Hospital Cullen
Aquello sí que había sido la peor de mis pesadillas en años, y eso que tenía los dieciséis bien cumplidos y llenos de sueños y pesadillas. Aguardaba que mamá me estuviese esperando con unas deliciosa tostadas y un caliente café con leche de desayuno, para tragarme que había sido una pesadilla. ¿Se creería ella que había soñado con vampiros y lobos en una sola noche? Ambas teníamos una imaginación asombrosa, así que, ¿por qué no?
Pero y entonces, ¿qué era lo que me dolía tanto físicamente? Porque esa sensación de quemazón dentro de mi garganta había huido, pero el sentir cuatro colmillos chapándome la sangre permanecía clavada en mi piel. Más precisamente, en mi muñeca…
…Ay Dios...
Abrí los ojos y los cerré automáticamente al chocarme con la luz de un reflector potente sobre mis ojos. Cuando me acostumbré, traté de incorporarme apoyando las palmas de las manos sobre algo suave y liso debajo de mí. Chillé de dolor al recibir un pinchazo de dolor en mi muñeca izquierda. Instintivamente, me llevé la mano a la vista y la examiné detalladamente. Estaba vendada y sobresalía un manchón rojo en el centro. Tragué saliva; la sangre además de marearme, me provocaba nauseas.
De pronto, una serie de imágenes de lo más extrañas comenzaron a atacar mi mente, dejándome totalmente indefensa. Era como si el dolor que me recorría, especialmente la zona de la muñeca, se hubiera extendido por todo mi cuerpo dejándolo sin paz. Traté de acomodarlas, una por una, ordenándolas como podía. Ninguna tenía lógica; dos extraños hombres maravillosamente bellos acompañados de una mujer con exóticos ojos rubí, unos lobos que me perseguían, la contextura fina y suave de un pelaje extraordinariamente hermoso y una mordida que me había dejado totalmente inconciente.
Quité la herida de la vista con la pequeña ilusión de olvidarme de esas imágenes y al levantar los ojos me topé con algo maravillosamente extraño. Eran dorados aquellos ojos que me evaluaban con pasión, como el oro de mi anillo que levaba grabadas mis iniciales. Era una mirada…tranquila, pacífica y sabia. Me perdí en el llameante brillo del metal incrustado en sus ojos. El hombre tenía la piel blanca, incluso más que las sábanas que decoraban la cama donde estaba postrada. Incliné ligeramente la cabeza contra mi hombro al encontrar muchas similitudes con las criaturas que habían aparecido misteriosamente en mi mente.
-Buenos días, Lucy. Soy el doctor Carslile Cullen. ¿Cómo te encuentras? -me quedé aturdida por la melodía de sus palabras. La entonación antigua y segura que había usado me cautivó igual que lo hbaían hecho el extraño color de sus ojos.
Antes de siquiera contestar la pregunta, mis ojos continuaron investigando a aquel hombre tan amable. Tenía un guardapolvos con su nombre grabado con una letra cursiva preciosa de color negro en un bolsillo situado en el ángulo superior inquiero del pecho. Sobresalía la tapa de un bolígrafo y algunas chucherías más, de esas que usaban los pediatras.
Le miré con la duda en los ojos porque no l encontraba explicación válida a su comportamiento. Es decir, ¿quién rayos le había pedido que me internaran? No estaba tan loca como para que me trataran de esa manera. Carslie me sonrió dejando a la vista unos dientes blancos y perfectos. No había tanta diferencia entre el blanco de la dentadura y el blanco de su piel.
Entonces La persecución que yo había dado como un sueño volvió a mi mente, todas aquellas imágenes se ordenaron por si solas y el sentido me explicó todo de una. Literalmente, sentí como si la estuviese volviendo a vivir. Me abracé a mi cuerpo llena de miedo y desesperada mientras dentro de mi mente se reproducía una y otra vez cuando el vampiro me había clavado los colmillos. Era una sensación terrorífica, alarmante y desesperada.
El doctor Carslile Cullen se acercó con una velocidad imposible para un ser humano y me consoló, pero sus palabras no tenían sentido para mí, porque había recordado que mi madre había muerto por la culpa de un vampiro. Y yo no había cobrado mi venganza...
Por otro lado, el roce de una superficie suave y ardiente contra mi mano herida me sacó por comleto de mis lamentos internos. Volví los ojos y me encontré con otros negros y profundos. Estaban sobre un rostro de lo más hermoso que jamás había visto en mi corta vida. Fue como entrar en el cielo y robarme un ángel. Él era altísimo, hombros anchos y muy fornido. Unas ojeras se hicieron notar debajo de sus ojos como dos bolsas llenas de carbón. Por lo que esto último me indicó, el muchacho no había dormido en mucho tiempo.
Sin embargo y no tuve idea del porqué, pero me entraron unas preocupaciones por saber qué le había pasado a ese chico tan bello y con mirada pura y agradable. Cuando volví a mirar más detenidamente ese par de ojos negros, tuve la sensación de déjà vu; yo ya me había cruzado con esos ojos. ¿Pero dónde?
-Luce –me llamó su voz que se escuchaba cansada y desesperada –Tranquilízate, por favor.
Dejé que uno de mis dedos acariciara su rostro y reposara sobre las bolsas de carbón, deseando borrarlas. ¿Pero que carajo me estaba pasando? ¿A quién se le ocurriría acariciar la cara de un completo desconocido? O yo estaba loca, o este sueño de mierda me estaba jugando una muy mala pasada porque no sentía ningún tipo de remordimiento por rozar con las yemas de los dedos su cobriza piel. Me sentí completamente feliz cuando pequeñas descargas eléctricas recorrieron desde mi mano hasta mi corazón, haciendo que mi ritmo cardíaco se acelerara más de la cuenta. Tras examinarlo,me dí cuenta de que tenía cara de niño, una hermosa y tierna cara de niño. No tenía apariencia joven, yo le daba unos veinte años más o menos, pero tenía esa pequeña sonrisa picarona que sólo encuentras en los chicuelos endemoniados.
-Estoy…bien, creo –contesté en susurros a la pregunta que el doctor Cullen me había inquirido.
El chico que me sostenía la mano herida me sonrió, pero apenas levantó los ojos. Estaba muy cansado. Soltó el aire que venía reteniendo y me regaló una enorme sonrisa llena de felicidad. Otra cosa que solamente ves en un alegre niño de cuatro años. ¿Por qué cuando crecemos nos olvidamos de sonreír? ¿Cómo era posible que a él, ese extraño chico increíblemente atractivo para mis ojos, le saliera tan fácil curbar asia arriba la comisura de sus labios? Pero más allá de esa encantadora sonrisa, de su piel cobriza suave y caliente, de su enorme tamaño y de ese aire protector que emanaba en mi dirección, había algo en sus ojos que me hacía sentir completamente feliz y contenida. Mientras le estudiaba la tristeza causada por la pérdida de mi madre se quemó como madera en una fogata.
-¿Te conozco? –quise saber, pero la voz me falló antes de comenzar.
-Aún está muy débil –declaró una voz aterciopelada desde el otro lado de la habitación.
Con lentitud me volví al hombre de ojos cual oro que me miraron como diciendo "relájate,no te haremos daño, niña" ¿Cuántos? ¿Diecisiete? No más que eso al joven que tenía los brazos cruzados sobre el pecho y me examinaba con la mirada. De vez en cuando, miraba al chico que estaba a mi lado. Maldita sea. ¿Es que había sido capturada por una manga de alienígenas con apariencia de modelos? Yo no estaba tan acostumbrada a cruzarme con cuerpos tan delicadamente recordados, con facciones hermosas y como si fuera poco, color de ojos fuera de lo común.
El joven con los brazos cruzados amplió una sonrisa y miró a su compañera; una mujer más bajita que él, de facciones hermosas. Me llamó la atención que su labio superior fuese algo más grande que el inferior, pero increíblemente, eso encajaba con la belleza de su figura. Otro par de ojos dorados, y una sonrisa pequeña. A su lado, me contemplaba otra chica de belleza exuberante, rizos rojizos y ojos como dos barras redondas y agujereadas de chocolate. Sus labios estaban marcados por una sonrisa tan grande, que amenazaba con huir de su rostro. Eso sí, el que estaba detrás de ella era muy, muy grande. El muchacho alcanzaba los dos metros a simple vista. Su mirada juguetona y el extremado tamaño de sus músculos se me antojaron desconcertantes. La sonrisa blanca resaltaba contra su piel oscura, pero linda.
Ahora sí, todo era un lío para mí. En primer lugar, ¿dónde estaba? ¿Quién me había rescatado del vampiro? ¿Quiénes eran ellos? ¿Por qué estaba allí conmigo? ¿Y el doctor? ¿Cómo sabía mi nombre? ¿Y que había pasado con los lobos? ¿Con los cuatro lobos que habrían fallecido por mí? ¿Y el muchacho que les acompañaba en la persecución?Busqué las respuestas únicamente en los ojos del chico que estaba a mi lado. Él había borrado su sonrisa del rostro y sentí unos deseos desaforados de exigirle que me sostuviera entre sus brazos.
-¿Tienes hambre? –me interrogó. Negué lentamente con la cabeza. ¿Quién podía pensar en hambre cuando se tenía una mordida de vampiro en la muñeca y había sobrevivido a dos ataques en una sola noche?
Ambos movimos la mirada a mi muñeca y él rechinó los dientes.
-Maldita sanguijuela –masculló con odio.
-¿Qué? –él levantó los ojos y me miró sobresaltado. -¿Qué has dicho? -inquirí desconcertada por su sobrenombre. ¿Sanguijuelas? ¿Pero qué clase de... nombre era ese? ¡No había sido atacada por sanguijuelas, fueron v-a-m-p-i-r-o-s!,grité en mi fuero interno.
-Le llama así a quien te mordió la otra noche, pequeña –contestó el otro moreno –No te preocupes, jamás te volverá a poner un dedo enzima. Además, ese chupasangre es cenizas ahora –dijo lo último entre risas triunfales. ¿Él había estado ahí? Y...un momento, ¿Chupasangres? ¿Que no se podían dejar de joder con los adjetivos o sobrenombres y decirme de una bendita vez una agradable explixación que me diera motivos suficientes para no creer que estaba secuestrada por raros alienígenas mediocres?
-Ust-ustedes… ¿Cómo? –pude balbucear
¡Pero, maldita sea! Ya tenía bastantes líos con los ojos rojos, los dorados, las sonrisas puras y la excesiva belleza delante de mis ojos como para tener que resolver cómo era que este chico había estado ahí, qué rayos significaba eso de sanguijuela, cómo podían estar al tanto de que existían tales criaturas y además… ¿Cómo había sobrevivido yo? ¿O acaso era parte de un estúpido sueño?
¿Estaría mi madre viva? Porque, si yo me había salvado, eso quería decir que ella también. Tal vez, ella estaba dormida y roncando en alguna otra habitación de ese hospital medio raro y toda esta locura tendría fin. Cuando ella estuviese recuperada, nos volveríamos a Seattle y mi vida volvería a ser normal, como antes...
El joven de pelos cobrizos se estremeció a la vez que decía con voz ronca pero aterciopelada:
-Jacob, cierra el hocico, chucho.
La chica de pelos de zanahoria le fulminó con la mirada. Me reí por la escena, parecía hecha para que yo cambiara mi humor.
-Edward Cullen –se presentó el adolescente que previamente había cayado al acompañante de la dueña de los ojos chocolate –Es bueno tenerte despierta. Bienvenida.
-Gracias, pero… ¿Cuánto tiempo…?
-Cinco días, pequeña –contestó Jacob haciendo un gesto de impaciencia -¡Qué bueno que despertaste! Uno que yo sé no ha pegado un ojo desde que te mordieron. Y esa nche sí que había sido larga, eh. Menuda noche habían elegido als sanguijuelas para salir a cazar.
-Jacob –carraspearon todos en la habiación.
-Es que, no lo entiendo. Se suponía que teníamos el perímetro cubierto, ¿de dónde salieron? Ah, pero sin duda, Seth corrió rapidísimo cuando te mordió y evitó que el veneno se dispersara por todo tu cuerpo y entonces ¡zap! -hizo una imitación con las manos de una bomba explotando -Nos olvidamos que ninguno de nosotros puede "chupar" el veneno sangüigeloso o sangüiponzonoso de los chupasangres. ¡Guaaaau! Sí que hacía mucho que no nos hacían correr tanto desde que los Vult....
-¡¡¡¡Jacob!!! -chillaron todoso en la habitación, incluída yo. ¡Era lo menos que podía hacer! ¿Qué otra cosa te queda por hacer si un reberendo gillipoyas comienza a hablarte en un idioma alienígena del cual no entiendes ni mu? ¡Pues gritarle que se caye, como Dios manda!
Me tomé unos minutos para tratar de entrelazar los cabos sueltos y de alguna que otra manera tranquilizarme a mi misma. No iba a para en buen puerto si no me predisponía a entender qué carajo había sucedido, qué carajo estaba sucediendo y qué carajo iba a suceder. Aborrecí usar tanto el diccionario "no permitido" o "de las palabras prohibidas", pero cuando haces frente a un reberendo inútil como Jacob, quien te habla y habla sin parar, no tienes remedio más que enloquecerte. Eso sí, agradecía eternamente que nadie en esa habitación pudiera leerme la mente; estaría en el horno con papas de no ser así...
Edward Cullen se aclaró sonoramente la garganta y rodó los ojos. ¡Qué extraña que era esa gente, por la Virgen de Guadalupe!
-¿Alguien podría explicarme? –pedí conun insignificante hilo de voz.
-Una sanguijuela te dio caza en el bosque y nosotros aparecimos justo antes de que te mordiera. Pero ¡ es que teníamos todo planeado! Y a ti se te dio por llamar la atención de las otras dos sanguijuelas y entonces todo se vino abajo –comenzó a decir Jacob rápidamente para evitar los llamados de atención por parte de los presnetes, pero enseguida se cayó conforme todos le fulminaban con la mirada.
-Creo que hay que explicarle qué somos antes de explicarle qué sucedió, Jake –sugirió la mujer de ojos ocre. Asentí y ella me sonrió –Me llamo Bella. Bienvenida –le agradecí con una pequeña sonrisa.
-Lucy, nosotros vivimos en un mundo lleno de criaturas que tú y la mayoría de los humanos ignoran que existe –el doctor Carslile me hablaba lentamente para que yo pudiera asimilar cada palabra de manera correcta –Supongo que habrás relacionado a las criaturas que te atacaron ayer con algunas que habrás escuchado el leyendas humanas.
-Vampiros –adiviné sin evitar un escalofrío.
-Sí –reconocío él como si se sintiera traicionado –Lamento muchísimo tener que decírtelo así pero, yo soy uno de ellos -¡Pero antes de qe te entre el pánico! Tienes que saber que yo no me alimento con sangre humana. Mi dieta se basa en sangre animal y de ahí la coloración de mis ojos –dijo señalando con un dedo sus pupilas –Esto es algo que debes tener en cuenta siempre; un vampiro de ojos rojos se alimenta de vidas humanas. En mi familia, nos alimentamos de sangre animal porque respetamos a los humanos. Por eso, te hemos atendido aquí y porque creemos que lo que te han hecho aquellos vampiros es responsabilidad nuestra. Te recompenzaremos en todo, lo prometo.
¡Ah, pero qué bien! dije en mi fuero interno, o sea que eran unos humanos mutantes o "vampiros" los que dejaban sin sangre a otras personas. Ya me lo quería imaginar al jefe de policías jubilado pero "actuamente en servicio a su pueblo" lidiando con uno de estos. Tal ves su equipo no iba a tener tanto problema con estos vampiros mediocres que preferían alimentarse de animales, po respeto a los humanos. ¿Cuántos de ellos habrían dispersados por el mundo?
-Por favor –le interrumpí –No tiene porqué molestarse. Soy grande y puedo cuidarme sola. Al menos sí en un bosque donde no haya…vampiros –dejé soltar unas risas entre dientes –Pero, de todas formas, muchas gracias por brindarme su hospitalidad. Usted y su familia son maravillosos -una ancha sonrisa curbrió el rostro de Carslile, Edward y las dos muchachas.
Jacob puso los ojos en blanco y dio un paso adelante teniendome la mano.
-Por si no ha quedado claro, soy Jacob –dijo con tono irónico –Black, Jacob Black –agregó con sarcasmo y estrechó con mucho cuidado mi mano. Volví a reírme y él continuó hablando –No te han contado todo, porque, como de costumbre, se olvidan de los verdaderos héroes. ¿Sabes? Nosotros también tomamos parte de la batalla. ¿El lobo rojizo? ¡Era yo! ¡Estuve tan cerca, tan cerca de romperle el cráneo a esa sanguijuela! Pero no, no. ¡Maldito! –Jacob Black estaba como emocionado y algo alterado. Su voz se había elevado hasta torturarme los oídos y me ví olbigada a taparlos con ambas manos, ofeniéndole de manera indirecta.
-Lo siento, Jacob –susurré un rato después de haberme recuperado -¿Dices que eras el lobo rojizo? Ah, genial. Los hombres lobo también están en esta historia. Maravilloso –logré articular dejando bien en claro mi sarcasmo.
Jacob y la otra chica de ojos dulzones se rieron. El chico que estaba a mi izquierda apenas sonrió, y las palabras que Jacob Black había dicho minutos atrás rebotaron en mi mente, como varios cuchillos sobre mi muñeca.
"-Cinco días, pequeña –Me había dicho Jacob-¡Qué bueno que despertaste! Uno que yo sé no ha pegado un ojo desde que te mordieron. Y esa noche sí que había sido larga, eh."
Guau. O sea, que el chico se había quedado despierto para cuidarme. ¿Era eso posible o simplemente era un chiste más? ¿Cómo podía una persona completamente desconocida para mí tener esa confianza y ese lazo tan poderoso? Porque, quedarse velandome durante tanto tiempo me parecía algo tan lejano e imposible…
…por descontado, nunca había confiado en las muestras de verdadero amor. Creía fervientemente que eso solamente ocurría en las novelas o en las películas. No podía haber lugar para que alguien diera ese tipo de muestras de afecto. Es decir, ¡Qué ridículo era pensar que la gente sí se amaba de verdad, que el amor podía ser para siempre! Tenía muy en claro que el amor que sentía por William era incalculable, estaba dispuesta a todo con tal de mantener a salvo su felicidad, pero de ahí a confiar en un futuro felices y comiendo perdices, mmm, no era de pesimista, pero no creía para nada en eso.
-Bueno, vampiros y hombres lobo. ¿Qué más? –pregunté para distraerme.
-¿Te parece poco? –cuestionó Edward –Pero si quieres saber…Yo leo mentes.
Hubo un momento de completo silencio en el cual investigué la veracidad de sus palabras. Sí, tranquilamente podía ser cierto. Así que, sonreí de manera deliberada. Sí él podía leer mentes –algo literalmente imposible y tan fácil de decir como difícil de creer –significaba que durante todo este tiempo había podido investigar mis recuerdos ( y saber la linda lista de insultos que declaré a favor de Jacob) En definitiva, ¿Cuánto sabía, gracias a su don, Edward de mí? ¿Y qué le había confiado a sus familiares? ¿Podía confiar que mis secretos estuiesen a salvo bajo su mente?
-Por supuesto que sí –me contestó haciendo una elegante reberencia con la cabeza.
Me quedé sin palabras. Poco a poco, el vacío de la muerte se fue llenando con todas estas novedades.
-¿Qué más? –me interesé con entusiasmo.
Todos en la habitación me miraron incrédulos. Todos menos Edward, quién podía acceder a mi mente y sabía que mi curiosidad era mucho más grande que mi dolor. O al menos eso quería creerme yo.
Okey, acá entrego el tercer capítulo oficial. Me pasé una hora haciéndole modificaciones y cambios para que quedara cuerdo, así que deseo que sea de su agrado.
Gracias Mica por tu apoyo, y disculpame que no te lo pude agradecer antes, es que ni bien acabé de subir el capítulo Mordida leí tu review.
LiahDragga lamento decirte que Carslile llegó justo a tiempo para sacarle el veneno a Lucy, si ella se hubiese convertido no habría imprimación y por lo tanto no habría novela! En serio lo lamento si eso era lo que querías! Pero te prometo meter a un neófito en la historia dentro de un tiempo y no tienen ni idea dequién va a ser.
Me gustaría que se note que Lucy casi no piensa en William, algo que se debe a que su mente ya no piensa en él como el amor de su vida. Poco a poco, ella misma se va a ir dando cuenta de eso y el verdadero quilombo va a empezar ahí.
Me gustaría saber su la cantidad de insultos no es de su agrado, porque la verdad a mi me descarga bastante usarlos.
En fin, muchas gracias a todas las que leyeron y un saludo muy muy grande!
mica
