Siguiente capítulo del reto de Riens. Aquí su pedido.
Reto de Scripturiens para Midnighttreasure
Pairing: Mimato
Características: Todos sabemos que a Mimi le encantan las películas de Disney y aunque a Yamato no le molesta, se espanta de ver que ha preparado un maratón que durarádías. ¿La razón? En una conversación pasada con sus amigos, trataban de descifrar qué pareja de Disney serían ellos y Mimi no ha logrado sacárselo de la mente. Aunque es completamente Mimato-centric, pueden haber guiños de otros personajes que se pasen por el apartamento sin anunciar y reaccionen a la feroz batalla de voluntades que se está librando. Qué pareja son y cómo reaccionan ellos y los demás ante la conclusión, lo dejo totalmente a tu libertad. Como sé que aún no estás libre de tiempo, creo que da para un one-shot. Si la historia se extiende o no es decisión tuya también.
Género: Humor/Romance/Friendship
Digimon no me pertenece, yo solo juego con los personajes.
Y vivieron felices y comieron perdices
Round 3. Mulán y Li Shang
—No lo veo —murmuró seriamente un rubio, mirando fijamente la pantalla.
—¡Pero si está claro! —gritó una chica a su lado, señalando al personaje al que estaban maquillando a la fuerza—. Ella es asiática.
—Es china, Mimi —bufó Yamato.
—Sigue siendo asiática —la castaña se cruzó de brazos, cabezota—. Es lo más parecido en cuestión de procedencia.
—Sigues sin parecerte a ella —negó él, terco—. Ni yo al chin chan ese.
—¡Es Li Shang! —le regañó ella.
—Me da igual, Mimi —meneó la mano en su cara, restándole importancia—. No vas a decir nada que me convenza de lo contrario.
—Acaba de empezar —susurró ella, terca—. Aún puedo argumentar.
La chica se acomodó de nuevo, apoyándose en el pecho de su novio, decidida a encontrar cosas en común entre ella y Mulán. Y es que la heroína chica que salvó su país era una de las princesas preferidas de Disney, y quería ser ella. Vale, no era morena, pero podía parecerse en otras cosas, ¿verdad? Solo tenía que fijarse bien y hacérselas saber a Yamato.
—¿Sabes que el personaje Disney preferido de Miya es Mushu? —preguntó Mimi viendo al dragón entrar en escena por primera vez.
—¿En serio? ¿Mushu? —inquirió el rubio alzando una ceja—. ¿No había otro personaje más patético?
—¡Mushu no es patético! ¡Es muy divertido!—Mimi le pegó un golpe en el hombro y él simplemente se encogió de hombros—. Eres muy serio. No sé qué me hizo fijarme en ti…
—Quizás lo sexy que soy —susurró Yamato acercándola a él sujetándola de la cintura y besando su cuello—. Todo lo que te gustan mis besos… que te trato como a una princesa… todo lo que te hago sentir cuando te hago el amor…
—¡Yama , para! —chilló ella retorciéndose en su abrazo, roja como un tomate—. Vamos a centrarnos, que siempre me haces lo mismo y no terminamos las películas.
Yamato bufó, pero la soltó. Ella le dio un rápido beso y volvió a centrar su atención en la pantalla.
—¡Deshonra sobre toda tu familia! —Yamato miró a Mimi con el ceño fruncido cuando ésta empezó a dramatizar al tiempo que Mushu lo hacía en la película—. ¡Deshonra sobre ti! ¡Deshonra sobre tu vaca! Desho….
La chica sintió la mirada confusa de su novio en ella y lo miró al tiempo que él alzaba una ceja en señal de pregunta.
—Ya te he dicho que es el personaje favorito de Miya —el rubio alzó más aún la ceja—. Se sabe sus diálogos y yo la he visto tantas veces con ella que me los sé también.
—En fin… —suspiró el chico, derrotado ante la imagen de Mimi sonriendo infantilmente—. Con todo esto imagino que lo sorprendente es que no esté aquí la propia Miyako para ver la película con nosotros.
—Ella quería —se apresuró a decir la castaña—. Pero tenía algún asunto familiar que atender. Así que en vez de eso…
La chica señaló con la cabeza hacia el otro sillón, ocupado en ese momento por el miembro más joven de su grupo. El moreno estaba completamente absorto en la película, poniendo todo tipo de muecas al tiempo que las imágenes iban pasando por delante de su mirada.
—En vez de eso tenemos aquí al experto en kárate —bufó Yamato, viendo que nunca conseguiría quedarse a solas con Mimi, no al menos hasta que terminase esa eterna maratón de Disney.
—No es kárate, es kendo —él la miró sin comprender—. No es lo mismo, aunque no en qué…
—No los diferencio —aseguró el rubio.
La pareja volvió a centrarse en la pantalla y la película siguió contando la historia de Mulán y su incursión en una guerra que no estaba pensada para ella. Todos se metieron en la película, tanto que incluso Yamato tuvo que admitir que era interesante, aunque desde luego el que más lo hizo fue Iori, el cual de vez en cuando soltaba bufidos que ninguno comprendía; al fin y al cabo había sido él quien decidió que le apetecía ver la película con ellos. Mimi decidió romper el hielo cuando iban por la mitad.
—Bueno, Iori —el aludido se giró hacia ella—. ¿Qué opinas? ¿Podríamos Yama y yo ser Mulán y Li Shang?
—No.
La respuesta fue tan instantánea, tan tajante, que sorprendió a la pareja. Vale, era verdad que Yamato no esperaba una respuesta afirmativa pero sí algo de titubeo o explicación, y ninguna de las dos parecía que iban a salir de la boca de Iori, quién había vuelto a centrar su atención en la televisión.
—¿Alguna razón? —se atrevió a preguntar la única chica.
—No os parecéis —contestó él simplemente.
—¿En qué? —insistió la castaña.
—En nada.
Mimi hinchó sus cachetes y pareció ir a rebatirle cuando Yamato le puso una mano en el hombro para tranquilizarla. Ella lo miró y gimió, y el rubio comprendió que su novia estaba frustrada porque Iori simplemente negase algo que ella quería que afirmase. Pero fuese lo que fuese, estaba claro que el moreno no iba a aceptar a Mulán y a Li Shang como ellos, así que solo faltaba hacérselo ver a su chica.
—¡Venga ya! —los gritos del joven de la sala los asustó y ambos pegaron un bote—. ¡Está claro que es una mujer!
La pareja se quedó mirándole mientras el chico seguía gritando a la pantalla como si los personajes realmente pudiesen llegar a escucharlo. Ninguno comprendía qué había pasado ahí, y no estaba seguro de cómo preguntarlo. Finalmente fue el rubio el que se atrevió.
—Iori —el moreno dejó de gritar por un segundo y lo miró—. Esto… ¿qué pasa?
—Nunca me ha gustado Mulán —gruñó, sorprendiendo a los mayores de que una persona tan tranquila se pusiese tan nerviosa—. ¡Está sobrevalorada!
—Pero salvó China —repuso Mimi.
—Vistiendo a los mejores guerreros de gueisas —rugió él—. ¡Es ridículo!
—O ingenioso… —ofreció ella.
—No —negó el niño de nuevo—. Es ridículo.
El silencio volvió a apoderarse de la sala mientras la película seguía su curso, ninguno osando decir nada por no romper la tensa escena que Iori parecía tener con la televisión. Cuando los créditos adornaron la pantalla, Mimi se desperezó y miró a los dos chicos.
—No ha estado mal, ¿verdad? —comentó tratando de romper el hielo.
Yamato asintió, alzando los brazos y cruzándolos detrás de la nuca mientras observaba la interacción de los dos más pequeños, que empezando a comentar la película.
—Los personajes son geniales —opinó Mimi—. Sobre todo el principal.
—Eso es verdad —admitió Iori—. Es un personaje muy profundo. Tiene unos matices que le hacen perfecto.
—¡Es cierto! —exclamó ella, contenta de por fin coincidir en algo con él—. Y mantiene su personalidad durante toda la película.
—Tiene sus valores marcados y los cumple —asintió el chico—. Además de un técnica envidiable.
—Es genial —Mimi puso cara de admiración pensando en Mulán—. Es valiente… inteligente…
—Podría perderme en una montaña con él —murmuró él—. Sería como un sueño.
Yamato achicó los ojos, mirando al moreno. La voz del chico había sonado soñadora, y nunca antes había dado indicios de que le atrajese ninguna chica. ¿Por qué ahora sí? ¿Y con Mulán? ¿Justo después de decir que era ridícula y sobre valorada? Aquello era muy raro… Pero más lo sorprendió lo siguiente que dijo.
—Me encantan sus músculos —susurró embelesado, con la mirada perdida y sin que pareciese que se daba cuenta de lo que estaba diciendo.
—Espera, espera, espera —Yamato descruzó los brazos y se inclinó hacia delante, apoyándose en sus rodillas.
—¿Qué pasa, Yama? —preguntó la castaña, confundida, sin entender por qué paraba la única conversación interesante que estaba teniendo con el joven.
—¿De quién estás hablando exactamente, Iori? —cuestionó ignorando a su novia.
—Pues… yo… —sin saber por qué, como si a su cerebro le faltase información clave que necesitaba, el moreno respondió titubeante—. Yo…
—Pues de Mulán —dijo Mimi como si fuese lo más lógico—. ¿No? Ella es la protagonista. Además parece que a Iori le gusta un poco…
—Iori, no estabas refiriéndote a Mulán, ¿verdad? —el chico se puso blanco como la cal al verse acorralado pero negó con la cabeza; él nunca mentía—. ¿Y a quién entonces?
Iori pareció debatirse consigo mismo, como si tuviese ganas de echar a correr en ese preciso instante. Mimi no comprendía nada; no recordaba ninguna otra mujer de la película que tuviese las características que habían mencionado, así que esperaba, curiosa, a que el chico respondiese. Finalmente, y después de repetirse que mentir estaba mal, respondió.
—Li Shang —su voz sonó tan baja que tuvieron que fijarse mucho para entenderle.
—Pero… —murmuró Mimi, con los ojos abiertos como platos—. Pero tú… has dicho que te perderías con él en la montaña… que sería un sueño…
—Esto… sí… —murmuró el moreno, en ese momento sonrojado hasta la médula.
—Entonces… —empezó la chica, mirando de reojo a su novio, que parecía orgulloso de haber descubierto el secreto—. Te gustan… te gusta Li Shan.
—Sí, ¡digo! ¡No! —las frases del chico comenzaron a entremezclarse, fruto del nerviosismo—. ¡No! Es solo un personaje… además, a mi me gustan los rubios. ¡Digo las rubias!
Y aquel fue el momento en el que la sonrisa creída de Yamato se borró de su cara al ver cómo Iori lo miraba de reojo y se ponía más rojo si cabía. Sin querer, soltó un sonido como de estrangulamiento que hizo que el pequeño se sonrojase más y Mimi soltase una risa ahogada que tuvo que disimular tapándose la boca con la mano. El rubio la fulminó con la mirada pero ella no pudo parar de reír.
—Esto… —balbuceó Iori—. Yo tengo que irme. ¡Sí! ¡Me voy!
Y sin apenas darles tiempo a decir nada se levantó del sofá y corrió, literalmente, a la salida.
—¡Adiós, Iori! —la castaña agitó la mano en despedida y el chico solo saludó antes de cerrar la puerta tras él—. ¡Increíble!
—Eso ha sido raro… —murmuró Yamato, aún un poco pálido por todo lo ocurrido.
—No sabía que… bueno que a Iori… él… —empezó a tartamudear Mimi sin saber exactamente cómo verbalizar sus pensamientos—.No sabía que él era…
—Sí, yo tampoco —afirmó Yamato—. Yo tampoco.
Mimi se quedó mirándolo a la cara y él la observó al tiempo hasta que ella suspiró sonoramente.
—Al final no vamos a ser Mulán y Li shang —se quejó ella—. Me gustaba ella; era valiente.
—¿Y eso es lo que te recuerda a ti? —preguntó él alzando una ceja escéptico.
—Oye, vale que no fuese la persona más osada del mundo cuando era pequeña—soltó la castaña—. Pero ahora ya no soy cobarde.
—Sigues siéndolo, amor —arrulló él abrazándola y pegando sus labios a su pelo—. Tiemblas como una hoja cuando vemos películas de miedo y te pegas a mí como una lapa.
—Eso es porque tú escoges las películas más tenebrosas —murmuró ella, dejando que el rubio besase su cuello y el lóbulo de la oreja suavemente—. Tú maquinas todo.
—Porque me tienes loco y quiero que estés siempre en mis brazos —susurró arrastrando la voz con un matiz sensual que a Mimi no se le pasó por alto—. Y a ti te encanta estar en ellos.
Mimi se dejó hacer, encantada de que Yamato se pusiese tan cariñoso con ella, al fin y al cabo llevaban varios días sin estar solo prácticamente para nada, y si lo estaba o les esperaba la maratón Disney o estaban demasiado agotados. Eso pretendía, y estaba dejándose llevar por sus caricias, pero una imagen le vino a la mente y no pudo evitar soltar una risita.
—¿Qué pasa? —preguntó Yamato—. ¿Te hago cosquillas?
—No, que va —la castaña meneó la cabeza, enfatizando su negación—. Es que estaba pensando que he sacado algo bueno de todo este día.
—¿Además de descubrir que no somos Mulán y chin chan? —cuestionó él a lo que ella le pegó un manotazo y asintió—. ¿El qué?
—Es Li Shang —corrigió por enésima vez aquella tarde—. He descubierto que tengo cosas en común con Iori y que tú tienes mucho en común con Li Shang, aunque yo no con Mulán.
—Sorpréndeme —retó el rubio, curioso por la conclusión de su novia.
—A Iori y a mí nos gustan el mismo tipo de personas —susurró ella, sonriendo—. Y tú debes de parecerte en algo a Li Shang para que Iori también quiera perderse en la montaña contigo…
Yamato se puso rojo repentinamente al escucharla pero al verla reírse se lanzó a por ella y la tumbó en el sofá, colocándose completamente encima de ella y dejándola a su merced. Sin darle tiempo a reaccionar, empezó a besar su cuello mientras Mimi seguía soltando risitas.
—Definitivamente yo no soy Li Shang —declaró seriamente mientras lamía la delicada piel que tanto le gustaba—. Y te voy a demostrar que da igual si le gusto a Iori o a cualquiera, porque no es que no me gusten los chicos, es que solo me gustas tú.
Acto seguido, estampó sus labios contra los de ella y las risas cesaron para dejar paso a la pasión que ambos sentían cuando tocaban al otro. Mimi se olvidó de todo tipo de bromas y se entregó por completo al beso, pasando las manos por el cuello de Yamato para acercarlo más a ella y poder sentirlo completamente. El rubio sonrió contra sus labios, victorioso, viéndose ganador esa vez.
Hasta que el sonido del tono de llamada de la castaña rompió el silencio.
Ambos se separaron, su aliento entrecortado y las pupilas dilatadas. Yamato se apartó para dejarla espacio, y ella se levantó y respondió al móvil. La castaña soltó un gritito y se puso a pasear por la sala mientras hablaba apresuradamente con la que parecía ser Miyako. El chico supo en ese momento que no iban a terminar lo que habían empezado y, algo frustrado, se echó el pelo hacia atrás y apoyó la cabeza en el respaldo del sofá. La chica estuvo unos minutos hablando y él trató de dejar la mente en blanco para serenarse.
—Yama —el rubio abrió un ojo para verla, aunque no necesitaba ver su cara de culpabilidad para saber que lo que iba a contarle no iba a gustarle; su tono de voz se lo indicaba—. Yama… tengo que irme.
—Imaginaba —respondió, derrotado.
Mimi caminó hasta él y se sentó en sus piernas, abrazándose a él.
—No quiero que te enfades —murmuró preocupada—. De verdad tengo que irme porque Miyako me pidió ayuda para saber qué ponerse porque es su aniversario con Ken. Pero lo había olvidado. Y necesita mi ayuda ahora porque su cita es dentro de tres horas.
—Ya veo —asintió él.
—Pero en serio no quiero que te enfades —susurró la chica apartando un mechón de pelo de sus ojos—. Me encantaría poder quedarme contigo pero me necesita.
Yamato sonrió, enternecido por la culpabilidad que la chica emanaba y sus ojitos brillantes. Agachó la cabeza y le dio un suave beso en los labios antes de hacer lo mismo en su frente.
—Nunca podría enfadarme contigo; no al menos por tonterías así —ella pareció sonreír un poco—. Vete y ayuda a Miyako.
—¿En serio? —el chico asintió—. ¡Muchas gracias, Yama! ¡Eres el mejor!
Sin darle tiempo, le dio un emotivo beso, demasiado corto para su gusto, y después se levantó y corrió a su cuarto a cambiarse. Yamato se quedó ahí, escuchándola parlotear, emocionada, sobre qué podría ponerle a Miyako. Regresó minutos más tarde, ya totalmente vestida, y con el bolso en mano. Se acercó a él y lo volvió a besar.
—Te quiero, Yama —él sonrió ante eso, a sabiendas de que era verdad—. Y te prometo que te lo voy a compensar.
El rubio la vio irse y agitó la mano cuando ella le lanzó un beso desde la puerta antes de cerrarla tras ella. El chico suspiró, la promesa de la castaña aún flotando en el aire. Aún así, sabía que por desgracia había sido un día duro, y que su novia tardaría horas en regresar de casa de Miyako, que estaría cansada y que querría dormir, además de que puede que él ya estuviese en la cama para entonces.
Así que, con todo su pesar, se resignó, y aceptó que, mientras esa dichosa maratón siguiese vigente, él no tendría tiempo de pasar a solas con Mimi sin estúpidos príncipes danzando a su alrededor.
Y renunciando a la chica que tanto amaba y deseaba, se dirigió a la cocina a prepararse un sándwich; tanto trajín le había abierto el apetito.
Resultado: Mulán y Li Shang descartados.
Ya solo quedan 10 princesas.
¡Tercer round! Como podréis ver, en este capítulo no sale otra pareja, y es por dos razones: primero, quería no poner tan repetitivo todo, aunque sean diferentes historias. Y segunda razón, y más importante, es que no veo a Iori con nadie. Es así de simple, no tengo imaginación con él. Y aunque me haya dolido hacer de mi película y princesa favorita el que posiblemente sea el capítulo más soso del fic, no se me ocurría ninguna pareja que representasen a Mulán y a Li Shang, y Iori, con su kendo y todo, me parecía que apreciaría el, arte de Li Shan.
Nada más, espero que os guste.
Nos leemos.
Mid*
