Y entonces suena el timbre y hay en esta historia demasiada gente.

—¡Oh! ¡Debe ser Angleterre! —sonríe para Prusia, contento, tirando un poco de él hacia la puerta.

Inglaterra está en la puerta valorando por vez 1736 si no habrá sido mala idea traer un ramo de rosas... de hecho ni siquiera sabe a quién se lo ha traído, sólo le ha parecido poco educado aparecer con las manos vacías y no que le importe dar una buena impresión para con Francia o algo, seguramente las flores son para su GRAN amigo Alemania... cuando Prusia abre la puerta, las esconde.

Francia sonríe desde detrás de Prusia.

—¡Ya estás aquí!

Heil! —sonrisa maligna.

—Ah... —les mira a los dos, nervioso.

—Ven, ven, pasa... —Francia extiende una mano, poniéndosela en el cuello y tirando de él.

—¿Eh? —se sonroja cuando le acerca hacia sí. Francia le da un beso suave en la comisura de los labios e intenta abrazarle.

Stop, STOP! —protesta, tratando detenerle y apartarle con las flores, sonrojándose.

—Esta... ¡Oh! ¡¿Me has traído flores?! —pregunta con un hilillo de voz y... Efecto Roma. Se le empañan un poco los ojos.

No! —las esconde otra vez, sonrojándose más.

—¡Me trajiste flores! Ahh, Angleterre —sonríe, acariciándole la mejilla.

NO! Nonononono! —se aparta más.

—Y si no son para Frankreich, ¿para quién son? —pregunta Prusia. Francia sonríe mirando al inglés, porque sabe que no va a tener respuesta.

—Para...

France —decide el galo.

Para... —vacila, volviendo a mirarles a los dos sin saber qué decir. Prusia le sonríe burlón —. Rome! —le suelta a Francia discutiéndole.

—¿Le has traído flores a papa y no a mí?

I... NO!

Mein gott con Rom, esto no me lo esperaba —comenta Prusia levantando las cejas.

—Eso acabas de decir... Qué barbero... Va a adorarte como YERNO —sentencia Francia un poquito tenso, sonriendo un poco, abrazándole y fulminando a Prusia.

I mean... the... the roses... are mine.

—Son mías —sentencia Francia.

¡No soy yerno de nadie! —grita y tira las flores por la puerta a la calle, HISTÉRICO.

—Eh... Angleterre! —protesta Francia yendo por las flores.

Inglaterra se mete a la sala corriendo muy nervioso, pensando que lo de las flores ha sido, definitivamente una mala idea. Francia toma las flores y les quita un poco la tierra que se les pudo haber pegado. Sin mirar a Prusia se va detrás del inglés.

—¡Miren quien ha llegado! —suelta tensito, deseando que Inglaterra no vaya a hacer nada mas grave.

Todos, que estaban felicitando a Veneciano, a Austria y a Romano por su canción, se vuelven a la puerta. El inglés da un salto, nervioso, cosa mala. Francia se le acerca por la espalda, tomándole de la cintura y buscando la mirada de su padre.

Angleterre, papa... Mon... Angleterre —sentencia Francia, mirando a Roma y sonriendo un poco.

Roma suelta a un bastante sonrojado Austria, a quien estaba ahora abrazando una vez ha soltado a los italianos y se acerca a ellos dos. Suiza frunce el ceño y se acerca a Austria, quiero decirlo, puro y básico instinto.

Inglaterra se queda automáticamente bajo el influjo de Roma, con los ojos como platos y los labios entreabiertos. Austria carraspea, recomponiéndose cuando Suiza se acerca. Francia se acerca al inglés y le da un beso en el cuello por la espalda.

—Me trajo flores.

Inglaterra sale de su ensimismamiento parpadeando, sonrojado cuando Roma le sonríe.

—¿Eh? —susurra cuando este mira a Francia. El galo le besa un poco más el cuello, abrazándole contra él.

—Están bonitas, Non?

El británico se vuelve y ve las flores, sonrojándose cuatro veces más, intenta quitárselas.

—Eh, eh... Mías.

No! ¡Tíralas! ¡No son tuyas! ¡No sé de donde han salido! ¡Tíralas Frog! ¡No recojas la basura! —grita HISTÉRICO, forcejeando con Francia.

Francia se ríe un poco cerrándole un ojo a su padre sin soltarle. Roma les mira a los dos, sonriendo con una ceja levantada cuando Inglaterra acaba de destrozar las flores, rojo igual que ellas.

—Ay Angleterre, tan lindas mis flores —protesta el francés un poquito nervioso, acariciándole la mejilla.

—¡Que no te he traído flores! —chilla.

—Vale, vale... Cálmate —levanta las manos el francés, en son de paz.

El inglés le mira con la respiración agitada y el ceño fruncido. Roma aun les mira a los dos con curiosidad.

—No me trajiste flores y ya... Sólo eran unas flores. ¡Cálmate!

Inglaterra respira un poco más calmado.

—Jum! —protesta dándose la vuelta para ir a saludar a los demás y vuelve a toparse con Roma, quedándose paralizado... su madre estaría muy avergonzada, pero es que es como la mezcla perfecta de España y Francia...

Francia le acaricia la nuca.

—Este es mi papa... ¿Te acuerdas de él? —pregunta Francia. Así que Inglaterra se sonroja una y otra vez.

I... I... —susurra sin mirarle y cuando Roma le da su abrazo reglamentario, se queda paralizado... y puede que le salga vapor de agua de las orejas y la cabeza.

—Yo sí que me acuerdo, no has cambiado casi nada —se ríe Roma.

Francia se tensa con el abrazo, sin dejar de acariciarle un poco la nuca al inglés. Sonríe.

—Se ha vuelto más bestia... Pero no sabes cómo es en la cama —indica el francés.

Roma levanta las cejas con eso, sonriendo e Inglaterra se tapa la cara, MUY avergonzado... Así que el moreno acaba por soltarle antes de poder decirle nada al oído como con Alemania.

—Yo le quiero mucho y me quiere también, hemos estado juntos intermitentemente, siempre —agrega.

—¡Eso es MENTIRA! —chilla, aguantándose de pegarle.

S'il vous plait, Angleterre —susurra Francia mirándole a los ojos.

SHUT UP! —le grita y España se acerca, preocupado—. ¡No sé para qué me has dicho que venga para toda esta mierda!

Roma levanta las cejas y mira a España de reojo cuando llega a su lado.

—Pero no es ninguna mierda... Sólo es mi Pére —sigue Francia empezando a entrar en pánico.

—¡Déjame en paz! No quiero saber nada de tus historias —chilla y se va buscar a Suiza desesperadamente, alejándose de ahí.

Francia cierra los ojos y toma aire, temblando. Roma mira a Inglaterra marcharse y España se acerca a Francia preocupado.

—E-Esto... No... —susurra Francia, maldiciéndose por esperar algo mejor. Era su padre, de todas las veces de la vida que habría deseado que saliera bien con Inglaterra. Se pasa una mano por el pelo. Roma mira a Francia y sonríe un poco, acerándosele también —. ¿Decías de hacerlo peor? —pregunta el francés, desolado.

—¿Bromeas? Está loco por ti, hasta te ha traído un regalo —le abraza frotándole la espalda. Francia baja un poco la cabeza apretando los ojos —. Pero estoy seguro de que puedes conseguir algo mejor que eso con menos presión —le aprieta.

—De menos pensé que te saludaría normal, tenso... Y no me ha dado un golpe porque se ha contenido, le conozco —agrega.

—Es un idiota —sentencia España abrazando a Francia también.

—Venga, venga... No pasa nada —sonríe un poco mirándoles a ambos y levantando la nariz.

Ambos le sueltan un poco, Roma le arregla el pelo y España le acaricia la espalda.

—Bueno, yo soy el mayor Casanovas de la familia... Sea como sea —sentencia el francés limpiándose un poco los ojos y arreglándose también el pelo —. ¿Donde quedó?

Ambos le buscan, está escondido saludando a Germania de una manera mucho más normal.

—Además le has gustado —agrega el galo en un susurro, detestándole un poco.

Roma mira a Francia de reojo y le sonríe un poco. Francia sonríe también y suspira, ahora sí pasándose una mano por el pelo, haciendo tripas corazón por completo.

—Realmente tampoco es que me importe tanto... —se encoge de hombros.

—Su madre era igual de fogosa y salvaje, todo un carácter...

—Lo que pasa es que es un imbécil —insiste España.

—Todo el carácter del mundo... Venga ya, no exageres, no es todo el tiempo un imbécil.

España bufa haciendo los ojos en blanco. Francia suspira un poquito agobiado aún y mira de reojo a Roma, volviendo a mirar al inglés.

—Aun tienes una oportunidad de conseguir un beso —le anima el romano.

—Ah, papa... Como te gusta hacerme sufrir —sonríe, pasándose una mano por el pelo y animándose un poquito. Quizás ya no tenía mucho que perder. Sonríe —. Voy a intentarlo.

—Buena suerte —le guiña un ojo yendo a tomar a España por banda.

Francia sonríe de lado y traga saliva nerviosito, acercándose un poco hacia el inglés, que está sorprendentemente hablando bastante tranquilo con Suiza y Germania. Los tres sin matarse ni sonrojarse. Aun que cuando Inglaterra nota que se acerca, se tensa otra vez.

Angleterre, ¿puedo hablar contigo un segundo? —pide, tocándole suavemente el hombro.

Inglaterra le mira de reojo, mira a los otros dos tragando saliva porque sigue tenso, pero sabe que ha hecho mal.

—Si me... disculpáis un momento —pide.

Francia suspira con cierta seriedad, alejándose un poco de los demás. Inglaterra le sigue, de nuevo sonrojado, con el ceño fruncido. El francés sale por la puerta de la sala, hacia el pasillo de entrada, en un lugar estratégico en que España y Roma puedan verles sin estar realmente enfrente de todos.

—¡Ah! Trampaaa —se ríe España al ver eso, más calmado cuando nota que Inglaterra sí le ha seguido.

Francia a estas alturas ya está despreocupado entre que haga trampa o no. Ya es bastante con que no le medio mate.

Allô... —saluda Francia suavemente cuando se detiene.

Yes, yes... I know... —empieza Inglaterra—. Bollocks! ¡Pero ha sido tu culpa!

—Sólo estaba ilusionado —admite en un susurro.

—¡Me pones histérico! ¡No tenías que traer las bloody flores! Y todo el tiempo... —aprieta los ojos—. ¡No llevo aquí diez minutos ya me haces gritarte!

Francia se muerde el labio.

—No creo que tengas idea de lo mucho que esta vez deseaba que no me gritaras y que no te pusieras histérico —insiste bajando la voz —. Sólo... Es mi padre y está aquí y quería presumirle e impresionarle —dolido. El menor aprieta los ojos y se sonroja un poco porque lo sabe —. Y las flores... Es que me trajiste flores, cher... —agrega —, y tú... Nunca me traes flores y está aquí... Y...

—No eran para ti —murmura. El galo suspira.

—Sólo... No seas grosero, ¿vale? Al menos por hoy.

Porque Inglaterra también quiere impresionar a Roma, porque si Roma, de todas las parejas de Francia, la que más le gusta es él, es algo muy positivo, pero lo ha destruido todo con todo esa actuación. Francia se le acerca un poco y le acaricia la mejilla.

—¡¿Que yo no sea grosero?! ¡No me pongas nervioso!

—Prometo tratar de portarme bien, pero tú no hagas esas cosas feas... —pide, pasándole una mano por el pelo.

—Jum! —protesta dispuesto a irse de nuevo, pensando que eso es todo.

—Espera, espera... —pide Francia bajando el tono de voz y deteniéndole de la mejilla. Se le acerca un poco. El inglés parpadea y se sonroja.

What?

—Me... He puesto muy triste —susurra sacando un poquito el labio de abajo, a lo que el menor frunce el ceño —. Quizás podrías compensarme un poquito —le mira a los ojos.

—¿Compensarte por qué?

—Por ser horrible conmigo frente a mi padre —le mira con ojitos ó.ò

—¡No te voy a compensar por molestarme para ponerme nervioso!

—No te molesté para ponerte nervioso, obviamente no quería que te pusieras así.

—¡Y qué esperabas que pasara si te pones a hablar con... él de... esas cosas! ¡Además, no me gusta! No le recordaba... así, me cae mal.

—No debí hablar de sexo y claro que le odias y no te gusta —sonríe —Dame un beso —pide en un susurro.

What?! —pasito atrás, sonrojo.

—Un beso... Sólo un beso y me portaré bien —sonríe, dando un pasito al frente.

No!

—No me saludaste, no hay nadie por aquí... Un beso. Un beso y te perdono por eso horrible que me hiciste frente a Mon pere.

—¡Yo tendría que perdonarte a ti si acaso me pidieras disculpas! Y pueden vernos desde el salón —mira y nota a España y Roma mirándoles, sonrojándose más.

—Yo te daré uno de disculpa si tú me das uno —sonríe tocándole la mejilla tratando de llamar su atención.

—No quiero un beso —miente en un chillido, volviendo a mirarle.

—Entonces no te daré un beso. Pero yo sí quiero uno —sonríe.

—Pues... ¡me da lo mismo!

El galo saca el labio de abajo, haciendo que el lappin parpadee y se sonroje más, dando otro pasito atrás.

S'il vous plaait —sonríe encantador.

El británico le mira agobiadito, rojo como fresa y niega. Francia cierra los ojos, pone boca de beso y se agacha un poco al frente. Y que dios lo ampare. Inglaterra se sonroja aun más, incrédulo, parpadea, da un pasito hacia él y nota de nuevo de reojo a los otros dos, se le esconde en el cuello y le toma de la cintura para llevárselo donde no puedan verles.

Francia considera que de menos escondérsele en el cuello y abrazarle es bastante más de lo que podría haber deseado, le abraza de vuelta, abre un poco los ojos y les cierra en el último instante un ojo a su padre y España.

—Ah, eso no se vale —España protesta y Roma se ríe.

—No seas protestón —riñe Roma entre risas.

Y Germania les interrumpe con un carraspeo. Los dos se vuelven a mirarle. El germano les mira a ambos y se sonroja de muerte, desviando la mirada. Y ambos sonríen de manera muy parecida. Roma mira a España de reojo, notándolo.

—Por Odín... Esto... —carraspea otra vez —, ¿qué están haciendo?

—Mis chicos me muestran las cosas que saben hacer —explica sonriendo.

Preussen se fue con la chica, y Schweiz está con Österreich y... Deutschland me dijo que les llamará a cenar.

—¡Ah! ¡Estupendo! —España salivea —. Os va a encantar la pasta de Veneciano... ¡y los tomate papá! ¡Son buenísimos!

—No tengo ni idea de qué sea un tomaetae —sonríe—. ¿Avisas a tu hermano?

España asiente y Roma se vuelve a Germania.

Schweiz me dijo que él y Österreich están juntos —anuncia solemnemente el germano.

—Ah, sí, me he dado cuenta... TODOS están emparejados.

—¿Te has dado cuenta? ¿Cómo? Schweiz me lo confesó como un secreto.

—¿Un secreto? ¿De verdad? —sonríe y levanta las cejas.

—Pues... ¡Calla, no le digas a nadie! —le urge.

—¡Pero si lo saben todos! —se ríe.

—No es lo que me dijo él —murmura y le mira de reojo, sonrojándose.

—Qué mono es...

Rom —le llama y este le mira. Germania carraspea —. Quería decirte…

Roma le mira.

—Advertirte en realidad.

—¿Ajá?

—No que piense en lo que me dijiste —desvía la mirada.

—¿Sabes qué me ha contado Hispaniae? —aparentemente cambia el tema. El rubio parpadea algo sorprendido.

Was? —Pregunta, frunciendo el ceño y sonrojándose otra vez.

—A veces llama Roma, como yo, a mi nieto en vez de Romano... ¿sabes por qué me ha dicho que lo hace?

—¿Le recuerda a ti o algo así? —pregunta con cierto desagrado, haciendo los ojos en blanco.

Non... Roma es Amor al revés y no lo había notado —sonríe—. Pero ahora no puedo dejar de pensar en ello cada vez que oigo que me llamas.

Germania abre la boca impresionado... Y el color se le va subiendo poco a poco. Roma le mira de reojo y piensa que ahora él también va a pensar en ello cada vez que le llame.

—P-Pe... Pero... ¡Yonotellamoamorjamas! No te amo en lo absoluto.

—Disculpa, estabas diciendo otras cosas sobre... más cosas que tampoco haces —sonríe altivo.

Nein! No voy a decirte nada ahora, ve y acuéstate con quien quieras.

—A quién quiero ya se lo he pedido —le guiña el ojo.

—Pues a eso venía, pero tú eres imposible —aprieta los ojos y le da un golpe en el pecho. El romano sonríe de lado —. Te quería advertir que si te largas, voy a ir por ti y cortarte alguna parte de esas que te gusta tanto usar —croa.

—¿Eso significa que sí?

—¿Que si voy a cortarte alguna parte? Ja.

Non, que vas a hacer para que no tenga necesidad de irme.

—¿Necesidad? ¿Sabes? Por eso justamente te odio.

—¿Por qué? —pregunta entrando al comedor y sentándose en una silla mientras Veneciano y Prusia (al menos) van poniendo la mesa, les mira de reojo pensando de nuevo en lo cómodos que eran los esclavos. Y Hungría, por favor... La mujer desaparecida.

—Tienes... Caliente eso —le señala las regiones vitales —, y si es conmigo, bien, si te encuentras a alguien en el camino con quien... Tienes cero escrúpulos —se sienta a su lado con los brazos cruzados.

—Sí... ¿y? Tú haces lo mismo. De hecho yo al menos voy hasta ti y soy sincero.

—¡Yo no hago lo mismo, no me acuses de eso! —protesta.

—¿Crees que no sé lo que haces con Helvetia, Escandinavia y Kiev? —se ríe.

—¡Ese es otro asunto por completo! —protesta sinceramente, sonrojándose —. Y eso es completamente tu culpa.

—Oh... entiendo.

—¿Qué entiendes?

—No puedo decírtelo, vas a ponerte a chillar.

—¿Perdona? ¿Qué insinúas? —frunce el ceño.

—En cualquier caso... Helena. Helena era la más dulce. Y luego Britania, la más fogosa. Qué decirte de Galia que ya no sepas... pero ninguno de ellos tiene tus ojos.

—¿Me estas describiendo a todas tus amantes? —pregunta incrédulo (Chillando bastante.)

Non, si te los describiera a todos me quedaría sin comer, sólo hablo de mis favoritas.

—Vete a la mierda, Rom. Por Thor... —enfadado.

—El punto está en que ninguno tiene tus ojos.

—¡Pues mis ojos y una mierda, Rom! —chilla porque él hablaba de que Roma para él era a quien quería... Gruñe. El moreno se pone de pie y le sostiene la mirada. Germania le mira con desagrado, también de pie, ceño fruncido.

—Y en los labios de ninguno más mi nombre me suena a Amor —susurra mirándole fijamente. El sajón se sonroja más.

—A mí no me... No me hables de amor.

—Excepto tu hijo, él si tiene tus mismos ojos... —se ríe.

—Pues ve y tíratelo a él —sisea con la voz demasiado grave.

—No niego que tendría cierta gracia... incluso con los dos a la vez.

Germania levanta las dos manos y le toma de la camisa con fuerza, levantándole. Roma le toma de las manos y le mira, sin moverse demasiado.

—¿Qué pretendes? —escupe, mirándole a los ojos intensamente.

—¿Te atreves a enfadarte como si te hubieras ofendido cuando sé que piensas lo mismo sobre mis hijos? —pregunta bajando una mano y sacando del bolsillo un cuchillo que ha robado de casa de España, porque podrán haberle quitado su espada, pero uno no llega a ser el Imperio Romano yendo por el mundo sin armas. Germania debe poder notarlo en su estomago.

—Tú siempre crees que sabes to... —se detiene al notar el filo del cuchillo sobre su abdomen, respingando un instante, sorprendido. Su espada y su daga estaban en la sala... ¿Pero cómo podía haber sido tan, TAN idiota? Aprieta los dientes y frunce más el ceño.

El latino le mira intensamente. Y... ¿por qué no?, le rasga la ropa (porque al parecer siempre hace lo mismo y por motivos similares) para que sienta el frío del filo, no sólo la forma.

Germania se lame los labios, y gruñe un poco, apretando más la ropa del romano entre los puños. Roma sonríe de lado al notar el movimiento con los labios, así que sigue rasgándole la ropa, acariciándole la piel con la punta de la hoja.

—¿Qué vas a hacer ahora? ¿Destriparme en casa de mis hijos? —murmura entre dientes y se le sale casi el corazón cuando presiona un poco él mismo contra el filo de la navaja, cortándose un poco a sí mismo—. Anda, Rom... Hazlo.

Entrecierra los ojos y baja el cuchillo haciendo el tajo en su piel mayor, hasta la cintura... y le corta la cuerda que le sostiene los pantalones, los sujeta con la mano él para que no se caigan.

—¿De veras crees que sea necesario llegar a eso?

Germania sisea con el tajo, pero no se mueve ni se retracta, mirándole a los ojos.

Y yo creo que para entonces alguien... Al menos Suiza y Austria, deben haberles notado.

—¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar con tal de no dejarme ir? —se burla, mientras Austria flipa levantando las cejas, buscando a Alemania.

Germania bufa y le pone una mano en el cuello, buscando poder defenderse al menos un poco.

—¿No dejarte ir? Ya quisieras tú que te cediera mis tierras —susurra. Roma suelta los pantalones del germano, dejándolos caer.

—Me... ref... —bufa porque le aprieta el cuello—... iero ahora.

Germania se sonroja sin poder evitarlo a pesar de las circunstancias, con el asunto de los pantalones en el suelo. Bufa sin querer responder respecto a si quiere o no retenerle ahora. Se acerca más a él. Roma sonríe al notar el sonrojo y mueve el cuchillo hacia la zona de peligro sin hacerle daño esta vez.

—¿Qué te parece si te masturbo en mitad de la casa de tus hijos? —susurra.

Alemania vuelve al comedor con la fuente de pasta en la mano. (Sobre todo que Alemania, el fan del sadomaso, no se pierda esto.) Germania se sonroja y se le seca la boca, completamente seguro de que Roma es perfectamente capaz.

—¿Qué crees que hagan, eh? —sigue moviendo el cuchillo, aflojándose las manos que le sostienen del cuello con la otra mano—. ¿Vendrán a salvarte también o notarán cuanto lo disfrutas...?

En la segunda frase, antes de terminarla. Germania se acerca a él y le besa en los labios con mucha fuerza, bajando la otra mano (no la del cuello) y deteniéndole la mano peligrosa de la muñeca. Roma se deja besar sin hacer mucho por dominar en el beso realmente, para que quede bien claro quién es que besa a quien, pensando que ojalá le estén viendo sus niños.

Y como Roma, España y Francia tienen suerte, justamente entonces es que entra España seguido de Francia y yo creo que un sonrojado Inglaterra, al comedor.

—¿Qué está...? —empieza a preguntar Inglaterra mirando a Austria, Suiza y Alemania que están por ahí.

E igualmente, aferrado al cuchillo haciendo un poco de fuerza con la mano para que el germano esté pendiente de ella, baja la otra acariciándole el antebrazo, la cintura, la cadera hasta el bajo vientre.

A Suiza y a Alemania se les están saliendo los ojos viendo a su padre.

Germania hace un feliz sonido gutural, apretando los ojos, deteniendo la mano con fuerza y besando al romano como si con esto pudiera desarmarle y vencerle, aliviándose un poco al ver que es él el que domina el beso.

Muy suavemente, Roma echa la espalda atrás sin dejar de besarle para que le siga y aun se más obvia la sensación de que se le ha echado encima y además se le acerque más, tocándole por ahí abajo tratando de contenerse a sí mismo para no reaccionar.

Francia sonríe idiotamente, admirando MUCHÍSIMO a su padre, con el corazón acelerado. España da saltitos a su lado, tomándole del brazo. Y Austria querría carraspear para sacar a la gente de aquí, pero está como hipnotizado.

Venga, Alemania tiene la boca abierta, pero abierta ABIERTA, impresionado.

Y aun con el cerebro medio fundido que tiene, Germania consigue detenerle un poco más la mano ahí abajo y separársela al menos un poco del asunto, apretando los ojos y luchando contra sí mismo por no soltar un feliz gemido.

Así que Roma ataca con un movimiento de lengua concreto, justo antes de separarse por fin, bruscamente.

E Inglaterra debe por una vez agradecer también la existencia de Francia, que perdón pero es considerablemente menos maligno que el idiota de Roma a quien odiamos para siempre jamás, Germania con sus pantalones en el suelo, medio ensangrentado y con el asunto en perfecta firmeza.

Roma le mira con malicia y se relame los labios obscenamente. Y a mí me van a disculpar, pero Germania le gira la cara de un golpe para salvar un poquito el honor y Roma se ríe, llevándose la mano a la mejilla mientras los demás vuelven en sí de repente.

Germania da un par de pasos hacia atrás, en la medida que puede y ahora sí es Alemania quien carraspea mirándole y luego mirando a Austria.

Mondieumondieumondieu —susurra Francia, fascinado.

Austria mira a Alemania y hace un gesto para que vaya a ocuparse de su padre, pero lleva la fuente en las manos y Suiza... no es exactamente de la casa, así que bufa y se acerca a él.

En un sólo movimiento Germania se agacha un poco, toma sus pantalones y se los sube, deteniéndoselos de la cintura y notando ahora sí que tiene la túnica empapadilla de rojo por el tajo que le ha hecho el romano, que si bien no es profundo y en lo absoluto grave (deben de estar habituados a un tajo así a la semana), es un poco escandaloso con la sangre. Gruñe de pésimo humor porque además acaba de darse cuenta que hay un montón de gente ahí.

Vater... —susurra Austria levantando las cejas porque no había notado la sangre, se gira buscando a Prusia para, DE VERDAD, cargarle el muerto a alguien más como de costumbre, pero Prusia ni se ha enterado—. ¿Estás bien?

Ja... claro que estoy bien —murmura sin poderse creer este desarrollo de eventos. Carraspea —. ¿Podrías decirme dónde está el cuarto de baño?

Ja, acompáñame, puedo prestarte también ropa limpia —propone y mira de reojo como Roma se acerca a Francia y a España y deben estar montando escándalo otra vez.

Sí, seguro, de la peor manera, para absoluta y completa humillación de Germania. Dios mío con este hombre. Germania gruñe, yendo detrás de Austria, rojo como un tomate, deteniéndose aún los pantalones.

—¿Seguro que estás bien? —repite Austria una vez fuera, aun preocupado con la sangre. Germania no responde, con el ceño fruncido, caminando al lado de Austria —. Eso ha sido bastante intenso, no le recordaba así... —le mira de reojo, nerviosito.

—Intenso... —murmura el germano.

Austria le mira de reojo y le guía hasta el cuarto de Prusia, pensando que se joda Prusia si le hace un desastre en el cuarto de baño... además igual es de quien mejor le sentará la ropa.

Rom. Pensaría, Österreich, que de todos, tú sabrías desde siempre de todo lo infinitamente peligroso que es y siempre ha sido Rom —indica con absoluta seriedad —. Nunca, jamás confíes en él.

El austriaco le mira de reojo, porque ya no es un niño pequeño y eso suena terriblemente a... lo que Suiza le decía a Liechtenstein de él. Germania gira la cara y le mira.

—Por más absurdo que suene que yo te lo diga —murmura sonrojándose un poco —, acercarte a Rom es jugar con fuego, tarde o temprano terminas quemado.

Austria levanta las cejas y se sonroja un poco también.

—No estaba en mis planes... acercarme —responde nervioso, porque aunque es verdad, bueno... no se puede decir que...

—No tiene por qué estarlo. Tiene que estar en los suyos —replica.

—No parece que lo esté tampoco —le mira—. Aunque es difícil saberlo —carraspea—. Aun así no parece que una advertencia sirva como protección —susurra y abre la puerta del cuarto para que entre.

—No confíes en él... basta con eso. NUNCA confíes en él, aun cuando quieras hacerlo —suspira pasando y quitándose la toga, con una mano deteniéndose el pantalón como si la vida le fuera en ello —. Tú... se más listo que él, eso debería bastar.

—Tampoco parece ser fácil —responde sonriendo un poquito, tratando de animarle sin que se note.

—Si fuera fácil, no sería tan peligroso —indica mirándose el tajo que tiene del abdomen a la pierna, que a Austria le debe parecer espantoso y mortal, y a él realmente no le preocupa demasiado.

—Espera, deja que te desinfecte eso un poco —pide yendo al baño—. ¿Cómo has dejado que te lo hiciera? —pregunta y no piensa en lo que dice.

—Trae también unos paños limpios—pide para vendarse, sonrojándose un poco al pensar en cómo es que se ha dejado que se los hiciera. Carraspea.

Busca el alcohol en el botiquín y algunas gasas que Prusia tiene de sobras porque se cae del árbol o pelea con Hungría, o se hace daño cada dos por tres. Así que fue una brillante idea ir a ese cuarto.

—¿Y qué piensas hacer ahora? —pregunta volviendo, embadurnando un poco de algodón con alcohol.

—¿Hacer? —le mira de reojo aun con las manos en el asuntillo, aunque se le ha bajado un poco con el dolor por andarse magreando la herida, creo que todos mis personajes acostumbran esas actividades con sus heridas todo el tiempo, diosparecenniñospequeños.

—Pues... vas a bajar a comer con él ahí... —explica y vacila un momento antes de acercarse a su herida.

—¿Y qué quieres? ¿Que le arranque algo? —pregunta con el ceño fruncido.

Nein, bitte, mein gott —protesta apretando los ojos —. Esto va a... escocer un poco...

—¿Qué es? ¿Agua de amapola? —pregunta mirándole de reojo, bajándose un poco los pantalones del lado de la pierna para poner todo el tajo al aire.

Nein... es alcohol —pone el algodón sobre la herida.

Y sólo porque es Austria, que Germania no le mete un empellón de aquellos porque igual le arde. Sisea un poco eso sí, pero se aguanta como los hombres. Austria le mira, aun así, para ver si le deja o no continuar o prefiere hacérselo él mismo.

Germania asiente con el ceño fruncido dejándole hacer y a todos nos hace gracia que sea Austria el que le está curando una herida a su padre, ya que habitualmente Austria no hace nada, ahora mismo estamos cayendo en la cuenta de que está haciendo ALGO.

Sí, pero es que no podía mandar a los otros dos porque entonces no hubiéramos escrito esta escena. Austria se sacrifica... POR EL BIEN DE LA TRAMA. Así que sigue curándole con cuidado mientras recuerda la escena y vuelve a sonrojarse.

—¿Qué esperas que haga entonces? —murmura Germania.

—No lo sé, yo solía gritarle a Spanien —responde mirándole a los ojos. El mayor le mira a los ojos también, por un instante, y traga saliva.

—Ya le ahorqué un poco, gritarle sólo... complica las cosas.

—¿Por qué lo crees?

—No sé cómo reaccione Spanien, pero este no se detiene a gritos, ni a puñetazos —se toca la herida con los dedos.

—No le gritaba para que se detuviera, le gritaba para que supiera que no podía hacer esa clase de cosas cuando le diera la gana.

Germania hace esa mueca que suele hacer como sonrisa, mirándole.

—¿Y dejó de hacerlas?

—Más o menos —sonríe de lado pensando que al final era él que le hacía hacerlas en público y todo ese asunto—. Es bastante obediente ahora y lo sería más de no ser por sus compañías.

Germania levanta un poco las cejas con esto de la obediencia.

—Bien, ahora todo será más simple, supongo... con Schweiz —le mira a los ojos con una mirada cargada de sentido.

—¿A qué te refieres? —le sostiene la mirada sin estar seguro.

Schweiz me contó que tú y él... —susurra.

—¿Ajá? —insiste. Germania carraspea ahora, sin estar seguro.

—Bueno, me dijo... el secreto.

—¿Cual? —el austriaco levanta las cejas.

—El... pues el de ustedes... —aprieta los ojos. Austria le mira y piensa en qué secreto pueden tener, sin caer en la cuenta —. Me alegra.

(Es que además Suiza le hizo LA CONFESIÓN a su padre)

—Oh —Austria sonríe sinceramente. Germania hace la mueca de sonrisa otra vez, antes de volver a mirarse el abdomen.

—Bien, creo que con esto ya está. ¿Estas cosas son los paños que trajiste? —mira las gasas pensando que para ser esto la modernidad, los paños son un poco miserables.

—Sí, se sujetan con esto —le muestra el esparadrapo—, y así no tiene uno que vendarse completamente.

Germania levanta una ceja nada convencido.

—Bien, dame eso y tráeme algo de ropa.

—Puedes elegir cualquier cosa del armario —indica dándoselo.

—¿Hay algo que no parezca completamente ridículo e incómodo? —pregunta sacando una tira como de un metro de esparadrapo pegándosela en toda la mano y frunciendo el ceño intentando despegársela y… en resumen haciendo un desastre.

—No lo creo, este es el cuarto de Preussen —responde tomando el esparadrapo y ayudándole a quitárselo.

—Por Odín con esto —protesta Germania dejando que Austria le ayude —. Dame lo que sea de estos ropajes.

Austria corta el esparadrapo a cachitos y le pega una de las gasas con cuidado para que vea cómo se hace antes de ir al armario. Germania se maravilla con el esparadrapo que se pega solo, haciendo algo parecido con la segunda gasa, consiguiendo más o menos quedar bien.

Österreich... ¿es verdad que hoy por hoy son más fuertes que los hijos de Rom? —pregunta cuando Austria vuelve con su ropa.

Austria elige un vaquero con botones, pensando que es más sencillo que la cremallera y una camiseta negra de Rammstein... pensando que va a parecer un Heavy, pero tampoco quiere desordenar el armario y que Prusia tenga algo demasiado de lo qué poder quejarse.

Se va a ver muy mono con sus pelos largos y su camiseta de Rammstein.

Ja —sonríe.

—Vaya, me enorgullece —y yo pienso... dios, de haber llegado en 1940, Germania se orgasmea con Alemania.

Deustchland es el más fuerte de toda Europa y Schweiz el más rico.

Germania levanta las cejas con el asunto de Suiza.

—Pero si Schweiz me dijo que él nunca había sido un imperio.

Nein, pero Schweiz es otra cosa para nada despreciable, es sumamente estable.

El rubio se rasca un poco la barbilla antes de mirar la ropa y levantar la camiseta sin estar seguro de donde ponérsela.

—También me dijo que no era parte de... algo que está en todos lados, que él estaba fuera. Un... como... imperio.

Nein, no es un imperio, verás, es sencillo. Él está fuera, así que cada vez que hay problemas, a él no le afectan... no es tan poderoso, pero es estable, lo que le convierte en un buen lugar en el que dejar las cosas que quieres que sean estables, como el dinero. Él no se maneja con tierras, pero es el más rico.

Germania parpadea entendiendo un poco. Asiente.

—¿Entonces cual es el problema con Schweiz?

—¿Quién dice que hay un problema?

—Él me hizo pensar que... bueno, no sé, parecía estar dándome malas noticias.

—¿Por?

—No lo sé, me dijo claramente "yo no fui un imperio, y todo lo demás no lo entenderías, y no me interesa que lo entiendas" —se pone la camiseta con ciertas dificultades y los dibujos horribles en la espalda.

—Creo que él cree que tú no lo considerarás porque él no intentó serlo... y todos los demás sí lo hicimos, tú incluido —valora y le mira la camiseta—. Los dibujos van delante o te rasparas la garganta con la etiqueta.

—Pues a eso viene uno a la tierra... a tener más gente, y a ser un imperio —murmura sacándose la camiseta y haciendo que truenen un poco las costuras sin rompérsela y pensando que esta ropa es INCÓMODA como pocas cosas. Vuelve a ponérsela con el pelo todo electrizado y mira los pantalones.

—Hay muchas formas de tener más gente, Schweiz es uno de los mejores lugares para vivir del mundo, donde es más cómodo y agradable, sin ser un imperio, las personas quieren formar parte de su casa.

—Mírate... defendiendo tú a Schweiz y no al revés —le mira a la cara.

—Soy mayor ahora, vater —sonríe y se sonroja un poco.

—Muy mayor, casi me resulta increíble —indica con una leve sonrisa dándole una palmada en la mejilla —. Hay que ir otra vez al comedor, tengo hambre, y se enfriará la comida —agrega poniéndose los pantalones con bastante dificultad.

De repente, alguien golpea la puerta.


¡No olvides agradecer a Josita la edición!