Gracias por sus reviews y apoyo, sus preguntas y alcances han sido muy sugestivos y me han proporcionado buenos momentos. Ahora sin embargo, quiero poner en alerta y disculparme por quienes han seguido con interés la historia y no les gusta el tipo de relato que aborda la temática yuri, por que es de lo que trata el presente capítulo. Verán, estoy absolutamente de acuerdo con Encadenada, We-Love-Kappei-Sama y otros autores que describen el amor de ellos tan intenso, arrollador e irracional (como ellos mismos) que puede pasar por alto los aspectos ingratos de la maldición de Ranma, y trascender la barrera de la carne. Es decir, uno puede ver claramente que Akane se sonroja y se turba igual con ambos físicos del chico, ella ama su yo. Y no pienso que sea una lesbiana inconfesa, que aparte de abrutada no da ningún signo en ese aspecto, ni de querer a nadie más para el caso. Más bien, es una ranmiana absoluta y no puede evitar sentirse enamorada en ningún momento (según mi óptica personal, por supuesto).
Ahora bien, no sé si en este caso corresponda hablar de yuri, porque en realidad Ranma no es una mujer, sólo toma el aspecto de una, y Akane lo sabe y está conciente en todo momento de con quién está.
Finalmente, no sé tampoco si corresponda hablar de lemon, ya que no tengo intenciones de abordar los aspectos más íntimos de las relaciones entre mujeres, principalmente por respeto: en realidad no tengo idea de qué sucede en este caso, al ser mujer sé que nuestro tacto y sensibilidad es distinto al de los hombres e intuyo que todo es más emocional, pero sólo es eso, intuición. Además, me interesa más bien tocar el tema de esta emocionalidad abrumando a un desprevenido hombre: ¡qué debe ser toda una experiencia pasar por ello! De modo que con todos estos peros y advertencias (sí, ya sé, es fatigoso y pesado, pero necesario: no quiero pasar a llevar ni herir la susceptibilidad de nadie), les dejo el siguiente capítulo, que es un lemon sin lemon, y un yuri sin yuri. ¿Cómo es posible? Pues es algo que sólo podría darse en Ranma ½ y me siento plenamente justificada por aquel ending donde dice:
"De los dos que existen en Ranma
Si lo toman con calma,
Y si escuchan lo que les digo
Van a ver que en mi alma
Hay amor para los dos."
IV. Completamente Mío
Desde que empezaran a estar juntos, habían muchas cosas que lo tenían perplejo (inclusive el mismo hecho de estar juntos), pero ninguna tanto como lo ocurrido la noche anterior.
-Mm… ¿Akane?
-¿Sí?
-Anoche… -no sabía como abordar el tema, por lo que luego de descartar varios enfoques le soltó de sopetón: -¿Cómo supiste detenerme cuando estaba a punto de…? -se sonrojó. A pesar de todas las noches que habían pasado juntos, en verdad no sabía como hablar de eso sin avergonzarse de muerte, de modo que ella le ahorró el bochorno al contestar.
-Apretando un punto en tus conductos internos que impide la eyaculación –contestó tranquila. Ante esto, Ranma la miró estupefacto, para luego rehacerse y soltarle:
-¿Y desde cuándo sabes tanto del tema? –espetó burlón-. ¿Por tú gran experiencia en la vida? –se mofó, sabedor orgulloso que dicha experiencia se limitaba a él.
Akane meditó en que Ranma verdaderamente era un idiota que disfrutaba de sacarla de sus casillas, y si bien todo el mundo la reprendía por lo brusca y mal que lo trataba, no era menos cierto que él en realidad buscaba esa reacción en ella, y viendo su reacción con el lío del mazo del otro día, ya entendía mejor por qué. Siendo un tipo enteramente físico ya que no intelectual, se expresaba en forma física, y acostumbrado desde pequeño a los golpes, producto de su intenso y riguroso entrenamiento, incluso manifestaba su aprecio con ellos. No había más que observar cómo se trataba con su padre, e incluso al suyo propio (realmente, no sabía lo mucho que aguantaba del insolente muchacho Soun Tendo, por ser el heredero del dojo); y que cuando quería amigotearse con Ryoga o Mousse, no encontraba mejor manera que saltar sobre sus cabezas, hacerles un torniquete en el cráneo o soltarles un buen puñetazo. Y si bien no hacía eso con las mujeres por considerarlas demasiado delicadas (lo que en su vocabulario quería decir débiles), aceptaba sus porrazos en plan de afecto e incluso en alguna ocasión le había soltado un compinche espaldarazo, que la había estampado en la reja más cercana y le había quitado todo el aire de sus pulmones. Pelotudo. Así que viendo donde quería parar con sus palabras, decidió no darle en el gusto y le comentó calmadamente:
-Lo leí en un libro.
Ranma cayó al suelo con el signo de Rumiko en ambas manos y una gota de sudor en la cabeza.
-¿U… un libro?
-En realidad varios libros –prosiguió ante la atónita mirada de su prometido-, que abordan el tema desde distintos aspectos, no te puedes imaginar la cantidad de información que hay al respecto, los ángulos, aspectos biológicos, etapas, edades, problemas, escuelas, y por supuesto los clásicos, disciplinas, etc.
-Espera, espera –la interrumpió-. ¿Me estás diciendo que leíste libros para instruirte y acostarte conmigo?
Akane hizo una mueca de desagrado ante el tacto del chico para mencionar el tipo de relación que había establecido con él, pero mejor tomarlo de quien venía.
-Bueno, tienes que comprender que en realidad no tenía a quien recurrir. Normalmente esto es cosa que uno habla con sus progenitores, pero mamá no está y realmente no podía recurrir a Kasumi y de Nabiki ni hablar. Papá no es de ninguna ayuda al respecto y es sabido que los amigos sólo enredan más las cosas sumidos en leyendas o en sus propias fantasías y lo que uno aprende en la escuela sólo cubre los aspectos técnicos. No podía hablarlo contigo tampoco, por que eres un idiota y tus padres no son una opción, vista su obsesión con el matrimonio, así que hice lo más lógico, ¿no crees?
-A mi madre recién la conozco y lo único que me ha dicho al respecto es que debo demostrarte lo varonil que soy –dijo, pasando deliberadamente por alto el que lo hubiera llamado idiota- y el único comentario que me ha dicho mi padre es que debo hacerlo por el futuro de la escuela de combate libre. Incluso tu papá ha sido solo un poco mejor al decirme que sea cuidadoso y gentil contigo, que tenga paciencia. Realmente, si educarnos para aquello era tarea de los viejos, entonces hicieron condenadamente mal su papel –dijo, manos en los bolsillos mirando el suelo con enfado. Luego alzó la mirada curioso:- ¿Y dices que lo aprendiste en los libros? –ante su asentimiento preguntó:- ¿Qué clase de libros?
-Pues ya te dije. De todo un poco. Todo lo que nos sucede le ha pasado a alguien más –luego reflexionando cómo eran sus vidas se corrigió:- Bueno, casi todo, y existen distintas miradas sobre el sexo. Desde manuales de posiciones, puntos sensibles y demás, hasta etapas que uno atraviesa por edades y problemas más frecuentes.
-¿Dijiste escuelas y disciplinas? –preguntó interesado. Ante la palabra posiciones que ella había soltado con tanto desparpajo se había puesto rojo y se le habían ocurrido de golpe un millón de imágenes de ellos dos enredados en las sábanas, de modo que quiso sacudirse aquello, enfocando el tema desde una perspectiva más manejable por él.
-Sí, me refiero por supuesto al "Kamasutra", al "Tao del Amor y del Sexo" y al "Tantra", libros clásicos, muy antiguos que resumen la sabiduría del sexo desde un punto de vista espiritual y filosófico.
Ranma la miró anonadado. Su prometida era una cajita de sorpresas. ¿Quien pensaría que la vociferante marimacho que lo llamaba hentai a la mínima, se volcaría a instruirse en los caminos del amor y el placer de una forma tan concienzuda y sistemática, y además, tenía que reconocerlo, con tan buenos resultados? Sin poder evitarlo prosiguió:
-¿Me los prestarías? –ese juego era claramente mejor de a dos y él moría por poder volver loca a su prometida como ella lo hacía con él.
-No tienen dibujos Ranma, al menos, no la mayoría –se corrigió, para proseguir su camino dejándolo atrás. No tenía la menor intención de hacer de él un latin lover desenfrenado, ¡maldita fuera su estampa de casanova de mierda!
-¡Oye, no es justo, envidiosa! ¡No me los quieres prestar por que puedo llegar a ser mejor que tú! –la retó, caminando tras ella.
Bla, bla, bla. Mientras seguía su perorata, Akane suspiró mentalmente. No tenía que escucharlo para saber qué venía a continuación. Que le tenía miedo por ser mejor. Después vendría un absurdo desafío a probar las habilidades de uno contra el otro:
-¡Por qué no me los pasas y después vemos quién es el mejor maestro en las artes amatorias…!
Cuando no le diera resultado, seguiría con algún cebo para tentarla a aceptar:
-…y si tú ganas, pues entonces, ¡me comprometo a ser tu esclavo por un mes…!
Y volvería a picarla en su amor propio para darle mayor énfasis al desafío:
-…eso claro, si una marimacho como tú es capaz de…
Al no obtener resultado, usaría sus trucos sucios para despertar los instintos maternales protectores de ella sobre su persona:
-… decepción, Akane. Yo pensé que tú, de entre toda la gente… y que comprenderías lo que un chico como yo, criado por los caminos, lejos de su madre… y que entenderías que mi padre tampoco ha sido una fuente de sabiduría, sino todo lo contrario…
Cielos, sí que iba inspirado, con esa pose de galán de telenovelas, incluso había soltado un par de lagrimones de cocodrilo. Por último, vendría una instigación a sus mejores cualidades, esperando que ella lo quisiera ayudar porque siempre ayudaba a la gente:
-… y yo sé que tú eres capaz de creer en mí, como yo creo en ti…
De pronto, una posibilidad abismante se abrió a sus ojos, y sin detenerse a meditarlo, se lanzó sobre ella. Con una expresión de heroína de teleseries a juego con la suya, se volvió a encarar al chico y tomándole una mano le dijo:
-¡Oh, Ranma! ¡Yo sí creo en ti! –para proseguir, colocando su mano en sus labios para mirar lateralmente y decirle: -¡Creo que esta es una gran oportunidad para abordar contigo un tema que no sabía como decirte…!
-¿¡Qué, qué!? ¡Dime lo que sea! –exclamó Ranma, tomando ambas manos de ella, totalmente embebido en su papel.
-No puedo decírtelo a viva voz –musitó ella, no menos acorde con el momento- pero cuando veas el libro que quiero mostrarte, lo entenderás.
-Está bien, Akane –prosiguió Ranma, el galán de las 19:00- ¡Yo sabré leer tus intenciones! –dijo, poniendo una pose de luchador mientras atrás de ellos, las olas de un tempestuoso mar reventaban contra las rocas. –¡Vamos a buscar ese libro! –exclamó, al tiempo que la iba arrastrando hacia el dojo, a lo que ella contestó con un buen bolsonazo: -¡Auch! –se sobó la cabeza, mirándola lleno de reproches.
-¡No seas idiota Ranma! ¿Quieres que todos en casa se enteren? –para proseguir con más calma: -Yo lo dejaré en tu habitación después del almuerzo. Sólo dime algún lugar discreto donde dejártelo y que no lo vean.
Luego de que el muchacho se lo dijera, prosiguieron su camino en silencio, con un muy contento Ranma, quien iba felicitándose por haber sido tan hábil que la chica no se había dado cuenta de sus manejes. Mientras, Akane lo miraba con exasperado cariño: realmente, él era un gran bobo, pero era su bobo. Al pensar en esto, su sonrisa se borró de golpe y agachó la cabeza, al tiempo que una pequeña lágrima asomó en la comisura de sus ojos. Al menos, lo era por el momento…
Un Ranma, embozado con un pañuelo atado en la cara como los ladrones, se disponía a asaltar su propio cuarto. Una vez dentro, y de mirar cautelosamente en todas direcciones, se dirigió con rapidez hacia el armario y comenzó a revisar los pliegues de su enrollado futón. Tanteando sigilosamente, sus dedos tropezaron con una crujiente bolsa de papel que dejaba adivinar la forma rectangular del largo y delgado libro de tapas duras que albergaba en su interior. Con una sonrisa de triunfo, lo cogió rápidamente y saltó con él por la ventana, alejándose rápidamente por los techos, hasta alcanzar el parque y perderse entre las hojas de un alto y frondoso árbol.
Una vez instalado, se quitó el pañuelo y se dispuso a ver su botín. Con manos ansiosas sacó el libro, y se desconcertó un tanto ante la portada. Ésta decía solamente "Domo", de un tal Luis Royo, y mostraba el dibujo de una voluptuosa mujer, a quien sus vaporosas telas no cubrían en absoluto, arrojando rosas desde un recipiente parecido a un escudo pequeño.
Sería algún libro gaijin, se dijo, y se dispuso a abrirlo. Las siguientes páginas mostraban más dibujos de hermosas mujeres con curiosas vestimentas que en realidad resaltaban su desnudez, reposando en lánguidas posiciones.
"¿Qué querrá decirme Akane con esto?" se preguntó extrañado, "¿Qué le compre ropa sensual, o que le haga algún cumplido a su belleza?" La siguiente página, despejó todas sus dudas y lo dejó en shock. Dos de estas hermosas mujeres se besaban, al tiempo que una de ellas deslizaba una mano entre las piernas de la otra. Completamente estupefacto, pasó las siguientes páginas para ver a otras parejas femeninas en comprometedores momentos, pellizcando un pezón, acariciando sus nalgas, alimentándose con frutas unas a otras…, con el corazón desbocado se sobresaltó cuando vio a una núbil joven con la cabeza perdida entre las piernas de otra, mientras ésta se contorsionaba de placer. Rojo hasta las orejas se paralizó cuando fue testigo de cómo una morena y una pelirroja se disponían a hundir sus labios en la entrepierna de la otra, sus largas cabelleras como única vestimenta. En su cabeza, completó la imagen de Akane y él mismo en su cuerpo femenino en aquella posición. Esto fue el golpe de gracia. Su violento sonrojo explosionó en una impresionante hemorragia nasal, al tiempo en que perdía el equilibrio y se desplomaba desde las alturas como herido por un rayo.
Ni siquiera el doloroso impacto del suelo en su cuerpo pudo sacarlo del torbellino de emociones, entonces notó como un papel había escapado de entre las páginas del libro. Temeroso, lo tomó para encontrarse con la bonita caligrafía de Akane que ponía: "Te veo así": Figura que mostraba a una guerrera pelirroja de trenzas, con las ropas desgarradas, que dejaban ver su hermosamente suave y voluptuosa figura musculada, que armada con una de esas gigantescas espadas extranjeras, amenazaba al espectador. La palabra "valkiria" vino a su mente, uno de los pocos conocimientos que había extraído de su paso por las aulas.1
Completamente anonadado, arrojó la ilustración al interior del libro para devolverlo a su bolsa, cuando la abrió, descubrió un pequeño sobre en su interior que tomó con prontitud para esconder en su pecho, y guardando el libro corrió de regreso al dojo, para arrojarlo como si quemara, en su escondite original. Luego de lo cual tomó una manta para envolverse y ocultarse completamente en ella, a ver si se le pasaba de una vez el sonrojo.
Casi anochecía cuando se atrevió a leer la esquela de Akane:
Ranma:
Sé que es muy atrevido lo que te propongo, y que después del otro día, debe haberte tomado por sorpresa, pero la verdad, es que a mí me parece algo muy natural para darse entre los dos. En realidad es algo que quiero que consideres seriamente antes de descartarlo de antemano: por favor, olvida las etiquetas, sólo hacen que las cosas se vean desde la óptica fría y prejuiciosa de personas que no nos conocen ni saben nuestra historia. Quiero que sepas que por mi parte, no ha habido más que respeto y cariño en mi forma de verlo, por lo cual te propongo que te tomes un par de días para considerarlo, tiempo en el cual te dejaré sólo para que lo medites. Si decides aceptar mi proposición, te esperaré este jueves a las 16:00 en el sudoeste de la ciudad, en la calle Uchida 440. Si prefieres no ir, de más está decirte que lo entenderé y no habrá ningún problema entre nosotros por ello.
Estaré esperando pacientemente tu respuesta,
Akane
"Dios mío" –jadeó- "Esta mujer me quiere volver loco". Volvió a cubrirse con la manta y se perdió de la vista de todos hasta el otro día.
Akane había estado muy intranquila después de que se le pasara el ímpetu del primer momento. Cuando se le ocurrió la idea, consideró que había sido una inspiración divina, vista la conjunción de cosas que habían sucedido para que llegara a ese momento, pero después, le entró la duda. Ranma tenía mucha manía en contra de su cuerpo femenino, si bien siempre que podía le sacaba partido, nunca había llegado a un momento en que en realidad se sintiera cómodo con él. ¿Podría ella remediar esta situación?
Después de la pelea que tuvieron al respecto, el joven había intentado reparar en parte las cosas, acercándose a ella como mujer, para demostrarle que no pasaba nada, pero lo cierto es que sí pasaba algo, siempre se notaba tenso y nervioso, como si temiera que después de todo le saltara encima y lo violara, ¡sería imbécil el tipo este!
Después de que el chico desapareciera al final del almuerzo, se quedó muy preocupada pensando en que quizás lo había echado todo a perder y que Ranma se formaría la peor opinión de ella por ese asunto. ¿Podría penetrar en ese denso cerebro lo que ella en verdad quería expresarle? ¿Que para ella siempre era él mismo, no importaba como luciera o comportara? ¿Que sus sentimientos por él iban más allá de lo físico, que se viera como se viera, siempre era Ranma para ella? Además, si como temía, sus caminos tomaban rumbos diferentes, quería dejar un recuerdo imborrable en su mente y en su corazón: que fuera como fuera, cuando pensara en su nombre, recordara algo único y hermoso, irrepetible. Nadie lo querría nunca como lo quiso ella, sin racionalizar su relación, solo dejando que sus sentimientos por él afloraran violentos.
Cuando llegó la hora de la cena y el muchacho no se apareció, se la llevaban los nervios. Estuvo tentada de ir a su habitación, a pesar de que le había dicho que le daría tiempo, sólo para conversar, pero decidió que aunque le costara horrores, debía darle la oportunidad para meditarlo a solas.
Pero cuando por la mañana no lo halló al ir a despertarlo, tuvo la certeza de que algo andaba mal. Lo encontró abajo, desayunando con gran apetito, pero en cuanto la vio se atragantó y enrojeció hasta las orejas. Siempre solícita, Kasumi intentó ayudarlo con unas palmaditas en la espalda, pero en vista que no surtía efecto, su padre intervino para darle una verdadera paliza, lo que cabreó al joven y ambos se enzarzaron en una de sus disputas habituales. Al parecer esto lo ayudó a volver en sí, ya que luego terminó su ración y se dispuso a marcharse. Ella lo siguió de inmediato. Se daba perfecta cuenta de lo turbado que estaba, porque evitaba mirarla del todo. ¡Oh, Dios, esto si que se veía mal! Cuando Ranma notó que se aproximaba para hablarle, la miró con ojos de cachorro asustado, y salió pitando, llevándose en su escape todos los postes que encontraba en su camino, en medio de una nube de polvo. Iba tan rápido que incluso hizo que la bicicleta de la amazona, que iba muy contenta a saludarle después de días de no verlo, saliera despedida en varias vueltas de reloj. Ésta la miró interrogante, pero ella solo se encogió de hombros con una gran gota de sudor en su cabeza. No era algo que fuera a discutir con ella.
En clase le volvió la espalda y estuvo todo el tiempo con las mejillas arreboladas y destilando un aura roja de turbación. Le consolaba que no fuera la única en sufrir su rechazo, ya que cuando Ukyo se le aproximó en el recreo para abrazarlo, le hizo el quite mostrándose muy afectado por su uniforme masculino. Cuando ésta se volteó a mirarla, volvió a encogerse de hombros meneando la cabeza. No era algo que fuera a discutir con ninguna de las otras prometidas, y para el caso, con nadie más. Su temperamento explosivo amenazaba con tomar el control nuevamente, y ella debía hacer muchas inspiraciones y recitar mantras para no darle con el mazo, repitiéndose que era un tema delicado que debía tratarse con la máxima diplomacia y sutileza, aunque fuera con ese palurdo.
Por su parte, Ranma estaba totalmente descentrado. Le parecía que todo el mundo lo señalaba con el dedo y que a pesar de estar normal, todos le estaban mirando las tetas o sus redondeadas caderas o que todo el mundo quería aprovechar un descuido para darle un revolcón. Casi se muere de la impresión cuando vio aparecer a Shampoo, al pensar en su abrazo amazónico con ese descarado frotamiento que usualmente le hacía se le revolvió el estómago y tuvo que contenerse para no salir gritando de allí, y Ukyo le había parecido igualmente repulsiva. Se había escondido en un árbol todo el receso y se abstuvo especialmente de mirar a Akane. Ella lo volvía un manojo de nervios y cada vez que la miraba le parecía que le estuviera preguntando: "¿Quieres? ¿Quieres? ¿Quieres?" Hasta que se volvía loco.
Tenía toda la intención de esquivarla en la salida, pero ella le acertó un bolsonazo por la cabeza que lo mandó a besar el piso, con un grito de: "¡Quieto ahí!" Cuando se le acercaba para obligarlo a encararla, bendijo la oportuna aparición de Ukyo, que salió con su habitual:
-¡No, quieta tú ahí Akane! ¿Qué te crees que le haces a mi Ran-chan, bruja? ¿Crees que no me doy cuenta de lo mal que lo traes?
-¡No te metas en esto, Ukyo! ¡No es el momento ni estoy de humor para…!
Bla, bla, bla, lo mismo de siempre. Aprovechando esta coyuntura salió pitando nuevamente, sólo para encontrarse con un baldazo de agua fría y quien peor podía encontrar en este momento: Happosai se arrojó sobre él para sobarle los pechos con ese asqueroso ímpetu suyo y Ranma gritó horrorizado y absolutamente impotente. Grande fue su sorpresa cuando un palazo se lo quitó de encima, y ver que quien sostenía el instrumento no era otra que su prometida, ya que la cocinera se hallaba inconciente unos metros atrás. Después se giró para acometer a un exaltado Kuno que corría hasta ella y mandarlo a volar en dirección con el maestro. Después le arrojó la pala a la castaña y le espetó:
-¡Tú! ¡A la plaza! ¡Ahora! –con voz que no admitía réplica. Aún así, se atrevió a replicar con timidez:
-P-pero Ukyo…
-Es una chica grande que sabe cuidarse sola –luego indicó con el brazo, autoritaria- ¡Ahora! –señalando el parque. Una vez que estuvieron ahí suspiró con tristeza: -Ranma… pensé que serías capaz de entenderme y que tendrías la confianza suficiente conmigo para decirme lo que piensas sin andar como un crío, todo asustado y esquivo.
Ranma la miró culpable: -Akane, yo…
-¿Tú qué Ranma? ¿Acaso pensaste que mi sugerencia era una imposición, que te iba a obligar a hacer algo que te hiciera sentir incómodo o mal? ¿Eso pensaste de mí? –lo miraba con ojos vidriosos y voz que dejaba traslucir su ira.
El muchacho reflexionó entonces para sus adentros que eso era exactamente lo que había hecho, simplemente, la había puesto en el mismo saco que a las otras, olvidándose que esta era Akane, la que lo salvaba cuando lo tenían agarrado, la que se lanzaba a un torbellino para ayudarle a recuperar su fuerza, la que había ofrecido su vida por él, y que nunca le pedía nada a cambio, y de pronto se sintió muy mal consigo mismo y se preguntó por qué ella perdía su tiempo con un patán como él. Estuvo a punto de preguntárselo, pero en lugar de ello le dijo:
-Lo siento Akane, esto ha sido muy confuso para mí. Como dijiste en tu carta, me pilló por sorpresa y no supe… -ella lo interrumpió en sus cavilaciones, y abrazándolo le dijo:
-Mírame. ¿Te das cuenta de que te estoy abrazando en tu forma de mujer? –Ranma asintió- ¿Se siente mal? ¿Te sientes mal con esto? –él negó- ¿Crees que puedo hacer algo más con tu cuerpo femenino que no te guste e insistir en ello si no quieres? –nueva negativa. Le acarició la espalda con suavidad-. Eso es lo que te estoy pidiendo que consideres, esta vez, por favor, con seriedad. Acuérdate que es Akane quien lo está diciendo, y que incluso si vas, no estás obligado a nada, sólo haremos lo que ambos queramos, yo tampoco estoy obligada a nada. ¿Crees realmente que yo disfrutaría algo que te hiciera sentir mal? ¿No? Entonces deja de hacer el tonto, y dime mañana que piensas de todo ello, bobalicón –dijo esto último, dándole un cariñoso coscorrón. Cuando se disponía a ir a casa, sintió una suave mano que la detenía y se volvió a ver a la hermosa pelirroja.
-¿Akane? Yo… Hum… Gracias. Lo siento mucho en verdad, he sido un completo tonto.
-Lo sé –le sonrió-. Pero no más de lo habitual –le sacó la lengua.
-¡Oye tú! –le gritó la furibunda pelirroja- ¡Me humillo un poco y ya te pasas!
Y se fueron todo el camino discutiendo como siempre, mientras Akane le iba haciendo muecas y le sacaba la lengua.
De modo que estaba en su cuarto, de noche, otra vez dándole vueltas al paquetito aquel. Esta vez sí lo haría en serio, después de todo era lo que ella le había pedido. Respirando con fuerza, como si fuera a sumergirse en el mar o fuera a dar una batalla, se dispuso a mirar con seriedad el libro lo que se desprendía de él. Miró las ilustraciones detenidamente, hasta la última, y estudió la hoja suelta que Akane le había puesto, presumiblemente de otro libro del mismo autor. Realmente, el tipo era un genio, había logrado un delicado balance entre lo real y lo fantástico, había podido reflejar perfectamente la belleza y suavidad de una fémina y llevarla a la idealización. De este modo, todas ellas eran perfectas y sensuales, tremendamente vulnerables y sensibles. El problema es que si bien él solía convertirse en una mujer muy hermosa, seguía siendo un hombre en un cuerpo de hembra, y no era ni quería ser suave, ni vulnerable, ni ninguna de esas cosas.
Pero allí era donde entraba el dibujo extra. Akane quería decirle con aquella musculada y voluptuosa valkiria, que podía tener una apariencia suave y seguir siendo fuerte y poderoso. En realidad, esa mujer lo sorprendía con la penetración y conocimiento que tenía de su persona. Siempre le daba los mensajes apropiados que él podía entender. "Sea como sea, sigues siendo un guerrero".
Ranma tenía perfecta conciencia que él sacrificaría su vida alegremente por ella, pero esto, no sabía si podría hacerlo. "No estás obligado a nada" le respondió la sugerente voz de Akane: "Incluso si vas, no tienes que hacer nada que no quieras: llegaremos solo hasta donde ambos queramos…"
Al día siguiente, una bonita y nerviosa pelirroja tocaba el portón de la calle Uchida 440. Casi de inmediato, una amable mujer mayor le abrió y sin decir una palabra, la hizo pasar. El interior era agradable y apacible, se veía una docena de casitas pequeñas y rodeadas de hermosos jardines con sus respectivas fuentes zen, que las ocultaban discretamente con su tupida y bien cuidada vegetación.
Tan silenciosamente como vino, la mujer desapareció después de dejarla en el interior de una de éstas. Dentro, era tan acogedor como la casa de los Tendo, paredes beige con hermosos cuadros ornamentales mostrando idílicos paisajes y algunos arreglos florales alegraban el ambiente, sobre una mesita baja rodeada de zabutones había una bebida refrescante y una fuente con frutas, que la hicieron sonrojar al recordar cierto libro de ilustraciones que viera el día anterior. Tratando de calmar su inquietud, se dedicó a reconocer el territorio, encontrándose con una gran cama cubierta con pétalos de rosa de todos colores, lo que hizo que sus mejillas se arrebolaran nuevamente mientras su corazón, ya sobresaltado, iniciara otra loca carrera. La siguiente puerta era un vestidor con unas hermosas y pesadas batas de baño y otras de seda, blanca y roja. En la otra puerta encontró el baño con una gran jacuzzi rodeada de velas y al final, una larga pileta rectangular, en cuya agua flotaban más pétalos de rosa.
Turbada, se metió en el baño y se sentó un momento en el inodoro. Realmente, el lugar era muy hermoso y respiraba romance en cada rincón, se alegraba que no fuera uno de esos sórdidos lugares que Hiroshi y Daisuke le habían señalado con miradas burlonas y lascivas cada vez que veían entrar o salir parejas. Por supuesto, debía de haber contado con el buen gusto y elegancia natural de Akane, después de todo, ella era una niña educada, de buena familia.
Suspiró. No tenía que estar tan nervioso, era Akane, su Akane, y no había nadie en el mundo en quien confiara más. Aún así, tenía un nudo en el estómago, sus palmas sudaban y a intervalos, su corazón iniciaba locas carreras que lo mareaban un poco y le daban ganas de salir disparado. Tratando de calmarse, se dijo que ella bien valía el esfuerzo de ver hasta adonde era capaz de llegar.
Bueno, él no era muy paciente, era un guerrero. De modo que con decisión se quitó la ropa y la dobló cuidadosamente en un banco, luego tomó una toalla y envolviéndose con ella, se metió en la pileta, esparciendo los pétalos a su paso, y disfrutando de la sensación sedante y refrescante del agua fría en aquella calurosa tarde veraniega. Se sentó al final de ésta y se dispuso a esperar mientras jugueteaba con el agua.
De pronto, sintió el ruido de alguien que se aproximaba y su calma se evaporó mientras trataba inútilmente cubrirse con pétalos. La sintió buscarlo hasta que la vio aparecer por el marco de la puerta y que le dedicaba una hermosa sonrisa.
-Lamento el retraso –se disculpó, pasando deliberadamente por alto su turbación. –Nabiki se olió algo y estaba tratando de sondearme, pero no te preocupes, la mandé en otra dirección –luego de esto, siguió un tenso y turbado silencio por su parte. Se sobresaltó mucho cuando vio que ella empezaba a desvestirse. De un salto, se puso de pie moviendo agitadamente los brazos. Cuando sintió que se le resbalaba la toalla se apresuró a asegurarla en su lugar púdicamente al tiempo que agachaba la cabeza, avergonzado. Ella sólo sonrió con amabilidad, al tiempo en que se acercaba y suavemente levantaba su rostro para decirle:
-Tranquilo. ¿Recuerdas lo que hablamos ayer?
-Lo sé Akane, lo que sucede es que… la verdad, es que no sé si pueda hacer esto.
-¿Y eso?
-Pues… es que yo… En verdad, no soy esto –dijo con pena, señalándose a sí mismo-. Yo no soy así Akane, ¿entiendes?
-Entonces, ¿qué eres? –preguntó con amabilidad.
-Pues yo… -no sabía qué decirle.
-Ven –dijo, tendiéndole la mano-. Quiero mostrarte algo –y lo condujo hasta un gran espejo de cuerpo entero que había en un costado. Al verse, Ranma bajó el rostro al suelo, pero Akane le obligó a levantar la vista sujetándole el mentón, al tiempo que se situaba detrás de él-. ¿Quieres saber lo que yo veo? Pues veo la misma cara de bobalicón que pones cuando estás avergonzado –él la miró molesto por el cumplido, a lo que ella le soltó una risita para proseguir, tocando juguetonamente su nariz-. He visto la misma expresión preocupada en este rostro, cuando algo me pasa, la misma ira, cuando alguien te reta, la misma amabilidad cuando alguien necesita tu ayuda. Cada vez que veo este rostro, sólo veo a Ranma, sonriendo, rabiando, inquieto, curioso, siempre el mismo –suavemente, tomó su mano para rozarla levemente con sus yemas-. Estas manos, en apariencia tan frágiles, me han cargado y me han salvado más veces de las que puedo recordar –depositó un beso en ella-. Desde que supe que eras un hombre, nunca te he visto de otra manera, nunca he podido verte de otra manera y la verdad, es que si quise que hoy día nos juntásemos aquí, es por que de verdad me molesta que me apartes cuando estás así, como si fuera algo malo. Tal vez lo sea, no sé bien, pero yo no lo siento así, no me siento mal al tocarte así. ¿Para ti si lo es?
-Pues yo… en verdad… no lo sé… -musitó él con voz queda. Lo que ella le había dicho le había calado muy profundamente-. Siempre he sentido este cuerpo como algo ajeno, como si me pusiera un disfraz…
-Lo sé –prosiguió ella-. A pesar de transformarte en una mujer muy hermosa, en realidad te encuentras ridículo –Ranma bajó la mirada con dolor, avergonzado de que Akane lo leyera tan perfectamente. Ella le quitó entonces la toalla y lo obligó a mirarse-. A pesar de tener unos bellos pechos, crees que son grotescos –él los miró con ira, siempre había odiado esas tetas que levantaban pasiones en la población masculina. Ella desnudó los suyos: -Mírame, ¿crees que mis senos son risibles?
-¡Pero tú eres una chica! –estalló angustiado.
-Y tú ocupas el cuerpo de una bella chica, sin dejar de ser un hombre –insistió con gentileza-. Mírate Ranma, pero mírate de verdad. A pesar de que no es el tuyo, no hay vergüenza en este cuerpo de mujer, no tiene por qué haberla. Es un cuerpo que cualquier chica luciría con orgullo y que no debe deshonrarte. Este ha sido el cuerpo que hizo frente y venció a Ryoga y a Mousse, a Colonge y a Happosai, que luchó contra Panty Taro en su poderosa forma maldita, que se enfrentó a Herb de la dinastía Musk, a Kirin de los dioses Guerreros, que derrotó a Safrón. Ciertamente, no es un cuerpo que un guerrero pueda despreciar.
Bajó la cabeza meditabundo. Ella, mientras tanto, le desarmó la trenza, él sólo la dejó hacer. Pronto, brillantes ondas rojas bajaron por su espalda y cubrieron sus hombros. Se miró en el espejo. Realmente, se veía hermosa, casi tanto o quizás aún más que el retrato de esa bella y poderosa valkiria. A pesar de esos sensuales labios y voluptuosa figura, había fuerza y gracia marcial en ese cuerpo. Ranma se vio como nunca antes lo había hecho. Era cierto. No había en realidad de qué avergonzarse, era perfecto, no había una parte de él que estuviera fuera de lugar. Desde sus pequeños dedos hasta la punta del pelo, era un conjunto de armoniosas y fuertes curvas. Eso le hizo entender por qué Mousse y Ryoga lo odiaban cuando se lamentaba de su maldición. Realmente, ese cuerpo era fácil de amar, no como ellos, que pasando de Akari, ninguna mujer normal podría sentir algo más que una tierna simpatía por sus formas malditas. Y además, él no quedaba indefenso cuando se transformaba, ni al arbitrio de cualquier paseante hambriento. Seguía siendo humano, seguía siendo fuerte, seguía siendo bello. Entender eso le quitó una gran roca de encima, como algo infectado que súbitamente fuera abierto para limpiarse. Ya no seguiría pudriéndose dentro de él.
Se volteó para agradecer a Akane, y ésta le cubrió la boca con la suya, sobresaltándolo, pero luego se abandonó a la caricia. Era cierto, no se sentía mal o incorrecto, al menos, no en este caso. Le tocó suavemente la mejilla con cariño y lo condujo al dormitorio. Él se dejó guiar confiado, no tenía qué temer de ella. Allí, lo hizo tenderse boca abajo en la cama y tomando un cepillo, suavemente lo pasó por sus larguísimos cabellos. Luego, tomando un aceite de tocador de exquisito aroma, empezó a hacerle un suave y relajante masaje. Él solo se abandonó a sus cuidados, disfrutando de esos mimos que jamás prodigara a su forma maldita. Suspiró. Realmente, ella era muy delicada y sus sentidos femeninos lo inundaban con nuevas y agradables sensaciones. Esa forma era muchísimo más perceptiva que la suya, y cada caricia era magnificada como una gota que cae en un lago creando infinitos círculos concéntricos que cada vez se van expandiendo más y más, así sentía él las impresiones que el roce de su amada le iba produciendo. De pronto, un suave beso en un hombro lo sobresaltó y abriendo los ojos muy grandes, se dio vuelta para encararla. La mirada de ella distaba mucho del fuego que tenía cuando iba a su habitación de noche, pero aún así había calidez y deseo, de otra índole, más gentil, suave, lleno de emociones. Su mirada se centró en su boca y él salió a su encuentro, disfrutando de la caricia más dulce y tierna que hubiera tenido hasta entonces. Gradualmente, la tomó de la cintura y la hizo caer sobre sí. Afuera, solo se oía el suave sonido del borbotear del agua en las fuentes.
Por la mañana, Ranma había desaparecido.
La familia, acostumbrada a los ires y venires del chico no le dio mayor importancia, pero Akane estaba preocupada: ¿acaso había echo mal al persuadir al joven ayer, de hacer el amor con ella en su forma femenina? No recordaba haberlo presionado o coaccionado en ningún momento, sí se había permitido convencerlo, despojarlo de sus miedos uno a uno sin aceptar sus primeras y tímidas negativas, sabedora de que en un principio sería un tema difícil de afrontar para el muchacho, y que si se rendía en su primer intento, podía olvidarse de todo del asunto, y para ella era importante que él le perteneciera por completo, sin barreras estúpidas de por medio.
Pero recordaba claramente que había sido muy gentil y cuidadosa, tacto, fineza y dulzura eran lo que había empleado para hacer que se abriera con ella, ¿eso era acaso una forma de manipulación? Tal vez, no estaba muy segura, a lo mejor inconcientemente ella había decidido por el joven y simplemente lo había enredado para que terminara haciendo lo que ella quería. Pero en realidad si ése era el caso no había sido algo conciente de su parte, ella estuvo todo el tiempo sincronizada con él, pendiente del más mínimo gesto o mirada que le dieran a entender que eso no era lo que quería para dejarlo en paz. Entonces, ¿estaría enojado con ella? No lo creía. Después de dos intensos años de convivencia, pensaba que no había otra persona en el mundo que ella conociera como conocía al hiperactivo artista marcial, y según dicho conocimiento, antes estaría un poco cohibido que enojado, sintiéndose expuesto, pero vista la reacción que tuvo el día anterior, lo más seguro es que necesitara tiempo y soledad para asimilar lo que había ocurrido, después de todo, eran demasiadas emociones en un corto período, un nuevo conocimiento de sí que necesitaba procesar. Con estas reflexiones, se marchó más tranquila al instituto, decidiendo que lo mejor era darle su espacio.
En otro lado, en una azotea en un lugar de la ciudad que no había visitado antes y que por tal motivo esperaba que no lo molestara nadie, estaba el joven en cuestión, y haciendo exactamente lo que Akane vaticinaba, no en vano era quien denominaba para sus adentros, su verdadera prometida y la mujer con que, muy en su interior, pensaba compartir el resto de su vida.
Con las manos tras la cabeza, Ranma repasaba los sorprendentes hechos del día anterior. ¡Cuán diferente, misteriosa y sobrecogedora era la forma de hacer el amor de las mujeres! Si bien existía mucho placer físico, era de una índole tan diferente que realmente era como si dos mundos opuestos se encontraran. Reflexionaba entonces del verdadero sentido del yin-yan, positivo-negativo, macho y hembra. Hacer el amor, era duro en un hombre y suave en una mujer. El varón toma, y hasta cierto punto, se comparte y se brinda para satisfacer a su pareja, pero este deleite redunda en el suyo propio, toma el encanto de su pareja y acentúa así su goce; para una mujer, hacer el amor era entrega, delirio, perderse completamente en el otro, sumergirse en un mar de sensaciones, pero éstas tenían su fuente no en la piel, ojos, olores, sonidos, como en el hombre, sino en las emociones que se originaban a partir de éstos, como si los sentidos sólo fueran el vehículo de lo verdaderamente importante en el acto, trascender las barreras de la carne y fundirse en un solo ser, y si bien hasta entonces había sido muy conciente de las caricias, el humor y las intenciones que Akane imprimía hacia él al momento de su unión, ayer fue como si todos estos estímulos fueran directamente a parar a su esencia misma, como si acariciara su alma al tocar sus pechos, como si bebiera su vida entre sus muslos.
Enrojeció violentamente al recordar esto último. Por momentos se había visto sumergido en tal vorágine de sensaciones, que había gritado angustiado, temiendo perderse en ese mar tempestuoso que era el cuerpo de una mujer; pero en cada instante, su ángel, su amor, lo había rescatado, con una mirada, una caricia, una palabra de dulce intención, entonces él podía suspirar y volver a entregarse por completo a esa musa que había decidido llevarlo al cielo con ella. Más que hacer el amor, había sido un acto de comunión espiritual. Como una sacerdotisa pagana, Akane había purificado cada rincón de su forma maldita con sus besos, roces, miradas.
Cuando todo acabó, había llorado, abrumado por un torrente de sensaciones que no podía manejar y que no sabía muy bien su origen. ¿De su niñez, de su soledad, de cuando había tenido miedo? No lo sabía, solo sabía que no podía parar. Con mucha ternura, ella lo había abrazado y acunado hasta que la tormenta amainó, cantándole una dulce nana con esa bella voz que tenía.
Al rato, había quedado en tal estado de dulce y feliz languidez, con sus emociones tan a flor de piel, su amor por ella tan a la vista, que no había podido evitar acurrucarse contra ella, sin querer volver a retomar su forma normal. Aunque ya no podría volver a pensar en sí mismo nuevamente como en forma normal. Y es que ayer su cuerpo femenino le había pertenecido, por alguna incomprensible alquimia mágica de la piel de Akane, como nunca antes: en un solo grito cósmico de orgasmo primordial, había expresado, por única vez, todo su ser.
Después de hacer el amor se había apoyado en Akane, débil como un enfermo para volver al dojo, cada momento que perdía contacto con su piel era como si le desgarraran en pedazos y él dejaba escapar un gemido inarticulado de dolor que era inmediatamente tranquilizado por ella. ¿Quién hubiera pensado que aquella marimacho podría ser tan gentil y delicada? Se había pasado toda la noche abrazado a ella, aspirando su aroma, acariciando su suavidad de seda, bebiendo su respiración. Sólo al marcharse ella se había permitido rehacerse un poco para escapar a algún lugar privado donde poder volver a unirse de nuevo, luego de fragmentarse por completo el día anterior. Gracias a lo ocurrido ayer en la tarde, hoy en la mañana había podido mirarse al espejo por primera vez en su forma maldita sin odio, y por primera vez se quiso.
¿Cómo era posible que las mujeres vivieran todo el tiempo sumergidas en ese mundo de sensaciones y emociones tan profundas? ¿Cómo era posible que salieran así a la calle, con el corazón tan en la mano, con tan pocas defensas? ¿Era eso lo que amaba tanto en Akane, esa alma que relucía en sus ojos, en su sonrisa? ¿Esa sensibilidad y ternura que la hacían llorar cuando algo la emocionaba o entristecía? ¿Qué imposiblemente la hacían correr hasta quien necesitara ayuda, aunque sus pobres fuerzas no fueran suficientes? ¿A eso se referirían cuando hablaban del verdadero sexo fuerte? ¡Esa era la fuerza que se necesitaba para resistir la formación de un alma en su interior! El súbito golpe de conocimiento lo dejó anonadado. ¡Eso era lo que quería expresarle Akane ayer! ¡No era debilidad, era fuerza lo que se necesitaba para ser así! ¡Fuerza para cargar otro ser en su interior, para darlo a luz, para alimentarlo! ¡Todo eso era más fuerza que la que ningún guerrero podría soñar en poseer!
Se contoneó mareado y se afirmó la cabeza para recomponerse. Aquello era demasiado, él no era una mujer, sólo era un hombre que a veces ocupaba el cuerpo de una y se sentía amado por otra. Siempre había temido a las mujeres, como quien teme a lo desconocido, ¡eran un mundo tan misterioso! Y ahora, ese misterio cobraba una dimensión totalmente distinta: no eran de temer, eran de admirar, las mujeres, reflexionó, están más cerca de Dios. ¡Es por eso que él luchaba, por eso que valía la pena sangrar y desgarrarse en pedazos! Por la vida de Akane y por aquella carne y sangre que algún día moldearía en su interior. Por toda aquella vida que crearían juntos.
Con una gran sonrisa, salió disparado a buscarla. La acechó a la salida y la atrapó en una esquina. Ella, ya veterana en esas situaciones, sólo alcanzó a dar un respingo antes de reconocer el tacto de su amante. Se relajó en sus brazos y se dejó conducir con toda confianza hasta donde él quisiera. Muy pronto llegó a una fábrica abandonada, en donde la depositó en el suelo, para luego acorralarla en uno de los muros y empezar a besarla desesperadamente. Si bien al principio ella se asombró con su ímpetu, lo dejó hacer mientras lo abrazaba con dulzura. Pero no era esto lo que él quería. Hambriento, se apoderó de sus labios y bajó por su cuello mientras sus manos la recorrían ansiosas. Necesitaba poseerla como hombre nuevamente, necesitaba sentirse otra vez él mismo. Esas sensaciones que su forma femenina le enseñara el día anterior eran demasiado poderosas y necesitaba descansar de ellas.
Como si lo comprendiera, Akane se abrió para él, como una flor, enredó sus piernas en su cintura y no puso ningún reparo cuando el ávido joven hizo su braguita a un lado para buscarla y penetrarla de un solo movimiento. Ella sólo soltó un gemido ante la súbita invasión, pero se dejó acometer por el impulsivo muchacho. Pronto, sin embargo, se sintió insatisfecha con su papel pasivo y aferrándose a sus hombros, tomó el control de la situación, marcando un ritmo serpenteantemente erótico, más lento. Ranma jadeó estremecido, completamente subyugado y se dejó hacer. En algún momento, las nubes que habían amenazado todo el día dejaron escapar la lluvia que traían. Por primera vez, el agua fue su cómplice y no su enemiga, acallando los sonidos de los amantes.
Continuará:
1 En realidad, el libro citado no es exactamente como lo describo, es sólo que necesitaba que apareciera una pareja de una morena y una pelirroja para que la referencia fuera clara para Ranma. En cuanto a la valquiria, tampoco puedo recordar si he visto exactamente alguna entre la obra de Royo, pero para quienes conozcan al pintor, sabrán a qué me refiero cuando hablo del poder y sensualidad que se manifiesta en las guerreras que dibuja.
Para los que me habían hecho notar que Akane estaba actuando fuera de lo que es su naturaleza habitual, y más concretamente a Naoko tendo, quien en su último review me hizo el alcance exacto cuando me pone: "no me gusta como trata a Ranma, parece que lo usara como juguete sexual", pues, le dio justamente en el clavo y la felicito por su intuición. Aquí, estoy explorando los sentimientos de una chica herida y un poco desilusionada, que está dando (por decirlo de alguna manera) su "canto del cisne" antes de dar por muerto su amor. Así piensa que sus sentimientos no están siendo involucrados y que todo es algo ligero, de ahí el nombre del fic. Ahora bien, para quienes conocemos al personaje, ¿es posible que alguien con la personalidad y la naturaleza apasionada y absoluta de la heredera Tendo, pudiera tener un affaire? Les dejo la pregunta. De cualquier manera, quiero dejar en claro que este es un conflicto que está latente en toda la historia y como tal, va derecho a estallar en alguna confrontación. Cómo lo enfrentarán y qué resolverán, es lo que se verá al final. De manera que gracias por leer con tanta atención mi fic, me encanta que vayan develando cosas, leyendo entre líneas y descubriendo a priori mis intenciones. Espero que la historia sea interesante y les haga pasar un buen rato. Por mi parte, sus comentarios han sido tremendamente estimulantes y bienvenidos. Saludos y felices fiestas.
