Los personajes de DRRR! son de propiedad del respectivo autor.
Capítulo Tres
—¿Cómo te llamas? —preguntó aún cuestionándose si había tomado una buena decisión.
El vampiro volvió a sonreír entre dientes.
—Izaya. Orihara Izaya.
—Izaya ¿eh? —dijo adoptando una actitud desafiante—. Entonces, Izaya-kun puedes largarte, esa basura ya está muerta.
—Hum —encogiéndose de hombros se dirigió a la salida de la habitación, le parecía extraño que el cazador no lo siguiera atacando y lo dejara irse así sin más—. Entonces… nos vemos Shizuo-kun… —levantó una mano en señal de despedida pero fue detenido por las fuertes palabras de Shizuo.
—¡Espera! —gritó sin moverse de su posición, Izaya volteó a verlo pero debido a la deficiente luz que había en el lugar no pudo observar con claridad el rostro de quien habló—. Tú… ¿cuánto tiempo has estado aquí?
—¿A qué te refieres?
—¿Tienes idea de qué fue lo que pasó en este lugar?
—No sé de qué estás hablando… —El vampiro se había apoyado contra la pared metiendo ambas manos en los bolsillos de su costoso abrigo.
—¿¡Sabes lo que pasó ayer por la noche… —El cazador estaba perdiendo la compostura recordando lo contado por Tom hace algunas horas y debido a la actitud del vampiro que a su parecer estaba burlándose de él—…verdad!?
—No tengo ni la más mínima idea… —Sin siquiera dirigirle la mirada el joven vampiro seguía sonriendo haciendo que Shizuo se cabreara más y más, lo que terminó por lograr que este último se abalanzara sobre él agarrando su polera por el cuello con fuerza, acorralándolo con su brazo libre clavándole su agresiva mirada intimidante—. ¡Ah! ¡Qué miedo! ¡Qué miedo! —gritó Izaya mientras su sonrisa se hacía cada vez más grande.
—¡Dime lo que sabes! —ordenó.
—Ya te dije que no sé nada… —El vampiro permanecía quieto tratando de tranquilizar al hombre que lo apresaba—. Sólo perseguía al idiota que mataste, él llegó aquí y por eso yo también —continuó diciendo—, además…digamos que te debo un favor por haber matado a ese desgraciado…
—¡No necesito que un mugroso vampiro esté en deuda conmigo! —Lo interrumpió.
—Eres muy cruel Shizuo kun. —Izaya cambió su cara sonriente por una angustiada—. Si necesitas algo… déjame ayudarte.
Shizuo no lograba entender al vampiro que tenía frente a él… A pesar de tener esa apariencia tan delicada hace algunos minutos atrás había esquivado sin problemas cada uno de sus ataques, no podía bajar su guardia. Aunque si ese vampiro hubiera venido a cazarlo ya lo habría agredido, pero era todo lo contrario al parecer en verdad sólo seguía a "su presa" tal como decía. Además estaba lo que acababa de mencionar… "el asesinato de su familia por parte de esos engendros". No podía confiar en él pero por alguna extraña razón sentía cierta empatía, sin embargo la constante sonrisa en su rostro lo sacaba de sus casillas haciendo que actuara con tanta agresividad.
—Está bien —terminó por decir liberando a Izaya de su agarre—. Tú que tienes una mejor visión en la oscuridad… busca cualquier cosa extraña en esta habitación.
—¿Cómo qué? ¿Qué es lo que buscas~? —Obediente el joven vampiro seguía al alto cazador.
—Una pista…
—¿Pista? —abrió sus ojos interrogantes posicionando su dedo índice en sus labios observando el suelo a su alrededor—. ¡Shizuo kun! —Se inclinó alegre cogiendo en sus manos unos pocos cabellos—. ¿Esto sirve como pista? —dijo agitando su brazo en lo alto.
«Parece un maldito mocoso» pensó mientras recibía los cabellos que le acababa de entregar Izaya.
—¿Dónde encontraste esto?
—Allí —apuntó felizmente el lugar donde había hecho su gran descubrimiento—. ¿Es una pista verdad? ¿verdad? ¿verdad?
—Eso creo… —Shizuo caminó hacia una de las esquinas de la habitación donde el vampiro le indicaba, agachándose comenzó a examinar la superficie del piso notando que habían gotas de sangre junto a los cabellos.
—Waaaah~ ¡soy tan bueno encontrando pistas! ¡Debería hacerme detective! —Izaya hablaba solo mientras mantenía sus manos en su cintura y asentía con su cabeza lo que acababa de decir.
—Lo que digas… —Shizuo seguía investigado en cuclillas hasta llegar al gran charco de sangre coagulada que se encontraba en el centro de la habitación « por qué hay tanta sangre ».
—¡Aha! Shizuo kun siente envidia de mi —gritaba a sus espaldas levantando ambos brazos tratando de llamar la atención del otro.
«Si los vampiros hicieron esto… no debería haber sangre» perdido en sus pensamientos cogió el trozo de cristal que había tomado anteriormente y que había soltado por culpa del vampiro que yacía muerto en un rincón del lugar, sin notar que su ruidoso acompañante ya no seguía hablando.
—Hey! Iza-… —Shizuo volteó a ver al joven vampiro y sin lograr de terminar de hablar recibió una fuerte patada en su nuca haciéndolo volar hasta el otro lado de la habitación rompiendo la pared de esta con su propio cuerpo y cayendo en el otro extremo—. ¡Arg! —soltó un grito ensordecedor. Sus ojos desorbitados se sintieron mojados por la sangre que escurría desde su cabeza volviendo su visión borrosa. No podía soltar ni una palabra, nada más que jadeos. Notó su cuerpo completamente entumecido incapaz de moverse por la terrible contusión.
—Realmente eres un Idiota —mencionó el vampiro haciendo notar su desagrado por la actitud del cazador—, ¿De verdad pensaste que ayudaría a un monstruo como tú? —Desde el otro extremo de la habitación Izaya hablaba en voz alta mientras se acercaba fastidiado a su actual víctima—. Una bestia que se hace llamar humano… ¡No me hagas reír!
Enfadado comienza a patear violentamente el abdomen de Shizuo sin que este pudiese defenderse debido a la paresia sufrida—Ha ha ha ha ¡Y pensar que creíste en todo lo que te dije! —comenzó a reír a carcajadas sosteniendo su frente con la palma de su mano—. Eres increíble… Shizuo…chan —esto último lo dijo notando que el cazador hacía una leve expresión de molestia—, hahahaha ¿Así que te molesta? ¿¡que te llame Shi-zu-chan!? —inclinándose cogió del rubio cabello de Shizuo enredándolo entre sus dedos, levantó su cabeza hasta la altura de su rostro—. Espero que no sepas asqueroso y me satisfagas~.
Acercando su boca al largo y bien formado cuello de Shizuo comenzó a deslizar lentamente su lengua por cada curvatura de este cubriéndolo de su propia saliva rozando de vez en cuando sus filosos colmillos con la suave piel.
Shizuo sintió estremecer su cuerpo al notar la húmeda y resbalosa lengua de Izaya escurrirse por una zona tan erógena para él logrando que su cuerpo volviera a reaccionar a sus órdenes. Pudiendo mover sus dedos comenzó a contraer los músculos de sus muslos para recuperar la fuerza perdida sin que su atacante lo notara.
Izaya por su parte entretenido de tener a su merced al poderoso cazador dejó salir por completo sus colmillos ladeando su cabeza, posicionándola para poder morderlo, pasó por última vez su lengua sobre el lubricado cuello cubriéndolo de su cálido aliento. Sintiendo el cuerpo del cazador temblar entre sus manos.
—Suéltame asqueroso pedazo de mierda. —El vampiro sorprendido de que su víctima pudiera hablar se alejó rápidamente de él sin éxito recibiendo una fuerte patada por parte de este en su pecho, haciéndolo rodar por el suelo empapado en sangre.
—¡Aah! ¡Me duelee! ¡Duele! —Izaya aullaba de dolor revolcándose sobre sí mismo para tratar de suprimirlo sin lograrlo.
—Ah…haa…haa. —Shizuo se levantó apenas, notando sus piernas temblar por el propio peso de su cuerpo, entonces comprendió que no estaba en condiciones de enfrentar a un vampiro, debía retirarse y rápido antes de que su atacante decidiera volver abalanzarse sobre él.
Corrió como pudo a la salida sin mirar atrás, su visión era borrosa pero debía seguir adelante sin importar qué. Avanzó rápidamente por la oscuridad del viejo edificio chocando contra las paredes de vez en cuando debido a la debilidad de su cuerpo hasta que pudo divisar la tenue luz del exterior. Sintió un gran alivio logrando que su cuerpo se relajara un poco pero pronto se vio interrumpido por un grito que escuchó a sus espaldas como un gran eco retumbando en el interior.
Apretó con fuerzas sus puños, irritado mordía sus propios labios ya que en ese momento se encontraba huyendo, por primera vez en su vida él debía huir de un asqueroso vampiro, pero tenía que tragarse su orgullo herido o si no, no sobreviviría, no frente a ese engendro que lo engañó fácilmente. Debía recuperarse, recobrar fuerzas y cuando eso sucediera con sus propias manos mataría a Orihara Izaya.
Se volteó decidido sacudiendo su cabeza, siguió corriendo por las solitarias calles en medio de la oscuridad.
Sentía la furia recorrer sus venas, su sangre bullía como agua hirviendo. Izaya Orihara traspasó rápidamente por los callejones de Ikebukuro hasta la cima de un edificio que pertenecía a uno de sus miles de viviendas.
El sol estaba por salir, lo podía advertir por la claridad del cielo y dentro de él nació la llamada de peligro. Sin preocuparse de que alguien lo viera —aunque lo creía improbable por la hora— saltó ágilmente edificio por edificio hasta llegar a su azotea.
Al ingresar se sintió más tranquilo, no le tenía miedo a unos rayos de sol. Pero si tenía temor a la muerte, y el sol significada muerte para él.
—Por tu expresión diría que no resultó como querías —dijo una voz femenina.
Ya había entrado a su departamento que estaba por completo a oscuras. Encendió las luces y apareció la figura de una mujer sentada en el centro de la habitación dándole la espalda.
—¿Qué haces? —preguntó al verla ocupar el ordenador. Algo muy inusual ya que ella siempre se reusaba a usar los modernismo de aquel tiempo—. ¿Haciendo un trabajo o…? —Una sonrisa se posó en su rostro—, ¿o buscas información de ese mortal? —Su sonrisa se ensanchó cuando ella no respondió.
Yagiri Namie era una vampira que trabaja para él desde el comienzo del año. Cada cierto tiempo cambiaba de secretaria por cuestiones de lógicas de tiempo. Sería extraño para una persona ver que él no envejecía con los años, pero Namie había sido convertida hace veinte años, no tenía problemas con ella por el momento.
Además, era divertido ver a una vampira obsesionada por un mortal.
—Ya te lo dije —continuó el vampiro caminando a su escritorio—, se casó con una muchacha y ahora están viviendo en un pueblo a las afueras de Ikebukuro.
Iba a seguir soltando parte de la información que tenía del mortal pero Namie le interrumpió diciéndole que uno de los principales vampiros de la ciudad había tratado de contactarse con él.
—¿Así que llamo, eh? —Se sentó detrás del escritorio—. Una pena que mi móvil se estropeara —sacó su móvil destrozado dejando las piezas rotas sobre la mesa.
Luego de la pelea que tuvo con el cazador se percató que él no había sido el único en sufrir por los golpes. No le importaba, por supuesto. Ese era uno de los cinco móviles que usaba ese mes. Siempre los cambiaba rutinariamente. Para él, un informante, era importante mantener el anonimato.
Su sonrisa se mantenía en su rostro. El saber que él le había llamado le daba por seguro que ya los clanes de vampiros se habían enterado de la muerte de los cazadores. Incluso entre los mortales había ratas traicioneras que divulgaban información a los hijos de la noche. Mientras los cazadores siguieran matando a sus compañeros, los vampiros se cuestionarían de los causantes y desconfiarían los uno de los otros. Izaya estaba seguro que los dos vampiros líderes no se quedarían de brazos cruzados al saber lo que causaría toda esa matanza.
Comenzó a reírse como un niño pequeño prediciendo el caos que se produciría en las calles de Ikebukuro. Su mal humor había pasado rápidamente.
—Vaya a saber que planes tienes en la cabeza para que te rías de esa loca manera —comentó Namie mientras cerraba el ordenador. A veces trabajar para un vampiro maligno y egoísta era exasperante.
‹‹Ahora sólo me queda encargarme de ese cazador››, pensó el informante. Ya comprobó que acercase directamente no era la mejor opción, no a menos que quisiera terminar con un hueso roto. Tenía que idear algo para atrapar a ese monstruo. No, monstruo no, ese tipo era una bestia. Y a las bestias había que encerrarles bajo llave en una jaula. Pero, ¿cómo?
Escuchó el sonido de su móvil. Otro que no terminó destrozado y leyó los mensajes que salían en el chat. Aquello era una buena forma de obtener información sin involucrarse demasiado.
Al cabo de unos minutos donde habían comentado varias cosas sin sentido, leyó algo interesante. Sonrió nuevamente, ¿cómo no se le ocurrió?
Se levantó estirando sus brazos. Ya tenía una idea para capturar a la bestia, sólo tenía que llevarla a cabo. Tenía que hacerlo. Desde que escuchó el nombre de Heiwajima Shizuo y de su increíble fuerza, miles de rumores se crearon entre los vampiros y entre los más fuertes era: ¿qué pasaría si un vampiro probara la sangre de aquel cazador?
No era un humano, en eso estaba seguro, ningún humano le sería posible ejercer tal poderosa fuerza, ¿sería acaso un híbrido vampiro y humano? De cualquier forma a nadie le interesaba mucho ese asunto, sólo deseaban beber la sangre del hombre más fuerte de Ikebukuro y probar si los rumores eran ciertos o no. Pero claro está, nadie lo había conseguido.
Y eso era lo que Izaya quería cambiar. Sería el primero en probar la sangre de aquella bestia y comprobaría la teoría, aunque a él no le interesaba el volverse más poderoso. Ya lo era. Pero ¿por qué no divertiste un poco?, además si lograba matarlo se desharía de un estorbo más. Mataría a dos pájaros de un tiro.
Namie ya se había ido a su departamento que se ubicaba en el mismo edificio sin despedirse siquiera. El vampiro fue a recostarse en los sofás de centro de la habitación a mejorar los detalles de su plan, tenía que tener todo calculado para capturar a su presa y que esta vez no se le escapara de las manos.
Fuertes golpes provenientes de la puerta llamaron su atención, se levantó del sofá con desgano dirigiéndose en dirección de esta.
—Ya voy~ —gritó mientras pensaba «quién será» rascándose la cabeza con pereza giró la perilla de la puerta abriéndola y dejando entrar a un ensangrentado hombre.
—¡Shizuo! —agarró con dificultad al alto hombre que acababa de apoyar todo el peso de su cuerpo en él—. ¿¡Qué fue lo que pasó!?
—Haa… Tom san…
Torpemente a rastras cargó a su compañero hasta el sofá en el que se encontraba anteriormente.
—¿Te encuentras bien? —El hombre de rastas se inclinó frente a él interrogante y a la vez preocupado por la condición del recién llegado.
—Estoy bien… no te preocupes, sólo… necesito descansar —susurró para luego echarse por completo en el sofá relajando todo su cuerpo.
—¿Por qué estás así? Además ¡Estás sangrando! —exaltado el hombre seguía pidiendo una explicación, se dirigió a uno de las cajoneras del lugar para sacar un par de gasas y vendas.
—Me peleé con un maldito vampiro… —dijo recibiendo con su mano las vendas que le pasaba Tom.
—Hombre, sí que debió ser uno muy fuerte para que te dejara en tal estado —habló limpiando la sangre que cubría el rostro del rubio—. Pero, me parece raro ver un vampiro por la ciudad a estas horas.
Shizuo permaneció en silencio al escuchar a su senpai, observando las vendas ya manchadas con su sangre las apretó con fuerza, levantando su cabeza para dirigir nuevamente su mirada hacia Tom—. No fue en la ciudad…
—¿Eh?
—Lo siento Tom san, pero... —suspiró por unos segundos y continuó—, fui al edificio donde asesinaron a nuestro compañeros.
—¿¡Qué!? ¿¡Shizuo por qué!? ¡Sabes lo peligroso que era ir solo allí! —El más joven sólo guardó silencio agachando su cabeza, sabía que había cometido un error no debía haber ido pero aun así lo hizo. Él no tenía ninguna orden para ir a ese lugar, todo lo contrario debían alejarse… Pero su conciencia no se lo permitía, si los culpables del asesinato eran los vampiros debían pagar por lo que hicieron.
—Lo sé, fue mi error… lo siento.
—¡Pudieron haberte matado! —Tom seguía insistiendo y regañando a su kohai por tal estupidez hecha.
Shizuo sólo permanecía en silencio aceptando todos los regaños, después de todo se lo merecía. También sabía que Tom se preocupaba por él y se sentía agradecido por eso ya que sólo tenía a su hermano pequeño en este mundo.
—¡Está bien! —dijo resignado echándose a un lado del joven—. Sé que ya lo entendiste y espero que no lo vuelvas a hacer —terminó por decir acomodando sus gafas.
Terminando de limpiar toda la sangre de su rostro y vendar sus heridas, Shizuo cogió su uniforme ensangrentado metiéndolo en la lavadora.
—Aquí tengo una limpia, espero que te quede —arrojó la camisa a los brazos de su kohai el cual lo agarró sin dificultad—, puedes darte un baño si quieres… cuando termines quiero hablar contigo.
—Gracias… —Shizuo inclinó su cabeza en gratitud y comenzó a ponerse la camisa que lastimosamente le quedaba ajustada «algo es algo… es mejor que andar desnudo».
—Por cierto Shizuo... —Se escuchó la voz de Tom desde la otra habitación—, ¿qué le pasó a tus lentes?
De igual manera respondió—, los perdí cuando ese hijo de puta me pateó…
—¿Hijo de puta? Ah… te refieres al vampiro con el que te peleaste ¿no?
Shizuo no respondió, se quedó pensando en ese molesto vampiro de cara redonda y ojos afilados que le había engañado tan fácilmente «Cómo pudo engañarme ese desgraciado» apareció de la nada como una cucaracha, era tan enano que ni siquiera podía mirarlo a los ojos, molestó en todo momento sin quedarse callado ni por un segundo y más encima era un puto chupa sangre… «¡Era un maldito insecto!» sí, como un insecto «más bien… ¡como una pulga!».
El cazador apretó con fuerzas sus puños al recordar la burlesca sonrisa de ese entrometido vampiro que lo dejó tan mal herido—. ¡Maldita pulga! —gruñó.
—¿Shizuo? — La voz de su senpai lo hizo volver en sí.
Caminó a la cocina del departamento de Tom el cual ya se encontraba sentado apoyando sus brazos en la mesa mientras bebía de una taza café—. ¿De qué querías hablar Tom san?
—Del vampiro que te atacó —indicó con un breve gesto que se sentara—, cuéntame con detalles qué fue lo que pasó.
—Entiendo…
Después de varios minutos Shizuo terminó por contarle todo su encuentro con el vampiro llamado Orihara Izaya y también de cómo había sido engañado por él.
—Así que eso pasó… —dijo el hombre de rastas con una mirada seria fijada en su taza vacía.
—Esa maldita pulga, ¡definitivamente me las pagará! ¡Lo mataré con mis propias manos!
—pulga…eh.
—Por cierto Tom san —habló ya más calmado recordando lo sucedido—, encontré esto en aquel lugar —sacó del bolsillo de sus pantalones sucios por las batallas anteriores un gran trozo de cristal y lo depositó sobre la mesa—. Estaba cubierto de sangre.
Tom cogió el objeto y comenzó a observarlo extrañado—, esto parece…
—¿Qué parece? —Lo interrumpió Shizuo
—Parece el material de una de las armas que utilizamos. —El más joven aún lo miraba interrogante—. Bueno… tú no utilizas estas armas por eso no estás familiarizado pero, las armas de los cazadores están hechas de este tipo de material ya que son especiales para matar vampiros.
—Ya veo… —mintió sin entender ni una palabra.
—Shizuo… tú puedes vencer a esos monstruos con tus propias manos pero nosotros, es decir los demás cazadores no podríamos enfrentarnos a un vampiro sin estás armas especiales.
—Entiendo, pero ¿por qué estaba esto en ese lugar?
—Mejor dicho, la pregunta sería ¿cómo es posible que exista esto? —levantó el cristal a la altura de su rostro mirando en el su reflejo.
—¿A qué te refieres? —preguntó confundido.
—Este tipo de cristal… como dije, es especial para matar vampiros —volvió a dejar el cristal sobre la mesa mirando esta vez a su confuso compañero—, es especial porque los vampiros no pueden destruirlo. —Con su dedo índice comenzó a tocar el cristal y continuó—, no puede haber sido quebrado.
—Pero lo está ¿no?
—Eso quiere decir que no fue un vampiro el que quebró esto…
Shizuo pareció haber entendido, se cruzó de brazos y habló para sí mismo—. Entonces, ¿con qué puedo romper esta cosa?
—Buena pregunta —dijo Tom llamando la atención del más alto—, sólo puede ser roto por el mismo material.
El cazador más joven sorprendido ante la respuesta cogió con rapidez el trozo de cristal observándolo más de cerca—, no puede ser… —Sobresaltado se dirigió a su senpai—, de todos modos ¿qué se supone que era esto?
—Al parecer la hoja de alguna espada. —Se recostó desganado en su silla mientras acomodaba un cigarro que acababa de sacar de su bolsillo.
—Si es verdad lo que dices… entonces el que asesinó a nuestros compañeros no fue un vampiro…
—Mi teoría —interrumpió Tom a su kohai—, es que probablemente hubo una pelea entre cazadores…
Shizuo exaltado se levantó de su asiento—. ¡No puede ser! ¿¡Por qué harían eso!?
—Te dije que sólo era una teoría hombre… —inhaló de su cigarro para luego exhalar el humo—. Oh! Espera un momento —dijo al sentir una leve vibración, sacó el móvil del mismo bolsillo en el cual llevaba la cajetilla de cigarros, lo abrió y contestó la llamada levantándose de su asiento dirigiéndose a la habitación de al lado—. ¿Si? Dígame…
Shizuo no podía creer lo que Tom acababa de decir… Era imposible que los cazadores se mataran entre sí ¡no había razón! Y si la hubiera ¿cuál sería?
Se encontraba desconcertado no sabía en qué pensar, para él la traición era algo intolerable no había modo que sus compañeros con los cuales arriesgaba su vida para proteger a los humanos hicieran algo como eso…
En ese momento apareció la imagen de una molesta y traviesa sonrisa en su cabeza «esa pulga… ¿por qué estaba allí?» Entonces volvió a recordar algo "Shizuo-kun"—. Espera… ¿Cómo sabía él mi nombre?...
—¡Shizuo! —Tom interrumpió sus pensamientos haciéndolo volver a la realidad—, estás de suerte, nos acaban de asignar la investigación del asesinato. —Sorprendido y a la vez alegre asintió confirmando su nueva misión.
«Definitivamente voy a encontrar al causante de todo esto».
Esperamos que la historia les este gustando.
