Capitulo 4: Aclarando ciertas cosas
Normalmente el hecho de trabajar con las motos le ayudaba a evadirse y tranquilizarse. Con las manos y la mente ocupadas en ellas, normalmente no tenía tiempo de preocuparse por nada más. A veces le bastaba con entrar al taller de reparación, donde la música rock que salía de los parlantes o la entretenida charla con los mecánicos eran suficientes par hacer que Harry Potter se sintiera feliz.
Hasta hoy.
Por tercera vez en un buen rato intentaba ajustar una tuerca que se le resistía; Profirió una exclamación seguida de una palabrota cuando se le resbaló la herramienta y se llevó por delante un trozo de piel de los nudillos.
Maldita sea!
Un mal día No Harry?
Ni siquiera se molestó en mirar a su mecánico en jefe Ron Weasley ; el muy patán le había estado molestando toda la mañana para que le contara porque estaba con un humor de los mil diablos.
Piérdete Ron - le dijo y siguió tratando por enésima vez de ajustar la tuerca - no tengo ganas de discutir contigo.
No trato de que discutas conmigo - dijo Ron acercándose a su amigo - pero no puedo negar que siento gran curiosidad por saber que es lo que te tiene con semejante mal humor.
No es de tu incumbencia así que déjame tranquilo - dijo Harry tratando por todos los medios de controlarse - no te metas!
Lo haría - dijo Ron - pero llevas así toda la mañana ¿sabias que tus mecánicos han pensado en renunciar? les has buscado el odio durante toda la mañana. Incluso a Luna le están dando ganas de arrollarte con una de las motos de la sala de ventas.
Si Luna ha podido soportarte a ti - dijo Harry con desdén - puede soportarme a mí también.
Podría... pero tú no eres tan guapo como yo - dijo Ron con solemnidad. Harry soltó una carcajada - y bueno... quien es la chica?
Harry arqueó las cejas - ¿quien dijo que se trata de una chica? - preguntó.
Fue el turno de Ron de arquear las cejas - ¿Que otra cosa podría ser? - le pregunto como si fuera lo más obvio del mundo.
Harry contempló a su amigo por un momento, no le causaba gracia tener que hablar con él de su "problema" pero guardárselo le había costado una noche completa de insomnio y un gigantesco dolor de cabeza. Suspiró resignado.
Vamos - le animó Ron - dímelo... ya verás que te sentirás mejor cuando lo hayas echado afuera. ¿Cómo se llama?
Quien ha dicho que se trata de una mujer? - dijo Harry –
Ron se echó a reír.
Qué más podría ser? - dijo Ron como si fuera lo mas obvio del mundo -
harry asintió, disgustado consigo mismo – Es cierto – dijo al cabo de unos segundos.
Miró a su amigo debatiéndose en silencio entre pedirle consejo o no. Pero podría resultar beneficioso hablar de ella y del efecto que le había causado. Además Ron y él eran amigos desde que eran unos niños, habían ido al colegio juntos y habían compartido muchas cosas a lo largo de los años. Sabiendo que era inevitable comenzó a hablar.
Se llama Hermione.
Ah… - Ron hizo un gesto como provocándolo para que siguiera hablando –
No hay nada de eso Ron – le advirtió Harry –
Maldita sea Harry – dijo Ron – pues ya es hora de que encuentres a una que sea algo de eso.
Sabes perfectamente que no me interesan las relaciones permanentes – dijo Harry – Lo que pasó fue que más o menos me tropecé con ella…
Es el destino entonces mi amigo – dijo Ron en tono medio solemne medio en broma –
Harry frunció el ceño al mirar a su mejor amigo – Sabía que sería una equivocación hablarte de esto – dijo.
Muy bien – dijo Ron haciéndose en desinteresado – No volveré a decir cuanto necesitas a alguien a tu lado, tampoco diré que ya no eres un adolescente y que necesitas sentar cabeza…
Harry apretó los dientes para no soltar una palabrota.
Dímelo de una vez – le urgió Ron sin preocuparse en disimular su curiosidad –
No hay mucho que contar – Harry entrecerró los ojos, el sol de de la tarde entraba a raudales por los ventanales del taller –
Lo cierto era que había mucho que contar, pero nunca había sido el tipo de hombres al que se le diera bien contar historias.
Es una mujer lista, graciosa e independiente – le echó una rápida mirada a Ron – Me dio un golpe en la barbilla.
Entonces sí que es lista – dijo Ron sonriendo –
Resulta gracioso – dijo Harry – no se exactamente lo que sea... pero tiene algo…
Bien bien – Ron sonrió – al menos una chica a la que no has calado nada más conocerla.
Quizás sea eso – murmuró, más como si hablara consigo mismo que con su amigo – Bueno, eso y un deseo irrefrenable.
Estas seguro de que se trata de eso solamente - preguntó Ron - a mi me parece que hay algo más.
Pues te equivocas - le dijo Harry terminantemente y volvió a tomar la herramienta del suelo –
Muy bien, no le importaba reconcer que al besarla había sentido algo nuevo, algo especial; incluso estaba dispuesto a admitir que sentía admiración por ella. Se había subido a su motocicleta a pesar de hacerlo de mala gana y para ser principiante jugaba al billar de maravilla. Inmediatamente le vino el recuerdo de estar inclinado encima de ella, sus cuerpos rozandose. Cerró los ojos, ahogando un gemido, pero su imagen permaneció viva y todo su cuerpo se puso tenso de emoción.
Aquello no estaba bien, se decía a si mismo. Ella no era del tipo de chica para pasar la noche y él no estaba interesado en nada más. Bruscamente dejó la herramienta sobre el banco de trabajo y se dirigió a la parte trasera del taller, donde solía aparcar la moto.
Solamente había una manera de terminar con todo aquello: Hermione y él tenían que hablar. Era preciso decirle que lo que hubiera entre ellos no iba a dejar que pasara a mayores. Él no lo permitiría.
A donde vas? - le gritó Ron -
A dejar claras unas cuantas cosas - le dijo por encima del hombro. Ron sonrió y silbando se dirigió donde Luna a contarle sobre la mujer que haría caer a Harry Potter.
Hermione golpeó discretamente la puerta del despacho de su padre y después de un "entre" abrió y se dirigió a una de las sillas del escritorio. Él seguía con los ojos clavados en varios papeles que estaban sobre la gran mesa de caoba, Hermione lo estudió, para sus 50 años era un hombre en excelente estado físico, el cabello castaño era cubierto por algunas hebras blancas y usaba un impecable traje gris con rayas negras.
Me voy a casa ya - le anunció en tono suave –
Richard Granger apartó la vista de los documentos que leía y unos ojos color miel iguales a los de ella le devolvieron la mirada – Sí? - le dijo mirando el reloj de pared – Es muy temprano todavía ¿No?
Son 10 minutos antes de lo acostumbrado - le dijo - y solo será esta vez. Tengo cosas que hacer.
Tienes algún problema - le preguntó su padre –
¿Problema? pues si, pero no era nada que su padre estuviera interesado en escuchar. Se imaginó como reaccionaría si supiera que había estado en "El Cuervo" y acompañada de un tipo que en vez de usar un auto como la mayoría de las personas usaba una imponente motocicleta.
La imagen de Harry le asaltó los pensamientos como le había pasado la noche anterior. Había dado vueltas y vueltas sin descanso, su cuerpo aún quemándole con un deseo abrasador. Y mientras su cuerpo le quemaba su razón le echaba en cara lo que había echo ¿Cómo era posible que se dejara llevar tan fácilmente por un simple beso?. Miró a su padre y por primera vez deseo hablar con él, pero seriamente.
Y bien? – empezó a decir Richard - ¿ha pasado algo aquí en la oficina? ¿es algo de lo que debería enterarme? - Como ella no le contestó inmediatamente, él continuó - ¿Has terminado con el informe del Sr. Smith? Vendrá por él mañana a las ocho en punto.
Hermione suspiró, era típico que Richard Granger pensara que si tenía algún problema fuera con respecto al trabajo - Hermione...? - le llamó sacándola de sus pensamientos.
Está listo - le dijo -
Si llevas el trabajo al día que problema puedes tener? – preguntó con esa sonrisa tan peculiar -
Hermione estaba pensando en una buena excusa que decirle a su padre, pero en ese momento sonó el teléfono y Richard se apresuró a contestar - Thomas...como estás? - le hizo un ademán con la mano a su hija de despedida y se volvió hacia el enorme ventanal que le daba una vista panorámica de la ciudad. Hermione se levantó con cuidado y en silencio salió de la oficina de su padre.
Harry estacionó la motocicleta en el mismo lugar de la noche anterior y se bajó ágilmente de ella, se sacó el casco miró la tranquila y lujosa calle, se fijó en los inmaculados jardines que rodeaban las cuidadas casas y le dio un escalofrío ¿qué diablos hacía él ahí? Se había pasado la vida evitando aquellos suburbios, pero ahí estaba, dirigiéndose a una de aquellas casas para hablar con una mujer que no le iba a traer más que problemas.
Una mujer que con solo un beso le había hecho olvidarse de todo menos de ella. Todas sus normas y planes habían quedado en nada después de saborear la boca de Hermione Granger. Y aquello le recordó de nuevo la razón por la que había vuelto allí.
Tenía que hablar con ella cara a cara, decirle que sería mejor que no se volvieran a ver. Lo había pensando todo detenidamente y no había otra respuesta. Hermione era del tipo de mujer que probablemente desearía vivir en un barrio residencial de las afueras y a Harry le aterrorizaba la idea de asentarse de aquella forma. A pesar de la atracción que había entre ellos aquello no podía funcionar.
Hermione lo vio acercarse y todos los nervios de su cuerpo se tensaron. ¿Por qué habría vuelto? ¿Por qué no se había limitado a mantenerse alejado de ella?. Entonces se miró la ropa que llevaba puesta e hizo una mueca de disgusto: unos anchos pantalones cortos para hacer gimnasia y una camiseta de algodón descolorida.
Sonó el timbre de la puerta y se le hizo un nudo en el estomago, respiró profundamente, agarró el pomo de la puerta y después abrió.
