Disclaimer: nada me pertenece, la historia es de Lynn Graham y los personajes de JK Rowling.

Lo siento por tardar en actualizar, pero tuve problemas con el internet, y ademas tenia exámenes; en fin espero les guste este capitulo.


Capítulo 4

Con la determinación de no dejarse vencer por sus emociones, Hermione levantó el auricular del teléfono y se dispuso a llamar a su hermana. No hubo respuesta, por lo que su preocupación se fue haciendo más y más intensa mientras esperaba que contestara al teléfono móvil.

-¿Hermione? -dijo por fin Ginny, cuya voz sonaba ahogada por el ruido atronador de la música de fondo-. ¿Por qué me llamas?

Era increíble que la música no la aturdiera, pero ahora entendía que no hubiera oído el teléfono que se encontraba en el recibidor de la casa.

-Estaba preocupada. Parece ser que Ron ha estado allí antes, pero tú habías salido.

-No había salido -respondió después de un largo silencio-. Pero cuando vi que era él no me molesté en abrir la puerta. Es tan aburrido.

- Yo también voy a ser aburrida y te voy a pedir que bajes un poco la música; si Scorpius llora no podrás oírlo. Escucha, había pensado pasar aquí la noche y volver a primera hora de la mañana, pero si prefieres que vuelva esta noche...

-No seas tonta. No hace falta que vuelvas -aseguró su hermana con impaciencia. Se oyó el ruido de una puerta al cerrarse y después un agradable silencio-.

Scorpius está bien... durmiendo como un tronco. ¿Qué tal te ha ido con Draco?

-Mal -confesó derrumbándose sobre la cama-. Está saliendo con Astoria Greengras, la modelo. Es preciosa.

-¡Vaya, querida! - exclamó riéndose malévolamente-Parece que no es tu día. Te lo advertí, ¿no es cierto?

-Sí.

-Draco es un desgraciado. ¿Le has pedido el dinero?

-Sí... no habrá ningún problema.

-¡Genial! -exclamó Ginny entusiasmada.

Entonces le pareció oír otra voz al otro lado de la línea. -¿Hay alguien contigo?

-¿Por qué me preguntas eso? -replicó su hermana indignada.

-He creído oír a alguien más.

-Pues no... Será la televisión. ¡Hasta mañana!

Y colgó el teléfono sin darle tiempo a despedirse. Hermione se quedó allí tratando de hacer algo con el dolor que le perforaba el corazón. Hacía más de tres años desde el día en el que había salido corriendo de la fiesta de Cassiopea después de ver a Draco con otra mujer guapísima. Él la había seguido hasta la calle.

—Entonces sientes por mí lo mismo que yo por ti —le había dicho con tremenda satisfacción-. No te preocupes por mi acompañante, no significa nada.

-¿Lo sabe ella? -le había preguntado Hermione escandalizada.

-Es contigo con quiero estar, bella mía - había asegurado él encogiéndose de hombros-. Las demás no son más que sustitutas y si quieres culpar a alguien de ello, cúlpate a ti misma.

-¡No intentes hacerme responsable de que seas un mujeriego!

-Soy soltero... no engaño a nadie ni hago nada malo. No seas tan puritana. Si fuera tan formal como crees que te gustaría que fuera, estaría casado y con hijos y por tanto moralmente fuera de tu alcance. Siendo como soy, estoy disponible para ti, lo único que tienes que hacer es dejar de correr como una chiquilla huyendo de lo que sabes que hay entre nosotros.

A las tres de la madrugada se había presentado en su casa y ella lo había dejado entrar aliviada de que al menos no estuviese pasando la noche con la otra.

-Contigo será diferente, cara -le había asegurado estrechándola en sus brazos-. Me tendrás sólo para ti.

Hermione se había quedado boquiabierta al comprobar que él le ofrecía como un extra algo que ella había dado por supuesto.

-Y voy a hacerte muy feliz. Es tan sencillo, ¿por qué hacerlo tan complicado? —había añadido con un suave susurro acompañado por besos.

Pero lo único que había resultado sencillo había sido saber que lo amaba, algo en lo que por otra parte, no creía que tuviera otra elección. Se veían siempre que podían, pero nunca era suficiente para ninguno de los dos. Hermione se había enamorado locamente y no había tenido ninguna duda sobre su relación por eso aceptó su proposición cuando dos meses más tarde le pidió que se casara con él. No sospechaba que una vez le hubiera puesto el anillo de compromiso, desaparecería la intimidad de la que habían disfrutado hasta entonces.

Los amigos de Draco la alababan en su presencia, pero lo cierto era que en un círculo tan distinguido como aquél, todo el mundo se sentía insultado por que hubiera elegido como futura esposa a una profesora de universidad poco sofisticada. Las continuas alusiones a la reputación de Draco con el género femenino o su falta de encanto afectaron enormemente a la autoestima de Hermione y a su fe en su futuro marido.

En aquel momento Hermione no era consciente de aquella realidad. El día de la boda había sido el más feliz de su vida y la corta luna de miel una verdadera delicia. Sin embargo, sólo diez meses más tarde Hermione se sentía sola y triste; pero de no haber sido por la historia de Pansy Parkinson, habría seguido con él. Lucca nunca había llegado a entender por qué lo había abandonado. Su aparente infidelidad la había convencido de que el divorcio era la mejor opción que le podía dar a un hombre que había dejado claro durante las últimas semanas que lamentaba haberse casado con ella...

Hermione se metió en el baño contiguo al dormitorio y con lágrimas de dolor empapándole el rostro decidió darse un baño caliente con la esperanza de que la ayudara a relajarse.

Ya sumergida en el agua, unos minutos después se encontró preguntándose por qué Ginny detestaba tanto a Draco. Su hermana jamás había tenido una palabra amable sobre él y, para ser sincera, lo cierto era que él tampoco había sido nunca demasiado amable con ella. Probablemente se debía únicamente a un choque de personalidades. Hermione respiró hondo y deseó tener al pequeño Scorpius junto a ella.

Un suave golpe en la puerta del cuarto de baño la sacó de sus pensamientos con un sobresalto que la hizo salpicar agua por todos lados.

-¡No estoy vestida! -avisó rápidamente a quien estuviera llamando.

-No importa -dijo Draco desde el otro lado-. He pedido que te suban una bandeja con comida, pero como me han dicho que no contestabas he decidido subírtela yo.

-No tengo hambre.

Nada más atravesar el umbral de la puerta, sus oscuros ojos se entrecerraron para observarla con una intensidad estremecedora. Con lo primero que se encontró fue con la tentadora visión de unos delicados pechos de piel blanca coronados por unos suculentos pezones rosáceos. Ella trataba de ocultar su desnudez apretando las rodillas al pecho, como siempre, despojada de todo artificio. Tenía el pelo húmedo y alborotado, los ojos brillantes y la boca tan sensual como un pecado...

-Pues yo sí -respondió él ferozmente.

-Entonces quédate tú con la bandeja -sugirió Hermione tratando de apartar la mirada de él y fracasando estrepitosamente en tal intento. Tenía unos ojos preciosos que emitían destellos de plata y azul, unos ojos que al mirarla provocaron en ella un ardor en la zona pélvica y entonces pensar razonablemente se convirtió en un verdadero reto. Se había quitado la chaqueta y la corbata y desabrochado los botones superiores de la camisa; con lo que tenía un aspecto más atractivo y peligroso que nunca. Todos los sentidos de Hermione reaccionaron disparando por su cuerpo multitud de escalofríos.

-¿Por qué no me pides que me vaya? -preguntó provocador.

Hermione sabía perfectamente por qué, pero era demasiado cobarde para decírselo. En sólo unos segundos su mente se había llenado de imágenes en las que él se acercaba a ella y la sacaba del agua para llevarla directamente a la cama y saciar el deseo irrefrenable que siempre había despertado en él.

Draco inclinó la cabeza hacia atrás; había leído la respuesta en la mirada desprotegida y llena de esperanza de Hermione. Con el estilo que le caracterizaba, asumió que había llegado el momento de dar el primer paso para que ella no se sintiera mal por lo que estaba haciendo. Pero descubrió con sorpresa que esa vez quería algún tipo de contribución de su parte. ¿Por qué tenía que hacerle siempre las cosas tan fáciles? Después de todo, él ya había orquestado toda la situación para provocar el presente desenlace. La había disuadido de que no se marchara a casa para estar con el ratón de biblioteca porque tenía la intención de seducirla y pasar la noche con ella. Pero ahora de repente, había tomado la determinación de hacerla elegir y actuar en consecuencia...

-Si quieres dormir conmigo esta noche, estaré en la habitación de al lado esperándote -vio cómo su rostro se ruborizaba un poco más con cada palabra.

-¿Cómo... cómo puedes decirme eso? -preguntó cuándo consiguió superar ligeramente el bochorno.

-La vida es muy corta. Estoy intentando evitar que nos hagamos viejos antes de que te decidas a actuar. Decide si me deseas lo suficiente como para arriesgarte o no -a pesar del ultimátum, su voz sonó suave y seductora-. Tú decides.

Hermione oyó mortificada cómo la puerta se cerraba. Se había ido. Se levantó de la bañera temblando y comenzó a secarse. La conocía tan bien; había reconocido sin problemas el deseo que sentía, se había dado cuenta de que estaba allí sentada esperando a que él fuera por ella. Pero en lugar de hacer lo que siempre había hecho, se había burlado de su pasividad y le había lanzado un increíble reto.

Ella nunca había sido de las que se arriesgaban, por eso todo lo que había hecho durante el día le resultaba ahora bastante irreal. Había acudido en busca de Draco no una, sino dos veces. ¿Y qué había conseguido con tanta valentía? Sólo la había hecho destapar todas las mentiras que se había estado diciendo a sí misma durante los últimos años. La había obligado a enfrentarse a la realidad, a lo desgraciada que era sin él. Y ahora la había obligado a considerar una vía para resucitar su matrimonio en la que ni siquiera había pensado.

A pesar de la deslumbrante belleza de Astoria Greengras, Lucca seguía sintiéndose atraído por su esposa. En lugar de escandalizarse de su proposición, quizá debería pensar que era afortunada por seguir despertando su interés sexual. Además, si Draco no la encontrara atractiva, no habría existido posibilidad alguna de reconciliación. ¿Quería eso decir que debía acudir a su llamada?

¿Acaso no era demasiado pronto para volver a acabar en la cama con él? Lucca no sufría sus inhibiciones y siempre había tenido unos impulsos sexuales muy fuertes. Al fin y al cabo, todavía estaban casados y si se habían separado, había sido por su culpa. Había pasado el día entero diciéndole que quería volver con él, así que no tenía derecho a quejarse de que él hubiera entendido sus palabras de la manera más literal. Y si la desafiaba a arriesgarse por él, ¿no estaría dándole a entender que había esperanza de que hubiera un futuro para ellos?

Aquél no era el momento de cuestionarse si era lo bastante sexy o no porque probablemente aquélla sería la última oportunidad que iba a tener de salvar su matrimonio, así que no podía permitirse desperdiciarla por culpa de la timidez. Sin pensarlo dos veces, se puso la ropa interior y, como le parecía un poco estúpido vestirse por completo, se echó por encima la colcha de la cama y salió de la habitación antes de que los nervios se apoderaran de ella.

Cruzó el umbral de la puerta de al lado sólo para descubrir que... la habitación estaba completamente a oscuras y vacía. Tampoco estaba en el dormitorio de enfrente. En busca de un marido, pensó histérica. ¿Habría cambiado de opinión?

-No hace falta que registres la casa entera, estoy aquí... -anunció Draco con sarcasmo.

Hermione se dio la vuelta asustada, pero al hacerlo se tropezó con el extremo de la colcha y cayó de bruces en mitad del pasillo.

-Dio mió... ¿Estás bien? –Draco se agachó y le tendió una mano para ayudarla a levantarse.

-¡Perfectamente! -respondió con tremenda frustración. Ya le resultaba difícil actuar con dignidad en un terreno en el que nunca se había sentido segura, pero estar allí vestida de sofá y acabar de bruces a sus pies como una tonta suponía haber caído aún más bajo.

Por cuestiones prácticas, Draco la levantó en brazos y la llevó hasta su dormitorio.

-Bueno... ¿Y ahora qué? -preguntó ella intentando mantenerse firme.

-Pues voy a quitarte todo esto antes de que te rompas una pierna -dicho y hecho, agarró la colcha y la hizo girar sobre sí misma antes de que tuviera siquiera la oportunidad de protestar.

- ¡Ay! -despojada de lo único que podía ocultarla, Hermione cruzó los brazos sobre el pecho y entonces lo miró detenidamente por vez primera.

Sólo llevaba puestos unos calzoncillos que le cubrían únicamente hasta la parte superior de los muslos. Aparte de eso, su cuerpo pálido y musculoso se desplegaba ante ella con todo su encanto y atractivo. Los hombros anchos, los pectorales ligeramente cubiertos de vello y el estómago liso como una plancha. Algo parecido al vuelo de cientos de mariposas se desató en el interior de Hermione.

-Me resulta... tan raro estar aquí contigo otra vez -confesó con la respiración entrecortada.

-Yo diría que resulta erótico... -matizó él acercándose para pasarle la mano por el pelo alborotado-. Me siento como un sultán, tengo una esclava y tengo la sensación de que esta noche puedo conseguir todo lo que desee.

Hermione se echó a reír con nerviosismo porque pensó que debía de estar bromeando.

-Yo no llegaría tan lejos...

-Creo que llegarías tan lejos como yo deseara, mía bella -aseguró saboreando sus labios entreabiertos con ardiente precisión.

Era como ver una llama acercándose a la dinamita y no podía evitar que su cuerpo temblase expectante. Draco levantó el rostro para observarla detenidamente y después la besó de nuevo con una pasión que reclamaba una respuesta por su parte, pero que la obligó a agarrarse a sus hombros para no caerse.

Fue bajando las manos hasta despojarla del sujetador, instintivamente ella trató de ocultarse los pechos con las manos, pero él se lo impidió. Sus ojos grises se posaron en la piel desnuda con gesto de admiración.

-He echado tanto de menos tu cuerpo... -confesó él.

A pesar de la satisfacción que le daba oír aquello, se sentía desnuda y desprotegida ante tanta atención.

-Va a ser un verdadero placer reencontrarme con él -susurró mientras sus dedos acariciaban los pezones erectos provocando un gemido ahogado. Se agachó ligeramente y la levantó del suelo en sus brazos.

-¿Dónde... adonde nos lleva todo esto... a ti y a mí? -preguntó tartamudeando.

-A mi cama... no me hagas preguntas con trampa -le sugirió él-. No eres lo bastante sutil.

La dejó suavemente sobre el lecho. No le había dicho ninguna mentira. Había sido directo con ella, se aseguró Draco a sí mismo. Si ella elegía seguir siendo la eterna optimista y llegar a conclusiones erróneas, era problema suyo. Él la deseaba y ella estaba dispuesta. ¿Por qué complicar las cosas? La tenue luz iluminaba su melena al mismo tiempo que acentuaba la perfección de su piel y de su fina figura.

La tenía agarrada por las muñecas, atrapada contra la cama y en sus labios había una tímida sonrisa. No había nada sospechoso en su interés por ella, nada cruel en su provocación; era evidente que la deseaba. La duda de cuánto habría deseado a Astoria Greengras amenazó con estropear el momento, pero Hermione apartó tal pensamiento de su mente tan rápido como pudo.

-Eres muy bella... en tus pequeñas proporciones -añadió Draco toscamente, como si tuviera miedo de que tal cumplido pudiera hacerla pensar algo que no era.

-Eso es lo que tú crees.

-¿Es qué Ron no piensa lo mismo?

-¿Ron? -abrió los ojos sorprendida porque no entendía cómo era posible que Draco supiera siquiera de la existencia de su amigo; pero la duda no era lo bastante importante como para ponerse a investigarla en aquel momento-. No creo que nunca se haya parado a pensar en mi aspecto. Al igual que yo, encuentra más interesantes las cuestiones prácticas...

-Dio mío... qué romántico -murmuró Lucca entre dientes y contrariado por la manera en la que Hermione comparaba su naturaleza con la de ese otro hombre-. Pues yo creo que en este momento... todo cuenta, bellezza.

-Claro que sí -asintió con el corazón en un puño.

- Entonces deja de esconderte entre las sábanas. Ha pasado mucho tiempo, déjame que disfrute de la vista -susurró dirigiendo su mirada hacia las braguitas que todavía llevaba puestas y disponiéndose automáticamente a quitárselas-. Mucho mejor así...

Sus oscuros ojos grises se pasearon por su cuerpo con sensualidad antes de alejarse un poco para quitarse los calzoncillos. Su excitación era más que evidente y parecía que tener público lo animaba en lugar de inhibirlo. Ella sin embargo se ruborizó y tuvo que cerrar los ojos para ocultar las sensaciones que estaba notando en el bajo vientre.

-Mírame... -le ordenó Lucca acostándose a su lado. Sus párpados se abrieron lentamente y vio la mano de él paseándose delicadamente por sus pechos, entreteniéndose especialmente en los pezones. Arqueó la espalda al tiempo que una ráfaga de escalofríos le recorría la espina dorsal. –Draco…

Él bajó la cabeza hasta que su lengua pudo pasearse por el terreno que ya habían reconocido sus dedos y ella movió las caderas intentando manejar el calor ardiente que sentía entre los muslos. Hacía tanto que no la tocaban, que la sorprendió la respuesta de su propio cuerpo. Apretó las manos y trató de hacerse con el control que rápidamente volvió a perder para zambullirse de lleno en el placer.

Draco volvió a estirarse, esa vez para sumergir su lengua en el delicioso interior de su boca. Se movió una y otra vez hasta que Hermione lo envolvió entre sus brazos y notó su respiración entrecortada por el deseo. Ya encima de ella, fue acomodando la mano hasta dar con el fuego líquido que se escondía entre sus muslos.

-Me necesitas, cara... -susurró con una risa de masculina satisfacción mientras sus dedos exploraban con maestría aquellas profundidades de su cuerpo. El placer era un tormento que la hacía retorcerse y gemir.

-Draco, por favor... -se oyó suplicarle, pero no le importó. El deseo era tan fuerte que la controlaba sin que ella pudiera hacer nada.

Entró en ella con un gruñido primitivo y ella se estremeció ante el poder de su penetración y levantó las piernas para poder sentirlo en lo más profundo de su cuerpo. En mitad de una excitación salvaje que nunca había conocido, Hermione apreció el cambio que Draco había experimentado, pero el placer la arrastró alejándola por completo de cualquier pensamiento. Se abandonó a la explosión que estaba teniendo lugar dentro de su cuerpo, sumergiéndola en un clímax intenso y arrollador.

Tras la tormenta de placer, Hermione quedó débil e indefensa y se abrazó a él intentando recuperar el aliento. Era increíblemente feliz, pensó con alivio y gratitud. Estaban juntos de nuevo; sabía que todavía había muchas cosas que limar, pero la separación había acabado y ahora se abría ante ellos una nueva oportunidad.

-No podía vivir sin ti -murmuró intentando no dejarse llevar por la emoción, aunque resultaba muy difícil no echarse a llorar de felicidad.

-¡No me digas, cara!-dijo él dándole un beso en la frente.

Trató de no reírse del modo en el que ella se aferraba a él, haciéndole sentir el poder de ser indispensable. Por un momento habitaron juntos aquel breve intervalo en sus vidas, pero el recuerdo de los últimos dos años no tardó en volver a la mente de Draco, llenando su alma de nuevo con la frialdad del acero.

Inconsciente del cambio, Hermione acariciaba su pecho admirando la perfección de su piel y después levantó la mirada hacia su rostro. -Yo... todavía te amo.

-Qué honor -respondió alzando la mano y marcando un pequeño espacio con dos dedos-. ¿Me quieres así? ¿O así? -preguntó separando más los dedos.

Ella sonrió tímidamente pensando que estaba bromeando. -Te quiero al menos el doble de eso...

-Pero yo no te he pedido ese amor... yo sólo quería sexo. Una mueca de dolor transformó el rostro de Hermione. -No hables así.

-Si tanto me amas, me perdonarás -aseguró Draco sarcásticamente.

Sólo entonces identificó el tono oscuro y frío de su voz, algo iba mal. Draco la apartó de su lado y se levantó de la cama mientras ella no dejaba de mirarlo. Era como si acabara de asestarle una puñalada que la había partido en dos. Se había entregado a él, le había ofrecido su amor, pero él lo había rechazado. «Yo sólo quería sexo». La humillación la hizo estremecer.

El teléfono que había en la mesilla de noche sonó de pronto. Draco contestó maldiciendo en italiano y la expresión de su rostro cambió automáticamente. -Sí, soy Draco Malfoy. ¿Qué ha ocurrido? El tono de su voz hizo que Hermione se incorporara en la cama y lo observara; el color aceitunado de su rostro se había convertido en blanco inmaculado.

-¿Qué hospital? ¿Cómo está? -inquirió con seriedad -. ¿Cómo ha ocurrido? Mientras escuchaba las facciones de la cara se le iban endureciendo hasta convertirse en piedra.

-Gracias. Ahora mismo voy para allá.

Al tiempo que colgaba el teléfono le lanzó a Hermione una gélida mirada de reprobación.

-Era la policía. Scorpius está en el hospital, tiene cortes y magulladuras. Lo encontraron solo en la calle.

-¿Có...Cómo? -preguntó Hermione perpleja.

-Tu hermana ha intentado llevárselo con ella, pero por lo visto estaba demasiado borracha para hacerse cargo de él. Parece ser que lo había llevado a una fiesta de la que se escapó sin que nadie se diera cuenta -explicó Draco subiendo paulatinamente el tono de voz.

-¡Dios mío! -aterrada por que su hijo hubiera sufrido algún daño, Hermione intentó no pensar en cómo era posible que hubiera sucedido algo tan terrible y se concentró en lo que verdaderamente importaba-. ¿Scorpius está en el hospital? Pero... ¿está bien?

Draco no respondió, sus ojos seguían clavados en ella con un brillo amenazador. -¿Cómo demonios se te ocurrió dejar a mi hijo al cuidado de esa bruja egoísta?

-¡Por favor dime si Scorpius está bien! -insistió Hermione muy alterada.

-Dannazione! ¿A qué le llamas estar «bien»? Tiene cortes y magulladuras y está muerto de miedo. Podrían haberlo secuestrado o asesinado, ¡podría haber pasado cualquier cosa! ¡Gracias a Dios que nada de eso ha ocurrido! –Draco continuó vociferando mientras sacaba ropa del armario-. Alguien tendrá que pagar por esto.


miri: Pues si es verdad que durante su matrimonio falto comunicación y ademas estaban las inseguridades de Hermione.