Primero, el impacto brutal y las garras que se clavan en la blanda carne, quebrando hueso y músculo. El giro en el aire de los dos cuerpos enredados en un abrazo de muerte, el revuelo de plumas desgarradas y el chillido de victoria cuando le arranca la cabeza en pleno vuelo.
Y de nuevo la llamada.
No quiere. Le robarán su presa. Gulfan, como siempre, se resiste, y demora el momento de rendirse al gris. Siente el sabor de la sangre gritándole a sus instintos, pero la llamada es más fuerte. Así que arroja su botín al aire y se deleita en atraparlo de nuevo, lanzándose en picado. Desciende luego en espiral, lentamente, y deja caer su presa a los pies del polluelo gris.
Sangre y muerte, es lo que le ofrece.
