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Phoebe sonrió felizmente lanzándose a los brazos de la recién llegada quien venía realmente hermosa, llevaba un vestido rosa pegado hasta la cadera acentuando su perfecta figura, un escote en v y atrevido que resaltaba sus pechos, un listón color blanco que cruzaba por su cintura, el cabello suelto pero con una diadema rosa que lo mantenía hacia atrás, dejando el rostro descubierto, maquillaje levemente en su rostro y sus labios de color rosa; estaba sonrojada al recibir directamente la mirada de cierto rubio.

-Hola Hell, tanto tiempo –Gerald también se acercó a abrazarla

-Si…pero no es para tanto melenudo

-Veo que no cambias, Pataki

-Nunca, Johanssen

Arnold se acercó tímidamente a la rubia –Hola, Helga

La rubia solo le respondió con un golpe seco de la cabeza, nerviosa sin poder hablar, mientras los demás tomaban asiento.

-Bien ¿A qué se debe esta reunión? –Pregunto la rubia nerviosa, a su lado estaba Arnold

-Bien, pues primero ¿Qué les parece si cenamos?

"¡Phoebe! ¡Demonios!" pensó Helga mirándola molesta, ella simplemente le envió una mirada para que se tranquilizara

-Me parece bien, amor

Todos ordenaron y platicaron amenamente sobre sus vidas y sobre todo lo que habían hecho hasta entonces, hasta que Gerald comenzó a preguntarle a Helga todo lo que a su amigo, sabía que le interesaba, pues sabia a la perfección que su hermano jamás la había olvidado.

-¿New York es tan hermosa como en las películas?

-Sí, Geraldo

-¿Qué tal los chicos de allá? ¿Guapos no?

-No sé a qué venga tu pregunta pero si, lo son y menos zopencos que los que conocí aquí –Dijo lanzándole la indirecta obviamente a Arnold, quien simplemente le miro tranquilo, pero avergonzado por dentro.

-¿Dejaste a tu novio allá?

La rubia le miro molesta –Ya basta de preguntas tontas ¿porque no nos dicen para que nos trajeron? Tengo una agenda llena y Phoebe lo sabe…

-¿Con tu novio? –Insistió el moreno

-Bien Geraldo si no te callas te estrangulare la próxima vez que hablas la boca, diciendo tonterías

Gerald se atraganto un poco y prefirió guardar silencio, Phoebe rio discretamente antes de hablar –La razón por la que los hemos invitado hoy, es porque…

Gerald sonrió –Bien, Phoebe acepto ser mi esposa –Soltó el moreno observando a la oriental felizmente, los dos rubios quedaron en schok pero después de unos segundos se levantaron para felicitarlos –Gracias, queremos que…

Phoebe sonrió –Que ustedes sean nuestros padrinos y testigos –La oriental le sonrió a ambos rubios, quienes le sonrieron felices

-Sabes que si hermana –Dijo Helga feliz, por una vez se sentía realmente importante para alguien, aunque en realidad Phoebe siempre la hizo sentir así, no por nada era su hermana.

-También cuenten conmigo, Gerald

-Gracias, hermano –Hicieron su saludo de siempre sonriendo felices, para después brindar juntos antes de salir del Chez Paris.

-Llevare a Phoebe a su casa, ¿quieres un aventón Helga?

-Creo que…

-Si no te molesta, Helga, yo puedo acompañarte –Intervino el rubio –Además imagino que ustedes desean estar a solas un rato –Dijo guiñándole un ojo a la pareja, Gerald sonrió algo preocupado pero accedió.

-Bien, ¿No te molesta verdad, Hell?

La rubia iba a decir que si pero Phoebe le suplicaba con la mirada que se controlara –No

-Bien nos vemos

-Helga, nos vemos mañana para ir por un mantecado como en los viejos tiempos –Sonrió la oriental mientras se despedía –Nos vemos

-¿Vamos?

-Sí, Shortman

Arnold quedo helado al escuchar como le llamo pero no dejo que eso le arruinara la velada, tomo la mano de la rubia para caminar con ella, algo que ella se sorprendió y sonrojo, pero no quito la mano del rubio.

Al llegar al parque, rompió aquel silencio que se había apoderado de ellos -¿Podemos platicar un momento, Helga?

La rubia despertó de su sueño y retiro la mano de Arnold, inmediatamente se recordó lo que hace años se había prometido así misma -¿De qué, Shortman?

-Deja de llamarme así, Helga

-¿No te llamas así?

-Sabes a que me refiero

-No lo sé –Dijo fríamente mientras daba la espalda al rubio –No sé de qué tengamos que hablar

-Helga, yo…quisiera que volviéramos a tratarnos –Quiso volver a tomar su mano pero ella se lo impidió

-¿Para qué? Seguramente estas aun con la señorita perfección

-¿Quién te lo dijo?

-No es gran ciencia saberlo

-Pero eso no importa…yo…

-No pienso meterme en una relación, Arnold, ni tampoco pienso ser la otra, además no puedo…mi novio vendrá en unos días…estoy con alguien más ¿Te queda claro?

-Eso es mentira

-No lo es

-¿Qué novio deja a su novia viajar sola, si tanto la ama?

-¿Qué tu no dejaste sola a la señorita perfección?

-Si porque no la amo –Dijo el rubio liberándose por fin de aquel sentimiento que tanto deseaba decirle a Lila y que esta nunca le dejaba

-¿Si no la amas, porque sigues con ella? –Pregunto dolida, ella sufrió el rompimiento con el rubio, precisamente porque no la amaba, y ahora ¿Qué rayos planeaba?

-Nunca me deja en paz –Murmuro incómodamente

-¿Y piensas que acercándote a mi te dejara no?

-No…yo…

-Porque olvídalo, Arnold Shortman no me acercaría a ti nuevamente ni aunque me paguen

-¿Segura? –Arnold se acercó a la rubia sonriente mientras la tomaba por la cintura -¿Sabes hay algo extraño que me tiene intrigado esta noche?

-Estoy segura…suéltame Shortman o grito –Dijo tratando de alejarse del joven que ahora estaba más cerca de su rostro, observo su mirada verde perdiéndose un momento en ella, no podía creer que esto estuviera pasando y mucho menos que aquel rubio aun la pusiera de cabeza -¿Qué…?

-Llegaste anoche ¿verdad?

-S-i –Dijo nerviosa pensando en…

-Es extraño, en mi casa ayer por la noche llego una inquilina y lo más extraño es que se llama Cecil y lo que es más impresionante, esa joven es la misma Cecil que no veía hace años, ¿Qué opinas de eso?

-Opino que sigues siendo el mismo loco y tarado de siempre, Shortman, ¿Acaso te volviste loco?

-Hace un momento me decías Arnold y ahora me llamas por mi apellido de nuevo ¿Y dices que el loco soy yo?

-¡Basta Arnold, suéltame!

-Helga, no he dejado de pensar en ti ni un solo segundo de mi vida, desde que te fuiste –Susurro mientras se acercaba más y más a ella, tratando de controlarse de besarla ya –No te he podido olvidar, Helga –Trato de ser más explícito pero le daba miedo asustarla –Yo… -Termino la distancia sintiendo el suave rose de los labios de la joven sobre los suyos, Helga estaba perdida en el aroma de su amado, en aquellos ojos que le envolvían nuevamente como si el tiempo nunca hubiera pasado, como si nada hubiera cambiado –Te he extrañado tanto… -Termino con la distancia sin darle tiempo a la rubia de reaccionar tomo la cabeza de la rubia atrayéndola más y más hacia él, la besaba con amor, con desesperación y con deseo, no dejaba de besarla, hasta que Helga despertó nuevamente.

-Basta… -Susurro sin aliento alejándolo –No, Arnold, por favor…yo… -Desvió la mirada al suelo –Ya no siento nada por ti

-Helga…

-Estoy con alguien más y yo…lo amo, no puedo hacerle esto, te pido por favor que mantengas tu distancia, durante mi estancia aquí.

-Pero…

-Adiós –La rubia se terminó de separar de él y dio media vuelta huyendo de aquel lugar, mientras que el rubio quedaba destrozado en aquel mismo parque donde hace años le había destrozado el corazón a la rubia, al decirle que no la amaba; que gran mentira.

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No quería volver a la casa de huéspedes, al parecer Arnold sabia o al menos sospechaba que ella era Cecil, por lo que una vez más estaba en aquella casa, donde no deseaba pisar un pie nunca más pero necesitaba un lugar donde quedarse, pensó que tal vez las cosas serían diferentes si hablaba con su madre, pero una vez más se equivocaba.

-Hola…Helga

-Miriam –Saludo la rubia mientras miraba por encima de su hombro, Bob Pataki estaba cargando una bebe al parecer pues estaba muy entretenido, en aquel momento Jake llego a la puerta.

-Tía –Se lanzó a sus brazos ella lo recibió, pues ni él ni su nueva sobrina tenían la culpa de lo que sus padres pensaran de ella.

-¿Cómo estas, Jake?

-Jake ve con tu madre

-Pero…

-Obedece –Miriam lo tomo de la mano, algo que a la rubia le sorprendió pues su madre nunca mostraba nada de enojo, felicidad o siquiera tristeza, al menos no la mayor parte de su vida cuando estuvo con ellos.

-Ve Jake –Sonrió dulcemente para su sobrino, quien le sonrió pero le dejo un papel en la mano, ella se sorprendió pero no lo soltó.

-¿Qué se te ofrece?

-Miriam, soy tu hija, ayer vine buscando un lugar…

-Bob me lo dijo, pero aquí no hay espacio para ti, tu recamara es la de Jake ahora, tu hermana necesita más espacio así que ocupa su habitación y la pequeña habitación de huéspedes.

-Sabes mama, mejor dime que tú tampoco me quieres aquí –Dijo molesta, una vez más confirmaba que su familia no la quería cerca.

Miriam solo la miro entre molesta y triste –Eres muy injusta, deberías…

-¿Yo soy la injusta? Le dije a Bob, que no tenía donde pasar la noche ¿Crees que le importo o siquiera te importo a ti? Es obvio que no, porque no me buscaron.

-Yo…

-Sabes mama, no te preocupes, siempre seré la misma estúpida pensando que la gente puede cambiar, que ustedes serán diferentes conmigo, llevo toda mi vida esperándolo pero sabes algo, ya me canse, veme bien Miriam, porque esta es la última vez que me veras porque ni en tu lecho de muerte me veras, te lo juro Miriam, jamás molestare de nuevo, para que lo sepas, lo único que quería de ustedes era una familia, una familia real, tu amor un poco de atención, como la que le daban a mi hermana pero nunca fue así, ahora ya no la necesito, hasta nunca madre.

-Helga… -La rubia no hizo caso, hecho a correr hacia el otro lado de la calle -¡Esper…! –Siguió su camino sin mirar atrás, era momento de dejar todo su pasado atrás de convencerse que ni Arnold ni su familia habían cambiado, que aquello que le dolía debía afectarle tanto para que así pudiera dejarlo ir, dejarlo solo como crueles recuerdos del pasado pero no volver a atrás, nunca más.

Al doblar la esquina choco con la persona que la había estado buscando, como cuando eran niños y chocaban todo el tiempo, parecía que el tiempo seguía jugándole trampas a la rubia, miro al rubio quien le miraba asustado, al verla tan devastada –Helga ¿Estas bien?

La rubia no respondió, ya no podía en aquel momento, necesitaba desahogarse; Arnold le ofreció una mano, que ella tomo sin mostrar molestia -¿Estas bien? Estaba buscándote, estaba por ir a tu casa y… -Sus palabras quedaron en el aire, Helga lo había abrazado fuertemente mientras sollozaba, no podía parar ya de llorar, con la única que había podido desahogarse era Phoebe, pero ahora Phoebe no podía estar con ella, ella debía estar con Gerald y una vez más ella quedaba sola, no la culpaba, deseaba su felicidad, pero ella estaba sola y eso le dolía aún más después de ver nuevamente a su familia; Arnold después de unos segundos la abrazo fuertemente tratando de cubrirle, tratando de reconfortarla, de que no se sintiera más desprotegida, que sintiera que él estaba ahí para ella, por siempre; la lluvia comenzó cayendo inesperadamente encima de los rubios, quienes siguieron abrazados, mientras la rubia seguía llorando, como si la lluvia fuera reflejo del gran dolor que llevaba en su corazón, que había guardado durante años.


Hola queridos lectores

un capitulo mas jejeje ;D espero les guste

saludos