Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin pertenecen a Hajime Isayama. Este Fanfiction es escrito sin fines lucrativos.

Notas del capítulo: Día 3 de 4 de Levi en Shiganshina. Palabras altisonantes. POV de Levi.


- 4 -

El inicio de la ceremonia era digno de fotografiar.

El cuadro de damas estaba compuesto por un grupo de mujeres mareadas y con jaqueca quejándose del ruido, con el maquillaje disimulando las ojeras de panda y la tez amarillenta, la falta de reposo y las copas de más. El noventa por ciento de ellas había asistido a la despedida de soltera de Mikasa para después dirigirse al recinto religioso, en lugar de irse directamente a internar en un hospital. Por otro lado, reconocí a otros tipos que habían ido a mi despedida por parte de Eren y su aspecto también era casi cadavérico. Creo que la madre de Eren era la única que lucía como una flor primaveral, fresca y feliz, sin comunicarse con gruñidos soñolientos y de mala leche como el resto de los invitados.

En realidad, nunca pensé que algún día me casaría, pero si lo hacía siempre imaginé que sería algo como lo que veo ahora: un desfile de pálidos moribundos llenos de quejas.

Eren todavía no llegaba. La preocupación era notable en el rostro de su madre, pero permanecía tan serena como podía. Yo estaba cerca del sacerdote, tras saludar a unos cuantos cadáveres como los que describí previamente y a familiares de Mikasa, así como a la mierda con lentes quien se me acercó de una manera… digamos, digna de un ser con serios problemas mentales. Incluso dijo que era un milagro que aún quedaran mujeres que se enamoraran de los enanos. Pero ya la puse en su lugar.

—Dama de anillos, ¿se encuentra bien?

—¡Jajaja claro! Como venía a la boda de Levi me traje unos goggles con aumento en lugar de mis lentes normales, y miren, ¡quedaron como nuevos! Qué bueno que siempre cargo cinta adhesiva en mi bolso. —Explicó y, acto seguido, se rió descaradamente, con esa carcajada derrumba-casas. Quiero hacer constar que Mikasa insistió en que la invitáramos cuando Hanji me llamó por mi cumpleaños y yo la mandé al diablo por ser tan malditamente escandalosa. Es la única invitada de parte mía junto a Mike y Erwin, pero con él nunca se sabe.

En ese momento, el sacerdote anunció el inicio de la ceremonia, y se escuchó una melodía eclesiástica.

Sabía que Mikasa no tenía padre. Entonces, no me extrañó que la entrada ocurriera así. Pero nunca pensé que la escena tendría el efecto tan devastador que tuvo en mí.

Vi a un Eren con un traje negro, chaleco gris oscuro y corbata azul marino, solemne, pulcro y elegante caminando al lado de una Mikasa cubierta por un velo, con un vestido blanco de varias capas y diseños finos. Apretaba el brazo de su hermano y él le decía algo, pero no escuché qué.

Al pararse frente a mí, noté que me entregó el brazo de su hermana con la vista pegada al suelo. Sin embargo, antes de tomarlo, lo oí decir:

—Cuídala. Cuídala mucho. —Y besó la mano de su hermana antes de pasármela. Su voz trémula hizo que algo en mí se apretara, se sofocara. Después, los dos se vieron con esa conexión que tienen los hermanos y él regresó junto a su madre, como un espectador más.

Luego, una vez que retiré su velo, la ceremonia comenzó.


"Mikasa ¿es realmente lo que tú quieres?"

Mientras el padre oficiaba la misa, recordé las palabras de Erwin.

La noche anterior le llamé, justo tras abandonar el cuarto de Eren. Él recibió la llamada con un "dime, Levi" amable a pesar de ser casi la una de la madrugada. Y, después de un silencio de casi dos minutos, Erwin lo preguntó.

—Es lo que yo decidí. —Contesté.

¿Hubo otra opción?

"No" pensé. Hubo opciones como acostones de una noche, o alguna amiga esporádica, pero nunca opciones serias, ni siquiera alguien que me motivara ver muy seguido. Mikasa había sido algo así como mi mejor amiga.

Y luego, Erwin dijo las palabras que me taladraron la mente por el resto de la noche, incluso en este mismo momento.

—… Retirarse ahora no sería una derrota. Lo que sería una derrota, es unirse para ser infelices los dos. No puedo pensar en un fracaso mayor.

Entonces, oí la voz potente del sacerdote:

—Los votos.

Ahí empezaba. Ambos alzamos la cabeza. No había vuelta atrás.

No puedo, Eren… No puedo detenerlo.

Tú tampoco lo detienes. Ahora, en este momento en que puedes mostrarnos a todos que en efecto eres un mocoso tarado e inconsciente, decides permanecer serio e implacable como quien guarda un luto profundo. Tu serenidad es casi comparable con la del padre, y no hay nada que pueda distraerte.

¿En qué diablos estás pensando?

Lo curioso es que, en lo que va de la misa, no he podido pillar sus ojos ni un segundo. ¿Por qué, Eren? ¿Temes que derribe todas tus barreras?

Pero, de repente, pensé:

¿Y si realmente yo estaba equivocado? ¿Y si era yo el que quería ver en Eren una emoción que no tenía, para no vivirla yo solo?

Basta. Lo conocía hacía tres días.

Él no podía tener tanto poder en mí. No podía mandar en mi mente así. No era lógico…

—¿Señor Ackerman? ¿Se siente mal?

Había tenido un mareo. Eso era todo.

—Estoy bien.

Y entonces lo preguntó. De hecho, hizo la pregunta dos veces, porque yo no podía dejar de pensar. Y cada pensamiento era Eren. Algo me trituraba por dentro: los recuerdos de él, su voz, su risa, su manera de enojarse, de divertirse, todo su rostro era un espectáculo de emociones, su sinceridad, su determinación, sus labios; fui tan estúpido, debí tomarlos otra vez, o cientos de veces, y el último recuerdo…

"Cuídala"

¿Eso no era renunciar a mí?

Tal vez estoy equivocado respecto a él. Conozco mejor a Mikasa, sé sus intenciones y sus motivos. Eren es un completo extraño… ni siquiera estoy seguro de qué es lo que piensa o lo que quiere. Tal vez dejó el vuelo, pero es posible que lo dejara por otra razón. Todo lo que tengo sobre él son suposiciones… nada que él haya dicho o admitido. En este momento, él está de pie, lejano, con la mirada perdida y el rostro serio, con el recato que exige una ceremonia como ésta. Eren me había dicho que la cuidara, era como si me hubiera dado la bendición para luego alejarse de mí.

Debo olvidarme de él. Después de todo, no hay nada. No somos nada, Eren.

Entonces, solté ese "acepto" a lo que fue uno de los mayores errores de mi vida. Que no debí casarme con mi mejor amiga. No supe si iba a amarla, pero en aquel tiempo yo no había oído mucho sobre el amor ni sabía nada sobre él… Tanto así que no lo hubiera reconocido ni aunque me hubiera mordido el culo.

Enseguida, una ola de aplausos se extendió por toda la iglesia. Lo último que vi fue a Eren voltearse, caminando en sentido opuesto a los demás, quienes se acercaban para felicitarnos y acompañarnos.

En cuestión de segundos, él desapareció.


Tras varias felicitaciones y agradecimientos a los asistentes, se hizo de noche. Había alrededor de doscientos invitados en el salón, y es que la familia Jaeger era, sin duda, vasta y surtida —además de que habían venido todos los compañeros de carrera y trabajo de Mikasa, sus amigos, las parejas de ellos y de sus familiares— por lo tanto, no nos dábamos abasto. Sin duda, Mikasa se había hecho de amigos fieles, varios de los cuales compartía con Eren.

Después de la misa, no hubo pista de él. Estaba más perdido que la pestaña de Hanji —y sí, armó un bendito alboroto por eso. Hanji incluso se había subido al escenario con los músicos para alertar/aterrorizar al salón entero, a tal grado que decidí salir a la tienda y hacer la maldita fila con el traje de novio para comprarle un jodido paquete nuevo de pestañas que evitara que Hanji siguiera desgarrándome los nervios—. Supe que Dios existía cuando la vi callada revisando cómo se las ponía ante el espejo, tarea complicada con los malditos goggles que cargaba. Sólo esperaba que eso la mantuviera ocupada por las siguientes tres horas.

Necesitaba aire fresco. El interior ya había sido lo suficientemente agitado y yo no estaba acostumbrado a tanto ruido, ni a tanta gente, ni a saludar tanto. No era que me molestara hablar, pero también necesitaba unos minutos de paz de vez en cuando para alejarme y no pensar en nada más.

Afuera del salón, había un área de césped rodeada por arbustos con una fuente en el centro —que, al ser de noche, se hallaba iluminada por luces de colores simulando un arcoíris, con chorros de agua apuntando en diferentes direcciones—. Había bancas y farolas formando un círculo para aquellos que quisieran quedarse a contemplarla, y había algo más…

Era una nube de humo a lo lejos, visible por la iluminación de una farola y el frío. Había un sujeto echado en una banca, y otra figura de espaldas que lo tapaba.

—… me preguntaba si estaba en el lugar correcto.

Era la voz de Erwin. No cabía duda.

—Sí. La fiesta es allá. —Respondió el tipo de la banca, seco y tajante.

—Si el festejo es allá, ¿qué haces tú acá?

Pasaron segundos sin respuesta.

—Cada quien festeja a su manera. Ésta es la mía.

No pude ver la reacción de Erwin. Sin embargo, poco después, escuché:

—… Tus ojos.

—¿Qué hay con ellos?

—Es una pena… que ojos tan hermosos estén tan húmedos.

No hubo respuesta. El sujeto de la banca se reincorporó.

—Te he visto en revistas. —Añadió Erwin— Eres el hijo de Grisha. Tú asumiste el control de la empresa de tu padre y la llevaste a la cima. ¿Cuántos años tienes?

—¿Importa la edad? Para mí lo que importa es la voluntad —contestó, algo cortante.

—Estoy de acuerdo contigo —concedió el rubio, con su modo de profesor felicitando a un alumno—. Tienes mi respeto.

Pasó otro momento en el que ninguno habló. Recordé las palabras de Mikasa, que Eren era muy reservado en cuanto a su manera de relacionarse. Me di cuenta. Parecía tener problemas incluso llevando la conversación con Erwin.

—Usted es el jefe de Levi, ¿no? —Preguntó con suavidad, como intentando no sonar muy directo ni ofensivo, oyéndose casi tímido.

Erwin se rió.

—Sí, supongo que sí —replicó—. Sobre eso, él me contó sobre un trato muy interesante que habían hecho.

—Sí. Levi es increíblemente hábil, es perfecto para el trabajo. No hay nadie como él y ya aceptó.

—No, él rechazó.

Vi a Eren levantarse, aventando el cigarrillo.

—¿Qué? —Vociferó— No, él claramente dijo-

—Me ha llamado ayer. No quiere tener contacto contigo.

Se formó un silencio corto.

—Lo sé. Yo tampoco quiero ningún contacto con él. —Y me sorprendió lo frío, casi envenenado que se había escuchado Eren— Puedo ponerlo por escrito si quiere. Pero lo necesito ahí.

—¿Por qué?

—Ya le dije, es perfecto. Jamás encontraré a alguien como él.

—¿Y si participara alguien más de la misma joyería, o incluso yo?

Eren emitió un sonido que me hizo pensar que había sonreído.

—… Con todo el respeto que usted y su compañía merecen, no son lo que estoy buscando. Creo que fui claro. —Fue su respuesta— Si el problema es que nos veamos, la solución es fácil. Él sólo hablará con Jean y otros involucrados en el diseño. Incluso agendaremos sus reuniones de trabajo para que coincidan con mis fechas de viaje. Tiene mi palabra: No nos volveremos a ver.

El rubio giró discretamente la cabeza unos segundos. Sabía que yo estaba ahí. Acto seguido, Erwin llevó una mano a la mata de cabellos castaños.

—Lo lamento mucho, Eren… que se conocieran en estas condiciones —dijo en voz más baja, que incluso me costó trabajo oír—. Me ha dado mucho gusto conocerte, y ojalá me permitieras seguir sabiendo de ti.

Estaba seguro de que le siguió hablando, pero oficialmente ya no podía oír nada. Se dieron un apretón de manos y Erwin caminó hacia mí mientras Eren se echaba de nuevo a la banca, encendiendo otro cigarrillo.

El cejón se plantó frente a mí con una sonrisa, felicitándome y disculpándose por la tardanza.

—Raro hubiera sido que llegaras temprano, pero no te culpo… seguramente estabas cagando.

Erwin soltó una carcajada melodiosa, diciendo que sólo podía quedarse como dos horas porque tenía un compromiso al día siguiente.

—No tenías que esforzarte tanto por venir.

—Es tu boda, Levi. Y te considero un amigo. —Justificó, listo para seguir la marcha hacia el salón— Con tu permiso.

—Sí, pasa… No tardarás en ver a Hanji, está espantando niños mientras Moblit evita que se mate y Mike olfatea a todo el que llegue.

Erwin asintió, dejando un apretón en mi hombro y echándose a andar.

Iba a darme la vuelta para entrar también, pero volví a notar las densas nubes de humo que brotaban nuevamente. "Vete" fue lo que pensé inmediatamente, pero tenía la sensación de que ésa sería la última vez que hablaríamos solos, además de que él también era un invitado, el único con el que no había hablado. Me acerqué a su asiento, quedándome un momento mudo a su lado, simplemente viéndolo fumar. Parecía que degustaba el vicio. Yo nunca había fumado, pero por la expresión de Eren se daba a entender que era la estupidez más gloriosa del mundo.

—Todos han preguntado por ti. —Comenté, de repente.

Tardó en responder.

—Mikasa dijo que viniera, pero nunca especificó dónde debería de quedarme —replicó, sin verme, llevándose el cigarrillo a los labios. Era mentira. Mikasa le había dicho claramente que debía estar en nuestra mesa… pero no había ido ahí para reclamarle, él podía estar donde más le gustara.

—No sabía que fumabas. —Mi voz sonó como un reproche, y es que yo no podía tolerar el tabaco, tan sucio y apestoso.

—… Ya no lo hacía —rectificó— pero, no sé, extrañaba este pedacito de muerte. Era sexo o esto… pero fumar es más discreto y apropiado para la ocasión. Prometí que no me movería del salón y que me comportaría hasta el final de la velada. Y heme aquí, cumpliendo como todo un hombre.

Nuevamente dio otra calada.

—Ha venido Jean. Pensé que estarías con él —dije, sin evitar un toque de rencor.

—Sí, pero se fue temprano —respondió, con la vista perdida en el cielo y en el humo que despedía, para luego decir suavemente—: Es que… hoy no es un buen día para él.

Volteé a verlo. Su expresión lejana.

—¿Por qué?

—Bueno… tal vez porque el amor de su vida se acaba de casar.

Me sorprendí un poco. Realmente no presté mucha atención a Jean en la misa ni en la recepción, sólo lo divisé por unos segundos. Ahora que lo recuerdo, él sólo me había preguntado por Eren. Fue la última vez que lo vi.

—Pero la vida sigue, ¿ves? —Comentó— Con alcohol, drogas, apuestas, sexo barato o helado, pero sigue.

La voz de Eren había adoptado un toque oscuro, oculto… de un hombre que había pasado por todo tipo de penurias, la voz de una herida, de algo débil e incomprendido. Era la voz de un joven que recordaba su sufrimiento, y que se arrodillaba ante el dolor, aceptando que nunca podría escapar de él… abrazando los añicos que quedaban de sí mismo y recogiéndolos para remendarse otra vez.

Tras escucharlo, ésa fue la imagen que me formé de él.

—Creo que lo mejor es que empecemos bien. —Expresé, sacando un fajo de billetes y contándolo hasta llegar a una cantidad, para luego separarla y ofrecérsela. Me miró sin entender— Compraste un nuevo boleto de avión, ¿no es así?

No respondió.

—No tienes que decirlo. Vi el itinerario. Esto es la mitad del precio que pagaste, porque en parte yo tuve la culpa de que lo perdie-

—Guárdalo. —Me interrumpió, cortante— Fue mi decisión.

—Quiero pagar una parte. —Insistí.

—Déjalo así. De último minuto, me descuidé y lo perdí, fue mi culpa.

De repente, me pareció ver que sus orejas se enrojecían. Nunca había ocurrido antes, y no supe si debía comentarlo. Debí saber que esa reacción de su cuerpo era más importante de lo que yo creía…

En ese entonces, no sabía que ese signo rojizo era su detector de mentiras, pero igualmente la descubrí por pura lógica.

—¿Que te descuidaste? Te vi pasar por el maldito filtro y abordar, ¡ya te habías ido! ¡Es obvio que tú-!

—No lo digas. No digas más.

No me di cuenta de que le estaba gritando hasta que noté que sus ojos esmeraldas recorrieron el jardín, paseándose en derredor.

—¿Por qué presionas el tema? —Inquirió en voz baja— Ya déjalo. Fue mi error, no debí hacerlo-

—Eren, ¿por cuánto tiempo me buscaste?

Se quedó frío. No esperaba esa pregunta.

—… ya no importa.

—Dímelo. —Ordené— ¿Por qué no puedo saberlo?

—¿Por qué? —Explotó, acomodándose a la par mía— Por lo que tienes en el dedo. Sólo por eso.

Aunque sabía a lo que se refería, quería esa respuesta. Quería escuchar lo que Eren había hecho. A pesar de que una parte de mí estaba de acuerdo con él, que lo mejor era callarse y con suerte olvidarlo un día… pero me estaba sofocando.

Necesitaba saberlo.

Y se lo dije.

Ante su silencio, se lo repetí. Y no pensaba dejarlo ir hasta que contestara.

—¿Quieres respuestas? ¿Tú?

Fue la primera vez que escuché a Eren gritar, lleno de rabia e ironía, algo dentro de él hervía de tensión y coraje.

—Bien, si vamos a empezar con las preguntas, ¡¿por qué diablos no dijiste nada?! —De repente, todos los improperios que tenía preparados para él murieron en mi boca. No supe qué responder— No me mires así, sabes de qué hablo. En el aeropuerto. Por qué demonios no me lo dijiste. Que te ibas a casar, que tenías todo listo, que para eso viajabas. ¡No! ¡Tuviste boca para soltar mil idioteces más, pero no la verdad! Tuviste boca para-

De súbito, se fue al suelo, como si sus piernas se hubieran vuelto de goma y el resto de su cuerpo se hubiera derrumbado. Vi su respiración irregular, frenética. Estaba temblando. La cabeza gacha, el cabello castaño tapando su rostro.

¿Por qué no se lo dije?

Honestamente, porque no lo recordaba.

Cuando lo conocí, todo lo que quedó en mi mente fue él. Ni por un segundo el viaje o la boda cruzaron mi cabeza… Él había monopolizado mis pensamientos; mi cerebro ocupado en memorizar cada parte de su rostro, cada mueca, gesto, distorsión y tono de su voz, para poder reproducirlo cuando él ya no estuviera ahí… Luego, había intentado grabar con fuego cada movimiento de su boca, su sabor y la cadencia de su respiración, la textura de sus labios, la frecuencia de sus suspiros. Mi mente estaba resignada a jamás volverlo a ver y, al mismo tiempo, intentaba descifrar lo que me pasaba con él.

Ésa era una explicación.

Otra era que, tal vez, una parte de mí no quería que lo supiera… porque no quería construir un muro entre ambos. Tal vez, inconscientemente y de la manera más ruin, quise tenerlo aunque fuera tres segundos. Había querido derrumbar todas las barreras que pudieran haber entre ambos, para poder saber más de él y que a la vez él deseara acercarse a mí.

Al poco rato, se levantó del suelo, su semblante serio.

Minutos después, inquirió:

—¿Vas por ahí besando todo lo que encuentres? Debería advertirle a mi hermana que se ha casado con un cretino —comentó de pronto, pensativo.

—Y luego te preguntará cómo lo sabes.

Me miró de una forma difícil de interpretar, pero era de manera seria, antes de responder:

—"Oh, es que me besó en el baño del aeropuerto. ¿Ves esta cortada de aquí? Pues, ten cuidado. Tu novio muerde".

—¿Cortada? No seas exagerado. Eso te lo hiciste tú en alguna estupidez. Seguramente te mordiste.

Soltó una risa sarcástica.

—¿Que yo me mordí? ¿En serio? —Ironizó— Tal vez no te acuerdas de eso porque seguramente estabas pensando a qué maldito hotel ibas a llevarme.

—¿Hotel? Tch, no te creas tanto. Te lo hubiera hecho en el puto inodoro.

—Ja, ¡como si te hubiera dejado que me pusieras un dedo encima!

—Encima no, adentro. Y creo que es más de uno.

Por un momento, Eren se quedó muy quieto, pero luego soltó una larga carcajada.

—Ay, de verdad eres bruto. Yo no recibo ni los consejos de mi madre.

—Hmm. Entonces seguramente te has quedado muy insatisfecho, te niegas a ti mismo-

—Mira quién habla de negarse a sí mismo. Ni siquiera le dijiste a Mikasa lo que hiciste. —Respondió Eren.

—¿Lo que yo hice? ¿Y tú no tuviste nada que ver?

—Yo no me iba a casar.

—¡Y cómo iba a saber que tú eras su hermano! Pudiste habérmelo dicho.

—Oh, ¡procuraré llevarme la playera de hermano de Mikasa para que a la próxima no te vuelvas a equivocar!

—¿Y de qué me sirve a la próxima? ¡Te la debiste llevar hace tres putos días!

Entonces, miré sus ojos a centímetros de mí centelleando en el calor de la discusión, y fue como si mi lengua se hubiera secado. Las palabras recién dichas iban tomando sentido lentamente; analicé sus respuestas y las mías, dejándome callado y paralizado.

Ninguno de los dos se movió. Sentía un nudo apretándome en el estómago, algo que quemaba, y no pude evitar ver su boca. Él hacía algo parecido, sin apartarse ni un centímetro.

Hervía por ganas de besarlo. En ese momento, hubiera matado sólo por tomar sus labios.

No podía seguir así…

Llevé una mano a su rostro, casi barriéndolo con la mirada. Las luces de la fuente bailaban en su piel.

Ninguno habló, y no sé cuánto tiempo pasamos así, separados por casi nada. Incluso podía sentir su nariz, inhalando y exhalando un aire teñido de tabaco.

Mis labios acariciaron su nombre. Estaba seguro de que jamás en la vida había pronunciado nada tan dulcemente como ese Eren.

—Jamás… te voy a volver a ver, ¿verdad?

El solo tono hizo que algo en mí se asfixiara de la manera más atroz que pudiera haber. Eren sonaba como un niño abandonado, que acababa de perder su tesoro más preciado.

¿Por qué todo era tan confuso? Tenerlo en frente me convertía en algo o alguien que ni siquiera se parecía al yo que era todos los días. Él despierta en mí una parte que no puedo comprender. ¿Por qué?

Solté su rostro e inconscientemente llevé la mano que había estado en su cara a mis labios, sintiendo apenas nada de su calor.

Algo en mí se estaba desgarrando…

Y lo recordé: Era el día de mi boda y en realidad estaba afuera, con él, probablemente desde hacía buen rato. Miré una luna brillando creída y majestuosa en un cielo limpio de nubes. Si me hubiera casado con él, aunque fuera el mismísimo día de la boda, ahora mismo yo…

Me senté pesadamente en la banca, sintiéndome de repente muy débil. Eren se colocó a mi lado, tal vez preocupado, no lo supe. No lo miré… No podía hacerlo.

Estaba seguro de que, en ese instante, mi rostro era el reflejo de todo lo que sentía, del monstruo que me estaba triturando por dentro por no tenerlo…

Entonces, oí su voz, diciéndome algo que sólo me dejó peor.

—Sé feliz, Levi. Realmente es lo que quiero. —Habló en tono bajo— No quiero molestarte. En verdad quiero que seas muy feliz.

Ésa era la felicidad hablando, mirándome, pero todavía no lo sabía. Me faltaba un poco más. Sólo un poco más, para darme cuenta de que lo que yo había buscado, en realidad estaba encarnado en Eren. Deseé apoyarlo sobre esa banca y atraparlo con fuerza en mis brazos, besarlo sin darle tregua ni un solo segundo, que no quedara ni un solo rincón de él que yo no hubiera explorado y conquistado.

Enseguida, Eren se levantó. No sé qué cara tenía yo pero, a juzgar por la suya, él quería huir de lo que veía en mí.

—Creo que debemos hacer las cosas bien, así que empecemos otra vez. —Hizo una pausa, despeinándose mientras pensaba— Soy Eren, voy a ser tu cuñado. No le hagas daño a mi hermana porque en cuanto sepa que la lastimaste voy a llegar a tu casa a arrojarte basura y te destrozaré el auto. Puedes llamar a la policía si quieres… pero, aunque me encierren, voy a salir otra vez para joderte la vida. No es amenaza, tómalo como un "aviso para mantener la paz" —anunció y me extendió su mano; pero, en lugar de estrecharla, contesté:

—Oh. Sólo un comentario. —Dije, sin impresionarme por sus palabritas de chiquillo amenazador.

Me miró, inquisitivo.

—Tú me vandalizas el auto o arrojas basura a mi casa… y yo te muelo a patadas hasta dejarte más deforme y estúpido de lo que estás ahora.

Dio un paso atrás, con una cara de espanto.

—Tú haces eso, y yo te acuso con Mikasa. —Soltó.

—Pues, tú haces eso, y yo te acuso con tu madre —devolví.

Se quedó en blanco.

—Ey, ¡no puedes meter a mi madre! Esto es entre tú y yo.

—¿De qué hablas? Tú fuiste el primero en sacar a Mikasa a pelearte la batalla, mocoso.

Abrió la boca, pero pronto la cerró.

Sonreí, sabiendo que había ganado la discusión, y su rostro de rabia merecía una fotografía enmarcada del tamaño de una pared. Eren no estaba acostumbrado a perder… Eso lo hacía tan entretenido.

—Como sea, yo soy más alto.

—¡¿Qué-?!

De pronto, se oyó a alguien llamarnos a gritos, y apareció una rubia diciéndonos que nos había buscado por todo el salón para celebrar el brindis. Nos volteamos a ver, y sentí que Eren me pegaba en el hombro para animarme a que entráramos, haciéndome sentir una descarga eléctrica hasta los pies.

Los oí conversar mientras caminaban frente a mí. La rubia le decía a Eren lo bien que se veía esa noche.

—Oh, es que me bañé hoy en la mañana. Se nota la diferencia, ¿no?

Historia soltó una risa armoniosa y divertida, yéndose del brazo de él. Sabía que estaba casada, que le gustaban las mujeres y que eran amigos, pero aun así…

—Cuñado, ¡apúrate!

Ésa era la realidad. Eren parecía empezar a enfrentarla… y yo debía hacer lo mismo.

Porque no nos quedaba nada más, ¿verdad?

Olvidar todo, enfocarse cada quien en su vida, alejarse. Sólo esperaba sentir por Mikasa lo que sentía por Eren, al menos una parte… Tal vez ocurriría con el tiempo y lo de Eren algún día se volvería un mal recuerdo, que iría empolvándose hasta quedar sepultado e inaccesible, como si nunca hubiera existido.

Eso esperaba. Lo ansiaba con todo mi maldito ser.

Pero el maldito destino tenía su propio plan.


Fin del capítulo 4.

Notas: El capítulo más largo… y en donde empieza el drama (?)

Muchas gracias a quienes han marcado este fic en favs/follows y a quienes se han tomado el tiempo de comentar la historia (he respondido los reviews vía PM). Lo digo mucho, pero verdaderamente me animan a seguir escribiendo. Siento muy bonito al saber su opinión y los invito a criticar el fic, la trama, la caracterización, la narración, incluso acepto quejas por no poner lemon a estas alturas, etc. xD

Gracias por leer el fic, les mando muchos besos y espero que nos leamos en el próximo capítulo :)

~Nicot