Cuando llegaron a los dormitorios de la torre de Hufflepuff y tras un pequeño discurso de la profesora Sprout, los niños fueron a sus respectivos dormitorios y cuando Teddy entró con sus compañeros en su habitación éstos enseguida comenzaron a hablar:
— Hola soy Eddie Jones, ¿ustedes?
— Yo soy Mark Turner, ¿y tú? –le preguntó a Teddy.
— Yo soy Teddy, Teddy Lupin.
— ¿Eres hijo del profesor Lupin? –le preguntó incrédulo Eddie.
— Sí –murmuró poniéndose rojo y cambiando el color de su pelo también a rojo inconscientemente y añadiendo rápidamente al ver las casa de sus compañeros-, pero no os preocupéis, le he pedido que no tenga preferencias conmigo, no quiero que los demás me tachen de enchufado.
— ¡Uau! ¿cómo has hecho lo de tu pelo? Siento preguntar pero mis padres son muggles y no sé nada del mundo mágico –preguntó Eddie avergonzado.
— No pasa nada, soy metamorfomago –le contestó con una sonrisa Teddy.
— ¿Un qué? –volvió a preguntar confundido.
— Un mago que es capaz de cambiar su aspecto a su antojo – le explicó Mark por Teddy.
— Es impresionante –contestó Eddie admirado.
— Cierto, y Teddy, ¿cómo es tu padre como profesor? –dijo esta vez Mark.
— Está bien, no es muy estricto pero tampoco va repartiendo puntos como el que no quiere la cosa. Tampoco le molestan las bromas siempre y cuando no sean dañinas.
Eso alegró a Eddie y a Mark, ellos eran amantes de las bromas, igual que Teddy, como les hizo saber. Eso los unió más y tras asegurarles que no había problemas con su padre, se relajaron.
Eso último los animó y se dijeron que sí se lo proponían, podían ser peores que ellos, decidieron crear su propio grupo de bromistas, llamándose Los merodeadores II, como el grupo al que había pertenecido Remus Lupin. La directora McGonagall no lo sabía, pero una nueva generación de merodeadores había llegado a Hogwarts.
Cuando Teddy habló por primera vez al día siguiente de empezar Hogwarts, su padre sonrió de forma derrotada, su hijo era exactamente igual que él y su mujer y lo peor de todo, los compañeros de habitación de su hijo eran iguales que éste.
Resignándose le dijo que no le importaba que hicieran bromas, pero que no se les ocurriera hacerlas por diversión, solo les respaldaría si las víctimas de las bromas eran merecedoras de recibirlas, si no podrían ir despidiéndose de cubrirlos, no había discusión posible, Teddy aceptó.
