Unas fuertes pisadas inundaban el callejón, mientras lágrimas de sangre resbalaban por sus mejillas mezclándose con el sabor de su primera victima. No podía parar de correr, apenas se tenía en pie, un dolor terrible le apresaba el pecho. Unos pasos más y se desplomaría. Había comenzado a llover, de rodillas, en el centro de la estrecha calle, dejaba que la lluvia le fuera empapando el rostro. Aun podía sentir los ojos de aquella mujer implorando por su vida, la misma vida que hacia poco había arrebatado con sus propias manos. Se estremeció al recordarlo, aquella escena se repetía incansable en su cabeza, como un moribundo al borde de la muerte. Algo estaba mal, aquello no podía estarle pasando a el, pero sin embargo por mucho que cerrara los ojos la pesadilla no desaparecía. Unos murmullos procedentes del fondo de la callejuela le alertaron, unos hombres algo ebrios se acercaban a el. Haciendo uso de las pocas fuerzas que aun le quedaban se adentro en un edificio en ruinas, las escaleras estaban medio derribadas así que tubo que escalar la parte hasta llegar a una mugrienta habitación, donde solo había un colchón y una cómoda medio rota en una esquina. Se dejo caer encima del colchón, todo su cuerpo parecía retorcerse a causa del dolor, un segundo y todo aquello no hubiera pasado, solo un maldito segundo.

Todo comenzó con la desaparición de su hermano, aquello había supuesto un gran problema, ya que Itachi era el próximo heredero de los Uchiha. Su padre estaba medio loco buscándolo por todas partes y su madre estaba demasiado enferma por lo que no sabia nada de aquel incidente. Todos sus parientes se habían reunido en la casa familiar para discutir la sucesión del próximo heredero. La idea de que, (dado que el mayor hubiera desaparecido sin dejar rastro), Sasuke pudiera heredar la fortuna enfurecía al padre de este, nunca le había tolerado no ser tan perfecto como su hermano lo que había sido un golpe muy duro para el menor, aun así seguía intentando complacer siempre a su padre.

Pero todo dejo de tener importancia cuando dos semanas después de la desaparición de Itachi, la noche en la cual se decidiría al nuevo líder y heredero, un grupo de personas encapuchadas, ataco a todos los habitantes de la mansión dándoles muerte en el acto. Por supuesto la noticia fue la comidilla de la población, aunque de lo que más se hablaba no era del asesinato masivo de la familia Uchiha, sino del único superviviente, el joven que supuestamente debía suplir en la herencia a su hermano mayor, aunque era sabido por todos que la familia no estaba a favor de esta decisión. Las malas lenguas murmuraban que tanto la desaparición del hijo mayor como la masacre del linaje de los Uchiha había sido obra del menor, Sasuke.

Evidentemente ese fue el golpe final para el Uchiha, el cual no volvió a salir de su habitación, ni siquiera para comer, no se movió del cuarto durante dos días, y hubiera seguido así durante más tiempo si no hubiera ocurrido aquel incidente.

Sumido en la desesperación, no dejaba de culparse de la muerte de su familia, de la desaparición de su hermano incluso de su propia existencia la cual consideraba despreciable. En un momento de locura se corto las venas con una cuchilla.

Mientras iba desangrándose recordaba su infancia, su padre frió y distante siempre pendiente de su hermano, Itachi recordándole lo débil que era y su madre demasiado enferma para atenderle, el resto de la familia le despreciaba por no ser tan hábil e inteligente como su hermano. Apenas le debían quedar unos segundos de vida cuando pudo escuchar unas voces discutiendo en algún lugar muy lejano. Aunque las dos personas que conversaban estaban a penas un par de metros de el.

Itachi, no lo hagas, es demasiado tarde, no sabemos que le sucederá si lo hacemos, es muy probable que no sobreviva y aunque lo hiciera las secuelas…

¡Calla y ayúdame!, no permitiré que muera, el no…

Esta bien, ¿lo hago yo?

Apártate, solo vigila que nadie se acerque de esto me ocupare personalmente.

Tú mandas.

Apenas notaba nada estaba a punto de desvanecerse, una sensación de paz y tranquilidad le envolvía, cuando un fuerte dolor lo inundo todo, tenia la sensación de que alguien tiraba de el hasta el punto de desgarrar su alma.

Sus ojos se abrieron, los pulmones le ardían, todo el cuerpo se convulsionaba, un dolor inimaginable le recorría la columna, sus piernas i brazos estaban agarrotados, apenas podía moverlos voluntariamente. Intento levantarse pero en el mismo instante en que pudo medio incorporarse, todos sus sentidos fallaron haciendo que cayera inconsciente.

Después de aquello le habían tenido durante un par de semanas encerrado en una celda, sin ventanas, tan pequeña que si estiraba los brazos podía tocar todas las paredes del minúsculo recinto.

Por lo visto había resultado ser extremadamente peligroso para el clan en el que se encontraba, por lo que el sabia se hacían llamar Akatsuki, después de pasar un mes en el antro donde aquellos seres se reunían, pudo descubrir para pesar suyo, todo lo que había sucedido.

Cuando por fin lo soltaron estaba demasiado débil como para, oponer resistencia. Kisame lo llevó a un pequeño callejón donde una mujer medio ebria descansaba en el único banco que había en aquella calle. La sed era cada vez más fuerte, sentía como si alguien estuviera tirando de sus venas, apenas podía contenerse, el deseo de matarla le cegaba, deseaba su sangre en aquel preciso instante. Todo era debido a la transformación tardía, si el estupido se su hermano le hubiera dejado morir, si en aquel instante no hubiera estado al borde de la muerte, ahora mismo podría controlarse perfectamente. Desgraciadamente ese no era el caso, y el simple hecho de estar en ese callejón sin moverse le producía un dolor insoportable. Algo lo aventó fuertemente en la dirección donde la mujer descansaba. Kisame había desaparecido aunque no podía tardar en volver, su cabeza daba vueltas, apenas podía pensar con claridad, cuando volvió a tener control de su mente la mujer le miraba con ojos suplicantes, sus labios se curvaron, sus manos crispadas le agarraban los brazos, un ultimo suspiro salio de su boca antes de derrumbarse en el asfalto.

Algo lo saco de sus pensamientos, una sombra se movía en la habitación, después de su huida desesperada había permanecido demasiado tiempo en aquel lugar aunque tampoco hubiera podido ir más lejos. Se había sumergido en sus recuerdos y ahora solo podía recriminarse por ello.

¿I bien?, que tal tu fuga, hermano estupido.

Calla…

Esta vez seré yo el que te acompañe y ahora levántate