Capítulo 4
Cuando cumplí 19 años me pidieron matrimonio. Y dije que no. Otros ojos me habían mirado mejor.
«La cantante Nao Yuuki fue vista días atrás entrando al bar Orphan. El Orphan, para quienes no sepan, es un pub de temática homosexual situado en el centro de la ciudad, propiedad de la chef Mai Tokiha. Recordamos que la cantante Nao, en pleno auge de su carrera, ha expuesto varios comentarios negativos hacia la comunidad gay en repetidas ocasiones, pese a las quejas de fans y figuras de este colectivo. Nos llama la atención que después de todo eso sea capaz de presentarse frente a nuestros periodistas a desmentir la realidad que miles de fotos y videos han expuesto…»
La radio sonaba de fondo mientras conducía rumbo a mi trabajo. Ann había cumplido su promesa y la noticia se estaba esparciendo como la pólvora en distintos medios de la ciudad y de la región.
Razones sobraban. Algo que no era aceptado por la gente era el doble discurso, los que opinaban como ella no estaban nada felices de que hubiese sido vista en el Orphan, y a los que no, les parecía un ataque directo que después de todo se atreviera a entrar en su territorio.
Además, había tomado la mala decisión de salir a desmentir y decir que había ido allí por error, que desconocía la naturaleza del local y más mentiras imposibles para quienes habían acudido alguna noche al Orphan.
Por otra parte, asunto no menor, estaba resultando una gran propaganda para el establecimiento. Mai no estaba muy contenta cuando al poco rato de despedirnos la llamé para decirle que iba a ir la prensa por un aviso anónimo, que enseguida supuso era mío, pero había sabido aprovechar la fortuita oportunidad.
Llegué al edificio diez minutos antes de mi hora de entrada, lo suficiente para subir hasta el tercer piso y notificar mi llegada. No había mucha gente, era lunes y el frio nos llevaba a demorar más en las tareas matutinas.
La que sí estaba era Natsuki, sentada en mi escritorio, mirándome con una cara que asustaría hasta a la persona más temeraria de la Tierra.
Ya no podía dar media vuelta ni evitarla como había hecho los últimos días. Me acerqué con una sonrisa que no delatara mi temor ni que yo era quien había avisado a la prensa.
―Buen…
―Sé que tú fuiste la «fuente anónima», Shizuru ―interrumpió mi saludo manteniendo su mirada gélida.
―¿Fuente anónima de?
―No te conviene hacerte la tonta. ―Era curioso sentirse amenazada por un superior.
―¿Perdón? ¿Me estás amenazando de algún modo?
―No, no es una amenaza, es una advertencia.
―Una advertencia, claro. ―Natsuki me estaba haciendo enojar, y mucho.― Si ya estás tan segura de eso, más allá de lo que yo opine, no sé por qué vienes a decirme nada.
―Conozco a la gente como tú, nada les importa más que su propio ego. ―Su mirada había cambiado a uno de asco, y cada vez entendía menos―. No creo que necesitemos a gente como tú aquí.
―Espera, tú no me conoces en lo absoluto, Kuga. No sabes quién soy ni nada sobre mi…
―Sí, sé que eres una de esas homofóbicas que anda desparramando odio por ahí. ―Miento si no digo que me reí como nunca, era increíblemente gracioso.― ¿Qué es tan gracioso?
―Pregúntale a tu esposa lo homofóbica que soy, ella me conoce. ―Vi su desconcierto y el enojo de nuevo brotando en sus ojos―. Me enteré hace poco que estabas casada con Arisa, ¿ella nunca te habló de mí? ―No hacía más que negar con su cabeza― ¿Nunca te dijo que hace unos diez años me pidió matrimonio? ¿Y ella sabe que estás defendiendo tanto a la cantante esa?
―Ni una palabra más ―me interrumpió haciendo un gesto vertical con la palma de su mano hacia mi cara―. Está despedida. En una hora quiero su escritorio limpio ―sentenció y se fue a su oficina, golpeando la puerta. Típico.
Había despertado a la bestia. Lo vi en sus ojos demasiado expresivos antes de que me volviera a hablar. Al final no se trataba de una advertencia, era una amenaza real.
A nuestro alrededor se había armado un círculo de espectadores curiosos. Jamás me habían visto hablarle así a nadie, ni siquiera a las chicas que venían a reclamarme después de una semana sin saber de mí. Mucho menos a un jefe.
Les sonreí y se alejaron con vergüenza.
Sin lamentarme ni un segundo empecé a acomodar mis pertenencias en una caja donde guardaba ciertos archivos. Sentía la mirada pesada de Yukino, mi compañera desde el primer día, siguiendo mis movimientos.
―No creo que el resto de la directiva esté de acuerdo, eres la fotógrafa favorita de la revista ―dijo finalmente, cuando ya solo me quedaba guardar mi cámara.
―No importa, ya está hecho. ―Le sonreí con amargura, Yukino bajó su cabeza triste―. No te preocupes, nos volveremos a ver.
―Sí, en el Orphan, ¿no?
―Claro, soy asidua.
―¿Fuiste tú realmente?
―¿Importa?
―No, pero…
―Adiós, Yukino. Fue un placer. ―Con la caja bajo el brazo le guiñé un ojo y salí del piso, no sin antes mirar hacia la oficina de Natsuki. Estaba discutiendo por su celular.
¿Cuántas verdades tiene una persona para esconder?
«Voy a estar más seguido por ahí, a mi jefa no le gusta que se metan con sus cantantes favoritas» le tecleé a Mai. Recibí un emoticono de cara triste.
Creo que no hay nada que yo deba esconder.
Mis decisiones me han hecho lo que soy, mis ideas me han puesto en este lugar, mi pasado me ha enseñado cada paso.
Lo más triste es que Natsuki me gustaba mucho.
«Al menos ya no es mi jefa.» Reí para mis adentros.
Qué hija de puta.
¡Hola de nuevo! ¿Qué tal?
Momento de tensión, ¿no? Espero les haya gustado.
Me gustan las Natsukis que agarran el toro por cuernos, ¿a ustedes?
¡Hasta la próxima!
Pd: Les agradecería me mandaran sus comentarios, críticas, chocolates… :)
