He encontrado volver a retomar el camino, cómo un simple mensaje te puede sacar de la rutina. Leerlo fue como revivir algo muerto. Y por decir algo más gráfico aún, fue como un balde con agua fría bañándome rápidamente.
El mensaje iba así:
-Hola, John Watson. Tiempo sin verte. Espero que este sea tu número.-
Tenía que confirmar el hecho que sea él. Que no me había olvidado, que la lejanía que finalmente él había mantenido y yo había tontamente respetado se acababa hoy. No importaba la manera de cómo la acabase, lo que me importaba era volverlo a tener cerca. A sentirme especial junto a él, a volverlo a mirar y saber cómo se encontraba. Tenía que ser él. Pero como ya lo he dicho antes, en el mundo de los adultos solo son desconfianzas e inseguridades disfrazadas de perspicacia y cortesía.
-¿Quién eres?-
Le envié como si no supiera quién era, él era el único a quién realmente esperaba. Este era el momento de lanzarme a la piscina sin que estuviera con agua. No importaba, ya no más. Pero otra vez de nuevo, la vida nunca será como los cuentos de aquellos utópicos finales.
-¡Soy Mike! ¡Mike Stamford! Llámame cuando puedas, espero no estar interrumpiéndote.-
Era Mike.
Mike Stamford.
Mike Stamford. Realmente no lo extrañaba. En si solo fue uno de esos amigos del momento con los cuales compartes carpeta y nada más. A veces era demasiado hostigante y corría muy lento. ¿Pero qué podía perder? No tenía nada importante por hacer en mi tiempo libre que últimamente había aumentado y a veces la compañía de un viejo amigo aunque podía traer malos recuerdos, mayormente traía el doble de buenos. Aparte de que con Sarah no veía futuro y más que una posible pareja podía ver en ella una amistad muy buena, pero nunca tan buena en comparación con la de Mike. Queda en ustedes definir mi grado de afinidad con Sarah.
Lo llamé saliendo del trabajo, unas 5 horas después. Decidimos arreglar una cita el jueves más cercano. Quedamos en un café muy conocido de aquel lugar, daba la casualidad que se había enterado que yo vivía en tal área y aprovechando la situación, decidió ponerse en contacto conmigo dándome vagos datos sobre la fuente informante, supuestamente me contaría todo el día del encuentro.
Yo seguí con mi vida laboriosa como siempre, la rutina del día a día, plana y con pocas emociones que fueran extra-laboratorias. Hasta que llegó la fecha nombrada.
Salí del trabajo como siempre, solo que con la diferencia de encontrarme con tal señor Stamford a la hora indicada.
Lo saludé como si lo viera a diario, no causó la gran impresión como lo esperaba, parecía que también había perdido mi empatía y mi capacidad de asombro.
Básicamente andaba con una actitud parca y fría respecto a todo. El mundo seguía girando pero yo era inherente a tal cambio. Probablemente encarcelado ¿Quería mantenerme así?
Todo esto lo pensaba mientras Mike me hablaba sobre como su minúscula pero perfecta vida había transcurrido los años de mi ausencia. Realmente no me importaba, pero una sonrisa falsa solucionaba el problema de mi nula atención hacia sus temas tan banales. Pero algo cambió el giro de la conversación. Él pronunció el nombre de mi estimado Sherlock Holmes.
Eso hizo que de golpe focalizará toda atención en lo próximo que hablaría Mike.
-¡Pero verás qué pequeño es el mundo, John! Así fue como conseguí tu número. . .-
-Disculpa Mike, puedes repetir lo último, no lo he entendido bien del todo- Mentí, no lo había escuchado en casi todo el rato, para ese entonces nos encontrábamos sentados bebiéndonos yo un café; él una cerveza-
Rio un poco- Bueno John como te iba diciendo. En el centro donde trabajo ¿Creo que te lo he dicho antes? St. Barts, me encontré con tu amigo, el que me presentaste hace años. Bueno, resulta que un día conversando en la hora de almuerzo estábamos hablando como nunca. -
-¿Estábamos?- pregunté
-Sí, sí, John. Lo que pasa es que él tiene una asistente. Se llama Molly y curiosamente creo que han estudiado juntos, algo así. Bueno, el punto es que pregunté por ti aprovechando que nos hablaba fuera del laboratorio, algo muy raro en él ya que nunca habla conmigo, él me respondió que estabas bien, que por el momento te encontrabas lejos.-
-¿Ah? Sí. . .-
-Sí, luego me dijo que yo mismo podía consultarte, me escribió tu número en un papel y me lo dio y así como apareció de la nada, se fue de la misma manera- Mike miró su reloj tomando aire, suspirando levemente y continuando
-John, se le ve muy solo. Es todo un caso ese Holmes ¿Eh? Déjame ser un poco atrevido pero ya que estamos en confianza. . . ¿Siempre fue así?-
-¿A qué te refieres?- Le pregunté estúpidamente, perfectamente sabía a qué rayos se refería. Sherlock no hablaba con nadie a menos que se requiera. Él no gastaba saliva con gente que no necesitara gastarla.
-Ya sabes, siempre para solo y aunque nunca me he quejado de su trabajo ya que es extremadamente muy competente y me atrevería a decir que es perfecto, a veces no se aparece por días. De la nada llega y el trabajo de una semana acumulado lo hace en un día y sin falla alguna.- Tomó un trago de su cerveza para seguir hablando.- Si no fuera por su gran capacidad y su hermano, te juro que no tendría un trabajo medianamente estable, John.-
Nuevamente miró su reloj, era tarde. Tomó un trago largo de aquel licor terminándolo y finalizando también de paso la conversación sacó un papel con un número, extendió su mano con aquél pedazo de papel-Sería bueno que lo llamases John, creo que te extraña. En fin, nos vemos.-
Mike se despidió así como así, dejándome en el aire prácticamente. ¿Qué tenía yo que llamarlo si era él quién había decidido terminar la comunicación? ¿Ahora se arrepiente? ¡Cuántas ganas tenía por volver a hablar con él! Pero no podía aparentar un necesitado. Pero era la oportunidad perfecta para retomar contacto, no lo podía desaprovechar. Tenía que saber que lo necesitaba. No. No. Definitivamente no podía decirle eso, era obvio que se daría cuenta de mis sentimientos hacia él. . . ¡Esperen un momento! ¿Yo? ¡¿Sentimientos hacia él?! ¡¿Estoy acaso tomando conciencia de lo que acababa de decir?! ¿¡Qué demonios!? ¿¡Me gustaba Sherlock!? Pero qué infantil sonaba todo esto en mi cabeza. Peor sonaría en voz sonante y raspante a toda voz. Debe ser la emoción del momento, una luz de esperanza para volver a lo de siempre, pues ahora venía una pregunta muy importante ¿Querría lo de siempre? Es obvio que podía saltar a la piscina con los ojos vendados. Podría decirle que lo quería. ¿Lo quiero? ¿De verdad lo quiero? ¿En serio?
Sí, lo quiero demasiado.
Lo quiero desde el primer día que lo conocí.
Lo quiero desde que hicimos el juramento.
Lo quiero desde que me besó cuando aún niños.
Lo quiero desde que escapamos a tal lugar que ni cabe mencionar.
Lo quiero desde que viajamos.
Lo quiero con sus virtudes.
Lo quiero con sus horribles defectos.
Lo quiero por todo lo poco o demasiado humano que es.
Qué idiota soy. Nunca me atrevería a decirle eso frente a frente.
Y de la nada mis pensamientos se vieron obtusos y poco a poco se cayeron, rompiéndose el espejo de la ilusión que tenía por la voz de una frívola camarera preguntándome si quería la cuenta, debido a que iban a cerrar en 15 minutos.
Esa noche me costó conciliar sueño, mi mente divagaba entre recuerdo y pensamientos absurdos. No podía estar más turbado, quería llamarlo de una vez y terminar con toda esta tortura sin sentido, después de todo era mejor morir sabiendo a simplemente morir con la dura. Finalmente pasaron 2 horas y pude dormir.
Fue la peor semana de mi vida hasta ese momento, procrastiné la llamada hasta el punto de poner subterfugios que solo me servían para aplazar tal acción de hora en hora.
Pero a tanto auto insistencia decidí llamarlo, era el momento.
Ese día pedí permiso y llegué temprano a casa, no se negaron ya que nunca pedía permisos especiales y era sabido que regularmente me quedaba haciendo horas extra sin remuneración porque desde mi punto de vista uno siempre aprende de cada caso que se trata; pero sobretodo no tenía nada mejor que hacer.
Cogí el papel que había guardado en el cajón de la mesa de noche situada en mi cuarto.
Marqué el número.
Sonó.
Siguió sonando.
Sonaba aún.
El corazón me comenzó a latir más rápido.
Sonaba.
El corazón en la boca.
No hubo respuesta.
Intenté llamar unas 4 veces más. Nadie respondió el teléfono, nadie lo atendió y ni siquiera hubo contestadora. Un total falló. Arrugué el papel y lo lancé al tacho más próximo que tenía. Había sido una pérdida de tiempo, mis esperanzas se habían esfumado. Fue lo primero que perdí.
Esa noche no hubo problemas a la hora de dormir. Es mas, esa noche dormí muy temprano queriendo no levantarme jamás, seguir en los brazos de Morfeo dónde yo era amo y señor de la realidad aparente que veía en estado REM. Pero a mitad de lo que yo consideré la noche comenzó a sonar el teléfono.
No quise contestar, me encontraba tan a gusto en el lugar que me hallaba que aquella interrupción me parecía infernal. Pero al ser insistente aquel sonido, mi brazo se movió en dirección a tal interrupción por inercia. Contesté con la poca fuerza que tenía, y situé el auricular en mi oreja.
-Buenas Noches, en este momento me encuentro ocupado ¿Puede llamar mañana?- Lo dije en un tono entre medio dormido y medio despierto-
-Oh, discúlpame entonces, llamaré mañana.-
Esa voz.
Era él.
Era él quien me estaba llamando.
Todo lo cansado, medio dormido se esfumó al escuchar su voz después de tanto tiempo.
-¿Sherlock? ¿Eres tú?- Muy tarde. Ya había cortado.
De un salto llegué a la papelera donde se encontraba el número, lo busqué hasta que lo pude encontrar y temblorosamente marqué su número. Sonó tres veces hasta que alguien contestó.
Era mi tan estimado amigo Sherlock.
-Sherlock, te habla John. John Watson-
-Sí sé qué John me habla.- Luego hubo un silencio, no se escuchaba la respiración de ninguno así que yo empecé. –Mira creo que es un poco tarde- fui interrumpido por Sherlock- Es la 1:20 a.m-
-Bueno, creo que es un poco tarde ¿Te parece bien si nos vemos un día de estos?-
-¿Qué día?-
-¿Uhm. . .?- miré mi calendario- ¿Qué te parece si vienes a mi casa el sábado? ¿Estas libre?-
-Muy bien. Ahí estaré, John.-
-Bien, te espero. Te pasaré la dirección por mensaje.-
-Duerme bien.-
-Tú también.- Esas últimas palabras sonaron muy delicadas, demasiado para mi estilo diría yo. Y aunque me duela decirlo, la conversación que acababa de tener, se escuchaba demasiado plástica, falsa y por compromiso.
Pueda que mi percepción era distinta, pueda que debido al momento haya entendido todo mal, tal vez en mi mente todo era mejor, un mundo utópico.
El día de la cita llegó, pero mi muy querido amigo no se apareció. Ni llamó para disculparse.
