cae bien. Es normal preocuparse por la gente que aprecias, hermanito.
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-Es que… la conozco hace muy poco.
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-Sí, pero algo te debe haber llamado la atención de ella. Es una ninja, ¿no? Eso te gusta. También me comentó Tim que es médica. Se necesita determinación y fortaleza para ello. Otra razón más para respetarla.
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-Sé que la respeto. Pero no es lo mismo que el respeto que siento por padre, por ejemplo. O por mi madre.
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-Esta chica tiene tu edad, Dami. Es sano que te intereses por su vida y le tomes afecto rápido. No posees lo que se dice un gran grupo de amistades, pero sabes valorar a los que tienes.
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-Es que…
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-Basta de "es que", "pero" y esas cosas. Deja de pensarlo tanto. No es un rompe cabezas que debas armar.
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-Es un misterio, ya se lo dije.
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-Agh. Cuando vuelvas, tengo que enseñarte a halagar mujeres. Pero bueno. Tampoco es tan mal elogio. Solo trata de no pasarte intentando "resolverla", ¿Sí? No quisiera que luego sufras por perder una amiga.
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-Lo intentaré. Pero debo saber que pasó antes en su vida. Necesito saberlo. No sé por qué, pero…
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-Está bien. Lo comprendo. Solo espero que esta investigación tuya y de Tim no les explote en la cara.
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-…Hay… hay otra cosa…
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-Si vas a preguntarme sobre porque tienes retorcijones en el estómago cuando vez que actúa distante, solo tengo una respuesta para ti, ya que darte una más extensa podría ser para mal: estás jodido. ¡Buenas noches!
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**Click**
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-….. ¿¡Cómo mierda lo supo!?
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**Click**
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Fin del interludio 4.
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-¡Lo perdemos!
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-¡Traigan un carro de paro!
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-¡Hai!
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-Carga 200… ¡Despejen!
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-No hay respuesta.
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-Otra vez; carga 300. ¡Despejen!
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-¡No hay pulso, Haruno-sama!
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-¡Una vez más! Carga 300: ¡DESPEJEN!
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-¡Volvió! ¡Volvió!
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Suspiro- Hay que cerrar esa herida, antes que vuelva a entrar en paro. Prepárenlo para el quirófano.
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-Hai. En cinco minutos estaremos listos.
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-Estaré allí en cuatro. Busquen a Shizune-san en Emergencias. Díganle que necesito supervisión durante la cirugía.
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Damian esperó hasta que las enfermeras se alejaran a paso rápido, cuatro empujando una camilla y dos en busca de la otra doctora.
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-Reaccionas rápido –comentó, apretando el paso para caminar a su par. La joven iba remangándose la bata y atando su cabello con un broche.
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-Cuando hay una vida en tus manos, o te congelas o actúas. Prefiero actuar.
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-Salvaste a ese chico.
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-Aún no. Tengo que suturar la herida, buscar daños en los órganos… -lucía preocupada pero determinada- En la última cirugía, Shizune-san ya había estabilizado al paciente; yo me encargué de revisar y suturar. Ahora… tengo que hacer todo yo. Estoy algo nerviosa.
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Un pequeño tirón de cabello le sacó un quejido. Damian la miraba, reprochante.
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-Si no confías en tus habilidades, no llegarás a nada. Concéntrate.
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Sonrío- ¿Me estás animando?
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-Tks. Establezco hechos.
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Llegaron a la sala donde debía esterilizarse para operar. Sería una operación sin chakra, ya que el paciente era un civil, y un exceso de esta energía podría provocarle su muerte, por lo que debía limpiarse bien. Se quitó la bata, colocándose una descartable y el cubre bocas, aunque dejó que este colgara del cuello (como un raro collar) de momento.
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Caminó a la sección para lavar las manos, donde se entretuvo un minuto y medio, más o menos, siguiendo el protocolo del hospital. Cuando acabó, notó que Damian hacía lo mismo a un lado.
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-¿Qué… Por qué haces esto?
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-Yo también quiero entrar.
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-No usaré chakra.
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-Precisamente por eso. Me da curiosidad ver cómo te desenvuelves sin depender de tus poderes.
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-No puedes estar ahí. Podrías poner en riesgo la vida del paciente.
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-Me estoy esterilizando.
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-Eh, Damian…
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-…Pero de todas formas no lo tocaré; ni a él, ni a ningún instrumento. Tu pobre accidentado estará a salvo.
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-Damian…
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-Imagínate que soy un interno del hospital, de esos que están presentes en las cirugías para aprender. Nadie dirá nada.
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-Damian…
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-Además, ¿Cuánto estarás allí? ¿Dos horas? Me aburriré como el infierno si me dejas solo. Y no puedo ir a comer algo mientras espero; apenas son las nueve.
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-¡Damian! Intento decirte otra cosa; te estás lavando mal.
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Parpadeó y miró sus manos. Se estaba frotando con mucho ímpetu, dejándose roja de irritación la piel…- ¿Cómo dices?
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Bufó, rolando los ojos. Le indicó que subiera sus mangas y abrió nuevamente el grifo que él cerrase tras oír su observación.
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-Tienes que echarte estos desinfectantes en un orden específico. Primero este amarillo, luego el rosado…
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A medida que iba hablando, colocaba los productos con suavidad sobre las manos del chico, frotando gentil pero firmemente, formando pequeñas burbujas sobre la piel de sus manos y ante brazos.
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Sin palabras, el chico observó a la doctora. Parecía cien por ciento concentrada en lo que hacía, pero el ligero rubor en sus mejillas indicaba lo consciente que era de la situación. Aunque, observando su reflejo en el espejo frente al lavamanos, notó que él tampoco estaba muy diferente.
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De ser cualquier otra persona, se la habría quitado de encima. Pero la delicadeza con la que lo limpiaba era algo nuevo para él, cuya única figura femenina era la de su madre, demasiado seca y fría para un tacto tan suave. No obstante, notaba pequeñas rugosidades en esas blancas manos; cicatrices, callos, muestras de que no era una mocosa frágil y débil. Observó con atención sus nudillos, que siempre parecían estar rojos (según ella, un efecto colateral de su estilo de pelea). A él, contrario de muchos otros hombres, le agradaba sentir esas irregularidades en su piel; mostraban que había sido fuerte, que había superado la herida y seguía de pie. Una señal de su fortaleza.
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Otra contradicción. De tacto suave y cuidadoso, como una madre acariciando la mejilla de su bebé; pero con las palmas curtidas por el trabajo duro y el esfuerzo de la vida de un ninja.
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Sonrió de lado, mirando la coronilla de su cabellera rosada. Cada vez, la respetaba más. Las últimas palabras de su conversación con Dick aun flotaban en el interior de su mente, pero decidió empujarlas y analizarlas después.
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Tim miró a la señora de largas coletas rubias y ojos almendrados, sentada tras su escritorio.
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-¿Me mandó llamar, Tsunade-sama?
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-Hai. Quiero informarte que no es necesario que busques a Sakura finalizado su turno de hoy.
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-¿Eh? ¿Ocurrió algo?
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La mujer se puso de pie, mirando por la ventana de su oficina con frustración.
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-Dos escuadrones chunnin regresaron malheridos hoy de una misión. El hospital no da abasto; Sakura tendrá que quedarse hasta muy tarde. Yo misma iré a echar una mano ahora, en cuanto termine de revisar el maldito informe de los capitanes de esos equipos.
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-¿Hay algo que pueda hacer?
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Dudó unos segundos, pero al final negó.
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-No. Es un caos el lugar, si no eres médico no te necesito estorbando. Vete a la casa de Sakura.
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Asintió, aceptando la orden- ¿Solo por eso me mandó llamar?
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Recordando repentinamente, sacudió una mano en dirección a la puerta- No, tienes razón. Se me estaba olvidando… todo este asunto de los heridos me tiene de la cabeza. En el piso de abajo, hay tres ninja custodiando unas cajas. Les ordené ayudarte a llevarlas contigo: al parecer, tu padre te mandó unos cientos… o mejor dicho, miles de Ryûs. Con eso podrían vivir cómodamente unos años, pero adjuntó una nota diciendo que enviaría más la semana entrante… -masculló algo sobre "ricos egoístas que podrían compartir su dinero con una pobre apostadora" y lo dejó ir.
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-Esto se te está haciendo una fea costumbre.
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-¿Ayudar al prójimo?
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-Cargarme contra mi voluntad.
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-No puedes tenerte en pie.
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-¡…Si me dejaras tomar una píldora de soldado!
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-Ya usaste muchas; tu maestra dijo claramente que no debías tener una sobredosis.
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-Exageras.
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Bufó y la acomodó, sujetando con firmeza sus piernas en torno a su cintura- Eres una cría. ¿Puedes dejar de quejarte? Casi llegamos.
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Aunque ninguno lo dijo, ambos estaban aliviados de ver el techo de la casa de Sakura a tan poca distancia. Eran alrededor de las tres de la madrugada, y tras pasarse encerrados todo el santo día en el hospital… bueno, estaban agotados, ella obviamente más que él.
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Entró por la ventana del bañó, sin aflojar su agarre ni un segundo. Las luces continuaban prendidas y un par de platos de comida los esperaba en la mesa, cubiertos para no perder el calor.
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-Las sillas se ven tan incómodas –se quejó Sakura.
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-Estas muy cansada. Mejor come mañana.
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-Pero tengo hambre… Hey, ¿Y si cenamos en mi cuarto?
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Como a él le daba lo mismo, asintió. Subió rápido a dejarla en su habitación, sentada sobre la cama, y luego fue a buscar los platos y bebidas.
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Ambos sentados en el colchón, con la espalda apoyada en la pared y el plato en las piernas, miraron la comida.
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-¿Qué es esto?
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La miró, divertido- Se llama milanesa. Lo que la acompaña es…
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-Sí, se reconocer puré. Pero… ¿esto de que está hecho?
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-Carne, cubierta con pan. Por eso, lo mío es distinto –señaló su porción, que incluía- Esto se llama Tofu.
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-Sí, conozco también eso. Pero… -se mordió el labio, preguntándose si sabría rico- Ah, ni modo; no pienso ponerme a cocinar a esta hora. Y Tim-kun lo preparó, debo apreciar sus esfuerzos y comerlo.
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Sin fuerzas para seguir charlando, comieron en silencio. Nuevamente hizo Damian el recorrido escaleras abajo, para dejar los platos en el fregadero (que el inútil adoptado los lavase mañana, él no pensaba hacerlo).
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-Haruno, voy a dormir. ¿Necesitas alg…?
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No terminó la pregunta. Aun en posición de sentada, con la cabeza colgando sobre su pecho, estaba Sakura, dormida. El largo cabello rosado caía con ligeras ondas (producto de estar todo el día con ese broche), enmarcando su rostro con forma de corazón. Las pestañas arqueadas le acariciaban los pómulos y… ya la estaba mirando demasiado.
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Suspiró y sonrió a su pesar, sin saber bien por qué.
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-Tonta. Le dije que estaba cansada –murmuró, caminando con su paso suave y ágil, como el de una pantera, hasta la muchacha. Deslizó un brazo bajo sus piernas estiradas, otro por su espalda y la alzó. Ella recostó la cabeza contra su hombro, farfullando algo en sueños y acurrucándose contra la calidez de su pecho. Los mechones color algodón de azúcar le hacían cosquillas en el cuello y barbilla, pero curiosamente, no le importó.
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Maniobró para sostener todo su peso solo con un brazo, mientras usaba el otro para mover las sábanas de la cama. La recostó sobre el colchón suavemente, con cuidado, y la observó unos minutos más. Difícil creer que aquella adolescente que hacía unas horas movilizaba medio hospital, corriendo de herido en herido, con una energía aparentemente inagotable, ahora descansaba tan pacíficamente, como si fuera gatito, sin preocupaciones ni dramas.
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Sacudió la cabeza. ¿En qué pensaba? La charla con Dick de la noche anterior seguro lo había afectado. Ahora que pensaba en ello… era muy tarde para llamarle. Y para salir a investigar, se dijo, mirando por la ventana de Sakura. El día anterior tampoco había salido, pero estaba realmente agotado, y no tenía idea de a qué hora lo despertaría la medico la mañana siguiente. Aunque la rubia de mala leche había dijo algo sobre darle libre…
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Volvió a centrar su atención en la chica. Con cuidado, le quitó los zapatos, el porta armas, los guantes que llevaba colgados del cintillo y la cinta, con una banda metálica, que adornaba su cabello a modo de diadema. El hitai ate, le había dicho que se llamaba: la señal de que era una ninja de Konoha. Para poder participar en los exámenes Chunnin con ella, a él y a Drake se les daría una también. Serían shinobi honorarios.
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Al dejar la banda en la mesilla de luz, notó nuevamente el cuadro boca abajo. ¿Debería…? Bueno, no es como si fuera un crimen investigar. Además, si ella no quisiera que la viera, la hubiera escondido en algún cajón o algo así.
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Echándole una mirada de reojo para cerciorarse que estaba profundamente dormida, levantó el marco. Reconoció la mata rosada y el rostro infantil de Sakura, sonriendo entre dos niños de su estatura, que se fulminaban con la mirada y parecían polos opuestos: uno rubio y bronceado, con los irises de un tono azul eléctrico, y otro con piel pálida, cabello y ojos oscuros y facciones delicadas. Detrás de ellos, un adulto con cabello plateado parado posaba cada una de sus manos en las cabezas de los niños.
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Supuso que el mayor era Kakashi Hatake. Pero los otros dos… ¿Quién sería Sasuke y quién Naruto? ¿Cuál era el vengador, y cual el demonio?
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La chica se removió en sueños, y él rápidamente dejó el cuadro en la misma posición que estaba al inicio. Se sentía algo raro después de ver la foto; no entendía del todo porque, ni que significaba, asique decidió no darle importancia.
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Volvió a mirar a la doctora. No había cambiado mucho; lógico, ya que la foto parecía ser de hacía dos años. La única diferencia recaía en su sonrisa: la de la actual estaba siempre cubierta por una sombra de nostalgia. Cómo si cada momento de felicidad, tuviera un instante del recuerdo de aquellos años en que tenía a su equipo con ella.
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Pero, pensó, triste o no… sigue siendo realmente brillante. Sin poder evitarlo, sonrió suavemente y la arropó con cuidado, acomodando la manta bajo sus costados para asegurarse de que no se destaparía por la noche y pasaría frío. Finalmente, terminada su "misión", presionó el interruptor de la luz y caminó en dirección al baño, que unía su cuarto con el de ella, dispuesto a imitarla y conseguir unas cuantas horas de sueño.
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Estaba por abrir la puerta, cuando un ruido en el techo llamó su atención. Parecían… pisadas. Ahogadas, apenas perceptibles, pero ahí estaban. Se detuvo un momento, esperando que se repitieran… y así fue.
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¿Pensaban atacar la casa? Miró la forma durmiente de la chica y frunció el ceño.
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"Como si fuera a dejarles entrar", pensó. Corrió a su habitación, tomo su espada y salió por la ventana. En dos segundos estaba en el techo, enfrentando una figura completamente vestida de negro. Su desordenado cabello plateado se veía casi blanco por la luna, y su ojo (lo único que la máscara dejaba ver de su cara) relucía con falso desinterés, bajo el cual se leía claramente la amenaza.
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-Bueno, bueno, ¿Qué tenemos aquí? Pero si es un chico totalmente desconocido, dentro de la casa de mi única alumna mujer… Que desafortunado, ¿nah?
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Parpadeó. Mascara, cabello, "alumna"…
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-Kakashi Hatake.
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Notas de autora.
¡Mis amores! *corre con un fondo de corazones a abrazar a sus babys* ¿Me extrañaron?
Bueno, tampoco pasó tanto tiempo desde mi última actualización, ¿ne? *guiño*guiño* La verdad, los extremadamente largos y motivadores (MIS FAVORITOS) reviews de mi amada sempai-nee-san, Kia-nee, me dieron energías para escribir. Y compartir nuestras ideas sobre esta historia me llenó de nuevos feels, ¡Asique estoy con todas las baterías puestas!
Lo sé, lo sé. Tengo que escribir Raising Sakura… ¡Pero no tengo tiempo! Todo el que tengo, lo absorbe "Somos un equipo". Gomen-neeee.
Ahora, ¿Qué les parece? El interrogatorio Tim-Ino, las partidas de ajedrez, el momento en el hospital… ¡Eso fue sugerencia de Kia-nee! A ella los créditos.
**Estos diálogos no son de mi autoría, por triste que sea. Los vi en una foto de un libro. No, no sé de qué libro son, pero de todos modos quería dar los créditos.
Y el final… estoy segura que muchas lo esperaban. ¡Se hace de rogar, nuestro ninja copia!
¡Estoy es todo por hoy! Y como nota extra: 49 páginas y 6282 palabras, sin contar notas de autora. ¡Amo cuando los capis me salen largos! Si los prefieren mas cortos, avísenme.
Besos, Miss Choco-chips.
Y como siempre, les pido que colaboren con salvar al mundo:
Sin RR, no hay autoestima para autoras.
Sin autoestima para autoras, no hay ganas de escribir.
Sin ganas de escribir, no hay fanfics.
Sin fanfics, es el fin del mundo.
Salva el mundo: comenta.
